CORRUPTED BODY

-Antídoto-

Había llegado el día.

Al fin lo tenía, la primera fórmula exitosa.

Y ahí estaba, en esa habitación, en esa sala, sintiéndose esperanzada, sintiéndose determinada. Creyó que no llegarían tan lejos, que todo se quedaría en teorías y suposiciones, en investigaciones sin resultados, pero no, ahí estaba, en su mano, brillando.

Quería ser optimista, en que podría funcionar, pero al mismo tiempo sabía que había peligro, que había un porcentaje de fallo, y por lo mismo no podía probarlo en Ruby, por lo mismo no podía usarlo de inmediato en esta, porque si algo salía mal, iba a perderla más rápido de lo que creía, y no quería ser la culpable de su muerte.

No podría soportar eso.

Por lo mismo, iba a probar el antídoto en sí misma.

"Señorita Schnee, no podemos permitir que se arriesgue de esta forma."

Una científica se levantó de su asiento, y otro se levantó, con la misma intención de detenerla.

"Podemos traer a algún Fauno para probar el antídoto, no debe arriesgarse usted."

Los miró, y siguió caminando a la cámara de pruebas, el vial azul con el antídoto en una mano, y en la otra la inyección para contrarrestar el antídoto en el caso de que comenzase a lastimarla, lo cual era una posibilidad. Usaron Dust para crear aquel líquido, lo probaron varias veces, haciéndolo funcionar bajo diversos reactivos, a ver si al entrar en contacto con la sangre de Ruby, la cual tenían almacenada, lograba su propósito, que era eliminar las partes corrompidas de su ADN.

Luego de mucho tiempo lograron crear una fórmula que lograba eliminar esa parte de la sangre, sin embargo, si bien cumplía su deber correctamente, aun no se sabía cómo reaccionaba el cuerpo humano ante el antídoto.

Ni siquiera dio la vuelta para mirar a esas personas, solo siguió, sin dudar.

"Esta es mi investigación, y no dejaré que nadie más se entrometa. Ruby es humana, así que debe probarse en un humano, además, de usarse en un Fauno, nada nos garantiza que el antídoto mantenga ese lado de ellos intacto."

Entró a la cámara, poniéndose los aparatos necesarios para que pudiesen monitorear su cuerpo, para monitorear sus latidos, el oxígeno en su cuerpo, cualquier cosa que pudiese cambiar en ese transcurso de tiempo. Cuando les dio la mirada a los investigadores y científicos, estos parecían mirarse con cierto secretismo.

Uno de ellos decidió hablar por todos.

"Eso sería mucho mejor, podríamos erradicar a los Faunos."

Los miró, sin creer lo que acababa de oír.

Estaba plagada en incredulidad, estaba plagada de estúpidos. ¿Ella misma sonaba así años atrás? Ni siquiera quería darlo por eso, o le daría asco siquiera usar esa misma piel. No importaba, había crecido, había madurado, ya no era así, y se sentía orgullosa de no ser como esa escoria de personas con la que tenía que convivir últimamente.

"Esta investigación es propiedad Schnee, cualquier uso fuera de su propósito inicial será tomado de manera legal y acudiré a quien sea necesario para encontrar al culpable. No permitiré actos semejantes bajo mi mando."

Y por suerte, Stanley no se encontraba, o la habría desautorizado. Al menos este no parecía molestarla últimamente, lo que era un alivio. El susto que Ruby le dio fue suficiente para que este evitase estar en el mismo lugar que ella, lo más que le era posible.

Había aprendido que su padre no le tenía tanto aprecio al doctor como este decía que le tenía, así que era un problema menos.

Él también era un racista asqueroso al igual que los trabajadores bajo su mando.

Menos mal tenía que trabajar con solo un equipo, y no con más gente, o perdería los estribos.

Realmente apreciaba mucho a Ruby para hacer todo esto por ella.

Incluso estaba dispuesta a sacrificar su propia vida.

Los científicos siguieron en lo suyo, alejando esos pensamientos y enfocándose en el experimento frente a sus ojos. Ahí al fin pudo respirar. Miró el vial lleno de líquido azul, y le sacó la tapa. El contenido soltaba chispas en su interior, era tan inestable como el Dust que usaba en sus peleas. Se sentía extraña, sabiendo todo acerca de aquel elemento y ahora estar metiéndoselo en la boca, tragándoselo.

