EYE FOR AN EYE
-Huida-
…
Se quedó quieta, observando a las dos mujeres moviéndose dentro de la barrera electromagnética, sus movimientos acelerados, llenas de energía, moviéndose de un lado a otro, con la intención de derrotar a la otra.
Agiles.
Feroces.
Sus ojos se enfocaron en la mujer de rojo, su compañera.
Ruby…
Ruby había cambiado.
No era un secreto, era una obviedad, cualquiera que la hubiese conocido se daría cuenta con solo una mirada.
Cuando se reencontraron, los ojos plateados ya no tenían ese dejo inocente, ese dejo casi angelical, por el contrario, hervían en ira, y luego de lo sucedido Beacon, era de imaginarse, nadie fue igual luego de aquello. Ruby fingía, intentaba ser la misma de siempre, pero era una careta, ya que siempre que ese fatídico día era mencionado, cuando la escuela cayó, cuando Vale cayó, notaba como la verdad salía a la luz, la verdadera Ruby salía a la luz.
Probablemente sus amigos no lo notaron, no pudieron captar con detalle la razón de su cambio, o cuanto cambió, pero ella sí, era su compañera después de todo, la conocía más que nadie, y si bien antes lo decía solo para acrecentar su ego, su ego como parte del equipo, ahora lo comprobaba, ahora cuando ni siquiera Yang notó más allá.
Cuando se enteraron de que Cinder estaba viva, que Raven no la había asesinado, Ruby dio un vuelco aún mayor. Ese día, esta estuvo a punto de ir donde Cinder, y si Emerald no le hubiese cortado el camino, estaba segura de que se hubiese dirigido a su muerte. Así que podía verla hervir de nuevo, llena de adrenalina, entrenándose para la gran batalla, para cuando pudiese tener el cuello de Cinder en sus manos, y no perdería la oportunidad como antes, estaba lista para que nadie se entrometiese en su camino.
Hasta que lo consiguió, hasta que llevó a cabo su ansiada venganza.
Hasta que las obligó a mantenerse alejadas, para que Cinder fuese solo suya.
Creyó que Ruby volvería a ser la misma de antes, que al haber asesinado a Cinder, de la forma en la que lo hizo, ya no seguiría así, moviéndose solo con aquel objetivo, pero se equivocó. Aun podía ver la sed de venganza arder en ella, parecía tan acostumbrada a ese sentimiento que ya no podía sacárselo de encima, se había incrustado a ella como un parasito, y nunca esa palabra hacía mayor sentido.
Pero definitivamente algo cambió en Ruby luego de ese día, y era su Aura.
Cuando Ruby peleó con Yang, esa vez que tuvo que meterse entre medio o esas dos estúpidas se hubiesen matado, pensó que la falta de Aura en Ruby era a causa de su debilidad, de estarse recuperando, de tener diferentes drogas dentro de su cuerpo. Pero no, parecía haberla perdido, y la escuchó murmurar, una que otra vez, que era porque ya no tenía alma.
Ruby se maldecía por lo que hizo, por lo que se convirtió, y podía aceptar que su compañera se fuese a un camino diferente, que siguiese nuevos ideales y deseos, pero no podía aceptar que su compañera se tratase mal a si misma.
Y con esto, con la pelea que veía frente a sus ojos, podía dar algo por hecho, Ruby si tenía su Aura, si tenía alma.
¿Por qué?
Pues porque Neopolitan era rápida, era ágil, pero Ruby lo era aún más, sobre todo cuando los petalos volaban alrededor. Y esa era la prueba de que Ruby seguía teniendo alma, pero ¿Por qué ya no había escudo protector?
Frunció los labios, y bajó la mirada, mirando el parche que seguía sosteniendo, la tela negra con el símbolo de Ruby, el símbolo de su madre, a quien perdió, en quien Ruby se quiso convertir al ser una cazadora, y ahora se había desviado de ese camino, el camino del heroísmo. Se lo había regalado para que pudiese evitar tener expuesto aquello que Atlas le dio, que tanto le molestaba, y fue una buena decisión.
