Capitulo 3
A veces la gente puede perder las ganas de sobrevivir, pero mientras tengan en su corazón algo en lo que creer, el valor nunca desaparecerá.
"Hay muchas clases de sentimientos, pero es necesario convertirlos en palabras para que los entiendan."
− ¡Superior Joe! –Exclamó alarmada y apenada. Más lo segundo que lo primero.
− ¿Estás bien? Lo siento, no vi por donde caminaba – Se disculpó Joe con una sonrisa, mientras le tendía una mano para ayudarla a incorporarse.
La pelivioleta sonrió tontamente, sin palabras. ¿Tanta inteligencia para llegar a este punto? Quedarse muda… Y eso era algo a lo que la señorita Inoue no estaba acostumbrada. Reaccionó y se puso de pie.
− ¡Lo…Lo siento! Yo también iba distraída.
− Bueno, estamos a mano. Ambos íbamos en nuestro mundo. ¿Qué te tenía tan pensativa? –preguntó Joe con curiosidad.
¿Cómo explicárselo? ¿Él también pensaría lo mismo que ella…? Al fin y al cabo, todos eran amigos en común.
− Nada importante−. Respondió vagamente Yolei. Deseando que el chico de cabello azulado no quisiera indagar más.
− ¿Nada importante? No, no eres el tipo de persona que pierde la noción de lo que la rodea por algo sin importancia. ¡Ya sé! Te invito a tomar una malteada en la cafetería que está a dos calles de aquí. Es deliciosa y podremos platicar un rato, hace ya mucho que no socializo−. Bromeó el peliazul.
La chica no tuvo más opción que aceptar. Ambos se encaminaron a la cafetería mencionada, y al llegar ahí, tomaron la mesa más alejada del resto y ordenaron sus malteadas.
−Y bien. ¿Qué te preocupa? – Preguntó Joe mientras sorbía un poco de su bebida, pero sin perder de vista a Yolei.
Yolei tardó unos segundos en responder. ¿Qué le preocupaba? Muchas cosas. Demasiadas. Sus amigos.
− ¿Lo has notado tú también…? –Preguntó Yolei al aire, casi segura de que el mayor le entendería.
Joe sonrió y cerró sus ojos con tristeza. Sí, había notado el Caos. Un Caos en el que sus amigos quedaban poco a poco sumidos, atrapados. Pero nada podían hacer, más que permanecer como simples espectadores de una trágica comedia.
− Sí, lo he notado−. Respondió finalmente−. Es como si la tristeza quisiera apoderarse de cada uno de nosotros. Se ensaña vilmente con quien se le antoja.
En este punto Yolei sentía un nudo en la garganta, la nostalgia se agolpaba en su corazón en grandes cantidades. ¿Era mucho pedir que la vida fuese lo que era hace pocos años? Cuando todos eran niños… niños que sólo querían divertirse.
El joven tomó la mano de Yolei, algo sonrojado debido a ese impulso que contradecía su natural timidez. Pero él también necesitaba sentir que no estaba solo en ese torbellino de emociones en el que sus amigos caían poco a poco.
Todo iba a estar bien, sí… todo ¿Verdad?
Caminaba por los pasillos de aquella gran institución. Su andar era despacio como si tuviera todo el tiempo de mundo para llegar a su destino. En su mirada de ojos celestes se podía observar con facilidad la irritación y preocupación del cual se encontraba preso, y es que desde el incidente de esa mañana no había tenido señales de Taichí y simplemente no se lo había podido sacar de su cabeza. A un no entendía cómo es que aquella situación había llegado hasta tal punto de que el castaño armara tremendo lio tan temprano cuando ni siquiera había acabado de despejarse y despabilarse de su falta de sueño de la noche anterior en la que había estado cuidando de ken y de la fiebre que este tenía.
