DRAGON CASTLE
-Frio-
…
¿Qué le podía gustar a la dragona?
¿Cuál era su comida favorita?
Se quedó de brazos cruzados, mirando hacia dentro de la tienda.
Escuchó a Zwei ladrar a su lado, dando pequeños saltos, levantando sus patas delanteras. Lo miró, con la intención de leer su expresión.
Si, realmente se consideraba buena leyendo expresiones inhumanas.
"Si, no olvidaré su café caliente."
Se sacó el bolso de la espalda, usualmente estaba más lleno, pero ahora solo tenía un par de cosas para subir a la montaña, como el gran jarrón de hierro que compró. Nunca necesitó algo semejante, pero conservaría mejor el calor, mucho mejor que su cantimplora. Tal vez le volvería a ser útil si es que la dragona la invitaba de nuevo.
Se vio sonriendo en anticipación.
No recordaba haber estado tan emocionada nunca, iba a merendar con un ser prácticamente legendario, era un hito.
Tomó el jarrón e iba a entrar finalmente a la tienda, pero se detuvo.
"¿Crees que le guste azucarado como a mí?"
Zwei la miró, su diminuta cola deteniendo sus movimientos. No, parecía que no. De hecho, pensaba lo mismo. Weiss parecía muy diferente a ella, así que iba a tomar la mejor apuesta. Aun así, llevaría azúcar, quien sabe, mejor prevenir.
Ya con sus provisiones listas, comenzó a subir por la montaña.
Era temprano en la mañana, así aprovecharía de hacer todo a tiempo, y así no la atraparía la noche. Aun no estaba acostumbrada a ese lugar, a esas bestias, ni tampoco al frio. Pelear con su Aura consumiéndose por el clima gélido no parecía una buena idea.
Soltó un suspiro, solo para ver el vapor salir de su boca.
Si no estuviese caminando a paso rápido tal vez se estaría congelando, y agradecía tener su Aura más fuerte que nunca, de hecho, si, se alegraba de tener un Aura bien entrenada, de no ser así, tendría muchas cicatrices que no pudieron curarse a tiempo. Pero no era así, su piel estaba sana, ni siquiera aquel día, cuando ese asesino la atacó, dejó alguna marca, y lo agradecía cada día. Ya era suficiente con la marca que dejó él en su vida, la marca que dejó ese grupo en su aldea y la marca que dejó ella en su corazón.
Suspiró de nuevo, ahora genuinamente.
A veces olvidaba, en toda la emoción que sentía día a día en esa interminable aventura, que eran ellos la razón de seguir moviéndose, de seguir escuchando, de seguir atenta a su alrededor, a las aldeas, a las personas, a las bestias.
La marca que ellos dejaban era grande, pero no había oído de ellos últimamente, lo cual era bueno, o tal vez estaban demasiado lejos de su posición. Lo que era desafortunado. No podría hacer nada, solo esperar a que se los volviese a encontrar.
Prefería no pensar en esa gente, solo traía dolor, pero al mismo tiempo se rehusaba a olvidarlo, no quería que nadie más pasara por eso. Ya era suficiente con todas las muertes humanas que se llevaban las bestias, una tras otra, para que llegasen esos sádicos a quemar aldeas y asesinar por diversión.
Al menos las creaturas se comían a sus presas, al menos humanos morían por el bien de otro ser vivo, pero…
No, no quería seguir pensando en eso, ya empezaba a sentir el amargor en su boca.
Levantó la mirada, el castillo notándose desde la distancia.
Ahora podía relajarse un poco, quería relajarse, tal vez necesitaba tomarse un momento y disfrutar la vida, dejar que su vida girase en torno a los demás, volver a ser esa persona egoísta que solía ser años atrás, al menos lo suficiente para no sentir el peso ajeno del mundo sobre sus hombros.
Quería disfrutar, luego de todos esos años de trabajo duro.
Cerró los ojos un momento, sintiendo una brisa fría pasar por su lado, helándole la nuca. Esperaba que no fuese una señal de su madre.
