EYE FOR AN EYE
-Camino-
…
Se sentía extraña.
Pero sentía.
Se había sentido vacía por un largo tiempo, queriendo sentir, ansiando más, ansiando lo que sea que le diese una señal de que seguía viva, de que merecía vivir, pero ahora, lo único que sentía no era nada más que rabia, la rabia parecía llenarla con desesperación, sus venas palpitando.
Y ya se había sentido así antes, probablemente fue lo último que sintió antes de que su camino se hubiese tornado oscuro.
Y ahora la sensación volvía, renovada.
Más fuerte que antes.
Cuando abrió los ojos, sentía el real aun húmedo por el llanto.
Las imágenes que vio seguían ahí, claras en su mente. Cada momento, cada día de tortura que su madre pasó, seguía nítido, su rostro dolorido, su cuerpo maltratado, y sus gritos de dolor resonaban en su cabeza, y dudaba poder olvidar lo que había visto, lo que había oído. Sabía que ni siquiera el poder de Jinn podía mostrarles con claridad cada una de las cosas por las que su madre había pasado, pero sabía que era incluso peor de lo que lucía.
Su madre sufrió demasiado.
Su madre fue su luz, siempre fue su luz, y la vio desvaneciéndose, poco a poco.
Y se sentía impotente al saber que no pudo hacer nada para salvarla, no hubiese sido capaz, era solo una niña en aquel entonces, pero ahora, ahora podía hacer algo, podía quitarse esa pesadez del cuerpo, esa impotencia, y vengar a su madre.
La pregunta era…
¿Su madre estaba viva aún o Salem le había dado fin a su miserable existencia?
No, dudaba que esta le hubiese dado aquel regalo, además, su pregunta fue concisa, si hubiese muerto, Jinn se los habría mostrado, pero no, la vio llorando hecha un ovillo en una de las esquinas de la jaula en la que había sido encerrada, gritando de dolor, de impotencia, de sufrimiento.
Ella misma se sintió vacía al perder su ojo, a perder parte de su luz, ¿Cómo se sentiría su madre en ese momento al perder ambos?
Perdió su propia luz, la esperanza, y probablemente aun estuviese ahí, encerrada, sufriendo, sabiendo que perdió la libertad, que perdió a sus hijas, que perdió a su esposo, que perdió su vida y se convirtió en nada más que en una prisionera cautiva en las garras de Salem.
Se sentía hervir, nunca se había sentido tan cálida, tan abrumadoramente caliente, y era por todo el odio, toda la rabia que sentía. Ni siquiera con Cinder se sintió así. Era algo completamente distinto.
Se miró las manos enguantadas.
Quería matar a Salem ella misma, y para eso, tendría que entrenar día y noche desde ahora, tenía que ser fuerte, más y más, solo así podría sentirse satisfecha, solo así podría lograrlo, solo así podría hacerle frente a su más grande enemigo. Tendría que jugar sus cartas cuidadosamente para lograrlo, porque si cometía un error, su destino terminaría igual que el de su madre, y no la salvaría, no la vengaría.
Todo debía salir perfecto.
Pero ya no estaba sola para lograrlo.
Se dio cuenta, en ese momento, que parte del calor que sentía, no era proveniente de sí misma, de su sangre iracunda, no, era del cuerpo de Weiss pegado al suyo, los brazos rodeandola. Estaba dormida, completamente dormida, pero la abrazó en ese momento, y ni siquiera el sueño ni el cansancio zafó su agarre.
¿Por qué la tocaba?
¿Por qué se acercaba?
Había fallado en mantenerse cuerda, había fallado en mantener su máscara, había roto sus propias reglas, su propio plan, era una pésima líder, además, había corrompido a su mejor amiga, a su compañera, ¿Por qué Weiss seguía a su lado?
No se la merecía.
Merecía lo peor.
Merecía un castigo, merecía la muerte, sobre todo ahora que al fin sabía lo que tenía que hacer para lograr su objetivo.
Aun así, era una villana, era egoísta, si, lo era, por eso disfrutaba de la cercanía, del agarre ajeno en el suyo, como esos brazos puros, ese blanco, se teñía de rojo. Lo adoraba. Así que se aprovechaba de su compañera, y lo seguiría haciendo, solamente para sentirse más humana, sentirse de nuevo como aquella niña que fue alguna vez.
