CORRUPTED BODY
-Alpha-
…
Algo no andaba bien.
Despertó rápidamente y se levantó de la cama, respirando en pánico.
Podía notar las marcas brillando en sus manos, avisándole de su propio estrés.
Por un momento se vio en un lugar que no reconocía, y le costó unos segundos para ubicarse en donde estaba.
Estaban en una posada, en la que decidieron pasar la noche. Era un pueblo que estaba siendo azotado por Grimm durante el último tiempo, y necesitaban personas que fueran a ayudar, y eso hacían el último tiempo, ayudar donde podían. Y esa, era la primera misión que tenía el equipo RWBY desde que ocurrió todo, desde la pelea con Cinder, desde su engaño, desde la corrupción.
Fue incomodo, cada segundo del viaje lo fue, desde que salieron de Mistral hasta que llegaron ahí.
Yang aún se comportaba de manera extraña al tener a Ruby ahí, la culpa impidiéndole actuar con normalidad, se notaba que cada vez que miraba a Ruby, que miraba los huesos en su cuerpo, recordaba que falló en protegerla. También notaba como Blake actuaba extraño, o más bien, se notaba pensativa, atenta a Ruby, tal vez algo de instintos, algo que ella como humana no podía entender.
Y creyó que luego de eliminar bestias, de pelear juntas, aquella tensión se acabaría, pero no era así.
Se prometió el tener la vista puesta en Ruby, y se relajó cuando esta se quedó dormida como un cachorro apenas tocó la almohada, como era usual, y creyó que desde ahí solo habría paz, que terminarían lo que tenían que hacer por la mañana y volverían con el resto.
Pero la sensación en su estómago no le permitió seguir durmiendo.
Era una angustia, era una sensación que no sabía definir.
Algo la obligaba a levantarse, y al primer lugar al que sus ojos se fueron, era donde dormía Ruby.
Cama la cual estaba vacía.
Sintió el estómago retorciéndose en su interior, de nuevo, con aún más intensidad.
¿Dónde estaba Ruby?
Ahora se arrepentía de no haber dormido juntas, ya lo habían hecho antes, no había problema en seguir así, pero por supuesto que el tener a Yang al lado le causó dudas, pero si así hubiese sido, quizás la habría escuchado moverse. Se habría dado cuenta cuando se escabulló fuera de la habitación.
Avanzó deprisa hasta la cama, tocando el lugar que quedó vacío.
No estaba frio del todo, así que eso la dejaba tranquila de que Ruby no había ido muy lejos.
Aun podía encontrarla.
Escuchó la voz de Blake murmurando, y cuando la fue a mirar, esta estaba desperezándose.
"¿Qué pasó, Weiss?"
"Ruby no está."
Las orejas de Blake de inmediato se levantaron, y movió el rostro de un lado a otro, preocupación en su expresión. Esta también sabía que eso era extraño, y conociendo sus capacidades, probablemente notaba que su rastro no estaba cerca.
Por su parte, corrió a ponerse la ropa, porque no iba a volver a dormir hasta saber dónde estaba Ruby. Era a quien tenía que proteger, y no creía posible como le era tan complicado mantenerse al tanto de esta.
Pero era claro…
Cada día, la perdía más.
Tres veces a la semana probaba otro antídoto, se sometía a esa tortura, a entrar en esa habitación mientras la monitoreaban, mientras tragaba ese líquido viscoso y denso, y luego su cuerpo se retorcía de dolor. Se podría decir que se había acostumbrado a hacerlo, a estar ahí, a sentir eso, a que su cuerpo reaccionara de mala forma con el Dust. Pero lo hacía por Ruby, sin embargo, los trabajos en el laboratorio no eran tan rápidos como la corrupción de Ruby.