Iba a disculparse de antemano, no queriendo molestar a su madre, a la heroína del mundo, la persona en la que quería convertirse, por tener pensamientos egoístas, pero no podía evitarlo, le parecía demasiado interesante amistarse con la dragona, pero al mismo tiempo, sabía que esa dragona no la estaba pasando bien ahí arriba, encerrada en el castillo, alejada de todos, sintiéndose vulnerada por los humanos que la osaban atacar sin mayor razón.
Así que si, estaba haciendo algo bueno y al mismo tiempo estaba feliz, divirtiéndose.
Esa diversión podía costarle caro, como la vida, pero dudaba que la dragona fuese a matarla, o eso esperaba.
Soltó una risa y Zwei la miró, sus ojos curiosos.
"Morir por un ataque de un dragón suena a una manera interesante de morir, ¿No crees?"
Zwei soltó un quejido triste, no parecía estar de acuerdo.
Más que morir, le aterraba lo que le pasaría a Zwei si lo dejaba solo en el mundo, no es que no pudiese cuidarse solo, era mucho más capaz de que otros perros, aun así, le daba cierta tristeza abandonar a su camarada.
Pasó a través de los muros, el lugar cubierto en nieve, más que la última vez.
Ahí hacía mucho frio ante la altura de la montaña, y sintió como su Aura tembló. Sintió escalofríos pasando por la columna, su cuerpo temblando, sobre todo sus rodillas. Por poco y cae al suelo, y eso le parecía demasiado denigrante para considerarse una cazadora de alto rango.
No entendía como en ese continente hacía cada vez más frío, creyó que en algún momento llegaría la época cálida, pero no. Había escuchado que las tormentas estaban azotando el mar, así que los barcos no podían entrar a mar abierto, o saldrían en pedazos, así que se podría decir que estaba obligada a quedarse ahí, sin poder seguir su camino.
Al parecer el desierto tendría que esperar.
La rota mansión no parecía evitar que el frio entrase, ya que estaba abierta y rota por tantos lados que era imposible contener el más mínimo calor. Se vio envolviéndose con sus manos, intentando taparse con su capa, no es que fuese a tapar demasiado con la tela delgada y agujereada.
Realmente necesitaba ir de caza y obtener algunas pieles, no podría sobrevivir así.
Sintió como la brisa de hace unos momentos volvió a pasar por su espina, y ya no era su madre, estaba segura. Entró por el mismo hueco por donde ella entró, el frio persiguiéndola. Sintió un escalofrío pasar por su columna, de nuevo, e incluso Zwei se removió, su cuerpo engrifándose.
No lo contuvo, y estornudó.
Escuchó como su estornudo resonó por las vacías paredes, una y otra vez, en un eco infinito.
Ahora se sentía avergonzada y con frio.
Llegó al salón principal, aun sintiendo la columna temblorosa.
Al parecer su Aura se estaba debilitando, o el frio estaba aumentando, sea como fuese, su cuerpo estaba siendo sometido ante el frio.
"Creo que no fue el mejor día para subir a la montaña."
Su voz sonó temblorosa, sus dientes castañeando, y aun no podía creer lo débil que era ante el frio. Era un cazador de un buen rango, perseguía y mataba bestias con precisión, pero ahí estaba, temblando por un poco de frio. Dejó su mochila en el suelo, pero extrañó de inmediato el calor de la jarra de hierro en su espalda.
Si tenía frio con eso ahí, ahora tenía incluso más.
Escuchó ruido a la distancia, un aleteo lejano, ni siquiera alcanzó a llamar a Weiss para avisarle que había llegado, esta simplemente se acercaba, y temió que fuese porque la escuchó estornudar.
La dragona entró por el techo, aleteando lentamente, prácticamente flotando, y se fue acercando al suelo. Sus movimientos eran gráciles para lo grande de su cuerpo, y a todo esto, no sabía si era idea suya o esta se veía un poco más pequeña que las últimas veces que la vio. Bueno, si podía cambiar su forma física, no creía que fuese un problema el cambiar las dimensiones de su cuerpo.
Las alas empezaron a crear un tornado en el lugar, el viento frio, congelado, el viento de afuera, y se vio estornudando de nuevo, este haciendo eco por el lugar, …de nuevo.
