DRAGON CASTLE
-Cacería-
…
El camino escarpado estaba decorado de blanco. Debía de ser por la nevada de la noche anterior, ahí, en lo alto, debía de ser incluso más fuerte que en el pueblo.
Levantó la mirada, obligándose a proteger su vista con una de sus manos enguantadas, debido a los rayos de sol que traspasaban las intensas nubes. El astro parecía estar oculto, desaparecido entre las masas frondosas, pero ahí estaba, tan intenso como siempre, ardiendo, pero sin dar ni una pizca de calor.
Posicionó su mano en el cielo, ubicándolo bajo el sol, intentando descubrir la hora actual. Había pasado una hora desde que empezó a caminar, se le hacía eterno. Temía que se hiciera de noche, llevaba muy poco tiempo ahí, así que aún no sabía con seguridad que clase de bestias saldrían cuando la oscuridad hiciese su aparición. Ya le costaba demasiada energía y Aura el simple hecho de no morir de frio, no sabía cuanta energía gastaría si le salía una manada de bestias de la nada.
Miró el desteñido mapa en su mano izquierda. Si llegaba al lugar correspondiente usando ese pedazo de papel, se le iba a inflar el ego. No entendía como los gremios podían dar tan poca información a los cazadores. Se iban a jugar el pellejo y solo le daban un par de reseñas y un mapa mal dibujado.
"¿Crees que de verdad encontremos un dragón, Zwei? Se supone que son muy escasos y no me creo que digan que en este reino son más comunes que en resto del mundo, parece demasiado bueno para ser real. Igual la recompensa es diminuta para una criatura que es así de poderosa. ¿Te resulta sospechoso a ti también?"
Zwei, su perro fiel, simplemente ladró.
Si, era sospechoso sin duda.
Él era su compañero de viajes desde que salió de su isla. Este estaba siempre atento, moviendo su diminuta cola y olfateando las presas que debían exterminar. Se veía adorable con la pequeña chaqueta de cuero que llevaba encima para protegerlo del frio y de la nieve que caía cuando menos se esperaba.
Tal vez habría perdido la razón sin él a su lado. Necesitaba con quien hablar.
Llevaba años dedicándose a la cacería, recibiendo recompensas de los pueblos asustados y atormentados por diversas creaturas. ¿Pero dragones? La única persona que conocía que había visto a uno y había vivido para contarlo, era su madre, y ella misma decía en su diario que la mayoría no sobrevivía, que a penas hacían contacto visual eran exterminados. Tal vez por eso nadie los veía, y prefería creer eso a pensar que ya se habían extinto.
No quería morir sin ver uno.
Creía en su madre, y si bien tenía claro de que, si había un dragón en la ecuación, algo saldría mal, pero esos avisos en el reino, por cada lugar, hurgaron demasiado profundo en su interior. No hubo ningún lugar donde estuvo donde hubiese tanto énfasis para eliminar una amenaza. Si había tal pánico, debía significar que aquel dragón estaba ejerciendo demasiada presión en el lugar, creando caos a su paso.
¿Pero porque tan pequeña la recompensa para una creatura así de peligrosa? Realmente no tenía sentido.
No podía quedarse de brazos cruzados al existir algo así, ni tampoco ignorar algo tan sospechoso como eso.
Soltó un suspiro de alivio al ver la cima de la colina que llevaba subiendo eternamente.
Frente a ella, un gran campo se asomaba, cuyo color debería ser un verde hermoso en la época correcta, pero en esa época, era de esperarse que todo estuviese quemado por las grandes heladas y bañado en escarcha. Mas a la lejanía, grandes muros se levantaban, o más bien, se mantenían de pie. Ladrillos botados en el suelo, desperdigados por todos sectores. Los años y los factores climáticos lastimando las estructuras.
Era un lugar enorme, pero claramente destruido.
