CORRUPTED BODY

-Despertar-

La luminosidad podía atravesar sus parpados.

No era algo que le molestara como buena madrugadora, pero en ese momento sentía un ardor horrible en los ojos, y culpar a la luz era casi natural. Se removió, incomoda con su propio cuerpo, incomoda en el lugar donde estaba acostada, y finalmente abrió los ojos, aunque todo indicara que no era la mejor opción.

De hecho, no lo fue.

Fue como si un montón de agujas se incrustaran en sus globos oculares, por inercia cerró los ojos y soltó un alarido. Dolía, dolía mucho, en realidad, todo su cuerpo la estaba matando. No entendía que ocurría. Nunca había sentido tal dolor.

"¿Ruby?"

Abrió los ojos al escuchar esa voz, y de inmediato se sintió más calmada.

No estaba sola.

Luego de unos segundos sus ojos ya no ardían tanto, y era capaz de ver a la chica sentada en un sofá, un libro en sus manos. Pestañeó un par de veces más, intentando calmarse. Su dolor era repentino, pero el pánico solo la haría sentir más adolorida. Miró alrededor, intentando distraerse del dolor, y se dio cuenta que estaba en una habitación clara, similar a la de un hospital, cuyas ventanas apuntaban hacía un terreno lleno de vida en el horizonte.

Weiss se levantó a socorrerla, preocupación en su rostro.

"No te muevas mucho, llevas días en cama."

"¿Días?"

Tosió con fuerza. Su voz salió por garganta, lastimándola, como si fuese sólida. Vio como esta le tendía un vaso con agua y no dudo en tomarlo. El líquido hizo efecto de inmediato.

Dio un salto al ver su mano sosteniendo el vaso ya vacío.

No, no había sido un sueño.

De la impresión dejó caer el vaso, a lo que la ex heredera lo tomó con buenos reflejos antes de que pudiese caer y romperse. Hubiese halagado la acción de la chica en otra oportunidad, pero ver el hueso puntiagudo en el dorso de su mano aun la tenía en shock.

Había sucedido.

Sintió la mirada celeste sobre ella, pero no quiso mirarla. Por un segundo creyó que todo había sido un mal sueño. Que todo había sido mentira. O al menos eso quería creer.

Sus recuerdos estaban perturbando su cabeza, los sentía llegar con furia, desesperación, y aun así no estaban del todo claros.

Cerró los ojos un momento, necesitaba comprender lo que sucedió.

Recordó su intento de tirarse a la piscina una vez más, luego recordaba la voz de Weiss, luego los brazos de Yang impidiendo que se lanzara, y la cinta de Blake sujetando su abdomen. Hubo una discusión, y luego aparecieron más y más Grimm. Tuvo que pelear, tuvieron que pelear, pero eran demasiados, ya no podían más y ni siquiera podía usar su habilidad correctamente ante el peso extra de su cuerpo.

Empezó a sudar frio cuando recordó aquel Grimm gigante acercándose a su equipo. Esos ojos rojos como luces incandescentes. Esas patas gigantes que daban tumbos contra el suelo. Esa cornamenta filosa y letal. Nunca había visto un Grimm así, y teniendo a todo su equipo caído, sabía que este las iba a destruir. No recordaba más. Todo se fue a negro.

"¿Qué sucedió con aquel Grimm?"

Fue lo único que pudo preguntar. Su garganta seguía lastimada, pero no podía dejar que su tren de pensamientos siguiera su curso. No quería pensar que alguien había muerto de nuevo…

No quería ver más sangre.

No quería recuperarse de otro duelo.

"Nos salvaste."

La miró con sorpresa. Se sorprendió al encontrarla sentada en la orilla de la cama, con su rostro pensativo y serio.

"¿Cómo? No recuerdo casi nada, pero ninguna podía seguir peleando, de eso estoy segura."

Los ojos celestes la miraron fijamente.

"Tus ojos lo dejaros inmovilizados durante un momento."

