Hola lectoras! bueno, siento la tadanza en este fic... pero aquí llega la continuación. Este es el penultimo capitulo.. espero que os guste tanto como a mi. Gracia scomo siempre a Salex y también gracias a Derama por su mensaje. Son muy pocos reviews, pero la terminaré aun que nadie comente. Un besazo y hasta pronto.
Historia registada en Safe Creative. No al plagio.
Sin ti: Sus ojos azules observaban a la gente. Una vez más estaba solo. Una vez más aquel columpio era su único compañero ¿Que había hecho para estar en aquella situación? Naruto jamás entendería el porque. Sin embargo, nunca perdería su sonrisa.
Disclaymer: La historia original de este fic es mio. Los personajes pertenecen a Masashi Kishimoto, el gran creador del manga de Naruto. Otros personajes son de invención mía, así como lugares, armas y otras cosas.
2 Creciendo.
Sarutobi observaba las paredes de aquella casa. Durante muchos años, aquel lugar había recibido las risas, los lloros, las alegrías y las esperanzas de dos jovenes especiales. Apretó entre sus dedos el marco de foto que había cogido de la estantería. Kushina y Minato sonreían al fotografo y el rubio acariciaba el vientre de su mujer.
Suspiró derrotado. Al fin y al cabo esa era la verdadera casa de Naruto. Tras ojear una vez más la casa, decidió que era suficiente. Salió de la estancia con una caja llena de objetos. Al llegar a la torre del Hokage, se adentró en una de las salas y dejó allí la caja.
Aquella habitación era sagrada. Entre sus cuatro paredes, en forma de secreto, se guardaba todo aquello que había pertenecido al cuatro Hokage y a su esposa. Algún día, tal vez algún día, esas cosas fueran de Naruto.
Salió de allí decidido a ir a su despacho. El pequeño ya debía de haber despertado. Abrió la puerta despacio y observó a Perro "Ese Anbu siempre tan perfecto" Suspiró y entró cerrando la puerta tras de si.
-¿Ya ha despertado?- Preguntó el anciano.
-Hace rato.- El Anbu se dio la vuelta, dejando ver el pequeño bulto entre sus brazos.- Tenía hambre.
-Ya está todo preparado.- Sarutobi se encaminó hacía le Anbu.
-Lo llevaremos a la casa.- El Anbu salió por la ventana de un salto sin soltar al pequeño.- Estarás bien.- Acarició la mejilla de Naruto.- Todos cuidaremos de ti.
Tras aquellas palabras, se detuvo frente a la puerta que minutos antes había cerrado el Sandaime. Alzó al pequeño niño entre sus brazos y lo lanzó al aire.
-Perro.- Naruto trataba de quitarle la mascara al Anbu.- Quitatela, Perro.
-No puedes hacer eso.- El Anbu se rió.
-Estaré solo.- Naruto observó la puerta de la casa.- Tengo miedo.
-Tranquilo.- Perro lo abrazó contra su pecho.- El viejo y yo cuidaremos de ti.
-No me llames viejo.- El Sandaime apareció detrás del Anbu.
-Lo..lo siento.- El Anbu agachó la cabeza.
-Naruto.- Sarutobi sonrió al niño.- Desde hoy, éste será tu hogar.
Al abrir la puerta, un nuevo dolor invadió su corazón. Sarutobi nunca imaginó que entre aquellas paredes habría tanta soledad. Al entrar en la casa, susurró un "Lo siento" observando los ojos azules del niño.
-Todos los día svendremos a verte y a ayudarte.- Dijo Perro con un gesto de la mano.
-Adios.- Naruto despidió a los dos hombres mientras observaba todo aquello que le rodeaba.
Las paredes eran lisas y simples. Una mesa de madera con un par de sillas la acompañaban. La cama era pequeña, pero parecía comoda. Abrió los cajones de la cocina y descubrió que casi todos estaban vacios ¿Con que podía jugar?
-Naruto.- El niño s elevantó del suelo asustado.- Perdón.- Perro entró por la ventana.- Te he traido pinturas y hojas para dibujar. También te dejo este caballito de madera.
