EYE FOR AN EYE
-Rencor-
…
Caminaron en silencio desde el hospital hasta el lugar donde tenían a Neopolitan aprisionada.
Era el día.
Su cuerpo se sentía bien a pesar de todo, ya no necesitaba más estar en ese lugar, en esa habitación de hospital. Weiss tenía razón, no le estaba haciendo bien el permanecer ahí. Su cabeza solo tenía lugar para esos pensamientos, para malos pensamientos, si antes apenas dormía, ahora eran los sueños sobre lo que podría haber pasado, sobre sus recuerdos rotos, sobre lo que Salem le hizo a su madre.
Se vio sonriendo.
Los demás ahora estaban buscando la forma de hacer un trato con Vacuo, estaban moviéndose, ese era su trabajo y estaban dispuestos a llevarlo a cabo porque ansiaban libertad, porque ellos sabían lo que Atlas les había hecho en el pasado y a la primera les volverían a hacer lo mismo.
Al más mínimo error iban a ser perseguidos, eso creían.
Lo que no sabían, es que la razón de que serían perseguidos sería por ella, tal y como la primera vez.
Pero por supuesto que no les diría. No iba a cometer un error así. Lo único que tendrían que saber es que Neo sería útil para derrotar a Salem, que necesitaban más aliados, y ellos lo entenderían, no tendrían de otra. Ellos querían salvar al mundo, así que debían de aceptarlo.
Las piezas ya se estaban moviendo, y su obligación era solo una.
"¿Estás segura de esto? Neopolitan sigue siendo un contrincante difícil de derrotar."
Miró a Weiss, esta miraba al frente, se veía consternada, preocupada, tal y como cuando le contó lo que haría, el trato que hizo. Pelear para ganar un aliado o para morir, por supuesto que era incomprensible para esta, de todas formas, no podía confiar en Neo, no luego de tanto tiempo estando en los polos opuestos de una misma guerra.
Incluso el tenerla de aliaba significaba un peligro.
Se detuvo, sin poder pensar en una excusa, su cuerpo incapaz de inventarse algo y caminar al mismo tiempo.
Weiss se detuvo también, mirándola. Sus ojos celestes parecían intentar leer su mente, de nuevo.
"No tengo nada que perder."
No era lo que quería decir, pero era difícil fingir con su compañera ahí, leyéndola. Esta soltó un suspiro, pero le dio una sonrisa.
"Me alegra que seas honesta conmigo."
Weiss sabía que no estaba siendo honesta con los demás, era evidente. No podía ser honesta, no era lo correcto para que el plan funcionase, para que pudiesen salir de ahí, ser liberados. No podía perder a sus amigos, así que debía tener dos caras.
Pero no necesitaba dos caras con una persona que podía leerle la mente.
"Confío en ti, Weiss. Cuando todo esto termine, cuando lleguemos a la recta final, te necesitaré a mi lado, por eso no he vuelto a pretender contigo. Pero con los otros es mejor seguir fingiendo, no son de confianza."
Weiss la miró, pensativa, supo de inmediato en que estaba pensando, y quizás también podía leerla un poco.
"Se que no confían en ti, pero tal vez necesitan entenderte un poco para hacerlo, ¿No quieres que hable con ellos? Quizás así lo entiendan."
Si, era eso, por supuesto que era eso.
Weiss no quería que esa amistad se trizara, pero no tenía por qué pasar, no si jugaban bien las cartas.
"No, no deberías hablar de mi con ellos, o si no sabrán lo involucrada que estás conmigo, y podrían desconfiar de ti, y no creo que quieras eso. Además, necesito que estés mediando entre ellos y yo, es la única forma de poder seguir adelante sin problemas."
Weiss negó, pero no había una mueca extraña en su rostro, como disgusto o cualquier otro sentimiento negativo, lo que si notaba era una pequeña sonrisa en su rostro. Empezaba a adorar que la mujer que sonriese a pesar de todo, pero se sentía arder en pecado por lo mismo, porque estaba disfrutando de algo que no se merecía.
