-Alcohol-

Capítulo 5:

Por todos esos pensamientos de culpabilidad se alejó de Mamori, no quería destruirla, no quería hacerle daño, no quería perderla de la misma forma que perdió a su madre y si el precio que tenia que pagar para que ella estuviera a salvo era que él se alejara, lo haría, sin pensarlo dos veces, aunque para ello tuviera que sufrir él mismo.

Mamori llegó a su casa cansada, con unas ganas horribles de tumbarse a descansar, dejó sus llaves encima de la mesa del recibidor y se quitó los zapatos esperando, con miedo, a que su padre saliera del cuarto preguntándole por qué llegaba a esas horas a casa. En realidad no era tan tarde, seguramente serian las 10 o 11 de la noche, pero no había ido a cenar y ni siquiera había llamado, por ello, se dio cuenta de que se estaba volviendo una completa irresponsable con los años.

Oyó un ruido de pisadas detrás de ella y sentada en el suelo, se giró un poco para observar de quién se trataba. Su madre la observaba desde el pasillo, con una sonrisa tranquila y dulce en los labios, seguramente sabia que se encontraba mal, que no estaba muy feliz y que algo le había pasado, estaba completamente segura de eso, las madres tenían ese sexto sentido que le fascinaba, ese sexto sentido que les decía como estaban sus hijos en cada momento.

La señora Anezaki se acercó a su hija y se sentó con ella en el suelo, le acarició la cara dulcemente y le dio un pequeño beso calido y dulce en la frente. Sabia que su hija estaba sufriendo, simplemente lo sabia, no estaba muy segura de cómo, pero no importaba, porque lo único importante en ese momento era la chica que se hacia un ovillo entre sus brazos.

—Tranquila, tranquila, todo está bien—Dijo la madre de la chica abrazándola de forma protectora.

Mamori comenzó a llorar. Intentó aguantar las lagrimas pero no podía, estaba muy dolida y era horrible lo que estaba sintiendo en ese momento. Se sentía bien entre los brazos de su madre, segura para poder llorar tranquila sin que nadie la interrumpiera o le gritara.

Estuvo llorando durante un rato y cuando estuvo satisfecha paró. Se separó un poco de los brazos protectores de su madre y la miró a los ojos, sufría lo mismo que ella o puede que más al verla sufrir de esa manera, después de todo, su madre le había confesado hacia tiempo que el dolor de un hijo siempre dolía más que el propio dolor.

—¿Estás más tranquila?—Mamori asintió—¿Qué es lo que te ha pasado exactamente con Hiruma-kun? Tranquila, tu padre está en Londres trabajando.

—¿Co…cómo sabes que es por Hiruma-kun?—Dijo la chica muy sorprendida— Aunque solo es una pequeña parte de lo que me pasa—Pensó

—Sé distinguir el mal de amores del dolor físico ¿sabes? ¿En verdad piensas que tu padre acabó conmigo a la primera? Cuéntame lo que te pasa, y todo, no te dejes nada por el camino que te conozco.

Mamori no estaba muy convencida, sabia que en ese momento su madre era la única persona en la que podía confiar pero había algo que la paraba a la hora de decirle todo, tal vez podía omitir cierta información aunque los ojos de su madre eran serios, jamás la había visto así, esa mujer siempre había sido una persona muy feliz, decía tener la vida que quería, era dulce, honesta y positiva, pero nunca le había visto esos ojos tan serios y expectantes. Era como si su madre se hubiera convertido en una especie de confesora madura y confiable y no se pudo resistir a ella.

Mamori le contó todo lo que había pasado ese día, desde la práctica hasta la casi violación de Agon, incluso le había contado que Hiruma había llegado a tiempo para salvarla y los dos hombres se habían liado a puñetazo limpio.

Su madre no podía cerrar los ojos de lo impactada que estaba, ¿Cómo era posible que todo eso hubiera pasado en un solo día? Casi parecía que su hija le estaba relatando el ultimo capítulo de su drama favorito o el último grito en novela trágica con violación incluida, aunque el héroe (como le gustaba llamarlo) había llegado antes de que se produjera tal atrocidad. Le daba las gracias una y mil veces a Hiruma por haber parado semejante catástrofe, porque si no lo hubiera hecho, ahora su hija y ella estarían lamentándose.