Sentirse como la niña que mató.
No podía estar sola, lo necesitaba, los restos de su humanidad se lo pedían.
Miró al frente, y notó a Neopolitan durmiendo también, sentada, abrazándose de la lampara, esta ahora inútil, sin poder, por los siguientes años.
Esta también se mantenía ahí, cerca de ella, a pesar de haber podido huir en ese largo viaje que hicieron, porque era el único lugar al que pertenecía luego de haberlo perdido todo, luego de haber perdido al hombre que amó, luego de haber perdido su camino, su venganza, donde incluso gente de su calaña la traicionó.
Esta seguía a su lado a pesar de que no tenía porque hacerlo, le daba lealtad, porque eran iguales, eran parias, eran personas vengativas, consumidas por el odio, y a su lado, era en el único lugar donde podría sentirse cómoda, con un villano con sus mismos instintos.
Recién en ese instante, sintió la mano de Penny en su cuerpo, le costó percatarse ante lo frio del tacto. Cuando se giró, la notó, los ojos de esta abiertos de par en par, opacos, ahorrando batería, pero cuando notó el movimiento, sus ojos volvieron a la normalidad, vivos, luminosos.
Le dio una mirada, y Penny de inmediato reaccionó.
Ese último tiempo, se le había hecho fácil comunicarse, el hablar con ese grupo, desligándose del resto, sobre todo teniéndola a esta, quien entendía sus órdenes con facilidad, quien entendía su plan, quien le mostraba el camino más seguro, y no podía evitar sentirse afortunada de que esta también permaneciera ahí, aunque no debiese. Le agradaba como esta reaccionaba exactamente como quería. Era útil, demasiado, podía ejecutar sus planes con precisión, y de nuevo, era egoísta de su parte el pensar eso.
Se movió, y Penny evitó que Weiss cayese ante la falta de su cuerpo ahí, sosteniéndola de cierta forma.
Se levantó, y caminó por la cabaña, mirando alrededor. Solo estaban ellas cuatro, nadie más, sin el menor rastro de su hermana, de Blake.
Huyeron, de nuevo.
Se acercó a la ventana, el viento aullando, pero a pesar de eso, había solo silencio. El grupo debía estar dormido, y eso era bueno. No quería a nadie más interfiriendo. No quería más caos, ya era suficiente con el que tenía dentro de las venas. Tenía el impulso de salir de ahí corriendo, meterse en el desierto, sin siquiera dudar, y buscar a ciegas a Salem, aunque era evidente que eso la mataría antes de llegar a su destino.
Y sus ganas de asegurar esa venganza era más fuerte que su impulsividad.
Aun así, sabía bien que, si Salem apareciera frente a ella en ese preciso instante, no sería lo suficientemente fuerte para destruirla, pero se movería de igual forma, tomaría su guadaña y la cortaría, la rebanaría, le haría daño, tal y como esta dañó a su madre, le devolvería todo ese dolor, y le sacaría los ojos, una y otra vez, hasta sentirse en calma, hasta disfrutar de su venganza.
Hasta sentir.
"Ruby."
Miró hacia atrás, Weiss había despertado, parecía exaltada, con miedo, y creyó que esa mirada era por ella. Tal vez pensó que el ver la verdad, el tener las respuestas que ansió durante todos esos meses, la haría cometer alguna locura.
Como suicidarse, por ejemplo.
O como salir afuera, y buscar a Salem, a ciegas, y suicidarse de otra manera.
Pero no, no iba a ser tan estúpida. Quería asegurar su venganza, quería asegurarse la victoria, solo así lograría tener a su madre de vuelta. Si traía de vuelta a su madre el mundo real, si la sacaba de esa celda, la iba a traer a un mundo sin Salem, donde estuviese a salvo, de una vez por todas.
Cuando miró a los rostros presentes, las tres mujeres tenían los ojos abiertos, vividos, mirándola, expectantes.
Ese era su equipo.
Esas mujeres le permitirían tener la victoria.
Ahora ya no podía vacilar. Ahora sabía exactamente lo que tenía que hacer. Sabía exactamente cuál iba a ser el curso de su venganza, y no dejaría que nadie, que absolutamente nadie se entrometiese.
Y por eso, debía de hacer su papel de líder.