-¿Y mis juguetes?- Preguntó mirando todas aquellas hojas en blanco.- La abuela tenía muchos.
-Mañana te los traeré.- Perro acarició la cabellera rubia de Naruto y volvió a salir por la ventana.
Las horas pasaban lentamente. Se sentí aaburrido y ya había dibujado en todas las hojas. Algunas veces incluso se había salido de las hojas y había pintado el suelo. Un gruñido resonó dentro del cuerpo de Naruto. Sus pequeñas manos apretaron su barrigita.
-Tengo hambre.- Se levantó del suelo y rebuscó en la cocina, allí no había nada.- Estoy solo.- Repitió por lo bajo.
-Naruto.- Unos golpes en la puerta y la voz del anciano le hicieron sonreir.- Abre, te traigo comida.
-Sarutobi.- Naruto abrió la puerta de la casa.- Gracias.
Sarutobi pasó a la casa con uan bolsa entre las manos. Tras observar el suelo, miró a Naruto con el ceño fruncido.
-El suelo no se pinta.- Le dijo medio molesto.- Ande sientate en al silla y come.- Le tendió la comida que había en al bolsa.
-¡Raaamennnn!- Naruto se frotó la barrigita y agradeció por los alimentos.- Gracias.- Sonrió al Sandaime.
Sarutobi contemplaba al joven detenidamente. Aún era muy pequeño para quedarse solo. Sin embargo nadie de la aldea quería ayudarle. Todo el mundo adulto, sabía que ese niño rubio llevaba dentro al demonio de nueve colas.
-Cuando acabes de cenar.- Sarutobi sacó algo de otra bolsa.- Ponte el pijama y acuestate. Mañana entre Perro y yo, te traeremos tus juguetes y tu ropa.
-Gracias.- Naruto se limpió la boca en la manga del sueter.- Buenas noches, viejo.
-No me llames viejo.- Sarutobi frunció el ceño.- Maldito Perro.
Los días fueron pasando... Sarutobi cada mes, le llevaba el mismo dinero que antes le daba a la vieja por cuidarlo. Perro hiba todas las tardes que podía ha hacerle compañía. Sarutobi no quería que Naruto saliera al exterior. La gente comentaba que el niño estaba vivo y recordaban aquella tragica noche, donde mucha gente murió por culpa del Kyuubi... y Naruto cada día, sentía más y más curiosidad por salir de aquella casa y explorar todo aquello que le rodeaba. Sabía que no debía hacerlo, ya que el viejo se lo había prohibido más de una vez.
En su cuarto cumpleaños, las ansias pudieron más que él. Naruto se levantó con una sonrisa en sus labios y decidió que ese día cambiaría su aburrida vida...
Tras tomar un tazón de Ramen instantaneo y lavarse la cara y las manos, decidió ponerse una camiseta blanca "con un remolino rojo en el centro" y unos pantalones azules. Intentó peinar sus alboroatdos cabellos rubios sin mucho exito. Tras sonreirle al espejo del baño, salió de la casa cogiendo las llaves que habían en el primer cajón del pequeño aramario de la entrada.
Cerró la puerta a sus espaldas y caminó por el pequeño pasillo hasta las escaleras. Temblorosamente empezó a bajar las escaleras y a observar el cielo azúl que lo cubría. Recordó als veces qu ehabía salido de la casa acompañado de Sarutobi o Perro. Siempre era de noche y el cielo estaba oscuro.
Al llegar abajo, sintió como muchos ojos se posaban en él. Un escalofrío recorrió su columna. Tras caminar un par de calles, vió a otros niños como él. Una sonrisa se dibujó en su pequeño rostro y corrió hacía esos niños sin pensarselo.
-Hola.- Ssusurró a un pequeño niño de cabellos marrones y algo gordito.
-Hola.- El niño sonrió a Naruto.
-Mi nombre es Naruto Uzumaki.- Naruto sintió como sus mejillas se coloreaban.
-Yo me llamo...- Un tirón del brazo del niño dejó la frase incloncusa.
