Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer, pero la historia me pertenece. Prohibida la copia total o parcial de las historias sin el permiso de la autora.

****AVISO: este capítulo contiene Lemmon, leer bajo su responsabilidad****


Capítulo 1: Una vida descontrolada.

POV Emmett

-¡Ey aguarda! – mi mano se quedó rozando el picaporte de la puerta de salida, dos segundos más y ya no daban conmigo. "¡Maldito cabrón!", exclame en mi mente, estoy seguro que sospechaba porque me iba a hurtadillas - ¿Se puede saber porque te escapas?

-No me escapo – me miro con una ceja alzada.

-No te escapas – repitió con tono irónico -. Es como criar a un niño, te escondiste detrás de las cortinas del living y luego corriste en puntas de pie, nada sutil a decir verdad.

-¿Podemos dejar esto para después?

-¿Por qué tan apurado?

-Tengo una despedida pendiente.

-¿A quién estas por mandar a volar?

-A nadie, me llamo Leah, se va del país por nueve meses y no sabe si volverá.

-¿Leah? La misma Leah que insistes en decir que no está enamorada de ti.

-La misma Leah que no te cansas de insistir en que está enamorada de mí, ya vez que no tanto, se va por nueve meses y quizás no vuelta, no está enamorada de mí – ciño su entrecejo.

-Emmett, madura, esa chica esta hasta los huesos por ti.

-Edward deja de ver amor en todos lados – lo tome del hombro y apreté con fuerza -. Si te hubieras dado más tiempo para vivir la vida podrías distinguir mejor una mujer caliente de una mujer enamorada.

-Estoy viviendo la vida, aunque distinto a lo que lo haces tú.

-Aburrido – Edward rodo los ojos -. No es mi culpa que decidieras dejarte echar el lazo a los dieciocho años… ¡Dieciocho Edward! ¡No te diste tiempo de follar más mujeres para disfrutar de la diversidad!

-Me case a los dieciocho años porque encontré la mujer de mi vida, y si mal no recuerdo yo le tire el lazo a ella.

-Igual lo hiciste muy pronto, la juventud esta para disfrutarla con diversidad, cuando llegue a los treinta me pondré serio.

-Pues tu juventud dura eternamente, desde los 14 años que huiste de Tennessee y de tus padres no haces más que disfrutar de la diversidad como dices tú.

-Mis padres me habían comprometido en secreto con…

-Celia, si lo sé – repitió con tono cansado.

-¿Estamos en el siglo uno?

-¿Dieciocho? En el uno no existía el compromiso.

-Idiota – murmure y mire la hora en mi reloj -. Anda cúbreme por hoy, podrás usarme de cuartada el día que decidas lanzarte una cana al aire.

-¡No lo hare! – exclamo exasperado -. Deja de decir esas cosas, algún día Bella se las tomara en serio y tendré problemas por tu culpa.

-¿Qué me tomare en serio? – esto se ponía peor, ahora aparecía la enana para darme un sermón seguro.

-Que Edward se lanzó una cana al aire anoche – me miro ceñuda y se abrazó a la cintura de Edward.

-A menos que haya sido en sueños es imposible, anoche estuvimos juntos toda la noche – sonrió burlona.

-Bueno, me alegro que todo vaya bien, yo debo irme – sino le ponía fin no me iría nunca.

-Leah está enamorada de ti, ten cuidado – se apresuró a decir Bella, solo alcance a abrir la puerta de la casa.

-No lo está, Edward te cuenta sobre la despedida de hoy.

-¿Tienes preservativos? – Puse un pie fuera de la casa y gire mi rostro a mirar a Bella con una ceja alzada -. Emmett lo que menos necesitamos es que aparezca un hijo tuyo de pronto.

-No te preocupes por eso, se cuidarme muy bien, desde los 15 años lo hago – confirme y me saco la lengua.

-¡Ve con cuidado! – alcance a escucharla.

-¡Si mami Bella!

-¡Idiota! – reí para mí, odiaba le dijera así.

