-Alcohol-
Capitulo 3:
Hiruma suspiró, definitivamente esa mujer lo llevaba por donde ella quería cuando estaba borracha, ni él mismo creía lo que estaba haciendo en ese momento, pero mientras que sólo ella lo pudiera descubrir de esa manera… no le importaba. Abrazó a Mamori por la cintura y la acercó más a él, si no podía quitarse esa sensación de que se había transformado en el oso de peluche personal de la maldita manager, se uniría a ella, de todas formas sólo pensaba permanecer con ella hasta que se durmiera, sólo hasta que se durmiera…
Al día siguiente Mamori despertó en su habitación, con un pequeño pero molesto dolor de cabeza, tenia una sensación rara en el cuerpo y no recordaba mucho de lo que había pasado la noche anterior.
Sospechaba que esa bebida tan dulce que le había dado Suzuna y que tantas veces había repetido, no era tan sana e inocente como había pensado en un principio, seguramente seria una bebida alcohólica que visto lo visto le había hecho efecto, lo que aun no podía comprender era como había llegado a su casa, aunque sospechaba que Suzuna o alguna de las otras la había llevado a su casa cuando la vio tan borracha, y para ser más exactos a su cama.
Se levantó de la cama sin mirar a su alrededor y estuvo a punto de chocarse con la mesilla de noche y con la silla del escritorio, aun estaba medio dormida y no tenia ni idea de la hora que era.
Entró al baño y se miró en el espejo, estaba horrible, la magia del maquillaje de la otra noche se había ido por completo dejando a su paso unas horribles manchas oscuras en sus ojos y un empastre en su cara. Debido a que se durmió con él y no se lavó apropiadamente la cara antes de acostarse, su cara en esos momentos era un auténtico desastre. Todo muy comprensible.
Se miró de nuevo en el espejo y descubrió que tan solo llevaba la ropa interior negra y morada que se había puesto la noche anterior, no entendía por qué llevaba solamente eso, pero lo achacó a efectos secundarios de la borrachera.
Miró el reloj del baño, aun tenia tiempo de arreglar el empastre que se había armado en su cara, así que se puso manos a la obra. Después de un rato de frotar, aclarar e hidratar, su rostro volvió a ser el de siempre, estaba orgullosa de su trabajo, arreglar un estropicio como ese no era tarea fácil.
Volvió a entrar en su cuarto, según sus cálculos aun le daba tiempo de ducharse y cambiarse de ropa presentándose a sus padres como si no hubiera pasado nada. Comenzó a buscar por su armario una toalla que pudiera usar para ducharse, pero antes de cogerla, escuchó un ruido proveniente del movimiento de las sabanas de su cama. Mamori se giró pensando que el gato de su vecina se había vuelto a colar de nuevo en su casa. Muchos días, ese gato, se colaba a comerse todo lo que podía encontrar por su casa, su madre había tenido muchas peleas con su vecina por ese gato y cuando se enterara de que había vuelto a entrar, se armaría de nuevo una guerra entre vecinas.
La chica se quedó estática en su sitio, eso que había encima de su cama no tenia pinta de ser el gato de su vecina ni mucho menos. Mamori contempló al chico que dormía placidamente en su cama, tenia que estar soñando, seguramente aun no se había despertado, por eso se frotó los ojos con intención de que la imagen del rubio durmiendo en su cama se fuera, pero no lo hizo. En realidad el demonio de Saikyodai sí estaba durmiendo en su cama, tranquilamente, sin camisa, con un brazo tapando su rostro y el otro descansando en su pecho, como si estuviera en su propia casa.
Mamori intentó salir de la habitación en silencio pero estaba tan alterada que no se dio cuenta de que la mesa del escritorio estaba un poco más a la izquierda que de costumbre y se la llevó por delante. En ese momento el demonio se despertó y sin saber muy bien donde estaba se giró para encontrar a una chica en ropa interior con una lámpara en las manos.
—¿Se puede saber que haces maldita manager?—Hiruma bostezó y estiró los brazos—Eres tan ruidosa…
Hiruma siguió estirándose, había dormido muy bien, estaba tan a gusto, aunque al principio pensaba que no iba a poder dormirse y podría irse pronto a su casa, se durmió incluso antes que su maldita manager, o eso pensaba, ahora entendía el motivo por el que esa mujer lo usaba de oso de felpa, se dormía mucho mejor así. Se giró para mirar a Mamori quien tenia un cojín y lo utilizaba para intentar taparse aunque fuera un poco ridículo ya que el cojín era demasiado pequeño.
