N/A: No suelo poner advertencias ahí, pero esto se va a poner retorcido, aunque me autocensuré.
EYE FOR AN EYE
-Éxtasis-
…
Al fin estaba ahí.
¿Por cuánto tiempo añoró aquel momento?
Si, se sentía como una eternidad.
Se había demorado en obtener lo que deseaba, sin embargo, ahora estaba preparada. Ahora era fuerte, más fuerte que cualquiera, había procurado entrenarse a cada momento, para estar lista. Las heridas no le afectaban, el sufrimiento no le afectaba, era inmune, no sentía nada, solamente el calor de sus venas impulsándola hacia adelante.
Hacía la venganza.
Y en todo el camino, su mente aún seguía en reposo, evitándose una posible decepción, porque cabía la posibilidad de que no fuese el día, que no ocurriese como quería, a pesar de haber planificado todo cuidadosamente, siempre podía haber un error de cálculo. Y recién ahora, en ese preciso instante, se dio cuenta de que era así, que estaba ahí, que el momento había llegado. No había escapatoria.
La había encontrado.
Se topó con las grandes puertas, sabiendo que la mujer estaba ahí, su presa, su víctima.
El resto del equipo, quienes solían ser sus amigos, estaban siendo contenidos al otro lado de aquella mansión, no llegaban a ella aun, no, no permitió que así fuese, había arreglado todo para que estuviesen retrasados, así que tenía toda la libertad de hacer lo que quisiera con la reina tras las puertas, y el estar ahí de pie, la hacía sentir impaciente.
Si, estaba impaciente.
Pero se mantuvo inerte, aún tenía órdenes que dar.
Se giró, buscando a Weiss y a Penny con la mirada, estas se pusieron alerta de inmediato, esperando. Ya no notaba el menor atisbo de duda en ninguna de las dos, y se sentía culpable de haberlas corrompido, de haberlas traído hacia ese lado, a sus preciadas amigas. Pero al mismo tiempo, sabía que ninguna de las dos estaría ahí si estuviesen siendo obligadas, no, eran diferentes, no eran cobardes, si estuviesen en desacuerdo, no tendrían miedo en llevarle la contraria.
Y honestamente, eso era un alivio, porque no habría llegado ahí sin el apoyo incondicional de su compañera y de la mente perfeccionista de Penny, ambas ayudándola a crecer, a ser más fuerte, tirándole cualquier ataque encima, con la intención de hacerla resistente, de hacerla capaz de enfrentarse a quien sea.
Incluso a la reina.
"Aun no sé si mi madre sigue con vida, si nos demoramos demasiado, pero si así es, necesito que la encuentren y la mantengan a salvo, desde aquí en adelante, solo queda la incertidumbre."
Y anhelaba que así fuese.
La única forma de salvarse a sí misma, iba a ser teniendo a su madre de vuelta.
La única esperanza que le quedaba a la Ruby atrapada dentro de su cascarón oscuro.
Weiss iba a decir algo, pero la detuvo, llevando una mano hacia su mejilla, pasando el pulgar por esa cicatriz, la cicatriz de la gloria, de la determinación, de la rebeldía.
Sabía que esta quería quedarse, ser su compañera, y lo entendía, pero en este momento, su madre era lo más importante, no como su propia vida. Ella estaría bien ahí dentro.
Y si Weiss entraba a su lado, no quería pensar que algo le ocurriese, que se viese herida por su culpa, por su venganza.
No, el daño solo podía recaer en ella, en la pecadora, sus compañeras podían ayudarla, pero no permitiría que se manchasen las manos. Podía mancharlas, pero no iba a dejar que pasaran completamente a su lado, porque ahí, ya no podrían huir, y terminarían como ella.
Y no le deseaba eso a nadie.
"Necesito que vayas, Weiss. Hazlo por Ruby, la Ruby de cinco años que perdió a su madre."
Ya Weiss la había retado por eso, tirado de su oreja por no referirse a Ruby como si misma, pero no estaba hablando de ella misma, ni siquiera estaba hablando de la Ruby que esta conoció en Beacon. Hablaba de mucho antes, y Weiss sabía con exactitud a lo que quería llegar al decirlo.