¿Cómo es que todo su mundo había dado un giro de 360 grados en menos de 24 horas? No lo sabía, apenas hace poco Taichí era su mejor amigo, su confidente, una de sus personas más queridas y más cercanas. Una de las que más lo conocían. Ambos mantenían una amistad que con el paso de los años habían fortalecido de una manera extraordinaria a comparación de cuando eran apenas unos niños inmaduros que se odiaban mutuamente y eran enemigos auto-declarados pero jamás se imagino ni se preparo para la prácticamente declaración del pelicafe.
Entro al salón de unos de los grados menores con ambas manos en los bolsillos de su pantalón. Su mirada azul buscaba casi con desesperación la mirada zafiro del Ichijouji que desde esa mañana no había podido encontrar. Era increíble que una de las personas que alguna vez desprecio inclusive al punto de voltearle la cara ahora fuera una de las más importantes en su vida, refirmando el giro en su vida que hace poco se había planteado.
— ¿Donde está Ichijouji? – Pregunto observando como una chica de ese grado le señalaba con su dedo donde se encontraba el peliazul recostado en su pupitre ajeno a todo lo que sucediera a su alrededor. Se dirigió a paso veloz hacia el chico —Ken…—Susurro cerca del joven. El peliazul se sobresalto un poco por la cercanía y la nada esperada visita de Yamato levantando enseguida su mirada para encarar al rubio que lo observaba con una mirada un tanto feliz. — Es hora de almorzar ¿vienes?—Le pregunto. Ken asintió en silencio reacomodando su pupitre y sus cosas dentro de su bolso para salir fuera de ese lugar.
— ¿A dónde vamos Yamato?—Le pregunto. El de ojos azules sonrió conmovido ocasionado que ken volteara su vista enseguida hacia el suelo y es que debía admitir que jamás en su vida escolar había salido fuera de su salón para tomar su almuerzo.
—A un lugar muy peculiar que se llama cafetería—. Susurro llevando ambos brazos hacia su cabeza y sonreír—. Espero que te agrade el hecho de sentarse con el chico más popular de la escuela.
—Arrogante—Susurro el de pelo azul esbozando una leve sonrisa en el acto y es que desde esa noche por primera vez en un tiempo no se sentía perdido ni atormentado. Sentía que al fin había alguien en quien podía confiar, con quien sonreír y con quien compartir pero más que nada que lo comprendía por sobre todo lo anterior mencionado.
— ¿Te sientes mejor?—Pregunto mientras se detenía de pronto cerca de unas escalares y jalaba al menor de la muñeca—. ¿Ya no volvió la fiebre?
—No… estoy bien—. Tartamudeo un poco susurrando al notar el arranque del rubio y como pegaba su frente a la de él.
—Me alegro—. Le dijo mientras sus labios rozaban los del menor en un casto rose. Ken se tenso y cerro lo ojos en el acto al sentir como los finos labios de Yamato hacían ya por tercera vez contacto con los suyos robándole sutilmente el aliento en pequeños y confortantes caricias que simplemente hacían enloquecer a ambos.
Las manos del rubio se situaron en la nuca del Ichijouji haciendo que el contacto fuera más fuerte entre sus labios presionándolos y disgustándolos como si fuese el mejor manjar que hubiera sobre la tierra o al menos lo era para el rubio que se encontraba encantado y totalmente extasiado con el peliazul… simplemente hipnotizado por su esencia y su dulce pero sombría fragancia.
—Me vuelves loco…—Le susurro separando sus labios de los de Ken y llevarlos ahora cerca de su cuello resoplando levemente sobre este y llevar ahora sus manos a su cintura acercándolo más a su cuerpo.
—Yamato… ¿y el almuerzo?—Pregunto ken un poco nervioso al escuchar un alto sonido de parte del estomago del rubio, y es que tenía casi un día completo de no haber comido nada y con la desvelada que había ocasionado a su rubio compañero solo había empeorado las cosas—. No quiero que enfermes tu también…
—No me importaría enfermar si tu estas a mi lado y me cuidas—. Le dijo ocasionando que la sangre del peliazul se elevara a tal grado de teñir su cara antes blanca como la porcelana a rojo como un tomate maduro—. Así como yo estaré al tuyo cada vez que te sientas mal.
