CORRUPTED BODY
-Corrupción-
…
En un momento estaba enfrentando a Cinder, y al instante siguiente se sentía caer.
Escuchaba los gruñidos, los golpes del metal contra la carne, incluso el metal contra el hueso, el sonido burbujeante de los monstruos desapareciendo de la faz de la tierra, todo aquello retumbaba en sus oídos como si fuese el coro más hermoso que podía captar.
Si, era el sonido del éxito.
Pero no era éxito propio.
Sus pies no tocaban el suelo en aquel instante, y a pesar de su experiencia batallando, esta vez no lo sentía de adrede. Se sentía perdida en el espacio y tiempo. Sin control, no como otras veces, y llevaba demasiados años peleando y puliendo sus habilidades.
Su velocidad siempre la salvaba de aquellas situaciones.
Pero ahora no podía.
¿Porqué?
Veía una mano oscura con aquellas garras pálidas enganchada en su hombro, enterrándose en ella. No podía zafarse del agarre, incluso sentía ardor en su piel, como si estuviese sangrando. Quizás estaba sangrando, no era consiente. Solo podía ver la mano demoniaca y el lago oscuro al que iba cayendo de manera irremediable.
Cerró los ojos, intentando que su cuerpo intentase huir, aunque ya no podía, estaba agotada, llevaba mucho rato enfrentando a Cinder, más del que le gustaría. Estaba impactaba cuando la vio, viva, con sus ojos llenos de ira y sed de venganza. Ahora entendía que iba en serio, pero era reciproco.
Solo quería deshacerse de ella, hacerla pagar por lo que les había hecho a sus amigas.
Extrañaba la sensación de Crescent Rose en su mano. Podría cortarle la mano en un solo movimiento, pero sin su guadaña era muy poco lo que podía hacer para huir de aquel inevitable destino.
Pero ¿Cuándo la había perdido?
Su cuerpo se tensó al sentir en sus botas entrar en aquel liquido viscoso, y luego sus piernas, así como el resto de su cuerpo.
Si, era como una escena en cámara lenta.
Incluso hubiese deseado que esa caída a aquel mar del inframundo fuese más rápida. Que acabara rápido aquel sentimiento de impotencia.
La risa de Cinder hizo que su cuerpo se congelada aún más, ahora siendo lo único que sus oídos escuchaban. No más éxito, no más, solo muerte.
Abrió los ojos, topándose con esa masa negra y viscosa rodeando sus brazos, su cuerpo, su torso, su cuello, sintiéndola dentro de su boca y finalmente tapándole la visión.
Podía escuchar la risa ya desapareciendo, el líquido entrando en sus orejas.
"¡RUBY!"
Podía reconocer la voz de Weiss, a la distancia, distorsionada. Imaginó su rostro, asustado, pero quedándose inerte en su posición, sabiendo que no podía hacer nada, que no podía acercarse al agua maldita. Escuchó un grito un poco más alejado, era Yang. Podía imaginar sus ojos rojos, su cuerpo avanzando al mar, probablemente con la intención de saltar a salvarla, y era fácil saber que Blake la sujetaba de alguno de sus brazos, para evitar que tuviese el mismo destino, evitando un desenlace aun peor.
Ya sabían lo que esas piscinas significaban.
Ya habían escuchado historias.
Ya sabían de la muerte.
¿Así iba a morir?
¿Siendo arrojada al mar de donde emergían las creaturas de destrucción que había jurado eliminar?
Tal vez era la única forma en la que pretendía no morir.
No sabía que ocurriría, ni cuanto rato llevaba ahí, ahogándose. No se sentía como el agua en lo absoluto, como si pudiese respirar, pero a la vez todo su cuerpo sintiese la presión de aquel liquido denso, atrapándola, aplastándola.
De un segundo a otro dejó de sentir su cuerpo como propio.
Como si su humanidad poco a poco empezara a desaparecer.
Como si estuviese cambiando.
Como si su piel se saliera de su carne, como vapor.
Cerró los ojos por completo, ya que sin importar cuanto intentara no podía ver nada más que negro.
