CORRUPTED BODY

-Reencuentro-

Tomó su capa entre las manos.

La sensación se sentía ajena.

Desconocida.

Incorrecta.

La acercó a su nariz, oculta entre el hueso y la piel, y respiró profundo.

Su olfato era evidentemente mejor que antes, y pudo sentir con definición cada aroma en la tela. Sentía el aroma de su padre, ligero, un leve atisbo. No había pensado en él, ni tampoco era capaz de aceptar que este la viese así.

Volvió a respirar en la tela, olfateando, y sintió el aroma que tenía su saco de dormir en esos años en Mistral, el aroma a arbusto, el aroma a tierra, el aroma de sus compañeros de viaje, el aroma a muerte, a Grimm.

Se quitó el aroma anterior de la nariz, y volvió a oler, una vez más.

El aroma llegó a ella, el aroma de la soledad, el aroma de la desesperación, el aroma que sintió en esa época en su viaje eterno, en su búsqueda, donde hizo todo lo que pudo para llegar a Atlas. Dejando a todo y a todos atrás. Porque la necesitaba a su lado, ya no podía soportarlo.

Necesitaba llegar donde Weiss.

Y cuando volvió a inspirar, el aroma a nieve llegó a su nariz, a rosas congeladas, a marfil, a Dust. Y luego el aroma de Weiss tan intenso, tan rígido en su memoria, plasmado en su cabeza.

No podía olvidarlo, mucho menos ahora.

Sintió sus ojos volverse rojos por un segundo, sus instintos buscando ese aroma en su alrededor, y luego desapareciendo al no sentirla cerca, y aquello era bueno, ya que, a estas alturas, su conciencia era mínima, por algo estaba saliendo de ahí, por la puerta de entrada, sin necesidad de escapar, de todas formas, no la pudieron contener antes, siendo humana, mucho menos ahora.

Iba a salir de ahí, e iba a morir con la mínima dignidad que tenía.

¿Qué le esperaba allá afuera a una persona como ella?

Había visto a faunos en sus viajes que tenían marcas similares, escamas o puas en la piel, pero ¿Cómo ella? Nunca iba a encontrar a alguien así. Iba a tener que esconderse su rostro, evitar ser vista cuando saliese en misiones, pero al menos no estaría encarcelada ahí.

Era obvio lo que era, que era.

Cualquiera que hubiese sufrido por la culpa de los Grimm lo tendría claro.

Se puso la capa, junto con el broche de su madre, y sintió su cuerpo incluso más pesado de lo que era. ¿Era el peso de sus pecados? ¿Era el peso de su madre en ella? ¿Era el peso de lo que no pudo ser, lo que no pudo conseguir? No quería usar ni su capa ni el medallón de su madre, obviamente usarlos en ese cuerpo se sentía mal, se sentía incorrecto, pero era la única forma en la que podía ocultar su cuerpo inhumano. Le daba un sentimiento de protección, siempre le causó eso, sobre todo cuando niña, solo que ahora sentía que cuidaba más al resto de ella que ella del resto del mundo.

Como sea, no le quedaba mucho tiempo, así que al menos iba a mantener ese peso sobre sus hombros, así, quizás, se sentiría un poco más humana, aunque lo que la definía como humana, o sea, su Aura, estuviese desapareciendo tanto como la piel entre los huesos.

Tocó de casualidad su nuca, y sintió trozos de hueso que no estaban ahí hace unos días.

Ya se había acostumbrado a despertar, cada día que su bestialidad salía a flote, con un trozo de hueso más en su cuerpo, así como pequeños trozos planos decorando las puntas en su cuerpo. Ellos se habían dado cuenta, por los exámenes físicos a los que se sometía, así como los exámenes de sangre, todo el mundo sabía que cada día su cuerpo mutaba más, se transformaba más, incluso podía decir que había dos dientes más en el cráneo frente a su rostro.

Se sentía incluso más inhumana cuando aquellos poderes, instintos, aparecían, así como cuando sus ojos se teñían de sangre.

Era un minuto menos de vida, una hora menos de vida o tal vez un día menos de vida, y ni siquiera quería decir una suma más grande, porque ya tenía claro que en algún momento su cuerpo se inundaría de huesos, en marcas rojizas, y finalmente se transformaría en algo que no quería ser, pero no tenía alternativa.

Ya no aguantaba más.

Weiss le dijo que seguiría asistiendo al laboratorio, intentando más pruebas, pero que también iba a mantenerse cerca, hacer misiones juntas si era necesario.

No sabía si Weiss la estaba protegiendo del mundo, o si protegía al mundo de ella, pero le parecía atractivo que esta pensara que podía mantenerla a raya.

Puso a Crescent Rose tras su espalda, y sintió aún más peso sobre su cuerpo.

Más peso en sus hombros.

Se iba a acostumbrar.

Se volteó, lista para salir de ahí, de volver a la libertad, no sin antes ocultar su imagen bajo su capucha. Se sentía mejor con su ropa usual que con esa ropa verde, sin embargo, se sentía incluso más cómoda totalmente oculta.

Ahora pertenecía en las sombras.