No se arrepentía de eso, nunca.
Pero la verdad volvía a su cabeza.
Podía leerla.
Ruby quería ser herida. Ruby anhelaba el dolor, el castigo, lo tenía claro, por algo no activaba su Aura, de manera consciente o no, ahí no lo sabía con seguridad. Tal vez esa era la misma razón por la cual sus heridas al principio tardaban tanto en curar, sobre todo la cruz en su rostro, porque Ruby parecía querer sentir ese dolor, tener esa marca fresca, y de nuevo, dudaba que lo hiciera a propósito. De nuevo, aquella venganza era un parasito dentro de su compañera, que la consumía por dentro, poco a poco, y a estas alturas, dudaba que alguien pudiese hacer algo para arrancarlo de raíz.
Lo único que podía hacer, era estar a su lado, darle paz, darle en el gusto, ser su compañera, sin importar el camino que tomasen.
Porque Ruby había hecho mucho por ella, se habían apoyado siempre, y esta la había salvado incontables veces, y quería ser una buena compañera, quería estar a su lado cuando poco a poco todos se alejaban de esta, y odiaba aquellas miradas que veía en sus amigos, en sus compañeros, y sabía que luego de lo que se venía, las miradas aumentarían.
Pero no dejaría a Ruby, nunca.
Volvió a levantar la mirada, notando como ambas mujeres se movían rápidamente dentro de la barrera, ambas armas resonando con fuerza, las chispas saliendo con cada golpe, cada vez que el metal chocaba con el metal, una y otra vez. Avanzando, retrocediendo, alejándose, acercándose. Ambas tenían energía suficiente, para moverse así de ágilmente, sin parar, y no sabía cuánto rato llevaban ahí, pero le sorprendía la estamina que mostraban.
Ella misma nunca tuvo demasiada.
Veía en Ruby el pequeño agujero que dejó la cuchilla de Neo en su ropa, pero no veía sangre, y no entendía la razón. Los golpes llegaban, las heridas atravesaban su piel, su cuerpo, pero no había mayor daño. Ruby no parecía sentir dolor alguno, su rostro ni siquiera mostraba el menor atisbo que evidenciase que había sido apuñalada, y ahora entendía que ese era el rostro que vio Yang, el rostro de la indiferencia, de la decepción, que hizo que la rubia se enfureciera aún más.
Su teoría era simple, el Aura en el cuerpo de Ruby seguía ahí, protegiéndola, cuidándola desde dentro, por algo su habilidad funcionaba sin problema, pero como la intención de Ruby era recibir un castigo, consciente o inconsciente, su Aura no la protegía de los ataques antes de que llegaran a su cuerpo, pero si después.
Su Aura ya no era una barrera protectora que evitaba ser herida, si no una barrera protectora interior que evitaba que aquellas heridas acabasen con su vida.
Le daba la oportunidad de sentir y al mismo tiempo le daba la inmortalidad.
Le preocupaba Ruby, era su compañera, en quien más confiaba, por supuesto que iba a estar acongojada con lo que ocurría. No quería ver a Ruby sufrir, no quería verla ser herida de formas semejantes, pero debía de aceptar que seguiría así, que las heridas seguirían, que aparecerían, que en cada pelea Ruby tendría la intención de ser herida, de ver si conseguía lo que ansiaba, el dolor.
Su único alivio, era que no vería a Ruby sufrir, no tendría que escuchar sus gritos desgarradores, su sufrimiento palpable. Porque los había escuchado antes, y no quería escucharlos de nuevo, y sin importar que fuesen entrenadas para enfrentar peligros, nunca se acostumbraba a ver a quien más quería sufrir así.
Tal y como esa noche, esta a kilómetros de ella, en lo alto de la torre, gritando de desesperación, y ese sonido jamás desaparecería de su cabeza.
