¡Gracias a los que han añadido al historia a sus story alerts! ^^
La marca que Lisbon le dejó en la mejilla después de tal comentario no se iría rápidamente. Se la había dado con ganas. Y él se la había merecido. ¿Disfrutando? ¿Cómo demonios se le había ocurrido ni siquiera pensar eso?
- Vete a la mierda, Jane -dijo Lisbon y se giró para marcharse, pero él la agarró por el brazo.
- Así te sentiste, ¿no? Como una mierda, como una puta. Si no hubiesen llegado Rigsby y Cho me la habrías comido ent-
La bofetada de antes no había llegado a doler la mitad que el golpe que le dio esta vez. Un buen puñetazo en la cara lo calló e hizo que la soltara. Lisbon, completamente enfurecida, se marchó hacia el interior del CBI mientras Jane se reponía del golpe y se metía en su coche.
Ella, por su parte, se subió al ascensor, pensó en lo que había pasado y no pudo contenerse de soltarle otro puñetazo a la pared. Jane la había enfadado tanto... Era un imbécil. Las puertas se abrieron y ella salió tratando de parecer normal, aunque tampoco quedaba mucha gente que fuese a darse cuenta de nada, pues era ya tarde. Entró en su despacho y se sentó en el sofá. Pensó de nuevo en lo que acababa de ocurrir y le entraron ganas de llorar. Pero ella era fuerte, era una agente de policía. Ella no lloraba. Así que simplemente se contuvo y decidió ir a por algo de beber a la cocina.
Mientras, Jane recapacitaba sobre lo que acababa de ocurrir. Realmente se había pasado de la raya. Pensó que quizás debería ir a pedirle perdón; la verdad es que ella tenía razón en que llevaba todo este tiempo evitándole. Y él se había puesto tan nervioso durante la discusión... Debería haberse controlado, pero no pudo. Ni durante la conversación ni cuando ocurrió el incidente. Dios, se sentía tan estúpido. ¿Cómo diablos pudo tener una erección? ¿Y cómo demonios podía haberle dicho esas cosas tan horribles a Lisbon después de todo? Meditando sobre el tema cuando quiso acordar había bajado de su coche y estaba abriendo la puerta del despacho de Lisbon y se sorprendió al ver que ella no se encontraba allí. Miró su mesa desde donde estaba y vio que los papeles estaban amontonados, ordenados casualmente, como de costumbre, lo que indicaba que no los estaba utilizando. Su móvil no estaba y si fuese una mujer de las que lleva bolso podría tener una prueba clara de que se había ido a casa, pero ella no era de esas. Así que simplemente dio por hecho con la información que tenía que quizás se había cansado y se había marchado y se giró dispuesto a irse él también, decepcionado. Pero se sintió extrañamente afortunado al encontrar a Lisbon a un par de metros con un café en las manos, mirándole de pie. Ella reanudó su camino hacia su despacho.
- ¿Qué haces aquí? ¿Es que quieres que termine lo que Rigsby y Cho interrumpieron o qué? –preguntó descarada pasando por su lado al entrar en su despacho.
A Jane le sorprendió esa pregunta, pero una Lisbon enfadada podía resultar realmente incluso más grosera de como lo estaba siendo, además de impredecible –incluso para él-, así que continuó con su idea antes de que el cabreo fuera a más. Entro al despacho y cerró la puerta.
- Perdóname.
Ella lo miró mientras se sentaba en su silla, exigiendo en silencio por más.
- Por lo que he dicho antes. Y... por lo que pasó.
- Está bien -respondió ella visiblemente contradiciendo lo que en realidad pensaba y tomó uno de los papeles del montón de su mesa.
- No, no está bien.
- Está bien, Jane -repitió comenzando a rellenar informes.
- No lo está, Lisbon.
- Márchate, Jane. Es tarde, estoy cansada y tengo trabajo.
- No me estás escuchando.
- Sí lo estoy haciendo.
- Te estoy pidiendo perdón.
- Y yo te estoy diciendo que está bien.
- Pero es que no lo está.
Ella no contestó fingiendo estar concentrada en sus papeles y él la miró impotente. De un impulso le quitó el papel en el que estaba trabajando y ella se sobresaltó.