Blake estaba frente a la puerta, su rostro pensativo, pero no le dijo nada, simplemente abrió la puerta. Se podría decir que se habían vuelto cómplices de cierta forma. Blake entendía sus instintos, podía entender su mirada con facilidad, y ahora ella misma podía entenderla a esta. A veces se preguntaba, como sería Blake si dejase de ocultarse bajo una máscara, una incluso más impenetrable de lo que solía ser en Beacon.

Una barrera que mantenía su lado más animal de su lado más humano.

Le gustaría tener una barrera, el poder tener control de sus instintos, pero imaginaba que necesitaba años viviendo así para poder hacer algo semejante, a acostumbrarse y no dejarse dominar. A penas y podía dominar sus sentimientos humanos, mucho menos los animales, y era imposible controlar al Grimm que cada día abarcaba más espacio en su interior.

Comenzaron a caminar por los pasillos, a paso rápido, ninguna de las dos quería pasar más tiempo ahí del necesario. Weiss aún tenía unos trámites pendientes en las instalaciones, para permitir su salida y les dijo que se les uniría en casa. Solo ahí podría sentirse más cómoda, con Weiss a su lado, tal vez se había vuelto demasiado dependiente de esta.

Pero no sabía que iba a ser de sí misma sin tener la vigilancia y el control que Weiss proveía.

Y ver a Yang…

Pudo sentir el aroma de esta en la lejanía, de hecho, era el aroma que solía oler en Blake. El aroma de su hermana que no había olido desde que se transformó, y jamás lo había olido tan directamente de la fuente. Era extraño el reconocer el olor de Yang por un cuerpo ajeno.

No creyó que esta se levantaría para ir a buscarla, y, de hecho, lo notaba por el hecho de que esta estuviese ahí, en la entrada, en vez de ir a su cuarto como hizo Blake al llevarle sus pertenencias.

Había vacilación.

Sintió vacilación.

Cuando ya estuvieron cerca, pudo ver la mirada lila en ella, vio muchas cosas en su expresión, tal vez demasiadas y ni siquiera sabía por dónde empezar.

Pero eso le hizo sentir rabia.

No su expresión…

Si no cuando miró hacia otro lado, ignorándola, evitando el contacto visual.

¿No le bastaba con ignorarla todo ese tiempo? ¿Sin visitarla? ¿Hacer que no existía? ¿No era eso suficiente?

Ahí perdió el control.

Se movió rápido, no como ella misma, no como solía ser, sin petalos, sin tornados, solo sus pies dando tumbos, como si se tratase de una cacería, y lo era.

Sintió sus ojos arder, y era extraño tener la vista bañada en rojo sin ser Weiss la culpable de esa consecuencia.

Culpable de alguna forma.

Escuchó un gruñido de su propia boca, y luego acorraló a Yang, enterrando las garras en la pared detrás de esta, sin importarle ni una pizca el dañar el muro. Ni siquiera le importaba bañar el lugar de rojo.

Los ojos lilas la miraron, estaba obligada a hacerlo, no tenía nada más para mirar, solo sus ojos rojos, solo su bestialidad, su rostro inhumano.

"No me evites, Yang."

Su voz salió ronca, gruñendo de nuevo, sin controlarlo. Era un animal salvaje, un Grimm, una creatura oscura, no podía evitarlo. Yang apretó los labios, su mandíbula tensa. Se veía débil, vulnerable, pero eso no la había hecho retroceder antes, menos ahora.

"Ahora me parezco más a ti."

Le dijo, sintiendo su mueca crecer, sus propios colmillos siendo mostrados.

Yang la miró fijamente, mirando detenidamente sus ojos, los ojos bañados en sangre que ahora se asemejaban tanto a los de su hermana, y al parecer, ahora, la rabia detonaba a ambas, de diferentes formas, pero igual de letales.

Esta asintió luego de un rato, su rostro endureciéndose, volviéndose como siempre, o al menos dejando esa mueca de víctima, culpable.

Ya no había nada que se pudiese hacer, ya no debía haber más culpa, solo podían avanzar, sin mirar atrás. No tenía tiempo para eso, para lidiar con esos sentimientos, con el pasado, ya no quedaba nada. Sus ojos volvieron a la normalidad de inmediato, y agradecía a su animal interior, porque no quería enojarse con Yang, no luego de todo lo que habían hecho, de todo lo que habían vivido.

Se alejó, tomando más control de su cuerpo, manteniendo la distancia amenazante que había tomado.

"Lo siento, Ruby. Debí venir antes."

La voz de Yang sonó fuerte, pero al mismo tiempo honesta, y le alegró escucharla así. Pero no la culpaba. Ella misma se vio en esa situación años atrás, así que no juzgaría su acción, su huida, su fragilidad y su culpa carcomiéndola.

"No te preocupes, habría hecho lo mismo, probablemente."

Y era así.

Huyó de su hermana aquella vez, y si los roles estuviesen cambiados, tal vez habría sentido culpa, se habría sentido incapaz de protegerla.

Yang soltó una risa, su cuerpo dejando la tensión, mirándola ahora, normalmente, como si no hubiese pasado el tiempo, y eso era bueno.