La última vez que la revisó, los trozos de hueso decoraban las grandes puas, más y más, apareciendo, y no solo con su rabia, si no que con cualquier cosa que significara usar sus nuevas habilidades. Cuando olía, cuando detectaba el sentir ajeno, cuando sus ojos se volvían rojos, incluso cuando gruñía. No necesitaba verla iracunda, perdida, ya era lo mínimo lo que la corrompía más. Era tan evidente que incluso el trozo de cráneo sobre su rostro se veía más completo, adquiriendo forma.
Pero lo que más le preocupaba de dejarla sola, era que pelease.
Ya no había petalos, ya no había mayor aura, porque su alma se estaba corrompiendo.
Y, eso significaba, que cualquier herida podía ser mortal.
Y no iba a dejar que muriese.
Salió de la posada, corriendo, sabiendo que Blake y Yang no tardarían en seguirla.
Intentó llamar a Ruby a su Scroll, pero esta ya no contestaba, ya ni siquiera lo usaba, a veces notaba como sus ojos parecían brillar con el objeto, como si no quisiera nada más que romperlo cada vez que sonaba.
Eso le daba más señales de que el final estaba cerca.
Lo que hacía por Ruby, no era suficiente.
Nunca sería suficiente.
Pensó por un momento antes de empezar a correr por aquel pueblo sin saber dónde ir, necesitaba tener alguna idea. ¿Dónde iría Ruby? Podría ser a cualquier lado. Sus movimientos eran instintivos, a veces se quedaba mirando un lugar, y la perdía por completo, incluso esos ojos la miraban a ella así, perdiéndose en sus ahora azules, y siempre se sentía enferma cuando aquello le agradaba.
Como Ruby se hundía en ella, sin que nada lograse distraerla de sus ojos.
Negó con el rostro, no debía distraerse.
Escuchó a Yang gritar desde dentro de la posada mientras salía deprisa, Blake junto a esta, las armas de ambas listas.
"No tiene que haber ido muy lejos."
Le dijo a Yang, intentando calmarla un poco. Podía notar el pánico en sus ojos cada vez que el tema de Ruby salía a la luz, cada vez que se reunían a hablar como esta poco a poco perdía su humanidad. Era algo obvio, innegable, y a Yang le costaba aceptarlo, y, de hecho, dudaba que lo aceptara.
Y no podía decir nada, a ella misma le parecía inaceptable el perderla.
No sabía que sería de su vida sin Ruby.
Las tres dieron un salto.
Se escuchó un rugido a la distancia, intenso, grotesco, el grito de un Grimm.
Si, ese lugar parecía estar infestado de Grimm, pero de todos los que cazaron el día anterior, ninguno sonó así, era diferente, era más grande, era más fuerte, y era evidente con el puro sonido.
Miró a Blake, la que sabía con exactitud de dónde provenía el sonido, y asintieron a penas sus miradas chocaron.
Ni siquiera lo dudaron, al fin y al cabo, ese era su deber. Quería buscar a Ruby, quería asegurarse que estuviese bien, pero si una creatura de esas dimensiones arrasaba con todo, no creía que fuese a haber algún desenlace lo más mínimo agradable.
De hecho, mientras Ruby estuviese lo más lejos de los Grimm, mucho mejor.
Confiaba en ella, confiaba en sus habilidades, Ruby la había salvado muchas veces, pero ahora estaban en una situación complicada. El más mínimo error podía ocasionar una catástrofe, y no estaba dispuesta a perder a Ruby antes de tiempo.
Nunca.
Corrieron por gran parte del pueblo, llegando hasta el bosque que rodeaba el lugar. Sabían que las creaturas salían de ahí, del interior del bosque, que las manadas proliferaban ahí, estos atacando sin parar, y lo comprobaron, gastando gran parte del día aniquilando las bestias que salían por cada rincón.
El rugido se volvió a escuchar, ahora más fuerte, más intenso, haciendo que todo temblase a sus pies.
Era un Beowolf.
