CORRUPTED BODY

-Cercanía-

A pesar de saber quiénes estaban ahí dentro, sabía que el silencio era algo a lo que debía acostumbrarse.

Desde que llegaron ahí, desde que se asentaron en Mistral, desde el fatídico final de esa misión, no había nada más que tensión.

A veces la única persona que se escuchaba era Nora molestando a Oscar, o se escuchaba a Ren cocinando, o a veces los escuchaba entrenando en el patio de la casa, pero era su equipo en particular el que permanecía en silencio. Era su equipo en particular el que estaba vagando en pena, la muerte acechándolas.

Tenía esperanzas de que las cosas serían diferentes cuando Ruby llegase, que todo volvería a ser como antes, que todos se unirían, de todas formas, al final del día, era por Ruby que todos se mantenían unidos, era su fuerza, su valentía, sus ganas de salvar el mundo que mantenían a todos avanzando hacia adelante, ¿Pero ahora?

Ruby ya daba por hecho que su muerte se acercaba, y ahora, luego de saber que el antídoto que logró conseguir no fue suficiente, sentía que ese día estaba incluso más cerca, y no podía aceptar eso.

¿Qué sería de ellos sin ella?

No quería pensarlo.

Por su parte, se sentiría vacía.

Desgarrada.

Abrió la puerta, encontrando el lugar en silencio.

La ciudad les daba misiones de bajo rango para ellos, quienes aún no podían acceder a misiones importantes al no ser realmente cazadores, solo estudiantes que jamás lograron terminar su educación. Así que no era extraño que hubiese alguien que no estuviese ahí, ya que era normal que siempre hubiese alguien en una misión. Sabía que era Ren y Nora quienes habían tenido una misión, y no lo sabía con claridad, pero al no ver a Yang ahí, asumía que se le había unido.

O se le había unido a Qrow, lo que era incluso peor.

No quería admitirlo, pero era obvio que Yang estaba evitando estar cerca de Ruby, a pesar de que hubiesen arreglado las cosas.

Le dolía, lo notaba, como poco a poco su hermana perdía la humanidad, así como su tío, que también lo notaba, por lo mismo cada día lucía menos lucido. Ambos negándose a ver esa realidad donde perderían a quien más querían.

A veces, ella misma, no quería ver esa realidad.

Pero se negaba a acobardarse, temía cerrar los ojos y al abrirlos ya no verla ahí, no ver a su salvadora, y no podía permitírselo. Quería salvarla, quería hacer todo lo que estuviese en su poder para darle un día más a Ruby, y para eso, debía ser fuerte.

Vio a Jaune y a Oscar sentados mirando las noticias, mientras Blake estaba sentada en uno de los sillones, atornillada leyendo un libro. Buscó con la mirada a Ruby, quien estaba en el suelo, más alejada de los demás, haciéndole mantenimiento a su arma en su regazo.

No miró a nadie al entrar, evitando que pudiesen ver sus ojos, que pudiesen darse cuenta, pero obviamente alguien diría algo, alguien la saludaría y lo notaría.

Y fue Jaune.

Notó como este se acercó deprisa, sus pies resonando en el piso, pisadas fuertes.

"Weiss ¿Que te pasó?"

Se sentía a la defensiva cuando alguien se le acercaba, y lo notó aun más cuando volvieron a reunirse, y solo podía culpar a su encierro en la mansión Schnee, a la merced de su padre, durante esos años, que la dejó vulnerable, que la dejó temerosa de cualquier acercamiento, sobre todo de alguien que no fuese su equipo, que no fuese Ruby en particular, y con el tema de Stanley, su condición parecía haber empeorado aún más.

Se sentía desprotegida…

Aunque eran sus amigos, ¿Qué importaba? Era un miedo irracional.

Pero a alguien le importaba.

Alguien notaría su incomodidad.

Alguien la protegería de cualquiera que osase acercarse.

Lo sabía muy bien.

Notó como Jaune se iba acercando, su rostro preocupado, pero se vio obligado a detenerse, alguien prohibiéndole el paso.

