CAPITULO 2

OSCUROS SECRETOS

Fuí hasta una discoteca que unas hadas me recondaron, el pandemonium, al parecer era el lugar de moda entre subterraneos y nefilims aunque tambien se podia encontrar buena cantidad de humanos, el tipíco sitio donde encuentras un mezcladillo de culturas y razas impresionante.

Entonces lo vi, un chico alto, rubio, de ojos dorados idénticos a los mios y que irradiaba luz y egocentrismo por cada poro de su piel, ahi estaba mi primo, Jace Herondale... Y justo ahora, despues de tantos años deseando encontrarme con él, contarle la historia de nuestra familia, no sabia que hacer. Opté por acercarme y pedir una copa, observandolo por el rabillo del ojo.

Solo había dado un par de tragos a mi copa cuando sentí que alguien me empujaba desde atras y... TODO EL LIQUIDO SE DERRAMÓ ENCIMA DE JACE! El chico me miró con cara de pocos amigos.

-!¿Se puede saber que demonios haces?-me inspeccionó de pies a cabeza por primera vez, reparando en los cuchillos que llevaba en el cinturon que, al contrario que muchos alli, eran de verdad- ¿Eres nefilim?

Yo asentí como una tonta, uno de los focos de colores lo iluminó y pude verlo bien, ahora sabía quien se había llevado todo el atractivo familiar. Ok, ya era hora de reaccionar.

-Lo siento, algun estupido me empujó. Tu debes de ser Jace Her... Lightwood ¿cierto?- ESTUPIDA! Debería haberme presentado directamente. El chico asintió.

-No sabía que la Clave hubiese enviado a alguien nuevo al instituto, ¿por que?- clavó su mirada en la mia y estuve segura de que se percató de la similitud de nuestros ojos.

-En realidad, no me envia la Clave, fue decisión mia venir aqui...

No se fiaba de mí, estaba claro que podía ver ese lado oscuro dentro de mí. Tomó mi muñeca y me arrastró fuera del local, a un callejon oscuro y solitario, lleno de trastos viejos, altavoces, focos rotos... desechos del antro.

-¿Por que?- seguía sin soltarme y yo no forcejee, su otra mano estaba en su cintura, rozando un afilado cuchillo serafín.

-Eres así con todos los visitantes?- sonreí- escucha, puedo contarte la historia, pero no te va a gustar.

-Ultimamente no me abundan las buenas noticias, asi que confiesa lo que sea que tengas que explicar y largate.

No podía echarle en cara que fuera asi de desagradable y amenazante, debía de ser cosa de los genes, a mi tampoco me hacían demasiada gracia los desconocidos, aunque el tenia la ventaja de haber sociabilizado a lo largo de su vida, en cambio yo... solo se me permitió hacerlo con los tutores que mandaron al instituto. Tendría que contarle todo lo sucedido con su padre y mi madre, y luego dejar que el decidiera si creerme o echarme de alli de una patada en el culo.

-Soy tu prima- con la mano libre saqué el anillo de los Herondale que llevaba escondido con una cadena bajo la camiseta- tu padre y mi madre eran hermanos.

Silencio. Su manó se deslizo de mi muñeca a su costado y su mirada se clavó en la mia, veía en mis ojos que no le estaba mintiendo.

-No puede ser...-aprecié que su actitud volvia a recubrirse de una capa de frialidad helada- Mientes.

Negué.

-No miento Jace, escucha-tomé su mano pero la retiró, no le di importancia, lo entendía- no he venido aqui para darle un giro a tu vida, ni para intentar convertirme en tu familia de la noche a la mañana, se que para tí tu única familia son los Lightwood, pero necesitaba conocerte. Voy a quedarme unos días, si quieres escuchar cual es la historia dimelo. Si no, me ire y no volveré a entrometerme.

No dije mas. Caminé hacía la salida del callejon, de vuelta al instituto.

No volví a ver a Jace el resto de la semana y tampoco a Clary, creo que Aline dijo algo de que se habían estado quedando en casa del padrastro de Clary, un tan Luke, hombrelobo.

-¿Te drogas? - la pregunta de boca de la preciosa asiática me sorprendió.

- Claro que no, ¿por que dices eso?- no entendía como se lo pudo ocurrir eso, ni siquiera había bebido de más estando allí.

-El otro dia te vi inyectandote algo... -su mirada fue hacia mi mesilla de noche, donde guardaba el polvo de hada que tenia que pincharme para tener controlada mi parte demoníaca. Me quedé helada, ¿como podia haberme visto? Siempre era muy cuidadosa respecto a ese tema... Dejé la faldita que me estaba provando y me senté a su lado, sacando el polvo de hada.

-¿Cuando me viste?

-El otro día, iba a entrar creyendo que estabas dormida para traerte el desayuno, abrí despacio para no despertarte pero te vi con la aguja...- vi reflejado en su rostro la verguenza pero sobretodo la preocupación, sonreí y acaricié su brazo.

-No me drogo, pero no es facil de explicar Aline.

Me miró, interrogante.

-Intentalo.

-Sabes que Jace y Clary tienen sangre de angel ¿verdad?

Asintió.

-Bueno, pues Valentine le dio sangre de demonio a mi madre cuando estaba embarazada de mí. Pero no soy como Jonathan, se que lo estas pensando. Mi madre lo descubrió y embarazada de tres meses huyó pero aun así él la encontró... y la mató- sentía como la ira recorria cada poro de mi cuerpo cada vez que lo recordaba, tuve que tomarme un momento para calmarme- La Clave descubrió todo el pastel y me aislaron en el instituto de madrid, temiendo de que me convirtiera en un demonio.

-¿Y te pinchas para...?

-El polvo de hada evita que ese lado demoniaco salga.

Se mantuvo en silencio un buen rato, ¡maldita sea! ¿por que tenia que descubrirme justo ella? Con lo mucho que me gustaba seguro que ahora me temeria y se apartaría de mí. Me levanté para salir pero me detuvo.

-¿Te encerraron como si fueras un monstruo? ¿La Clave hizo eso?- habló despació, como si no fuese capaz de imaginar que los mas altos cargos de los Nefilim fueran capaces de hacer algo así.

-No les culpo, no sabían como iba a reaccionar, podría haber sido peligrosa como Jonathan- estreche su mano- pero, ¿no vas a salir corriendo? ¿alejarte de mí?

Me miró confusa y un poco dolida.

-¿Por que iba a hacer eso? Tu siempre has sido buena conmigo-se sonrojó y yo sonreí, se veía adorable. Mi mano fue a su rostro, acariciando su mejilla con ternura.

-Tu tambien me gustas Aline, mucho- me acerqué y roce sus labios antes de besarla, sintiendo como sus labios se acoplaban a los mios a la perfección.