DRAGON CASTLE
-Rescate-
…
El gremio local de Atlas era más grande que los otros gremios que había visitado, en Mistral, había pueblos prácticamente inexistentes, solo un par de casas, nada más, por lo mismo era difícil encontrar trabajo.
Aun recordaba ese año donde sobrevivió a punta de cazar animales para sobrevivir, sin poder conseguir monedas ni asilo.
Se removió en el asiento, aceptando la comodidad que tenía en ese preciso momento.
El continente de Solitas era muy frio, y agradecía que en el pueblo hubiesen lugares cálidos. Estuvo un tiempo recorriendo una zona donde casi se congeló hasta morir, y hubiese sido así de no ser por su Aura, por el contrario, ahí, rodeada de gente, de casas con chimeneas y comida y bebida caliente, no tenía problema alguno. Era un gran cambio en comparación al lugar donde vivió toda su infancia, donde el clima era agradable, cálido incluso, ni siquiera las nevadas en la zona podían considerarse gélidas.
Luego de que recorriese ese continente, su siguiente destino era Vacuo, y tenía claro que el clima sería el completo opuesto. No tenía idea cómo reaccionaría su cuerpo ante semejante calor del desierto, cómo reaccionaría su Aura. Aquí le aterraba morir congelada, pero allá le aterraba morir deshidratada o algo similar.
Las inclemencias del clima no detenían a esas personas, así que tampoco la detendrían a ella.
No se iba a detener.
Por lo mismo, debía poner atención, y estar atenta a su alrededor, aun así, ahí, se sentía un poco observada, sin duda la miraban extraño, tal vez por ser mujer sola, por lucir inexperta en comparación con el resto, o por andar con una guadaña y un perro compañero.
El bar en el que estaba, estaba lleno de cazadores. Muchos habían llegado, quedando varados en la zona debido a las tormentas, y debían refugiarse en algún lugar. Algunos fueron más precavidos y huyeron deprisa, sin querer correr el riesgo de quedar atrapados en un continente congelado.
En esa época del año, con el frio aumentando poco a poco, así como las nevadas, las creaturas se mantenían resguardadas, evitando morir congeladas. Tenía claro que su trabajo sería mayor una vez que el invierno al fin pasara, ya que sabía con seguridad que en épocas más cálidas las bestias aparecían por montones, y ahí debían intervenir.
Tenía ansias de aprender a cerca de las creaturas que vivían en ese continente, obviamente diferentes a las que se hallaban en casa. No podría aburrirse así. Y bueno, había visto a un dragón, y no solo eso, se habría enfrentado y hablado con un dragón, su padre probablemente no le creería. Ni yang le creería…
Yang…
Comenzó a beber del jarrón que la mesera le acababa de entregar, y por un momento el sabor le recordó su adicción del pasado. Era un bar después de todo, los olores la mantenían sofocada, pero era el lugar más cálido que había, no tenía de otra.
La tentación aumentaba aún más cuando pensaba, y a veces deseaba no pensar más.
Pero no importaba, tenía que beber, tenía que comer, tenía que mantener su estómago lleno, eso era lo único que debía tener siempre en su cabeza. Hacía tanto frio que su Aura la intentaba mantener cálida, por ende, se agotaba más rápido, y eso significaba que necesitaba comer mucho.
Se alegraba de que Zwei fuese su compañero en esa situación, tener su calor perruno en su cama era gratamente apreciado.
Si el frio iba a ir en aumento, tendría que ir al bosque y cazar a algún lobo. Necesitaba esa piel, y no tenía suficientes ingresos para comprarlo en el pueblo, y no solo eso, si no que si dejaba la ciudad ya no habría vuelta atrás y necesitaba estar preparada para las zonas más difíciles del continente.
Oh, sí se acababa la comida en Atlas por la sobrepoblación, también debería hacer lo mismo.
Una conversación entre cazadores le llegó a sus oídos hábiles, y se obligó a alejar su atención de sus propios pensamientos.