Poco le importaba, era egoísta después de todo.
"Ellos ya saben que estoy involucrada contigo, por algo estoy aquí en vez de estar allá. Somos compañeras, lo saben."
Asintió, lo entendía, pero era diferente. Se acercó un poco a Weiss, su ojo observando el rojo en el atuendo ajeno. Siempre había rojo en ella, por algo era su compañera, no como los demás. El rojo era lo que necesitaba, ensuciarla era lo que necesitaba.
"Eres mi compañera y lo serás siempre, sin embargo, el que tengamos esta unión no significa que apruebes lo que yo haga, y aunque estés de mi lado, es mejor que ellos no lo sepan con certeza. Que estés en la zona gris es lo más conveniente."
Weiss asintió, lentamente.
"Si me ven involucrada, probablemente se involucren también, y no quieres eso."
"Exacto. No quiero que se metan en mis asuntos, si saben demasiado, terminarán en mi contra, y quiero descubrir la verdad, quiero saber sobre mi madre, quiero vengarla, pero si ellos se meten en mi camino, los resultados puedes ser devastadores. Prefiero que se mantengan lejos, así no saldrán heridos por mis deseos egoístas."
"Tienes razón."
Weiss habló, su voz sonando débil. Ambas sabían que ese destino, que esa situación, que derrotar a Salem, que buscar aliados para enfrentarla, solo terminaría en muerte, y se iba a sacrificar, porque quería ser quien se llevase la medalla al final, quien lograse someter a esa mujer, la iba a hacer pagar por sus pecados, y no iba a dejar que nadie más le arrebatase a su presa.
Y era capaz de todo, lo sabía, incluso de aniquilar a sus amigos para poder saciar la sed que la embargaba.
Llegaron al lugar designado, una zona amplia, donde solían tener entrenamientos militares. Había una barrera electromagnética que cerraba gran parte del lugar en un rectángulo perfecto, impidiendo que quien estuviese adentro pudiese salir, tal y como funcionaban las celdas.
Ahí es donde pelearía.
Ahora solo tenían que esperar que trajesen a Neo.
"Gracias por conseguir que aceptaran mi petición."
Los ojos celestes llegaron a su ojo, podía notar como su expresión se ablandaba, sobre todo cuando observaba el parche sobre su ojo robótico. Cuando se vieron luego de su conversación con Neopolitan, esta parecía abrumada y sorprendida al verla con el parche, y estaba feliz de usarlo, se sentía más normal, o al menos ya no se sentía tan enfocada en su cruz, en su castigo. El cariño de Weiss y el logo de su madre mantenían el picor al margen, y era un descanso que apreciaba tener.
"No fue tan complicado, me diste buenas ideas para convencerlos, de todas formas, no han podido obtener nada de ella."
Al menos aun podía pensar en un plan, agradecía eso de sí misma.
Que aceptaran el soltar a un preso para intentar sonsacarle información era algo que no creyó que aceptarían. Por supuesto que había que acatar las reglas del lugar, por eso se iban a ver ahí, bajo ese techo, bajo el resguardo de las autoridades, aunque no veía a nadie ahí.
No les importaba demasiado al parecer.
Era pelea entre una delincuente muda y una traidora que les salvó el pellejo, probablemente no les interesaba si alguna de las dos vivía, o si las dos morían. Mejor para ellos.
¿Hay más presos a los que no temen perder? ¿Delincuentes de los que no han obtenido la información que tanto ansiaban?
Levantó la mirada, y buscó a Weiss. Esta la notó de inmediato, observándola de vuelta, cuestionando su mirada.
"Dije que sería honesta contigo, aun así, hay cosas que prefiero no decir, porque no quiero perderte por culpa de mi imprudencia, pero ya me lo he preguntado un par de veces y me he respondido a mí misma, aun así, quiero saber tu real opinión."