Podía escuchar a Ruby gruñir, ahí, dándole la espalda, su cabello engrifado, voluminoso. No tenía duda, por la expresión temerosa de Jaune, que los ojos plateados debían de estar rojos, que sus colmillos debían de estar visibles, que su expresión debía verse intimidante, letal. Podía notar eso solo por la postura de Ruby, como sus orejas empinadas hacia adelante, como su cola voluptuosa moviéndose de un lado a otro, como su cuerpo levemente encorvado, listo para saltar.

Para atacar.

Para matar.

Notó de reojo como Oscar parecía asustado ahí en su lugar, sin saber qué hacer. Notó también como Blake bajó su libro, sus orejas igual de a la defensiva que Ruby, su postura hacía denotar que podía sentir como los instintos de Ruby la rodeaban, y esta reaccionaba acorde.

Un animal reaccionando a otro.

Jaune no parecía saber que decir, y Ruby solo gruñía, manteniendo su posición firme, sin vacilar, así que sabía que debía ser ella quien acabaría con esa tensión.

Aunque, seguía sintiéndose mal por no poder regañar a Ruby, por no ser capaz de decirle que no podía hacer eso, que no podía intentar atacar a uno de sus amigos, pero el saber que lo hacía para protegerla seguía aliviándola. Nadie la había cuidado así, con ese ímpetu, con esa preocupación, y Ruby siempre la salvó, siempre, incluso hizo lo imposible para sacarla de Atlas, y ahora, en el centro de investigación, portando esa piel blanca sobre la suya, ese sentir era aún más cálido, aún más intenso, aún más honesto.

No podía aceptarlo, pero lo hacía, y no entendía por qué.

Si Ruby la salvaba, le perdonaría cualquier atrocidad.

Esperaba que Ruby también perdonase las atrocidades que ella misma estaba cometiendo.

Se vio acercando sus manos a los hombros de Ruby, sujetándola de su capa, sintiendo la calidez del cuerpo ajeno en sus manos frías, y esta de inmediato calmó la postura tensa que tenía encima, su rostro girándose, dejando de lado a Jaune y mirándola a ella, sus ojos cambiando a plateados rápidamente. Ya no había ira en su rostro, pero seguía notándose instintiva, sus ojos fijos, su rostro inerte, depredador.

Notó de reojo cierta calma en el rubio cuando Ruby le dio la espalda, y agradecía que las cosas no pasaran a mayores.

Se vio siendo escaneada por los plateados, luego escuchó como esta comenzó a olerla, su rostro moviéndose de arriba abajo, lentamente, la nariz tras la máscara de hueso arrugándose en el proceso.

No lo sabía, pero creía que Ruby estaba oliendo el Dust dentro de su cuerpo, dentro de sus venas, el químico extraño en su ser, y al mismo tiempo parecía olerla por otra razón, como si la revisara, intentando asegurarse de que estaba bien. Leerla, oler su más primitivo sentir, ante las capacidades que su estado corrupto le proveía.

Podía sentirla acercase, podía sentir el calor del cuerpo ajeno cerca del propio, el hueso de su rostro a solo milímetros de tocar su piel, y podía jurar que estaba adquiriendo color con la cercanía.

Ruby era peligrosa, todos lo pensaban pero nadie lo decía a viva voz, y ella, sobre todos los demás, tenía claro lo capaz que era ahora, como podría morderla, como podría destrozarla, romperla con facilidad, usando esas habilidades únicas, usando esos instintos salvajes, los de una bestia, pero al mismo tiempo también estaba segura que no se lo haría a ella, que incluso en su más salvaje estado, Ruby la protegería, no la dañaría.

Y le gustaba eso.

Por muy egoísta que fuese.

La pregunta era, ¿Por cuánto tiempo más sería así?

Ruby se dio media vuelta, mirando a Jaune, su postura ahora recta, humana, normal, al igual que su rostro, volviendo a la normalidad luego de olerla por completo.