Estaba segura de haberlos visto en el gremio esa misma mañana. Al parecer habían llegado de madrugada, buscando una presa grande. Debían de estar haciendo ese trabajo hace mucho tiempo, se veían mayores y con experiencia. Uno de ellos destacaba más, su piel era morena, cubierta de cicatrices, y una barba larga. Era claro que era el líder, y el más capaz de todos ellos. Debía ser un rango A o S.
Y pensar que ese fue su sueño en algún momento de su vida, el tener un equipo, un grupo, el tener compañeros a su lado.
Bueno, tenía a su compañero, pero algo más tangible, y humano.
Ese compañero iba a ser su hermana, antes de que todo empezara a salir mal.
Soltó un suspiro, recordando la situación de esta cuando se fue de casa. No estaba capacitada para salir de viaje en su condición, aunque fuese la más aventurera de ambas. En algún momento se recuperaría y encontraría la forma de poder hacer esa travesía con ella. Tenía fe en eso.
Primero debía sanar, así como ella sanó, de una u otra forma.
El recuerdo le causó amargura. Sabía cuál era su trabajo, cuál era su deber, cuál era su intención al recorrer el mundo, al buscar a esas personas, sin embargo, siempre tenía la sensación de que de nuevo lo hacía por mero egoísmo, como antes, como si solo intentase huir de su casa, una excusa para no volver al pueblo al que traicionó. Al que abandonó.
No podía estar ahí, sin recordar sus errores, sin recordar cuanta gente murió porque estaba demasiado enamorada para percatarse de lo que ocurría.
Del enemigo que tuvo a su lado.
Del caos que se desató.
"Vamos a prepararnos y nos reagruparemos en una hora. Ese dragón no podrá con nosotros."
Los miró, sus oídos captando cada una de las palabras que estos decían, y lo agradecía, porque esa información era completamente relevante.
Iban por ese dragón.
Iban a matar a Weiss.
Era obvio, le pasó lo mismo. Llegó ahí y vio la desesperación en los carteles, en el gremio, para tener la cabeza del dragón de Atlas, para al fin destruir su dominio.
Si bien logró hacer que cambiasen la suma que se pedía, diciéndoles que era imposible que lo tomasen como una misión de clase D, con una recompensa banal, al intentar matar a un dragón de ese calibre. Y, de hecho, se topó con alguien que ya había subido hace un tiempo, y ya ni siquiera podía caminar ante la batalla que tuvo contra la creatura.
El gremio tuvo que subir el rango de la misión, y lo agradeció, así menos cazadores irían a buscar a la dragona, sin embargo, no consideró que habría cazadores de alto rango queriendo ir a por ella, de hecho, no se había topado con ningún rango A desde que llegó, ni siquiera cuando pasó la frontera, días atrás.
¿Por qué tenían que ser ellos quienes buscasen esa presa?
Eran malas noticias, lo sabía.
Conocía a ese tipo de personas.
Se levantó de su asiento, Zwei ladrando, entendiéndola.
Se tomó el resto del líquido que quedaba en el aun tibio jarrón, y comenzó a caminar a la salida, su compañero siguiéndola. No necesitaba nada más que su guadaña y a su compañero, así que podría partir de inmediato.
Recordaba lo suficientemente bien el camino, así que no se demoró en buscar la intersección correcta.
No podía quedarse ahí, sabiendo que cazadores de rango A y superior iban a ir a cazar a Weiss. Ella lo hizo y su rango no era tan alto, así que no pudo hacer mucho contra un enemigo tan grande y poderoso. Pero estos eran cuatro, eran un equipo completo. Ellos podrían lograr el cometido, y no se iba a sentir bien consigo misma si es que Weiss moría de esa forma.
¿Qué forma era?
Ella misma no se consideraba sanguinaria, al menos no en la actualidad, solo recuperaba uñas y dientes de sus presas, o las llevaba intactas al gremio para pedir las recompensas. Pero había personas sedientas de sangre, sedientas de sufrimiento, que disfrutaban en la caza y lo convertían en una tortura para su deleite, y si bien no conocía a ese grupo, podía esperar lo peor.
Sobre todo, con un asesino entre ellos.
Y Weiss era inocente, no se merecía nada así.
