EYE FOR AN EYE

-Pacto-

Se sentía extraño caminar por las instalaciones de Atlas, mucho más al haber sido exiliada de ese lugar, de esa ciudad.

Ahora era una heroína.

¿En serio?

Realmente habían cometido un error.

No era un héroe, y si bien antes lo fue, o al menos intentó serlo, al seguir adelante a pesar de las ganas de matar consumiéndola, la misma ciudad la tachó erróneamente. Antes quería ayudar, pero como quería ayudar a todos y no solo a Atlas, estos le dieron la espalda, y no solo la ciudad, si no que también sus amigos.

Fueron momentos tensos que no olvidaría, y que la marchitaron un poco más.

Esa vez, se dio cuenta que no importaba que camino siguiese, nunca tomaría la decisión correcta, siempre cometería un error y los demás le darían la espalda. No era confiable, así que dejó de intentarlo, dejó de obligarse a ser una persona que ya no era, y al parecer así las cosas salieron mejor.

Ellos se acostumbraron a eso, o al menos en cierta medida, lo suficiente para dejarla ser, para darle su espacio y no buscar conflicto.

Porque iba a ganar.

Iba a ganarles a todos.

Ese día dejó de confiar en su hermana, así como su hermana dejó de confiar en ella. Pero era entendible, no eran las mismas personas, habían escogido un camino diferente, no solo una vez, si no que muchas veces, así que estaba claro que no podrían seguir unidas para siempre.

Y luego de engañarlas para buscar a Cinder, dudaba que esta volviese a seguirle el juego.

Pero estaba bien, estaba destinada a quedarse sola, solo necesitaba tener los refuerzos necesarios para lograr sus objetivos, y luego todos podían odiarla. No le molestaba, de hecho, se sentía bien que la odiasen, se lo merecía.

Había matado a Ruby Rose, así que se lo merecía.

Se topó con varios guardias durante su larga caminata, estos mirándola, murmurando para sí mismos. Sabían quién era, y sabían a quien venía a ver, así que no se entrometían. Lo que era bueno, no necesitaba a más personas metiéndose en sus asuntos.

Ahora se preguntaba, ¿Qué les había dicho Weiss para conseguir una reunión? ¿Para permitirle entrar ahí? ¿Visitar a una terrorista del mundo?

Si, sacar información.

Si, estaba segura de que dijo lo más lógico para que ellos aceptaran. Weiss aun pensaba con claridad, se mantenía con los pies en la tierra, mediando entre ella y el mundo, y era valioso el tenerla cerca. No habría podido entrar allí sin tener a Weiss moviendo los hilos, si hubiese sido su propio deber el garantizar esa reunión, tal vez se le habría escapado la verdad.

Y eso no era bueno.

Weiss no debía de saber con exactitud que pasaba por su mente, pero si tener una idea bastante general. Al fin y al cabo, Weiss podía leer su mente.

Weiss era la única que la entendía.

Lamentablemente no podía hacer lo mismo por Weiss, y le gustaría, porque ansiaba saber una cosa en particular, que siempre pasaba por su mente cuando la veía y cuando sentía su propia cicatriz arder al mirar la ajena.

¿Weiss estaba conforme con que su padre estuviese encerrado? Se vio deteniéndose, mirando alrededor. ¿Jacques Schnee estaba en ese lugar también? ¿Encerrado? Tal vez Weiss quería matarlo también, quería hacer de las suyas, vengarse por esos años de dolor, o quizás ya estaba resignada a como pasaron las cosas, tal vez para esta era suficiente con saber que no tenía poder alguno.

Ya se había dicho a si misma que la muerte no era digna para un hombre que no mató a nadie con sus propias manos, y si, el padre de Weiss era poderoso, pero no era realmente fuerte, solo un humano normal, y contra alguien como Weiss no tendría ni la más mínima oportunidad, a la primera su compañera lo asesinaría, fácilmente, y así no era tan divertido.

No habría dificultad.