Siguió escuchando el relato de su hija, la discusión con ese chico era extraña, no entendía muy bien el asunto y además estaba distraída, todo lo que le estaba contado su hija se veía complicado y sin sentido, casi como si fuera improvisando sobre la marcha.

—Entonces… Hiruma-kun se peleó contigo y te dijo que no te quería ¿no?—Mamori se hizo un ovillo de nuevo y abrazó sus piernas asintiendo.

—Yo… Yo no lo entiendo… sus ojos estaban tan… tristes cuando decía esas palabras ¿es mi imaginación? ¿tan desesperada estoy? Yo… estoy confundida.

La madre de Mamori sonrió de forma dulce a su hija y le dio un pequeño beso en la frente. La mujer comenzó a acariciar el pelo de su hija con mucho cariño hasta que vio que la chica se tranquilizó y se levantó para poder mirarla desde arriba.

—Pienso que sólo tú puedes obtener tus propias respuestas, si piensas en los momentos que has pasado con ese chico, tal vez puedas sacar algo en claro.

—No lo entiendo.

—Ya lo entenderás, por cierto, una persona que no siente nada por otra… ¿la ayudaría en un momento critico? ¿Diría esas palabras de pura rabia? Piénsalo.

La madre de Mamori fue desapareciendo por las escaleras seguida por la mirada de su hija. No entendía muy bien lo que le había dicho su madre, si en verdad la iba a ayudar ¿no podía ser más clara?

Mamori se fue hacia su cuarto y cuando ya estuvo en el interior se tumbó encima de la cama, según lo que había dicho su madre tenia que pensar en todo lo que había pasado con Hiruma, aunque si se ponía a pensar en todos los momentos que había pasado con él desde el principio, no acabaría nunca.

En verdad había pasado muchas cosas a su lado, por su culpa había entrado en el comité disciplinario y en los Devil Bats. Gracias a él había comenzado a amar el futbol americano, a respetar las decisiones de Sena y a tomarse la vida de forma más relajada, aunque no todo era bueno. Sí, gracias a él se había dado cuenta de muchas cosas, pero también, para su desgracia, se había interesado en él de forma romántica, se había enamorado de un demonio y eso era lo más peligroso que podía haber hecho.

Él no la amaba, se había acostado con ella por puro capricho o por pasar un buen rato. Se había aprovechado de dos momentos de debilidad para usarla, y luego la había humillado con su desprecio, era horrible solo pensarlo aunque ¿Por qué parecía tan a gusto con ella antes de la pelea con Agon?

No sólo la había salvado una vez, lo había hecho varias veces: cuando se puso delante de ella para protegerla el día que Gaou iba a destrozar a todos los espectadores, cuando la salvó (según Ako) en el Pub, hasta la acababa de salvar hacia unas horas de las garras de Agon. Entonces, eso significaba que por lo menos la respetaba y le tenia, al menos, una pizca de cariño ¿o no?

Mamori cada vez estaba más confundida, lo que le había dicho su madre no ayudaba para nada, en vez de ayudar, le estaba mezclando más las ideas, había llegado a su casa con la idea firme de que Hiruma era un demonio sin corazón que se había aprovechado de sus sentimientos, pero en ese momento, sentía como si Hiruma pudiera estar, realmente, comenzando a sentir algo fuerte por ella, una total locura, no podía casi ni pensarlo, la idea de Hiruma enamorado de ella le encantaba pero era tan irreal y loco como un elefante bailando con un tutú en el polo norte.

—Me encantan tus consejos mamá, me lo aclaran todo—Dijo en voz baja para ella misma.

La chica cogió uno de los cojines de su cama y se lo puso en la cara para poder soltar un pequeño grito "desestresante" sin que la oyera su madre. Sus ideas no estaban muy claras pero algo la sacó en un segundo de sus pensamientos.

Mamori se separó el cojín de la cara y lo observó. El olor que venia de ese cojín ¿Dónde lo había olido antes? Volvió a aspirar el aroma del cojín cerrando los ojos y se separó de él cuando reconoció el olor.

