Inevitable
Tranquilidad, eso era lo que sentía.
La dulce brisa de otoño llenaba sus orificios nasales, y el viento balanceaba suavemente su cabello y el uniforme. Bajo aquel árbol la frescura era perfecta, y el pequeño haz de sol que se colaba por las vastas hojas y le daba de lleno en sus piernas, le hacía sentir un ligero calorcito que acrecentaba la satisfacción. Los pájaros revoloteaban a unos escasos centímetros de ella, y mientras se concentraba en su constante canto, sonreía ampliamente, recordando aquella suave sensación que él le provocó. Su sonrisa se ensanchó más.
Pero es que era inevitable. Por fin lo sabía… y lo aceptaba.
Estaba condenada, dulcemente condenada a vivir aquella divina experiencia junto a él, a tener ese contacto con él; a compartir esas miradas con él; a sonreír de esa manera por él; a soñar como lo hacía por él; a ser acosada por un pervertido como él… a estar enamorada de él.
Profirió una pequeña risita, incrédula ante sus inusuales pensamientos. Y, enamorada y feliz, se acomodó nuevamente bajo la sombra del frondoso árbol, dispuesta a rememorar por enésima vez el dulce e inevitable beso que habían compartido. Lejos quedó el abrumador ruido de los estudiantes de la escuela Seika, de las ligeras cosquillas que el césped le causaba con sus movimientos; se concentró sólo en el aroma de Usui, en el calor que su cuerpo emanaba cuando se abrazaban, en el exquisito efecto que los labios de él le provocaban cuando acariciaban los suyos, cuando los lamía, o cuando los succionaba, o cuando… carcajeó nuevamente, deseando con ahínco, otro inevitable beso.
Y fue así como la excelente presidenta de la escuela, se durmió; tendida contra las raíces de un viejo árbol, con los brazos contra su pecho, como si abrazara a alguien entre sueños. Sus facciones delataban la pasividad con la que dormía, y su acompasada respiración mostraba qué tan recóndito era el sueño. En la profundidad, en la oscuridad del sueño daba un rotundo sí, dispuesta a dejarse llevar por el inevitable remolino de deseos que Usui desataba y caía en los extendidos brazos del rubio, sabiéndose su dueña… sabiéndose, inevitablemente, enamorada y amada.
Tan fervientemente se sujetaba a esa ilusión, que no notó cuando unos dedos le acomodaron los traviesos mechones que se resbalaban por su mejilla y ocultaban parte de su rostro, ni tampoco cuando un par de labios adornaron su mejilla derecha con un fugaz beso, sólo fue consciente de la realidad, cuando sintió una calidez familiar y unos brazos sujetándola fuertemente, de manera posesiva. Al darse cuenta de este detalle, reaccionó rápidamente y se irguió, asustada y dispuesta a golpearle a ese atrevido el… esmeraldas, dos brillantes esmeraldas la miraban jocosamente. Su mente quedó en blanco.
- Perdón, Kaichou – picaronamente, la pegó más a su anatomía, logrando sonrojarla – No era mi intención despertarte.
No pudo emitir ningún reclamo, ningún insulto o alguna maldición, estaba muy ocupada admirando cuán guapo se miraba; con ese aire de autosuficiencia, de arrogancia y rebeldía. Se perdió en la comisura de esos apetitosos labios y en el misterio que inundaba a esos preciosos ojos, pero ésta vez… ésta vez no se reprendió por la acción, pues había comprendido que era inevitable.
- Usui…
Parpadeó varias veces, sin poder hacer otro movimiento y de improviso, en el lugar en que tenía contacto con él, su piel ardía. Como vieja costumbre, intentó resistirse y poner distancia de por medio, reusándose a someterse por las sensaciones que le causaba esa peligrosa cercanía ¿Acaso era inevitable que estuvieran siempre juntos? Al parecer, sí… y el hecho le encantaba.