Sintió ese aroma que tanto le agradaba, acercarse, y se vio mirando hacía el pasillo, sus dos compañeras mirando hacía el mismo lugar, siguiéndola. Su olfato era mejor que sus oídos, lo cual era un beneficio, sobre todo si se trataba de buscar a su presa.

Weiss venía caminando rápidamente, su cuerpo tenso, preocupado, pero se fue calmando cuando las vio. Tal vez esperaba algo peor, y honestamente, pudo haber ocurrido. Quizás de no saber qué iba a ser liberada, su tensión y rabia habría sido peor. Quién sabe.

Pero tenía otras personas en su mente que merecían más su odio que su propia hermana.

Cuando estuvieron las cuatro reunidas, había una pizca de calma.

Era la primera vez en meses que estaban las cuatro juntas en un mismo lugar.

Se quedó pensando por un momento.

No quería arruinar esa leve felicidad, pero debía hacerlo. Probablemente iban a encontrarse con sus otros amigos, y no podría tener tanta paz, tanta intimidad como ahora.

Había algo que debía hacer, algo que debía dejar claro.

"Espero que tengan claro que no me queda mucho tiempo de vida."

No miró a nadie, pero sentía la consternación en las tres. Nadie quería hablar de eso, nadie quería asumirlo.

Miró sus manos ocultas en la capa, notándolas incluso más inhumanas que el día en el que salió de esa piscina oscura.

"Cada día que pasa, pierdo un poco más de mi humanidad, y en algún momento no habrá retorno."

Sintió la mano de Weiss en su brazo, por sobre la capa que la ocultaba, pero, aun así, la sensación fue suficiente para generar escalofríos en su columna, así como sintió la boca salivar. Se obligo a ignorarlo, antes que se lanzara hacía esta y ahí se acabase todo.

Ahí, terminaría realmente encerrada por lo que le quedaba de humanidad.

"No digas eso, te prometí que iba a encontrar una cura."

Si, lo sabía.

Levantó la mirada, buscando la de Weiss, esta se veía desesperada.

Triste, desolada.

"Y me gustaría que la consiguieras, en serio, pero, aun así, quería discutir algo con ustedes, por si la cura no llega antes de que esto me consuma."

Se removió y miró a Blake, observando fijamente a los ámbares.

Notó pánico en esta, como si sus instintos pudiesen entender los propios.

"No puedo pedirle esto a Weiss, y sé que Yang no será capaz, así que solo puedo encargarte esto a ti, Blake."

Blake negó, automáticamente, sabiendo en su interior lo que le iba a decir, negándolo, o tal vez intentando convencerla de no decirlo, pero lo iba a hacer igual.

Debían tenerlo claro.

Iba a ocurrir.

Tenía que dejar las ordenes preparadas de antemano, y así, se podría ir en paz, tranquila.

"Si pierdo el control, si me convierto por completo en un Grimm, necesito que me mates."

Blake le iba a decir algo, pero fueron las manos de Yang la que le arrebataron el habla, estas firmes en su capa, sujetándola, amenazante. Se vio frente a unos ojos rojos, y sintió gusto de verlos, de ver a Yang tal y como se veía ella misma. Notó de reojo como Weiss bajaba el rostro, incapaz de mirar hacia arriba.

Le dolía verla así, pero la situación era de esa forma, desfavorable.

"¡No puedes hablar en serio!"

Asintió, lentamente, sin tener la mínima intención de que Yang la soltara, tenía la sensación de que, si lo hacía, iba a intentar mantener la dominancia de nuevo, y no podían salir bien las cosas. Debía mantener la calma, necesitaba acostumbrarse a su gente, no generar más caos del que ya había.

"Si llego a lastimar a alguna de ustedes, o a cualquier otra persona, no podría soportarlo. Hay días donde no soy yo misma, donde todo lo ajeno en mi me consume y pierdo por completo el control, incluso en las cosas más mínimas. Se que voy a morir, o peor, que voy a quedar atrapada dentro de un monstruo, y no quiero saber que hice algo horrendo, ni a ustedes, ni a nadie, así que lo pido como un favor."

Volvió el rostro hacía Blake, la cual lucía más descompuesta de lo que imaginó, y tal vez, su propio rostro estaba igual.

"Te lo suplico, Blake, no dejes que me convierta en un monstruo."

Y Blake, sabía de eso mejor que nadie.

Conocía a los monstruos, y sabía con claridad como era una persona que perdió la humanidad por completo.

Sus orejas bajaron en picada, mientras esta cerraba sus ojos, para finalmente asentir, cumpliendo la promesa, pero sin querer hacerlo. Nadie querría hacerlo, al menos nadie que la quisiera.

El agarre en Yang se volvió débil, ya no tenía fuerza para sujetarla, a diferencia de Weiss, cuyas manos la sujetaban del brazo con una firmeza, como si tuviese miedo de dejarla ir, de perderla, y honestamente, también tenía miedo de morir, de irse de ese mundo, de desaparecer.

No quería morir.

Pero si eso la liberaría del monstruo que se había convertido, entonces iba a aceptarlo.