Sabía que había tomado el lugar de Ruby, pero ya lo había aceptado, que al final del día, si era Ruby, y Weiss se lo seguía recordando, siempre se lo recordaría, al final, Weiss era lo que la mantenía humana a pesar de todo.
Pero ahora, hablaba de la salvación, no de la corrupción.
Hablaba de obtener esa humanidad de vuelta, y por la mueca de realización de Weiss, esta entendió más allá de sus palabras, le leyó la mente con esa capacidad innegable que esta tenía.
Esa niña, quien necesitó a su madre más que a nadie en el mundo, la necesitaba ahora, una vez más. Quería devolvérsela, darle de vuelta a su madre, y siendo quien era ahora, podía conseguirlo. Iba a devolverle la humanidad a Ruby, dándole aquello que perdió, y quizás, así, se sentiría orgullosa de ser llamada así, por ese nombre.
La mano enguantada de Weiss llegó a su propia mejilla, rozando el parche en su ojo. Notó una sonrisa en esta, brillante, viva, y disfrutó cada segundo de esa sonrisa, del amor que no merecía, pero lo aceptaba sin siquiera dudarlo. Era un ser egoísta, lo admitía sin problema, sobre todo ahora, que había dejado a todos atrás para tener su venganza en paz, sin que nadie se entrometiese.
Ni siquiera su propia hermana.
Iba a salvar el mundo, pero solo por razones egoístas, e iba a vivir con eso.
"No mueras, o me voy a enojar mucho, y lo sabes."
Si, lo sabía.
Probablemente era una de las razones por la cual aún no se dejaba morir. Iba a completar su venganza, e iba a buscar su humanidad de nuevo, iba a recuperarla, y no estaría sola.
Se removió, sacándose el parche del ojo.
No iba a ensuciarlo con sus pecados, no podía hacer eso.
No lo había permitido en esos eternos meses, mucho menos ahora, en el gran final.
Se lo entregó a Weiss, una vez más, y esta, asintió, entendiendo a lo que se refería, leyendo su mente, de nuevo, y lo guardó, sin siquiera ningún otro miramiento.
Volteó, mirando a Penny, y esta asintió de inmediato, entendiendo su misión, lo que ya habían hablado ya varias veces, un plan que esta se había memorizado, por algo habían logrado llegar a esa instancia.
Estas se movieron, dispuestas a seguir su nuevo camino, pero Weiss se detuvo, dándole una última mirada, los ojos celestes brillando incluso ante lo lúgubre de ese lugar.
"Te estaremos esperando, líder."
La sonrisa de nuevo le quitó el habla, y solo pudo asentir, sintiendo una sonrisa propia formándose en sus labios.
No podía defraudar a nadie, a su equipo, a su compañera, a su madre, ni a sí misma.
Se había vuelto alguien irreconocible, pero sabía que Ruby quería que recuperase quien era, que hubiese un consenso entre las dos personas que vivían en ese cuerpo, e iba a intentar lograr aquel objetivo.
Pero primero…
Miró a Neo y a Emerald, la última poniéndose tensa, lista, pero Neo no parecía lo más remotamente interesada en lo que les diría, y no le sorprendía. Aun así, siempre acataba, lo que era la exacta razón por la que seguía ahí.
"Ya lo discutimos, necesito que ustedes se queden aquí, que guarden esta puerta, que no dejen que nadie entre, ni las bestias, ni cazadores, nadie."
Emerald asintió, y le recordó a la misma mirada que le daba a Cinder. Se preguntaba si había hecho bien en llevarla consigo, en hacerla una más, pero tampoco habría podido llegar ahí sin esta, sin la información que tenía, el conocimiento sobre ese lugar. Fue útil, y lo seguiría siendo, y por una parte, agradecía que esta hubiese bajado la cabeza, a pesar de que le dijese que aún tenía ganas de matarla.
Se preguntaba si esta tendría el valor de hacerlo, y luego de lo que iba a hacer, se preguntaba si existiría alguna persona que tuviese el valor de enfrentarla.
Ya no era esa niña, y si lograba su objetivo, sería imparable.
Notó como Neo la miró, frunciendo el ceño, y pudo distinguir un atisbo de preocupación en su rostro, y le sorprendía aquello, considerando que la chispa de rabia seguía en ella, la venganza aun fresca a pesar del tiempo, y esa fuerza la había ayudado a si misma a seguir adelante, a que su propia sed no vacilase.