No habría satisfacción.

Siguió caminando, aceptando que aquella era la realidad absoluta.

Era mucho mejor el encontrar una presa difícil, una que huyese, pero que atacase, que fuese capaz de contraatacar, ahí la muerte se sentía mejor.

Apretó los dientes, sintiendo su cruz arder ante los pensamientos de la muerte, pero debía soportarlo, debía soportar todo.

Encontró su destino frente a una de las puertas, el guardia abriéndole la puerta, permaneciendo alejado. Era una celda después de todo, con seguridad, impenetrable e inescapable, no necesitaba que un guardia escuálido hiciese nada, o de ser así, Neo ya lo habría asesinado a él y a los demás.

Se topó con una habitación blanca, rectangular, que se separaba en dos, en el lugar de las visitas y en el resto de la celda, ambos lados separados con una barrera electromagnética que causaba una descarga ante el menor tacto. Había una cama y sector más privado donde el preso podía hacer sus necesidades. Se veía todo limpio y pulcro, y era de esperarse de Atlas.

La mujer dentro de la celda dio un salto al verla, poniéndose a la defensiva. Le saludó con una mano, y recibió una mueca de profundo odio en el rostro de esta, sus dientes apretados, su mandíbula tensa, su ceño fruncido, y no solo eso, si no que notó como la mano que manejaba su arma se apretaba, como si su quitasol siguiese ahí, en su lugar correspondiente, pero no, estaba lejos, tal vez demasiado.

¿Así se veía ella misma? ¿Esa era la mueca de profundo odio que vio Cinder en sus últimos momentos?

Se apoyó en la pared, y se vio deslizándose hasta quedar sentada en el suelo.

Esa era la ira, esa era la rabia, esa era la expresión de una persona que lo perdió todo y lo único que necesitaba para calmar aquel dolor es matar. Lo sabía por experiencia propia.

¿El dolor se iba?

No, nunca se iba, el dolor siempre permanecía, solo que aparecían otros sentimientos, como la satisfacción, y aquel seguía en ella. La cruz en su rostro ardía con sus pecados, con su corrupción, pensaba en aquel sentimiento, pensaba en la satisfacción que sintió, y el tener en su mente otro objetivo, hacía que el dolor se calmase.

Miró hacia arriba, sintiendo la luz blanca haciendo arder su ojo. Era la pureza, la pureza la quemaba.

Bajó la mirada, solo para mirar a la mujer frente a ella, las ropas de esta en particular.

Algunas partes tan blancas.

Se vio sonriendo, notando el sombrero de Roman en su cabeza, el rojo de Roman.

Al final, siempre había rojo en el blanco.

Siempre había muerte en la pureza.

Siempre había pecado.

Soltó un suspiro, intentando concentrarse, sin que su mente se fuese demasiado lejos. Debía pensar, debía asegurar su camino, y Neo conocía una parte de aquel bando que el resto del mundo ignoraba, que desconocía, y tener esa información a su alcance le sería útil para descubrir la verdad, para marcar su objetivo.

Necesitaba a Neo a su lado, pero eso solo la llevaría a la muerte, y tenía clara cuál era la razón de su odio.

No podía morir aún, no podía arder aún, debía hacer arder a alguien primero, ya luego podría pagar por sus pecados en vida.

Por suerte, la verdad estaba de su lado, las acciones que su antiguo yo hizo, o más bien, las que no hizo.

Miró a la mujer a los ojos, al par de ojos bicolores.

"Poco a poco, con el pasar de los años, fui entendiéndote más. Al principio no podría haber tenido atisbo alguno de cuál era la razón del odio que sentías hacia mí, pero ahora lo sé, ahora soy capaz de no solo de entenderte, si no de sentir aquella ira en mí misma."

Notó confusión en el rostro de Neopolitan, pero la ira no se le quitó del rostro, ni por un solo momento.

Tal vez no se estaba expresando como debía, ahora le costaba.

