CAPITULO 3

CONFESIONES

Y el tiempo pasa, y las cosas no avanzan, luego de un par de semanas parece que ya soy una mas pero hasta tal punto que me ignoran. Magnus me ignora, no es que esperase que él centrara toda su atención en mí pero él fue lo mas parecido a un padre que tuve y darse cuenta de que yo no fui mas que una niñita a la que tener que criar fue duro. Jace, mi primo, la única familia biologica que me quedaba en el mundo no queria saber nada de mí, es mas, estaba de lo mas extraño y distante desde que lo vi volver con Clary de la casa de Luke, a pessar de que Jocelyn, la madre de Clary, habia estado hablando con él sobre el tema y conmigo sobre mi madre, descubrí que fueron buenas amigas estando dentro del circulo pero que mi madre lo abandonó sin advertir a nadie.

-¿Que piensas?- Aline me sorprendió en la biblioteca, tomó el libro que estaba leyendo y le dio la vuelta- esta claro que no leías- sonrío y yo me sonroje.

Negue.

-No se que hago aquí- confesé- Magnus no quiere acercarse a mí para no crear conflictos con Alec, lo se. Y Jace simplemente me evita...

Ella me miró he hizo un mohin.

-¿Y yo que?

Sonreí.

-Creo que eres lo único bueno que me ha pasado desde que estoy aqui- sonreí y la atraje para besarla pero alguien nos interrumpió y puse mala cara hasta ver quien era, Jace.

-Aline largate, tengo que hablar con ella.

Hablar con ella. Ni mi nombre se había aprendido en este tiempo? La morena le lanzó una mirada de basilisco y salió.

-Jonathan esta aquí, de vuelta.

Lo miré, con los ojos como platos.

-Eso es imposible ¿de donde te lo sacaste?

-La Clave me lo dijo.

Silencio. Mi mirada se clavó en la de él, no mentía, podia verlo en sus brillantes ojos imepentrables.

-¿Y que quieren que haga yo?

Avanzó hasta el respaldo del sillon de piel color rojo y se apoyó ahí, parecía cansado. Se frotó los ojos y volvió a mirarme, esta vez de forma acusadora.

-Piensan que ha vuelto para buscarnos a nosotros, por lo que sabemos hasta ahora parece ser que quiere crear una nueva raza, mas fuerte que los nefilim, y su intención es empezar por nosotros. Clary, él, tu y yo. Sangre nefilim con sangre de angel o demonio. En cambio yo no opino eso, estoy casi seguro de que tu tienes algo que ver en esto, y tienes dos opciones, o confiesas conmigo o te acusare ante la clave.

Aquello me dejó helada ¿me estaba acusando de que tenia un plan para dominar el mundo y acabar con los nefilim?¿y que encima habia estado planeando todo aquello con Jonathan Morgentern? No iba a consentirle que dejara caer sobre mí aquellas acusaciones, de ningun modo. Me levanté y fui frenté a él, seria.

-Haz lo que tengas que hacer, llama al inquisidor y que traiga la espada, si es el único modo de que al fin dejes de tratarme como si no fuera mas que un monstruo-mi voz era dura y firme, ya estaba cansa de aquella situación- adelante Jace Herondale, ve corriendo a ordenarle a la Clave que haga lo que tu no tienes valor de hacer.

Vi como una mano iba a su cintura y sacaba una daga dorada, con un rapido movimiento me acorraló contra la pared, habría podido evitarlo con facilidad pero decidí dejarle pensar que era mas rapido que yo.

-¿Te parece esto propio de un cobarde Jennifer Herondale?- su voz sonaba ronca, llena de ira, pero yo sabía que aquello no era mas que una mascara, sobretodo por que yo misma actuaba de forma similar a menudo cuando sentía que se avecinaba una situación en la que los sentimientos podían implicarse demasiado.

-Podrias rajarme el cuello ahora mismo Jace Herondale- dije su verdadero apellido, sabía que aquello solo haría acrecentar su ravia- pero eso no va a hacerte sentir mejor, ni hara que Jonathan deje de venir por nosotros.

Me soltó y se dio la vuelta con la intención de salir pero esta vez fui yo la que me planté frente a él, bloqueandole la puerta. Mi mirada seguia siendo firme pero menos dura.

-Sientate, por favor- mi voz ahora sonó suave y con un deje de cansanció y tal vez un poco de suplica pero funcionó, se dio media vuelta y se dejó caer en el tresillo, yo tomé asiento frente a él, en el sillon rojo.

-Muy bien, ahora me toca a mi hablar Jace- crucé las piernas y me apoye en el respaldo, cerrando los ojos un momento para pensar como enfocar aquello y abriendolos enseguida- ok, escucha, ya te dije que no estaba aquí para cambiar tu vida y eso lo mantengo, pero lo que si voy a hacer es contarte la historia, te guste o no.- Esperé un momento esperando escucharlo replicar pero para mi sorpresa no lo hizo asi que continué- Tu padre era varios años mayor que mi madre, durante sus años de aprendizaje en Idris el era muy sobreprotector con ella, hasta que ambos conocieron a Valentine. Mi madre se enamoró de él, pero no era la única, al parecer llevaba locas a todas las chicas de su edad... El caso es que con su encanto natural consiguio embaucarlos a ambos y convencerlos para que se unieran al circulo. Tu padre, era especialmente bueno en medicina, cuando no tenia mas de deciseis años salvó a mi madre de morir envenenada por culpa de un demonio rapiñador, estaba tan gravemente herida que todas se resignaron a perderla expcepto él-sonreí y no pude evitar que una lagrima se deslizara por mi mejilla, me la limpié y seguí con el relato.- Por eso fue que Valentine lo llamó al circulo.