A pesar del pasado, estaban todas juntas en eso, para tener un cierre, para conseguir un mundo diferente. Era por un bien mayor, donde nadie tuviese que vivir abusado por la reina.
E iban a dejar cualquier rencor de lado con tal de conseguir ese futuro.
"Viviré, no te preocupes."
Fueron sus propias palabras, sintiendo la mofa en su propia voz, mientras que Neo rodaba los ojos, el mismo humor en esta. Se intentaron matar mutuamente, le parecía que la relación que tenían ahora en comparación era bastante sana.
Soltó un suspiro, sin querer alargar más la espera.
Se dio vuelta, mirando las puertas, y las empujó con fuerza, estas abriéndose de golpe, resonando vigorosamente, y ahí, entró.
No pasó ni un momento para que las puertas se cerraran tras ella, sus compañeras encargándose de eso, de darle privacidad, de dejar al cazador y a la presa en un mismo lugar, sin escapatoria.
Iba a saborear la victoria a solas.
Y ahí estaba.
Finalmente.
Se topó con los ojos rojos, los cuales la observaban, sin demasiado interés, sabiendo que ese día llegaría, sabiendo que el caos debió ser por una razón. Esta estaba al otro lado del gran salón, sentada en su trono, confiada en sí misma, sin siquiera apresurarse en atacar al tenerla al otro lado de la puerta. Le estaba dando una oportunidad para mostrarle de que era capaz, y la iba a tomar.
Esta se iba a arrepentir al final.
Rápidamente una de las manos pálidas se levantó, apuntándola, sin querer perder tiempo en habladurías.
Salem iba a dar el primer golpe.
Se había ganado un castigo por entrometerse, por entrar al castillo sin invitación, por entrar al trono sin siquiera golpear. Era una irrespetuosa, se lo merecía.
Ahí estaban aquellas garras, naciendo del suelo, y podía sentirlas subiendo por sus piernas. Los brazos, delgados y resistentes empezaban a envolverla.
Pero no bajó la mirada, sus ojos, el real y el robótico, siempre en su presa.
Se alegraba de haber llegado antes que el resto.
La reina era suya.
Y la veía ahí, sentada en su trono, inerte, veía su rostro tal y como el de aquella vez, lucía tal cual como cada una de las imágenes que vio, como en las ilusiones o como en las imágenes del pasado. Era exactamente igual, y eso evitó que se sintiese decepcionada.
Era a quien buscaba.
Era a quien soñó matar.
A quien soñó torturar.
Sabía que el resto venía con un plan, ahora sabían cómo deshacerse de Salem, habían adquirido la información para salvar al mundo mientras ella buscaba el escondite de la inmortal mujer. Era el mismo destino, pero llegaron por caminos diferentes. Pero ella tenía información privada que el grupo desconocía, así que ahí tenía la ventaja.
Y no estaba ahí parada para deshacerse de Salem, no, por supuesto que no, no iba a ser capaz de eliminarla, así que le iba a dejar eso al resto, pero primero, iba a saborear ese momento. Podía hacer lo que quisiera, y ellos harían el trabajo definitivo.
Sin embargo, de nuevo sintió ese éxtasis.
A penas los brazos Grimm salieron del suelo, y comenzaron a rodearla, se vio como tantas otras veces, ansiando sentir, ansiando recibir su castigo, por supuesto, era habitual y le habría extrañado no sentir eso. Era parte de ella, ya no podía evitarlo.
Se vio sonriendo, sintiendo como las manos se arrastraban hasta sus brazos, luego por su torso, hasta llegar a su cuello.
Se vio jadeando.
Si, ese sería su castigo.
El ahorcamiento.
Nunca lo había deseado tanto como ahora.
Los ojos rojos de Salem la observaban, detenidamente, imponiéndose a ella, otra vez más.
Pero ya no era como antes, ni siquiera era como la Ruby que se puso a llorar ante el recuerdo de su madre, del sufrimiento en los ojos plateados. Ya ni siquiera eso le importaba. Ya no sentía nada, no más, ni lo más mínimo.
Y ahora, no sentía ni siquiera dolor.
Nada.
Las garras blancas se enterraban en su carne, podía sentirlo, pero no le causaba nada.
