daly2011, te respondo por aquí porque no tienes cuenta (o al menos yo no la he encontrado): "mi morbosidad no tiene limites, asi que quiero saber algo lisbon lo disfruto?" - o.O No, no lo disfrutó en absoluto. xD


Lisbon no había podido evitarlo. Cuando él enunció la primera de las tres palabras ella levantó la cabeza automáticamente, mirándolo a la cara. Y no pudo contenerse más. Una lágrima escapó de sus ojos en cuanto Jane cruzó la puerta, aunque logró retener las demás. Pero eso no duraría mucho si no lograba serenarse. Se sentía tan mal y a la vez tan liberada... Por fin había soltado casi todo lo que tenía que decirle, lo que tenía guardado desde aquello. Respiró hondo y cerró los ojos por segunda vez en un par de minutos con el propósito de calmarse, pero al hacerlo no pudo evitar recordar la cara de Jane cuando le pidió disculpas por última vez.

"- Lo siento muchísimo."

Y ya no aguantó más. Rompió a llorar. Llevaba demasiado tiempo reprimiendo todo lo que sentía y explotó allí, en su despacho. Y se angustió más cuando levantó la cabeza y vio a Jane observarla desde fuera, a través de la persiana. Así que trató de parar, de detenerse, pero no lo consiguió. Y eso la hizo sentirse peor, ponerse más nerviosa.

Desde fuera Jane estaba sopesando la idea de entrar al despacho de nuevo. Por una parte quería hacerlo, entrar y ayudarla, tratar de enmendar todo ese mes que no había estado a su lado. Pero por otro lado temía que ella se cabreara otra vez y volviese a largarlo. De todas formas, no podía quedarse allí simplemente mirándola, ni tampoco irse sin más. Así que entró decidido. Ella lo miró y lo vio agacharse a su lado. Él, sin pararse a pensarlo, la abrazó. Y eso, no sabe por qué, aumentó sus ganas de llorar y también las de tratar de contenerse.

- Shhh… Shhh… -Acarició su cabeza- Estoy aquí, estoy contigo, Lisbon… -La tranquilizó al notar cómo ella temblaba en sus intentos por cesar el llanto- Me tienes… Shhh…

Ella continuó llorando unos minutos más hasta que logró reponerse poco a poco. Cuando finalmente estaba tranquila no se retiró de inmediato (aunque ella no le estaba abrazando, solo estaba apoyada en él), sino que se mantuvo pegada al cuerpo de Jane, por muy incómodo que fuese para la espalda estar sentada en una silla e inclinada hacia abajo. Su mente estaba volviendo a decirle que Jane estaba ahí para ella, que era la conexión entre ella y la racionalidad, la sensatez. Aunque ella sabía que era justo lo contrario. No quería escuchar a esa voz que estaba equivocada, pero no podía simplemente ignorarla.

Se separó de él y actuó como si nada hubiera pasado. O trató de hacerlo. De nuevo apartó la mirada de él.

- Jane, yo... ¿Podrías... ¿Te importaría irte?

- Lisbon…

- Solo quiero estar sola. Por favor -casi suplicó.

Él se levantó y se dirigió hacia la puerta, pero antes de irse le dirigió una última mirada a la agente.

- Necesito que sepas que eres lo mejor que me ha pasado en años, Lisbon. De verdad me importas. -Y se marchó sin cerrar.

Esa noche Lisbon la pasó en el CBI.

Se tumbó en el sofá y trató de dormir, pero le llevó un buen rato conseguirlo. Y encima cuando lo logró despertó al cuarto de hora. Intentó pasar la noche del tirón, pero las pesadillas volvían cuando menos lo esperaba y la mantenían en vela durante un buen rato, cavilando. Llegaron las 6 y había dormido 3 horas a lo sumo, pero sabía que no conseguiría descansar mucho más, así que se levantó. Lo primero que hizo fue recoger la taza de café frío que estaba en su mesa desde que habló con Jane e ir a la cocina. Una vez allí tiró el contenido de la taza, preparó una cafetera y rellenó de nuevo su taza con café caliente. Era muy temprano y aún no había llegado nadie del equipo a la oficina, así que se respiraba un aire tranquilo. Se terminó el nuevo café de pie en la cocina y fue al baño a asearse un poco. La verdad es que llevaba unas pintas horribles. Si hubiese dormido (o intentado dormir) en su casa al menos podría haberse cambiado de ropa, pero decidió quedarse allí porque no tenía ánimos de conducir y porque guardaba la esperanza de que Jane en algún momento volviese y tuviesen que hablar más detenidamente.