El olor de la menta y la pólvora se mezclaba con el olor de su ambientador de vainilla, pero aun así, estaba segura de que reconocía ese olor, Hiruma. ¿Cómo no había reconocido antes ese olor tan característico? En serio era una autentica despistada, ninguna persona a parte de ese demonio loco podría oler de esa manera.

La chica de ojos azules dejo el cojín a su lado y se giró en sentido contrario, sus ojos comenzaron a cerrarse poco a poco, tenia sueño, estaba cansada , agotada, casi extenuada, el forcejeo con Agon la había agotado y no tenia más ganas de confundirse por todo lo que estaba sintiendo y lo que creía que sentía Hiruma, así que, simplemente lo dejó por imposible y se rindió a los brazos de Morfeo.

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Horas después, el teléfono de Mamori comenzó a sonar. La chica, aun medio adormilada, bajó de la cama para buscar su teléfono, que no tenia que andar muy lejos, el sonido se oía lejano, pero era tan tarde que todos los sonidos a su alrededor se amplificaban de forma sorprendente.

Cuando logró localizar el teléfono en el interior de su bolso, intentó bajarle el volumen para no despertar a su madre, tenia que acostumbrarse a apagar su teléfono cuando se fuera a la cama porque sino, acabaría por despertar a alguien algún día.

Mamori miró el nombre de la persona que llamaba y se quedó impactada por lo que leía, era imposible, Hiruma la estaba llamando después de haberla rechazado hacia unas horas. La chica llegó a pensar en colgarle pero algo se lo impedía, simplemente no le cogería, si quería algo importante seguramente dejaría un mensaje.

El teléfono dejó de sonar y Mamori suspiró aliviada. Así estaba mejor, no quería hablar con él en ese momento, estaba mucho más segura en su casa y además, dejar de pensar en todo lo que le había pasado la ayudaría a la hora de enfrentarse a él, tenia que hacerlo en unas horas, para ser más exactos, en el partido del domingo.

El ruido del teléfono volvió a sacar a la chica de sus pensamientos. Hiruma había vuelto a llamar, tal vez era alguna cosa importante porque ese chico era de las personas que no hacían las cosas dos veces o esperaban a alguien y menos si ese alguien era una mujer.

La chica descolgó el teléfono y lo colocó lentamente en su oreja, su corazón latía muy rápido, sus manos sudaban y comenzaba a salivar más de la cuenta. Todo ello eran claros síntomas del nerviosismo que sentía en ese momento, siempre le pasaba cuando estaba nerviosa pero nunca le había pasado por descolgar un simple teléfono.

—Hiruma-kun ¿pasa algo?

Al fin te encuentro maldita manager, baja.

—¿Que baje? ¿Qué baje a dónde?

Tú baja.

El sonido molesto de los pitidos del teléfono se empezó a escuchar por la línea telefónica, le había colgado, Hiruma le había colgado y encima había dicho unas cosas muy raras, tal vez demasiado raras. "Tú baja" había dicho el rubio, pero… ¿Baja a dónde?

La chica salió de su cuarto y bajó las escaleras a toda prisa, suponía que el "baja" se refería a la planta baja, para ser más exactos a la puerta, aunque dicho de esa manera tan extraña, podía dar pie a confusión. Mamori abrió la puerta pero nadie estaba fuera, salió un poco y cuando se dio la vuelta para entrar de nuevo, lo vio.

Hiruma tenia el semblante despistado, miraba al cielo y estaba apoyado en la pared. Llevaba una chaqueta de piel sintética roja y negra y unos pantalones vaqueros azules claros y rotos. La verdad es que el contraste entre el color oscuro de la chaqueta y el color claro de los pantalones le daba un punto de atractivo al chico.

El rubio se fijó en la presencia que se había hecho presente a su lado y comenzó a mirar a la chica con un rostro serio acompañado de una gélida mirada de ojos esmeralda. En ese momento Mamori sí estaba perdida, no tenia ni idea de por qué la miraba así, pero lo peor era que se estaba acercando a ella demasiado.