Su cuerpo se hundió aún más, mientras el ardor seguía en aumento, magullando su carne. Sus brazos, sus hombros, sus piernas, su espina dorsal e incluso su rostro. El líquido la carcomía por fuera como si fuese ácido.
Los minutos pasaban como horas, y definitivamente quería que todo eso acabara pronto.
Muere pronto.
Una voz, su propia voz, resonó ajena en la parte trasera de su cabeza. Quería gritar y acallar ese susurro constante.
Muere.
Muérete.
Acaba con esto.
Termina con el sufrimiento.
Sus ojos se abrieron de golpe, así como su boca, como su hubiese perdido el aire.
Su mente buscó la motivación. La necesidad de huir.
La necesidad de sobrevivir.
Recordó la tumba de su madre.
El cuerpo destrozado de Penny.
El cuerpo de Pyrrha desvaneciéndose con el viento.
La herida letal en el cuerpo de Weiss.
Muchos habían sufrido, muchos habían salido heridos y no quería saber qué cosas les ocurrirían si no estaba ahí para protegerlas. Para ayudarlas. Para guiarlas. No podía volver a desaparecer cuando su equipo estaba vulnerable, y lo estaban, estaban a merced de Cinder y de las bestias que aparecían por doquier.
No podía permitir que eso ocurriese de nuevo.
Gritó.
Gritó con todas sus fuerzas.
Sintió una leve brisa en su mano, como si hubiese logrado encontrar la salida de esa piscina lodosa. La arena movediza en la que se encontraba la succionaba, cada movimiento la impulsaba hasta el fondo, pero era perseverante. Quería salir, necesitaba salir.
Estaba lográndolo.
Tocó el borde, aferrándose del suelo firme.
Seguía gritando, o aun lo sentía, sus ojos no veían claridad, aunque su cuerpo ya estaba saliendo casi por completo. Veía todo oscuro, como si siguiera adentro. Sus sentidos estaban confusos, no podía confiar en su cuerpo, en lo que oía y olía.
Sus pies tocaron el suelo firme, y dio algunos pasos, aun en la oscuridad de sus ojos. Podía sentir el ardor del líquido aun en su piel, resbalando.
Se guiaba simplemente por el recuerdo de las posiciones de su equipo, y por el sonido de los monstruos, aunque no escuchaba las voces que ansiaba escuchar en lo absoluto. Eso la hacía sentir perdida.
Se sentía confusa.
¿Estaba siguiendo el camino correcto?
¿Ellas seguían ahí?
¿Estaban bien?
Pero no podía decir sus nombres, por alguna razón aun sentía su garganta ocupada, como si siguiera gritando sin control.
¿Era solo una sensación?
No, lo sintió detenerse luego de unos momentos. Ya no la sentía obstruida con el pasar del aire. Ya no se encontraba gritando. Ahora solo la sentía seca, sola, débil, áspera.
Dio dos pasos más, aun intentando decir algún nombre, poder escucharlas en la oscuridad, pero no podía, o al menos no podía escucharse a sí misma.
Se quedó inerte al no escuchar nada. Nada en lo absoluto, ni siquiera los gruñidos de los monstruos, ni la agitación de una batalla. Solo sentía su capa pegada a su cuerpo, rodeándola, como si la protegiese como tantas otras veces.
"¿…Ruby?"
La voz de Blake.
Algo andaba mal, así que cerró los ojos y al abrirlos ya podía ver.
Sintió un golpe en todo su cuerpo, como el peso de la realidad, como despertar de una pesadilla y caer en la cama con brusquedad, y sus rodillas tuvieron la fuerza para mantenerla en pie.
Vio el lugar tan opaco en el que estaban, los colores rojizos ardiendo en sus ojos, y luego vio a su equipo, las tres mirando hacía su dirección.
Ojos sorprendidos. Miradas confusas. Voces silenciosas.
Estaban en la misma posición en la que las había imaginado.
Weiss de pie, firme, inerte. Yang preparándose para correr, pero detenida en el momento. Blake tomando a Yang del brazo prostético. Todas en shock mirándola.
¿Por qué no lucían como deberían?
Estaba viva.