- Misaki-chan, dormida te ves preciosa
- Eres un idiota
Sonrojada, se paró y sacudió el uniforme, alisándolo lo más posible. Evitó ver a Usui porque sabía que en ese momento, estaba sonriendo con autosuficiencia y coquetería. Más por inercia que por otra cosa, trató de salir huyendo de ese lugar lo más rápido posible, pero el rubio fue mejor que ella y, gracias a unos ágiles movimientos, terminó aprisionándola contra el áspero tronco del árbol, haciendo que algunas hojas cayeran lentamente. La respiración de ambos estaba acelerada, al igual que el corazón.
- Te diré algo – Misaki podía sentir su aliento tan cerca de su cuello – Lo he dicho varias veces, pero ésta vez, será diferente ¿Y sabes por qué? – las manos de Usui habían ido a parar a la cintura de ella, abrazándola al punto donde no existía distancia entre ellos – Porque será la última vez que te lo diga. Me gustas mucho, Misaki, y lo más importante... te amo. Te amo profundamente – Repitió, descansando su cabeza en el hombro de la Kaichou.
Los dos querían besarse y no podían suprimir esos deseos, porque era inevitable… como su amor. La misma Misaki entendía eso pero ¿Qué podía hacer, si su cuerpo no respondía? Las palabras de Usui danzaban en su mente sin parar; ¡SÍ! ¡La amaba! Pero no entendía algo… ¿Por qué era la última vez que lo diría? ¿Acaso…?
- ¡No, Usui! – Exclamó, asustada – Espera un momento… yo… – él soltó un suspiro cansado – Yo no podría…
- Tranquila, Kaichou – poco a poco, el muchacho se fue incorporando hasta quedar completamente erguido y así, mostrar una sencilla sonrisa – No te preocuparé más. Dejaré de ser un pervertido.
- Usui, yo no podría…
- Nos vemos, Kaichou – murmuró Usui, agitando una mano en el aire en señal de despedida. Después, se marchó.
Entonces Misaki se quedó sola, con una angustia que le oprimía el pecho y no permitía que respirara con normalidad; avanzaba hasta la garganta, dejándola seca y áspera y continuaba por la boca, instalando un sabor amargo y una tristeza implacable.
- Yo no podría… no podría estar lejos de ti – comenzó a resbalarse hasta tocar el suelo, que ahora parecía árido y decadente – Para mí, amarte es… inevitable.
¿Cuántas oportunidades había tenido para decírselo a él? ¡Miles! Y patéticamente, lo decía en ese momento, cuando estaba sola y él no la escuchaba. Empuñó sus manos, enojada consigo misma por ser tan patética, tonta, idiota… por ser una enamorada ilusa y débil, que no podía pelear por lo que deseaba. Y no lloraría, porque ahí ella era la malvada, no la víctima; cerró los ojos fuertemente para evitarlo pero las lágrimas, aunque silenciosas, caían violentamente desde sus mejillas… porque era inevitable.
Oyó lejanamente el toque que anunciaba el término de receso y el regreso al salón de clases, pero ella simplemente no tenía fuerzas para moverse y prefirió quedarse ahí, deseando regresar al pasado y decirle a Usui todo lo que sentía. Pero él ya no estaba, se había cansado de rogarle.
Y el dolor, era inevitable.
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La jornada de trabajo había culminado, pero se le hizo una eternidad el tiempo transcurrido. Varias veces estuvo a punto de caerse con la bandeja de comida; se confundía fácilmente en los pedidos de los clientes y en una ocasión, derramó curri en la mesa de una pareja. Ni hablar de esas sonrisas apagadas y distantes que les daba a las personas como bienvenida.
Todo eso, por el simple hecho de que Usui no se apareció por el Maid Latte.
Cogió sus cosas y salió rápidamente del local por la puerta trasera, con la esperanza de que la noche fuera menos fría de lo que se esperaba; no traía suficiente abrigo porque, gracias a su despistada cabeza, lo había olvidado en casa.