Debía de dejar las cosas claras en ese instante, sin dejar espacio para un error.
"Esto le dio firmeza a un camino que íbamos siguiendo a ciegas, y agradezco que hubiesen mantenido todo lo que pasaba por mi cabeza en secreto de los demás. Sé que no me callé con Yang en este último tiempo, que no pretendí, y tuve mis razones, pero no quiero que crean que eso significaba que la iba a inmiscuir en esto, por el contrario, lo que acaba de ocurrir, me dejó claro que sería un error, por eso, debemos alejarla a ella tanto como alejamos a los demás."
Weiss fue la primera en moverse, en hacer un gesto, confusión en su rostro, mientras se ponía de pie, acercándose.
Entendía su consternación, eran un equipo, siempre lo fueron, siempre lo habían sido, pero debió darse cuenta de que la situación estuvo tensa desde lo que ocurrió en Atlas, desde que sus caminos se separaron, luego sucedió lo de Cinder, y luego fue su pelea. Las cosas no eran como antes, nada pudo enmendar el quiebre.
No tenían las mismas prioridades, y ahora lo sabía con seguridad.
"¿Qué? ¿Por qué no?"
Si, pensó que la incluiría, y no le extrañaba. No le mentía a Yang, que no inventaba excusas, y la razón no era por incluirla, era porque sabía que esta sería la única del grupo que no tendría la valentía para matarla.
Porque era Ruby, y Yang no podría matar a su hermana.
Yang no tenía el valor.
"Porque es una cobarde, pasó años temblando de miedo por el mero recuerdo de Adam, y ahora, no tuvo la valentía de enfrentar la verdad. Su vacilación es un peligro para mis objetivos."
Pero eso no mermó la consternación en Weiss, esta dando otro paso, quedando frente a ella.
"Le cortó el brazo, Ruby, es entendible que estuviese asustada de él, y con lo de tu madre, también se entiende que no fuese capaz de averiguar la dolorosa verdad."
"No."
Miró a Weiss a los ojos antes de acercar su mano, la sujetó de la nuca, pasando el pulgar sobre la cicatriz sobre el ojo celeste, en el mismo exacto lugar donde ahora tenía su propia cruz. Ambas la tenían en el mismo lugar. ¿También le ardía? ¿También le picaba? Quería preguntarle, pero no quería evidenciar su propio estado.
"Lo que te hicieron a ti fue incluso peor, desde niña, una y otra vez, te lavaron la cabeza y aun así peleaste, una y otra vez, hasta que encerraste a tu padre. Nunca te vi temblar como una pequeña hoja, jamás, ni siquiera cuando lo tuviste frente a ti, no dejaste que el miedo te detuviese. Eres fuerte, valiente, más que nadie."
Weiss iba a protestar, pero no dijo nada.
Por su parte, se alejó, caminando de nuevo hasta la ventana. Podía ver el viento moviéndose bruscamente afuera, más que antes, moviendo la arena, creando tornados a la lejanía. Podía oír el siseo del viento al querer atravesar la ventana y entrar en aquel refugio.
"Además, Yang no fue capaz de mirarme a los ojos desde nuestra pelea, hasta ahora, hasta que me amenazó para soltar la lampara. Ella, sobre todo, debía buscar la verdad. Mi madre fue su madre por más tiempo, y aun así no fue capaz de tomar la iniciativa, de averiguar la verdad. Prefirió vivir en la ignorancia antes de tener la valentía de enfrentarse a lo ocurrido."
Se vio soltando una risa, sus dedos llegaron al vidrio y quiso romperlo, quiso hacer estallar el lugar en trozos de cristal, bañándose de ellos, sintiendo el dolor en su cuerpo, pero sabía que no sentiría nada, ya no sentía nada. Así que sería todo en vano.
Solo rabia, nada más.
Primero tenía que acabar con esa mujer, su castigo era secundario.
Solo ahí tendría derecho al descanso.
"Es igual a Raven, una cobarde, y no voy a correr el riesgo de que vuelva a detenerme cuando la situación se presente. Es un peligro. La opción más sabia es dejarla fuera de esto, antes de que su miedo la haga vacilar. Y si vacila, si se entromete de nuevo, la mataré."