Naruto observó como una mujer tiraba del brazo del niño y parecía que lo estaba riñendo, como Sarutobi lo hacía con él cuando se portaba mal.
-No quiero que te acerques al niño de los bigotes.- La mujer empujaba al niño castaño.- Si se enteran los señores Akimichi estoy muerta.
La sonrisa de Naruto se borró de un plumazo, cuando observó que todos los niños de la calle se alejaban de él. Naruto siguió caminando y observando todo lo qu ele rodeaba. La gente reía y gastaba bromas a su alrededor, era como si no existiera. Cada vez que alguién se cruzaba con él, las risas cesaban y las malas palabras se escuchaban en toda la calle.
¿Por qué lo insultaban? Naruto observó a todos con lágrimas en los ojos ¿Por qué huían de él? No había hecho nada malo ¿Por qué le señalaban con el dedo? Aquellas preguntas revoloteaban en su cabeza mientras agachaba la cabeza avergonzado. No sabía lo que había hecho para que lo trataran de esa forma tan extraña.
Un olor exquisito lo sacó de su spensamientos. Aquello olía de maravilla. Se acercó al puesto donde provenía aquel olor y se rascó la barriga. "Ramen recién hecho" Sonrió y entró al pequeño local. Tras tocar su bolsillo y asegurarse que había cogido el dinero, intentó sentarse en uno de los taburetes.
-Maldición.- Dijo rojo por el esfuerzo.- No llego.
-¿Hay álguien aquí?- Preguntó una voz de mujer.
-No llego.- Dijo Naruto observando hacía arriba a la barra de madera.- No puedo subir.
La chica sonrió al ver al pequeño de cabellos rubios. Tras secarse las manos en un trapo, salió de detras de la barra.
-Vamos a ver.- La joven alzó al pequeño rubio y lo sentó.- ¿Que quieres?
-¡Quiero Raaaamennn!- Dijo pronunciando graciosamente las palabras.
-Eres muy gracioso.- La joven acarició sus rubios cabellos.
-Tengo dinero.- Dijo agachando la cabeza y mirando sus manos.
-¡Papá!- La joven entró dentro del restaurante.
-¿Que ocurre?- Un hombre alto y vestido de blanco salió al escuchar la llamada.-¿Por qué gritas Ayame?
-Aquí hay un pequeño niño hambriento.- La joven sonrió a su padre.- Y con dinero.- Y miró a Naruto con uan sonrisa sincera.
-Bien.- El señor Ichiraku miró a Naruto y en ese segundo, sus ojos se abrieron como platos.- ¿Y que quiere este niño?
-¡Raaamennn!- Volvió a gritar con alegría depositando todo su dinero en la barra.- Tengo dinero.
Perro le había contado más de una vez, que las cosas se compraban con aquellas monedas. Naruto observó las caras de aquella gente ¿También lo rechazarían?
-Ayame.- El saeñor miró a su hija.- Ponle un buen tazón de Ramen a este joven.
La joven sonrió y sirvió un tazón a Naruto. El rubio al probarlo, sintió como una calidez llenaba su cuerpo. Aquello estaba delicioso. Le recordaba al Ramen que de vez en cuando le llebava el viejo Sarutobi.
-Esta buenisiomo.- Dijo el pequeño al acabar el tazón.- Tenga.- Y le dio todo el dinero.
-Tranquilo.- El señor Ichiraku le sonrió y cogió parte de las monedas.- No vale tanto un tazón de Ramen.
Naruto sonrió y dio un salto para posar sus pies en el suelo.
-Hasta pronto.- Naruto salió corriendo de aquel lugar.
Tras caminar durante un buen rato pro las calles de konoha, se dio cuenta que la gente huía de él. Nadie quería acercarse ni decirle nada. Sus pasos eran lentos y su alma estaba triste. Al alzar sus ojos, se topó con un columpio de madera. Sin saber por qué, se sentó allí a esperar a que ocurriera algo.