—Dis…disculpa…—Mamori se quedó pensativa y miró al demonio con rabia—¿Por qué me tengo que disculpar yo contigo? ¡Tú eres el que está en mi cama!
—Aunque sea así, tú eres la que me ha despertado maldita torpe, por cierto, ¿no deberías ponerte algo? Te vas a resfriar—Hiruma le mostró una sonrisa picara mientras miraba descaradamente su cuerpo.
La chica se puso de todos los colores posibles, estaba casi a punto de estallar de la rabia que sentía, ese hombre era imposible y tenia tantas ganas de matarlo que la misma rabia por no poder hacerlo la carcomía por dentro.
—¿Cómo te atreves desvergonzado? ¿Por qué te crees que estoy así? Seguro que has sido tú el que me quitó el vestido ¡estúpido Hiruma-kun!—Le tiró el cojín que tenia entre las manos
—Tranquila maldita manager—Paró el cojín—Te voy a dar un plus de información que te va a interesar, te lo quitaste tú solita y además intentaste violarme ¿aun crees que dormir en tu cama es tan malo?—Se notaba el tono de burla en cada una de sus palabras.
—¡Te juro que de esta no sales Hiruma Youichi!
Mamori comenzó a tirarle cojines y se acercó a él para pegarle con el último de los que le quedaban. La chica comenzó a pegarle con el cojín y Hiruma le devolvió algunos golpes con otro de los que ella le había tirado, lo que había empezado como una pequeña pelea se había convertido en una batalla campal de cojines. Después de un rato los dos se cansaron de los cojines y se tumbaron mirando el techo de la habitación.
—Pegas fuerte maldita manager…
—¡Callate! Eres un…
La chica no pudo ni acabar la frase porque el rostro de Hiruma apareció por arte de magia justo delante de ella, estaba fascinada, siempre que lo tenia delante perdía el aliento y la razón y además estaba tan cerca, tan cerca que podía sentir su aliento chocando contra su boca.
—¿Soy qué? Dímelo a la cara si te atreves maldita mujer ¿o tienes miedo del demonio después de todo?—La manager no le contestó—¡ey! ¡Despierta!, si te vuelves a embobar voy a pensar cosas raras…
Mamori lo empujó lejos de ella y se levantó para recoger la camisa de Hiruma, estaba cada vez más histerica así que recogió la camisa del suelo y se la tiró al rubio.
—¡Ponte eso y lárgate de aquí antes de que me enfade más!
—Pues sácame, yo solo no me voy de aquí.
Mamori al oír la negativa del chico lo comenzó a empujar fuera de su habitación pero justo cuando pasaron la puerta la chica vio algo que la puso de los nervios, sus padres ya habían llegado y estaban metiendo las maletas dentro de la casa, en una milésima de segundo Mamori metió al rubio de un estirón de nuevo en su habitación y cerró la puerta.
—Joder, ¿Qué te pasa maldita manager? Primero me tiras y ahora me vuelves a meter en…—Hiruma se dio cuenta de la expresión de horror que tenia la chica—¿Estás bien? Pareces un jodido fantasma.
—Ellos…ven…tú…tirar…matar…yo…—Comenzó a balbucear la manager
—¿Qué?—Dijo Hiruma sin entender absolutamente nada de lo que había dicho la chica
—Espera que te lo repito—Agarró a Hiruma por la parte trasera del cuello y lo acercó a ella—Mis padres están aquí y si te ven, me tiran de casa, pierdo su confianza y te mato, así de simple, ¿ahora lo entiendes?
—Relájate, seguramente no saben que estás despierta, no vendrán, no pierdas la paciencia y suéltame.
Mamori lo soltó y echó la cabeza para atrás, no sabia donde meterse, sus padres estaban en casa y ella estaba en su cuarto con un hombre medio desnudo, sin contar con que ella también estaba en ropa interior, se fue hacia su armario y se puso la primera camiseta que encontró, aparecería frente a sus padres con la ropa puesta mientras escondía a Hiruma en algún lugar, no era muy buena idea pero era lo único que se le podía ocurrir en un momento como ese.
—Hiruma-kun, escóndete en algún sitio mientras intento entretener a mis padres, por favor—lo miró de forma suplicante.