Cuando Hiruma tuvo a la chica de frente, la agarró del mentón y acercó el rostro al de ella. Simplemente la observaba como si intentara descifrar algo. Se comportaba de forma extraña, no estaba como siempre, era raro verlo así y ese olor que desprendía, era diferente al de todos los días, pero no sabia que era. Había un olor extraño mezclándose con el de la menta y la pólvora, algo que no reconocía, un olor fuerte que se le hacia familiar pero que no relacionaba en ese momento con nada.

—Ummmmm…

Una especie de gruñido salió de la garganta del chico haciendo que Mamori lo mirara a los ojos, no tenia idea de lo que pensaba, parecía estar intentando descifrar un rompecabezas o un problema de física avanzada complicadísimo, aunque conociendo a Hiruma, esos problemas no ocuparían más de dos minutos de sus pensamientos, sin embargo, lo que quisiera averiguar en su rostro le estaba llevando mucho más tiempo.

De repente, el chico se separó de ella y se sentó en el suelo agarrándose la cabeza con ambas manos, era como si estuviera cansado y le pesara hasta la cabeza, cosa también inquietante ya que, de buena tinta sabia, que ese chico haría todo lo que pudiera para no mostrar ni su cansancio ni su debilidad a los demás.

—Hiruma-kun, ¿te encuentras bien?—Dijo Mamori acercándose a él

—No puedo… no puedo olvidar ¿Por qué?

La chica se quedó parada durante unos segundos mirándolo. Ese chico había dicho algo raro, aunque esa situación en sí lo era, ¿qué era lo que no podía olvidar? ¿Por qué había ido a su casa sólo para quedarse mirando?

—Tú, ¿Qué me has hecho? ¡Dímelo!—Dijo Hiruma alzando un poco la voz.

En un segundo la situación cambió por completo, Hiruma estaba levantado y acorralaba a Mamori de la misma manera que en el club, se acercó a ella y la besó de la forma más salvaje que recordaba, dejando a Mamori preocupada y confundida con todo lo que estaba pasando.

Sin embargo, lo que en verdad preocupaba a la chica era el olor que desprendía Hiruma. Ese olor era de un tipo de alcohol fuerte que bebía su abuelo, no se acordaba de su nombre pero cuando lo había sentido en su propia boca se había dado cuenta de que ese olor fuerte era el mismo que desprendía su abuelo los días de fiesta. En conclusión, Hiruma estaba completamente borracho.

—¿Estás borracho? No sé que piensas que te he hecho pero yo no le he hecho absolutamente nada a nadie.

—Te equivocas, me has hecho algo por eso…¡por eso no puedo olvidarte maldita mujer!, siempre me traes problemas ¡desde Deimon!, eres horrible.

Hiruma sonaba como un niño consentido que había perdido un juguete o que le recriminaba a su madre por haberle hecho para cenar las verduras que más odiaba. Aunque Mamori ni siquiera había escuchado lo ultimo, simplemente había oído la primera parte, justo hasta la palabra olvidar, a partir de ahí daba igual lo que dijera el rubio, ella no lo oía.

—Me voy jodida manager

El chico se giró para irse hacia su casa pero fue parado por una mano femenina y suave. Esa maldita mujer lo miraba con esos ojos azules preocupados y mordiéndose esos jodidos labios que lo volvían completamente loco.

—Estás borracho, quédate aquí.

—No quiero.

—¿Tienes cinco años? Si te digo que estás borracho y te quedas, es porque te quedas y no se hable más.

Mamori se quedó parada un momento, había dicho una frase que le sonaba de algo "¿tienes cinco años?" esa frase la relacionaba con Hiruma, en algún momento se la había dicho pero no recordaba muy bien cuando, el recuerdo del momento en el que él dijo esa oración estaba algo borroso.

—Me quedaré con una condición—Hiruma sacó a la chica de sus pensamientos.

—A ver, ¿Qué quieres?—Dijo Mamori poniendo los brazos en jarra.

—Que… bueno…—Se puso algo sonrojado—Me dejes… dormir contigo.

Era la primera vez que veía a Hiruma tan lindo y sonrojado, se veía tan atractivo y cuco, casi como un cachorro abandonado, un momento, ¿ese chico le acababa de pedir que se acostara con él con esa cara tan linda e inocente? Mamori casi cae al suelo del impacto, definitivamente ese chico estaba loco, no tenia remedio y borracho podía llegar a ser un autentico peligro.