Su cerebro solo tenía el pecado, ya apenas podía haber con normalidad, y de no ser por Weiss, ya sus propios amigos la habían matado.

Hizo el esfuerzo de levantarse, aun sentía algunas partes del cuerpo tensas, débiles, o tal vez era la mera sensación de adormecimiento que sentía últimamente. No había dolor, nada, pero la dejaba sintiendo como si sus extremidades no estuviesen unidas a su torso.

Se paró frente a la mujer.

"He crecido, ahora soy capaz de entender lo que ocurrió. Así que ahora te contaré lo que realmente pasó aquel día."

Escuchó un golpe, y supo que era el pie de Neo contra el suelo, un tumbo que hizo que todo el piso resonara. Podía sentir la ira, la rabia, salir desbocada de la mujer, y el hecho de estar parada en frente le causaba incluso más ira. No parecía para nada receptiva ante su aparición ni parecía querer escucharla.

No podía ser Ruby ahí, no esa Ruby.

Ruby Rose estaba muerta, por ende, la persona que lastimó a Neo, también lo estaba.

"Solo escuchame un momento. Se que me odias, yo misma sentí odio durante años y no me detuve hasta conseguir mi venganza, y por eso mismo, porque se cómo se siente, te dejaría matarme, te dejaría hacer conmigo lo que quisieras, porque ahora que sentí aquello, que sentí el disfrute de la venganza, desearía que todos lo sintieran, y sé que tú estás lista para sentir la verdadera satisfacción."

Neo parecía sorprendida con sus palabras, incrédula, pero hablaba en serio. Si tuviese que morir a manos de alguien, disfrutaría que la hiciese arder alguien que realmente la odiase, alguien que sintiese tanta ira en su interior que era capaz de ensuciarse con tal de sentir satisfacción.

Apreciaba ese sentimiento, ahora lo apreciaba.

Tal vez expresarse así no era la forma correcta, se había dicho que no debía hablar así en voz alta, de todas formas, aun debía mantener algo de su antiguo yo para evitar ganarse incluso más enemigos. Sin embargo, Neo apreciaría más esa nueva versión de ella que la anterior. Esta vivía rodeada de villanos, y por suerte, ahora era uno.

Se acercó a la pared trasparente que las separaba, y notó el cuerpo pequeño de la mujer poniéndose tenso, aún más, como si estuviese lista para atacarla, incluso lista para sobrellevar el dolor de estrellarse contra esa división que las separaba, la que debía darle una descarga.

Neopolitan la odiaba, así como ella odiaba a Cinder, y si estuviese en los zapatos de la mujer, y Cinder estuviese en su lugar, no tendría el menor miedo de sufrir dolor con tal de tener la menor posibilidad de lograr lastimar a la persona que más daño le había causado.

"Tengo dos cosas que decirte, así que no te enojes aún y dejame terminar primero."

Esta se paró recta, resoplando, fastidiada, sus brazos ahora cruzados frente a su pecho. Su postura estaba tensa, pero no como antes.

Quizás decirle la verdad sería suficiente para mantenerla cerca, aun así, dudaba que esta le creyese, sin embargo, eso era aún mejor, porque el fuego en su interior, el pecado carcomiéndola, seguiría ahí, y no había miedo, no habría dudas, necesitaba a alguien así en su equipo.

"Yo no maté a Roman, sé que crees que así fue, pero no es cierto. Yo era solo una niña en ese entonces, no tenía ni la fuerza ni la habilidad para matarlo, y, de hecho, ni siquiera estaba lista para matar. Te aseguro que, si esa pelea hubiese ocurrido ahora, no tengas dudas de que no me habría importado perder mi vida con tal de asesinarlo."

Neopolitan le hizo un gesto, como si le preguntase un '¿Entonces quien lo mató?', o al menos eso asumió de aquel movimiento.