—¿Y donde quieres que me esconda? Como hay tantos sitios para elegir…
—No lo sé, ¿debajo de la cama?
—Ni el jodido enano entraría ahí.
—Emmm… ¿en el armario?
—Si tuvieras menos ropa…—Dijo aburrido
—¿Debajo del escritorio? ¿detrás de la puerta? En… en… ¡Ayuda un poco!
—Tú fuiste la que anoche me obligó a quedarme contigo hasta que te durmieras, es problema tuyo kekeke
—¿Y no podías decir que no? Espera, ¡¿Qué yo qué?—Gritó Mamori.
El grito de Mamori llegó hasta los oídos de su madre que sonrió al darse cuenta de que su hija ya estaba despierta, siempre había sido así, en las escapadas que hacían su marido y ella siempre que su hija se quedaba con los vecinos, el día que sabia que iban a volver se levantaba pronto para poder darles la bienvenida. Muchas veces se preguntaba cuando iba a crecer su hija que seguía siendo igual de inocente que cuando era pequeña. Se dirigió al cuarto de su niña y escuchó algo que no pensaba escuchar.
—¿Otra vez con los malditos cojines? ¿Estás obsesionada con sacarme un ojo con eso?—Dijo una voz masculina que no había oído en la vida.
—Tómate las cosas en serio Hiruma-kun, estoy al borde de un ataque de nervios y tú me estás poniendo aun más histérica—La señora Anezaki reconoció la voz de su hija.
Pegó más la oreja a la puerta ¿su hija estaba con un hombre? Jamás lo había pensado, lo veía tan imposible, seguramente estaba viendo un drama, sí, eso seria, aunque ese nombre, Hiruma-kun, su hija lo repetía muchas veces a lo largo del día, cuando hablaba por teléfono, cuando le contaba lo que había hecho en el club de futbol, cuando estaba en Deimon… lo que no recordaba era como era ese chico, tenia curiosidad por ver el chico que había conseguido su hija, mucha curiosidad, abrió la puerta lentamente para descubrir a su hija frente a frente con el demonio.
—¿Ma… Mamá?
La señora Anezaki se quedó totalmente impactada mirando al chico que estaba con su hija, pelo rubio de punta y desastrado, orejas repletas de piercing, ojos verdes y alargados, pestañas largas, dientes puntiagudos, orejas puntiagudas, pecho al descubierto, músculos marcados, piel algo bronceada por el Sol, altura aceptable y buen trasero…
Mamori miró a su madre, estaba quieta, parada, estática ahí, sin decir absolutamente nada, le daba la sensación de que estaba examinando a Hiruma pero ¿por qué? ¿lo normal en casos como ese no era gritarle? ¿reñirle? Miró hacia la dirección en la que se dirigían los ojos de su madre descubriendo algo que la dejó aun más impactada ¿le estaba mirando el trasero a Hiruma?
—Anezaki Mamori, ¿se puede saber que significa esto?
—Mamá yo… te lo puedo explicar, en realidad yo… esto…
—¿Cómo no me dices que estabas con tu novio? Me habría inventado algo para entretener a tu padre.
—Sí , eso, sabia que no lo ibas a entender pero… ¿Puedes repetir eso ultimo? Es que creo que he oído mal.
El rostro de su madre no estaba molesto, ni mucho menos, parecía… ¿contenta? Su madre caminó hasta Hiruma y le pegó unas palmaditas en el pecho y después otras en el hombro en señal de aprobación.
—Vaya estás duro ¿eh?—Dijo riéndose la madre de Mamori—¿Hiruma-kun no es así? He oído hablar de ti, aunque no puedo decir que haya oído cosas muy buenas…—Comenzó a darle vueltas mientras lo miraba bien.
—¿Mamá qué haces?
—Estoy examinando bien a tu novio ¿Qué clase de madre seria si no examino primero al chico que va a ser mi futuro yerno? Desde la puerta no se apreciaba bien, pero de cerca es muy atractivo…
—¿No me vas a decir nada más?
—Sí claro, Mamori has encontrado un buen espécimen, Hiruma-kun tiene un 9, esa es mi puntuación final, es muy buena nota, no te podrás quejar, podría haberte puesto más pero los piercing no me gustan mucho…
—Vaya—Dijo Hiruma sin saber que decir—Un jodido 9... es un alivio—Mamori le pegó un codazo, sabia que se estaba burlando un poco de ella.
