CORRUPTED BODY
-Vulnerabilidad-
…
Se sentía agotada.
Si bien no le hicieron muchos exámenes, el salir de la habitación con la intención de ser monitoreada por toda esa gente en batas, le provocaba un agotamiento que no recordaba haber sentido nunca. Había superado sus problemas sociales con el tiempo, pero algo así, iba más allá de la ansiedad.
La hacían sentir sucia.
Más de lo que ya se sentía en ese cuerpo corrupto.
Al final, ahí, era un animal, una bestia.
Sabía que era por su culpa, por su reacción instintiva de la última vez, incluso su ira sobrepasó la normalidad. Aun recordaba sus ojos ardiendo, su vista tornándose roja. El mundo realmente se volvía rojo por la ira, no era nada más un dicho, además, supo que sus ojos si habían cambiado de color.
Si no supiera que eran los ojos de un Grimm, habría sentido cierta felicidad de tener algo en común con su hermana.
Los médicos también notaron como algunos trozos de hueso aparecieron en su cuerpo luego de su pérdida de control, unos que no habían estado así, y si bien estos no lo tomaron en serio, ella misma sí.
Su ira, cada vez que se sentía más Grimm, cuando sus instintos más básicos la atacaban, se convertía más y más en un monstruo.
No le sorprendía.
En algún momento, simplemente dejaría de ser humana.
Lo único que le preocupaba, era que Weiss estuviese trabajando tan duro por algo que no parecía tener cura alguna, una enfermedad que solo iba de mal en peor. Pero no le podía decir que renunciara, era demasiado terca para hacer eso.
Se quedó mirando el atardecer con cierta impaciencia, deseando que fuese de noche, y no entendía su fascinación, aunque ya poco entendía de sí misma. Su comportamiento cada vez era más difícil de controlar, y sus pensamientos corruptos sumergían su cordura.
De repente, y sin previo aviso, sintió una urgencia en su cuerpo.
Extraña.
¿Eran sus instintos?
No, no era así. Era diferente a esa rabia que sentía, territorial, como esa vez. Esa sed de sangre, de destruir a quien tocase lo que le pertenecía. Su ADN había cambiado de un momento a otro, y le iba a tomar tiempo adecuarse a esa vida. A ese cuerpo.
Probablemente no viviría lo suficiente para lograrlo.
Cerró los ojos, quiso mantenerse calmada, con la intención de abandonar aquel sentimiento.
Pero este no se detenía.
Era un impulso más fuerte de lo que era capaz de sobrellevar. No podía describirlo, pero era como ser un cazador. Hueles a tu presa, sabes dónde está, y tienes la urgencia de correr tras esta para eliminarla.
Rindiéndose ante el sentimiento, sin ganas de pelear, abrió los ojos, pero no vio su habitación como siempre. Era diferente. Distorsionado. Era como estar en una realidad diferente, pero en la misma, no sabía ni siquiera como describirlo.
Se levantó, mirando a todos lados, intentando comprender lo que veía.
¿Que era?
Sentía su rostro arder, sus ojos.
Podía ver su alrededor como si no hubiese paredes, solo un atisbo de ellas, así como también podía notar a las personas que caminaban como meros objetos difusos, manchas en movimiento, palpitantes. Pero algo notó diferente en el paisaje. Una mancha roja en la lejanía, pero en el mismo edificio, cerca.
No supo porque, pero ver esa mancha le dio una ansiedad que desconocía.
Salvaje.
Incontrolable.
Necesitaba acercarse, como si fuese de vida o muerte.
Sabía que era un error, que podía lastimar a alguien, pero no podía conseguir pensar, mantenerse en su posición, era demasiada urgencia. Podía sentir la boca salivar y sus pies moverse por sí solos. Avanzó hasta la puerta, y miró alrededor. No veía a nadie cerca. No quería alertar a nadie tampoco. Si bien se sentía empujada por dicha sensación, no podía olvidar quien era, lo que era y cómo reaccionarían si la veían caminando por ahí sin compañía.
Entonces, escogió la mejor opción.
Usar su habilidad.
Cerró la puerta, y avanzó a toda velocidad por los pasillos. Estando atenta a cualquier sonido y aroma, con la intención de evitar encontrarse con alguien. Y así hizo, hasta acercarse a la mancha roja. No fue fácil, y sentía su cuerpo entumecido por usar su habilidad. Llevaba tiempo sin usarla, y tanto sus nuevos atributos, como los huesos, parecían que afectaban a su resistencia. Debía ser mucho más peso del que solía tener.