"Ella está bien, Jaune, no te preocupes."

La voz de Ruby salió como siempre, pero con ese tono grave que le salía cada vez que los gruñidos se le escapaban, dejando su garganta rasposa.

Se vio asintiendo también, asegurándoles a él y a los demás que estaba bien, que todo estaba bien. ¿Era así? De alguna forma, sí, pero no podía entrar en detalles, ellos no lo aceptarían, y ya había tomado una decisión y nada ni nadie la detendría.

No iba a quedarse de brazos cruzados de nuevo, esperando la salvación.

La mano de Ruby se aferró a su muñeca, y se vio siendo llevada por esta hasta el cuarto de su equipo.

Los camarotes eran más grandes de lo que eran en Beacon, y disfrutaba de poder estar en esa distribución, le daba cierta nostalgia. Una lástima que todo eso acabase tan abruptamente, que no alcanzara a disfrutar del todo aquello, de no haber sido lo suficientemente honesta para hacer todo lo que le gustaba, de permitirse ciertos gustos, cierta compañía.

De haber arruinado con su actitud los mejores días de toda su vida.

Dio un salto cuando Ruby cerró la puerta de la habitación, dejándolas a ambas solas ahí dentro.

No le aterraba, en lo absoluto, pero temía que Ruby se diese cuenta de lo que le ocurría, de lo que estaba haciendo en secreto.

Que no lo aprobase, eso le aterraba.

"Sabes que no estoy de acuerdo con esto."

La voz de Ruby sonó suave, débil, y le sorprendió oírla así luego de escucharla hace solo unos momentos con tanta fuerza. Pensó que la escucharía enojada, indignada incluso, pero no. No veía su rostro, no veía su expresión, esta dándole la espalda, pero no notaba la tensión en su cuerpo, no notaba señal alguna de enojo, de las emociones que esperó que no llegasen.

Cuando esta se dio vuelta, esta sostenía con una de sus manos la máscara de hueso sobre su rostro, mientras la otra mano seguía en su muñeca, firme, cálida. Esta evitaba tocarla, notaba que esta no quería que su cuerpo corrupto tocase algo humano, pero ahora no lo pudo evitar, simplemente siendo la impulsiva Ruby de siempre, siendo impulsada por sus nuevos instintos.

Ruby sentía vergüenza de su condición, pero no podía controlar las ganas de sentir piel en la suya, y honestamente, le alegraba, tampoco quería romper en pedazos la cercanía que obtuvieron con los años.

Al final, de la única que podía obtener aquel calor, era de Ruby, y sabía que era así también con esta, eran compañeras, eran la mitad de la otra.

Ruby se quedó en silencio, su expresión ilegible bajo la máscara, y sabía que debía explicarle, debía decir algo, no podía quedarse en silencio.

No más.

"Dijiste que aceptarías mi ayuda, y haré lo que sea para ayudarte."

Ruby la miró, sus ojos por un momento se vieron tan humanos, como antes, como cuando se conocieron, esa mueca que solía ponerle cuando peleaban o discutían, cuando no había enojo, cuando solo quedaba la tristeza.

La tristeza de perderla.

Y ahora, nunca había sido algo más seguro, más probable.

Iban a perder a la otra si seguían así, y no podían evitarlo.

Las orejas de Ruby también imitaban su sentimiento, quedando hacía atrás, pegadas a su cabeza, y no podía evitar sentir algo de ternura.

Ahora Ruby era más honesta. Ambas eran más honestas.

La mano ajena la soltó, pero no por mucho, las sintió ambas en su cintura, sujetándola con fuerza, y le sorprendió no sentirse insegura por las garras peligrosas rodeándola, no le daba miedo Ruby, ni con ese cuerpo ni sin el, esta jamás haría nada para lastimarla, lo sabía. Por otra parte, se sintió avergonzada por un tacto tan firme e íntimo, algo en lo que no creyó que Ruby tomaría iniciativa.