Escuchó unos pasos apresurados, los tacones resonando en las tablas de la cabaña. Miró, buscando a la dueña de esos movimientos toscos, y se topó con Neo, esta golpeándole en el brazo para llamar su atención. Se veía indignada, y apuntó sus propios ojos, estos tornándose rojos, ese tipo de rojo. No el de Yang, el de Salem, podía diferenciar los ojos humanos de su hermana con los ojos inhumanos de aquella asquerosa mujer.
Entendió lo que Neo le quiso decir, sin necesidad de palabras, se había acostumbrado a su silencio.
También tuviste miedo de Salem.
Lo que ocurrió ahí, cuando Salem se les presentó, cuando Salem les habló por primera vez, era algo que todos sabían, que ya se había comentado en cierto momento, y Neo, en particular, lo sabía porque lo había oído de la perpetradora.
Era un juego, solo eso.
Se vio negándole de inmediato, sin dejar que hubiese espacio para malinterpretar su llanto, su desequilibrio, el caos que creó esa mujer en su mente.
"Cuando Salem me habló aquella vez, unas imágenes llegaron a mi cabeza."
Se vio mirando su reflejo en el vidrio, notando las cicatrices saliendo desde su parche, ocultando aquella vergüenza, aquel castigo perpetuo. Salem también le dio algo, y eran aquellas imágenes que la martirizaban.
"Vi una imagen frente a mis ojos, vi otra versión de mi madre, de las memorias que tenía de ella. No tuve miedo, tuve impotencia, tuve tristeza, tuve rabia, porque Salem se regocijaba de haber destruido a mi madre, y ahora, vi que fue tal y como creí."
Se giró, mirando al grupo.
Se sentía cansada, pero revitalizada al mismo tiempo. Ahora sentía una ira real, ahora sentía una sed de venganza real, porque sabía exactamente lo que Salem le había hecho a su madre.
Y, por ende, sabía exactamente lo que le haría a esta.
"No le tuve miedo a esa mujer, incluso cuando es algo razonable. No es un humano mortal como Adam, es inhumana e inmortal, cualquiera debería temerle. Pero no, no siento nada más que rabia hacia ella, y ahora, lo único que quiero, que ansío, es tenerla cerca y quitarle sus ojos, una y otra vez, hasta que sienta algún tipo de satisfacción, hasta que la haga pagar por lo que le hizo a mi madre."
Soltó un suspiro, recuperando su cordura.
Por un segundo su mano se fue a su castigo, esperaba que nadie notase cuando apretó un poco aquel objeto metálico, solamente para quitarse un poco el picor que crecía. Esos pensamientos grotescos la enloquecían, en más de un sentido.
Volvió a concentrarse en las caras frente a ella. Las tres caras familiares en las que confiaba en ese instante. Su compañera, un robot y su enemiga.
Vaya trio.
"Necesito a mi lado a personas que no le tengan miedo a desafiar a quien los lastima, necesito personas que no tengan miedo de elegir un camino diferente. Ya no puedo confiar en que Yang cumpla con el propósito que pensé para ella. Nuestros caminos yacían separados hace mucho, y ahora ya no hay vuelta atrás."
Miró a Weiss, notando como los ojos celestes parecían saltar ante la atención, pero no había miedo en su rostro, ni ningún sentimiento negativo hacía su persona, no, parecía tranquila, solo atenta. Weiss siempre tenía una sonrisa para ella, y en momentos así, donde ella misma era incapaz de sonreír con naturalidad, era necesario para la poca alma que le quedaba.
Weiss era su humanidad.
"Desafiaste a tu familia, desde siempre, aunque tuvieses miedo, aunque sabías que podías perderlo todo. Tu libertad, tu vida."
"Pero me escapé, hui, no fue valiente de mi parte."
"Huiste del encierro, tomaste el camino de la libertad, aunque sabías que tu padre podría darte caza y que aquello sería aún peor, que te ganarías su odio eterno, no tendrías perdón alguno y serías castigada por eso. Seguiste tu propio camino a pesar del miedo que había instaurado en tu cabeza, y eso requiere valentía."
Weiss abrió la boca, pero no pudo refutar.
Era innegable.
Se giró, mirando a Neo. Sus ojos bicolores la observaron, atentos, pero seguía notando algo de resentimiento en su semblante, su rostro siempre tosco, siempre arisco, y no le molestaba verla así.