—Tú… tú… ¡¿Acaso has perdido el juicio? ¿Co….como me voy a acostar contigo? ¡bestia! ¡animal! ¡cochino!

—Yo no te he pedido que… te acostaras conmigo de la manera que tú piensas, te he pedido que duermas conmigo ¿ves la diferencia?

La chica se paró un poco y intento asimilar las dos palabras soltando un simple "ah, claro". Si era sólo dormir junto a él en la misma cama no había problema, mentira. Había muchos problemas, el principal dilema era que sabia que no podría dormir tranquilamente con un hombre borracho al lado y menos si era el rubio porque conociéndose, ni siquiera podría relajarse, estaría demasiado nerviosa y perturbada por la presencia de ese hombre que amaba durmiendo a su lado. Aunque por otro lado estaba el tema de Hiruma caminando borracho y solo por las calles ¿y si le pasaba algo de camino a casa? Nunca se lo perdonaría.

—Es…está bien pero sólo dormir ¿entendido?

Estaba tan preocupada por dejar al rubio borracho ir solo a su casa que ni siquiera se dio cuenta de los ojos que la miraban desde el pasillo, su madre miraba la escena con una sonrisa en los labios, era divertido ver a esa niña inocente perder los nervios de una manera tan fácil solo por una pregunta inocente de un chico borracho como lo era Hiruma entonces.

Mamori miró al chico, quien sonreía felizmente a Mamori con una sonrisa que jamás le había visto, una sonrisa sincera y pura, palabras que no pegaban con su demonio. Tenia las mejillas sonrojadas, no sabia si era por los efectos del alcohol o porque en realidad estaba avergonzado de verdad, se veía tan lindo que cuando oyó la risa de su madre, ésta ya estaba justo al lado de ellos.

—Vaya, Hiruma-kun es del tipo "adorable" cuando está borracho ¿no?

—¿Mamá? ¿estabas ahí todo el tiempo?

—Bueno, se podría decir que llegué en el momento "te he pedido que duermas conmigo" —Intentó imitar la voz del chico sin éxito alguno—Dios, mejor entrad en casa, sólo vais a conseguir despertar a los vecinos.

—Tú… ¿lo dejas entrar tan fácilmente? ¿dejas que duerma conmigo y lo ves normal?—Dijo Mamori escandalizada.

—Según Hiruma-kun solo es dormir, ¿Qué daño puede hacer que este adorable borracho te use de oso de felpa? Si se da un baño frío antes, mejor todavía, así se despeja un poco y vuelve a ser el demonio de siempre. Vamos Mamori, deja que entre y dale una toalla.

—Pe…pero

—Anezaki Mamori, haz lo que te digo.

Cuando los dos entraron, la señora Anezaki se quedó tranquila, según había podido observar, Hiruma se volvía totalmente inofensivo con el alcohol, aunque todavía se preguntaba si el motivo de la borrachera que traía era su hija o si solo había sido una mera coincidencia, aunque le daba en la nariz, que ese chico estaba sufriendo lo mismo que Mamori, sin embargo, no entendía el porqué de su fijación por intentar separarse de ella, era raro.

Después de darle a Hiruma la toalla como le había pedido su madre, Mamori entró al baño para llenar la bañera con agua templada, su madre le había dicho que era mejor despejar a Hiruma con agua fría pero tal vez era demasiado para él, así que decidió que lo mejor para su salud era ponerle el agua templada pero tirando a fría, así él no se resfriaría.

Un sonido de pisadas se oyó justo detrás de ella precedido por el sonido de la puerta cerrándose. Mamori se giró para ver si era su madre la que entraba pero se sorprendió al ver al rubio de pie justo detrás de ella con la vista fija en el agua.

En un segundo y medio, el chico comenzó a quitarse la camiseta negra que llevaba dejando a Mamori totalmente confundida y sonrojada. Aunque lo peor vino luego, cuando el chico comenzó a desabrocharse los botones del pantalón lentamente.