Ruby no quería que tocase ese cuerpo corrupto, se lo dejó claro en las primeras veces que interactuó con esta luego de que despertase, sus propias manos incapaces de alejarse de su salvadora, de la única persona en la que confiaba lo suficiente para tener cualquier tacto, cualquier acto de cariño. No podía evitarlo, sin importar lo que pensara Ruby, sin importar lo que pensaran los demás.

Confiaba en Ruby, demasiado.

Además, sabía que podría perderla, y no quería arrepentirse de más cosas en su vida. Así como cuando se alejaba de Ruby en Beacon, cuando solo quería estar cerca. Cuando le decía cosas desagradables, cuando quería decir lo contrario.

Ya no quería sentirse así, no de nuevo.

Y no era solo eso, si no que el calor de Ruby, esa calidez, se sentía incluso más fuerte que antes, y ahora necesitaba eso, su cuerpo lo pedía a gritos, y se sentiría estúpida si no lo hacía, si no aprovechaba. Así que se movió, la rodeó por la espalda con uno de sus brazos, sentía las puas de hueso a través de la ropa de esta, a través de la capa, pero no lo consideraba algo desagradable.

Era como si se hubiese acostumbrado, y era así de cierta forma.

La otra mano la llevó al cabello de esta, más precisamente entre sus orejas, sintiéndolas tan suaves al tacto y no podía evitar acariciarlas. No haría eso con nadie más, con ningún fauno, porque lo sentía incorrecto, pero no podía evitar hacerlo con Ruby, y a esta no parecía molestarle, por el contrario, siempre que la sentía, que la tocaba, esta se relajaba ante su tacto, y eso era ciertamente mutuo.

"Acepté que en algún momento moriré, que en algún momento perderé mi humanidad del todo, y me duele dejar este mundo sin cumplir todos mis objetivos, sin embargo, me duele aún más la idea de que puedas morir por mi culpa, que puedas morir por intentar ayudarme."

Escuchó la voz de Ruby cerca de su oído, y la escuchó suave, pero segura, sin vacilar. Ya no vacilaba.

El destino era cruel, y ya no tenían tiempo para darle vueltas a las cosas, para tener esperanzas vacías, solo quedaba la realidad, lo que señalaban los números, los experimentos, los exámenes, nada más, y eso solía darle confort, pero nunca se había sentido tan decepcionada de los resultados como ahora.

"Y a mí me duele la idea de que mueras sin haber hecho todo lo que pude para salvarte."

Escuchó a Ruby soltar un bufido ante sus palabras, que se convirtió en una pequeña risa.

"Siempre hemos hecho todo por la otra, no me sorprende que nos arriesguemos tanto."

Se vio riendo también.

¿Cuántas veces no se pararon frente a la otra para salvarse la vida? Muchas, demasiadas, y sabía que seguirían así, siempre. Desde el comienzo sucedió aquello, cuando ni siquiera se conocían, cuando solo habían hecho nada más que pelear y discutir, a cada rato, intentando lucir superior a la otra, sin conseguirlo. Algo las unía, algo lograba hacer que quitasen su ego de lado y protegieran a la otra, eran compañeras después de todo.

Estaban destinadas la una a la otra, y nadie podía negarlo.

El mundo no las hizo para funcionar juntas, pero lo hacían.

Abrió los ojos, sintiéndolos arder.

No habían pasado ni doce horas desde el antídoto, y aun lo sentía en el cuerpo, dando vueltas. Cada tanto rato lo sentía resurgir, y entendía que el Dust era así de volátil, lo sabía mejor que nadie, pero al mismo tiempo era lo único con la energía y el poder suficiente para hacer algo tan increíble como eliminar una parte del ADN, para eliminar a un Grimm.

Respiró profundo, relajando su cuerpo, y se tomó un momento para mirar alrededor.

Estaba oscuro, pero había luz entrando por la ventana. Estaba silencioso, todos durmiendo plácidamente en la casa. Eran los momentos más tranquilos, sin duda, cuando todos descansaban y dejaban de preocuparse.

Sus cerebros acallándose.

