PRESENTIMIENTO (Segunda Parte)

Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarasshi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.

Candy esperaba que Terrence bajara la maleta después de que la ayudó a salir del auto. Sin embargo, el muchacho solo le hizo una observación:

-Ten cuidado con tus pasos Candy. Está mojado… - Terry comenzó a caminar lentamente alejándose de la cabaña, las luces del auto estaban apagadas, pero arriba en el cielo, la luna estaba llena y alumbraba espectacularmente. Esa luz de luna permitía que la pareja notara que había muchas nubes en el cielo que les impedían ver las estrellas.

Candy se quedó de pie, solo contemplando la espléndida figura de Terry. Se ruborizó de sus pensamientos, tenía que aceptar que esas mariposas ahora no revoloteaban solo en su estómago porque se sentía mareada, impresionada más bien. Cada poro de su piel estaba erizado y no precisamente por el frío del viento. Hizo un esfuerzo por esconder esas reacciones.

Si todo su objetivo era borrar aquélla última deprimente imagen del próximo duque de Grandchester, entonces, ya no tenía nada más que hacer ahí. Verlo tan erguido, con su aire aristócrata inconfundible, con su toque de pedantería y al mismo tiempo su capacidad de hacerla sentir cómoda borró de inmediato aquélla imagen.

Terrence de pronto se detuvo y se giró a mirarla. ¡Y ahí estaba aquélla actitud que sacaba su lado femenino, esa actitud que mataba a la niña traviesa de dos coletas! Recordó cuánto le preocupaba alguna vez que Anthony se enterara que era buena con el lazo, y hoy deseaba que Terry nunca la hubiese visto trepando árboles, que nunca la hubiese llamado mona. Que la viera… diferente…

-¿Te vas a quedar ahí parada? – Terry disimuló haber descubierto su rubor. Se sintió halagado, complacido, incluso emocionado. Acortó la distancia entre ambos con la sola idea de tomarla y abrazarla fuerte, pero cuando estaba a un par de pasos, le extendió la mano con el pretexto de ayudarla para que no resbalara mientras tenía que brincar un pequeño charco de agua.

Ella extendió su mano, tratando de controlar también su deseo de sentirse refugiada en él. Había pasado muy malos momentos últimamente, y realmente deseaba que él la abrazara. Era en todo lo que podía pensar.

Después de algunos pasos, Candy descubrió que había un pequeño sendero que se adentraba ligeramente al bosque. El cielo seguía siendo coronado con esa luna brillante, pero a la vez, las nubes amenazaban con lluvia. El pasto estaba muy mojado, como Terry había advertido, pero las botas que Candice usaba eran bastante seguras.

-¿Qué pasa Terry? ¿A dónde vamos? – preguntó con curiosidad. Como si su voz estuviera un poco decepcionada. Y es que, cuando vio la cabaña, su subconsciente la traicionó y de pronto se había imaginado sentada frente a Terry en el fuego de una chimenea.

-Dijiste que querías caminar Candy – le recordó Terry un tanto confundido. Su voz, sin embargo, empezaba a sonar seductora. Su voz grave y varonil… tan solo esa voz… logró que Candy se pusiera nerviosa.

-¡Ah, sí! ¡Vamos a caminar! – de pronto la rubia se sintió descubierta. Trastabilló un poco, le guiñó el ojo y sonrió.

-No dejas de sorprenderme – murmuró Terry mientras caminaba y guardaba su distancia con la joven. Se sentía tan bien estando a su lado. Sus manos querían alcanzarla y él temió que lo traicionaran, así que decidió guardarlas en los bolsillos de su pantalón.

Candice también se esforzó por mantener esa distancia física entre ellos. Extrañamente, aunque la necesitaba, se sentía muy bien. No era indispensable el contacto de sus cuerpos. Ella ahora se sentía en su esfera. Él estaba ahí, con ella, en el aire había confianza, familiaridad, aunque estuvieran caminando a más de un metro de distancia y ella tuviera que guardar también las manos en el saco que Terry le había prestado.

El sendero era apenas unas hierbas que se habían hecho a un lado quizás por el paso poco frecuente de personas, las coníferas lanzaban su particular aroma a pino, el pasto mojado se combinaba con la tierra y ella podía sentir cómo sus botas se hundían ligeramente de vez en vez. Las luciérnagas bailoteaban alrededor de la pareja aparentando pequeñas lámparas flotantes. Terry la contempló extasiado, de pronto ella se había fundido con el paisaje, como una especie de ninfa; sus palabras sonaban optimistas, aunque a él no le mentía: Sabía que estaba triste… muy triste.