Se vio soltando un suspiro pesado, de nuevo sintiendo la decepción tan clara en cada poro.
Era una lástima.
Y aquella decepción la hizo recapacitar.
Había entrado ahí para torturar a esa mujer, para matarla cuantas veces necesitase y así sentirse bien de una vez por todas, y muriendo, recibiendo su castigo, no podría. Se iría con las manos vacías, con la conciencia sucia. No, no debía ser así.
Notó una mueca en Salem.
No estaba recibiendo de ella lo que quería.
Miedo.
Estaba segura de que Salem solía usar esas técnicas para asustar a los demás, como lo hizo con Cinder y con el resto de sus peones. Usando el miedo, el terror, su inhumanidad para mantenerlos a su lado.
¿También se había convertido en Salem?
¿Acaso estaba haciendo exactamente lo mismo?
Si, probablemente.
Si se convirtió en Cinder, ahora volvía a cambiar, a ser alguien más, y sabía que cuando saliese de esa habitación, ya no quería mucho más de si misma.
Pero si quería limpiar su conciencia, debía empezar a atacar.
Se liberó de las manos que la sujetaban usando su habilidad, los petalos de rosa moviéndose por todos lados.
Solo tenía que ser más rápida.
Y siempre era la más rápida.
Podía escuchar como Salem atrajo a las bestias hacía ellas, pero también escuchaba los disparos de Thief Respite y la cuchilla de Hush evitando que estos se acercaran, que ni sus amigos ni los Grimm lograsen entrar, interrumpirla, era su momento.
Se movió deprisa, cortó.
Saltó, cortó.
La mujer se movió, sintió las manos de Grimm acercándose por su espalda, pero si bien no usaba sus ojos últimamente, su ojo, un solo flash de luz era suficiente para que las manos empezaran a desvanecerse sin problema. No podía usar más, no podía hacerlo como antes, como esa vez en Beacon, o quizás era ella misma, la villana que era, que evitaba que pudiese desempeñarse como quería ante tamaña oscuridad. O tal vez era el solo tener un solo ojo el que la hacía débil.
Quién sabe, solo tenía teorías.
Pero no necesitaba el poder de su ojo plateado para poder ganar, había entrenado por mucho tiempo para tener esa ansiada venganza. Y no iba a fallar.
La mujer la atacaba, rayos de luz saliendo de esta, pero había entrenado contra los láseres de Penny incontables veces, y nunca dejó que nada le llegase, y ni siquiera usó su habilidad para esquivar.
Era capaz, era fuerte, era rápida.
Pero si debía usar su habilidad cuando las ventosas oscuras salían de las manos de Salem, intentando sujetarla, intentando detenerla, intentando mantenerla en su poder, controlarla. Solo un par de petalos lograban salir a la superficie, no necesitaba gastar más energía para soltarse.
Siguió cortando.
Salem usaba demasiado esas garras de Grimm que salían por doquier, pero no permitía que la sujetaran, usaba el filo de Crescent Rose para cortarlas, para coartar sus intenciones.
Cada segundo que pasaba sentía la sonrisa, la risa, surgir.
No era suficiente.
Sin importar lo que Salem hiciera, no era suficiente.
Se había convertido en Cinder para asesinarla, y ahora era un ser superior a quien era antes.
Ruby jamás hubiese podido estar ahí, peleando frente a frente con Salem, sus fuerzas chocando, a la par, jamás. Pero ella estaba ahí, ella podía moverse, evitar cualquier tipo de ataque, dejar a Salem sin saber cómo atacar, como lograr herirla, era mejor de lo que nunca fue, era en quien se tuvo que convertir para poder estar ahí, para lograr su cometido.
Y se sentía fantástico.
Su ojo robótico podía ayudarla, la hacía ver los movimientos de mejor manera, y eso también le daba una ventaja. Iba a usar la maldición, el castigo que la humanidad le dio, contra quien hizo sufrir más a la misma humanidad.
Era un enemigo en común.
Iba a disfrutar eso.
No podía matar a Salem, no podía lograr tener la gloria, pero sus antiguos amigos, los que tenían un plan, lo harían. No quería la gloria, no quería sentirse alabada al ser igual que esa mujer, al ser la misma escoria. Iba a cortar su propio cuello si eso ocurría. Un ser como ella, no merecía ser venerado.
