EYE FOR AN EYE

-Egoísmo-

Los días se volvían monótonos ahí dentro.

Había un peso en su cuerpo, un peso que jamás había sentido.

Se miró las manos, los brazos, notando como al fin las cicatrices habían desaparecido, sus heridas de esa batalla, y le sorprendía, ya que jamás se había demorado tanto en regenerarse, en que su aura curase las heridas.

Pero por supuesto que no.

Su aura apenas existía.

Ahora solo se curaba como cualquier otro humano carente de entrenamiento.

Sabía que estaba ahí, podía sentir la calidez de esta en el cuerpo, pero era demasiado débil, y a pesar de los días, esta no aumentaba. Al final, Jaune la ayudó, aumentando su aura, intentando ayudarla a curar las heridas y golpes que aún no sanaban por sí mismas, pero aun así no era suficiente, porque la cruz en su rostro, su estigma, seguía ahí, sin curarse del todo, ni con los poderes ajenos ni con el poder de la tecnología de Atlas.

Estaba empezando a creer que esa herida quería permanecer así, abierta.

Las vendas estaban húmedas, las sentía pegadas en su carne, los hilos enterrándose dentro de su piel, siendo parte de ella. Se veía en la obligación de controlar las ansias de sacárselas, el picor comenzando a molestar, empezando a enloquecerla, pero tenía claro que, si lo hacía, la herida se abriría de nuevo, y no quería que Weiss se volviese a enojar con ella.

Miró hacía la puerta, esperando.

Ahora solo podía esperar.

Quería vengarse, eso le quitó el sueño, y a pesar de haberlo logrado, de haber visto el cuerpo de Cinder convirtiéndose en nada más que cenizas, seguía sin poder dormir plenamente. Algo faltaba, y no era solo su aura. Había algo que necesitaba, y tal vez era la venganza, necesitaba tenerla para seguir adelante, pero… ¿De quién se iba a vengar ahora?

Unos ojos rojos aparecieron en su cabeza. Esos ojos rojos.

¿La había olvidado?

No, por supuesto que no, pero la incertidumbre la obligó a mantener a esa mujer lejos de su cabeza, los recuerdos de su madre aun trizados en su memoria. Además, en ese momento, cuando Salem se convirtió en un elemento digno de su odio, ya estaba demasiado preocupada en Cinder, en hacerla pagar por el daño que le provocó a ella y a sus amigos, así que, por supuesto que iba a ser su primera presa, su primer objetivo. Pero sin Cinder, solo podía enfocarse en la reina en el tablero.

Pero no quería hacerlo.

Cinder era humana, mortal, pero Salem no. No se consideraba racional, pero era claro que eso era un suicidio.

Se vio soltando una risa.

Fue allá, donde Cinder, buscándola, con la intención de suicidarse.

Cerró su ojo por un momento, intentando alejar su cabeza del ardor que sentía, del picor que sentía.

Quizás morir habría sido mejor.

¿Su alma, o lo que quedaba de ella, se habría ido en paz sin ver a Cinder morir?

Probablemente no.

Y morir, después de haber conseguido matarla, se habría sentido como una perdida.

Ahora lo pensaba de esa forma, pero en ese momento, ese día, le pareció el mejor camino para tomar. Llevársela con ella a la tumba.

Pero ahora estaba ahí, inerte, sin poder moverse ni rascar esa herida que seguía abierta, la cual picaba y ardía cada vez más y debía apretar las sabanas para no llevar las manos al rostro y empeorar aún más su herida.

Y su ojo…

La cuenca vacía también picaba. Siempre que recordaba ese día, sentía la carne temblar dentro de su cabeza, pidiendo a gritos un poco de atención, pidiendo a gritos que enterrase las uñas dentro y rascara, sin parar. Tenía aquel impulso de sacar ese ojo robótico de su rostro y finalmente poder sentir alivio ahí dentro, rascando su carne expuesta.

Pero no, no debía.

Ese era su castigo, y debía vivir con el, debía resistirlo.

