Vértigo. Eso es lo que siento cuando estás a mi lado.
Calor. El calor me inunda cuando tu cuerpo se acerca demasiado al mío.
Cosquilleo. Cada vez que mi piel roza con la tuya, un terrible cosquilleo me ataca ahí, donde nos tocamos.
Felicidad. Me siento terriblemente feliz cuando me miras a los ojos.
Perdición. Cuando me susurras esas hermosas y cotidianas palabras: "Te amo"
Salvación. Con la sonrisa que me dedicas, me siento salvada y llena de luz.
Y, aunque no quiera aceptarlo… Amor. Con el simple hecho de pensar en ti, mi corazón se desboca dentro de mi pecho y bombea muy rápido, hace que no quiera separarme de ti y, muy tontamente, me arranca una sonrisa que, según Sakura, está llena de amor.
Y así, termino enojada y frustrada contigo, conmigo y… con el amor. ¿Por qué? Detesto que estos sentimientos sean incontrolables ¿Por qué tienen que ser así? Estos días he tenido un humor detestable. Y eso también, es incontrolable.
Hoy has hecho, nuevamente, un excelente papel de chef, pero en ti ¿Qué no es excelente? Ya los clientes se están acabando y hoy salgo temprano, pues mañana empiezan la temporada de exámenes, así que soy la primera en asistir a los vestidores.
Y en el camino, por culpa del estúpido destino que también es incontrolable, me topo contigo. Eres más alto que yo, y mi cabeza queda a la altura de tu pecho. Me quedo estática oliendo tu aroma, que desde hace días, no lo puedo olvidar. Los impulsos de abalanzarme contra ti y comerte a besos me comienzan a atacar y como una reverenda tonta, con mis manos me aferro a ti y me pego demasiado para mi gusto.
Me golpeo internamente, por caer en el juego de esos sentimientos que se han hecho incontrolables. Pero al sentir tu aliento tan cerca de mis labios, me asusto, y me alejo velozmente, en un vano intento de enmendar mi error. Al buscar tu mirada, le doy una rápida ojeada a todo tu cuerpo, y me doy cuenta de que me has hecho sonrojar. Ese maldito sopor es tan condenadamente incontrolable, que comienzo a odiarlo, porque me pone en evidencia… demuestra que yo, ante ti, soy tan frágil como una muñequita de porcelana.
- Usui… y-yo… - ¡me estoy irritando! ¿Por qué el condenado tartamudeo siempre se hace presente? A nadie le gusta que, al hablar, tu voz salga en puros balbuceos – Tú… ten más cuidado al caminar.
Por lo menos he dicho algo coherente, si así se le puede clasificar. Sigo con mi camino, fingiendo que todo sigue igual, y que tú no has despertado estos sentimientos que me atormenta en este preciso instante, fingiendo que no siento ese amor desesperante,… incontrolable.
Al llegar al los vestidores, me siento en una de las bancas, esperando a que este corazón deje de latir tan alocadamente. Entierro mi cara entre mis manos y dejo que mis pensamientos inunden mi mente, porque me estoy cansando de luchar contra esto, que se ha vuelto incontrolable, me he cansado de fingir que soy indiferente a ti, a tu aroma… a tu presencia. Usui, te has metido muy dentro de mí.
- Kaichou – me sobresalto al escuchar tu voz a un lado de donde yo estoy - ¿En qué piensas?
- ¡Usui!
En tus ojos hay brillo, y algo que no puedo descifrar bien ¿Será amor lo que distingo? ¿Así se verán mis ojos cuando te observo? Espero que no, ya es demasiada evidencia el cosquilleo, el sonrojo y el tartamudeo. Me gustaría tener el autodominio que tú tienes, pero las reacciones que me provoca tu cercanía, son incontrolables para mí. Y es un hecho que ha sido comprobado cientos de veces. ¿Pero cómo me puedo mantener en control cuando me enfrento a situaciones tan difíciles como la que estoy viviendo? Tú y yo, solos en los vestideros, donde puedes… ¡Ey! Un momento, tú no puedes entrar a los vestidores, porque ahí estoy yo.
- ¡Maldito pervertido extraño! – así soy yo, gritona y no insegura - ¡Sal de aquí inmediatamente! No puedes estar aquí
- Misaki ¿En verdad quieres que me vaya? – no sé si lo imagino o tu susurro fue muy seductor
¿Cómo puedo decir que sí? Tan sólo con esa sonrisa ladina que tienes en tu rostro en estos momentos, esa juguetona mirada y olor tan dulce que despides hace que tiemble de pies a cabeza. Eres como un pasaje a la perdición, porque yo me he perdido incontables veces en tu mirada, tu cuerpo, tus labios… Me pregunto, ¿Qué pasaría si te diera un corto beso en esos lindos labios, o mejor uno bien largo?
¡Estoy dispuesta a probarlo! Total, el deseo es incontrolable… ¡No! Tengo que ser fuerte. Más fuerte que nunca.
- Usui, márchate.