Jane… Ahora mismo sentía tantas cosas por él. Estaba hasta el moño (*) de su maldita actitud de niño pequeño con el orgullo herido pero no podía evitar sentirse mal por él. Al fin y al cabo, era su amigo, era como su hermano. Ella siempre le estaba sacando de todos los líos en los que se metía por hacer el cafre (*²) y recordó cómo cada vez que le preguntaban por qué no lo despedía ella respondía "es bueno para el CBI. Resuelve casos. Eso es todo". Pero eso no era todo. No solo era bueno para el CBI, sino también para el equipo, para ella. Era muy bueno para ella. Definitivamente eso no era todo. Así que ¿dónde acababa ese todo? Evidentemente mucho más allá de una relación meramente profesional. Decidió ir a casa a cambiarse de ropa y darse una ducha antes de volver a su despacho porque en ese estado, tanto físico como mental, definitivamente no podría trabajar. Además, así se airearía un poco para pensar más claramente en todo lo que estaba pasando.

Llegó y se sentó en el sofá. Dejó reposar la cabeza hacia atrás relajándose cuando oyó cómo alguien abría la puerta de su casa. Su cerebro rápidamente se puso en marcha. Se puso en pie, desenfundó su 9mm y apuntó hacia la puerta. Ésta se abrió y ella gritó:

- ¡Manos arriba!

Entonces vio al consultor de rizos rubios levantando los brazos más feliz que una perdiz.

- Buenos días, Lisbon.

Ella bajó el arma.

- ¿Cómo has...? ¿Sabes qué? No me lo digas -dijo ella dejando la pistola en la mesilla a la vez que él bajaba los brazos.

- Tengo llave.

- Dámela -ordenó extendiendo la mano.

- ¿Por qué? Es mía.

- Es un llave de mi casa. Dámela -insistió.

- Está bien -accedió y la puso sobre la palma de su mano.

- No me puedo creer que me hayas robado las llaves para hacerte una copia -pensó ella en voz alta.

- ¿Has dormido en el CBI? -preguntó cambiando de tema, aunque la respuesta era obvia.

- Estaba cansada. Me quedé dormida.

- ¿Te quedaste dormida? ¿Con todos los cafés que llevabas encima?

- Sí -respondió ella simplemente.

Jane sabía perfectamente que ella estaba mintiendo, pero no quería empezar otra discusión.

- ¿Qué tal estás?

- ¿Qué haces aquí, Jane?

- Preocuparme por ti.

- ¿Preocuparte por mí? ¿A estas alturas?

- Lisbon, por favor -dijo cansado-. Ya hemos pasado por esto.

- No, no hemos pasado por esto, Jane. Ese es el problema. Que no hemos pasado por esto. Y tú te crees que con un "lo siento" se soluciona todo.

Jane suspiró.

- Lisbon, esto no está llegando a ninguna parte. Primero querías solucionar las cosas y ahora que estoy tratando de hacerlo eres tú la que no quiere nada conmigo. Así que dime; ¿qué es lo que quieres? ¿Qué quieres que haga? Dímelo, por favor, porque yo ya estoy perdido.

Un Patrick Jane perdido era encontrar el alfiler en el pajar. Increíble. Improbable. Inverosímil. Pero, por lo visto, no imposible.

- Mira, Jane. Lo único que sé es que quiero volver a como estábamos hace un mes, a cuando nada había pasado. Pero eso no es posible y yo ya lo habría superado todo si no hubiese sido por cómo reaccionaste después.

- Lisbon, lo que no podías esperar es que yo me comportase como si nada hubiese ocurrido. Quizá tú fueses capaz, pero yo no -se defendió.

- Lo sé, Jane. No pretendía que lo olvidaras así como así de la noche a la mañana, pero podíamos haberlo hablado.

- ¿Hablado? Dí por supuesto que no querías hablar del tema en cuanto vi cómo esquivabas a todo aquel que mencionaba algo de lo que pasó.

- Que no quisiese hablar con ellos no significa que no necesitase a mi mejor amigo -aclaró con énfasis-. Lo que pasó es un tema privado y no tienen ningún deber de saberlo.