—Me voy, por cierto, si fuera tú saldría por la ventana, mi marido todavía piensa que Mamori es su niña así que mejor sal por ahí, es el primer piso, no te vas a matar ¿Cómo no se te ha podido ocurrir antes Mamori?
—No había pensado en… la ventana
—Que despistada, pero como me parece que ya eres toda una mujercita te guardaré el secreto—Se dirigió hacia la puerta—Por cierto, cuidaos bien, no quiero ser abuela tan joven, aun me quedan muchos años de juventud para disfrutar—Cerró la puerta.
Hiruma y Mamori miraban la puerta confundidos, no habían entendido absolutamente nada de lo que había ocurrido y analizaban lo que acababa de pasar, la madre de Mamori los había visto juntos pero lejos de quejarse o decir nada, se había puesto muy feliz, le había guardado el secreto a Mamori y además había aceptado que Hiruma saliera con ella pero… ¡no estaban saliendo juntos!
Los dos se miraron mutuamente procesando la información que recibía su cerebro pero era inútil, Hiruma intentaba descifrar lo que pensaba su maldita manager de todo lo que había pasado y ella también intentaba hacer lo mismo con él, aunque los dos estaban tan confundidos que no lo lograron.
—¿Tu maldita madre acaba de analizarme?
—Sí, eso parece… aunque estate tranquilo tienes un 9
Se volvieron a mirar y a Mamori le empezó a entrar la risa, intentó aguantarse pero no podía, soltó una gran carcajada e intentó pararla poniendo una mano en su boca pero parecía una tarea imposible. Hiruma al verla reír de una manera tan sonora comenzó a reír de la misma forma que ella.
—Lo siento Hiruma-kun es que…—No podia hablar debido a la risa—no esperaba eso en absoluto pero fue gracioso ¿no?
—Sí, se puede decir que tienes una maldita madre comprensiva o una maldita loca como madre, no sé que decir…
—¡Oye no te metas con mi madre! Encima que te pone buena nota Hiruma-kun—Comenzó a reir de nuevo.
—Esa expresión está mucho mejor, pensaba que ibas a estar toda la vida con esa jodida cara de amargada kekeke
—¡Aun estoy enfadada! Lo que pasa que se me ha pasado un poco… ¡pero no te creas que estás perdonado!—Mamori le empujó con un dedo—Ponte la camisa y sal de aquí antes de que vuelva a poner esa cara de agria Hi-ru-ma-san—Lo volvió a empujar
Hiruma sabia que esa vez lo decía de broma pero no pudo evitar poner cara de asco al oír otra vez lo de Hiruma-san, esa forma de llamarlo saliendo de los labios de esa maldita mujer se oía horrible. Mamori se dio cuenta y se rió de él.
El chico se puso la camisa y se apoyó en la ventana para ver la caída que había desde allí, la madre de la maldita manager tenia razón, no había una caída tan espectacular y además había un árbol justo enfrente de la ventana, en cristiano, no sabia cómo esa familia había aguantado tanto tiempo sin un robo o algo por el estilo, era facilísimo colarse en la habitación de la maldita manager, ahora ya lo sabia para otra vez, sonrió de forma diabólica.
La maldita manager abrió la ventana y sacó un poco el cuerpo para ver la caída, a ella no le parecía muy buena idea y tampoco le parecía tan fácil como veía el demonio.
—¿Seguro que estarás bien si bajas por ahí?
—Bueno si me mato será culpa de tu maldita madre—Dijo él de broma—Tranquila, es bastante fácil bajar por ahí, de todas formas luego todo esto me lo voy a cobrar en especie kekeke—Dijo al ver el rostro de horror que se le había puesto.
—¿Qué te lo vas a cobrar cómo?
—En especie—Dijo él curvando un poco el cuerpo para quedar a la altura de los ojos de la chica.
Sin decir siquiera una palabra Hiruma sonrió de la forma más sexy que la chica había visto en toda su vida, fue acercando su cara a la de ella y la besó de forma salvaje, la agarró del cuello y la acercó más a él para poder profundizar el beso, Mamori estaba en las nubes, ese chico ya la había besado en el club pero no se esperaba ese beso para nada, aunque ese beso se empañó con el recuerdo de lo que había pasado en el club. La imagen de Hiruma hablando con Agon apareció en su mente y se separó un poco de él. El chico se alejó de ella y le guiñó un ojo antes de hablar.