Era sin duda una locura.

No, no debía dudar ahora, lo estaba haciendo por Ruby, por salvarla.

Ya no le quedaba mucho tiempo.

Cerró los ojos, concentrándose en eso, en ella, teniendo en cuenta cómo iba cambiando conforme pasaban los días, como luego de una gran pelea algún hueso aparecía, u otros se tornaban diferentes, creciendo. Ruby mutaba poco a poco, y temía que fuese demasiado tarde para salvarla.

Esta ya parecía estar completamente rendida a su destino, y no podía decirle nada, no podía animarla ni darle apoyo como Ruby le dio a ella incontables veces. La sacó de Atlas, la trajo de vuelva donde su verdadera familia, y ella en respuesta no podía hacer nada para devolverle el favor, ni siquiera ganar una mísera batalla. No podía protegerla en ningún sentido, y ahora que habían vuelto a hacer misiones, sus falencias se hacían aún más visibles.

Nunca estuvo a la altura.

Esta era la única forma de serle útil.

Se tragó el contenido del vial de un rápido movimiento. El sabor era extraño, algo salado y amargo, y era tan denso que creyó que no pasaría por su garganta.

Se quedó ahí, inerte, sintiendo el bolo bajando dolorosamente por su esófago, ardiendo, tal y como lo hacía el alcohol, y como detestaba esa sensación.

No sintió nada extraño aparte de el ardor del líquido bajando por su interior, hasta que una punzada le arrebató el aire. Cayó de rodillas y se sujetó con sus manos, mientras sentía su estómago retorcerse a penas el contenido llegó a su destino. La inyección, antes en sus manos, salió rebotando hasta quedar frente a ella.

Apretó los dientes, mientras ese ardor recorría todo su cuerpo.

Sus ojos, su pecho, su rostro, todo comenzaba a arder.

El dolor era tanto que recordó como cuando obtuvo su cicatriz, y se vio sujetando su ojo izquierdo y luego miró su palma, asegurándose que no estaba sangrando, y al menos no era así, solo era la sensación, nada más, o eso esperaba.

Escuchaba a los científicos gritarle desde afuera, sus voces resonando en los parlantes de esa habitación, sin embargo, no podía descifrar nada de lo que decían.

Lo siguiente que vio fueron unas marcas en sus manos, líneas azules similares a venas que recorrían su piel, esparciéndose en diferentes patrones. Recordó el hielo que lograba invocar usando el Dust, como los patrones aparecían en el suelo mientras que el hielo se esparcía.

Era exactamente lo mismo.

Se quedó perpleja mirando, mientras el dolor crecía al igual que aquellas marcas, decorando su piel visible.

"¡Use la inyección rápido!"

Alguien gritó más fuerte que los otros a través de los altavoces de la cámara, y pudo distinguir con claridad sus palabras.

Sus manos temblaban, su cuerpo temblaba, e hizo lo posible para moverse y agarrar la inyección que yacía abandonada. No dudó ni un segundo en inyectar el líquido blanquecino en su cuerpo, sintiendo una ola de calma al instante, pero el dolor seguía presente.

Soltó la jeringa ahora vacía, sin fuerzas ni siquiera de sostenerla, mientras se dejó caer al frio suelo de cerámica, forzándose a respirar con normalidad, pero sin ser capaz.

Le dolía hacer el mero acto.

Sus interiores aún se retorcían, los sentía palpitar, retumbar, temblar.

Se quedó inerte, recuperando fuerzas, sintiendo como poco a poco el ardor en su cuerpo disminuía, sin embargo, algunas marcas se mantuvieron en su sitio, sin desaparecer. Le preocupó, sí, pero ¿Que eran unas marcas azules en su piel en comparación al cuerpo corrupto de su compañera?

Nada, no era nada.

Lamentablemente esto significaba que había sido un antídoto fallido. Si Ruby sintiese eso, estaría entendible pensando que su ADN estaba siendo atacado, separando aquello corrupto, pero en su cuerpo sano no tenía ningún sentido el generar un efecto adverso, y si a ella le dolía, ¿Qué tanto sería el dolor por el que Ruby pasaría?

