EYE FOR AN EYE
-Verdad-
…
Lo sabía.
Ruby no le iba a decir que pasaba, que sentía.
Se había acostumbrado a intentar meterse en su cabeza y comprenderla, leerle la mente como esta solía decir, y esta vez no era diferente, así que era la única forma de saber que ocurría.
Y lo notaba, por supuesto que lo notaba.
¿Cuánto tiempo llevaban viajando?
El día donde escaparon de Atlas se veía lejano, pero siguieron adelante, buscando refugio en el lugar que encontrasen, persiguiendo su nuevo destino, Vacuo. La nave les hizo la tarea sencilla, y ahora se podría considerar que eran afortunados al encontrar una serie de cabañas abandonadas donde podían tomarse un descanso de lo apretado de la nave.
El lugar estaba desierto, era evidente que una tormenta de arena había obligado a los dueños a huir, a salir de ese lugar inhóspito y buscar asilo en otro lugar, y por suerte era algo así, no como aquel pueblo en medio de la tormenta de nieve.
Los cuerpos aun en las camas, descomponiéndose lentamente.
Jamás superaría aquella experiencia.
Entre todos lograron arreglar el lugar para poder descansar y recuperar energías luego de viajar por tantos días, y apreciaban la oportunidad. Se venía todo el desierto por delante, y necesitaban estar recuperados antes de embarcarse en aquel viaje, que incluso por aire se consideraba peligroso ante las bestias que se ocultaban bajo la arena, listos para salir y atacar a sus presas.
Había cierta calma a pesar de la situación en la que se encontraban, ya que se habían enfocado en el destino, en Vacuo, así como en detener a Salem de una vez por todas. Por supuesto que esa calma también influía en el alivio de que Atlas no los estuviese persiguiendo, al menos por ahora no había la más mínima señal de que estuviesen buscándolos, y si llegaban a hacerlo, esperaba que estuviesen bajo el ala protectora de Vacuo.
No iba a volver a Atlas, nunca más, así que iba a disfrutar cuando estos no tuviesen el poder para entrometerse en sus vidas.
Sin embargo, existía el miedo de no ser aceptados, ya que Vacuo era el único lugar que quedaba, el único lugar donde los aceptarían, el único lugar lo suficientemente fuerte para poder conseguir los objetivos que tenían. Al menos eran cazadores certificados y podrían servirle al reino para defenderse de las amenazas que iban a aparecer, crear una alianza para mantenerse firme, para tener las fuerzas, y de ahí tendrían que crear una nueva estrategia para liberarse de Salem.
Aun así, temían ser recibidos por alguien como Lionheart, un traidor, un cobarde que era capaz de sacrificar el mundo con tal de salvar su pellejo.
No es como si lo hubiese logrado.
Solo tenían aquel plan, donde debían proteger la última pregunta, dársela al reino y ahí ganarse la confianza de Vacuo y formar una alianza que los mantendría protegidos.
Y eso, exactamente, era el problema.
Ruby.
Ruby quería robarse la lampara.
Robarse la última pregunta.
Lo notaba, la leía.
Ruby estaba desesperada, así como estuvo desesperada por matar a Cinder, corriendo sin parar hacia aquel lugar para lograr su cometido, sin importarle absolutamente nada, ni siquiera fue con un plan más allá de ceder una parte de su cuerpo. Ahora era lo mismo. Podía ver la misma determinación en su ojo plateado, la necesidad haciéndola hervir, quitándole hasta la última pizca de cordura.
Y, honestamente, no podía culparla.
Cuando Salem logró comunicarse con ellas, cuando se mostró, temió al ver semejante desplante de poder, y vio cómo su líder se desmoronaba. Cuando la vio a los ojos aquel día, notó algo más a parte de la constante sed de venganza, vio incertidumbre, vio miedo, vio confusión, vio desesperación.
Se había acostumbrado a ver esa necesidad en la mujer, cada vez que mostraba sus verdaderos colores.
Ruby quería saber que le había ocurrido a su madre, y simplemente asumió que murió cuando esta era niña, todos asumieron eso según sabía, pero cuando Salem habló, cuando mencionó a Summer Rose, la teoría del pasado cambió drásticamente. Ya no era una verdad, o al menos había mucho trasfondo detrás.
Cuando la lampara volvió de nuevo a sus manos, cuando se reunieron todos en la nave para emprender el viaje, notó como el único ojo plateado brilló.
Ruby notó en ese instante que la última pregunta iba a resolver el misterio, Ruby sabía que la única forma de saber la verdad era preguntándoselo a Jinn.