Weiss pestañeó, una, dos veces, y luego miró hacia el frente, hacía uno de los pasillos que llevaba hacia las celdas.
La volvió a leer, lo notó.
"¿Es sobre mi padre?"
Si, lo era.
Se acercó a Weiss, sintiendo su cuerpo tenso. Iba a decirle que no importaba, que no era importante, cualquier cosa que se le ocurriese, pero Weiss le hizo un gesto para que le preguntase. ¿Acaso era necesario preguntarlo? Su compañera ya debía de saber exactamente qué pasaba por su cabeza.
Aun así, abrió la boca.
"Si tuvieses la oportunidad de sacar a tu padre de su celda, ¿Lo matarías? ¿Lo traerías aquí para pelear contra él? ¿Para al fin deshacerte de él?"
¿Lo quieres hacer sangrar?
Se obligó a detener su voz, cerrando la boca, no era necesario decir absolutamente todo lo que tenía en su cabeza. Podía haberse convertido en una mala persona, pero no quería que pensaran que estaba loca, aunque de cierta forma lo estaba.
Weiss sacó a Myrtenaster de su cintura, y apuntó a la nada con el filo de su arma. Notó como el metal brilló con las luces fluorescentes del techo, soltando destellos. La cámara comenzó a girar, las botellas de Dust listas para ser usadas. Había algo relajante en ese sonido, tal vez era la calma de saber que no estaba peleando sola, que tenía a Weiss ahí para ayudarla.
Quería seguir escuchando ese sonido a su lado.
En el campo de batalla, una y otra vez.
"Odio a mi padre, siempre lo odie. Solo fui su títere, así que lo que más odiaba de él terminó siendo parte de mí, y me odié a mí misma por lo mismo. Supongo que si sentiría cierta satisfacción de luchar contra él, de finalmente demostrarle que no es mi dueño. Pero no lo haría."
Ladeó el rostro, confusa, y notó como Weiss rio en respuesta, su rostro calmo, no frio como hace unos segundos, los recuerdos de su pasado devolviéndola a la época donde el dolor fue más grande que nunca.
"Entrené muy duro desde niña, desde que decidí seguir este camino, y me volví alguien a quien él no podría alcanzar, nunca. Así que no, no pelearía con él, porque él no merece mis esfuerzos, mi entrenamiento, mi fuerza, mi habilidad. Solo perdería mi tiempo en una pelea que sabría que ganaría, así que no vale la pena."
Se vio asintiendo. Había pensado eso.
Jacques era solo un hombrecillo pequeño oculto en una careta de superioridad, pero no era nada más que un humano débil, cobarde e inútil, y su hija era todo lo contrario. No valía la pena ni siquiera gastar energía en un sujeto así.
"¿Pensaste lo mismo?"
La pregunta de Weiss la tomó desprevenida, y era así, así que asintió.
"Él no te merece, ni siquiera merece tu odio, lo entiendo. Imaginé algo así. En un movimiento lo harías polvo, que diversión hay en eso."
Weiss le sonrió, su rostro tan calmo que le sorprendía. Su padre ya no era un problema, ya no le causaba nada, ahora era superior.
"También me conoces bien, Ruby."
Se vio riendo, mientras asentía.
"Soy tu compañera, por supuesto que te conozco."
Ambas voltearon cuando se sintieron pisadas provenir desde aquel pasillo, y ahí notó a tres guardias caminando hacia su dirección, uno de ellos apuntaba su arma a la pequeña mujer que caminaba frente ellos.
Neo podría aprovechar su agilidad para huir, pero no lo iba a hacer, sus ojos bicolores estaban fijos en ella, determinados. Era la presa de Neo, y esta no podía siquiera pensar ante las ansias de matarla. Se vio temblando en anticipación.
Esa era la sed de venganza que quería ver.
La sed de sangre.