Su rostro se vio extraño, como si quisiera decir algo, pero se lo estaba guardando. Podía reconocer su mirada. Podía reconocer esa expresión. Sentía que había vagado durante una eternidad en mistral, buscando la forma de poder reencontrarse con Weiss, aun así, seguía siendo su compañera. No podía no saber lo que su compañera pensaba.

Sentía asco de sí misma al seguir llamándola su compañera.

"¿Y qué más?"

Weiss negó con su cabeza y se quedó mirando hacia la ventana.

"Los Beowolf que nos rodearon en primera instancia se alejaron cuando saliste de la piscina, y ahora con tu grito se acercaron, pero no nos atacaron, si no que fueron directamente hacía aquel Grimm y hacía los Ursas. Fue cosa de minutos para que acabaran con todos, y cuando lo hicieron, se fueron de ahí, sin prestarnos atención alguna."

Se quedó mirándola con duda. Realmente no podía creerlo. Se miró las manos.

Si, era un Grimm, sin duda lo era, se dio cuenta en ese instante y ahora lo reafirmaba. Pero no era solo su apariencia, si las bestias le hacían caso, si podía comunicarse de alguna forma, era más que solo un cuerpo corrupto, si no que todo en ella había cambiado.

Era un Grimm por completo.

Eso solo aumentaba el disgusto hacía sí misma.

No quería seguir pensando en eso, en lo malo de su situación, quería mantenerse positiva, tenía que hacerlo. No tenía otra opción. Ya estaba ahí, ya había cambiado, no había forma de volver a ser quien era.

No la dejarían morir.

Nadie la dejaría morir.

Respiró profundo.

Al menos había hecho algo útil, al menos ese monstruo en el que se había convertido había hecho algo para proteger a su equipo, para proteger a las personas que más quería. Si hubiese sido humana, tal vez habrían muerto.

"¿Cómo están todos?"

Preguntó, la palabra 'muerto' dando vueltas por su cabeza. Weiss se abrazó a sí misma, pudo notar un ligero temblor en su cuerpo.

El sabor amargo inundó su boca.

No estaban tan bien como podía haber imaginado.

"Yang se encerró, también tu tío. Se están culpando por lo que te sucedió. Sé que tu no querías esto, pero no pude evitarlo, no pude hacer nada, tampoco Blake. Lo siento, Ruby."

Su rostro lucía realmente triste. Negó con su rostro y le dio una leve sonrisa.

No estaban muertos. Todo estaba bien. Todo estaría bien.

Ya habían pasado por eso, podrían recuperarse.

"No te disculpes. No es una carga que tu debas llevar. No hay nada que hacer al respecto, ellos tendrán que darse cuenta de que todo esto fue por mi propia culpa, fui yo quien se vio cegada por las intenciones de Cinder. Yo fui ingenua y caí en su trampa."

"Ella es astuta. Hubiese logrado que cayeras de cualquier forma. Estaba empecinada en vengarse y hacerte pasar por lo mismo que le pasó a ella. Todo fue una vil trampa desde un comienzo."

Asintió ante sus palabras. Tenía razón. Cinder era capaz de todo con tal de conseguir lo que se proponía, y la venganza era su principal objetivo. Sin embargo, ella misma tenía culpa de todo lo que sucedió. Cinder quería venganza, pero cuando se dio cuenta, ella misma también quería vengarse.

Penny.

Pyrrha.

Beacon.

Hubo muchas muertes y todo se sumió en el caos con las creaturas de Grimm invadiendo cada rincón. Podía recordar las escenas de aquel fatídico día, a cada momento, pasando por su cabeza, y lo que sucedió después también la amargaban.

Pasaron años de eso, y no podía olvidar la rabia que sentía, así que fue evidente que su sangre iba a comenzar a hervir apenas la vio, perdiendo la cordura. Su mente se volvió un caos. No pudo pensar en nada, en un plan, en una estrategia, solo se vio buscando matarla.

Negó con la cabeza.