Me monte en mi jeep Wrangler rojo, sintonice la estación de radio 99.9 KISW ROCK. Conduje directo al 101 de la avenida Taylor, en el edificio Century se emplazaba el departamento de Leah el cual conocía a la perfección, cada superficie plan y no tan plan, mullida o más bien dura. Estaba seguro que la despedida seria memorable, cada vez que estábamos juntos saltaban chispas que se convertían en flamas y éramos bastantes escandalosos. Mi situación con Leah no era la óptima, si algo grave pasaba entre nosotros corría riesgo de perder mi trabajo, su padre Harry Clearwater era uno de los dos dueños de la empresa de seguridad en la que trabaja, falleció cuando Leah era una niña pero su socio Billy Black prácticamente la crio como su hija y Jacob el hijo de este era prácticamente un hermano para Leah, muy sobreprotector.

-¿Quién es? – se escuchó a través del portero.

-Hola preciosura – murmure con voz juguetón.

-¡Emmett pasa! – exclamo con la emoción en la voz.

La anticipación me pone eufórico para calmar la ansiedad fui silbando una canción al azar mientras me metía en el ascensor y marcaba el piso 10.

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3 – el silbido se volvió un poco más ronco al recordar el sudor en el cuerpo de Leah, como hacia resplandecer su piel canela.

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5 – metí las manos en mis bolsillos y balance mi cuerpo mientras seguía silbando, ya empezaba a tener un serio problema en mis pantalones.

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8 – tire mi pantalón hacia adelante para disimular mi estado solo por si alguien más se montaba.

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10 – Salí disparado del ascensor y llegue al trote a la puerta del departamento "C".

-Hola – sonrió ampliamente mientras abría la puerta dándome paso.

En cuanto estuve a su lado tome su rostro entre mis manos y acerque mis labios a los suyos, los cuales me fascinaba, siempre estaban calientes incluso parecía que el calor en su cuerpo siempre era superior al de cualquier humano normal. Su piel tostada natural y su pelo negro más esos ojos pardos la volvían realmente exótica, una belleza única y tentadora.

-Estuve esperando tu llamada toda la semana – reproche y bajo su mirada avergonzada.

-Podrías haber llamado tú – contrataco.

-No, no preciosura, quedamos en que tu llamarías la próxima vez.

-Entra Emm, no quiero que mis chismosos vecinos se enteren de mis relaciones.

-¿Así que me abandonas?

-¿Puedo abandonar algo que nunca fue mío?

-Supongo que no, pero teníamos algo y muy bueno, en todos los sentidos – camine hacia su cocina, su apartamento era inmenso: tres habitaciones, dos baños, living, comedor y cocina. Era la niña de papá o en este caso de su padre postizo.

-¿Quieres algo de tomar? – Leah se apoyó en la mesada en cuanto entramos en su cocina, ya estaba abriendo la puerta de la nevera.

-¿Tú quieres algo?

-No ahora – susurro. Busque una botella de agua, esta noche me tocaba trabajar y por propia decisión no tomaba alcohol, eso adormece los sentidos y para mi ocupación no era lo mejor, debía estar alerta.

-¿Por qué te vas? – desvió su mirada pude notar algo raro en ella.

-Es necesario, algo fortuito – me acerque a ella pegando mi cuerpo al suyo, tome su mentón con suavidad para elevar su rostro y lograr me mirara -. Nada de lo que tengas que preocuparte, busco nuevas oportunidades.

-Entonces nos despediremos hoy – sonrió levemente -. Será un hasta pronto.

-No, un adiós.

Iba a guardar un buen recuerdo de nosotros, le iba a regalar un buen recuerdo mío. Acerque mis labios a los suyos y los uní en un beso suave con el cual podía saborearla y dejarla degustar mi sabor, aferre sus cintura con mi mano libre mientras se abrazaba a mi cuello correspondiendo el beso de manera profunda. La temperatura subió intensamente, parecía hasta algo anormal la manera en la que lo hacía cuando estábamos juntos, su cuerpo pasaba de tibio a quemante en pocos segundos.