Y después de sacar la basura, caminó en dirección a su casa, sin ánimos de levantar la vista del flemático asfalto, y no lo hubiera hecho si la aterciopelada tela de una costosa bufanda no hubiera cubierto su cuello con un agradable calorcito. Antes que lo viera, sabía quién era el dueño de la prenda con el simple y característico olor que ésta desprendía. Y ahí estaba él, con su típica sonrisa y aquella aura de seguridad que tanto hipnotizaba a Misaki.
- Regresaste – susurró ella.
- No creíste que permitiría que tú caminaras por calles tan peligrosas ¿O sí? – Usui, alegremente, dio un paso hacía ella – Sería desastroso.
Su presencia, su simple presencia hacía que cada vello de su piel se erizara, y un ligero cosquilleo se asentara en la base de su estómago. Pero era su corazón el que se llevaba la mayor parte porque con sólo pensar en Usui, comenzaba con un ritmo frenético y ensordecedor, amenazando con salirse del pecho. Sus mejillas comenzaron a arder y los ojos le centellearon enigmáticamente, de forma que su mente se bloqueó completamente y no pudo hacer otra cosa que seguir caminando, con la presencia de Usui muy cerca de ella. Inevitablemente, su corazón se hinchó de regocijo y la imaginación se le disparó, creando imágenes de ellos dos abrazados, prometiéndose jamás alejarse. Entonces comprendió que él sí lo había hecho… se había alejado de ella por ese día.
Mientras tanto, él no dejaba de mirarla, extasiado por el aroma que Misaki desprendía. La amaba, en verdad la amaba, pero el estoico deseo de la Kaichou de ignorar los sentimientos que ocurrían entre ambos, comenzaba a desesperarle y la decepción, por más que intentaba descartarla, era inevitable que lo abrumara en momentos de debilidad. Como esa tarde, donde se le cruzó por la mente dejar todo en el olvido y tratar de seguir con su antigua vida… esa vida donde Misaki no existía; lo intentó pero no pasaba una hora desde que la última vez que la vio, cuando su cuerpo entero gritaba por estar cerca de ella… era inevitable el pensar en todo lo que ella representaba para él.
De pronto, vio cómo ella paraba en seco y dirigía su enfurecida mirada hacía él. Apenas atinó a esquivar el golpe que la chica le tiró con tanta cólera.
– ¡USUI ESTÚPIDO! – Su cara no reflejaba otra cosa más que ira - ¡TE LARGASTE! ¡ME DEJASTE SOLA Y NO TE IMPORTÓ! ¿Cómo… cómo fuiste capas de… de hacerlo?
La Kaichou le mandó una mirada acusadora a Usui, pero no fue capaz de mantenerla porque era inevitable el quedarse enganchada con su belleza. Apretó los puños, indecisa ante la posibilidad de… de aceptar frente a él que ella estaba enamor…. ¡Que nervios!
Pero tal vez, ya era tiempo.
– ¿Qué pasa por tu mente, Ayuzawa? – Cuestionó el rubio, acercándose lentamente – Dímelo.
– Tengo miedo – susurró Misaki, agobiada por la sinceridad del momento – Después de que te fuiste, tuve miedo de haberte perdido… y ahora… ahora también tengo miedo de que te marches y no tenga la oportunidad de… - atacada por una ola de inseguridad, la chica enmudeció.
– Yo también temía no tener la fuerza suficiente para regresar a ti, pero la tuve – llevó la palma de su mano a la espalda de ella y la atrajo a sí, encantado con la cercanía – Y tú, Misaki-chan ¿Tienes la fuerza para hacer lo que deseas?
Misaki, ante eta pregunta, se quedó meditabunda. No, no tenía la fuerza suficiente para hacer lo que ella deseaba; ella deseaba olvidarse de Usui y la tonta necesidad que él representaba, deseaba borrar de su corazón el amor que crecía a pasos agigantados, deseaba… ¿Realmente eso deseaba? ¿De verdad era lo que estaba buscando? ¿O quizá…?