Al igual que aquel día, cuando Ruby se levantó y decidió ir por Cinder, sola, sin su equipo, era claro que esta vez iba a ser similar, donde no le iba a importar en lo más mínimo que el plan fuese mantener la última pregunta a salvo, esta iba a tomar las cartas en el asunto sin mirar atrás, sin pensar más allá.
Todo por su objetivo, por su venganza.
Ruby se había vuelto impulsiva, aún más, y ya no tenía control por sobre sus emociones.
Sobre su ira.
Y de nuevo, no la culpaba, si estuviese en su lugar, si hubiese tenido una buena familia como Ruby la tuvo, tal vez hubiese peleado con todo y todos para lograr desvelar la verdad y así tener un poco de paz. Pero debía intentar mantener a Ruby en su centro, mantenerla controlada, mantener su humanidad, mantenerla cuerda, de todas formas, era ella quien debía mantener la paz entre Ruby y el resto de sus amigos, la que debía evitar que Ruby lo perdiese todo.
Ruby ya había perdido mucho.
Y no sabía si descubrir la verdad fuese a ayudarla en lo absoluto, probablemente la rompería aún más, el parasito dentro de ella creciendo, mutando.
Solo pensar en Ruby completamente destrozada, el corazón volvía a apretarse en su pecho. Esa vez no pudo hacer nada para apoyarla, y probablemente ahora tampoco podría. Simplemente verla así era algo que la destruyó, verla rota, triste, sin esperanzas.
Y no quería verla así de nuevo.
Ruby no merecía sufrir así, y como su compañera, debía cuidarla.
Esa noche, cuando sintió las manos de Neo en su cuerpo, esta moviéndola para despertarla, se dio cuenta que el día finalmente había llegado. Por supuesto. Iba a ocurrir en cualquier momento, y Ruby había escogido esa noche para moverse, para aliviar sus preguntas y así mismo destrozar su corazón.
Ya no había vuelta atrás.
Notó pánico en los ojos bicolores, pero ni siquiera le preguntó lo que había pasado, cuál era la razón para que la despertase en medio de la noche, no era necesario, conocía a Ruby, y sabía que si esta no estaba en la habitación era porque había caído ante los impulsos.
La conocía mejor que nadie.
Quizás, si Ruby se hubiese abierto a ellos, a sus amigos, si les hubiese dicho sus pesares, tal vez habría sido una historia diferente. Probablemente Yang también estaría de acuerdo en descubrir la verdad, pero no insistía porque sabía que aquello no sería bueno para sus mentes, para sus almas.
Si Salem tenía que ver, no había un final feliz.
Neo intentó despertar a todos más como no podía gritar, optó por despertarla a ella, y lo agradeció, no necesitaba que todos supieran lo que estaba ocurriendo, o todo se seguiría rompiendo a pedazos. Se levantó de inmediato y corrió. Pudo escuchar a Penny removerse a su lado, y sabía que esta haría lo correcto, de todas formas, era otra aliada más de Ruby, y debía seguir el protocolo.
No debía permitir que los demás fuera de su conspiración supiesen lo que ocurría, ya que eso terminaría generando más caos del que era necesario.
No creía tener tiempo para hacer nada, no creía ser capaz de llegar antes, pero esperaba al menos el poder hacer razonar a Ruby.
No le importaba que la pregunta desapareciera, que Vacuo no los aceptase sin tener algo más que la reliquia, le daba igual, ya habían tenido que estar solos sin aliados, una vez más no sería diferente. Lo único que le importaba era que Ruby no se lastimase aún más de lo que ya solía lastimarse.
Era suficiente.
El dolor era suficiente.
Había otras cabañas en ese pueblo inhóspito, más pequeñas, cercanas a su base, y notó como una de las puertas se cerró.
Ruby acababa de salir, Neo debió escucharla a penas se levantó de la cama.
Corrió, sin parar y tocó la puerta, golpeándola, dos, tres veces. Miró por la ventana hacía adentro, y se topó con el ojo plateado de Ruby, vio determinación en su expresión, mientras se alejaba de la puerta, retrocediendo poco a poco, la lampara firme en una de sus manos.
"Ruby, por favor, abre la puerta."
Ahí recién el ojo plateado la observó, ese dejo de decepción pasando por su expresión, y esta no la había mirado así en todo ese tiempo, y sintió un dolor en el pecho. Esa mirada era realmente dolorosa de ver, y ahora entendía porque Yang se enfurecía al verla.