Lo podían notar desde ahí, su cuerpo grande saliendo entre los árboles, sus ojos rojos brillantes ante la oscuridad del cielo. Las garras destrozaron los arboles cercanos con el más mínimo tacto, y notaron ahí lo grande que era. Hace tiempo que no se topaba con un Beowolf de esas dimensiones, era tan grande como sonaba, probablemente fuese un Alpha.
Su pelaje se mimetizaba con la oscuridad, pero los huesos brillaban, haciéndolo visible, definiendo su grandeza.
Y ahora, siempre que veía esos huesos, recordaba a Ruby.
Como los huesos ya aparecían en todo su cuerpo. Ni siquiera podía usar su ropa usual, esta comenzando a estorbar, así mismo como prescindió de usar camisas para no romperlas más. Esta necesitaba su cuerpo libre, y notaba como algún día iba a destrozar sus ropas, el pelaje cubriéndola, los huesos cubriéndola, cualquier vestigio humano desvaneciéndose.
Otro rugido resonó, pero notó como el Beowolf se mantenía en silencio, sus ojos rojos fijos en un punto en el pueblo, su cuerpo encorvado, sus orejas erguidas, esperando.
Pero ¿Y ese rugido?
Se le hizo familiar, quizás demasiado, y se obligó a mirar alrededor.
Ahí estaba.
Ahí estuvo todo ese tiempo.
Había una torre del reloj en el pueblo, levantándose erguida, el edificio más alto del lugar. Y sobre este, estaba Ruby.
Podía ver su capa roja meneándose, podía ver el brillo del blanco de sus huesos brillar, incluso podía ver los ojos rojos desde esa distancia, tan brillantes como eran los plateados, como una luz, como un faro.
Su postura era igual a la del Beowolf, y parecían dos animales amenazándose de la distancia, mostrando dominancia, disputándose un territorio.
"¿Qué demonios está haciendo ahí?"
Fue Yang la primera en romper el silencio, su voz sonando histérica, desesperada.
"Creo que… lo está desafiando."
Blake habló, su cuerpo tenso.
Tal y como lo imaginó.
Yang fue la primera en moverse, dispuesta a detener esa situación, de detener a su hermana de cometer suicidio, pero Blake la sujetó, deteniéndola.
"Si te entrometes, ambos te van a atacar."
Notó pánico en la voz de la pelinegra, y lo entendió.
Había visto a Ruby reaccionar de mala manera, ahora ya cientos de veces, lo había presenciado en primera fila. Cuando alguien decía algo, cuando alguien la observaba, a veces incluso cuando alguien se le acercaba, esta simplemente reaccionaba, dispuesta a desafiar a quien sea, y si lo hacía con amigos, en situaciones relativamente normales, ¿Cómo sería en medio de una pelea con un Beowolf?
No, inmiscuirse sería estúpido.
Pero ¿Cómo ayudar?
¿Cómo acabar con eso?
El Beowolf volvió a rugir, y estaban tan cerca que el piso volvió a remecerse. Este no le estaba poniendo ni la más mínima atención al pueblo, o a ellas, nada, su mirada fija en Ruby, así como la mirada de Ruby estaba fija en la creatura.
De la nada, Ruby saltó.
Dejó su posición en lo alto y se lanzó al suelo.
Se vio entrando en pánico, recordando de nuevo su falta de aura.
Esta cayó brutalmente rápido y duro contra el suelo, su peso habiendo aumentando mucho con los huesos. Una nube de polvo se formó a su alrededor ante lo fuerte de su caída, pero cuando todo este se disipo, la notó con los pies y la punta de los dedos en el suelo, sus ojos rojos aún fijos en la bestia al borde del pueblo.
Sin daño alguno, como si su cuerpo fuese capaz de resistir eso.
Y su cuerpo se había modificado con el tiempo, así que era probable.
Esta soltó un rugido, uno más bestial que el anterior, inhumano, y comenzó a correr hacia la bestia, rápido, usando sus manos de nuevo como apoyo.
Oh no.