Los minutos pasaban y con ellos su soledad. Naruto sintió de nuevo su cuerpo vacío. Se levantó despacio del colúmpio y se dirigió hacía su casa. Tal vez el viejo había ido a verlo...o tal vez Perro...
Por el camino, se encontró unos ojos perlados observarlo. Una pequeña niña de cabellso azulados y cortos lo observaba. Naruto sonrió al ver que la niña lo miraba. Una mano grande y blanca apartó a la niña escondiendola tras las piernas. Tal vez no debió mirar a la niña.
La niña sonrojada observó como el niño rubio agachaba la cabeza y se marchaba lentamente. Su curiosidad pudo más que ella y tiró de la falda de la mujer que la acompañaba.
-¿Quien es ese niño?- Dijo con un tono suave y dulce.
-No te acerques a él.- La mujer se agachó para estar a su altura.- Ese niño no es bueno.
-Pero no ha hecho nada.- Dijo la ojiperla.
-Hinata.- La mujer acarició sus cabellos.- No quiero que te acerques a él.
Hinata Hyuuga agachó la cabeza sonrojada y asintió. La mujer le tendió la mano y ella obedeció en silencio.
Naruto subió las escalera sy sacó las llaves de su bolsillo. La smonedas que le quedaban, rebotaron en el suelo y se esparcieron. Naruto absorvió su nariz y se arrodilló para recogerlas.
-¿Que haces?- Aquella voz lo sobresaltó.- Dejame que te ayude.
Perro le ayudó a recoger las monedas y abrió al puerta de la casa.
-Lo siento.- Naruto limpió su cara contra su propio brazo.- Se que no debí salir, pero...
-Es normal.- Perro quitó despacio sus ropas sucias y lo metió en la bañera.- Te he segido durante todo el día.
-Lo siento.- Dijo con lágrimas en sus ojos.
-No hagas caso a la gente.- Le dijo mientras frotaba sus rubios cabellos.- Y no llores.
-No lloro.- Naruto infló sus mofletes.- Es el agua.
-Te he traido un tazón de sopa para cenar.- Perro lo sacó del baño envuelto en una toalla.- Así que ponte el pijama y cena.
-No...- Naruto se sentó en la mesa ya vestido.
-¿No, qué?- Perro lo observaba desde el alfeizar de la ventana.
-¿No estás enfadado?- Naruto cerró los ojos esperando la bronca.
-No.- Perro lo miró tars su mascara.- Un día u otro debías salir de aquí.- Tras aquella spalabras, desapareció en la oscuridad de la noche.
Los días siguieron psando y Naruto siguió saliendo al exterior. No entendía porque huian de él, pero eso no lo detendría. Era un niño atrevido y alegre y necesitaba seguir explorando el exterior.
Cada día la gente lo rechazaba con más odio. Naruto incluso era empujado por adultos mal hablados.
-¡Aparta niño!- Le gritó un hombre empujandolo al suelo.
-No he hecho nada.- Naruto miró su smanos manchadas de pintura y su ropa estropeada.
-¡Largate de aquí!- El hombre le dio una patada en su pierna.- Molestas.
Naruto se levantó del suelo con lágrimas contenidas en su sojos. Tras caminar unas calles más abajo, observó de nuevo a la niña de cabellos azules. Una sonrisa se formó en sus pequeños labios. Siempre que se cruzaban, la pequeña niña le sonreía.
El rubio apoyó su mano pintada sobre uan puerta y dejó la huella de esta. Sonrió al ver su pequeña mano gravaba. L apuerta se abrió de golpe y una mujer con una escocba salió gritandole y dandole con ella en la cabeza.
-¡Largo de aquí!- Le seguí agritando mientars él corría.
Al doblar la esquina, perdió de vista a la niña de ojos perlados. Naruto trató de controlar su agitada respiración por la carrera y sonrió. Tal vez eso de pintar no estaba tan mal...
Naruto cogió un bote de pintura y salió corriendo de la tienda. Sabía que no estaba bien pagar lo que se coge, pero ese hombre tampoco lo trataba con amabilidad... Naruto hundió su mano en el bote de pintura azúl y empezó a apoyarla en toda superficie que veía. Las carcajadas del rubio podían oirse por toda la aldea.
