Hey! Quería pediros perdón por tardar tantísimo en actualizar y por que además sean tan cortos los capítulos. Intento hacerlos más largos, pero no me salen. Os podría prometer que para recompensaros por la espera publicaría uno mañana u hoy, pero no creo que vaya a ser posible, así que mejor cierro el pico. De todas formas, espero que os guste. ;)


Poco más de quince minutos después de la conversación telefónica con Van Pelt, Cho llegaba a la dirección indicada en el papel que dejó Jane seguido por Rigsby, en dos coches distintos.

- Tenemos que esperar a que lleguen los refuerzos, Cho -dijo viendo cómo el asiático sacaba el chaleco antibalas de su coche.

- Tardarán demasiado -respondió poniéndoselo.

- No hay demasiado tráfico.

- Que nosotros hayamos llegado rápido no es más que porque nos hemos saltado todas las señales de tráfico y sobrepasado con creces los límites de velocidad. Estamos vivos de milagro, y lo sabes -terminó colocándose bien el chaleco y cogiendo su pistola.

Rigsby sabía bien a qué se refería Cho; durante el trayecto por poco se llevan por delante un autobús y un par de conductores despistados que no sabían apartarse de la carretera correctamente al oír la sirena. Incluso un motorista se había caído de la moto por tratar de desviarse del camino bruscamente, ya que no escuchó el sonido de la policía a tiempo para reaccionar correctamente por llevar auriculares con la música a todo volumen. No resultó herido... esperan. Rigsby meditó un instante antes de ir a su coche y ponerse su chaleco también.

- Vamos.

Se encaminaron a la entrada de lo que parecía ser una casa deshabitada y derribaron la puerta. El estruendo que causó provocó que Roderick empuñase su arma, aunque Cho lo tumbó con un placaje quedando sobre su espalda antes de que pudiera hacer nada.

- Policía -se identificó-. ¿Dónde están? -preguntó exigente.

El hombre no respondió. Cho golpeó su cabeza contra el suelo.

- ¡He dicho que dónde están!

A Roderick le sorprendió un poco tal reacción del agente, pero continuó en silencio.

- ¿¡Dónde están! ?

No respondió y Cho le atizó un puñetazo en el centro de la espalda, un poco más abajo de los hombros.

Roderick se retorció de dolor, pero no emitió ningún sonido distinto a un gemido.

- Cho... -lo llamó Rigsby.

Cho levantó bruscamente a Roderick y lo empotró de cara contra la pared más cercana. Desenfundó su arma y la presionó contra sus riñones.

- Suelta ahora mismo dónde están o te juro que te incrusto una bala en los riñones aquí mismo.

- Cho -insistió Rigsby.

- ¡Cállate! -gritó empujando de nuevo a Roderick contra la pared.

- ¡Cho! -bramó tratando de apartarlo del hombre.

- ¿No ves que sabe dónde están? ¡Si no nos lo dice es porque Thompson está con la jefa y éste no quiere que los interrumpamos! -Volvió a estamparlo contra el duro muro, esta vez provocando que su nariz volviese a recibir un golpe y comenzase a sangrar. - ¿Dónde están? -insistió.

- ¡Ahí! ¡Están ahí! -Señaló algún lugar con la cabeza.

- ¿Ahí dónde? -interrogó Rigs.

- La puerta del final del pasillo. Lleva a unas escaleras. Ahí abajo -explicó.

Cho lo esposó a una especie de tubería sin ninguna delicadeza y se dirigió a la puerta indicada junto a Rigsby. Se pararon a escuchar y no oyeron nada. Abrieron la puerta con las armas en alto y bajaron rápidamente las escaleras esperando encontrar una situación espeluznante y algo más de acción, pero únicamente encontraron cajas y otra puerta. Volvieron a detenerse para averiguar qué estaba ocurriendo dentro y oyeron voces. Derribaron la puerta y lo que vieron tras ella los dejó momentáneamente sin aire en los pulmones. La visión de su jefa, desnuda, con carra de horror sentada sobre Jane, quien también tenía una cara de completo espanto era, sin duda, algo impactante. Aún así, Cho no dudó en reaccionar en cuanto distinguió la figura de Thompson detrás de Jane, con algo brillante y afilado entre las manos; disparó. Le dio en un hombro y el hombre cayó al suelo lanzando inconscientemente lo que resultó ser un cuchillo a la otra punta de la habitación.

Rigsby corrió hacia el hombre y lo esposó mientras Cho se acercó a Lisbon y Jane. Trató de apartarla de Jane pero ella se aferró al rubio con los ojos tan apretados que parecía que iba a estallar. El asiático pensó que quizás sería porque estaba desnuda y ya se había sentido demasiado humillada y maldijo por un momento no haberse puesto la americana sobre el chaleco para poder ponérsela por encima a la agente. Jane pareció percatarse del fastidio de Cho y le indicó la suya.

- Mi chaqueta está ahí. -La señaló con la cabeza.

Estaba en el suelo, en el mismo sitio donde Lisbon la había dejado caer. Cho la cogió y se la puso a Lisbon por encima, pero ella seguía obstinada en no soltar a Jane por nada del mundo. Mientras tanto, Rigsby soltó las esposas a Jane, que, a pesar de tener numerosos cortes profundos en los brazos, rodeó a Lisbon con ellos.

- Cho, llama a una ambulancia -pidió Jane pasando sus manos de arriba a abajo por la espalda de la morena.

Cho subió a realizar la llamada telefónica ya que en el sótano no tenía cobertura y, de paso, encerró a Roderick en su coche. Rigsby cortó con el cuchillo de Thompson las cuerdas que mantenían atado a Jane por los pies, manchando de sangre y estropeando un poco las perneras del pantalón del rubio. Jane se puso de pie aún abrazado a Lisbon y comenzó a soltarla poco a poco, pero ella afianzó su agarre.

- Lisbon, vamos -trató de convencerla-. Tenemos que irnos.

Ella fue aflojando el abrazo hasta soltarlo y bajar los brazos aunque mantuvo su cuerpo igual de cerca. Jane se alejó unos centímetros y le hizo cruzarse la chaqueta una solapa por encima de la otra. Después se abrochó su propio cinturón y sus pantalones.

- Vámonos.