Mamori se levantó y yendo directamente hacia él, le cogió los brazos para que no siguiera. Según su madre ese chico era el típico borracho "adorable" pero ella lo veía como el típico borracho "inteligente" persona que gracias a su gran inteligencia sabia el momento perfecto para conseguir lo que quería y si lo que planeaba Hiruma era que su corazón se le saliera por la boca, en unos cuantos segundos más, lo habría conseguido.

—Pe… pero ¿Qué estás haciendo?—Dijo Mamori al borde del desmayo—Sigo aquí ¿sabes? ¿No tienes vergüenza?

—Pero tengo sueño maldita manager, así que quiero acabar con esto pronto.

—Pues te esperas a que salga.

—¿Y si no quiero que salgas?

Mamori cerró los ojos, tenia que aguantar, era el alcohol, no lo decía en serio, el verdadero Hiruma la habría mandado a paseo desde hacia media hora. Volvió a abrir los ojos para encontrarse justo con unos ojos verdes expectantes.

—¿Y si te bañas conmigo? No te voy a hacer nada

—Es…esto… yo… Te dejaré la toalla aquí y la ropa limpia está en el otro lado—No pudo evitar ponerse como un tomate así que se giró.

—¿Me ignoras? ¿Me odias verdad? Por todo lo que te dije. Yo me odiaría ¿sabes?

Mamori se volvió a girar para ver a Hiruma a los ojos, estaba abatido, triste, desolado, tenia un semblante tan triste que hasta parecía mentira ¿se podría creer en un borracho? Tal vez era cierto lo de que los borrachos decían siempre la verdad aunque, si eso era así, si sus sentimientos eran esos, ella tenia razón con lo de sus ojos, él estaba triste mientras decía esas palabras tan hirientes, no quería decírselas, en realidad no las sentía.

—Yo… yo no te odio Hiruma-kun, es sólo que… bueno… me da ver…

Mamori se quedó parada al sentir unas manos masculinas subir por su camiseta intentando quitársela, nunca se había sentido tan furiosa, ese chico borracho estaba aprovechando el momento para hacer ese tipo de cosas.

—¡¿Qué se supone que estás haciendo? ¡suelta!

—Pero… ¿no acabas de decirme que no me odias? Pues entonces, no hay motivos para que no te puedas bañar conmigo ¿no?

Mamori se quedó mirándolo con los ojos como platos ¿Cómo podía decir de forma tan natural esas cosas? No, natural no era la palabra, se veía tan lindo con esa sonrisa y las mejillas sonrojadas, casi como un niño pequeño. Mamori negó con la cabeza y recapacitó. No podía caer ante él. Él no era un niño, tenia la misma edad que ella y no podía caer en su trampa sólo porque ese día se estuviera comportando de esa forma tan dulce.

La chica consiguió salir de su agarre y salió tranquilamente por la puerta para ponerse su pijama, estaba segura de que esa noche iba a ser dura y muy larga, tal vez demasiado larga.

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Después de un rato, ya con el pijama puesto, se empezó a preocupar, Hiruma tardaba demasiado, ¿estaba bien dejarlo solo y borracho en la bañera? Aunque no sabia como hacer para entrar sin ver nada, ella no quería verlo pero es que tardaba tanto que se estaba empezando a preocupar.

La madre de Mamori miró como su hija salía apurada de su cuarto y la paró preguntándole que era lo que ocurría exactamente, Mamori le explicó pero la señora simplemente empezó a reírse de su hija, era tan linda e inocente que no podía ni creer que ya fuera mayor. Cuando la señora Anezaki levantó la vista, sonrió, la verdad tenia una buena vista desde donde estaba, pero sabia que si no avisaba a su hija luego ésta se enfadaría con ella.

—Mira, por ahí va tu caballero andante, aunque le falta la armadura—La mujer comenzó a reír señalándole a la chica el final del pasillo.

Mamori se giró y justo cuando lo hizo, un chico de cabello rubio empapado se abalanzó hacia ella abrazándola. Mamori comenzó a balbucear sin entender muy bien el porqué del abrazo tan calido que le daba el chico, aunque cuando correspondió el abrazo se dio cuenta de algo que no tenia que ser así.