—Eso es cobrármelo en especie, pero no te creas que acaba aquí maldita manager kekeke.
Hiruma salió por la ventana antes de que la manager articulara siquiera una palabra coherente. La chica sacó un poco su cuerpo por la ventana y vio a Hiruma desaparecer por la calle, no podía creer nada de lo que le había pasado, pero con Hiruma Youichi implicado, todo lo imposible se hacia realidad.
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Después de bajar a saludar a su padre y de soportar los comentarios de su madre a cerca de su "relación" con Hiruma (todo a espaldas de su padre) subió a su cuarto para intentar relajarse, necesitaba una ducha urgente y eso era lo único que la podía tranquilizar.
Se acercó a su teléfono descubriendo en él unas llamadas de la noche anterior, todas de Ako. Seguramente la chica estaría preocupada, no sabia si Hiruma había avisado a alguien de que se la llevaba a casa pero de todas maneras tenia que disculparse por su mal humor y sobretodo, por dejarlas solas a Sara, Suzuna y a ella. Marcó el número de Ako y esperó pacientemente a que la chica le cogiera. Cuando dejó de sonar, no se oía nada en la otra parte de la línea y Mamori se extrañó.
—¿Ako? Soy yo, Mamori, siento mucho lo de anoche, os dejé solas pero es que Hiruma-kun me llevó a casa y bueno… la verdad es que no se exactamente lo que pasó…Lo que sí que sé es que esta mañana ha pasado algo muy raro con mi madre y Hiruma-kun…¿Ako? ¿me escuchas?
—¿Anezaki? ¿Eres Anezaki?—La voz que le había contestado sonaba ronca y adormilada, no era la voz de Ako ni por asomo.
—¿Musashi? Disculpa, creo que me he equivocado de número—Miró el nombre que brillaba en la pantalla de su teléfono—¡Espera un segundo! ¡No me he equivocado!
—Bueno no, no te has equivocado, Ako está indispuesta en este momento ¿quieres dejarle algún mensaje? Por cierto—Cambió de tema completamente—¿Qué decías de Hiruma y tu madre? ¿lo ha pillado en tu casa?
—Bu…Bueno… en verdad… ¡no me cambies de tema! ¿Qué haces con el teléfono de Ako? ¿Musashi?—No se lo oía ni respirar
—¡Mamori! Estás bien, no veas que susto me diste—La voz se volvió más aguda y melosa, ahora sí era Ako la que estaba al teléfono.
—Lo siento, al parecer Hiruma-kun me llevó a mi casa porque estaba un poco borracha.
—¿Entonces el demonio sí te llevó a tu casa? ¡Que atrevido! Temí por tu vida pero Musashi-kun tenia razón, sigues sana y salva.
—¿Tú qué sabes exactamente?
—Bueno… vi como te ibas ,como Hiruma-san te seguía, bueno y… también está el tema de esos dos hombres que querían propasarse contigo… Hiruma-san le puso a uno de ellos el arma en la frente, tú lo besaste y te desmayaste. Te juro que iba a ir a por ti pero Musashi-kun me paró, me dijo que estarías bien con Hiruma-san.
—¿Qué? No, espera, ¡¿qué?
—Que el mismísimo demonio de Saikyodai perdió los papeles cuando dos hombres fueron a propasarse contigo, además perdió la concentración cuando lo besaste ¿no es lindo? Por cierto, no le digas que te lo he dicho yo, me sigue dando algo de miedo.
—Yo… no puedo creerlo, por cierto ¿Qué hace Musashi contigo? No, aun mejor, ¿desde cuando lo llamas Musashi-kun y no Takekura-kun?—Mamori oyó la risa nerviosa de Ako.
—Bueno Mamori, creo que pierdo la señal, casi no se te escucha, te llamo más tarde ¿OK?
Mamori cerró el teléfono. Esa chica pensaba que era tonta y sí, podía ser despistada, pero sabia perfectamente lo que Musashi hacia con ella tan pronto en la mañana, además, la voz del chico al contestar era más de adormilado que de otra cosa, suspiró. Su amiga estaba interesada en Musashi desde hacia años, estaba feliz por ella, pero intentar escondérselo a ella precisamente tampoco era la solución si estaba avergonzada.