—Gracias…—Simplemente le susurro. Tras el detalle el rubio sonrió y lo tomo de la mano para dirigirse a la cafetería del colegio.
Se encontraba sentado en una de las tantas bancas que había en aquel lugar lleno de verde césped y flores por doquier. Debía admitir que era una de sus partes favoritas de esa escuela, y que decir que siempre iba allí para relajarse ò simplemente cuando deseaba no entrar a clases. Como ese día había pasado… y es que ¿Quién lo culparía? Era más que obvio que fue un estúpido insensato al actuar tan precipitadamente frente al rubio compositor esa mañana; y mas a un el hecho de no poder suprimir sus instintos bajo la presión en su cabeza de que tal vez ya había perdido a Yamato.
Pero lo que más le dolió no fue su rechazo ni mucho menos…lo que le había afectado de sobremanera fue el hecho de que el de ojos azules le correspondió aquel profundo beso, que inclusive aseguraba lo había disfrutado de la misma o mejor manera que él, para después pasarlo a rechazar tan bruscamente con un simple y cortante "no". Quería pensar que era por el miedo, por la sorpresa, por la simple manera de actuar del que lo habían sorprendido imposibilitando actuar acorde pero bien sabia que todo se debía al Ichijouji…ese era el simple hecho y persona que lo separaba del rubio. El miedo lo carcomía a tal grado de caer en la locura, el amor que sentía por Yamato ya era demasiado grande como para poder retrocederlo, no sabía que hacer a quien recurrir y más por que ahora se había vuelto adicto a aquellos deliciosos labios y peculiar aliento. Yamato era su droga, su todo desde que se había dado cuenta de cuánto le importaba y le empezaron a atraer las personas.
Tal vez antes tenía un freno al pensar en cómo el rubio lo aborrecería si se enterara de su atracción errónea porque ambos eran hombres, tal vez podía lidiar con la idea de que el compositor jamás seria suyo por que le atraían las mujeres…por que salía con Sora y ella era su mejor amiga, a cuanto féminas se trataba, y tenía que respetar aquel noviazgo observándolos desde lejos procurando su felicidad. Pero ahora todo era diferente porque había descubierto que Yamato salía con un hombre, con un igual a él. Ahora el sexo no era un impedimento para poder realizar su sueño de llegar al corazón de Matt y eso lo atormentaba a un mas, desbocando todos esos sentimientos reprimidos por más de 4 largos y tortuosos años.
— "Sora"—Pensó. Era más que obvio que la pelinaranja a un no estaba al tanto de la situación, a un frente a todos ella era la novia oficial de Yamato Ishida. ¿Cómo se lo tomaría…? ¿Qué haría…? Eran varias de las preguntas que llegaban a su cabeza una a uno conspirando para atormentarlo mas ya que todo cabía y terminaba en un mismo punto…estaba preocupado por Matt no por Sora. Tras aquel pensamiento se paso la mano por su cara tratando de relajar sus facciones y dar rumbo incierto a la cafetería ya que realmente se moría de hambre. Se levanto con pesadez y grandes suspiros saliendo acompasados de sus labios y es que si por él fuera no se levantaría de ahí pero si un punto débil tenia Taichí era su estomago.
— ¿Hermano…?—Le hablaron. El castaño volteo hacia un lado encontrándose con los ojos castaños de Hikari, su hermana menor, tomada de la mano con Davis—. ¿Qué haces aquí?—Pregunto un tanto preocupada de ver el semblante y las ojeras debajo de los ojos de su hermano.