La barrera se abrió para ellas, para que pudiesen entrar, para que se diese inicio a esa batalla por la vida o por la muerte.
Se vio frente a frente a la mujer cuyos ojos seguían sin vacilar, listos, esperando a que las esposas en sus muñecas desaparecieran para poder atacarla. Estaba bien, aceptaba eso. Mientras más odio, más cerca estarían de su objetivo.
Neo entró en el agujero que se creó en la barrera, y se vio siguiéndola, sin embargo, se vio detenida. Miró hacía atrás, notando como Weiss la tenía sujeta de la muñeca. Había preocupación en su expresión, real preocupación, y entendió su miedo.
Podía morir ahí dentro, su cuerpo aun frágil, su aura débil.
"Ruby, ten cuidado, no hagas nada estúpido."
Miró la mano de Weiss en su muñeca y la sujetó, tomando la mano ajena en las suyas, apretando lo suficiente para que esta la sintiese incluso bajo sus guantes.
"Realmente eres lo único que me impide enloquecer."
Weiss le sonrió, y realmente no se podría aburrir de esas sonrisas.
"Soy tu compañera, es mi trabajo mantenerte a raya."
Y era así. Si estaba ahí, pensando, y no viajando a ciegas, era gracias a Weiss. Se sacó el parche del ojo, dándole una mirada al patrón que tan bien reconocía, sintiendo calidez provenir de un objeto, y no creía poder seguir adelante sin tenerlo. Así que debía cuidarlo.
Se lo ofreció a la mujer frente a ella, sin dudarlo.
"Cuídamelo."
Los ojos celestes parecían sorprendidos, pero asintió como reflejo, llevándose el objeto al pecho.
No quería contaminar algo tan preciado.
Weiss mantenía su humanidad, y aquel objeto hacia lo mismo, así que era lo más razonable que esta lo cuidase, en quien podía confiar con los ojos cerrados.
Finalmente se soltaron, y entró a la barrera. En la otra esquina había una mesa con el quitasol de Neo, a una distancia segura para empezar un duelo en condiciones similares. La barrera se volvió a cerrar, manteniéndolas ajenas del resto del mundo. Notó como los guardias se comenzaron a alejar, sin importarles lo que sucedería ahí.
Si morían o vivían, tal y como imaginó.
¿O tal vez temían salir heridos? Quién sabe. Pero si esa era la realidad, eran unos pobres cobardes.
Pero le convenía.
El plan se llevaría a cabo más fácil si no había nadie ahí. Que descuidados eran, no habían aprendido nada. Weiss tenía control sobre la barrera, y ella sobre las esposas de Neo. ¿Podía ser eso más fácil?
Ahora solo debía ganar.
Neopolitan estaba inquieta, su pie moviéndose de arriba abajo, impaciente. Esta se dio la vuelta, instándola a soltarla, y eso hizo, soltó las esposas, estas cayendo al suelo estrepitosamente.
Ahora estaba libre.
La mujer no dudó en correr hasta su arma, sujetándola, dándole vueltas, acostumbrándose al peso de Hush, adaptándose luego de todo ese tiempo en el que estuvo separada de aquel objeto. Era importante para esta, tanto como el sombrero sobre su cabeza. Era algo que le recordaba a quien más amaba.
Los ojos la miraron, ardiendo, enfurecidos. También era la culpable de la separación con aquel objeto tan querido.
Sujetó su arma, pensando en lo que Weiss le había dicho.
Pero no pudo.
No pudo mantener la cordura.
Los ojos de la mujer ardían, quemaban, y se vio en aquella situación, como con su hermana, en la anticipación de la redención. No era su tiempo, pero tal vez lo era, si, tal vez era la señal de su final. Esa mujer sí que la iba a hacer arder, iba a quemarla, y aquello la hizo hervir en deseo.
Al fin alguien le daría su merecido.
Alguien tenía la valentía de enfrentarse a ella.