Había pecado, había mancillado su propia existencia al tener grotescos pensamientos, volviéndose algo muy diferente a un héroe. Ahora era un villano, estaba claro, porque un héroe jamás haría lo que ella hizo, un héroe jamás tendría los pensamientos que ella tuvo, que aún tenía. El deseo de vengarse, de perseguir a alguien, de mentir y decir que era por el bien de todos, pero no, solo era su egoísmo, las ansias de ver a esa mujer arder, morir, derretirse frente a ella. No, eso un héroe no lo haría.

Sus pecados picaban.

No escuchó a Weiss entrar, ni escuchó las botas de esta en los cerámicos, nada. Solo escuchó la voz de esta, ya cuando se había acercado lo suficiente.

Abrió su ojo y la miró, agradeciendo un rostro familiar y agradable luego de no haber tenido nada más que el rostro incinerado de Cinder y el rostro pálido de Salem en su cabeza. También agradecía que esta estuviese ahí, que la visitara, luego de lo que hizo, luego de que intentó suicidarse y morir con su equipo ahí presente, sin saber absolutamente de su horrible plan. Era entendible que el resto estuviese manteniendo distancias. Había destrozado la confianza de su equipo, de sus amigos, una vez más.

Lo había estropeado, de nuevo.

Habían protegido a Atlas y a Mantle, de alguna forma todo había resultado bien, a pesar de que los lazos que tuvieron se hubiesen roto en ese instante. Hubo tensión que rompió la normalidad que tenían, y a pesar de que, al momento de reunirse de nuevo, todo estuviese bien, no fue así.

Las cosas nunca volverían a ser como antes.

Todos habían cambiado.

Y ella misma, sobre todo, había cambiado.

Pero lo aceptaba.

Era una paria entre sus amigos, no confiaban en ella, y no volverían a hacerlo, y honestamente, si se ponía en los zapatos ajenos, haría exactamente lo mismo.

Pero era Ruby Rose, se suponía que Ruby Rose debía dar segundas oportunidades, debía dar la opción de redención.

¿Quién mierda era Ruby Rose?

No conocía a alguien así, o al menos, no era así, ya no más, de ser así, Cinder estaría viva y todo el mundo estaría ardiendo en llamas, como siempre.

Pero si era parecida a esa antigua Ruby Rose, en algo en particular, y era en que ambas cometían error tras error. Fallando, una y otra vez. Al menos esa niña del pasado tenía su inexperiencia encima, lo cual se podía perdonar, ¿Pero ella? No, no tenía perdón, por algo estaba ahí, condenada a una camilla de hospital, con una cruz que le recordaba en lo que se convirtió y un ojo falso que le hacía recordar que no era nada más que un juguete para el deleite de la humanidad.

Ese era su castigo.

Ser un peón más, porque su libre albedrío había causado demasiado daño.

El dolor la hizo volver al presente, el ardor en su cicatriz.

Weiss la estaba ayudando con los vendajes, como dijo que lo haría. Las fibras de la tela comenzaron a tirar de su carne, pero el dolor era agradable, ya que satisfacía las ansias de rascarse. Prefería usar las uñas, pero dejaría que los mismos vendajes hicieran la labor, a pesar de que la mujer fuese demasiado cuidadosa, y desearía que esta simplemente tirase bruscamente para que el picor desapareciera para siempre.

Pero debía vivir con ese picor.

Podía notar como los ojos celestes de Weiss se veían pensativos, y se enfocó en ellos, en lo que su compañera podía estar pensando, y encontró cierto deleite en enfocarse en otros, y así su mente no se iría dentro de su propia cabeza, lo cual ya era agotador, de todas formas, no dormía por lo mismo.

Los celestes la miraron por un momento, y esta debió notar su curiosidad, o al menos la fijación que tenía por lo que pasaba dentro de la cabeza de la ex heredera. Weiss siguió con lo suyo, mientras parecía escoger la forma en la que diría lo que tenía que decir.

"Yang quiere venir a hablar contigo."

Así que era eso. Le parecía repentino, de hecho, creía que esta no querría volver a verla. Pero su hermana tenía un buen corazón, ambas fueron criadas bajo los mismos valores, solo que por su parte se fue descarrilando poco a poco.

No se merecía esa familia.

"La estaré esperando."

Weiss frunció el ceño, mirándola, claramente preocupada.