Ya estaba harta del frio.
Cuando la dragona se quedó quieta en su lugar, veía una expresión graciosa en su rostro, similar a la confusión, o tal vez si era confusión, podía leerla, sí, pero aun así era difícil asumir, le daba algo de terror equivocarse.
Traerme un resfrío no estaba en el trato.
Se sostuvo la nariz, como si eso fuese a detener un resfrío, o como si fuese a detener sus posibles estornudos, o como si eso fuese contener un virus en su lugar para que no le llegue a la dragona.
Un momento.
"¿Puedo pegarte un resfrío?"
Esta ladeó el rostro, pensativa.
No tengo idea, pero mientras no me pegues tu estupidez humana me da igual, un resfrío no podría hacer nada contra mí.
Ah.
Eso sonaba incluso más complicado de pegar, creo.
"Bueno, por suerte no tengo un resfrío, solo es este frio que está debilitando mi Aura, apenas puedo mantenerla en su lugar."
Se sentó en el suelo, su mochila entre las piernas mientras comenzaba a abrirla, el jarrón de hierro parecía hervir ante el frio del ambiente, y deseaba estar así de caliente. De hecho, se vio dejando las manos ahí, ni siquiera le importaba que se le quemaran las manos, de todas formas, a penas y las sentía.
Si sentía dolor era algo bueno, ¿No?
Ya no estaba tan segura.
"Ven aquí, te traje café, hay que tomarlo pronto antes que se congele con este clima."
Miró a la dragona, la cual estaba inerte. Podía notar los ojos celestes brillando desde su posición en lo alto, observándola. Dio un salto cuando esta hizo un movimiento, elevándose, sus alas volviendo a mover el aire. Obviamente volvió a estornudar, y ya sentía la nariz irritada.
"¡Se va a enfriar!"
Le gritó, pero esta desapareció por la ventana, sin decir nada.
Miró a Zwei, esperando que este pudiese decirle que rayos pasaba por su cabeza. Pero ambos tenían la misma confusión.
Si no hubiese escuchado como el aleteo se acercaba, habría vuelto a saltar de la sorpresa. Por inercia se tapó el rostro con los brazos esperando que eso evitase que el aire le congelase el rostro y por ende volviese a estornudar una vez más.
Escuchó un peso caer, y luego uno incluso mayor.
Cuando se asomó de entre sus brazos, notó un árbol seco frente a ella. No era demasiado grande, se veía diminuto en ese salón y debía verse como un mondadientes para las fauces de la gran bestia a su lado. Pero para ella, seguía siendo una gran pieza. No alcanzó ni a preguntar que pasaba, solo sintió el aroma a azufre y volvió a taparse el rostro.
Era una muy mala forma de protección si es que quería protegerse de un ataque directo, pero confiaba en que Weiss no la iba a quemar viva, y ahora lamentaba el haber dicho que el dolor de una quemadura se sentiría bien con el frio que tenía. Si llegaba a decirlo en voz alta, adiós Ruby Rose.
El calor se sintió abrumante, lo suficiente para sentir su cuerpo entumecido, pero lo agradecía.
Weiss había traído un árbol seco de afuera y lo había encendido con su fuego.
Se vio mirando a la dragona, la cual tenía su cabeza en alto, orgullosa.
Dragona 1, humana 0.
Se vio riendo, sabiendo que por mucho que la dragona quisiese presumir de sus capacidades, lo había hecho para ayudarla, y lo apreciaba. Era una buena persona. ¿Podía considerarse persona o eso solo era relativo a la humanidad? El ayudarla era muy humano de su parte, no, no podía decir eso o esta le escupiría fuego en la cara, o hielo, para hacerla sufrir más.
"Gracias, ahora no me moriré."
Escuchó una explosión y luego perdió a la dragona de vista, los rayos de luz y magia cegándola por unos momentos.
Dio un salto al ver a su versión humana acercándose.