—Nada Kari…no te preocupes pero tenemos que hablar—. Le ordeno, y es que desde que se había enterado la noche pasado del noviazgo de Davis y la castaña por boca de Tk a un le era imposible creerlo ¿Qué se le había metido en la cabeza a su hermana para llegar a cambiar al rubio por el castaño? Pero ver esa escena frente con ambos tomados de las manos felices y sonriendo era algo digno de un óscar y es que en esos años podía jurar fácilmente que el noviazgo de Kari y Tk llegaría hasta el matrimonio—. Y tú también Davis—. Dijo. El castaño menor se tenso un poco ante la petición tan repentina del hermano mayor de su ahora novia, de la boca de aquel que había sido su ídolo desde siempre y que le hablara en es tono un tanto sobreprotector y autónomo le ponía los nervios de punta.
—Claro, Tai—Hablo ahora con seguridad al sentir como kari apretaba su mano dándole la fuerza que necesitaba para enfrentarlo.
—Vamos a la cafetería podemos hablar mejor y es que me muero de hambre.
—Es que veras…—Dijo Davis con su característico humor ocasionando la risa de kari y una sonrisa de tai al parecer Davis nunca acabaría de madurar.
— ¿Si Davis?—Cuestiono Taichí curveando una ceja en señal de cuestión y esperando una rápida respuesta del parte del menor.
—No termine mi tarea y ya sabes tengo que hacerla—. Dijo un tanto avergonzado y es que si de la escuela se trataba el castaño no era el más brillante de todos.
—Está bien, me adelanto—. Dijo dando paso rápidamente a caminar entre los pasillos tras la mirada atenta de su hermana y su novio.
Entraba a la cafetería a todo prisa se le había hecho tarde y lo más seguro es que Yamato estuviera ahí esperándole. Su cabello naranja se mecía conforme avanzaba ya que por lo largo de este era más que imposible evitarlo. Llego rápidamente agitada a una mesa en la parte derecha de la cafetería donde siempre se sentaba el rubio desde que tenía memoria y habían empezado a salir juntos.
—Lamento la demora…—Dijo. El rubio levanto la vista un tanto sorprendido al olvidar un grandísimo detalle, "idiota" pensó ya que eso era y se declaraba ahora mentalmente el mayor idiota del mundo. ¿Por qué? Simple…por haberse olvidado por completo de la pelinaranja al estar concentrado con el peliazul y monopolizar todo su tiempo en el, por haberse olvidado de su novia.
Ahora la pelinaranja se acercaba hacia Yamato lentamente posando sus labios rosas sobre el rubio quien abrió los ojos desconcertado al encontrarse con la vista confundida de Ken, quien se levanto rápidamente del lugar para irse corriendo de ahí.
— ¡Ken!—Dijo rápidamente, prácticamente arrojando a la de ojos mieles a un lado para salir corriendo detrás del chico peliazul para no perderlo de vista. La pelinaranja se quedo perpleja a los acontecimientos ocurridos y las miradas inquisidoras de todos aquellos sobre la cafetería.
— ¿Sora estas bien?—Preguntaron a su espalda una voz preocupada y reconocida para ella.
—Si, Izzy…solo que hay algo mal con Yamato y si no me equivoco el que salió corriendo era Ken ¿cierto?—Pregunto obteniendo la mirada del hacker sobre ella y asentirle casi inmediatamente.
Caminaba con las manos en su bolsillo con un sinfín de pensamientos en su cabeza, entre ellos su hermana, Davis, Tk y, por sobre todo, Yamato. Iba distraído silbando y con hambre, todo marcaba un horrible panorama para ese día y los siguientes pero bien sabia que debía tranquilizarse de una u otra manera.