"Está enojada, Ruby. No sé qué tan bueno sea que venga a hablar contigo. Últimamente está muy impulsiva, incluso en las pequeñas misiones que nos está dando Atlas…"

Se vio riendo.

Su querida hermana también había cambiado, o más bien, parecía ser quien era en Beacon, tuvo una regresión y se volvió la impulsiva Yang de la que tanto se hablaba en ese entonces. Bueno, ser impulsivas era algo que habían heredado de su familia.

¿Cuántos errores cometió su familia por aquel rasgo?

Era imposible sumarlos, ya le costaba mantener la cuenta de sus propios fracasos para sumar los de su hermana, luego los de su madre, de su padre, de su tío, incluso los errores que cometió Raven por la impulsividad.

Esa maldita impulsividad.

Si no hubiese tenido aquel rasgo, no habría cumplido su venganza, así que quizás, por primera vez, ser impulsiva tenía algo bueno, ¿No?

Negó con el rostro, recordando donde estaba, con quien estaba, debía obligarse a mirar a Weiss, intentar meterse en su cabeza, era la única forma de mantener sus propios pensamientos a raya.

"¿Crees que va a venir a pelear conmigo?"

Weiss dejó de moverse, sus ojos serios, una evidente mueca de frustración en su rostro. Si, parece que sí, era así.

Si Yang quería pelear, si Yang quería golpearla por los pecados que cometió, iba a aceptarlo. Iba a aceptar cualquier cosa que pudiese expiar cada error que cargaba encima. Pero no iba a ser suficiente castigo, nunca sería suficiente castigo.

"No puedo detenerla, aun así, le dije que, si iba a venir a verte, que hiciera algo útil y te trajese tus pertenencias, así podrías protegerte al menos. Si todo sale bien, deberías volver con nosotros, no puedes quedarte aquí para siempre, no creo que esté ayudándote."

A penas prestó atención a lo que Weiss le dijo, su mente enfocándose en una sola cosa, y era en sus pertenencias. Obviamente se refería a su ropa y a su arma. ¿Realmente iba a recuperar a Crescent Rose? ¿Tan pronto? Tenía miedo de que el arma que tuvo desde hace tanto comenzara a arder en sus manos. Ya no era merecedora de un arma para hacer el bien. Ya no era una heroína, así que era ridículo siquiera sostenerla en las manos. ¿Usarla? Mucho menos.

"Ruby."

Volvió a ponerle su atención individual a Weiss, la cual ya había terminado de vendarle el rostro. Podía sentir los vendajes nuevos y secos de nuevo en su cara, rodeando su nuca, su cabeza, firmes, evitando que las gasas se moviesen de su lugar. Si tuviese la herida al aire, no tenía duda que iba a comenzar a rascarla con las uñas, empeorándola.

Merecía eso.

Agradeció a Weiss por ayudarla, aunque no lo mereciese, aun así, su voz, la forma en la que dijo su nombre, no era para eso, no era para decirle que su labor había acabado, había algo más, podía notarlo, era su compañera después de todo.

Se miraron durante unos momentos, y sintió cierto pánico que no creyó que sentiría. Weiss la conocía, y ahora sentía miedo de que esta pudiese conocerla, que pudiese saber lo que pasaba por su mente, sentía asco de que su compañera supiese la verdad que escondía tras los parpados, tras los dientes.

No era una heroína, no era quien fue, todos lo sabían, era evidente, pero que pudiesen saber lo que pasaba dentro de su cabeza, era algo agobiante.

Soltó una risa, dándose cuenta de que no era buena ocultándolo, así que en cualquier momento todos podrían saberlo.

"Se que no lo hiciste por un bien mayor…sé que no decidiste perseguir a Cinder para salvar el mundo. Lo hiciste para vengarte, para nada más."

Tragó pesado, la risa muriendo en su garganta.

Weiss tenía razón, y por consecuencia, ella misma tenía razón.

Se había convencido a si misma de que era para salvar a las personas de alguien como Cinder, eso dijo múltiples veces, pero no era nada más que una mentira para ocultar lo retorcido de sus egoístas deseos. Aun así, no pudo creerlo, su parte racional le hacía imposible creer que su compañera le había leído la mente con tanta facilidad. No era posible.