Al contrario de lo que pedí, me rodeas con tus masculinos brazos y me acercas a ti. No lo esperaba, pero me alegra que lo hicieras; lo necesitaba. Dejo escapar un sonoro suspiro, rindiéndome ante mis propios deseos y, mientras cierro fuertemente los ojos a causa de la pena, levanto lentamente mis brazos y te rodeo con ellos para después, esconder mi cabeza en tu cuello, tratando de no pensar en la situación que yo sola he creado. Ya estoy exhausta de frenar cada impulso de abrazarte y sentirme protegida por ti…. Y con ese pensamiento, me aferro más a ti, deseando no separarme nunca.
- Estoy tan cansada – fue un murmuro apenas audible, pero que llego a tus oídos.
Entonces me diste un ligero apretón y exhalaste fuertemente pero lo que más me gustó, fue el beso que me diste en la coronilla. Inmediatamente, un ligero calor acudió a mis mejillas; cosa que desde hace tiempo, era incontrolable. Y para mi tristeza, te alejaste de mí para caminar a la salida.
- Cierto, hoy fue un día extenuante. Cámbiate, te estaré esperando afuera. – en tu ojos vi un brillo de felicidad, algo que hizo sentir mis piernas de gelatina.
Esperé a que cerraras la puerta a tu paso y después, me desplomé en la banca, sorprendida por lo que acababa de hacer… ¡y decir! Sí, estaba cansada pero no de la jornada de trabajo, como tú pensaste; me encontraba fastidiada de estar siempre evitando y escondiendo estos incontrolables sentimientos, luchando contra tus encantos y tratando que creer que yo soy indiferente a ellos. Extremadamente cansada de controlar lo incontrolable.
Me termino de cambiar y camino de manera taciturna hacía la gerente, sólo para avisarle que ya me iría. La busco con la mirada y le hago una seña, que entiende perfectamente; Satsuki me sonrió de forma amigable y por más que intenté, no pude regresar el gesto. Me siento derrotada por un enemigo invisible, que fue ganando terreno poco a poco hasta que lo consiguió, me venció. Maldigo al incontrolable amor que se instaló en mi corazón y ahora me hace dependiente a ti, Usui.
Salgo del Maid Latte con la cabeza gacha, alicaída ante la incontrolable verdad. El frío de la ciudad me golpea de lleno, y aprieto las manos contra mi pecho, en un vano intento de protegerme de él; siento algo, una tela que se ciñe a mi cuello, brindándome un reconfortante calor y un adicto aroma. Mi pulso cardiaco se dispara, y dejo de respirar cuando siento tus manos en mi cintura… siento mis mejillas arder.
- No querrás enfermarte ¿Verdad?
Lo que me faltaba; tú dulce voz revoloteando cerca de mi oreja ¿es necesario que seas tan sensual? ¡Te odio, Usui!
- No… no me abraces. – balbuceé mientras cierro los ojos y me recargo en tu pecho, disfrutando de la sensación.
- Dime por qué no quieres que lo haga – tu orden fue acompañada de un roce de tus labios contra mi cuello y después, siento cómo sonríes – Dímelo, Misaki.
- Porque… porque si lo haces… yo no podré controlarme – me apisonas más, y cayendo en este incontrolable deseo me doy la vuelta, sólo para fundirme en tus verdes ojos – Usui, yo…
Tus manos viajaron hasta mi espalda y me apretaste mucho más. Tu corazón, al igual que él mío, está completamente fuera de control. Y entonces, trago saliva, intimidada ante tu intensa mirada; mirada que me hace sentir como una mujer segura, protegida, comprendida… ¡amada! Algo realmente maravilloso, porque me encantaba pensar que era amada por ti.
- No te controles
Las palabras danzaron por mis oídos, incrustándose en mi mente con una fuerza arrolladora y eso me dejó hipnotizada… ¡al carajo con el control! Te amaba, era la verdad y tú a mi; seguramente hice una mueca graciosa porque soltaste una pequeña risita, eso me enfadó. Y que mejor manera que callarte con un beso.
Sí, te besé con deseo, ansiosa de juntar mis labios con los tuyos. Como autómata, llevé mis manos alrededor de tu cuello, y enredé mis dedos en tu rubio cabello, perdiéndome en las intensas sensaciones que brincaban en mi estómago y oprimían mi pecho.
Quizá sienta vértigo y calor cuando estas a mi lado ó cosquilleo cuando me tocas, felicidad cuando me miras, perdición cuando me dices que me amas ó salvación cuando me sonríes… pero siento todo eso junto con una simple acción, lo siento en conjunto cuando me besas.
Pero sobre todas las cosas, siento amor, este amor… incontrolable.
Nota de Autora:
Hola! Jeje bueno, les traigo este segundo capítulo porque pensé que lo querían completo, no? Pues bueno ¡aquí lo tienen!
Ya sólo será un capitulo más, que cuanto antes deseo comenzar a escribir; se llamará "Inevitable" ahora sí, el último… espero y lo hayan disfrutado.
Gracias a todos los que comentaron y agregaron esta historia a sus favoritos… ¡Muchas gracias! =)
Besos y abrazos
D.S.