El camino se le hizo menos tedioso que la primera vez, no había sol alguno, y su rápida caminata era suficiente para hacerla entrar en calor. Podía escuchar las pisadas de Zwei tras ella, y se detuvo para sujetar al animal y cargarlo ella misma. Él era muy bueno olfateando y protegiéndola de diversas formas, alertándola en momentos de peligro, pero la rapidez, para sus cortas patas, no era muy eficiente.
Ya con su compañero en brazos, comenzó a correr. Aún tenía energías, y solo tenía un margen corto de tiempo para llegar. Probablemente el grupo tuviese caballos o algún otro medio de trasporte, así que necesitaba apurarse.
Llegar al terreno de los Schnee le dio un poco de tranquilidad. Era imposible que ellos llegasen antes, o bueno, esperaba que así fuese, así que se relajó al ver todo tranquilo.
Bajó a Zwei y volvió a caminar hasta la puerta de entrada, aun hecha pedazos. Entró con cuidado, recuperando el aliento. Podía sentir el sudor en su rostro congelarse con el frio del ambiente, provocándole escalofríos, pero no podía enfocarse en eso, o en su cansancio, solo necesitaba apurarse.
No tenía tiempo.
"¡Weiss!"
La llamó, intentando que su voz llegase a todos los rincones de la destruida mansión.
El salón estaba vacío.
No había ningún rastro de la dragona.
¿Había huido?
Miró a su compañero, el cual había llegado a su lado.
"Amigo, ¿Puedes olerla?"
Zwei olfateó, moviendo su pequeño rabo. Caminó un poco por la zona y emitió dos ladridos.
Si, estaba ahí, pero no la veía. Tal vez estaba en su forma humana.
La iba a llamar de nuevo, y sintió un escalofrío recorrer su espalda, y no era el sudor, esta vez eran sus propios instintos de supervivencia. Retrocedió dos pasos, y luego se vio obligada a cerrar los ojos, el piso moviéndose bajo sus pies, y agradeció el hacerlo porque la gran nube de polvo y escombros que inundó el lugar la hubiese dejado dolorida.
El aroma a azufre era muy fuerte en ese instante.
Los temblores acabaron, y se vio en la confianza de abrir los ojos.
Aun así, aún no había mucha visibilidad, pero logró notar que algo no estaba bien, algo que no estaba ahí antes.
Notó una luz roja, a solo unos metros, y de manera instintiva saltó a su derecha, rodando por el suelo. Una explosión de fuego impactó en la zona donde se encontraba. Podía sentir el calor, pero no había logrado impactarla, aunque era muy pronto para calmarse.
La visión se aclaró con el fuego, y pudo al fin ver a la dragona.
Se levantó y corrió donde esta, solamente para toparse de frente con el hocico abierto de la creatura, esta rugiendo, intimidante. El azufre se sentía nauseabundo desde esa distancia, y esperaba que no decidiera tirarle alguna flama o la rostizaría de inmediato. Se quedó inerte, el sonido salvaje del dragón resonando en sus tímpanos, así como la saliva caía sobre su cuerpo.
Weiss dejó de rugir luego de unos segundos.
Sentía su cabello hecho un desastre con la ventisca y la saliva.
"No hay tiempo para esto, Weiss, por favor, escuchame."
La dragona estuvo a dos segundos de volver a abrir el hocico, y probablemente a punto de quemarla viva, pero se detuvo.
¿Qué demonios quieres ahora?, te dije que te mataría si volvías.
"Si, si, lo sé, pero no hay tiempo, tienes que huir y esconderte, pronto."
La dragona ladeó su rostro sin entender, para luego notarse la ira en sus grandes ojos, y la severidad en sus escamas.
No sé de qué estás hablando, pero yo nunca huyo, menos de ti.
Empezó a entrar en pánico, estaba perdiendo valiosos minutos. Negó con el rostro, nerviosa. No necesitaba empezar una pelea, así que no le iba a seguir el juego.
"No, Weiss, no me estas entendiendo. Viene un equipo de cazadores en camino. Necesitas esconderte."
Weiss volvió a abrir el hocico, resoplando, vapor llenando toda la zona.
Yo no huyo, ni me escondo. De nada, ni de nadie.