Era una pecadora, pero que sus pecados fuesen dichos a viva voz era inclusive peor. Se sentía en ese instante en medio de Atlas, los látigos llegando a su espalda mientras que sus pensamientos eran dichos a viva voz, a la par con cada uno de los golpes, dejando cruces sanguinolentas en su espalda descubierta. Descubierta, así se sentía.

Intentó callarlo, intentó mantener esos pensamientos a raya, por lo mismo nunca les preguntó a sus amigos a cerca de eso, si no que obligó a Penny a ser su confidente, su cómplice, la obligó a usar una función de su programación para evitar sentir culpa, para evitar sentir que era juzgada.

Lo sintió, sí, pero se obligó a creer que una maquina no podría hacerla arder.

Pero si podía.

Weiss le dio una sonrisa, y creyó que jamás vería una mueca similar de sus amigos, de su equipo, mucho menos de su compañera.

Se sentía asqueroso, no merecía esa sonrisa, no merecía que alguien la mirase con nada más que disgusto y odio.

"Te debe tomar por sorpresa que lo supiera, pero a veces olvidas que soy tu compañera, olvidas lo mucho que te conozco."

Sintió la mano de Weiss en la suya, la cual estaba muerta a los costados de su propio cuerpo. Las manos de Weiss solían ser frías, ahora, eran más cálidas que nunca, llenas de calor, o tal vez las propias estaban realmente muertas, fríamente muertas.

"Quería decirte que no te voy a juzgar por tener esos pensamientos, no podría hacerlo, sería una hipócrita al haberlos tenido yo misma, durante años."

Weiss giró el rostro, desviándolo del propio, y ya no podía ver sus ojos, su rostro, pero podía notar la tensión en su cuerpo, así como la mano congelada en la suya, aun tibia, aun viva.

"Siempre le tuve terror a mi padre, un terror progresivo, sabiendo que si estaba a solas con él mi mundo se iba a desmoronar. Solo tenerlo en mi cabeza era suficiente para sentirme aprisionada, y todo ese sentimiento fue cambiando al odio. Cuando lo vimos en Atlas recordé eso, me sentí aterrada de que pudiese lastimarme o llevarme con él, encerrarme de nuevo, pero ustedes estaban ahí para mí, y me sentí capaz de desafiarlo."

Dolor progresivo. Terror progresivo.

Ese hombre la lastimó durante tanto tiempo, y ni siquiera se podía imaginar lo que eso se sentía.

Sujetó la mano de Weiss con la suya, apenas tenía fuerzas, pero lo logró. Los hombros de su compañera dejaron la tensión de lado.

Debía seguir sola, se convenció de eso, que merecía nada más que la soledad, así no lastimaría a nadie más, pero tal vez no podría desafiar a Salem, a su recuerdo, a su existencia eterna, si seguía así, sola. No sería capaz.

Si, si mantenía a todos a su lado, tal vez podría desafiarla. Así poder descubrir la verdad detrás de lo que le pasó a su madre, y con eso castigar a Salem por lo que hizo, porque era evidente que no estaba libre de pecado, en ningún sentido.

Si había destrozado a Cinder por hacerle daño a los que quería, a todo Vale, debía tener en cuenta que Salem seguía siendo la mente maestra tras todos esos daños, tras la muerte de personas, tras la desaparición de su madre, así que debía hacer algo, debía ir por ella, sin importar nada más. Necesitaba hacerlo.

Y eso iba a hacer.

"Cuando lo encerré, sentí que había hecho lo que siempre soñé. Era una venganza después de todo, el hacerlo pagar. E incluso, si alguien más hubiese sido, si alguien más lo hubiese encerrado, tal vez seguiría con esas ansias. Necesitaba ser yo. Necesitaba ser yo quien lo encerrara como él me encerró a mí. Así que te entiendo."

Se sintió un poco mal por volver a meter sus propios pensamientos egoístas cuando Weiss le contaba su historia, pero no se podía evitar.

Pero ¿Encerrar era suficiente?

¿Weiss, no preferirías matarlo?

No, no, no podía preguntar eso, además, Jacques no había matado a nadie, no era un castigo del mismo calibre, eran cosas diferentes.