En un segundo, Mamori se separó del chico mirándolo de arriba a bajo, estaba aun mojado, las gotas resbalaban por todo su cuerpo pero él solo llevaba puesta la toalla que le había dado. Iba sólo con una toalla por su casa. Ahora entendía porque su "caballero andante" no llevaba la armadura puesta.

—¿Por qué no llevas a ropa que te he dado antes?—Preguntó la chica con cara de pocos amigos.

—Tenía calor, así que no me la he puesto—Respondió él con una sonrisa y con ese sonrojo en las mejillas.

—No, si mi hija también tiene calor, pero no sé por qué, ha sido justo ahora.

—Ma…mamá ¡a tu cuarto sin rechistar!

—¿Mi hija castigándome? Que divertido, pero… ¿no me puedo quedar a mirar un poco más? ten en cuenta que no veo chicos así todos los días…

—Mamá…

—Está bien, está bien, me voy, pero no me mates, que hija más egoísta, ni una miradita.

Mamori suspiró, en verdad su madre aunque intentara negarlo era una autentica pervertida o eso, o le encantaba molestarla, que era lo más seguro.

Cuando la chica consiguió que Hiruma se calmara y entrara en su cuarto tranquilamente, fue al baño a por la ropa que le había dado para dormir, pero todo era para que no se paseara por la casa en toalla, cuando volvió se encontró con la toalla de Hiruma en el suelo, pero sin Hiruma por ningún lado.

—¿Hi…Hiruma-kun? ¿Dónde…?

Antes de acabar la frase alguien la abrazó por detrás soltando un ligero "sorpresa" en voz baja y justo en su oído, la verdad es que se sentía bien estar entre los brazos de Hiruma pero… si no llevaba la toalla… estaba… significaba que estaba… ¿desnudo? ¡¿desnudo abrazándola?

—¡sueta! ¡quita ! ¡suelta!

Mamori se escandalizó y se aparto lo más rápido que pudo de allí, acababa de abrazarla tan feliz y completamente desnudo, ese chico no tenia vergüenza y sus locuras de borracho parecían no tener fin. Si acababa viva después de todos los vuelcos de corazón que le había dado en tiempo record, seguramente ya seria inmune a todo tipo de hombre, definitivamente.

—Ponte la ropa.

—Ya.

Mamori se giró y lo miró ¿ya? Había dicho ya, estaba segura, entonces… ¿Por qué seguía desnudo? No llevaba nada, no, lo peor ¿Por qué no se había girado ella cuando lo había visto de arriba a bajo? La verdad era que el chico pese a sus características demoníacas no dejaba de ser atractivo, su torso bien formado tenia todos los músculos bien marcados y aunque todavía estaba delgado juraría que había ganado masa muscular desde Deimon, estaba espectacular, y esa piel ligeramente bronceada por el sol de los entrenamientos lo hacia ver magnifico, era tan atractivo… ¿Por qué aun seguía mirando? No, ¿Por qué había bajado la mirada justo a esa zona prohibida hacia un segundo? Ese chico la había convertido en una pervertida, una autentica pervertida Apartó la mirada rápidamente y comenzó a hablar.

—Po…ponte la ropa, por favor.

—Si me das un beso me la pongo, si no, no—Lo dijo de nuevo con esa sonrisa que ya la estaba poniendo nerviosa.

—Haré lo que quieras pero primero ponte la ropa, por dios—Estaba volviéndose loca.

Fue dicho y hecho, el chico se puso la ropa rápidamente y después se fue directo hacia ella a "recoger" lo que le había prometido la castaña. Ella se esperaba uno de los besos de Hiruma, como el que le había dado en la puerta, pero lo que se encontró fue un beso delicado, lleno de ternura, un beso que no era como los demás, sino con más sentimiento que otra cosa.

Hiruma se fue directo hacia la cama y se metió en ella para dormir, sin embargo, Mamori seguía dándole a la cabeza. Estaba confundida, lo que Hiruma le había dicho y la forma en la que se estaba comportando en ese momento, no casaban, tal vez eso era lo que sentía de verdad, había por lo menos una posibilidad para que en verdad fuera lo que él sentía as que, decidió cortar por lo sano, tenia que aclarar sus pensamientos en ese momento y sabia que lo que se le había presentado esa noche era una oportunidad perfecta. Los borrachos no mentían.