Necesitaba entrenar con urgencia.
No solo caminar, si no que adaptar su cuerpo a ese peso extra.
En algún momento tendría que salir de ahí, pelear, cazar, volver al mundo real antes de morir ahí dentro, encerrada.
Ya al estar cerca, sintió un aroma familiar, haciéndose más fuerte, llenando su ser de cierta calma, lo que le sorprendía.
Así que abrió la puerta lentamente, en silencio, pero con la confianza de saber que solo había una persona en esa sala.
Porque lo sabía.
La olía.
Pestañeó dos veces, y el mundo a su alrededor volvió a lo usual.
El lugar tenía un tamaño similar a su habitación. Había ventanas al fondo que dejaban entrar esa luz cálida antes del atardecer, empezando a teñir todo poco a poco de tonos anaranjados. Era minimalista, con un sofá a la derecha, y al medio un escritorio.
Ahí, pudo ver la silueta de Weiss, sentada en una silla.
Era su oficina.
Su cuerpo estaba encorvado, y no le costó darse cuenta de que estaba llorando.
¿Weiss llorando?
Se sintió triste de inmediato, sin saber qué hacer, si entrar del todo o simplemente alejarse.
Se dio cuenta también de que aquella habilidad que había adquirido en aquel segundo era para encontrar a alguien que se estaba sintiendo mal, tal y como decían que los Grimm atacaban, persiguiendo los sentimientos negativos, alguien sufriendo.
¿Porque no había sentido eso antes?
Tal vez porque no era Weiss.
No le sorprendía de ser así, tener esa fijación.
Debía tocarla de una manera personal. Alertar a sus instintos, tal y como pasó cuando la visitó con ese sujeto.
Lo recordaba y sentía su mandíbula doler de inmediato, sus dientes apretándose por inercia, las ganas de lastimarlo, de herirlo, de matarlo.
Weiss tenía las manos en su rostro, su cuerpo temblando, viéndose diminuto en la gran silla.
Pasaron unos momentos para que esta se diese cuenta de su presencia, gracias a la puerta y su leve sonido al cerrarse.
Notó como esta intentó ocultar su llanto, limpiándose en rostro con las mangas de su ropa, y le dio una leve sonrisa. Se notaba claramente como estaba intentando con todas sus fuerzas el lucir compuesta.
No tienes que hacer eso, Weiss.
Quería decírselo, pero ¿Quién era ella para decir eso? Incluso en su situación, seguía ocultando sus más grandes temores, sus más grandes deseos, sus más impuros sentimientos. Ahí la que más mentía, era ella misma, no podía ser hipócrita, menos con alguien que tanto quería.
"Ruby, ¿Que estás haciendo aquí?"
No sabía que decirle. Que contestar. No había razón para que estuviese ahí, y, de hecho, ni siquiera sabía que la oficina de Weiss estaba en ese preciso lugar.
No le gustaba preocupar a sus amigos, mucho menos a Weiss, pero ahora, viéndola así, era incluso egoísta de su parte el ocultárselo. Hablar con la verdad es la única forma. Weiss se estaba esforzando al máximo por ella, y debía pagárselo correctamente. Ella más que nadie, debía saber lo que le ocurría.
"Acabo de descubrir que puedo sentir los sentimientos negativos."
"Oh."
Fue lo único que esta dijo, para luego quedarse inerte, pensativa. Su cuerpo tenso. Podía sentir como la ex heredera estaba sufriendo, y no podía quedarse quieta sin hacer nada al respecto.
Era su amiga, era su compañera.
No podía dar vuelta atrás.
Respiró profundo, sintiendo el cráneo en su rostro aún más pesado de lo usual. Y recién ahí comenzó a caminar hacía la chica.
"¿Hay algo que pueda hacer por ti?"
Su propia voz se sintió ajena. Tal vez se había acostumbrado a su tono depresivo, a su tono débil y rendido. Ahora salió como un susurro suave, preocupado. Ya no era preocupación por sí misma, si no que por alguien muy querido para ella.
Odiarse, sentir lastima por sí misma, podía esperar.
Notó una mueca en el rostro de Weiss, entre una sonrisa y una mueca burlesca.
"¿En cuatro patas?"
Pestañeó un par de veces, y luego miró a su alrededor.
Por eso sentía la perspectiva de las cosas de manera tan extraña.
Estaba caminando con sus manos y sus pies. Eso si era raro. Realmente su cuerpo no acostumbraba el peso extra. Se intentó levantar, sintiendo sus piernas muy débiles. Era casi como aprender a caminar de nuevo. Se mantuvo erguida, con la espalda muy tiesa. Su habilidad debió causar estragos en su cuerpo al usarla en ese estado, y no solo eso, si no la clara cacería en la que se vio envuelta.