Era peor que un insulto.
Ruby cambió su expresión rápidamente, notando quien era, tomándose un momento para analizar la situación, y pasó a estar nada más que lastimada. No lo sabía con seguridad, pero como solían leerse mutuamente, Ruby debió darse cuenta de sus razones para intervenir, para detenerla, debía saber que jamás se entrometería en sus planes para avanzar con la venganza, pero si se entrometería si era para evitarle dolor.
Se preocupaba por Ruby, y Ruby lo sabía.
El cañón del rifle apuntó hacia la puerta, como una advertencia.
Ruby jamás la lastimaría, por eso apuntaba a la puerta y no directamente a ella, solo le estaba avisando de que quien osara entrar por la puerta, tendría que lidiar con una bala. Así de firme era su determinación.
Al final, su mueca se transformó en desesperación.
Ruby necesitaba conocer la verdad, lo necesitaba, aún más que la necesidad de sentir dolor, de tener su castigo, y quizás también iba de la mano, porque sabía que lo que iba a ver, iba a lastimarla, iba a recibir su ansiado dolor y sus razones para que su sed de venganza creciera. Podía tener al fin aquello que buscaba con solo decir un nombre y preguntar por su madre.
"No puedo, Weiss, no puedo seguir así."
Esa era una frase que pudo leer en ella varias veces. Estaba completamente embargada por sentimientos tan fuertes que le era imposible pensar con claridad, razonar, o al menos buscar otra forma.
No, había una respuesta fácil.
Matar a Cinder.
Preguntarle a Jinn.
Esas eran soluciones rápidas para sus problemas, y debían de ser restregadas en su cabeza una y otra vez, forzándola a hacer cosas que tal vez no quería hacer, o al menos en un estado normal y calmo, no querría.
De hecho, le impresionaba que hubiese durado tanto tiempo resistiendo la tentación, teniendo la lampara a solo unos metros, a su alcance. De hecho, sentía alivio que esta hubiese aprovechado la oscuridad, la noche, sus amigos dormidos, para robar la lampara, cuando pudo haber matado a quien sea que la tuviese, en el momento que quisiera, sin importarle las consecuencias.
Evadió la guerra, y eso era algo que Ruby haría.
"Ruby, sé que quieres usar la lampara, pero prometimos que se la daríamos a Vacuo, fue tu plan después de todo."
Escuchó a Penny a su lado, pero no la escuchó llegar. Su voz sonó calma, conciliadora. Ruby le decía sus ideas a Penny, la informaba, porque esta tendría los datos suficientes para ejecutar todo con precisión, y el que la misma líder tirase a la basura su propia idea, debía ser imposible de entender para la androide.
Notó como Ruby se tensó aún más, cuando se escucharon más pasos resonar, incluso sobre la arena y la ventisca helada del desierto. Alguien más se acercaba, y de reojo notó que era Yang, Blake y Neo. Los demás aun debían seguir dormidos, sus habitaciones más alejadas, lo que era una suerte, ya que debían permanecer ajenos a eso, si no veían a alguien hacer la última pregunta, nunca sabrían si seguía ahí o no.
Jaune, sobre todo, perdería la cabeza si veía lo que estaba ocurriendo.
Él ya no lo soportaba. Ya no soportaba a Ruby, aunque fingiese lo suficiente.
"Necesito saber la verdad."
Ruby habló fuerte, su voz resonando en el páramo. Realmente estaba determinada, era tal y como creyó, una necesidad más que cualquier otra cosa. Y en la noche, cuando todos dormían, pero Ruby se mantenía despierta, como siempre, los pensamientos debían resonar con mucha más fuerza, sin ninguna distracción que los acallase.
Ya no era la misma, ni nunca lo sería.
Ese dolor, podría destruir a cualquiera.
Yang apareció, y tomó rápido el lugar de Penny, frente a la puerta, mientras se tronaba los nudillos.
Más que ira, notó miedo en sus ojos.
La verdad no iba a ser bonita, era obvio. Yang no estaba lista para saber lo que había ocurrido, no era capaz de soportarlo, así que prefería vivir en la ignorancia, y asumir aquella historia que resonó durante todas sus vidas. Una misión que causó la desaparición, nada más.
"Voy a volar esta puerta en pedazos, Ruby, te lo advierto, detén esta locura."