—Hiruma-kun… ¿Por qué me dijiste esas palabras esta tarde?

—¿El qué?

Abrió los ojos para mirarla encontrándose con unos ojos azules tristes, no se había dado cuenta de cuando se entristeció así, pero estaba seguro que era por lo que le había dicho, las palabras hirientes que salieron por su boca esa misma tarde.

—Yo… no quiero hacerte daño—Dijo Hiruma incorporándose un poco en la cama.

—¿Es verdad que no me quieres? Y… si no quieres hacerme daño ¿Por qué me rechazas?

—No, no es eso yo… simplemente no quiero destruir lo único que me importa.

—¿A que te refieres?—Mamori se puso roja—¿Lo único que te importa?

—No quiero destruirte, no quiero hacerte daño, porque en verdad me… me gusta estar contigo Mamori.

Hiruma la acercó hacia él para que sus ojos quedaran a la misma altura y la besó de la misma forma que antes, de forma tierna y dulce. Mamori estaba en la gloria, lo que le había dicho significaba que la quería, además, era la primera vez que la llamaba Mamori y no maldita manager, y aunque el momento en si, con Hiruma borracho y sin saber lo que decía, no era el más propicio para sentirse feliz, estaba muy contenta porque después de todo, sí la amaba.

Hiruma se tumbó de nuevo en la cama y Mamori aun roja como un tomate se metió con él. El rubio la abrazó y dijo una cosa que desconcertó un poco a Mamori algo sobre dormir con un oso de peluche, pero no importaba, estaba en la gloria, feliz de estar con la persona que amaba y esperaba que se siguiera comportando así un rato más. Estaba claro que el Hiruma normal le gustaba más, pero el Hiruma borracho era tan lindo y tan honesto con sus sentimientos que por un momento llegó a pensar en la posibilidad de que a su demonio se le pegara algo de él, no mucho pero con un 10% se quedaba satisfecha.

—Mamori…

—¿Si?

—Te quiero ¿lo sabes?

Mamori se incorporó un poco para mirarlo, quería decir algo pero cuando se digno a hablar ya era demasiado tarde, su "pequeño" demonio borracho se había dormido profundamente. Estaba feliz, ese chico le había confesado que sí la quería, era como estar soñando, se llegó a preguntar si aun seguía dormida, si todo eso era un sueño, pero no, era la realidad y en verdad ese demonio honesto se había confesado, no como lo había imaginado en un principio, pero con eso bastaba, para ella, bastaba sólo con eso.

—Yo también te quiero, pero eres un maldito demonio egoísta—Mamori lo observó con una pequeña sonrisa—Idiota.

Mamori le dio un pequeño beso al "demonio durmiente" en el cuello esperando con todas sus fuerzas no despertarlo e intentó unirse a él en su idea de dormir, aunque con la felicidad que desprendía en ese momento no sabia si podría hacerlo. Amaba a ese demonio pero saber que él también lo hacia era mejor que cualquier otra cosa. Mamori lo abrazó más y puso su cabeza en el pecho de Hiruma notando como uno de los brazos del chico la acercaba más hacia él. Definitivamente no podría dormir, pero tampoco importaba con tal de estar con su amado demonio.

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Bueno, aunque parezca mentira y casi imposible de creer, aquí está el capítulo 5, después de 100 años de espera.

La verdad es que no me gusta mucho como me ha salido este capítulo, me parece que Hiruma no es Hiruma pero bueno… supongo que es difícil imaginar a un Hiruma borracho.

Siento mucho haber tardado tanto pero es que estando en la recta final y a punto de acabar el curso, es un poco difícil compaginar mis estudios con la historia, juro por lo más sagrado que intento sacar tiempo de debajo de las piedras pero que el tiempo no sale.

Muchas gracias a todas las que se molestan en leer la historia, la verdad es que me da ánimos para escribir y para seguir intentando sacar tiempo de donde no sale.

¡Gracias chicas! (y chicos aparte de Cordy si los hay)

¡Espero que os guste!

Rei sama18