Soltó un grito de exasperación. Así como iba, Weiss iba a salir ella misma a buscar a esos cazadores. Cerró los ojos, intentando tranquilizarse. Colapsar no iba a ser de ayuda.
Se acercó más a la dragona y estiró sus manos lo suficiente para alcanzar el hocico de la creatura. Su piel estaba helada y áspera, como la de los reptiles, pero sin sentirse así de incomoda. Ya había cazado seres con piel similar, y le causó heridas en las manos al tocarlos. Esta vez era diferente, y le llamaba la atención, ya que su guadaña no pudo atravesar las escamas en lo absoluto.
La dragona se quedó perpleja con el tacto, aunque fuese algo tan diminuto como sus manos en una mínima zona de sus escamas.
"Por favor, Weiss. Ellos son cazadores expertos, algunos dos rangos arriba de mí. Y son cuatro. Puedes conmigo, y con todos los otros que vinieron antes que yo, pero estos son un tema a parte. No podrás contra ellos, y si puedes, quedaras muy malherida. No quiero que te hagan daño."
Weiss se quedó en un absoluto silencio.
Podía notar los ojos de esta, observándola. Lo único que se escuchaba eran los gruñidos que hacía su respiración.
No te di permiso para que me tocaras.
Ups.
Se inmediato alejó sus manos. Weiss cerró los ojos, y cuando los abrió había más seriedad que nunca en ellos. Giró su cuello, observando diferentes lugares, y luego se levantó a lo que más daba su altura y el largo de su cuello. Su rostro acercándose lo más posible a los vitrales que aún seguían intactos en el alto techo de la mansión.
Notó como esta olfateaba.
Debía de intentar corroborar su historia, así que cuando bajó su rostro, esta parecía más convencida, y a la vez más preocupada. Debió notar que de verdad se trataba de una situación complicada. Y lo era.
Si no me encuentran, probablemente vuelvan.
Frunció el ceño.
Eran cazadores expertos, probablemente se pondrían a buscar rastros en la mansión, y si no encontraban nada, no se iban a dar por vencidos. En esa época, y con las pocas presas, no tendrían nada mejor que hacer que intentar cazar a Weiss mientras estuviesen en la zona. La única forma de que un cazador detuviese su cacería es cazando a la presa.
Tampoco sabía si Weiss tenía tesoros en ese lugar que ellos pudiesen saquear en el intertanto, lo que sería aún más perjudicial.
"No se irán de aquí hasta asegurarse de que estás muerta. Y no tendríamos oportunidad contra ellos ni siquiera aunque peleásemos codo a codo. Son demasiados."
No había pensado en eso. Weiss no iba a dejar su hogar por un grupo de cazadores, y tenía claro que el saber que estaban merodeando era aún peor que la muerte para ella. Odiaba que entrasen en su propiedad.
Intentó pensar en algo, pero la única solución era la muerte.
Oh.
Levantó el rostro, y miró a la dragona. Esta notó su mirada, y parecía genuinamente confundida, o al menos su expresión escamosa le daba esa señal.
¿Que?
"Creo que tengo una idea. ¿Qué tan bien puedes fingir tu muerte?"
La dragona soltó un bufido, y no sabía si era una risa o un sonido desafiante. No tenía idea. Esta giró en su propio espacio, y se dejó caer al suelo. El piso tembló, incluso algunas de las baldosas aun intactas en el suelo, terminaron trozándose.
Weiss cerró los ojos, y ahora no escuchaba aquel gruñido que hacía su respiración. Parecía que podía controlar aquello.
Parecía convincente.
Sin embargo, no se sentía que fuese suficiente. Había visto presas así, que simulaban dormir para luego atacarte por la espalda. No tenía idea como serían estos cazadores, pero los imaginaba sanguinarios, y se asegurarían de que la presa está muerta, las veces que sean necesarias.
Si, tal vez algo de sangre podría ayudar.
Los ojos celestes la miraban, expectantes, ambas miradas conectando.
"Voy a usar algo de mi sangre para hacer que parezca real. Algunos cortes por aquí y por allá los hará dudar menos de la veracidad de la pelea."