Pero no, ya no la vería sufrir más.
Si ese camino era el que Ruby había elegido, le iba a mirar el lado positivo, porque eso era lo que Ruby le enseñó, y jamás lo olvidaría.
Las dos mujeres dentro de la barrera comenzaban a agotarse, o al menos podía notarlo en Neopolitan, en sus jadeos involuntarios. Desvió la mirada, alrededor de ese gran salón abierto, buscando a alguien, a cualquiera que estuviese pendiente de la pelea que se estaba llevando a cabo, pero no había nadie. No había guardias, no había nadie presente.
Incluso dudaba que mirasen las cámaras.
No era difícil de entender que se debía a que a Atlas no le importaba si Ruby o Neo vivían o morían.
Ruby se ganó el odio de Atlas por liderar acciones contra el país, y Atlas se ganó el odio de Ruby por no colaborar y además ponerle aquella maquina en su rostro. Ellos veían a Ruby como un títere, y ella, sobre todos, sabía lo que se sentía el ser tratado como un títere, así que entendía el odio.
Por eso, debían salir de ahí, debían recuperar la lampara, salir de Atlas, y al fin detener a Salem, y esa era una jugada más, tener a un aliado que pudiese darles la información que necesitaban para lograr aquel cometido.
Todos se estaban movilizando para lograr llevar a cabo el plan, conseguir una nave para salir de ahí, así como recuperar lo que les pertenecía. No volverían a confiar en un país que las traicionó antes, y si estaban ahí, era solo para recuperar fuerzas, pero esa amnistía no era nada más que una farsa. Era solo una bandera de paz momentánea, para hacer a la gente feliz, a la gente que estimaba como jóvenes cazadores consiguieron detener a una mujer que causó tanto caos.
Pero a Atlas, como gobierno, no les importaba su tregua. Vivían en constante roce, por supuesto que no podían quedarse más tiempo.
Miró hacia el otro extremo del salón, buscando de nuevo por guardias, asegurando el perímetro con la mirada.
Ninguno, ni uno solo.
Tragó pesado, su Scroll vibrando en su bolso, justo donde tenía guardado el dispositivo para abrir la barrera, para liberar a ambas mujeres ahí encerradas, ya que ella si había tenido más apoyo al haber encarcelado a su padre. Le dieron ciertas ventajas que otros no pudieron obtener, en secreto, por supuesto.
Al final, era la hija de Atlas, aunque estuviese conviviendo con traidores.
Pero no sabían que ella haría todo por su compañera, por los planes que esta tenía, y se vio orgullosa de que confiaran en ella, como Schnee.
Grave error, otro error más de Atlas.
Nunca aprendían.
Un movimiento brusco dentro de la barrera llamó su atención, así que volvió a enfocarse.
Ambas perdieron sus armas de un momento a otro, y se vieron en la obligación de ocupar sus cuerpos, y Ruby se había entrenado en ese ámbito también, así que podía darle pelea sin problema. Se revolcaron, sin detenerse, hasta que Ruby hizo un movimiento diferente, enfocada en la desesperación, y no tenía duda que esta también había recibido el mensaje que ella recibió hace tan solo unos segundos.
Su Scroll dándole la señal que necesitaba para apresurarse.
En unos momentos, el caos llegaría.
Esa pelea debía terminar, ahora.
Ruby se alejó en un torbellino de petalos, y cuando la vio, esta estaba deshaciéndose de su capa, con la excusa de cegar a Neo con la prenda, y esta, estando ya cansada, cayó por completo en la trampa, perdiendo segundos valiosos intentando quitársela de encima. Pero no fue suficiente, por muy rápidos que fuesen sus movimientos. Cuando logró recuperar su visión, el cañón de la guadaña de Ruby ya estaba en su entrecejo, el gatillo listo para ser apretado.