Había sido para peor. Esos sentimientos fueron los primeros en corromperla, y luego vino su cuerpo. Pero ya dudaba poder quitarse esa ira de su ser.

Recordaba que Cinder había escapado en cuanto los Grimm comenzaron a rodearlas. Emerald y Mercury la tomaron y la sacaron de ahí. Esta iba a volver, iba a volver a crear daño, iba a volver a usar su ira en contra del mundo, marchitando todo a su paso.

Si, ahora era igual a Cinder…

"Parece que viviré en este cuerpo corrupto hasta que muera."

Un recordatorio de su fracaso.

Un recordatorio de lo que ya no era.

Llevó una de sus manos al rostro, tocando el hueso que permanecía pegado a las mejillas. Lo tomó con fuerza, con ambas manos, sujetándolo con firmeza. Tal vez podría quitárselo, a la fuerza, cambiar, volver a ser quien era.

Escuchó a Weiss soltar un grito, pero ignoró la advertencia y tiró del cráneo de todas formas.

Se encogió de dolor.

Se quedó unos segundos con los ojos cerrados recobrando el aliento.

Estaba pegado a su rostro. Al sentir ese dolor, recordó las veces que cayó al suelo en esa breve batalla, y el hueso no se rompió aun cuando cayó de cara. Era resistente, como una armadura, pero era permanente.

Si, ese iba a ser su cuerpo de ahora en adelante.

"¿¡Qué haces, idiota!?"

Abrió los ojos levemente, mirando las blancas sabanas.

¿Qué estaba haciendo siquiera?

Estaba desesperada por volver a ser quien era. Volver a ser quien le prometió a su madre que sería. Un héroe, tal y como Summer fue.

Se había corrompido, en más de una forma, y no quería, no quería ser así, no quería que su destino se viese alterado.

Quería ganar siendo humana, quería derrotar a Cinder siendo quien era, siendo una heroína, quería salvar al mundo, ¿Pero así? Con ese rostro, con ese cuerpo, solo sería una bestia más en Remnant. Nada más que eso. Si mataba a Cinder usando la ira, usando la rabia, no iba a ser mejor que esta.

Quería librarse de todo, de todo lo que la alejaba de su madre, incluido sus sentimientos corruptos y su cuerpo corrupto.

"No eres un monstruo, Ruby."

De repente sintió la mano de Weiss en la suya, y se vio saltando en sorpresa. Miró su mano vulgar en la de Weiss e instintivamente se soltó de agarre. No podía resistir aquello. No podía ver como lo que más odiaba en el mundo estaba cerca de lo que más amaba.

"No te acerques…"

Sintió que las lágrimas iban a caer, pero no quería manchar las sabanas, no quería manchar con oscuridad aun más de lo que ya lo hacía. No quería manchar el blanco, no quería manchar a Weiss.

Pero sintió culpa.

No quería hablarle así, no quería alejarla, le dolía. Tantos años persiguiéndola, buscándola por Atlas, ¿Para alejarla?

"Solo…déjame sola…"

Intentó que su voz no saliese tan dura como hace unos segundos.

No miró a Weiss, no la miró hasta que esta se levantó de la cama y se quedó inerte en el marco de la puerta, con la mano en el pomo. Frunció los labios, temiendo que le hiciera caso. Temiendo que desapareciera para siempre, y le impresionaba lo débil que era cuando se trataba de esa mujer.

"Te daré tiempo, pero no te dejaré sola. Me prometiste que estarías a mi lado y no me dejarías sola ni un segundo, y planeo hacer lo mismo por ti."

Había indignación en su mirada, pero sus ojos celestes se veían determinados, y recordó lo mucho que le gustaba ver esa expresión en el rostro ajeno.

La vio salir de la habitación y sintió que el silencio que la envolvía era demasiado molesto para seguir ahí.

¿Pero adonde iría?

Se abrazó a sus rodillas, sintiendo aquellos huesos puntiagudos también en ese lugar de su cuerpo.

