PRESENTIMIENTO (Quinta parte)
Los personajes de Candy Candy son propiedad de Mizuki e Igarasshi, TOEI Animation, Tokio 1976, usados en este fic sin fines de lucro.
Este capítulo tiene escenas de fuerte naturaleza. Si tales escenas dañan tu pudor, por favor, no lo leas.
-Tienes razón – Respondió Terry con dificultad; finalmente se rindió. Ella continuaba prisionera en la pared, rodeada de los brazos fuertes y varoniles del joven actor. Por un momento se detuvo para disfrutarla. Ambos estaban agitados, él solo deseaba asegurarse una vez más que ella no se arrepentiría. Los ojos de ambos estaban clavados mutuamente, ambos seguían ardiendo; el calor de su piel se reflejaba en sus mejillas sonrojadas. Terry entonces se entregó a la pasión que ella despertaba paseando sus manos por la cintura de la joven al momento que una vez más unía sus labios en un beso ardiente. Ella correspondió al beso con la misma pasión que él desbordaba, levantó sus brazos para atraparlo por su cuello sintiendo deslizarse las manos de Terry desde su cintura hasta sus piernas. Él empezaba a sentir que aquello era demasiado poco e incrementó el contacto de sus cuerpos; ella no podía escaparse y él había renunciado a luchar con la cordura. Lentamente recorrió los costados de Candy con sus manos extendidas, de tal forma que rozó uno de sus senos con el pulgar arrancando de la chica un delicado gemido que llenó sus oídos y su hombría se elevó con la dureza característica. Decidido a atrapar totalmente los senos, llevó ambas manos hacia ellos y los masajeó delicadamente mientras que ella se perdía en el beso embriagante que coronaba el momento, gimiendo cada vez más frecuentemente. Él entonces llevó sus manos por los botones del vestido y ella hizo lo propio con los botones de la camisa del muchacho.
Mientras que los dedos ágiles de la joven desprendían los botones de la camisa de Terry, él abandonó su tarea de los botones de la chica para deshacerse de su saco, estaba muy nervioso, ella no dejaba de besarlo y él no deseaba separarse, desesperado hizo un brusco movimiento para deslizar las mangas del saco y cuando por fin se hubo liberado lo arrojó al suelo casi desesperadamente. Tal despliegue apasionado incitó aún más los deseos de Candy quien había terminado con los botones de la camisa e imitando los previos movimientos de Terry lo despojó casi desesperadamente de tal prenda. Sus ojos se abrieron embelesados ante la sensual vista del torso desnudo de ese hombre en cuyas manos juguetonas se revelaba su intenso deseo. No tuvo tiempo de pensar mucho, pues su instinto la llevó a besar cada centímetro de ese pecho tibio que había sido su refugio. Sus gráciles dedos se posaron en la cadera masculina mientras sus labios viajaron insaciables en su erótica tarea. Terry había terminado de liberar los botones del vestido y mientras ella se deleitaba en el sabor de la piel masculina, él deslizaba el vestido por los brazos para eliminar aquélla.
-Candy… - murmuró al actor con el placer que ella le prodigaba, en lo único que él podía pensar era que esto era solamente el comienzo. Él estaba ya en el cielo y no imaginaba cómo lograría contener la pasión de tal forma que ella no se asustara.
Cuando estuvo seguro que el vestido había caído del cuerpo de su compañera, su sangre hirvió completamente. Terry reaccionó hundiendo sus dedos en los rizos de ella atrayéndola con más fuerza hacia su pecho, alentándola a continuar con su tarea, pues la tibia humedad de sus besos provocaba en él sensaciones turbulentas que nublaban todo raciocinio, tan solo podía concentrarse en el disfrute de la suavidad de los labios tantas veces soñados sobre su piel. Después de unos momentos, él la tomó de los brazos; ella había besado tanto su pecho que él ahora se moría porque esos labios se posaran nuevamente en los suyos. La aprisionó en la pared mientras que sus manos recorrían sus brazos desnudos y estrujaban su piel olvidándose de ser suave y delicado. Él acercó su cadera a la de Candy, percibía que su virilidad estaba lista para penetrar su cuerpo y deseó estar dentro de ella, pero aún no había llegado el momento; aún había mil caricias que prodigarle. Con manos expertas deshizo uno a uno los amarres del corsé, estaba nervioso, estaba loco por los gemidos que de ella se escapaban.