Se aseguró de que su hoz estuviese firme en su espalda, preparada para ser usada, para luego arreglar su capa. Esta parecía completamente inútil para aquel frio, incluso aún más teniendo en cuenta los agujeros y rasgaduras que había en la tela. Era de su madre, y no se lo sacaba por nada en el mundo, incluso cuando una manada de lobos la rodearon hace solo unos meses.
Logró sacarle un trozo de tela a uno directamente de las fauces, pero tampoco es como que pudiese cocerlo ella misma, así que lo tuvo que guardar como recuerdo.
Zwei se mantuvo en silencio, expectante. Su rabo dejando de menearse al sentir la amenaza en el lugar.
Avanzaron, los pasos retumbando en la piedra. Dentro de los muros, se veía una gran estructura del mismo material. Parecía un castillo, abandonado y mal trecho, pero un castillo al fin.
¿Por qué le resultaba tan familiar?
No había puerta alguna, o al menos no se distinguía, solo había agujeros por doquier, así que solo tuvo que dirigirse a alguno de estos.
Pudo ver claros vestigios de pelea apenas asomó la cabeza hacía la habitación del castillo.
Armas, armaduras, flechas, sangre seca.
Huesos.
Más allá, solo veía oscuridad.
Entraba luz desde los agujeros en las paredes y en el techo, pero era leve, sobre todo a esa hora. Rayos de luz que ayudaban a vislumbrar ciertos sectores, pero seguía estando oscuro, tenebroso. E El lugar era un manto azul marino con manchas más claras que mostraban la decoración pasada, también un toque de blanco por la nieve que logró entrar, la mayoría derretida, y los lugares más oscuros eran solo negro, en penumbra.
Los pasillos, paredes y pisos estaban todos igual de maltrechos que afuera.
¿Por cuánto tiempo llevaba ese lugar abandonado?
Podían ser décadas.
Se detuvo de golpe, creyendo escuchar algo, pero no podía asegurarse que fuese su presa o algo similar, ya que, juzgando el lugar, todo debería crujir de manera recurrente.
Miró a su perro, mientras este miraba alrededor.
"¿Puedes oler algo? No sé cómo huela un dragón, pero al menos un aroma que sea diferente al resto."
Zwei olfateó, moviéndose por los alrededores, empinando sus pequeñas patas para levantar un poco su cuerpo. Un par de intentos y terminó bajando las orejas, soltando un quejido. Su perro era experto oliendo animales salvajes y personas, pero dragones era algo fuera de su conocimiento, no lo juzgaba.
Al parecer no había forma de saber si el supuesto dragón estaba ahí.
No tenía mucho que perder, ya le había tomado demasiado tiempo llegar ahí, así que no se iría hasta que al menos investigara todo el lugar. Debía de haber algún tesoro o incluso alguna arma dejada por los cazadores antes que ella, una interesante que pudiese llevarse.
Luego de caminar por alrededor, encontraron un lugar más abierto que el resto, más claro, más espacioso, al parecer fue un gran salón antes de que el lugar cayese a pedazos. No había nada desde el suelo al techo, solo grandes pilares de mármol que parecían haberse levantando hasta lo más alto, pero ahora, en su mayoría, yacían destruidos. Algunos se mantenían con esfuerzo hasta la mitad de su longitud, otros solo eran un tocón diminuto en comparación. Había ventanales en lo alto, dejando entrar más luz, aunque dudaba que tuviesen vidrio siquiera.
Otro ruido.
Zwei se detuvo, sus orejas moviéndose hacía atrás. Podía captar una amenaza, pero era difícil saber de dónde provenía.
Notaba salidas en todas direcciones, oscuras, de las que podía salir la creatura, y ni siquiera un dragón, si no que cualquier tipo de bestia.
Mantuvo su arma en sus manos, preparada para cualquier cosa.
El aire se sentía denso.
Intentaba pensar en un plan de ataque para estar lista cuando el dragón o lo que fuese, hiciese su entrada.