Lo que aun no lograba entender era lo que le había contado Ako… ¿Hiruma había ido a salvarla y había perdido la concentración cuando ella lo besó? Aun no podía creérselo. Ella pensaba que conocía a Hiruma, que sabia en cada momento lo que sentía, lo que escondía en su interior pero… tal vez no lo conocía tanto como pensaba. Tal vez y solo tal vez había una pequeña posibilidad de que le importara a Hiruma después de todo. No había pensado en amar, jamás, pero si en importar. Pensar en la palabra amor y en Hiruma, juntos en la misma frase era como juntar un oso amoroso con un arma de destrucción masiva, esas dos palabras…¡ni siquiera sonaban bien juntas!
¿Acababa de comparar a Hiruma con un arma de destrucción masiva? Definitivamente se estaba volviendo loca, pensar tanto en Hiruma no era bueno, estaba segura de que repasando todos los defectos de ese chico podría autoconvencerse de que no era bueno para ella, después de todo, ese chico tenia muchos defectos: era egoísta, desvergonzado, orgulloso, atrevido, compulsivo, arrogante, fanfarrón, inteligente, atractivo, sexy, divertido… Mamori se quedó estática. Tenia que pensar en cosas malas para olvidarse del demonio ¡No cosas buenas! Había adjetivos que no podían ir en una lista de defectos, porque después de todo eran los puntos fuertes de ese demonio.
Tenia que tranquilizarse. Si no lo hacia estaba segura de que seria peor, que no podría pensar en otra cosa. Se tumbó en la cama para pensar pero se acordó de algo, ¡esa misma tarde tenia entrenamiento! Tenia que preparar miles de cosas y como el viernes había salido no podía descansar.
Se sentó en el escritorio y se puso manos a la obra, no estaba todavía muy segura de todo lo que se amontonaba en su cabeza, esa pequeña teoría de que el demonio sintiera algo más de lo que aparentaba por ella se comenzó a formular en su mente. Ni siquiera se formulaba como una teoría, pero sí como una pequeña posibilidad.
Grito frustrada. No podía concentrarse y por nada del mundo iba a fallar como manager por pensar en un hombre y en sentimientos totalmente imposibles. Porque así era, imposible.
Desechó de su cabeza todos esos pensamientos confusos que no podía usar para la tarea que estaba intentando realizar. Tenia que trabajar o sino no podría cumplir con su obligación como manager y no solo defraudaría a Hiruma, defraudaría a todos sus compañeros, personas que habían depositado toda su confianza en ella y en sus conocimientos como manager.
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Por la tarde, el entrenamiento fue muy duro, todos sabían que tenían que estar en perfectas condiciones tanto físicas como mentales, pero eso no quitaba que el día de antes de un partido tan importante como el que se avecinaba tuvieran que darlo todo para ver si estaban preparados para enfrentarse al equipo rival.
El entrenamiento para los jugadores era agotador y no iba a ser diferente para la manager. Mamori consiguió acabar todo el trabajo retrasado que tenia, papeleos, tácticas, pasar a limpio, etc, pero en verdad aun le quedaba la parte más difícil: Prepararlo todo para posibles lesiones. Tenia que estar preparada para todo, andar con mil ojos para preveer esas futuras lesiones, no podía cometer ningún fallo, ni un solo error, porque podía poner en peligro la integridad física de sus jugadores.
Cuando la práctica acabó, estuvo repasando algunas de las cosas que había realizado con Hiruma, se notaba a la legua que la chica estaba más relajada y sobretodo más calida, lo que no pasó desapercibido para el quarterback. Su manager volvía a ser la misma de siempre, calida, cercana, tranquila… y sobretodo sonriente, todo rastro de la cara de amargor que había tenido durante esa misma semana había desaparecido.
Para Hiruma, que vigilaba de cerca los pasos de esa maldita mujer, esa era la mejor noticia que le podían haber dado ese día, a parte, claro estaba, de la otra noticia que lo tenia feliz y lleno de ganas por jugar el partido, la noticia de que si ganaba podría jugar contra el equipo de Musashi y Kid en la final. Tenían el partido al mismo tiempo que ellos, pero aunque Kid no quería dar la victoria por supuesta, Musashi le había confesado que tenían todo controlado.