La voz de Yang sonó fuerte, sin embargo, era claro como esta tembló al decir cada una de las palabras. Debía estar en un debate interno, así como también quería mantener a su pequeña hermana a salvo, tal vez no la salvó antes, pero tal vez podría salvarla ahora de la cruda verdad, pero sabía con seguridad que Ruby no aceptaría eso, no aceptaría la ignorancia, no teniendo la verdad tan cerca.
Ruby se quedó inerte un momento, luego sujetó la lampara frente a su rostro. Lucía pensativa, y por un segundo creyó que esta iba a detenerse, soltarla, o al menos bajar su arma, sin embargo, cuando volvió a mirar hacía la entrada sellada, se veía incluso más resuelta.
"Tal vez quieras vivir en la ignorancia, seguir siendo una cobarde, pero yo ya no puedo más, es mi madre, y tengo el derecho a saber que ocurrió con ella."
Y así, vio como la puerta se abrió de par en par, Yang dando un certero golpe, destruyendo la cerradura, y así como el golpe, al mismo tiempo, escuchó un disparo del rifle, luego otro, un aviso, una advertencia, y no tenía idea si apuntó o no, ya que todo se tornó en un caos de un momento a otro.
Si se entrometían en el camino de Ruby, las mataría, lo tenía claro.
Ruby no temía matar, no más.
Antes de darse cuenta, vio todo en cámara lenta.
Jinn.
Se vio entrando en la cabaña, junto con las demás, intentando detener a Ruby, o al menos evitar que lograse preguntar algo mientras Jinn hacía su aparición. Pero no eran tan rápidas. El mundo se había vuelto extremadamente lento, sus pasos se volvieron eternos, así como las palabras que querían salir de su boca.
Así que antes de poder acercarse, Ruby ya había hecho la última pregunta.
"¿Qué fue lo que le ocurrió a mi mamá, Summer Rose?"
Luego todo se tornó blanco, el mundo volviendo a su velocidad normal.
Y ya había vivido aquello, ya se había visto en esa situación, y fue algo imprevisto, pero ahora no, ahora sabía que vería horrores, como serían imágenes crudas frente a ellas como si estuviesen en ese mismo lugar.
Y así, comenzó.
Lo que Jinn les mostró, no fue bonito, tal y como imaginó, y se horrorizó perpetuamente con cada imagen que veía, con cada escena.
Vio a aquella mujer, la viva imagen de su líder, tomando decisiones tal y como su hija lo hacía, llena de determinación, de impulsividad, lanzándose al peligro, sin decirle a nadie. Pudo notar como había algo similar en ambas, a parte de la apariencia. Ambas tenían el mismo fuego en los ojos, la misma ira, la misma incapacidad para mantenerse quietas de brazos cruzados.
No podían, les era imposible contenerse.
Era una mujer que iba al peligro, que no dudó ni un momento en adentrarse en las fauces de un monstruo como Salem, sin importarle la familia que dejaba atrás, porque detenerla era lo correcto, y no se detendría hasta lograrlo.
Creyó por un momento que esta iba a ser capaz derrotarla, que iba a deshacerse de Salem antes de que lograse obtener aún más poder, se veía capaz de lograrlo, era fuerte, capaz…
Pero no lo suficiente.
Así que perdió.
Sin embargo, eso no fue lo peor.
Lo peor fue ver lo que Salem le hizo. Ni siquiera la mató cuando la tuvo en su poder, cuando la batalla mermó las fuerzas de la cazadora de ojos plateados. Esta tenía otros planes. Luego de ver al Sabueso, al ver quien estaba dentro de la bestia, supo que Salem no perseguía a los que tenían los ojos plateados por mero capricho.
Era claro que experimentaba con ellos, desde hace mucho.
Eran un peligro para Salem, y al mismo tiempo eran su juguete favorito.
Tal vez María tuvo suerte de ser cegada aquel día, porque si lograban llevarla viva donde Salem, habría sufrido lo mismo que Summer.
No quería mirar, pero debía hacerlo.
Los meros sonidos eran suficientes para hacerla sentir nauseabunda, dolorida incluso.
Los gritos.
Los llantos.
Las suplicas resonaban en sus oídos, rebotando en su cabeza como un eco, un eco abrumador, un eco que esperaba olvidar, pero dudaba poder lograrlo.
Dolía oír aquello, dolía escuchar a esa mujer que no conocía gritar de esa manera, sufrir de esa forma, ¿Cómo sería para sus hijas? ¿Quiénes la conocían y la veían así?
Al final de todas esas escenas de torturas, de experimentación, de abusos, de maltratos, uno tras otro mientras la mujer se resistía, mientras sobrevivía un día más, vio el último movimiento que aquella corrupta mujer hizo, aquel último ataque hacía aquella cazadora ahora encerrada en una celda, habiéndose aburrido de la determinación de la mortal.