¿Cinco metros?
Parecía una estatura razonable para una bestia que causaba daño en el reino y era lo suficientemente ágil para salirse con la suya sin que nadie pudiese darle caza. Así que debía mantener la distancia, era lo mejor contra enemigos grandes. Si se trataba de una criatura ágil, ella lo debía ser aún más.
Era una lástima que su madre escribiese la anécdota de su batalla épica con un dragón de una manera tan sosa, describiendo más sus alrededores que a la misma creatura. Le sería útil en una situación así.
Hubiese sido de ayuda saber más sobre su presa.
No solo rumores pegados en las paredes.
Un viento llegó de golpe, haciéndola cerrar los ojos de manera automática. Escuchó a Zwei quejarse, asustado.
Luego el suelo tembló.
Tuvo que hacer un esfuerzo para mantener el equilibrio. La tierra en sus pies se movió bruscamente, de arriba abajo. Incluso escuchó los escombros levantarse de su lugar para luego volver a caer.
Algo pesado había caído, lo suficiente para remover todo a su paso.
Cuando levantó la mirada, sintió sus piernas temblar, y no por aquel terremoto.
Había aparecido.
Lo primero que llegó a su cabeza fue, 'gigante'.
¿Cinco metros? No, cinco metros medía solamente la cabeza.
Vio frente a ella, y sobre ella, unos ojos celestes intensos, unas escamas plateadas que parecían brillar con la leve luz, feroces colmillos y cuernos tan blancos como la misma nieve. No pudo evitar observar con detalle cada parte de la creatura recién aparecida.
Podía ver una de las grandes patas de reojo, a solo unos metros de ella. Huesudas con grandes garras igual de blancas que los dientes, y mientras subía, notaba como la extremidad se volvía más grande, más fibrosa, más poderosa. Las cuatro patas eran lo suficientemente fuertes para mantener el peso de ese coloso. Sobre el lomo, notó el nacimiento de las alas, las cuales llegaban a lo más alto, mientras que la membrana traslucida se acercaba al suelo, los bordes desgarrados, tal y como su propia capa roja, maltrecha con los viajes. Probablemente las alas fuesen así desde el mismo nacimiento y no meros accidentes, o eso esperaba en su fuero interno.
Iba a seguir mirando, seguir vislumbrando a la creatura inmensa, imponente, tal vez observar su cuerpo, que parecía ser suficientemente grande para verse obligada a observarla de una manera panorámica. Era demasiado grande para que cupiese en su visión. Pero no pudo.
Un rugido. Un sonido desgarrador la ensordeció. La bestia abriendo sus fauces, mostrándole más aun de las maravillas de su anatomía. Notaba como los dientes inferiores encajaban a la perfección con los superiores, creando una mandíbula dentada capaz de desgarrar lo que fuese, matar lo que quisiera. El gesto intimidante provocó una gran ventisca, así como la misma saliva del dragón escapando hacía su dirección. Incluso pudo sentir un aroma extraño, una mezcla de menta y azufre.
El grito de guerra duró unos momentos eternos, hasta que finalmente llegó a su fin. Sus piernas temblaban ante el miedo instintivo y su admiración incontrolable. Se mantuvo firme a pesar de todo, desafiando a su presa, si bien era el primer dragón que veía en su vida, y era claramente diferente a lo que imaginó, pero no quitaba el hecho de que se había dirigido ahí para cazar al dragón y acabar con la miseria de los ciudadanos.
"No te voy a juzgar si tienes miedo, Zwei, así que se libre de esconderte donde te sientas seguro."
No dejó de desafiar al dragón, mientras escuchaba a su acompañante ladrar animoso, mientras sus cortas patas se movían a toda rapidez lo más lejos de la escena.
Hubo silencio.
Los celestes la observaban con intensidad, sus pupilas rasgadas apenas visibles.