Sentía que caería de cabeza con todo ese peso, y debía de evitarlo.
Le dio una risa avergonzada a la mayor, la cual solo soltó una leve risa, una de sus manos frente a sus labios.
No era una burla, ni la miraba en menos. Para nada. Hasta sentía que Weiss se había acostumbrado por completo a su apariencia. No había ni asco ni nada. A veces, pasando tiempo con Weiss, olvidaba su situación. No se sentía un fenómeno, ni una bestia, ni un monstruo.
Ni siquiera cuando le mostró un lado horroroso de su ser.
Realmente Weiss había cambiado mucho desde que se conocieron en Beacon.
Si Weiss la odiara, no tendría ningún motivo para seguir existiendo…
"No eres una prisionera, Ruby, deberías tener libertad de hacer lo que quieras mientras asistas a los exámenes, necesitas entrenar un poco."
Se acercó más a esta, caminando con cuidado.
"¿Que te hace creer eso? ¿La caminata de ciervo recién nacido?"
Escuchó a Weiss reír otra vez, y era el sonido que más le gustaba.
Se puso de cuclillas frente a la chica, y en ese instante empezó a extrañar su capa en sus hombros. Se sentía vulnerable en ese pijama de hospital de ese color verdoso. No era su color, ni tampoco se sentía propio.
Pero usar su capa la hacía sentir sucia, como si no lo mereciera.
No sería así por siempre, o eso deseaba en su fuero interno.
Las manos de Weiss estaban inertes sobre sus rodillas, así que las tomó con cuidado. Aun no se acostumbraba a sus garras y los huesos saliendo del dorso de su mano. Se sentía un animal peligroso, y no quería lastimar a nadie.
Sobre todo, no quería lastimar a Weiss.
Nunca a Weiss.
"¿Qué pasó?"
Le preguntó a la mayor, y esta posó sus ojos celestes en ella. Se veía cansada. Su cuerpo débil. Se notaba más delgada, más pálida.
Vulnerable.
"Estamos intentándolo todo."
Fue lo único que dijo, su voz en un susurro, como si no quisiese decirlo en voz alta.
Lo entendía.
Weiss no se quedaba de brazos cruzados y estaba haciendo que el equipo del laboratorio usase todos los recursos en su poder para intentar hacer una cura. Desde que descubrieron lo que andaba mal en lo más profundo de su sangre, comenzaron a idear la forma de separar el ADN Grimm del resto de su material genético.
Weiss era inteligente, así como el resto de la gente que trabajaba ahí, pero incluso para ellos, hacer esa tarea era complicada.
No sabía mucho de esas cosas, y honestamente, luego de pasar tanto tiempo vagando por Mistral, peleando contra monstruos, esa podría ser su única ventaja. Nada de estudios, nada de aprendizajes, solo creciendo en su habilidad para pelear.
Le sorprendía que Weiss hiciese todo eso por ella.
Desde Beacon, desde que fueron separadas por las horribles circunstancias, se volvieron ajenas la una de la otra. Por su parte, en Patch, hasta que tuvo la valentía de pararse y buscar acabar con Cinder. Y Weiss, atrapada en su mansión. Fueron años separadas hasta que decidió idear la forma de ir a Atlas, metiéndose de contrabando en una de las naves para poder buscar a Weiss, y ahí usó su habilidad hasta que ya no podía moverse, esforzándose al máximo para encontrar a Weiss, sacarla de ahí, y a pesar de eso, las cosas se volvieron difícil y no pudieron asentarse como habría querido.
Ingenuamente quería volver a la época tranquila en la academia, donde podían pasar días sin preocupación alguna, sin mayor agitación. Pero ya no eran niñas, no ella, ni mucho menos Weiss.
Añoraba a Weiss, muchas veces lo hizo en su largo viaje por Mistral. Cada vez que oía su apellido sentía los recuerdos abrumarla y el dolor consumirla. Los últimos días en Beacon, reforzaron su amistad, pero luego de que el mundo perdiese a dos personas tan valiosas de aquella forma, le aterraba que eso ocurriese de nuevo.
Le aterraba que la persona que era más cercana estuviese lejos, lejos de su alcance, y se sentía impotente ahí, sin poder protegerla, cuidarla.