– Tengo miedo de muchas cosas, Usui – bajó la mirada, avergonzada por lo que diría – Le temo a este deseo irracional de estar siempre cerca de ti. – Al decir esto, se aferró a la anatomía del chico con premura – Le temo a los sentimientos incontrolables que me provocas con una simple mirada, ni se diga un abrazo o un beso. – En un momento de valentía, Misaki se atrevió a levantar la mirada y cuando se encontró con unos orbes esmeraldas, continuó – Pero tengo aún más miedo a este inevitable amor que me inunda el corazón desde hace tiempo. Y tengo miedo de no poseer las fuerzas suficientes para sobrevivir si tú… si tú te vas. ¿Lo ves? Le temo a demasiadas cosas.
– Y eso es lo que te hace tan fuerte – apuntó Usui.
Y después de haber soñado tanto, de haberlo anhelado con tantas ansias, se besaron. Al principio, fue un beso desesperado, ávido del mayor contacto posible pero se fue convirtiendo en algo más profundo; un beso que hacía arder la piel de ambos, que arrasaba con cualquier señal de cordura…un beso que giraba en torno al amor que se profesaban el uno al otro. Y era diferente a todos los demás que se habían dado en el pasado, porque ya no existía algo que esconder, porque llegaron a un punto sin retorno, donde era imposible ignorar los deseos de pertenecerse y adorarse. Entre el viento gélido que parecía no importarle a la pareja y las pocas personas que transitaban por la calle, Usui se juró nunca más alejarse de su hermosa Kaichou. Entonces la estrechó fuertemente contra su pecho, tratando de prolongar por más tiempo ese especial momento.
– ¿Qué nos sucede, Usui? – Murmuró Misaki, aferrada al chico y con la cara escondida en su pecho, deleitándose con su aroma – Creo que nunca podré comprender.
– Supongo que lo nuestro… era inevitable – acoto Usui, antes de volver a besarla.
Y es que en esta vida había muchos sucesos irracionales, incontrolables y otras inevitables… había otras, que eran las tres cosas al mismo tiempo. Un ejemplo caro de ello, Misaki lo conocía muy bien, y le fascinaba: Usui. Usui y sus besos, Usui y las sensaciones, Usui y sus caricias, Usui y su amor… todo lo que tuviera que ver con él, era así.
Era irracional por la forma en que su amor nació… por un golpe de suerte o una desgracia, Misaki y Usui se fueron necesitando poco a poco, e ilógicamente, las peleas que existieron entre ambos desembocaron en lo que eran ahora, unos enamorados.
Incontrolable, porque ninguno de los dos quiso terminar de esa forma, por más locos que estuvieran; el amor simplemente apareció de la nada y por más que intentaron detenerlo u ignorarlo, él siguió su marcha sin importarle nada y entonces, llegar al corazón de ambos.
Y finalmente, lo que tenían y sentían era inevitable. Lo fue desde aquella tarde donde Usui descubrió el secreto de Misaki y decidió guardarlo; quedaron marcados, como solían decir unas personas… perdieron la noción de la realidad y trataron de ser ciegos ante lo que sucedía. Inevitablemente, todo lo que ahora sentían era… inevitable.
Nota de Autora:
¡Hola, mi gente!
Pues este es el último capitulo de la historia: inevitable.
Espero que les haya gustado tanto como a mí me gustó escribirlo. Como se darán cuenta, en el primero y segundo capitulo está narrado desde la perspectiva de Misaki y éste no… bueno, quería que el capitulo final estuviera también enfocado, aunque ligeramente, a Usui.
El estilo traté de conservarlo; ya saben, por ejemplo el primero se llama "irracional" y repetí mucho esa palabra, en el segundo lo hice con "incontrolable" y en este con "inevitable"… aunque bueno, en éste último intenté juntar a los tres. Esa fue la idea.
Seguiré escribiendo de esta pareja, pero antes de eso me gustaría publicar una de "Fairy Tail" así que tardaré un poco, no mucho, en volver con Maid-sama.
Ya saben, me encanta que me dejen comentarios donde me cuenten lo que les gustó, lo que no, qué me faltó… todos esos rollos, para mejorar. Cualquier comentario es bienvenido.
Gracias por todo!
Espero un review de cada uno!