Ruby de nuevo había usado su habilidad para recuperar el control de la situación, y le impresionaba lo capaz que se había vuelto en ese ámbito. Se había vuelto fuerte, y sabía que esta continuaría hasta que tuviese a Salem.
Neo se quedó inerte, sabiendo que había perdido.
Ruby parecía orgullosa de su táctica, pero era evidente que no quería matar a Neopolitan, que no era su intención, por el contrario, la necesitaba, y entendía sus razones. Era una oportunidad valiosa de tener a alguien con información de su lado, información sobre Salem. No por nada el resto había aceptado que Ruby sacase a Neo de la prisión, era peligroso, si, no podía confiar en la mujer que había intentado matar a Ruby por tanto tiempo, sin embargo, era el as que necesitaban.
Neo no quería permanecer encerrada ahí, y Ruby le dio un boleto hacia la libertad.
Estas comenzaron a hablar, dando la pelea por terminada, pero no les puso atención, su Scroll vibrando una segunda vez.
Ese era el aviso definitivo.
Lo sacó de su bolso y lo revisó.
Lo tenían.
Tenían la lampara.
No creyó que lo conseguirían tan pronto, y le sorprendió incluso más que la nave también estuviese lista para partir.
Levantó el rostro, buscando a Ruby con la mirada, y cuando la encontró, esta ya la observaba, notando de inmediato el cambio en el aire. Los ojos plateados, el real y el falso, miraron alrededor, y notó la sonrisa en esta.
No había nadie ahí, nadie para detenerlas.
Buscó el dispositivo en su bolso, eliminando la barrera por completo, sin cuidado alguno de que la prisionera escapara, porque era exactamente su intención. De reojo veía como Ruby se volvía a colocar su capa, mientras le decía a Neopolitan que era el momento, que era su momento, y era así.
Fue más rápido de lo que creyó, y justo a tiempo, porque si devolvían a la mujer a la celda, les sería mucho más difícil sacarla de ahí. Creyó que saldrían del lugar con Neo a cuestas, y mantendrían un perfil bajo mientras el resto terminaba su parte en el plan, pero no era necesario, podían partir de inmediato.
No pasó ni un segundo desde que eliminó la barrera que las alarmas comenzaron a sonar, y se vieron obligadas a avanzar, su nueva aliada siguiéndolas sin siquiera pensárselo dos veces.
Las noticias habían llegado rápido, y siendo el lugar que era, lleno de seguridad, era evidente que harían lo que sea para detener a una líder criminal como lo era Ruby, en lo que se había convertido para la ciudad en los cielos.
Comenzó a llamar a Penny mientras avanzaban rápidamente por los pasillos. No podían salir por la entrada principal, pero ya sabía por dónde si podían salir, se conocía ese lugar de memoria, y eso que no visita a su padre como para tener esa excusa, pero a penas Ruby mostró su interés, tuvo que enfocarse más en las posibilidades.
Llegaron a una habitación, y sacó su tarjeta de identificación, la puerta abriéndose, ella tenía permiso para acceder a algunas partes del lugar, y bendita suerte.
Recién ahí Penny logró comunicarse.
"Estoy ahí en diez minutos."
Se vio sonriendo al escuchar a Penny, esta adelantándose a la situación. Ruby le había encargado su recolección si es que todo resultaba correctamente, y ahora las cosas parecían lucir mejor de lo que creyó.
Penny era una aliada más, en quien podían confiar, Ruby se lo había dicho. Había que tener ojos y oídos en todos lados, y que mejor que alguien como Penny para esa tarea, el cerebro.
Cerró la puerta tras ellas, en esta resonando un clic, sellándose. Logró ver alrededor, pero no había pánico alguno, no sentía que nadie las persiguiese, era como si no les importase, y eso no cesaba de molestarle. Probablemente si Neopolitan hubiese colaborado cuando tuvo la oportunidad, sería importante para Atlas y sus intenciones de recuperarla fuesen mayores, pero al parecer no era así.