Sabía que no debía meterse, sabía que era peligroso, aun así, no pudo detenerse, sus pies simplemente se movieron, siguiendo a la chica, avanzando donde estaba la creatura, no podía quedarse de brazos cruzados, no debía permitir que Ruby saliese herida.
Podría ser fatal.
Vio cada segundo de Ruby corriendo, directo hasta la bestia, cuya cabeza debía ser del tamaño del cuerpo entero de Ruby, pero esta no se detuvo, por el contrario, se lanzó al Beowolf como una bala, empujando a la creatura dentro del bosque, ambos desapareciendo entre los árboles.
Y desde ahí, escucharon estruendos desde dentro.
Estuvo cerca de entrar, de adentrarse en el bosque, pero sintió un agarre deteniéndola, y cuando observó su cuerpo, notó las cintas negras enrolladas en su torso, las del arma de Blake, impidiendo que avanzara.
Blake ahora deteniéndolas a ambas. Siendo la única que entendía por lo que Ruby estaba pasando, siendo la única que entendía con claridad cada uno de sus impulsos animales, siendo la única que podía entender sus movimientos, sus acciones, sus sonidos.
"El bosque es peligroso, no podemos entrar ahora, estaríamos en desventaja."
Lo sabía, por supuesto que lo sabía, no era estúpida.
Fue riesgoso entrar por la mañana, y no pudieron avanzar mucho, notando como una manada las acechaba y tuvieron que limitar su cacería a las afueras, y ahora que veía ese Alpha que había salido de ahí, era aún más riesgoso. No sabían que tantos tipos de Grimm se ocultaban bajo el frondoso bosque.
Si una bestia así se mantuvo oculta, cualquiera podría.
Necesitaban cazadores más experimentados para hacer ese trabajo, era demasiado para ellas que ni siquiera tenían su licencia.
Pero ¿Esperar? No quería esperar mientras Ruby estaba ahí dentro, peleando contra una bestia mucho más grande que ella. Confiaría en sus habilidades como cazadora, lo hacía, pero esta ni siquiera usaba a Crescent Rose como antes, ni siquiera tenía Aura, y los petalos ni siquiera salían a flote para ayudarla en la batalla.
Cada una de las cosas que la identificaban como un ser humano, con alma, estaban completamente desaparecidas.
Ruby se volvía más y más como un Grimm, y cada vez se veía más cerca de perderla.
Llevó la mano hasta el antídoto el cual siempre llevaba encima, la última prueba, siempre la tenía en caso de emergencia, pero no la usaría a menos que fuese estrictamente necesario, ya que aún no pasaban las pruebas, ella misma aun sintiendo las secuelas en su cuerpo, los vestigios de ese antídoto que se sentía como un veneno.
No estaba aprobada para ser usada en Ruby.
Todo ese rato se vio escuchando la discusión difusa entre Yang y Blake, intentando convencer a la otra, pero no les puso mayor atención, su mente en otro lugar. Pero estas se quedaron en silencio cuando un enorme rugido resonó, proviniendo desde dentro del bosque, y no pasó ni un minuto para que una manada de Beowolf aparecieran desde los árboles.
Saliendo del bosque comandados por el Alpha.
Tuvo que quitarse la angustia de encima y se puso a pelear, sin querer que lograsen entrar al pueblo, de todas formas, ese era su objetivo desde un inicio.
Y estos no dejaron de salir.
Era una manada interminable.
Se vio matando dos, tres, luego cinco, así como sus compañeras, evitando que estos lograsen pasar el límite del pueblo.
Estos llevaban atacando todos los días, y era claro que ahora no era diferente.
El Alpha los mandaba a atacar, día tras día, sin parar.
Y ahora escucharon el rugido en acción.
Ese Beowolf no iba a dejar de mandar a la manada a atacar el pueblo a menos que fuese eliminado, y temía que Ruby no fuese capaz de lograrlo, a pesar de que tenía total y completa esperanza en esta, a pesar de ya no atacar como un cazador lo haría.
Si, como un cazador sí.