Su corazón latía con fuerza en su pecho, chocando con sus costillas. Apretó los labios y se escondió más entre su propio cuerpo. Sentía aquella cola peluda en su cuerpo, y al menos se alegraba de que hubiese algo suave en todo su cuerpo duro y huesudo.

No podía decirle lo que sentía, mucho menos teniendo ese cuerpo deforme.

Negó con la cabeza.

Tenía que seguir escondida, ella y sus sentimientos. Lo había ocultado durante años, podía seguir haciéndolo.

El solo pensar que Weiss la viera de esa forma, era inconcebible.

Era una bestia del caos.

Tal vez cuando niña, habría disfrutado el estar días leyendo en soledad, pero ahora, cuando estuvo rodeada los últimos años, le era complicado acostumbrarse a la soledad, y a hablar consigo misma. Era desagradable.

Le hubiese gustado ver a su hermana o a su tío pasar por la puerta, pero solo vio a Blake entrar con varios libros en sus manos. Sonrió de inmediato. Le agradaba ver una cara familiar, a pesar de que esta iba por momentos tan breves.

El lugar donde estaba era centro de investigación manejado por la cabeza de la familia Schnee. Nadie de los que trabajaba ahí era realmente agradable con los faunos, así que entendía que esta la visitase y se fuera de inmediato, al menos así fue la primera vez que la visitó.

Ahora entendía un poco más a Blake, su situación, le sorprendía como aguantó tantos años viviendo marginada, atacada por humanos despreciables. Los mismos que aparecían de vez en cuando a revisarla, como si se tratase de un experimento. No los aguantaba, y creía que cualquier día de estos iba a asesinarlos.

No, no podía pensar eso.

Se vio llevando una mano a la cabeza, sus dedos rozando las orejas sobre su cráneo. Cada vez aparecían más esos pensamientos, eran inevitables.

Eso solo era su lado Grimm hablando por ella.

"¿Cómo has estado?"

Esta le preguntó con su voz seria, mientras se disponía a cambiar los libros antiguos por los nuevos.

"Mejor que la última vez, aunque mi cabeza aún me da problemas."

Las orejas de Blake cayeron en picada, su rostro lucía culpable. Sus manos se quedaron estáticas. No sabía que decirle a la mujer, sentía que su relación no logró progresar del todo años atrás, y ahora sentía que esa pared crecía, más y más. Siempre le fue difícil comunicarse.

"Yang…ella…"

Frunció los labios ante la actitud de la chica y negó con su rostro.

"No tienes que responder por ella, Blake. No resiento que no quiera venir, mucho menos sabiendo que fui yo quien huyó de ella apenas pude. Yo necesité un tiempo, y Yang ahora también lo necesita."

Blake asintió, aun mostrando algo de desconfianza e inseguridad en su rostro. Caminó a paso lento hacía la salida, y le dio una última mirada.

"Avisame si necesitas algo más, Ruby."

Le dio una sonrisa a la chica.

"Gracias, Blake. Cuida a Yang."

Sabía que ambas tenían una relación bastante catastrófica luego de lo que sucedió en Beacon, pero ahora se unían nuevamente. Se alegraba de que su hermana no estuviese sola, aunque eso significara que ella misma iba a sentirse aislada cada día más.

Y bueno, lo merecía de una u otra forma.

Al día siguiente volvieron a tocar la puerta.

No podía verse sorprendida, ya que su cuerpo inhumano le permitía escuchar mucho mejor, y era capaz de notar con claridad los pasos fuera de su habitación, incluso podía reconocer quien era, se había acostumbrado a memorizarse esas cosas y así prepararse para quien entraría por la puerta.

Esta vez era Weiss.

Lo sabía por el peso de sus zapatos de plataforma en el suelo, y a la vez su caminar tan perfecto. Todos sus pasos eran iguales, no había cabida para un paso mal hecho.

La mujer se asomó primero por la puerta, mirando, insegura de entrar. Asintió con la mirada para que pudiese entrar. La primera vez le había dicho que se fuera, que la dejara sola, y cada vez que volvía parecía un poco recelosa de entrar, de hablar, de quedarse más tiempo del necesario.