No podía hacerle eso.

No había funcionado, tenía todas las esperanzas puestas en ese experimento, para darle el antídoto a Ruby lo antes posible, antes que el gen Grimm en su cuerpo la consumiese por completo. Ahora deberían seguir trabajando en hacer otra variante que consiguiese el mismo propósito, pero sin lastimar el lado humano.

Solo esperaba que estuviese a tiempo. Que lograse hacerlo antes de que la perdiese.

No podía perderla.

Se levantó, con toda la dignidad que podía mostrar luego de haber estado durante largos minutos en el suelo revolcándose de dolor.

Todos parecían preocupados, aunque dudaba que fuese algo genuino, teniendo en cuenta cual podría ser el castigo que tendrían al lastimar a una Schnee, pero lo dejó pasar, no tenía fuerzas para debatir la humanidad de científicos que experimentaban en seres, para ellos, inferiores.

Algunos se metieron de inmediato en cambiar la formula del antídoto para evitar el efecto adverso, ya que, si bien la inyección contrarrestaba el antídoto, este iba a evitar que cumpliese su objetivo, así que no era la idea. Además, ahora viendo los datos del experimento, notó que estuvo su salud a un punto crítico. Ruby podría morir, y no solo eso, si no que su cuerpo sufriría el dolor de eliminar el lado Grimm, y sería una muerte horrible y dolorosa.

No iba a permitir algo así.

"Señorita Schnee, sus ojos…"

Miró a una de las mujeres, la cual estaba sosteniéndole un espejo, y no dudó en mirarse.

Notó en su rostro lo que parecía ser un copo de nieve, o al menos una de las puntas de uno, subiendo por su mejilla. Eran marcas similares a las que tenía en las manos, y no dudaba que debieron haberse esparcido por todo su torso. Luego miró sus ojos, que fue de lo primero que comenzó a arderle, y ahí se dio cuenta que el color había cambiado. Sus ojos ya no eran celestes, si no que azules. No se veía tan diferente, no todos se debían de dar cuenta, pero era claro que el antídoto le había afectado a nivel molecular.

Algunas marcas habían disminuido su tonalidad, pero otras seguían ahí, aun azules, aun intactas.

Perpetuas.

Otro científico se acercó, mirándola, observando con detención las marcas.

"La inyección debió haber detenido los efectos del antídoto."

"Debería ser el caso, pero tampoco tenemos por hecho que su efecto iba a ser inmediato, al menos el dolor cesó prácticamente al instante, pero lo otro podría tomar tiempo para volver a la normalidad."

Ambos científicos empezaron a discutir frente a ella, pero ya no ponía demasiada atención.

No tenía problema con quedarse así, incluso con volver a la cámara y experimentar consigo misma una vez más, tal vez más, lo único que le preocupaba era el poco tiempo que le quedaba.

No tenía tiempo que perder, necesitaba intentarlo, una y otra vez hasta que tuviese una respuesta positiva.

"Lo que me pase no importa, empiecen a trabajar de inmediato para solucionar la reacción del antídoto, la idea es eliminar el ADN corrupto, no matar al huésped."

Se dio media vuelta, y se alejó, sintiendo su cuerpo cansado. Se vio caminando rápidamente por los pasillos, dirigiéndose a su oficina, y agradecía que Ruby hubiese asustado a Stanley lo suficiente para que este no volviese a presentarse en su oficina, que ya se sentía demasiado molesta y abrumada para además soportar a un hombre mayor que solo la quería por su estatus y su belleza.

Se vio soltando una risa irónica mientras veía las marcas en sus manos retroceder lentamente.

¿Te gusto también así?

Lo dudaba.

Se estaba corrompiendo para liberar a su compañera, probablemente él no aceptaría algo semejante, ni siquiera aceptaba el hecho de ser una cazadora, de pelear, de mancharse.

Se sentó en su asiento, soltando un suspiro pesado, aun sentía los vestigios de ese ardor, de aquel dolor, vagando por su cuerpo. Se había arriesgado demasiado, más de lo que esperaba, aun así, no se arrepentía. Nunca se arrepentiría de hacer todo eso por Ruby.