Esta podía ver sus verdaderos colores, los vio en la pelea que tuvieron, hace ya tanto tiempo atrás. Notó que tenían algo en común. Su rabia, su odio.
Neopolitan era su venganza.
"Tú tienes el mismo ímpetu que yo, seguir a tu presa sin importar los riesgos, el buscar una forma de sanar el dolor arrebatándole la vida a quien te quitó todo lo que amabas. La sed de venganza estuvo siempre intensa en tus ojos, tal y como lo estuvo en los míos. Esa determinación no cualquiera la tendría."
La mujer la miró, aun frunciendo el ceño, pero su expresión se volvió más suave, o quizás más pensativo.
Se giró una última vez y se quedó mirando a Penny, esta algo incomoda con su mirada, mientras ponía una mano en el pecho. Esta sabía que también tenía palabras para su persona, y no parecía siquiera creerlo posible. Tal vez, ahí, era la más ingenua en ese aspecto, alguien bueno, alguien que seguía el camino correcto, así que no debía siquiera existir posibilidad alguna de que un villano como ella le dijese algo beneficioso para una causa tan retorcida.
"¿Y yo?"
Se vio sonriendo, pensando en quienes eran años atrás, personas completamente diferentes a lo que eran ahora. Eran confidentes de la otra incluso en ese entonces, y lo seguirían siendo.
"Tú estás aquí, aunque estabas programada para estar allá. Tienes libre albedrio, puedes escoger, tomar tu propio camino, tomar la decisión que quieras. Si eres capaz de llevarle la contraria a tu programación, entonces puedes hacer lo que sea, y hacerlo mejor que cualquier humano."
Penny la miró, y asintió, notaba algo de inseguridad, pero no esperaba más, fue hecha para ser una heroína, y por lo mismo cuestionaba sus razones para hacer las cosas, pero sabía que era por un bien mayor, era capaz de distinguir aquello con claridad. Si con sus actos viles iba a eliminar al más grande enemigo de la humanidad, Penny iba a estar ahí, iba a priorizar el bien mayor.
Penny era su mente.
Miró hacia afuera, de nuevo, las imágenes seguían dando vuelta en su cabeza, su sangre ardiendo, siempre ardiendo, desde ahora en adelante seguiría ardiendo, y con eso sabía que ya no era una heroína, que no era quien solía ser, que Ruby estaba completamente muerta dentro de ella, carcomida por su existencia pecadora.
Mientras más ardiese, menos sería como Ruby.
Y cuando tuviese la sangre oscura de Salem en sus manos, sabría que no quedaba nada de quien solía ser.
"Ruby, tomamos la decisión de seguirte, y lo seguiremos haciendo."
Volteó, mirando hacia Weiss, quien había hablado.
Quien sabía quién solía ser antes, quien había visto a Ruby, quien conoció a Ruby mejor que nadie, y ahora se paraba frente a quien la mató, a quien la destruyó, y le sorprendía que aun siguiera ahí, a su lado, a pesar de eso.
Se acercó, sujetando su mano, sintiendo el cuero en sus dedos, y, aun así, era cálido, no como sus manos frías, incluso ante lo caliente de su sangre.
"¿Por qué no me tienes rencor?"
Los ojos celestes la miraron, sorprendidos con la pregunta. Ya no tenía que fingir, que acallar sus palabras, sabía que podía dejar de morderse la lengua entre esas personas.
Conocían lo peor de ella, y ahora sabían, con las imágenes que vieron, que solo podía empeorar.
Desde ahora, todo empeoraría.
Pero Weiss lo dijo, ya decidieron quedarse, ya era tarde para retractarse, y si lo hacían, si intervenían, de desharía de ellas como dijo que lo haría con Yang, y estas lo tenían claro.
"Tú conociste a Ruby mejor que nadie, a la heroína, la inocencia, la pureza, y yo la destruí, eliminé a tu compañera de este mundo, la consumí por completo, sin dejar ni una traza de ella en este mundo, ¿Cómo es que sigues aquí? ¿Conmigo?"
El rostro de Weiss pasó rápidamente de sorpresa a molestia, y se vio tragando pesado.
No esperó esa reacción.