Al acabar el bote de pintura, se quitó su camiseta mancahada de pintura roja y la restregó por cada puerta que encontraba. Aquello era realmente divertido. Pasó de nuevo por la casa de pinturas y sin que se diera cuenta el dueño, se llevó un par de botes de colores y un pincel. La diversión no había acabado.
Corría de un lado a otro llamando la atención de los aldeanos. La pintura dibujaba diferentes formas cada vez. La aldea pronto se tiñó de colores. Naruto respiraba cansado sobre una piedra. La gente estaba alborotada y gritaba cualquier cosa que se pasaba por su mente.
Naruto rió a mandibula batiente durante un buen rato mientras se sujetaba su pequeño estómago. Ellos se lo habían buscado.
-¡Naruto!- Sarutobi estaba a su lado y su cara estaba enrojecida.
-Viejo.- No podía parara de reir.- ¿Has visto sus caras?
-Esto no esta bien.- Sarutobi cogió al muchacho de la oreja y lo llevó hasta las escaleras de su casa.- Sube a tu casa y bañate. Mañana limpiarás todo.
-¿Como?- Naruto abrió sus ojos con sorpresa.- Ellos se lo han buscado.- Cruzó sus pequeños brazos sobre su pecho.- No dejan de insultarme.- Y sonrió con malicia.
-Mañana hablaremos seriamente.- Sarutobi se dio la vuelta y se dirigió hacía la torre del Hokage.
-No se que hacer con él.- Dijo el Sandaime a Perro.
-Solo es un niño.- Perro sonrió bajo su mascara.- Ellos lo rechazan y él solo busca la forma de llamar la atención.
-Las cosas se me han ido de las manos.- Suspiró cansado.- Minato...
-Sensei.- Perro agachó la cabeza.
-Si él levantara la cabeza...- Sarutobi miró las estrellas.- Creo que me decapitaría.
Tras aquella conversación Sarutobi decidió que ya era hora de que Perro dejara de ocuparse de Naruto y volviera a sus misiones de Anbu.
-Perro.- Sarutobi sacó un pergamino.- Creo que ya es hora de qu evuelvas a tu deber.
-Digame, Sandaime.- Perro incó una rodilla en el suelo y su mano derecha en puño.
-Quiero que vayas a este lugar e investigues.- Le tendió el pergamino.- Estan todas las indicaciones aquí.
-A más ver.- Y Perro salió de la sala.
Sarutobi observó de nuevo el cielo y suspiró. Cuidar de Naruto era más complicado de lo que creía.
El sol salió de nuevo y un nuevo día se alzó ante los ojos de Naruto. El rubio sonrió. Llevaba dos años haciendo travesuras a la gente de la aldea. Odiaba cuando ellos lo insultaban, lo empujaban, le gritaban o lo pateaban. En más de una ocasión, habían llegado incluso a pegarle.
Los padres apartaban a los niños de su lado y lo llamaban "Bicho raro con bigotes" Naruto suspiró y miró detenidamente el calendario. Hoy cumplía seis años y además, entraba a la academia de Ninja. Sonrió y salió corriendo hacía el baño.
Tras darse una buen aducha, salió del baño a desyunar. Aquello más qu euna habitación, podría decirse que era una "Pocilga" Naruto apartó envases vacios de Ramen instantaneo y cajas de dulces. Al fin encontró la bolsa con ropa limpia que le había dado el Hokage.
Desde hacía poco más de un año, el Hokage ya no lo visitaba todos los días. Eso lo hacía sentir un poco solo, ya que Perro no había vuelto ha aparecer desde el día que pintó la aldea por primera vez. Suspiró resignado "Al fin y al cabo no eran familia suya"
Naruto cerró la puerta con llave y corrió emocionado hasta la academia. Él sería el mejor ninja y algún día sería reconocido en la villa como el Hokage. Su eterna sonrisa estaba dibujada en sus labios y ese brillo especial de sus azulados ojos, le daban la fuerza para seguir hacia delante.