Notó sorpresa en Salem cuando se acercó más. Ya lo había logrado, varias veces, pero había tentado al destino, esperando que la mujer inmortal la atacase con la suficiente potencia para destruirla, para hacerla arder, para hacerle sentir algo.
Dolor.
Pero no, no fue así, no era suficiente.
Solo tenía rasguños en su ropa, en su piel, leves, de las garras que la quería atacar por la espalda, pero no sentía nada, absolutamente nada.
Pero estaba alargando eso demasiado.
Enterró la cuchilla en el pecho de la mujer, pasando toda la hoja desde su cuello hasta su estómago.
Escuchó la ropa desgarrándose, luego la piel, y luego a la mujer soltando un quejido, pero no pasó mucho tiempo para que el cuerpo se retorciera. La carne abierta, los órganos visibles, sanguinolentos, oscuros, comenzaron a palpitar, recuperándose, volviendo a tomar la forma usual, volviendo a recuperar su lugar sin problema alguno.
Tal y como un Grimm que recuperaba su forma luego de un corte mal hecho.
¿Qué tanto tenía que cortarla para que no se recuperase?
¿Cómo iba a cortarla para alargar más su recuperación?
No esperó, en otro movimiento giró su guadaña, cortando los dos brazos en dos rápidos movimientos, la mujer volviendo a jadear, un siseo resonó cuando el vapor empezó a salir de las heridas, estas preparándose para recuperarse, pero no sin antes manchar todo el suelo de sangre negra, oscura, inhumana.
Salem solo la miraba, molesta, mientras volvía a invocar las manos tras ella, pero ni siquiera le importaba, solo le bastaba medio segundo para esquivarlas y deshacerse de ellas, no le costaba nada. No podía interrumpir su matanza, su venganza, por un estúpido Grimm que salía del suelo.
Nada iba a interrumpirla.
Se siguió moviendo, alrededor de la mujer, cortando, más y más, llenando el suelo de sangre negra, la cual desaparecía con los segundos, pero para cuando desaparecía, otro corte provocaba más manchas alrededor.
Una y otra vez.
Cuando Salem se recuperaba de una herida, otra llegaba.
Podía notar la ira en la mujer, en los ojos rojos, como parecía harta de ese juego al que estaba jugando, y ella misma, sonreía, porque era lo más divertido que había hecho en su vida.
Si fuese otra persona, si fuese humana, ya estaría muerta, y sería una lástima. Necesitaba más sangre, más dolor, para sentirse satisfecha, y cada vez que escuchaba a Crescent Rose cortar la carne ajena, sentía un golpe de éxtasis.
"Sabes que no puedo morir, todo lo que haces es en vano."
Por supuesto que lo sabía.
Esa mujer no moriría, pero no importaba.
"Matarte no es mi objetivo."
Y no lo era.
Nunca creyó que podría matarla, nunca fue su objetivo, pero si el cortarla, el herirla, el sentir esa satisfacción de cortar carne, de matar, pero nada más allá. Ese trabajo era imposible, era algo que solo la luz lograría, y ella no tenía más luz.
Escuchó a la mujer reír, la risa resonando de manera difusa ya que acababa de cortarle la garganta y esta hacía sonidos extraños, la sangre saliendo a borbotones, pero la vida seguía ahí. Siempre viva.
Cuando los ojos rojos la miraron, cuando el cuello volvió a su posición normal, esta parecía emocionada, y reconoció esa mirada en su propio rostro.
"Cuando pierdas las energías, voy a sacar tu pequeño ojo y lo voy a exhibir justo con los de tu madre."
Si, ahora entendía su emoción.
Eso quería.
Su ojo era un trofeo que recibiría al tenerla para ella, y había entrado a su castillo con aquel premio, haciéndole la tarea más fácil. Su presa había entrado a sus aposentos, y solo le bastaba esperar a que se agotase y ahí podría tomar lo que le pertenecía, la luz de la humanidad.
Oh, vaya…
Se vio sonriendo más, sintiendo su rostro doler ante lo tenso de su mueca.
Que estúpida.
Salem era una estúpida.
¿Cómo podía ser tan estúpida y revelarle esa información?
Esta realmente creía que iba a ganar, realmente tenía confianza en sí misma.
Ahora lo sabía.