No les servía una prisionera muda que no quería darles información.
La pregunta era, ¿Seguirían siendo perseguidos como antes de matar a Cinder, o los dejarían ir sin mayor problema? No tenía idea, dependía de lo que los demás hubiesen hecho. Eran los que habían intervenido, los que se habían desplegado, y no solo eso, si no los que habían hecho misiones para el país.
Neo para ellos no valía nada, y Ruby, tampoco. Solo eran estorbos. Ya sabían que no podían apresarlas, lo habían intentado hacer muchas veces, sin lograrlo, y asesinarlas sería incluso más difícil. No podían contra ellas. Lo mejor era dejarlas ir, sufrirían menos perdidas.
¿Pero opinaban lo mismo del resto?
Solo eran preguntas sin respuesta.
Cuando levantó la mirada, se topó de frente con Ruby, la cual parecía tranquila, su rostro en calma, como era usualmente. Su cabeza pensando con cuidado, sin entrar en pánico, porque la persona en la que se había convertido parecía sacar algo favorable incluso del dolor.
Supo de inmediato lo que Ruby quería antes de que esta siquiera se lo preguntara, y se registró la ropa, buscando el parche que guardó antes de que comenzaran a correr, y se lo devolvió a su compañera, sonriéndole.
"Sigo estando enojada por lo que hiciste ahí dentro, así que no creas que te salvaste de mi regaño."
Ruby no parecía sorprendida con su advertencia, por el contrario, parecía esperarlo, casi aliviada de oírla.
Se conocían demasiado bien.
El parche volvió a tapar el ojo robótico, el cual era tan inhumano, que siempre le daba cierta extrañeza el verlo, ya que ni siquiera los ojos de Penny eran así. Por otro lado, siempre que Ruby usaba el parche, le daba cierta alegría, al haber sido ella quien se lo dio. Así Ruby llevaba consigo un pedazo de ella, por muy egoísta que sonase.
Dio un salto, escuchando botas metálicas resonando al otro lado de la puerta, pisadas apresuradas.
Venían por ellas.
Se equivocó, al parecer las odiaban lo suficiente para mantenerlas apresadas ahí, o para matarlas antes de que perdiesen autoridad.
Y no iba a permitir eso, no iba a dejar que la pusiesen en el mismo lugar que pusieron a su padre.
No iba a ser como él.
Se alejó un poco de la puerta, sacando su arma de la cintura. Seleccionó el vial de Dust que necesitaba, y en un rápido movimiento congeló toda la puerta. No era suficiente, pero les daría tiempo, aún tenía más frascos de Dust, podría estar haciendo eso todo el día.
Escuchó a Ruby mover su cuello de un lado a otro, este resonando. Cuando la miró, esta estaba revisando las rondas de munición que le quedaban, y por suerte las que necesitaba no se las gastó en su pelea anterior.
Cuando el ojo plateado la miró, esta parecía divertida, como si estuviese disfrutando el ser perseguida por los soldados del gobierno.
"De haber sabido que tendríamos compañía no me habría cansado tanto jugando con Neo."
Esta dijo, sonriéndole. Y siempre notaba esas muecas más como gestos que como sonrisas naturales, pero le gustaba verla así, al fin y al cabo. Era lo más normal que podía ser Ruby en la actualidad, y se alegraba de que fuese así con ella, que tuviese respiros de vez en cuando, ya que cuando fingía, parecía incluso más tensa de lo normal.
Si, prefería verla así, que verla en esa camilla, tirada, sin energías, sin ganas de vivir, y no solo eso, si no que usando sus propias manos para empeorar su salud.
Al menos la venganza que parecía querer conseguir era suficiente para motivarla para moverse, para entrenarse, para pensar en un plan, para conseguir aliados. El mismo parasito que la consumía la obligaba a vivir, y mientras Ruby viviese, aceptaría lo que sea.
Estaba viva, y era lo único que quería, tenerla a su lado.