Sintió toparse con un ligero cuerpo de repente esbozando una mueca de molestia debido al golpe sufrido. Sus ojos lograron abrirse para encontrarse con el cuerpo de la persona que menos quería ver… Ken Ichijouji, pero el destino parecía jugarle una broma y una muy pesada. Lo vio casi tropezar y caer para recuperar el equilibrio rápidamente y seguir corriendo sin dirección alguna dejando a atrás a Tai, quien no lograba comprender la actitud del peliazul al observar sus llorosos ojos o encontrar una respuesta lógica a toda esa situación, y tan pronto como si fuese cosa de burla, todo se aclaro al ver como Yamato corría detrás del ex emperador digimon pasando a su lado sin siquiera dirigirla una mirada siquiera. Pero de algo estaba seguro: de que al parecer sus sospechas eran ciertas y esa relación no duraría mucho y tal vez tendría el camino libe cuando menos lo esperaba.
Como la curiosidad es un don del ser humano con el que se nace sin excepción alguna, Tai tomo paso ligero hacia la misma dirección que había tomado la pareja buscando respuestas al igual que una pelinaranja que paso con segundos de diferencia tras él para buscar lo mismo que Tai y encontrar una decepción que estaba destinada a sufrir.
Pero más vale abrir los ojos a tiempo y no vivir engañada y lastimada por el resto de la vida.
Los engaños duelen, duelen y lastiman de una manera tan cruel que ni el ser mas bueno del universo puede verse aislado de aquel pesar, un pesar que es más fuerte que cualquier veneno o arma que un ser humano puede usar en contra de otro bajo su voluntad. Porque el engaño hiere y quema por dentro la esperanza consumiendo todo sentimiento a su paso sin consideración alguna; tal como pasaba en el corazón del joven peliazul que se había sentido fatal, ni siquiera al cabo de 24 horas haberle abierto su corazón y confianza a alguien que necesito de un segundo para terminar con ella a un no comprendía nada ni asimilaba el hecho de que Yamato le hubiera hecho eso que quería ¿Venganza…? Tal vez era eso, después de todo nunca se llevaron bien y el rubio siempre lo acuso de la peor manera después de regresar del digimundo objetando que la maldad se llevaba en el alma y el cómo ex amo y emperador de los digimon no merecía el beneficio de la duda ¿Por qué sorprenderse entonces? Era más que obvio que todo era parte de su retorcida mente la cual solo buscaba una manera de hacerle ver que nadie jamás lo podrá comprender que detrás de dulces palabras solo hay mentiras solo eso y nada más. Era un iluso si llegaba a creer lo contrario.
Llego agitado con una ligera capa de sudor cubriendo su cuerpo respirando agitadamente y con lágrimas buscando descender de sus azules ojos, su destino el lugar debajo de las escaleras donde minutos atrás él y Yamato se había besado ¿tonto? Tal vez lo era… porque a pesar de todo muy en el fondo de su corazón deseaba que todo fuese una mala jugada del destino como las que siempre había vivido. Su puño impacto de lleno con la pared inundado ahora de la pequeña rabia que recorría su cuerpo sin poder evitarlo, fue un reflejo que había surgido en el por sentirse impotente y esperanzado a la vez decepcionado y con ilusiones con muchos sentimientos contrariados que buscaba disipar.
—Ken…—Susurraron entrecortadamente a su espalda mientras las manos del rubio se encontraban en sus rodillas agachado sutilmente tratando de acompasar su respiración. Nunca había sido bueno en deportes y definitivamente nunca lo seria bastaba ver el estado en que se encontraba en esa corta distancia que había corrido—. Déjame explicarte no es lo que piensas.
— ¡¿Y que es lo que pienso? No tiene por que importarme, tu y yo no somos nada después de todo… —Dijo con voz levemente alterada, y es que efectivamente se habían besado y habían estado juntos toda la noche o más bien el rubio velando por su sueño, hasta inclusive esa mañana donde hubo más acercamiento de ambos pero jamás se habían establecido como pareja—. Sora es tu novia y lo comprendo.
—Escúchame—Le pidió tomándolo de los hombros y haciendo que volteara su rostro a darle la cara y clavar su intensa mirada sobre la suya como la noche anterior donde se besaron por primera vez.
—No quiero escucharte, Ishida Yamato.