-Terry – al contacto de los dedos del aristócrata Candy incrementaba su deseo. Su respiración era agitada, lo deseaba. Sus senos reflejaban su agitación y ello solo provocó más a Terrence.
-Candy, me vuelves loco – confesó mientras que su lengua entraba intempestivamente en la boca femenina y se enredaba con la lengua de ella. Sin dejar su tarea de deshacerse del corsé.
Una vez que todos los hoyuelos de la prenda estuvieron libres, Terry deslizó su mano por el cuerpo de la rubia permitiendo que al avance de su intromisión la prenda cayera. Él se dio un breve momento para regalarse la visión del pecho desnudo de Candy: Sus senos eran blancos, suaves y firmes, coronados por un botón rosa erecto que invitaba al joven a acercarse a mordisquearlo. Ya no era la niña, la compañera del colegio. Era una mujer adulta, sensual, enamorada. Capaz de volver loco a cualquiera. Ella estaba temblando, tan solo estaba esperando el momento en que la cálida mano de Terry se posara en uno de sus senos.
La espera le pareció una eternidad, pero finalmente, sintió la calidez de su compañero envolviendo totalmente el contorno de uno de sus senos, mientras que apoyaba su otra mano en el trasero de la rubia en clara urgencia de acercar su cadera para que ella sintiera sobre su pelvis la virilidad erecta por ella, solo por ella.
Terry deseaba conservar tal contacto, pero deseaba usar ambas manos para acariciar a la chica de sus sueños. Hizo recargar la espalda femenina en la pared mientras que todo su cuerpo se posaba en el de ella. La mano que recién había liberado viajó en busca del otro seno que ya aguardaba por sus atenciones. Él entonces se volvió loco, dio rienda suelta a su deseo, masajeó ambos senos y pellizcó los botones rosas sin desprender el apasionado beso y sin permitir que su cadera perdiera el contacto con el vientre femenino. Ella estaba mareada, había provocado un huracán cuya fuerza la estaba vitalizando, se aferró a los hombros de Terry enterrando sus uñas sin delicadeza alguna en la piel que adoraba. Los labios de Terry viajaron hacia el cuello blanco y entonces, las manos masculinas liberaron los montes para sujetar el cabello en alto a fin de tener todo su cuello para sus labios. Ella inclinó la cabeza para permitir la intromisión. Sus ojos estaban cerrados y los labios del muchacho provocaban aún más su deseo.
Quizás por instinto, la chica levantó su pierna para posarla en la cintura de Terry y él la atrapó con una de sus manos para iniciar un viaje por los muslos que se ofrecían a él sin miramientos. Sus dedos viajaron seductores por el pie que estaba en alto y después por la pantorrilla, se detuvieron a hacer círculos en la rodilla y prosiguieron por los muslos delicadamente hasta la entrepierna. Sin más preámbulos fue él quien buscó la otra pierna femenina y con facilidad la colocó también en su cintura, con sus manos sostuvo a la joven del trasero e incremento su beso, la recargó delicadamente en la pared mientras nuevamente su cuello y ella se volvía loca despeinado su cabello y percibiendo por vez primera el contacto de la virilidad de su compañero en su entrepierna. Él entonces caminó con su apasionada carga hasta la cama y se sentó permitiendo que ella disfrutara más aún de tan íntimo contacto.
Ella abrió los ojos apasionada y le sonrió satisfecha. A la expectativa. El miembro masculino entre sus piernas estaba tan solo esperando el momento en que ella se sintiera lista. Terry había jurado para sí mismo que no penetraría el cuerpo femenino hasta que ella se lo pidiera, se lo rogara, hasta que gimiera en súplicas y se retorciera de deseo por ser poseída.
Con manos firmes la tomó de la cintura para presionarla más hacia él. Ella, se movió rítmicamente sobre la cadera de Terry iniciando así el preludio de la liberación de tantos deseos reprimidos. Abrazando con sus piernas la cintura del joven. Él buscó nuevamente sus labios en ese movimiento rítmico, disfrutando de sus manos en la cintura de la joven que la guiaban en la frecuencia de tales movimientos, disfrutando de la vista frente a él. La vio echar su espalda hacia él y aceptó la muda invitación de besar sus senos, liberando la cintura para acariciar delicadamente la espalda desnuda, finalmente, ella había comprendido la relación entre ritmo y deseo y se movía por iniciativa excitando aún más a su compañero.