Sacó su guadaña, y la apuntó sobre sus manos. Su Aura curaría la herida, pero primero necesitaba conseguir una buena cantidad. No temía hacer eso, tuvo que hacerlo tiempo atrás para capturar a una presa escurridiza. Dejó un camino de sangre en la nieve, y la creatura siguió el rastro sin dudarlo, cayendo en su trampa. La herida había sanado, sin dejar marca alguna, y si pudo obtener esa cantidad de sangre esa vez, ahora también podría.
Se detuvo cuando la dragona gruñó.
¿Crees que tu sangre será suficiente? ¿Estás insinuando que un ser superior como yo tiene una sangre tan monótona como la de un asqueroso ser humano?
Se miró a sí misma, y luego al ser magnificente frente a ella. Bueno, no había mucha diferencia entre su sangre y las creaturas que había cazado, a lo más algunos tenían una sangre más oscura, y si su propia sangre se oxidaba, tenía un color similar.
Pero no podía comparar esas creaturas con un dragón. Prácticamente era un Dios de los cielos.
De acuerdo, iba a admitir su error.
"¿Qué hacemos entonces?"
Corta mi lengua.
Pestañeó un par de veces, sin entender a qué se refería. Pudo notar el enojo en sus facciones.
Idiota, obviamente es el único lugar de mi cuerpo que puedes hacer sangrar. No creo que hayan matado otros dragones, pero de ser así, es mejor que vean sangre real de dragón en mi cuerpo."
Oh, ya entendía. Eso si les aseguraría el acto.
Movió la guadaña y la acercó a la lengua de la dragona, mientras esta abría el hocico lo suficiente para poder hacer un corte certero.
"Pero te va a doler."
Esta resopló fastidiada.
Ellos me van a matar, no es nada en comparación. Me regenero rápido, solo hazlo lucir real y que valga la pena. O ambas estaremos fritas.
Cierto, si se daban cuenta del engaño, podían querer matarla por ser cómplice de una bestia.
Y ya sabía lo que era estar entre las garras de un asesino.
Respiró profundo, se armó de valor, y enterró la guadaña en la piel vulnerable. La sangre comenzó a salir a borbotones, inundando el hocico, rebalsándolo, cayendo sobre el piso. Ver aquello la hizo sentir nauseabunda, de hecho, el aroma también lo era, olía similar al azufre, pero aún más fuerte, intenso.
Salió de su trance y dejó caer la guadaña al piso, la hoja bañada en sangre. Weiss ya estaba haciendo su papel, su hocico entreabierto, sus ojos cerrados y el silencio absoluto. Llenó sus manos del líquido, que claramente no era humano. Su color era difícil de precisar. Era más oscuro, pero el brillo era casi rosado, incluso su textura era diferente y era bastante más densa que la sangre humana o de las otras creaturas que había cazado.
Si, su sangre no habría podido imitar algo similar.
Comenzó a llenar del líquido parte del cuello de la dragona, haciéndolo lucir lo más real posible, también usó su guadaña manchada para dejar marcas de corte que pareciesen auténticas.
Cuando Zwei ladró, ya tenía hecho un trabajo bastante preciso. Sabía cómo las heridas que causaba quedaban en las bestias, así que tenía experiencia. Cuando se dio cuenta, notó que sus propias ropas estaban manchadas, pero al contacto con la tela ya no se veían de ese color extraño, simplemente parecía sangre normal. Incluso parecía que eran heridas propias.
Su ropa si estaba lo suficientemente desgastada para que cualquiera pensara que eran los daños de la pelea, eso y el polvo que quedó en su cuerpo.
Sus piernas empezaban a fallarle, y entendía que era la adrenalina desapareciendo por completo. Había hecho una caminata eterna subiendo la montaña en poco tiempo, era normal que estuviese agotada.
Se apoyó en sus rodillas, esperando, mientras el sudor empezaba a caer por sus sienes, así como la sangre ajena empezaba a meterse bajo su ropa.
Si, ahora si escuchaba los pasos, aunque demasiado cerca para su gusto. Eran sigilosos, les daba el crédito.
Esa situación iba a ser complicada.
Solo podía esperar lo mejor.