Los ojos de su madre seguían intactos, esa era una información valiosa que no sabía, que nadie sabía, y ahora pretendía usar a su favor. No creyó que esta le diría nada, pero al parecer estaba confiada. ¿A cuántos había matado para conseguir tal confianza? ¿Acaso nadie pudo hacerle frente por siglos? ¿Milenios?
Aun no sería capaz de matar a Salem, porque aún no mataba a tantos como necesitaba para convertirse en esta. Jamás podría serlo.
Pero de nuevo, no necesitaba matarla.
Solo necesitaba satisfacción.
Oh.
Sus ojos.
Por supuesto.
Volvió a cortar, sin dejar que pasara ni un solo segundo sin que el cuerpo frente a ella estuviese temblando, retorciéndose, volviendo a su estado normal.
Pero no dejó de pensar en eso.
Sujetó a Crescent Rose con su mano izquierda, y la otra la llevó a su propio ojo, pudiendo sentir lo duro de este, pero a la vez lo blando del mismo. Lo humano, lo frágil, lo mortal.
Volvió a reír, sin parar.
¿Cómo no lo pensó antes?
"Si funcionó con Cinder, funcionará contigo."
Se vio diciendo, entre risas.
Ella misma era una estúpida, una completa estúpida.
Siempre fue una estúpida, y siempre lo sería.
La respuesta estuvo ahí, siempre.
Usó su mano para llevarla al rostro ajeno, enterrando las uñas en uno de los ojos rojos que la observaban, y por primera vez notó inseguridad en estos.
Ya no tenía tanta confianza, ¿No?
Lo sacó.
Dijo que eso haría, que le sacaría los ojos las veces que fuese necesario, pero sintió aún más placer cortando sus brazos, su abdomen, partiéndola en pedazos.
Pero si, las promesas eran promesas.
Esta se retorció de nuevo, el vapor saliendo el agujero de su ojo, y contó.
Uno.
Dos.
Tres.
Cuatro.
Cinco.
Y ahí recién vio como el ojo volvía a formarse en la cuenca vacía, apareciendo de nuevo aquel ojo sanguinario.
Era tiempo suficiente, de hecho, era demasiado tiempo.
¡Tenía tiempo de sobra!
Se movió, usó su habilidad, sintiendo su cuerpo desapareciendo en el plano material, moviéndose alrededor de la mujer, y movió su guadaña, la hoja cortando de nuevo, más y más, sin detenerse. Se convirtió en un tornado de cuchillas que cortaban en cualquier dirección, sin miramiento alguno, sin menor duda.
Ya ni siquiera las manos podían emerger, nada, ni la magia, ni la menor chispa de poder, todo este enfocado en recuperarse en devolver el cuerpo a su forma usual. Podía saber que empezaba a perder poder, era evidente, y ella misma, se sentía más fuerte que nunca.
Era el éxtasis, era la adrenalina, la satisfacción.
Era el sentir.
Era el sentir en su cuerpo que ya apenas sentía.
Por supuesto que tenía energía, por supuesto que se sentía más fuerte que nunca, era evidente.
Y ahora, no se detendría.
El vapor llenaba el lugar, así como la sangre negra pintando las paredes, las ventanas, pintando todo. Lo único reconocible de aquella mujer, era su rostro, sus ojos seguían vivaces, vivos, pero notaba la preocupación.
Solo un villano podría asesinar a otro.
Las partes del cuerpo, viscosas, se mantenían en su lugar, sin saber exactamente cual parte de su cuerpo debía restaurar primero, tal y como le pasó con varios Grimm. Al final, si los cortabas lo suficiente, ya no podían regenerarse, y veía lo mismo en la mujer.
Al parecer nadie se tomó tanto tiempo.
Nadie lo disfrutó tanto.
No desperdició ni un segundo, y volvió a retirar el ojo rojo de la cuenca, esta mirando, terror en sus facciones.
Terror.
Si, esta lo sabía.
Su idea, era la correcta.
Soltó el ojo rojo, este cayendo al suelo, y llevó sus dedos manchados de sangre negra hacia su propio rostro, sus dedos enterrándose en sus propios parpados, haciendo espacio, empujando, y sintió la yema de sus dedos tocando el único ojo humano que le quedaba.
Era el momento.
La venganza.
La verdadera venganza.