Agradecía que las cosas no hubiesen cambiado a pesar de los años. Que Weiss no fuese indiferente a ella, o que el sentimiento de ella hacía Weiss cambiase. A veces la miraba, y era como que el tiempo no había pasado en lo absoluto. Y en otros momentos, la miraba, como ahora, y notaba que no era así, que había pasado tiempo, y si bien la relación entre ambas no había cambiado, si estaban más maduras.
Weiss, sobre todo, siendo la mayor y la voz de la conciencia.
Pero si notaba una cosa.
Weiss se notaba mucho más vulnerable que antes, sin obligarse a pretender ser alguien que no era, mantener su estatus, su imagen.
Y sentía aquella satisfacción en su pecho, de saber que era así, en su mayoría, con ella. Que podía ser la persona que veía todos esos cambios. Que podía ver a Weiss llorar, sufrir, verla desnuda ante sus ojos.
Se mordió dentro de la mejilla.
Aquellas sensaciones y sentimientos frustrantes volvían a arremeter, e intentó con todas sus fuerzas el alejarlos. No era momento para comerse a Weiss con la mirada, si no para apoyarla. No era el momento para ser un animal primitivo como su cuerpo le pedía a gritos que fuese.
Quería descontrolarse, lo deseaba, y se obligaba a acallar sus impulsos.
¿Por cuánto más lo lograría?
"Se lo que estás haciendo, se cuánto te estas esforzando, y realmente lo aprecio, Weiss. Pero el que no haya avance alguno, no es tu culpa. Si no hay forma de ayudarme, no será tu culpa, jamás."
Su voz salió calma, por suerte.
Weiss se quedó unos minutos mirando el suelo, y luego la miró a los ojos, asintiendo, una pequeña sonrisa en sus labios. Ese leve gesto que sentía tan propio. Una sonrisa que solo le daba a ella.
Mierda, sentía su cráneo repugnante arder con cada pensamiento similar.
"¿Puedes quedarte aquí un momento, conmigo?"
Podía sentir sus orejas moverse deleitadas por el sonido suplicante en la voz de la mayor. Su rostro parecía placido, y serio, aun podía notar como seguía pensando en un bucle, pero al menos no tanto como usualmente. Agradecía que hubiese al menos una pizca de relajo y calma en su expresión.
Su mirada celeste observaba algún punto hacía afuera. El edificio no era alto, pero si tenía una buena vista que mostraba campos y casas en la lejanía, así como el sol acomodándose para desaparecer en el horizonte.
Por su parte, en respuesta, se dejó caer, sentándose en el suelo alfombrado, ubicando su mirada hacía el mismo punto que miraban los celestes.
"No tienes que preguntarlo. Me quedaré aquí el tiempo que quieras."
Weiss dio un 'gracias' en un leve susurro, y pudo sentir la sonrisa en su voz.
Maravilloso.
Podría estar ahí, atornillada a su lado, hasta que perdiese el aliento, la vida.
No supo cuánto rato estuvieron ahí, inertes, mirando el horizonte.
Podían ser simplemente algunos minutos, ya que el sol aun no bajaba lo suficiente, pero, de todas formas, parecía una eternidad. No se estaba quejando, mientras más longevos fuesen los segundos al lado de Weiss, aun mejor para su persona. El único movimiento que estaba ejerciendo era su pulgar pasando por el dorso de la mano de Weiss, en círculos.
Le agradaba esa confianza, a pesar de todo.
De hecho, le gustaría poder pasar aún más tiempo con ella, poder pasar más momentos así, haciendo nada y haciendo todo a la vez.
Fue su culpa que aquel momento se acabase.
Bueno, no su culpa, pero si la alerta natural en su cuerpo corrupto.
Sintió un extraño ardor en la espalda, como un escalofrío pasar por su columna y llegar hasta la base de su cola. Podía sentir como cada uno de los pelos de su nueva adquisición se levantaban. Había sentido eso antes, pero como esto, esto era nuevo. Incluso su propio cabello reaccionaba así, lo cual antes no ocurría. Sus garras también se unieron a aquel extraño espasmo, palpitando en la punta de sus dedos, se vio soltando a Weiss, temerosa de lo que podía ocurrir.
¿Qué era eso? ¿Qué significaba?
Luego sintió el aroma. Se vio a su misma olfateando el aire, buscando esa leve pista en el ambiente, buscando su origen, su dirección.
Lejano, muy lejano, pero acercándose.
Sabía que se estaba acercando.
Se sintió alerta de inmediato.
Reconocía ese olor.
El doctor.
Iba a destruirlo. Ahora si lo haría.
Ya podía saborear la sangre en su boca.
Lo iba a despedazar.