- De eso también me di cuenta al verte volver al trabajo solo un par de semanas después de todo. ¿Una violación como esa y vuelves al trabajo tan rápido? No me fue difícil averiguar que Wainwright no estaba al tanto de la mitad de lo ocurrido.

- Mentí un poco en mi declaración. Sabes que no me gusta que se hable de mis cosas.

- Sí, lo sé. Por eso yo tampoco dije nada aunque no me lo pediste.

- Siento eso. No habértelo pedido -se disculpó-. Pero no viniste a visitarme ni una vez y me sentía demasiado orgullosa para llamarte yo. Supongo que ahora entiendo por qué te has estado comportando así conmigo.

- No, no lo entiendes, Lisbon. No te esquivé así porque hirieses mi orgullo. Sí que fue porque no podía creerme haber tenido una erección, pero no por mi orgullo. Sino más bien por el tuyo. Pensé qu... Pensé que ya era bastante humillación todo lo que estabas pasando como para además añadirle lo que te hice.

- Jane, no me hiciste nada. -Le puso una mano en el brazo.

- Te humillé, Lisbon. Te ofendí. Y ya no sé cómo disculparme por ello.

- No me humillaste, Jane. Ni me ofendiste. Es más, incluso me siento alagada de cierto modo. ¿Tener una erección conmigo en un momento como ese? Debe ser que no estoy tan mal -dijo ella con una sonrisa tratando de quitarle hierro al asunto.

- Estás genial, Lisbon.

La sonrisa de ella se ensanchó. Se quedaron mirando unos momentos y ella quitó su mano del brazo de él.

- ¿Y eso que hoy has madrugado?

- No he dormido muy bien.

- Bueno, habrá que aprovecharlo. Vamos a la oficina y me ayudas con el papeleo, ya que estamos -dijo con humor.

- ¿No vas a cambiarte de ropa primero? Te espero -respondió él saliéndose con la suya.

Ella volvió a sonreír.

- Tengo que ducharme también -advirtió de todos modos.

- ¿Desde cuándo llego temprano yo al trabajo? Si lo hiciese hoy sería romper mis propias reglas, Lisbon. -Sonrió.

Ella frunció los labios.

- No te preocupes. No voy a asomarme.

Ella se giró y se dirigió al baño.

- ¡De todas formas no tardes mucho! -dijo él cuando ella ya no estaba en la misma habitación.

- Cuanta más prisa me metas, más tardo.

- ¡Eso esperaba! -contestó él feliz. Ella rió.


- Cierra los oj- ¡JANE! -gritó ella alrededor de diez minutos después- ¡DEJA MIS COSAS! -ordenó al advertir cómo el rubio de espaldas cotilleaba cada objeto que encontraba.

- Solo miraba -se justificó girándose para encontrar a su cabeza asomando por el marco de una puerta.

- No quiero que mires mis cosas.

- ¿Por qué?

- Porque es siniestro.

- No es siniestro. Es curiosidad. -Sonrió.

- Es siniestro. No quiero que las mires.

- Ok, ok... -Levantó las manos en son de paz.

- Gírate.

- ¿Algún problema? -preguntó burlándose de la situación; era obvio que a ella se le había olvidado coger ropa de la habitación.

- Gírate, Jane -insistió.

- Si quieres puedo llevarte yo la ropa. Solo dime dónde guardas la interior para no hurgar en ese cajón. Aunque bueno, también necesitarás de esa ropa...

- ¡Jane! ¡Solo gírate!

- Vale, vale. Qué cascarrabias -accedió.

Él se giró y ella salió de su escondite con una toalla rodeando su pequeño cuerpo. Comenzó a avanzar a través de la habitación a paso ligero.

- ¿Ya? -preguntó haciendo ademán de girarse.

- ¡JANE!

- Sí, sí -respondió, pero volvió a girar la cabeza sin que ella se diese cuenta.


(*) Hasta el moño: Harta. No sé si solo se dice en España, así que lo indico por si acaso. xD

(*²) Cafre según la RAE significa bárbaro y cruel, pero donde yo vivo siempre lo hemos utilizado como para decir que eres un bestia. Es más o menos lo mismo, pero la definición que da el diccionario me parece muy fuerte. LOL.