Como una bestia cazaba a su presa.
Pero no como les enseñaron a ellas a enfrentarse a las bestias.
Así que no podía evitar el sentirse abrumada, preocupada.
Sin Ruby, ¿Qué haría?
No era nadie sin Ruby.
Escucharon una explosión desde donde estaban, y luego notaron un brillo rojizo provenir desde el bosque, rápido, fugaz, y no entendió que significaba aquello.
Solo quedó el silencio.
Un rugido resonó, no tan fuerte como los anteriores, no tan profundo, pero igual de animalesco.
Estaba en ese segundo a punto de ser atacada por uno de los lobos, pero este se detuvo apenas escuchó el llamado, parando en seco, mirando hacia el bosque, y retirándose dentro. Y así, el resto.
La manada que salió, entró rápidamente al bosque, corriendo.
No entendió, hasta que vio a alguien salir entre los árboles.
Ruby avanzó desde dentro del bosque, desde la oscuridad, y salió a la superficie, su cuerpo encorvado, sus ojos rojos mirando alrededor, y sintió la mirada de esta en la suya, siendo siempre a quien Ruby miraba primero, y ahí recién notó su rostro cambiar, calmando su locura, pero sus ojos permanecieron rojos.
Esta miró hacia adentro del bosque, y soltó un ultimo rugido, un aullido animal que se hizo sonar por todo el lugar, haciendo eco. Tan estrepitoso como el que causó el Alpha.
Pero ahí había otro Alpha.
"Ganó."
Escuchó decir a Blake, en un susurro.
Y entendió aquello como un grito de victoria.
Cuando Ruby detuvo su aullido, se levantó, parándose erguida, dándose vuelta de nuevo, mirándolas, sus ojos brillando. Podía ver su torso subir y bajar, acelerado, así como su ropa lucía rota y descuidada, sabía que estaba dolorida, que tenía heridas en su cuerpo, heridas que no sanarían con nada que no fuese descanso.
Pero había ganado.
Se vio acercando a esta por inercia, para asegurarse que estuviese bien, pero Ruby no mostró debilidad alguna, se mantenía orgullosa, se veía fuerte, capaz.
Había tomado el lugar para sí misma, el territorio, le había ganado a un Alpha.
Notó esa expresión otras veces en esta, pero jamás así.
Llevó sus manos a los brazos ajenos, tanteando a ver si veía sangre, si veía alguna herida abierta que necesitase atención. Y si estuviese el resto, les sorprendería que tuviese el valor de acercarse a Ruby en un momento así.
Esta soltó un bufido, su pecho inflado, orgulloso.
"Ya no volverán."
Esta le dijo, en una voz ronca, dura, tal y como sucedía cuando gruñía, cuando se volvía una bestia.
Pero con ella, su Ruby nunca era una bestia.
La sujetó del rostro, y solo así los ojos se volvieron plateados.
La miró, esta recuperando lentamente la poca cordura que le quedaba, su cuerpo ahora notándose más cansado por la pelea que tuvo adentro, pelea que no vio, y ni siquiera se imaginaba hasta qué punto llegó aquella pelea de poderes.
Una pelea entre Alphas.
Esta se acercó sin dudar, las manos como garras sujetándose a su cintura. En su mejilla pudo sentir la punta del cráneo, un tacto que parecía volverse más común, un animal mostrando cariño, y le agradaba, sin embargo, lo evidente estaba ahí, frente a sus ojos.
¿Cuánto tiempo más le quedaba?
¿Cuánto tiempo más estaría a su lado?
Esperaba que más del que parecía quedarle, porque por la información que estaban recaudando, por las ultimas noticias que sabían de su enemiga, era de esperarse que hubiese caos, y no sabía con exactitud cómo Ruby reaccionaría ante algo semejante, cómo reaccionaría al ver de nuevo a la mujer que la convirtió en una bestia.
¿Reaccionaría como un humano, o como un Grimm?
No tenía respuesta alguna.