Eso era un milagro, ¿No?
Miró un poco alrededor.
Los Beowolf se habían alejado, no estaban atacando a su equipo, permanecían rodeándola, pero alejándose cada vez más, manteniendo la distancia, como si algo los asustase, o más bien como si algo les impidiese acercarse.
"… ¿Cómo te sientes?"
La voz de Yang tembló, algo extraño en ella.
Le dio una mirada, intentando comprender lo que pasaba dentro de la mente de su hermana.
Abrió la boca para contestar, pero sintió que no podía. El aire parecía denso, pero no parecía ser ese el problema. Era como si algo estuviese bloqueando su boca, o simplemente sentía algo extraño en sí misma.
Automáticamente llevó una de sus manos a la boca.
En aquel instante no supo que le impactaba más, si ver una estructura de hueso en el dorso de su mano o sentir una dureza fría frente a su rostro.
Solo se quedó ahí, unos segundos, intentando entender que ocurría.
Se miró las manos. Garras por uñas. Hueso rígido sobre su piel. Sus manos incluso parecían más grandes que antes.
¿Qué le había pasado?
Sintió el pánico dominándola, y sacó su brazo que se ocultaba tras la capa, temiendo encontrarse con algo aun peor.
Podía ver su camisa desgarrada, otros huesos saliendo de su codo y de su hombro.
Se quedó unos segundos, ahí en silencio, observando. Completamente anonadada.
Negó de nuevo.
No quería creerlo.
Ahora llevó sus dos manos a su rostro. No quería hacerlo, pero debía. Debía entender que ocurría.
Su piel se sentía como de costumbre, pero solo bajo aquel artefacto de hueso.
Los dientes, el hueso, la forma.
Sabía lo que era, incluso con el mero tacto, había estudiado las bestias desde que tenía memoria, las conocía al derecho y al revés. Era una réplica de un cráneo de Grimm. No podía estar equivocada, no podía cometer un error así.
Había un cráneo de una bestia justo sobre su cara.
Se quedó ahí, de piedra.
No podía ser verdad, debía ser una pesadilla.
"…Los Beowolf, se alejaron al escucharla…"
La voz de Blake sonaba temblorosa, como si quisiera que sus palabras fuesen solo una broma o una teoría estúpida. Pero no. Al mirarla se dio cuenta de lo que ocurría.
Sintió las miradas sobre ella, analizándola por completo.
Se sentía una extraña. Se sentía un fenómeno. Un espectáculo. Eso era.
Frunció el ceño.
Debía aceptarlo. La evidencia estaba ahí. La piscina no la mató, ¿Pero esto? Era incluso peor que la misma muerte.
Soltó un grito ahogado mientras pasaba nuevamente sus manos por su cuerpo, analizando con su tacto lo que sus ojos no eran capaces de ver.
Los huesos en su columna.
Los picos puntiagudos en sus hombros.
Las orejas en su cráneo.
La cola en su espalda baja.
Sus piernas cedieron y cayó de golpe contra el suelo.
Debía ser una broma. Si, debía ser eso, los dioses debían de estarle jugando una broma de muy mal gusto.
Una risa se escuchó como un eco fulminante.
Buscó el origen con sus ojos, encontrando a Cinder en la orilla de aquella gran piscina oscura.
¿Cuánto tiempo llevaba ahí dentro?
Lucía igual. No había sido afectada, o al menos no podía notarlo.
Sus ojos hicieron contacto.
"Te dije que me iba a vengar por lo que me hiciste, Ruby Rose. Ahora eres un fenómeno al igual que yo."
No sentía enojo.
No sentía rabia.
Se sentía inesperadamente vacía.
Sentía las lágrimas recorrer su rostro. Cálidas. Ardiendo en su piel. Quemando. Nuevamente esa sensación del ácido calcinando su piel.
¿Estaba triste?
No, tal vez solo se sentía una estúpida.
Había caído en su juego desde un principio. Había seguido su rastro hasta aquel lugar. Había logrado ser empujada a aquellas aguas. Era todo parte de su plan, por algo la hizo separarse del grupo, para tenerla en sus redes.