Hablaron sin bromear. Ella le habló sobre Alistar, sobre la desaparición de Albert (aunque no consideró ya la posibilidad de pedirle apoyo y tuvo que aceptar para sus adentros que aquello había sido solo un pretexto que ella misma utilizó para convencerse de verlo).

Pero había una interrogante en la mente de Terry, había algo que de pronto lo distraía, sin embargo no deseaba interrumpirla.

-¿Pasa algo Terry? – no podía engañarla. Ella lo había descubierto y hasta cierto punto, él se sintió complacido de eso.

-¿Por qué viniste Candy? – preguntó ya sin preámbulo. Su voz sonó curiosa, con el tono seductor, y sin poder evitarlo se acercó a ella, pero sin tocarla. Sabía que ella estaba poniéndolo al día, pero ya que había hecho una pausa, él quiso aprovecharla.

Ella lo miró nerviosa. De pronto ambos se detuvieron y dejaron de poner atención en el camino para mirarse fijamente. Ambos sintieron sus corazones latiendo de prisa, y su respiración los traicionó. La joven se quedó muda ¿qué le respondería? No estaba lista para decirle la verdad, porque esa verdad era algo que ella no podía aceptar todavía.

Casi había podido beberse el aliento de Terry y eso la puso muy nerviosa. No solo él había acercado su rostro, aún cuando sus manos estaban atrapadas en sus respectivos bolsillos, el cuerpo de Terry estaba demasiado cerca al de ella.

Él se sintió extraño. ¿Estaba él también listo para escuchar lo que ella guardaba; que él había descubierto? ¿Estaba seguro de que deseaba sincerarse al mismo tiempo? El joven buscó la respuesta dentro de sí, pero las esmeraldas que brillaban casi asustadas frente a él lo desarmaban y le impedían pensar con claridad. Ella era simplemente hermosa y su cabello libre al viento, era una invitación clara para que él extendiera su mano y perdiera sus dedos entre los rizos femeninos. Porque hay que decir, que Candice no se apartó ni un milímetro de él. Conservó esa cercanía que él había provocado disfrutando incluso de todos los sentimientos que se arremolinaban en ella y que distinguía también en las pupilas de su anfitrión; sin embargo, él estaba esperando una respuesta y a ella solo se le ocurrió:

-Me invitaste – se salió por la tangente y se encogió de hombros, escondiendo sus ojos de los zafiros que ahora la escudriñaban mucho más cerca de lo que ella podía soportar. El bajó entonces la mirada y se alejó de ella nuevamente para reiniciar la caminata.

-Cierto – murmuró más para sí mismo apretando los puños dentro de los bolsillos del pantalón.

Ella continuó con voz trémula, tubo que clarear la garganta antes. Le habló sobre Niel y finalmente conversaron sobre su último trabajo. Fue sincera al decirle cómo se sentía, y también le dijo que aunque aquello la lastimaba, se sentía con la fuerza para continuar.

Terry la escuchó con atención. Solo de vez en cuando la interrumpía para hacer alguna pregunta o comentario; el joven actor sintió su sangre hervir ante la osadía de Legan de buscarla ¿con flores? ¿Pero qué pensaba este $%&/(&/$%? Como buen actor, escondió sus sentimientos. No era el momento, podía distinguir la necesidad que ella tenía de sentirse apoyada, así que no haría una escena de celos. Esta vez no.

Durante todo el tiempo de la caminata, ella había estado escuchando el arrullo de una corriente de agua. Sabía que estaban caminando hacia ella porque cada vez la escuchaba más cerca. En el cielo las nubes empezaban a chocar entre sí y la luna llena ya casi estaba escondida completamente, la noche había caído.

-Creo que debemos regresar Candy – sugirió Terry un poco frustrado. La verdad era que él también prefería caminar que estar en un lugar de moda y tras la sugerencia de la chica él se había sentido muy entusiasmado -. Quería que llegáramos hasta el arroyo, pero tendríamos que bajar por senderos peligrosos, ha obscurecido muy rápido – fue interrumpido por la luz de unos relámpagos y después el sonido del trueno -, ¿Lo ves? Será mejor que regresemos –resopló con una sonrisa, como queriendo restarle importancia. Conozco un atajo, pero vamos a invadir propiedad privada. Ven Candy.

El joven tuvo mucho cuidado de guiarla y al mismo tiempo no tocarla. Llegaron hasta una alambrado que resguardaba la propiedad que Terry había mencionado; él se adelantó para levantar el alambre de púas y permitir que ella irrumpiera en la propiedad sin hacerse daño. En su interior Candy tuvo la esperanza de que nuevamente él la tocaría para ayudarle, quizás le ofrecería su mano, pero ese contacto nunca llegó y ella tuvo que disimular su decepción.