—Por favor…—Le rogo acercando ahora su rostro al menor quien se mantenía estático—. Quiero que entiendas que es un malentendido estaba dispuesto a terminar con mi relación con Sora.
— ¿Por qué?—Susurro el menor. El rubio sonrió dulcemente pasando una de sus manos por la nuca del Ichijouji.
—Porque te amo—. Le dijo despejando la frente del menor con una de sus manos para observarlo por unos segundos y robarle levemente el aliento con un pequeño beso que basto para reafirmar aquellas palabras en el corazón del Ichijouji.
—Yamato—Le llamaron tras su espalda ocasionando que se separara rápidamente del menor para encontrarse con la cara desfigurada de angustia de Sora Takenouchi quien le observaba sorprendida en busca de una respuesta —. ¿Qué está pasando?
—Si, Matt ¿Qué es lo que pasa? — Preguntaron a la espalda de Sora, encontrándose con Tai recargado en la pared con ambos brazos cruzados a la altura de su pecho quien lo miraba ansioso tal vez buscando las mismas respuestas de la pelinaranja. El de ojos azules se puso enfrente de la chica mientras con una de sus manos tomaba la del Ichijouji apretándola fuertemente en señal de confianza mientras Ken solo permanecía quieto y con la cara cabizbaja esperando de la misma manera encontrar el verdadero significado de las palabras del rubio compositor.
—Yo…— Hablo un poco nervioso tratando de confrontar aquella difícil situación, difícil por el hecho de que tenía a su novia, a su mejor amigo que quería ser algo más que eso y a su enamorado en ese mismo lugar…tenia que tener cuidado de lo que diría y no cometer un error como los que se cometen generalmente en esa situación, buscando la manera de no herir a ninguno ya que todos y cada uno eran importantes para el de diferentes maneras —. Sora lamento que sea de esta manera tan sorpresiva pero…— Menciono dejando un tanto intrigada a la estudiante.
—¿Pero…?—Le animo a continuar aun sabiendo a donde era que quería llegar. A sus ojos el noviazgo con aquel cantante había sido una de las mejores cosas que le había llegado a pasar pero al ver hace poco al rubio besarse con el peliazul ya no estaba tan segura de ello —. ¡Contesta Yamato! — Dijo casi con desesperación por el silencio que el de ojos azules había otorgado.
—…Pero quiero que sepas que nunca fue mi intención lastimarte de ninguna manera que al contrario, te estimo y te quiero mucho…pero como una amiga perdóname si te hice perder el tiempo.
— ¿Estas terminando conmigo…? — Pregunto la pelinaranja. El rubio asintió tenuemente ocasionado que los ojos de Sora se llenaran de lagrimas contenidas —. ¿Tan de repente…? — volvió insistir a un buscando que todo fuese una mal jugada de parte de Matt o un simple sueño del cual en cualquier momento despertaría.
—Lo siento, Sora…— Volvió a recalcar observando como la joven se daba la vuelta llorando y salir de ese lugar.
—Bien hecho Yamato—Le hablo Taichí. El rubio lo volteo a ver esperando la reacción que este tomaría ahora para con el—. Hiciste llorar a Sora…
—¡No es tu asunto Yagami, no te metas!—Le contrarrestó el rubio al ver la sonrisa cínica que el castaño esboza bien parecía que se vengaba de el por lo ocurrido esa mañana.
—En serio recalco lo de hoy… eres un idiota Ishida—. Le dijo con rabia clavando duramente sus ojos en el rubio que lo miraba de igual manera. Bien parecía que esa amistad había quedado en el olvido.
—Repítelo—Le reto ocasionando que la rabia se apodera de él, sabía que el castaño era una persona obstinada que había actuado sin pensar en muchas ocasiones ,y que tal vez el tenia al culpa de lo que pasaba en ese momento, pero de ahí a que un idiota como él lo insultara era muy diferente.