"Yo estaba a punto de perecer en sus manos, él iba a matarme, llevaba siendo golpeada repetidas veces, estaba cansada y a penas me podía mantener de pie. Ya me había resignado a que en cualquier momento el cañón de su arma apuntaría a mi cabeza y sería mi fin, sin embargo, un Nevermore apareció, devorándoselo, salvándome la vida en el proceso."

Tal y como imaginó, había cierta incredulidad en su mirada, pero también había confusión. ¿Por qué? Pues era claro, ¿Por qué dudaría de sus palabras? No tenía sentido creer que le mentía. Era así. Esa niña, la niña que era en ese entonces, creía que todos tenían bondad en ellos, incluido Torchwick.

Creía que tenía salvación, como todos, por lo mismo no lo habría asesinado.

Ahora era diferente.

Ni siquiera dudó con Cinder, por ningún momento creyó que esta tenía salvación, porque no la tenía, y solo la muerte la haría recapacitar, de alguna forma. Le dio muerte, sí, pero fue una salvación, salvó el alma corrupta de Cinder al usar el ojo de su madre, que quemó todo lo malo en su ser.

Su alma se fue limpia, y se merecía un agradecimiento por eso.

"Y segundo, te necesito. Necesito a alguien como tú a mi lado, y tenemos al mismo enemigo, Salem. Ella controla los Grimm, ella creó tales monstruos, ella es la razón de que Roman esté muerto, y no solo eso, si no que Salem fue la razón de que él fuese llevado a ese punto, a ese lugar, a ese momento. Sola no tendría la oportunidad de matarla, pero juntas sí. Además, sé que tienes información que me sería de utilidad."

Neo frunció el ceño, sus ojos mirándola, juzgándola.

No iba a aceptar, y sabía que esta no iba a aceptar.

Sonrió, mientras se alejaba de la división. Tenía unas ganas extrañas de tocarla, de sentir como la electricidad pasaba por su cuerpo, quemándola, pero dudaba que sintiese algo.

Aún no era momento para su redención.

"Probablemente quieres matarme, y sé que nada te quitará esas ganas. Así que, dejame ofrecerte un trato. ¿Por qué no peleamos? Si te gano, te unirás a mí y me ayudarás en mi venganza contra Salem. Y si me matas, pues, los guardias te volverán a encerrar y perderás tu libertad para siempre, sin la menor posibilidad de volver a ver la luz del sol."

Neo apretó los labios, pensativa.

Prácticamente podía escuchar sus pensamientos pasar rápidamente por su cabeza.

Tendría la oportunidad de matarla, de tener la sangre ajena en sus manos, el sentir el cierre que tanto deseaba, sin embargo, perdería su libertad, y si lo pensaba tanto, era porque la libertad era algo que para ella debía ser importante.

Ahora su presa era al fin suya, al fin podría saborear la venganza sin que nadie se entrometiese, ni Cinder, ni nadie más.

Esta se movió por la celda, buscando lo que parecía ser una pizarra. Ni siquiera tenía un scroll a mano para poder comunicarse, y no le serviría de mucho, no entendía porque se lo confiscaban. No es que fuese a llamar a alguien.

No tenía a nadie después de todo.

Esta comenzó a escribir, para luego acercarse y mostrarle.

"¿Cómo planeas sacarme de aquí para enfrentarnos?"

Exacto, para pelear, necesitaban estar fuera de ese lugar, o en su defecto, ella entrar en la celda, sin embargo, ninguna buena batalla se podría hacer en un lugar tan reducido, menos ellas que lo que tenían a su favor era la agilidad.

Necesitaba un lugar grande.

¿Dónde iba a encontrarlo?

Pues ahí, en Atlas, en el mismo edificio donde estaban, era una tarea fácil. Había mucho espacio, además de barreras de seguridad cada tantos metros. Ahí tendrían un respaldo de que la mujer que tenían presa no huiría.

"Me consideran la salvadora de Atlas, creeme que puedo conseguir sacarte por unas horas. Ellos confían en mí, lo cual es una absurdez, no debieron darme una segunda oportunidad. Este lugar es un arma de doble filo, y no voy a quedarme aquí demasiado, ni yo, ni tú."