De su ser inquebrantable.
En ese momento…Le quitó los ojos.
No podía creer lo que veía.
Si, era así. Salem simplemente se aburrió del espíritu inquebrantable de la mujer, y decidió experimentar con los ojos en sí mismos, no más con el portador, tenerlos como un trofeo para reclamar su victoria. Ya ni siquiera soportaba ver a Summer Rose y tomó la salida más agradable, y era terminar de romperla, quitándole parte de su poder, de su vista, de su existencia.
De su alma.
Y Jinn se esfumó luego de mostrarles a la mujer ahí, en aquella celda, sufriendo de dolor, sujetando su rostro, gritando de una manera que le causó escalofríos, un grito que no podría olvidar, nunca.
El mundo volvió a la normalidad, viéndose de nuevo en esa cabaña antigua, oscura, embargada en un silencio denso, aun así, aún escuchaba el grito de Summer en su oído, revotando en su tímpano, luego en su cerebro, una y otra vez.
A penas tuvo fuerza de mirar a su líder, quien estaba solo un metro de ella. Podía ver su rostro en perpetua sorpresa, mientras negaba lentamente, de un lado a otro, sin parar, sin poder creerse lo que acababa de ver. Incrédula, evitando darle credibilidad a lo que vio, a lo que escuchó.
No podía ni siquiera vislumbrar el dolor por el que esta tenía que estar pasando. Como su madre fue llevada al abismo, como se vio sufriendo día y noche, siendo usada como un experimento, sufriendo cambios y al mismo tiempo esta luchando por mantener la corrupción fuera de su cuerpo, sin dejarse dominar por lo que Salem le hacía.
Pero fue en vano.
Tal vez su cuerpo físico se pudo recuperar del daño, del cambio, pero no iba a poder recuperar sus ojos, su libertad, su vida.
Notó como las lágrimas comenzaron a caer del único ojo plateado, y se vio acercándose. Crescent Rose cayó al suelo con fuerza, resonando en la cabaña, así como escuchó el llanto lejano, probablemente el de Yang.
Al final, tuvo razón.
Esa verdad era más dolorosa que la mentira.
Tuvo la valentía de abrazar a Ruby, de poder estar ahí, ahora que su hermana no podía. Ambas necesitaban su tiempo, y se lo iba a dar, pero tampoco la iba a dejar sola, tampoco se iba a quedar ahí mirando como una estúpida, como antes, no cometería el mismo error.
Ruby dejó caer también la lampara, y luego sintió las manos fuertes de esta en su brazo. Ambas cayeron al suelo, y ahí se quedaron. Sujetó a Ruby con toda la firmeza que pudo, sin querer que esta se alejase, que huyese, pero lo dudaba. Se veía tan cansada, tan rendida, tan sumida en la desesperación que no iba a ser capaz de usar su habilidad para estar sola.
Al menos se alegraba de que esta confiase lo suficiente en ella para abrazarla de vuelta, para sujetarse a ella, para aferrarse, para llorar, lo agradecía. Era lo único que podía hacer en ese momento por su líder, ya que no existían palabras de apoyo, de confort, en una situación así.
Se quedaron ahí por una eternidad.
Sintió a Penny a su lado, y le dio una mirada, está sentándose de rodillas al lado de ambas, pasando una de sus manos por la espalda de Ruby, su rostro consternado, preocupado, triste, más humano de lo que la había visto el último tiempo, y cuando miró a su derecha, vio como Neo se sentó, relativamente lejos de ellas, sujetando la lampara contra su pecho. También se veía afligida, habían adquirido cierta confianza el último tiempo, siendo las únicas a quien esta e podía acercar cuando el resto aun la miraba con odio, con resentimiento, pero a pesar de eso, no parecía lista para hacer mayor acercamiento.
Ruby creó esa conspiración para ayudarla en su venganza, para tener de su lado a quienes necesitaba para llegar a Salem, y por lo mismo, eran lo único que Ruby tenía, las únicas personas en las que Ruby podía confiar.
Y por lo mismo debían permanecer ahí.
Ese era su lugar, ese siempre sería su lugar.
Al lado de Ruby.
Soltó un suspiro, apoyando el rostro en el cabello de Ruby, esperando a que el llanto cesara, y así tal vez el cansancio.
Quizás Ruby al fin podría dormir, aunque fuese un poco.