Al parecer era hora de que hablaran, de que volvieran a ser compañeras, y no solo una paciente más en ese lugar.

"No sabía si estabas lista para conversar."

La voz de Weiss sonaba triste y sola.

Para ti siempre estoy lista.

Negó con el rostro, sacando ese pensamiento de su mente. Parecía ser otro impulso más de su cabeza corrupta.

"Estoy lista, Weiss. No me sentía bien aquella vez, pero ahora ya estoy más tranquila."

Weiss se acercó y se sentó en la orilla de la cama. Se sentía bien el tener la presencia de la mujer ahí. A veces tenía el recuerdo de las manos de esta en su rostro, sus manos suaves y frías, pero no sabía si su mente lo inventó o si ocurrió durante la batalla de la que apenas tenía memorias. Aun no tenía todo claro, lo que pasó ese día, y por una parte era mejor.

Pero si era sobre Weiss, entonces quería recordarlo.

"¿No te duele estar sentada?"

Sus ojos celestes mostraban preocupación.

Se miró a sí misma. Si, a veces dolía.

Los huesos puntiagudos trazaban una línea desde su nuca hasta donde iniciaba su cola. Tenía que mantenerse sentada, o acostarse casi de lado, era toda una hazaña, pero curiosamente ya se estaba acostumbrando. Todas las piezas extras en su cuerpo parecían estar aún sensibles cuando despertó, pero ahora se sentían normales. No dolían. No picaban. No se sentían ajenas.

Como si siempre hubiesen estado ahí, lo que era desagradable en sí mismo.

"Me estoy acostumbrando poco a poco, no te preocupes."

El rostro de Weiss no cambio. Su mirada estaba pegada en algún punto de la habitación. Nuevamente tenía aquella sensación de que esta quería decir algo. Esperó unos segundos, dándole tiempo.

Quien había hecho más cambios durante ese tiempo, fue Weiss. Huyo de su casa, de su familia, pero cuando ocurrió todo, tuvo que pedirle a su padre ayuda, y en realidad lamentaba que tuviese que ser así.

Weiss quería ayudarla, quería hacer algo, quería usar todo su poder como Schnee para salvarla de ese destino, de esa armadura huesuda que la rodeaba. Esta estaba trabajando con los investigadores, prácticamente viviendo en ese lugar, y fue así desde que llegaron de esa maldita misión suicida. Había muchas cosas incógnitas, ¿Por qué no había muerto al caer en esa piscina? ¿Por qué se había corrompido? ¿Qué la hizo corromperse en primer lugar? Creyó que sus ojos, o al menos eso fue lo que escuchó a unos investigadores decir tras la puerta.

Solo teorías.

Necesitaban saber más, Weiss para salvarla, para encontrar una cura, y los investigadores para disfrutar de un experimento que llegó a las instalaciones como un milagro de la ciencia. Y por supuesto que el señor Schnee fue lo suficientemente amable para dejarlas estar ahí solamente para beneficiarse de lo que ocurría.

Debió haberlo asesinado cuando entró en la mansión, buscando a Weiss.

No, no debía, pero quería.

"Voy a usar todo en mi poder para salvarte, ¿De acuerdo? No te rindas tan rápido, Ruby."

No puedes huir de tus deberes.

Siempre serás la líder del equipo RWBY.

Siempre serás Ruby Rose.

Las palabras llegaron a su memoria, ¿Eran recuerdos o más inventos de su cabeza? La voz que más amaba aparecía en su mente, y lo disfrutaba. Al parecer, poco a poco, iba recordando lo que ocurrió. Y si Weiss de verdad le dijo esas cosas, entendía porque no se había lanzado, porque no había acabado con su vida.

Asintió, respirando profundamente del aroma de la mujer a su lado, el cual ahora podía distinguir con facilidad.

Si Weiss la quería viva, a pesar de todo lo que había ocurrido…

Entonces iba a vivir.