Aun así, quería decirle a Weiss que se sentiría incluso mejor si lo mataba, pero el picor volvió a su ojo, y se vio llevando su mano libre al lugar, solo para sentir lo duro de la maquina en sus dedos. Empujó un poco, intentando que el ojo chocase con las paredes de su cavidad craneal y así calmar un poco el picor, pero se detuvo cuando Weiss se removió, mirándola.

Por suerte alejó su mano a tiempo para que esta no notase lo que hacía.

Era su cruz, se volvió a decir.

Debía soportar el picor, era indebido el sentir alivio.

"Cinder destruyó muchas vidas, y también destruyó la tuya, haciéndote ver como provocaba la muerte de personas valiosas en tu vida. Nadie debería juzgarte por odiarla, está en tu derecho."

Y no solo eso, si no que recordaba la imagen de esa misma mujer a su lado, tirada en el suelo, sangrando, a punto de morir, y supo en ese instante que fue por culpa de Cinder, y el vestigio de aquella herida seguía ahí, en la piel pálida, recordando ese ataque de muerte infructuoso. Sintió tanta ira, sintió que iba a perder a alguien, de nuevo, y ahí estaba, habiéndose desmayado por un estúpido error.

Esas imágenes seguían ahí, en su cabeza, incluso después de que asesinara a Cinder, no era suficiente, no había calma, no había nada que borrase esos momentos, la muerte no fue suficiente para destruir aquello que no la dejaba dormir por las noches.

Tal vez era su propia muerte la necesaria para acabar con ese sufrimiento.

No, maldita sea, merecía ese sufrimiento, debía aguantarlo.

"Ahora tienes que lidiar con los vestigios de tu venganza, así como yo tengo que lidiar con mi cicatriz cada día, el resultado de pelear de vuelta, pero más allá de eso, merecer todo el mal del mundo porque crees que lo que hiciste fue vil, eso no es necesario. Hiciste lo que debías hacer, y no creo que seas una mala persona por eso, o si no yo también lo sería."

Todo el mal del mundo.

Si, eso sentía.

De nuevo Weiss se metía dentro de su cabeza, y se sentía extraño, pero ahora era un alivio de cierta forma. Ojalá todos pudiesen entenderla así de fácil, así como su compañera lo hacía.

Por supuesto que iba a seguir sintiendo aquello, dudaba que eso fuese a desaparecer, pero era un alivio que Weiss le dijese eso.

Sintió la mano ajena sujetar la suya, de nuevo, con más fuerza que antes, mientras los celestes la observaban, fijamente, una sonrisa en su rostro, pero una total determinación en toda su humanidad.

Weiss había cambiado, si, ahora podía sentir esa seguridad real rodeándola, no aquella careta falsa que solía usar.

Estaba orgullosa de que esa fuese su compañera.

"Te dije que te iba a apoyar en todo, en cualquier decisión que tomases, y lo he cumplido hasta hoy en día, incluso cuando todo se desmoronaba a nuestro alrededor. Pero no te voy a apoyar en esa misión estúpida que tienes por autodestruirte. Así tenga que tirar de tu oreja cada vez que te pones a pensar estupideces."

Se vio riendo, riendo con genuino humor.

Realmente necesitaba eso.

No prometía callar aquellos pensamientos, porque creía imposible lograrlo, pero era un gusto saber que su mente estaría más tranquila si Weiss estaba ahí para silenciarla. Eran compañeras después de todo, estaban destinadas a estar al lado de la otra, a ayudarse y acompañarse mutuamente.

Si, no la merecía, por supuesto que no la merecía, pero no le importaba, iba a disfrutar su existencia.

Sonrió también, pero dudaba que pudiese verse como la sonrisa que Weiss le daba, pero era lo que podía hacer en ese segundo, y su compañera si se merecía lo mejor, así que iba a ser lo mejor por Weiss.

"Cuento contigo, Weiss."

Weiss asintió, ahora su agarre más calmo, más suave, y disfrutó del tacto humano.

Sintió que al fin había algo de calma en su interior. Quizás era verdad, se merecía la cicatriz, pero quizás también merecía cosas buenas después de todo.

Iba a ser egoísta en eso.