Durante el regreso Terry guardó silencio. La respuesta de Candy no lo había dejado satisfecho. A lo lejos escuchaba la voz de ella pero no lograba concentrarse, quería encontrar la forma de que ella se sincerara, aunque, no podía todavía, decidir qué haría él después.

Ella notó su silencio y decidió también dejar de hablar. Ya casi llegaban al lugar donde el auto estaba estacionado, aún no comenzaba a llover, pero las luciérnagas habías dejado de bailotear, probablemente buscando refugio. El viento se sentía más húmedo y por tanto, la joven empezaba a sentir más frío.

Al llegar al auto Terry fue directo a la cajuela con la intención de sacar la maleta de Candy. Ella se recargó en la portezuela mientras acariciaba sus propios brazos como consecuencia del frío viento; de pronto, Terry cerró bruscamente la cajuela ocasionando que ella mirara hacia él. Ella lo vio acercarse amenazante, sus ojos estaban encendidos y la maleta no estaba no estaba en sus manos. Él caminó decidido hacia ella, se detuvo a un par de pasos, la miró y guardando su distancia volvió a preguntar:

-¿Por qué viniste Candy?

Ella trastabilló pero supo que su anterior respuesta no había sido suficiente. Así que se atrevió:

-Cuando me dejaste en Londres… estabas ahí, conmigo, aún sin estar. Cuando viajé a América… venías conmigo, aún sin acompañarme. Me parecía verte en cada lugar, en cada persona… -su voz estaba emocionada, casi se quebraba, Terry la escuchaba son atención y ella se llenaba de valor para continuar. Su peso seguía recargado de la portezuela del auto y sus manos seguían abrazándose. Ya el frío había pasado a segundo lugar. Desvió la mirada hacia el sendero que habían dejado atrás y lo señaló con sus ojos-. No importa lo que haga o a dónde vaya, el punto es que siempre estás conmigo, como en esa caminata; aunque no estés en mi vida, siempre estás ahí. Terminó emocionada.

-¿Es eso cierto pecosa? – Terry cerró la distancia con Candy y ella se mantuvo erguida, sin aparentar que sus piernas estuvieran temblando.

No hubo respuesta, ella había enmudecido. Se sentía embriagado por él.

Terry colocó sus manos sobre el auto, dejando al Candy en el centro de ellas, cuidó de no tocarla, pero se aferró al metal frío para no perder la cordura. Sin embargo, cómo no iba a perderla después de lo que ella le había confesado.

-¿Qué es lo que quieres de mí Candy? – le dijo mientras recorría el rostro de la joven con su aliento sin permitir que sus labios tocaran la blanca piel que lo atormentaba. Los relámpagos estaban alrededor de la pareja, los pinos habían empezado a mecerse al viento, pero ellos ya no podían pensar en nada más. La voz grave de Terrence enloquecía a la chica que estaba a punto de bajar todas sus defensas –. ¿Te das cuenta de que yo podría hacer contigo lo que quisiera? – Murmuró Terry a su oído-. Estamos solos, no hay nadie a varios kilómetros – esa voz, esa voz, esa voz… Candy no sabía lo que esa voz le provocaba. Se sentía emocionada por estar atrapada, pero no sabía cómo continuar-. ¿Qué es lo que realmente quieres de mí? – Insistió esa voz cosquilleando su oído - ¿qué es lo que quieres de mí? – Murmuró nuevamente mientras paseaba sus labios muy cerca de la frente de Candy sin besarla - ¿Qué es lo que quieres de mí? – repitió lentamente cerca de sus labios y después cerca de su nariz y finalmente cerca de su cuello.

De mi escritorio: ¿Te quedaste mareada DY? ¡JiJiJi! No sé porqué lo primero que se me ocurrió para estas notas fue hacerte esa pregunta. Gracias por leer este mini. Son cinco entregas pero no he decidido si ser mala y hacerlas esperar para las siguientes tres... o darles todo el fic en una entrega diaria... uhmm...

Lucero, cyt, Yeyaho, sis, Luna2, Arlene, Mayela, Wendy, por supuesto, DY y anónimos, muchas gracias por leer esta historia y por su retroalimentación. Usualmente les dejo una notita a cada una, pero de verdad debo salir corriendo, así que pensé que la mejor manera de dar las gracias es hacerles una entrega más de esta mini aventura. Besos chicas!

Si se marearon todas no me vayan a acusar por andar causando bajas de presión, ehhhh?