Golpeó el suelo con sus manos, sintiendo un temblor bajo ella.
Las lágrimas caían cerca de sus manos, oscureciendo la tierra, lágrimas negras.
Era un Grimm.
Se había convertido en una creatura del caos.
Los vestigios del dios de la oscuridad la habían convertido en un monstruo.
Se había convertido en aquello que había jurado eliminar.
¿Cómo iba a proteger a la gente de los monstruos siendo ella misma un monstruo?
¿Con que cara iba a enfrentar a Salem si eran prácticamente lo mismo?
¿Si ambas estaban contaminadas?
Apoyó su frente en sus manos empuñadas mientras sentía las lágrimas caer, quemando la misma tierra.
No iba a ser una heroína así.
No iba a ser ni una salvadora, ni una cazadora, no mientras fuese ella misma un peligro y una presa.
No, no era la forma en la que quería vivir.
No era la forma en la que quería ganar aquella batalla.
"Soy un monstruo."
Aun escuchaba la risa de Cinder, casi como un eco, rebotando en cada sector y llegando desde todas direcciones hacía sus oídos.
Escuchó pasos retumbando fuertemente. Solo fue cosa de segundos para saber que ocurría.
"¿¡QUE LE HICISTE A MI HERMANA!?"
El grito de guerra la hizo mirar en la dirección del sonido, para toparse con Yang tomando a Cinder de la ropa, moviéndola de un lado a otro, exigiendo respuestas, mientras la mujer solo sonreía. Estaba feliz de haber cumplido su venganza, podía notarlo.
Le había arruinado la vida a Cinder, lo entendía, pero había sido ella quien había empezado al meterse a Beacon para lograr sus cometidos egoístas. Se merecía lo que le había ocurrido. Pero no tenía caso seguir cuestionándose aquello, no tenía caso el golpear a Cinder hasta la muerte, no sabiendo que no había forma de arreglar el problema.
Ambas se habían quedado así, corruptas y morirían corruptas.
Se levantó, y se quedó de pie, mirando la nada.
Veía de reojo como Yang se había detenido, su mano real estaba manchada de sangre ajena, prácticamente goteando. Su mano prostética liberó del agarre a la mujer ya inconsciente y la dejó caer al suelo, resonando como otro eco incesante.
Miró el suelo, concentrándose en las manchas que dejó su llanto. No podía parar, seguía sintiendo el rastro en sus mejillas. Solo tenía que cerrar sus ojos e imaginar las miradas de su equipo, solo imaginarlas porque no era capaz de mirarlas.
Ruby Rose no se rompe, Ruby Rose se mantiene positiva, Ruby Rose siempre mira hacia delante.
Pero ya no era la misma persona, solo una copia barata. Solo un atisbo de algo llamado humanidad, manchado con oscuridad.
Eso era, una mancha corrupta.
Un lobo en piel de oveja.
Una oveja en piel de lobo.
Ya no lo tenía claro. ¿Cuál era antes y cual era ahora? ¿Estaba destinada a tener esa condición? ¿Era ese su destino? Sus ojos eran los de un héroe, pero su cuerpo era el de un monstruo.
Realmente al mundo le gustaba jugar con ella. El destino siempre le daba pruebas, una tras otra, tentándola, como si quisieran verla sumida en la más absoluta desesperación, y tal vez eso la había conseguido romper.
Su hermana avanzó hacía su dirección, pero no lo suficiente. Mantuvo la distancia.
¿Tan ajena era hacía su propia hermana?
No, no era eso. Probablemente era similar a aquellos días cuando Yang estaba en cama luego de perder su brazo. Una brecha había entre ambas. Ahora debía ser similar. Si Ruby Rose no se mantenía positiva, si no intentaba solucionar todo, ¿Acaso alguien más sería capaz de hacerlo? ¿Quién las lideraría?
Un líder no debería vacilar ni dejar al lado la misión por algo como eso.
Era una líder rota, pero no le sorprendía, siempre había apestado siendo una líder.
Como quería lanzarse a esa piscina y simplemente morir.
No valía la pena vivir así.
Quería morir.
Si, tal vez eso debía hacer.