Esta estaba envuelta en una túnica similar a la que le vio la primera vez, pero esta lucía más abrigada. La dragona, ahora humana, se sentó a su lado, y se vio por un momento completamente atónita. No la había visto así de cerca y se vio mirándola sin tapujo alguno, prácticamente había olvidado que tenía frio.
Los ojos celestes la observaron, humanos, pero al mismo tiempo tan inhumanos. Esta se había envuelto bien en su túnica, su cuerpo luciendo muy pequeño. Su cola salía hacia atrás, serpenteando lentamente, mientras que las alas parecían pegarse más a su diminuto cuerpo.
"¿Me vas a dar café o planeas quedarte mirándome todo lo que queda de día?"
Oh.
Cierto.
Negó con el rostro, volviendo hacia el jarrón. Se vio torpemente buscando una jarra que tenía guardada, y cuando la encontró se apresuró en servir el líquido humeante. Por suerte si se había mantenido caliente, estaba agradecida.
Le tendió la jarra a la ahora mujer, las manos diminutas la sujetaron, sus uñas como garras aferrándose al material.
Se le quedó viendo, como inspiraba lentamente, olfateando el líquido antes de probarlo. Le pareció algo lindo de ver.
Era una lástima que su rostro humano fuese menos expresivo que su rostro escamoso, o tal vez era ella quien tenía más experiencia en bestias que en humanos, y podía leer el rostro inhumano con mayor facilidad.
Pero seguía siendo la misma persona, sin importar la piel que llevase.
Persona no, cierto.
"¿Estás bien aquí arriba con todo este frio?"
Sabía que no debía hacer muchas preguntas, no quería colmarle la paciencia a la dragona, mucho menos ahora que se había acercado bastante. No cerca, cerca, pero bastante más cerca. Bueno, la había visto incluso más cerca, pero no en esa forma.
Estaba disfrutando de la compañía y esperaba que esta también.
"Mi especie es apta para vivir en fríos extremos."
Bueno, era de imaginarse.
"Las escamas claras hacen que el sol rebote, si necesitases calor para sobrevivir serían oscuras, ¿No?"
El rostro humano la observó, curiosidad en su mirada, para que luego resoplara, parecía satisfecha de una u otra forma, aprovechando de tomar un largo sorbo de la jarra.
"No eres tan estúpida como creí."
Eso era un cumplido enorme viniendo de esta, y se vio riendo como una tonta en respuesta.
"Pero no malentiendas, disfruto de las cosas cálidas, como el café. Lo probé una vez hace años, pero se siente como una eternidad."
¿Años?
Se acomodó, ahora sintiendo el cuerpo menos entumecido gracias al calor de la fogata improvisada. Abrazó sus rodillas, apoyando la cabeza entre los brazos, y se quedó ahí, mirando a la dragona, intentando memorizarse sus expresiones. Tenía la sensación de que no podría verla así seguido, pero tampoco le molestaba, mientras pudiese verla ya era suficiente.
No sabía si el magnetismo que tenía era parte de su especie, pero se sentía tan cómoda ahí, en esa compañía, pudiendo descubrir cosas nuevas, aprender cosas nuevas. No quería alejarse, se sentía casi imposible hacerlo. Podía ser algo ajeno, o tal vez era ella misma quien se había obsesionado con el primer dragón que veía en la vida.
No tenía idea, pero le gustaba permanecer ahí.
"Te traeré café más seguido entonces."
Se vio sonriéndole como una tonta, mientras esta la miraba, su expresión seria, ligeramente molesta. Sentía que la agobiaba un poco con esa obsesión que tenía, si es que era una obsesión, pero tal vez era mutuo, o estaría muerta, ¿No?
¿No?
"Realmente eres agobiante."
Si, la agobiaba.
Pero no notaba una real molestia de su parte, por algo seguía ahí. Había aprendido a leer el comportamiento de las bestias, a aprender de la forma en la que se comunicaban. Debía conocer al monstruo para poder cazarlo, no es que fuese a cazar a Weiss ni pensara que era un monstruo ni nada similar, para nada, aun así, era evidente que si no se alejaba era porque se sentía lo suficientemente en confianza para estar ahí.
Y eso la hacía sonreír.
Ya quería volver.