Nadie le hablaba de vuelta, nadie le decía las cosas en la cara, como si temiesen su reacción, nadie siquiera se permitía enojarse, ya que sabían la clase de persona en la que se había convertido, y no querían arriesgar su pellejo, así que evitaban mayor confrontación. Lo veía en los ojos de todos quienes la rodeaban, como la evitaban a toda costa.
Pero Weiss no, Weiss se enojaba, y la retaba, si, la mantenía con cordura, y lo agradecía, pero ahí si se daba cuenta del valor que esta tenía.
Lo valiente que era su compañera para enfrentarse a alguien que tenía la mente tan fría y la sangre tan caliente que la hacía capaz de hacer lo que sea.
La mano envuelta en cuero se escapó de la propia, y sintió el índice de esta enterrándose en su pecho, su ceño estaba completamente fruncido, y pudo notar tensión en Penny y Neo, ambas estupefactas al ver esa reacción. Neo tenía un mal humor, pero no intervenía en ciertas situaciones.
Weiss era diferente.
Era su compañera después de todo.
"Te voy a decir una cosa en este preciso momento, y sé que probablemente te lo sigas diciendo en esa cabeza testaruda que tienes, pero quiero que escuches mi opinión y te la grabes en tu estúpido cerebro para siempre. Tú eres Ruby, y cada vez que digas que no, voy a tirarte de la oreja para que aprendas."
Iba a abrir la boca, pero el índice dejó su pecho y se fue a sus labios, callándola.
"Callate."
Y eso hizo, y no sabía si estaba ella misma tensa, o las tensas eras las dos que observaban la escena con un poco de pánico. Sabían lo que ella era capaz de hacer, pero ahora se preguntaba, ¿Podría hacérselo a Weiss? Probablemente sí, pero en ese instante, dudaba siquiera poder abrir la boca luego de ser acallada con esa intensidad.
Weiss era un contrincante digno.
"Yo también sentí ira cuando supe lo que le pasó a Penny, también sentí ira cuando supe lo que le ocurrió a Pyrrha, y, sobre todo, sentí ira de que destruyesen el único lugar que sentí como un hogar. Por primera vez en mi vida, sentí que había encontrado una familia, y me lo arrebataron, obligándome a volver a mi prisión."
Se quedó en silencio, esperando, notando como Weiss soltaba un suspiro, su enojo desapareciendo, su sonrisa apareciendo de nuevo, y se sintió aliviada de que esta no se hubiese enojado. O sea, sí, pero no para siempre.
Weiss a pesar de mantenerla a raya, siempre tenía una sonrisa para ofrecerle.
Incluso en su enojo, en su indignación.
"No soy la misma Weiss. Después de Beacon, cambié. Lo que pasó ese día nos cambió a todas."
Weiss apuntó a Penny, apuntó a Neo, y se vio mirándolas.
Penny murió aquel día, y cuando volvió a abrir los ojos, su padre estaba muriendo, y Atlas la había obligado a trabajar para ellos, sin devolverle la ínfima libertad que tuvo cuando llegó a Vale. Y Neo, si bien estaba del otro lado de la moneda, de los que provocaron todo, solo era un peón más, solo estaba ahí por Roman, a quien perdió para siempre esa noche.
Si, Weiss tenía razón.
Todos cambiaron luego de Beacon.
Bajó la mirada, buscando sus manos, sus manos manchadas de sangre, manchadas de pecado.
Seguía siendo el cuerpo de Ruby, seguía teniendo sus memorias, su vida, aún permanecía en sus recuerdos aquellos días antes de que todo se cayese a pedazos.
Quizás si era Ruby, quizás Ruby aún estaba ahí, dentro de ella, con ella, en ella.
Si dijese que había matado a Ruby, entonces todas ahí hubiesen matado a quienes eran en el pasado, y no quería asumir eso.
Quizás, su mente se sentiría más en paz ahora.
Ruby era ella, y ella era Ruby.
Ruby era una heroína, si, Ruby quería derrotar a los malos, y ella quería verlos sangrar. Tal vez, sus objetivos no eran diferentes, solo los caminos que tomarían para lograrlos, los recursos que utilizarían, la forma de llevar a cabo sus objetivos.
Sonrió, y asintió, ganándose otra sonrisa por parte de Weiss, y un suspiro de alivio por parte de las otras dos presentes.
Si, iba a ser una heroína.
Su propio tipo de heroína.