-Leah, eres preciosa – susurre contra sus labios, su cuerpo se estremeció cuando deslice mi mano por debajo de su remera acariciando la piel de su espalda.

-Emm, eres tan dulce – murmuro en respuesta y se abalanzo nuevamente contra mis labios. El beso subió un grado de intensidad pero no de manera salvaje, más intenso pero a la vez calmo.

Deje la botella de agua sobre la mesada, tome el borde de su remera con ambas manos, Leah elevo sus brazos dándome la posibilidad de remover la prenda de su cuerpo, su piel canela brillaba por el calor, su pecho subía y bajaba mostrándome los primeros indicios de placer. Deje caer la remera y mantuve mis brazos en alto, sus manos ya estaban tomando el borde de mi sweater y camiseta para quitarlas, nuestro pechos se encontraron desnudos, el calor salto de su piel a la mía y viceversa, acaricie su espalda baja con manos avariciosas subiendo un poco la intensidad, empuje con mi rodilla sus piernas incitándola a abrirlas para mí. El beso subió de intensidad.

-Eres tan caliente, eres tentadora – mordisquee su labio inferior y guie mis manos por su espalda hasta dar con el enganche de su brasier, un movimiento de mis dedos y se desprendió.

-Necesito tu toque – se quitó el brasier con desesperación liberando sus preciosa tetas, las mire absorto, los pezones se notaban levemente erguidos mostrando los primeros síntomas de excitación.

-Preciosura, estos dos montes me vuelven loco – baje mi cabeza dirigiendo mi boca directo a su pezón derecho y engullí el pezón con ansias, la escuche chillar fuerte y alocadamente. Deje ir mis manos hacia abajo, apretuje su culo con aprensión clavándole mis dedos, busque la prendedura de su pantalón y lo despunte.

-¡Dios Emm!... ¡Dame más!... – chillo desesperada y ansiosa.

-Quitemos esto – gruñí mientras empujaba su jean junto con la braga dejando su sexo al aire.

-¡Apúrate! – a las patadas Leah se quitó las zapatillas y termino de quitarse la ropa, busque el preservativo en el bolsillo trasero, me apresure a despuntar mi pantalón ahora y bajarlo junto con los bóxers mientras me quitaba mi calzado - ¡Cuánto te deseo Emm! ¡Quiero sentirte dentro de mí!

-¡Acá estoy preciosura! ¡Todo para ti! – la tome de las costillas, de un envión la eleve dejando su tetas por sobre mi cabeza, sus piernas se enroscaron en mi cuerpo, deslice su cuerpo hacia abajo para dejar sus tetas a la altura de mi rostro.

-¡EMMETT! – grito desesperada cuando mordisquee su pezón y tire gruñendo. La senté sobre la encimera de la cocina, echo su cabeza hacia atrás mientras seguía jugueteando con sus pezones succionándolos y chupándolos. Abrí el paquete plateado y me apresure a colocarme el preservativo luego en cuanto mis manos estuvieron libres envolví su caliente coño con una y la acaricie con vehemencia - ¡Oh dios mío! – agito sus caderas buscando más contacto.

-Te mojas tanto, tan rápido – lamí el pezón para luego tomarlo entre mis labios, la volví a tomar de las costillas levantándola de la encimera, no la apoye en mi cuerpo, gire sosteniéndola en el aire y su espalda dio contra la puerta de la nevera que emitió un sonido de vidrios chocándose.

-¡Vamos Emm, follamé! – pidió descontrolada, sus manos viajaban por mi cabeza buscando de donde aferrarse pero mi cabello estaba demasiado corto. Deslice su cuerpo hacia abajo rozándolo con el mío que la mantenía aprisionada contra la nevera, su sexo su rozo con el mío, sé que sentía mi potente y gruesa erección frotándola - ¡Follamé, follamé, follamé!