Corromperse.

Ruby… ¿Ruby lo aceptaría?

No estaba tan segura. Era evidente que sus razones para estar en contra no serían las mismas que aquel estúpido sujeto, si no que se preocuparía de que al intentar salvarla se destruyese a sí misma, y en parte eso estaba haciendo.

Apoyó los brazos en la mesa, y recostó la cabeza encima, cerrando los ojos.

Si le hubiese pasado aquello a ella, el haber caído en esa piscina de oscuridad, el haber cambiado a nivel genético, el transformarse poco a poco en algo muy alejado de lo humano, ¿Qué habría hecho Ruby? Tenía claro que esta haría lo que fuese, Ruby no dudaría y haría lo más impulsivo y arriesgado que pudiese, como siempre, con tal de salvarla.

Como cuando la rescató de su casa.

Aun recordaba esa escena, estar ahí, en esa cama, en esa habitación, en esa prisión, sufriendo en silencio, sintiéndose furiosa, sintiéndose impotente, y Ruby apareció. Sintió que estuvo una eternidad ahí, en la mansión, los años aumentando poco a poco, pero cuando la vio, sintió que toda esa espera había valido la pena.

Ruby estaba sucia, herida, sus ropas estaban rotas, pero ahí estaba, sonriéndole, su rostro rojo por el frio, su cabello largo ante tantos años vagando por Mistral sin tener oportunidad de cortarlo, su semblante aliviado de verla, y honestamente, se sentía igual de aliviada.

Al verla, al fin tuvo la valentía de salir de ahí, de romper la ventana, de tomar la mano que Ruby le ofrecía, y escapó de ahí, se fue con ella, sin importarle nada ni nadie más que su propia libertad.

Cuando abrió los ojos, el reloj le mostraba que habían pasado algunas horas de lo ocurrido, y le costó asumir que se había quedado dormida. Buscó un espejo en uno de los cajones, y se miró, las marcas azules lejos de su piel, ni un rastro de ellas, sin embargo, sus ojos seguían así, en ese tono azulado, oscureciendo sus antes celestes irises.

Debía quedarse ahí, sin la intención de preocupar a nadie, pero no podía, debía evitar pasar demasiado tiempo en el centro, debía volver a la casa. No podía dejar a Ruby ahí, sola, o no sola, si no con los demás.

Había pasado un tiempo desde que llegó, pero todo estaba tenso aun, todo estaba fracturado en pedazos, y la actitud de Ruby de por si era impulsiva, pero ahora era además impredecible. Ellos no se acostumbraban a Ruby, nadie conocía ese lado de esta más que ella misma, así que sabía que debía estar ahí y evitar cualquier tipo de conflicto.

Aunque empezaba a creer que era su culpa que Ruby actuase así.

Ella hacía que la máscara que Ruby ponía con los demás desapareciera.

Desde que Blake le dijo aquello, de que Ruby se iba a comportar sobreprotectoramente con ella, todos sus actos empezaban a tener sentido. Con ella, por la culpa de ella, el lado más letal de Ruby aparecía con tal de mantenerla a salvo.

Pero, se sentía extraña cuando eso ocurría.

Debía enojarse con Ruby, debía regañarla por actuar así con sus amigos, con sus compañeros, pero no podía, le era imposible.

Se sentía mal por disfrutar aquello, se sentía enfermo, se sentía incorrecto.

Ruby normalmente mantenía sus sentimientos acallados, no solía decir las cosas, no solía ser totalmente honesta con algunas cosas, como con lo que le molestaba como con lo que le gustaba, siempre parecía negarse esas cosas, pero ahora era diferente.

Los instintos nuevos la obligaban a estallar, a que se viese tal y como era, a actuar sin siquiera importarle la opinión de los demás. La veía protegiéndola, acercándose, calmándose con su tacto, y no podía evitar sentirse enferma al disfrutar los efectos adversos de esa corrupción.

Tal vez por lo mismo quería curarla, y así no sentirse culpable por disfrutar de esos instintos a flote, por disfrutar la atención, por disfrutar la cercanía, por disfrutar al lobo salvaje que la quería solo para esta.

Se levantó, negando, debía recuperar la compostura.

Debía volver a casa.