Pasando los años todos fueron haciendose mayores y viendo como lo que habían creado como un grupo de jovenes revolucionarios iba tomando cada vez mas fuerza y mas aliados, pensaron que realmente tenian el poder de cambiar las cosas. Mi madre estaba embarazada de mí, obviamente Valentine le había obligado a decir que el niño era de otro, eso fue lo primero que hizo que mi madre sospechara pues Valentine le había prometido que dejaría a Jocelyn pero una vez Ericka, mi madre, se quedó embarazada este le dijo que no lo haría. Pasaron las semanas y ella a menudo escuchaba ruidos de madrugada, una noche bajó a investigar de donde venian los ruidos y vio varios seres encerrados en jaulas, hadas desfiguradas, vampiros abrasados... y un listado de seguimiento de cada uno de aquellos desgraciados... y uno que incluía su nombre.

Al día siguiente, cuando el subió a comprobar como estaba y darle su desayuno ella se atrevió a preguntarle por aquello. Él simplemente alegó que eran criaturas que se merecían lo que les estaba haciendo, y aquello hizo que toda la confianza que había depositado en aquel hombre desapareciera al instante. Esa misma noche, embarazada de tres meses de mí, recogió sus cosas y salió de la casa a hurtadillas, no sin antes dejarle a tu padre una nota donde lo citaba al dia siguiente en la vieja casa de campo de sus padres, nuestros abuelos. La dejó en su habitación con cuidado de no despertarlo y luego se fue.

Tu padre apareció por la mañana a primera hora, alarmado por si algo le había pasado a ella o a mí, o tal vez a nuestros abuelos. Pero entonces ella le contó lo que había visto en aquel lugar subterraneo y la conversación que había tenido con Valentine, como había despreciado la vida de todos aquellos subterraneos y tambien la suya propia esperando que reaccionara y la ayudara a deshacerse de Valentine. La sola idea de hacer eso escandalizó tanto a tu padre que se puso como loco y la tomó por loca a ella. Se marchó entre gritos y acusaciones de vuelta a la casa de Valentine, donde un año despues dejaría a su esposa, Celine, embarazada de tí, y descubriria que la actitud de Valentine hacía Celine empezaba a cambiar sospechosamente, atendiendola de más y sobreprotegiendola. Valentine decía que una mujer embarazada debia estar bien cuidada y tu padre mantenia que eso le correspondía a él hacerlo ya que era su esposa.

Empezó a investigar sobre lo que había escuchado de labios de su propia hermana un año antes y se dio de narices con la verdad, el laboratorio de mi padre... de Valentine, y el seguimiento que llevaba para con tu madre, las dosis proporcionadas a Celine de sangre de ángel. Escribió a su hermana para disculparse, diciendole que tenia razón, que sabía que todo lo que le había dicho era verdad y que pensaba escapar con Celine aquella misma noche. Pero esa carta jamas llegó a enviarse pues la Clave se le adelantó, dandole la fatidíca noticia de que sus padres y su hermana habían muerto "en un terrible incendio" en la casa familiar.

Esa misma noche y sabiendo que tu padre habia descubierto todo, Valentine aprovecho su debilidad por la terrible noticia para convencerlo de que lo acompañara a una misión suicida para librarse de él igual que lo había hecho de sus padres y su hermana, para que no descubrieran que estaba jugando a ser Dios. Días despues tu madre no pudo soportarlo y se suicido, aunque me figuro que esa parte ya la conoces...

Ambos nos quedamos un buen rato en silencio, el procesando la información, yo simplemente odiando a Valentine.

-¿Como sabes todo eso?

-Lo leí, cuando mi madre murió le entregaron su diario a mi tutor que me dejó leerlo en cuanto aprendi a hacerlo y hace unos años La Clave me entregó tambien las pertenencias de tu padre, ya que en teoria era el único familiar con vida.

Asintió digeriendo todo aquello.

-¿Podrias entregarmelo?- era una petición, no una orden o una exigencia.

Asentí.

-Por supuesto, lo tengo todo arriba, y esto- me desabroche el collar con el anillo de los Herondale y se lo entregué- tambien es tuyo. La herencia familiar dice que debe llevarlo el varon de mas edad de la familia.

El lo observó y luego cerró el puño sobre el anillo con la cadenita. Yo suspiré, a fin de cuentas mi madre había sido la que lo había llevado en su último año de vida, aunque perteneciera a su hermano. Jace se acercó y me lo devolvió, secando una de mis lagrimas lo que me pilló totalmente desprevenida.

-Debió significar mas para ti de lo que pueda significar nunca para mí- se quedó de pie frente a mí- tu siempre has sido una Herondale, yo ni siquiera sabía que lo era hasta hace unos meses, no conocí a mi verdadero padre. Tu sí. Tu debes llevarlo.

El hombre de hielo se derretía, no pude evitar el impulso de levantarme y abrazarlo echandome a llorar. Él no dijo nada, pero me acurruco entre sus brazos y besó mi cabello hasta que me calmé un poco y fui capaz de llevarle hasta mi habitación para entregarle todo lo que perteneció a su padre.