"Con permiso, siento importunar en tu hogar, pero he venido aquí para eliminarte por todas las fechorías que le has ocasionado al pueblo. Mi trabajo es matarte, lo siento."
Mostró el filo de su hoz cuando terminó de hablar, notó como los ojos cambiaban, tornándose más iracundos que antes. Enojados. Rabiosos. ¿La había entendido? Se quedó pensando en eso, mientras el ataque se veía inminente, el cuerpo escamoso y grueso posicionándose de manera perfecta para atacar.
Y así lo hizo.
El olor a azufre volvió a llenar su olfato.
Logró saltar a tiempo, todo el piso donde estaba parada comenzó a arder. Fuego saliendo de las fauces de la creatura, haciendo arder todo a su paso. El calor le llegó de golpe, sintiéndolo en su piel, cerca, quemándola, pero seguía estando a una distancia considerable de las llamas, al menos su aura no parecía reaccionar ante una posible quemadura. Estaba bien, pero aquellas llamas no eran cualquier tipo de fuego, era diferente, y bueno, era de esperarse. Era un dragón después de todo.
Tomó el impulso del salto para moverse rápidamente en dirección al dragón, apuntando el filo de su hoz hacía las escamas plateadas. Giró en el aire, dándose impulso, dándole fuerza al ataque, hasta que hizo contacto. Escuchó un clac, pero no estaba segura si era el sonido de una de las grandes escamas al romperse, o su propia arma, y rogaba con que no fuese la segunda ya que había cuidado mucho a Crescent Rose para tener que ir a forjarla una vez más en lo que llevaba del año.
"Ups, esto no salió como esperaba."
Escuchó un bufido y decidió alejarse, dándose cuenta de que su ataque fue inútil, siendo las escamas lo suficientemente resistentes, demasiado para su arma.
El dragón atacó una vez más, su cola ahora siendo el arma. Al menos podía prever el ataque, siendo la creatura lo suficientemente grande para hacer notar cual iba a ser su siguiente movimiento.
Logró esquivar la cola que planeaba chocar con su humanidad, esta tan escamosa como todo su cuerpo con puas filosas como los dientes, de hueso puro, avanzando por toda la columna, hasta llegar a la punta de la cola, disminuyendo en tamaño. Al final de esta, había una membrana similar a las de las alas, pero pequeña, al parecer para mantener el equilibrio o ayudar a la navegación mientras volaba.
Era interesante.
Se estaba emocionando demasiado para estar en peligro de muerte.
Notó el nacimiento de dichas alas, que parecían frágiles, aunque debían de soportar todo ese peso, así que no debían de ser nada débiles, pero de todas formas parecía un buen lugar para hacer su segundo ataque. Era el único lugar donde no estaba completamente tapizado en escamas, al menos no aquellas tan grandes y duras.
Aprovechó de subirse a la cola y así comenzar a escalarla y darse el impulso suficiente.
Tomó a la criatura por desapercibida, pero no lo suficientemente desapercibida.
Le llegó una ráfaga de viento, pero no como antes, para nada, era una real tormenta. No notó nada, solo se vio cambiando de dirección en el aire, siendo movida como si se tratase de una pluma. Cuando iba a impactar con el suelo, e intentó pensar en una estrategia de aterrizaje, pudo ver cómo eran las alas batiéndose las que habían provocado semejante viento, y así también notó como el dragón se levantó unos metros del suelo al hacer aquello.
"Tus alas son más poderosas de lo que aparentan."
Logró caer de pie, manteniéndose erguida, pero apenas se estabilizó, el dragón se dejó caer, todo su peso sobre la piedra. Notó la cerámica y el ladrillo rompiéndose en pedazos cuando las patas hicieron contacto. El movimiento causó un temblor, uno incluso peor que el anterior, lo suficientemente fuerte para hacerla caer al suelo, y no tuvo siquiera un segundo de reacción para hacer algo contra las fauces que parecían listas para atacar, y para su sorpresa, no fue fuego ni esa brisa olor a azufre, esta vez fue el aroma a menta, y luego el frio.