—Cretino, idiota— Le contesto cínicamente posando sus ojos en el agarre del rubio para con el peliazul sin poder evitar que los celos, la rabia e impotencia se desbordaran al cien —. Y tu ken…— se dirigió ahora al menor—. ¿Estás bien con esto? ¿Estas dispuesto a buscar tu felicidad a costa de otros? — Le cuestiono para después no darles siquiera oportunidad de contestar u objetar algo a ninguno de los dos dándoles la espalda para salir de ese lugar con sus dudas resueltas.
"Porque la amistad termina cuando el amor surge"
El día de clases había pasado sin más preámbulo con varios momentos incómodos en el salón perteneciente al joven Takeru, quien no podía reprimir de ninguna manera el odio en que se estaba convirtiendo su ex amor. Realmente no tenía idea de que hacer… se sentía perdido, como si de repente se hubiera topado en una ciudad completamente ajena a él sin entender su idioma o sus costumbres ¿Es a lo que se le llamaba desamor? Tal vez, y eso era lo más seguro pero jamás se imagino a la gran escala que lo experimentaría.
— "te amo Takeru siempre estaremos juntos" —
Si y valla que lo estaban en ese momento…especialmente la castaña quien reía como estúpida ante el idiota y su ex amigo del Digivice del valor—. "Sigo sin comprender que vio en el"—. Pensó un tanto asqueado recordando varias de las veces donde antes de empezar su relación con la menor de los Yagami, esta le había dicho que había rechazado a Davis varias veces a un no lograba comprender. ¿Qué rayos había hecho mal? ¿En que se había equivocado…? Tantas soluciones, hipótesis y dilemas y ninguno terminaban por convencerlo.
A veces se afirma que la inocencia y dulzura y pureza se pierde con el paso de los años obteniendo solo el resentimiento y amargura en muchos aspectos de la vida, que antes se podrían ver con esperanza y felicidad cambiando desde lo más profundo del corazón hasta convertir a la persona en alguien irreconocible frente a los ojos de los que con anterioridad de cruzan en el camino de la persona. Tal vez solo sea ficción o un falso rumor, pero cuando un alma se corrompe por amor u odio por igual o equivalencia de emociones, se llega al extremo de la aberración y locura y ese vivo ejemplo de metamorfosis mencionada el joven Takeru Takaishi.
Se encontraba sentada en el recibidor de su gran casa había llegado hace apenas unas horas y solo por un solo propósito: reencontrarse con sus amados compañeros que tenía demasiado tiempo sin ver, y vaya que los extrañaba ¡Y de qué manera! Que de tan solo poner un pie en ese país se había encargado de avisarle a todos y cada uno de su regreso y de que esa misma tarde haría una gran recepción donde todos estaban completamente invitados.
Mimi Tachikawa era una de esas chicas siempre alegres y fiesteras, tal vez debido a su estadía en los Estados unidos pero a pesar de todo seguía siendo una chica un tanto boba y despistada donde los problemas no le pasaban siquiera cerca de su cabeza. Tal vez…solo tal vez de todos los chicos que habían emprendido ese viaje hace casi 10 años ella había sido la que menos había madurado. Pero eso era lo que menos le importaba en ese momento mientras esperaba ansiosa la llegada de cada uno de sus amigos y compañeros, presenciar el cambio que habían sufrido que tanto habían cambiado y madurado no solo de la apariencia externa si no principalmente de la interna, que novedades les traería y sobre todo sus nuevos embrollos amorosos que estaba segura habría después de todo eran adolescentes y ese tipo de problemas surgen sin premeditación alguna.
—Señorita, sus amigos han llegado—. Le anuncio una de las sirvientas de la casa.
—Hazlos pasar al patio y de igual manera a los que vayan llegando—. Le sonrió dando paso hacia el jardín de la casa donde esperaría a cada uno de sus preciosos amigos.