Neo parecía querer decirle algo, pero no le puso atención, su mente nuevamente vagando en aquel alboroto de pensamientos que era su cabeza.

Necesitaban tener una nueva base, un nuevo lugar donde poder quedarse donde estuviesen a salvo, y ahí, en Atlas, era imposible. Vacuo era el mejor lugar donde huir, al desierto. Necesitaban algo para poder ganarse a esas personas, y lo primero que pensó fue la lampara. La lampara por su perdón. Si, esa era una idea que el resto del equipo aceptaría, para sentirse más tranquilos.

Al menos ya no tendrían a Atlas molestando.

Podría llevarles también la reliquia que mantenía la ciudad flotando, pero el simple pensamiento hizo que su ojo ardiese, que cuenca picase.

No, había gente inocente que no se merecía eso, así que no lo haría. No aún. Si atrapar a Salem, si ejecutar su venganza, necesitaba tales acciones, entonces lo haría.

Por su madre lo haría.

Recordó el paquete en su bolso tras la espalda.

¿Qué le dijo Weiss? Si, que lo abriese cuando estuviese lista para salir de ahí. ¿Del hospital? ¿De Atlas? Sea como sea, ya estaba lista para salir de ambos lugares, estaba lista para seguir adelante, para dejar ese asqueroso lugar y rastrear a su presa.

Lo sacó, y lo abrió.

Se quedó un momento estupefacta, mirando el detalle en la tela. Era un parche, un parche para su rostro, para ocultar su ojo. Weiss sabía lo mucho que lo odiaba, que odiaba ese castigo que la humanidad le dio, que Atlas le dio. Ahora notaba el emblema de su madre en la tela negra, el cual estaría sobre su ojo, sobre lo que perdió.

Si, lo haría por su madre, desde ahora, seguiría adelante por su madre e iba a descubrir la verdad, y luego iba a aniquilar a Salem, torturarla, lo que sea que fuese necesario para vengar a la mujer que le dio la vida.

Se sacó las vendas aun en su rostro, para luego poner el parche en su lugar.

Notaba una mueca graciosa en Neo, como si no entendiese una mierda de lo que estaba haciendo, todo ese rito, todo ese momento en silencio.

La miró a los ojos, sintiéndose mejor. Su ojo ya no picaba tanto, y se sentía como un milagro.

Realmente tenía a la mejor compañera del mundo entero.

No podría seguir sin Weiss.

"Tú no eres como Cinder o como Salem, tú te ensuciaste por amor, porque querías vengar a quien te dio todo en la vida, a quien más quisiste, y eres capaz de dar tu vida por él, y no muchos entenderían lo que es abandonarse a uno mismo por alguien más."

Por primera vez notó algo de emoción en los ojos de Neo, como estos brillaron antes de alejarse, de mirar a la nada, pensativos.

"Yo cumplí mi venganza, yo maté a Cinder, la hice arder, y aun así el dolor de la perdida no se va. Las memorias no se desvanecen, siguen ahí, y me gustaría decirte que todo mejora, pero no es así, el rencor sigue. Pero, la satisfacción queda, la sensación de lograr un cometido así se siente bien, aunque otros lo nieguen, por eso, te daré la oportunidad de sentir aquello."

Notó sorpresa en la mujer, y no solo eso, si no que vio a aquellos ojos bicolores brillar en determinación.

Si, podía sentirla hervir en deseo, en ganar de mancharse las manos, en ganas de agarrar su arma y apuñalarla.

Quería seguir adelante, vivir, lograr su cometido, pero si Neo la hacía arder, si Neo la destruía, la hacía pagar por sus pecados, no le molestaría del todo.

"No te haré la tarea fácil."

Esta asintió, y se vio sonriendo, deseando aquel encuentro.

Si la sangre corría, le daba igual si era propia o ajena.

A estas alturas no importaba.