No como su hermana, que le falló, que falló en darle lo que necesitaba, que falló en darle al fin la ansiada liberación.
Neo la haría sentir dolor, dolor real.
Esta se movió, rápidamente, tal y como ella misma. Ambas eran parecidas, ambas tenían la agilidad a su lado, pero por su parte no se movió, ni un centímetro.
Veía el brillo de la cuchilla saliendo desde la punta de Hush, el filo apuntándola.
Esa era la lanza que la haría pagar por sus pecados.
Así que se quedó quieta.
Esperándolo con ansias.
Notó enojo en Neo, pero conforme se fue acercando, conforme notó que no se movía de su lugar, su rostro cambió a confusión. No entendía porque no se movía, porque no huía, porque no atacaba, porque no levantaba su arma.
Su confusión creció incluso más cuando logró enterrar la cuchilla en su cuerpo, sin problema alguno, sin que nada lo evitase, sin aura, sin voluntad.
Escuchó a Weiss gritar desde el otro lado de la barrera, y sabía que si sobrevivía esta la iba a regañar de nuevo, le acababa de decir que no hiciera algo estúpido y acababa de quedarse quieta mientras un arma se acercaba a su abdomen.
Pero solo sintió decepción.
Miró a Neo, sintiéndose decepcionada, sí, porque no había dolor, no había ardor, nada, no había nada que la hiciese retorcerse, que la hiciese sentir dolorida, que la hiciese expiar sus pecados, nada.
A penas y salía sangre de su herida.
¿Aún no estaba lista para pagar por sus pecados?
Pero Neo parecía ser la única que podría darle aquel regocijo.
Soltó un suspiro.
"Decepcionante."
Notó la confusión en su agresora convertirse en enojo, en asco incluso, mientras se alejaba, sacando la cuchilla de su carne, donde se acababa de enterrar. No salió más sangre, no la notaba salir, ni sentía la herida ardiendo, nada. Su cuerpo parecía inerte.
Pero si picaba su cicatriz.
Se vio llevando una mano a la zona, sus uñas listas para rascar, pero no lo hizo, logró controlarse. Ya había hecho una estupidez, no necesitaba dos.
Neopolitan parecía reclamarle, intentar decirle algo, parecía enfurecida, su pie chocando contra el suelo en un constante golpeteo.
No fue una presa, era evidente.
¿Qué satisfacción había en matar a alguien si se iba a dejar matar?
Ninguna.
"No podrás ganar, entonces tendré que ganar yo."
Sujetó a Crescent Rose, dándole vueltas sobre la cabeza, ni siquiera el movimiento causó dolor sobre su nueva herida, a su cuerpo no le importaba, entonces a ella misma tampoco. Incrustó la hoja de su arma en el suelo, mientras que el cañón del rifle apuntaba justo donde estaba Neo, esta aun estupefacta.
Se había dado cuenta que no tendría satisfacción alguna. No era la niña de antes, la que sufriría por un golpe, por un acto, ya no más. Lamentaba no serlo, ya que quizás la satisfacción ajena le daría algún tipo de sensación, pero no era posible.
No sentía nada.
Solo quería revelar lo que su mente perdió, no tenía tiempo para nada más.
Iba a vivir para eso, así que nada la detendría, ni siquiera una cuchilla en su abdomen.
No había usado su ojo robótico, pero lo abrió, solamente para darle una utilidad. Neo podía matarla fácilmente, pero no dejaría que no hiciese, además, esa muerte solo traería devastación, incluso Neo se sentiría decepcionada de matarla en ese estado.
Las imágenes se vieron más claras, los colores más vividos, así como el color verde de la barrera que las contenía o la sangre en la cuchilla de Hush.
Su ojo captó a Neo como su objetivo, y se vio cerrando su ojo plateado solamente para ver qué es lo que aquella maquina tenía para ofrecerle. Y no se vio decepcionada.
Ahora ganaría.
Fijó la mira, y disparó.