Se encontraba en el piso, sentada en su trasero, mientras una capa de hielo se formaba sobre ella y en todo su alrededor. No podía mover su torso, o sus piernas, incluso sus codos se vieron atrapados, dejando sus brazos estancados en aquella prisión. Dejó salir todo el aire que parecía estar manteniendo en sus pulmones, y este salió como una nube.
Se quedó inerte mirando su cuerpo congelado, sin sentir tanto frio como el que debería sentir, tal vez la adrenalina o el shock de su vulnerabilidad.
"¿Hielo?"
Subió la mirada para encontrarse con los ojos del dragón, el cual parecía curiosamente soberbio respecto a lo sucedido, tal vez notando el asombro en su propio rostro. Notó las fauces acercarse a ella una vez más, tal vez la iba a quemar, o la iba a morder y finalmente se la comería, pero por alguna razón, no tenía miedo.
Seguía asombrada por el hielo en su cuerpo.
"¿No se suponía que solo escupían fuego? No entiendo, ¿Hielo también es posible? Son elementales, lo sé, ¿Pero dos elementos? Mi mamá no escribió nada de esto en su encuentro con un dragón, digo, debió hacerlo, yo lo habría hecho. Es emocionante, ¿Puedes hacer algo diferente? ¿Electricidad? ¿Agua? ¿Energía? ¿Magia?"
El dragón frente a ella parecía confundido por decirlo de cierta forma, incluso con su mandíbula abierta de par en par, sus dientes brillando. Lo notó por su clara intención de devorarla, abriendo su boca, pero cuando la escuchó hablar sin parar, solo la cerró, olvidando su intención homicida.
No tenía claro que le hacía sentir más tranquila, si el que el dragón tuviese claro raciocinio o que no hubiese muerto en ese instante. Hace mucho que no se topaba con una bestia inteligente, las ultimas que cazó, eran meros animales salvajes sin nada más que instinto.
Pero podía aprovechar y seguir soltando sus preguntas. Se las solía hacer a Zwei, no iba a perder la oportunidad de hacérselas a un dragón, y quien sabe, quizás podría sacar conclusiones como lo hacía con su perro.
"¿Y qué pasa con esas escamas? ¿Cómo son tan resistentes? He forjado yo misma a mi arma, he batallado con ella en múltiples ocasiones, pero jamás su hoja había sido frenada y es de los mejores materiales que he encontrado. ¿Cómo lo haces? ¿Son todas las escamas de tu especie así de impenetrables?"
Cállate, me enfermas.
Se quedó de piedra, aún más considerando que estaba inmovilizada en hielo.
Miró a la derecha y a la izquierda.
¿Qué?
Tal vez estaba fatigada por el largo camino por la colina, y por pelear, y por emocionarse y agotar su cerebro, pero esto iba más allá de una alucinación. Pudo escuchar claramente una voz tosca y rasposa, que parecía salir de todos lados y a la vez de ninguno, esparciéndose por toda la zona.
Miró al dragón, el cual lucía fastidiado, y pasaba la mayor parte de sus días con bestias, así que se le hacía fácil leer muecas, por muy pequeñas que fuesen. Debía agradecer a Zwei por eso.
"¿Qué? ¿Estás hablando? ¿Puedes hablar?"
Claro que puedo, no es como que sea algo propio de algo tan bajo como un humano.
Guau.
Si, antes estaba emocionada, por supuesto.
Había conocido a un dragón, algo que parecía salido de los libros que tanto amaba leer, y, de hecho, se vio decepcionada en sus viajes al no encontrar a un dragón, y si bien la recompensa al matar a este dragón era muy baja, era más una aventura que una misión como tal.
¿Pero este podía comunicarse?
Si, no podía perder la oportunidad de hacerle aún más preguntas.