—Has estado muy pensativo desde el mediodía Ken—. Pronunciaron a su lado. El de pelo azul volteo su vista y detuvo su paso debajo de un faro de luz que parpadeaba irregularmente—. ¿Estas bien? — Cuestiono ya que desde ese encuentro con Taichí y Sora esa mañana el Ichijouji se había mostrado más distante de lo normal.
—Solo me preguntaba si está bien que vayamos con Mimi después de lo que sucedió esta mañana…—Resoplo el menor, esmerándose en la preocupación y las palabras de Taichí rodarle la cabeza como el subir y bajar de un yoyo que va y regresa continuamente. ¿Realmente valía tanto su felicidad como para causarle dolor a los demás…? Era una de sus constantes preguntas. ¿Qué derecho tenía el para hacerlo?...Pero tampoco es como que hubiera forzado a Yamato a estar junto a él, al contrario, el mismo se reusaba a aceptarlo en un principio. Suspiro como tratando de disipar todas esas interrogantes de su cabeza y pasar a sonreír levemente con melancolía en espera de la respuesta del ojiazul, si corría con suerte tal vez cambiaria de parecer y se ahorraría el bochorno e incomodidad de pasar esa noche cerca de sus compañeros.
—Está bien, Ken…créeme—. Le hablo pasando su mano por los dedos de Ichijouji—Además, quiero darles una sorpresa a todos esta noche.
— ¿A todos…? —Pregunto intrigado. El mayor sonrió asintiendo rápidamente.
—Eso te incluye a ti, así que anda camina o ¿quieres que te cargue como la noche pasada? —Pregunto divertido al observar como el menor empezaba a caminar rápidamente con el rostro un tanto sonrojado. Era increíble el hecho que en tan poco tiempo haya caído tan enamorado por el joven genio que era su compañero. Pero como no hacerlo solo bastaba verlo y cautivarse mirarlo y asombrarse simplemente conocerlo para enamorarse todo en el era simplemente un balance perfecto que lo volvía loco.
Caminaron despacio por las calles obteniendo varias miradas cautivadoras de varias chicas que pasaban a su lado. A la vista de muchos ellos dos eran el tipo ideal para cualquier chica: por un lado estaba Yamato, que por su simple apariencia estaba destinado a ser uno de los chicos populares de la escuela tomando puntos extras por su distante y arrollador y un tanto arrogante comportamiento que podía llegar a tener sin olvidar el hecho de que era el vocalista de la banda sensación del momento de la ciudad donde Vivian; por otro lado se encontraba el peliazul de una apariencia fina y encantadora como el siempre príncipe solitario que tanto amaban las mujeres, un joven prodigo a su escasa edad, bueno en deportes y sobresaliente en todo lo que se propusiera sin necesidad de un mínimo y esfuerzo. Distante, frio y poco hablador, encerrado en su burbuja que pocas personas podían penetrar. Así que era fácil imaginar que caminado junto eran un imán de propensos pretendientes que fácilmente les seguirían.
Llegaron justo a donde la pelirosa los había citado, y como era de esperarse, era una gran casa abrumadora a la vista para cualquiera. El menor de ojos zafiros trago saliva, debía admitir que estaba nervioso, muy nervioso pero nadie lo culparía él no era para nada sociable hasta tal grado de ni siquiera celebrar sus cumpleaños e ignorar todas aquellas reuniones a los que sus amigos se tomaban la molestia de invitarlos. Por todo lo contrario, el rubio se encontraba a su parecer bastante feliz como si aquello que fuese a salir detrás de la puerta fuera la mejor sorpresa del universo o el paraíso.
— ¿Listo? — Pregunto el rubio tomando la mano de Ken y entrar por aquella gran puerta.
—Yamato…¿Y si mejor nos vamos a otro lado?—Pregunto atribuyendo a su última vía de escape.
—Nada de eso señorito, usted y yo entramos pero ya—. Le sentencio al peliazul, este resoplo con resignación dejándose llevar por el mayor con el que entro al mismo paso que el compositor a ese gran patio.
Continuara…