No se había dado cuenta que Neo se habría cruzado de brazos, indignada, cuando Ruby dijo que su pelea con ella fue nada más que un juego. Aun no se acostumbraba a su presencia, pero en algún momento esa sensación acabaría.
Al final, el gran grupo se terminaría dividiendo, y tenía claro a quien escogería como líder, así como a quien escogería Neo.
"Perderemos tiempo valioso si es que nos ponemos a pelear. Tenemos que salir todos de Atlas lo más pronto posible."
Le dijo, mirando la hora, sintiendo que los minutos pasaban demasiado lento.
"Si tú lo dices, compañera. Te lo debo por hacer algo estúpido antes."
Y sí que había hecho algo estúpido antes, al menos ahora no volvería a hacer otra estupidez.
Le gustaba tener el beneficio de compañera y que al menos Ruby escuchase lo que tenía que decir, de ser alguien más, de decir algo que iba en contra de lo que Ruby consideraba que era el camino para cumplir sus objetivos, desecharía cualquier tipo de consejo, de idea, incluso desecharía a la persona en cuestión, la veía capaz de hacerlo.
La conocía, y se alegraba de tener una buena posición en ese ámbito.
Ruby aún mantenía a los demás, solo para alivianarle la carga y evitar mayor discusión, también sabía que lo hacía para no crear discordia, más discordia, y apreciaba sus buenas intenciones.
Los disparos empezaron a chocar contra la puerta, y cada uno de los golpes lograban romper un poco su barrera de hielo, así que tuvo que usar otro vial de Dust para crear otra barrera, ahora de roca.
Dio un salto cuando los disparos empezaron a llegar desde afuera del edificio, chocando con las ventanas, y se vio agachándose por inercia, pero se notaba que eran resistentes a los disparos, así que no podían atravesarla fácilmente, con eso se relajó un poco.
Escucharon un motor acercarse, poco a poco, hasta donde estaban. Podían notar como era una gran nave, y una de las puertas estaba abierta, y notó ahí a Penny.
Ruby les dio la orden de que se alejasen lo más posible de una de las ventanas, mientras veían el brillo verde que empezaban a formarse entre las cuchillas que giraban sin parar, más y más rápido, la luz haciéndose más y más grande, entonces el brillante laser atravesó la ventana, rompiéndola en mis pedazos.
Ahora podían escuchar las alarmas resonar con más fuerza.
Las alarmas de ese lugar, las alarmas de la ciudad.
Ruby caminó hasta el borde de la ventana, mirando donde estaba la nave, donde estaban los enemigos, y cuál era la mejor ruta, luego esta las llamó para que se acercaran.
Podían disparar al resto de personas que estaban abajo, pero no eran demasiadas, podían salir de ahí sin problema, pero no era lo que Ruby planeaba.
En cosa de un segundo, se vio envuelta en el aroma a rosas, Ruby usando su habilidad para ayudarlas a llegar hasta la nave que flotaba en lo alto. Penny le disparaba a quienes intentaban derribar la nave, así que no tuvieron problema.
Cuando sus botas tocaron el piso de la nave, se sintió de inmediato aliviada. Eso había salido mejor de lo que imaginó.
Notó como Neo cayó al suelo abruptamente luego de salir del tornado de petalos, una mezcla de molestia y sorpresa, y probablemente nauseas si es que cayó así. Sintió algo de lastima por la mujer, ya se acostumbraría, como ella, que llevaba siendo llevada por Ruby desde hace mucho tiempo, y siempre le resultaba agradable el viajar así.
Ruby de inmediato comenzó a disparar con su rifle, atacando a los guardias, aunque no fuese necesario, simplemente lo hacía por mero gusto.
Y así, la nave comenzó a salir de ahí, a buscar al resto del grupo.
Solo un poco más, y estarían lejos de ahí, para siempre.
Adiós, Atlas.
Adiós, Padre.