-Nunca te vas a ir de mi lado Candy – amenazó; pero ahora era la pasión sobre la cordura. Sus manos estaban locas bailando en la espalda de ella.
Este descubrimiento de la sensualidad de Candy era un eslabón aún más fuerte con ella. Sus mejillas estaban sonrojadas, su cabello despeinado, sus labios hinchados, su piel con algunas marcas claras de los besos apasionados que él le había regalado, sus pupilas dilatadas, sus pezones erectos y lo mejor: Toda ella disfrutando su erótico encuentro.
Él era sumamente apasionado, y ella hoy estaba demostrando que podía llevarlo al cielo. Aún siendo inexperta. La veía tan dispuesta, tan suya…
Ella estaba entregada a sus demandas. Había insistido en este encuentro y definitivamente había dejado tras de la pesada puerta cualquier muestra de pudor o temor. Confiaba plenamente en Terry y era feliz de haberlo elegido.
El rítmico contacto de la cadera de Candy con su masculinidad lo estaba llevando al punto sin retorno y él no deseaba que aquél mágico momento terminara. Buscó sus senos que se ofrecían nuevamente ante él y sin dejar de besarlos se las arregló para depositar a la joven sobre su lecho.
-Si vas a detenerme, hazlo ahora – la voz de Terry sonó aterciopelada, seductora.
Ella respondió acercando sus labios a los de él en un beso fiero y demandante.
Ninguno de los dos fue consciente de la forma en que su desnudez quedó expuesta. Pero cuando lo percibieron, aún después de tan audaz introducción se sonrojaron. Terry no pudo evitar pasear su vista por la completa desnudez femenina hipnotizado y ella, aún con su experiencia en medicina, se sonrojó ante el espectáculo del cuerpo masculino que la cubría.
Candy sintió las manos de él ocupadas en un escrutinio de su piel que no se había imaginado. Terry estaba dispuesto a localizar al menos la mitad de los puntos en que su amada explotara. Se posó sobre ella, llenó de besos su rostro, mientras que ella llenaba sus oídos de gemidos placenteros y paseaba sus manos por la espalda perfecta de Terry. Él entonces besó su cuello y después su pecho, esta vez, se atrevió a mordisquear ligeramente los botones rosas y la sintió estremecerse como respuesta, también sintió que ella hundía sus dedos en su pelo y lo alborotaba en un esfuerzo por provocar aún más la intensidad de las caricias y besos que recibía.
-Terry – la escuchó musitar con urgencia, mientras su cuerpo empezaba a estremecerse. Él sonrió: Aún había algunas cosas que deseaba mostrarle.
Su caricia se volvió más atrevida, al atrapar en su boca uno de los pezones y permitir que su mano viajara lentamente por el cuerpo que empezaba a convulsionar de deseo. Llevó esa mano masajeando el seno que no era atendido y después viajó con lentitud por el vientre y la cintura, ella entonces se preparó para lo que imaginaba que vendría y nuevamente musitó el nombre amado presa de placer. Candy sintió su máxima intimidad humedecerse y pensó que había llegado al cielo, pero cuando la mano de Terry llegó hasta el íntimo botón de su entrepierna la chica se aferró a los brazos del joven y como reacción quiso unir su cuerpo casi desesperadamente al de él; trató de acercarse tanto como pudo, pero la erótica caricia que estaba recibiendo de los dedos aristócratas provocaba en ella que su cadera se elevara y regresara rítmicamente buscando algo que aún no sabía comprender.
-Terry… Terry… - sus ojos estaban desorbitados, su respiración era agitada y su cadera no se detenía. Había un calor inexplicable que ardía desde la cabeza hasta los pies de la muchacha. Más que nunca Terry vio que los pezones femeninos estaban erectos, pasó su lengua sobre uno de ellos y lo encontró duro.
-Candy – masculló Terrence mordiendo el pezón e incrementado la actividad de sus dedos en la entrepierna de ella, sentía la humedad femenina desbordarse y percibía al mismo tiempo que su propia sangre también hervía, que su masculinidad dura y erecta se mantenía aún en la espera de el momento justo.