- ¡Jane! ¡Devuélvemelo!
- No está bien -insistió poniendo el papel detrás de él.
- Jane, tengo que trabajar -replicó levantándose y rodeando la mesa para ir hacia él.
- Admítelo, Lisbon. Sabes que no está bien.
- ¡Maldición, Jane! ¡No lo está porque no dejas de comportarte como un maldito crío! ¿¡Cómo demonios va a estar bien así! ?
- ¿Lo ves? No está bien. No estamos bien.
- ¡No, no lo estamos! -explotó- ¿Tú te crees que para mí no fue difícil? ¿Que no me es difícil? Cada maldito día me levanto sudando e histérica por haberme pasado toda la condenada noche soñando con lo mismo. Y lo que menos quiero al llegar al trabajo es encontrarme a mi mejor amigo actuando como un imbécil solo porque "se siente mal" -dijo con tono despectivo-. Seguro que te preguntas por qué te abracé cuando llegaron Rigsby y Cho, ya que conociéndote sé que no pensaste como ellos que fuera porque tenía vergüenza a que me vieran desnuda. Y lo hice porque una estúpida vocecilla en mi cabeza me dijo que la única cosa a la que podía aferrarme eras tú. ¿Te lo puedes creer? Llevo media vida trabajando con Cho y aún así siempre te pongo por encima de todo y de todos. Y lo peor es que tú eso ya lo sabes y lo utilizas para lo que te conviene solo porque te gusta estar metido en todo hasta la médula, ser el centro de atención. Por eso viniste, ¿no? Para volver a sentirte el Súper-salvador, para que la gente te vea como el bueno de Jane. Para que deba apuntar otra cosa más a la inmensa lista de cosas-que-le-debo-a-Jane y me sienta de nuevo en deuda contigo. Igual que hiciste hace un par de años con el Sheriff Hardy –escupió sin apenas pensar.
- No -contradijo rotundo-. Sabes que eso no es así.
- ¿Ah, no? ¿Y cómo es?
- Si maté a Hardy y fui a aquel zulo a por ti fue porque me importas, Lisbon. Me importas mucho.
- Pues no lo ha parecido estos últimos días -protestó.
- ¿¡Qué parte de "perdón" no entiendes! ? -cuestionó él levantando la voz- ¿Qué parte de que siento tanto lo que pasó que ya no sé ni cómo comportarme contigo no entiendes?
- ¡Es que lo que yo necesitaba no era que lo sintieses, sino que estuvieses conmigo! -confesó- De las muchísimas veces que te he necesitado, ésta, sin duda, ha sido la más importante, ¡y precisamente la que no te he tenido! -Volvieron las ganas de llorar. Se pasó una mano por el pelo y cerró los ojos tratando de tranquilizarse.
Después de esa última declaración un silencio tenso se instaló en el ambiente. Jane no se había parado a pensar en que quizás Lisbon podría haberle necesitado todo este tiempo, haber necesitado alguien que no la juzgase, alguien que ya conociese la historia de lo que realmente ocurrió. Y la verdad era que lo había hecho. Y si no hubiese estado tan cegado por lo estúpidamente abochornado que se sintió cuando tuvo la erección se habría dado cuenta y podría haberla ayudado, haberla acompañado.
- ¿No me has tenido? -preguntó él un poco incierto.
No quería llorar; no iba a llorar. Respiró hondo y miró a Jane directamente a los ojos.
- No has estado ahí -explicó ella.
De nuevo otro silencio, aunque menos prolongado y Lisbon lo utilizó para volver detrás de su mesa y sentarse en su silla.
- Ahora, si no te importa, tengo trabajo -dijo empezando a utilizar el ordenador evitando mirarle a él adrede. Cada vez las ganas de llorar se hacían más presentes.
Jane la miró aturdido, confuso. No tenía claro lo que acababa de pasar. Y eso era extraño en él. Cuando pudo reaccionar dejó el papel que le había quitado antes sobre la mesa y se disculpó de nuevo con un hilo de voz:
- Lo siento muchísimo. -Y salió del despacho cerrando la puerta con cautela.