Mamori salió del club, muchos jugadores la esperaban para curar algunos de los rasguños que se habían hecho durante la práctica, nada importante que no se pudiera curar en unos días, ninguna de las heridas era muy profunda, eran simples arañazos y moraduras pequeñas, aunque lo peor no era eso, si no la sensación de debilidad que se sentía en sus articulaciones al sobre esforzarlas, unos pequeños pinchazos molestos que les podrían pasar factura pero que con unos minuciosos cuidados se irían para siempre.
—Dios, ¿Qué os ha hecho Hiruma? Estáis todos magullados —Dijo Mamori mientras cogía algodón y vendas del botiquín.
—La verdad es que hemos sido nosotros solitos… no, no ahí no—Dijo Yamato quejándose al sentir el agua oxigenada en su brazo.
—No te quejes tanto que son solo cuatro rasguños, estoy segura que no te morirás.
—Bueno, en parte tienes razón, morirme no me moriré además comparados con los de Agon, no son nada. Me pregunto si habrá encontrado a la enfermera…
—¿Qué le ha pasado?
—No lo sé con seguridad pero tenia bastantes heridas y dijo que iba a buscar a la enfermera, a saber lo que hizo exactamente.
—Anezaki, será mejor que vayas tú a curarlo, no creo que la enfermera esté a estas horas en su puesto—Dijo Bamba metiéndose en la conversación al escucharlos.
—Sí, de todas formas me hacia falta algodón así que iré a la enfermería.
Mamori se puso en camino vigilada en todo momento por los ojos afilados de su demonio que fue directo a Bamba a preguntar dónde iba tan apurada, cuando Bamba se lo dijo, empezó a preocuparse, no sabia exactamente el porqué de ese sentimiento tan extraño en su pecho, pero todo eso no le daba muy buena espina.
La chica caminaba distraída a la enfermería repasando mentalmente todo lo que le hacia falta junto con las heridas que tenia que curar, necesitaba algodón, desinfectante y unas cuantas vendas. Intentó calcular la cantidad exacta que le hacia falta, no quería que después de todo le faltara, necesitaba curarlos cuanto antes para que se fueran lo más pronto posible a sus casas a descansar, el partido del domingo seria agotador y tenían que descansar lo que pudieran para estar llenos de energía el día del partido.
Cuando llegó a la enfermería abrió la puerta sin llamar, encontrándose a Agon acariciando y besando a la enfermera, una chica joven y rubia que no haría mucho tiempo que había acabado la carrera. Mamori se sorprendió e intentó salir de ahí lo más sigilosa posible, aunque todo fue en vano ya que la enfermera la vio antes de que se pudiera ir.
—A… Agon para—Dijo la enfermera separando al chico de ella—No puedo hacer esto con espectadores además tenia que haber acabado mi turno hace rato.
La chica se comenzó a abrochar la camisa y se despidió rápidamente saliendo de la habitación como alma que llevaba el diablo. Agon maldijo entre dientes, toda la diversión que había planeado para esa tarde había sido frustrada por esa manager del demonio y nunca mejor dicho, porque después de todo ella era la mujer de esa basura de Hiruma.
—¿Qué haces tú aquí? Me acabas de interrumpir, ahora tendré que llamar a otra para que me quite el estrés.
—Venía a por unas cosas que me hacían falta pero tranquilo no te molesto más.
La chica miró a Agon con atención y descubrió los rasguños en su pecho, Yamato tenia razón, sus arañazos no se comparaban con los de él, tenia heridas más profundas. Mamori se quedó parada y pensativa ¿Cómo era posible que ese chico se hubiera hecho esas heridas entrenando? No había explicación. Cogió algunas vendas con desinfectante. Como manager, no podía permitir que uno de sus jugadores estuviera por ahí con esas heridas.
—Estate quieto, voy a curarte
—Vaya gracias, Hiruma tenia razón, una autentica mamá gallina, con razón él solo te utiliza para divertirse—Dijo él con ironía en cada una de sus palabras
Mamori no le hizo ningún caso y siguió con su labor, desinfectó y curó todas las heridas que tenia, aunque él la despreciara no iba a dejarlo ahí con esas heridas, era uno de los jugadores y el partido estaba cerca, por lo tanto, si Agon estaba en malas condiciones físicas les costaría un poco más ganar.
Cuando acabó de curar al chico, cogió algunas de las cosas que le hacían falta y silenciosamente intentó irse de la enfermería, aunque Agon, que se encontraba entre la puerta y la chica, le cerraba completamente el paso.