Habría querido llevarla a otros mundos, a otros cielos, mostrarle su experiencia. Pero era la primera vez de la joven que adoraba y confiaba en que habría mil momentos como este en su mañana. Permitió que sus dedos continuaran jugueteando… ella incrementó los movimientos de su cadera, y, tal como lo había imaginado, la joven se retorció en un placer desconocido, solo su nombre salía de los labios ardientes mientras que ella se aferraba a las sábanas pues él se había liberado para posar su cuerpo sobre ella. Buscó sus ojos y dejó de juguetear en su entrepierna para penetrarla delicadamente. Ella sintió la dura intromisión en su cuerpo y él le dio tiempo para que lo reconociera. Una delicada queja salió de la chica y él percibió cómo había entregado su castidad en sus manos. La amó más que nunca. La adoró.
Para regocijo del muchacho, ella se acostumbró de inmediato y lo demostró devolviendo a su cadera el ritmo que había sido provocado por las caricias masculinas. Terry, entonces se movió despacio dentro dando tiempo a que el dolor pasara, pero el estado de la joven era tal, que su cuerpo continuó desbordando convulsiones. Terry comenzó con los embates y ella correspondió con el mismo ritmo recién aprendido.
Sintieron sus cuerpos acoplados en la rítmica entrega, sus caderas se movieron fundiéndose en uno solo.
Candy sintió unas nuevas pulsaciones en su feminidad que la obligaron a acelerar el ritmo y Terrence correspondió seductor a las demandas del cuerpo que lo enloquecía.
-Terry… Terry…
-¡Candy! ¡Candy!
-¡Terry!
El joven incrementó ahora bruscamente sus embates concentrado en complacer a la dama que se convertía en mujer en sus brazos esa noche, más rápido, más rápido, más fuerte, más fuerte, más rápido, más fuerte…
-¡Candy! – Terrence se liberó en una erótica explosión dentro del cuerpo que continuaba convulsionando en sus brazos y después de unos instantes la escuchó también a ella gritar su nombre.
La miró complacido, cansado, enamorado.
Cayó sobre ella disfrutando de escuchar su corazón. Sabía que requería tiempo y experiencia para llegar juntos al climax y esa sería su próxima tarea. Ella acarició el cabello del castaño y recorrió juguetona su espalda. Él entonces se posó al lado de ella e incorporó su torso ligeramente para mirarla a los ojos.
La besó tiernamente, no sabía qué podía decirle. Deseaba amarla ahora de una forma diferente, quería que ella se sintiera cómoda, protegida, bienvenida.
-Ya somos uno Candy – expresó emocionado peinando ligeramente el cabello.
Ella acarició su mejilla embelesada y aún mareada por la entrega. Se sentía completa, se sentía mujer.
-Siempre me sentí UNO contigo – respondió ella.
-No te dejaré ir nunca más Candy – le recordó; había un cierto miedo a perderla. Estaba muy cansado, pero por su cabeza cruzó la idea de permanecer despierto para no perderla durante la noche. No quería que ella se escapara.
-No hay otro lugar en donde prefiera estar – Candy se acurrucó cerca del cuerpo de Terry y él la recibió en una pose de protección. La vio sonreír antes de cerrar los ojos cansada, saciada y feliz.
Terry se sintió con nuevos bríos. Había un pacto para estar juntos, eso era todo lo que necesitaba. Respiró profundo, tenía que descansar, había muchos retos frente a ellos y él tenía que ser fuerte, muy fuerte. Abrazó a su ahora mujer: Ella era su fortaleza.
-Soy afortunado – murmuró mientras depositaba un casto beso en la frente de la joven que yacía dormida por primera vez en sus brazos.
-No. Yo soy la afortunada – dijo ella mientras se abrazaba no solo al cuerpo de Terry, también se abrazaba a la plenitud, al amor.
Ambos se entregaron al sueño con el PRESENTIMIENTO de un futuro brillante.
FIN
De mi escritorio: Listo chicas! De verdad espero que hayan disfrutado de esta locura. Por favor sigan perdonando mis carreras, pero este mes no es nada en fácil. Lo único bueno es que es el mes en que todo se define en mi vida. Estoy con mil cosas en la cabeza que debo terminar. Les agradezco su apoyo y su interés en esta historia. Besos y abrazos!
Malinalli, Abril 2012.