Así también Ruby.

Para su sorpresa, esta estaba a su lado, y no recordaba con claridad en que momento esta se metió en su cama, pero sabía exactamente que en la situación en la que estaban, no la iba a alejar como antes. No lo haría más.

Esta estaba acomodada de estómago, para que los trozos de hueso no la incomodasen al dormir, como lo eran los trozos que pasaban por su columna. Su rostro se veía tranquilo, tal vez demasiado para estar en esa tesitura, en el filo de la vida y la muerte, en el filo entre ser un humano y ser un monstruo, y a cualquiera que la llamase así, un monstruo, le mostraría esa imagen tan calma, tan suave, solo un cachorro descansando luego de un largo día.

Se quedó mirándola, disfrutando de la escena, disfrutando del momento.

¿Qué haría sin esa mujer?

Realmente no tenía una respuesta, solo sabía que el dolor estaría ahí, que nunca acabaría. Gracias a esta pudo dejar sus dolores pasados, pudo abrirse, pudo entender que sentir lo que sentía estaba bien, que estaba permitido el sentir, el querer cosas, el ser su propia persona, la ayudo a dejar de tener miedo y a aprender a ser una mejor persona.

Pero sin Ruby, no creía que nadie podría ayudarla a superar esa perdida.

No la podría superar nunca.

Ruby se removió, y temió el haberla despertado de su placido sueño. Notó como esta comenzó a oler, moviéndose lo suficiente para hacerlo con mejor precisión, pero parecía en calma al instante, el cuerpo ajeno se movió por inercia, acercándose más a ella, y se vio avergonzada.

No se había dado cuenta, pero apenas sintió aquello, la marca que antes tenía en sus manos volvía a aparecer, asomándose por las mangas de su pijama.

Al parecer el Dust no había sido eliminado de su cuerpo, pero las emociones fuertes parecían reactivarlo. Esperaba que no estuviese en su rostro o ahí sería demasiado notorio. No por las marcas en sí, porque si seguía experimentando consigo misma, no podría seguir ocultándolo, el problema era el que se notase como el Dust emergía de su piel cada vez que sentía con fuerza, como con la vergüenza, como con el enojo, y ahí perdería un poco la calma que pretendía tener cuando sentía así.

Cuando pretendía ser inmune a cosas así, como le enseñaron que fuese. Que mantuviese su rostro estoico, que no demostrase la más mínima emoción. Le costaba lograrlo, siempre le costó, por lo mismo siempre decepcionó a su familia, y ahora sería más evidente aún cada pizca de emoción en ella.

Tal vez debería molestarle ese hecho, pero no le importaba demasiado, más le avergonzaba que otra cosa, además, estaba harta de pretender, de fingir, de ocultarse tal y como su padre lo hacía.

Además, era un pequeño precio por salvar a su compañera, por hacer lo correcto.

Ruby volvió a caer rendida, ahora más cerca de ella. Podía sentir la cola peluda moviéndose bajo las sabanas, estas rozando sus piernas, y la sensación le causó cosquillas. Se vio llevando una mano hacia el cabello de Ruby, nuevamente aprovechando de tocar las orejas sobre la cabeza pelirroja, y le pareció adorable ver como esta se removía con las caricias, viéndose tan tranquila, tan diferente como lo era despierta, siempre alerta, siempre oliendo alrededor, siempre lista para atacar.

Ruby siempre sería Ruby, nunca la consideraría un monstruo, una bestia, un Grimm.

Ruby era Ruby, su Ruby, y nada más importaba.

Iba a ayudarla, no porque su estado le molestase, no porque la sintiese una bestia más, no, la ayudaba porque sabía que esta no quería perderse a sí misma, porque esta no quería perder su conciencia, ser consumida, no iba a dejar que eso pasara, que Ruby desapareciera, que se perdiese en ese mar de oscuridad que contaminaba sus genes poco a poco.

Iba a hacer todo lo posible para salvarla.

Aunque se perdiese a si misma para lograrlo.