—¿Vas a irte con esa basura? ¿Tan poco tiempo puedes estar alejada de él?
—Sólo voy a curar a los otros, eso no tiene nada que ver con Hiruma-kun—Dijo Mamori intentando pasar.
—Pero esa basura es uno de los que faltan ¿verdad? Por eso vas tan apurada—Agon sonrió de forma torcida y se acercó a la manager.
—Sí, Hiruma-kun es uno de los que falta por curar, pero eso no tiene nada que ver con que yo haga mi trabajo, después de to…
—¿Has olvidado la conversación que tuve con él? Él no te quiere, solo le gusta tu cuerpo y debo decir que tiene buen gusto…
Agon se acercó más a ella y al mismo tiempo Mamori se alejó de él. Ese chico era terrorífico, siempre lo había pensado, muchas personas le tenían miedo a Hiruma pero siempre había pensado que ese hombre era el más terrorífico de todos, nunca sabia lo que podía llegar a hacer para conseguir lo que quería.
Esa situación era parecida a la que vivió con Hiuruma en el club, se sentía igual de acorralada pero los sentimientos que se mezclaban en su pecho en ese momento eran muy diferentes, miedo, terror, rabia y desconcierto era lo que sentía en ese momento.
—Vamos preciosa, no tengas miedo, no te voy a hacer nada que no quieras.
Agon la cogió del brazo y la acercó a él. La chica forcejeaba intentando soltarse pero no pudo deshacerse del agarre de Agon. Estaba claro desde un principio que ella era mucho más débil que él, no había que ser muy listo para darse cuenta de que ella no tenia ni una posibilidad de deshacerse de él, la fuerza de un hombre que se entrenaba todos los días, que había vencido en fuerza a tantos monstruos, la fuerza de un jugador de futbol americano como era Agon, no podía compararse a la fuerza de una mujer con una constitución delgada como la de ella.
—Tranquila, no es nada nuevo, es lo mismo que hiciste con esa basura ¿no?
—¡Sueltame Agon! ¡Que me sueltes!
Agon se enfadó al sentir la negativa rotunda de la chica y la empujó haciendo que ella cayera al suelo boca arriba, cada vez tenia más miedo, no sabia si ese chico seria capaz de violarla pero conforme iban las cosas, no estaba muy convencida de que la fuera a dejar marchar. Agon bajó a su altura y la intentó besar pero Mamori al ver que él seria capaz, muy capaz, de acostarse con ella en contra de su propia voluntad, le pegó una bofetada intentando que, por lo menos, él parara, pero lo único que consiguió con ese golpe fue que le inmovilizara los brazos para que no le pudiera golpear de nuevo.
—Vaya, eres una autentica fiera ¿eh? Pero no te preocupes te va a gustar.
—Por favor Agon, suéltame…no quiero esto…por… favor…—Sus palabras se cortaron entre sollozos.
El chico tocó el rostro horrorizado de Mamori suavemente y le sonrió mientras movía uno de sus dedos delante de los ojos de la manager en señal de negación.
—Tú me has fastidiado el plan de esta tarde, tú pasas a ser mi nuevo plan preciosa. Creo que me lo voy a pasar muy bien.
Mamori lo sabia, no podía librarse de él y menos en ese momento, lo tenia encima y hiciera lo que hiciera no podía ganarle en fuerza, estaba acorralada, perdida y condenada, sabia lo que le deparaba el destino en ese momento y no era nada que ella deseara. Las lagrimas comenzaron a deslizarse rápidamente por sus mejillas, tenia mucho miedo, el terror que sentía se podía ver en el aire, estaba sola, completamente sola y no podía hacer nada para cambiar el destino que le esperaba.
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Antes de nada, quiero agradecer a todas las personas que se molestaron en leer los 3 capítulos que van hasta ahora, nunca había publicado un fic, normalmente solo hago one-shots, pero bueno, supongo que siempre hay una primera vez para todo.
También quería pedir disculpas por todo lo que tardo en hacer un capítulo, con los exámenes y las clases, no me da mucho tiempo para escribir así que como intento hacer los capítulos largos tardo bastante en publicar.
Bueno, ahora sí, este capítulo, para mi gusto, está mejor que el otro, aunque sé de buena tinta que me van a matar por lo de la última parte.
¡Espero que les guste!
Rei-sama18