-Preciosura, aquí voy – abrió más sus piernas dándome total acceso a su centro, todo su cuerpo se estremeció cuando mi punta se hundió apenas en ella - ¡Déjate ir! – exclame y afloje mi agarre, Leah empujo su cuerpo hacia abajo y termine totalmente empalado en su estrecho canal.

Los siguientes fueron movimientos descontrolados y salvajes, una y otra vez su cuerpo se deslizaba de arriba abajo por la puerta de la nevera con cada penetración profunda y brusca, sus paredes se cerraban de manera intensa, su piel tostada brillaba por el sudor, su aroma a sexo me envolvía, su excitación resaltaba el aroma volviéndome loco, la fiebre de la lujuria envolvía mis sentidos nublándolos sin dejarme ver más allá del placer que estábamos compartiendo. Se corrió en fuertes sacudidas, su cuerpo arqueándose ante el clímax alcanzado, mientras mi polla respingaba ansiosa por mi liberación. Espere unos momentos, con la respiración calmada y ella enroscada en mi cuerpo me encamine hacia su habitación donde nos acomode en su cama.

-¡Levántate de una maldita vez! – el grito me despertó de pronto, una almohada dio de lleno en mi rostro.

-¡¿Qué diablos te pasa ahora Leah?! – tire la almohada al piso.

-¡Lárgate de mi casa! – el portazo del baño al cerrarse retumbo en la habitación, resople molesto, estos cambios en ella me desesperaban. Me senté en el borde de la cama y mire la hora en el reloj sobre la mesa de noche, eran las nueve de la noche, en dos horas comenzaba a trabajar.

-¿¡Leah, estas bien!? – pregunte golpeando la puerta del baño sin abrirla, no hubo respuesta. Mire alrededor buscando mi ropa sin excito, recordé que todo fue en la cocina así que desnudo fui hacia el lugar.

Recogí mi ropa y la de ella, di un trago a la botella de agua que deje sin tomar sobre la mesada, comencé a vestirme comenzando por mi bóxer cuando escuche la puerta del baño de su habitación. Me metí en los pantalones y antes de subirlos me coloque las zapatillas, termine de subir mi jean y lo prendí, fue cuando escuche los pasos de Leah acercándose, entro en la cocina y me miro furiosa. ¿Qué diablos le pasaba?

-¡¿Por qué diablos no te has largado?! – algo impacto contra mi cabeza y me sobe sorprendido.

-¿¡Qué demonios te pasa!?

-¡Lárgate, lárgate! ¡No soporto tenerte cerca! – me agache cuando me tiro con un vaso el cual termino estampado en uno de los modulares.

-¡¿No me soportas?! ¡No hace ni una hora que pedias te follara más!

-¡Odio que me folles!

-¡Gracias a dios no vuelvo a verte! – tome mi camiseta y sweater, sin colocármelos me apresure a salir de su apartamento, me termine de vestir en el ascensor.

Esos arrebatos eran los que no entendía de esta mujer, no era la primera vez que pasaban, alguna que otra vez me recibió a los gritos para luego buscarme tierna y deseosa, ni se porque volvía a ella. Soy un idiota, lo sé a la perfección, el sexo era grandioso y solía estar disponible para mí, algunas veces hasta era grato pasar el rato conversando.

Estacione mi jeep en la cochera de mi edificio en el 1221 de la avenida First de Seattle en los edificios Harbor Steps. Me monte en ascensor, para este momento la situación vivida con Leah se esfumo de mi mente quedando en el olvido, ahora estaba concentrándome en repasar las instrucciones para el trabajo de esta noche, no era el que más me emocionaba. Marque el piso 11 donde me bajaría, mi apartamento estaba en el piso 21 de la segunda unidad, no era un lugar grande, más bien chico, pero lo suficiente para una hombre solo que pasaba mucho tiempo fuera. Era mi rutina bajar 10 pisos antes, subía el resto por las escaleras caminando o al trote dependiendo de mi ánimo.

Esta vez los subí al trote, no había ido al gimnasio por pasar la tarde en familia por lo que no me vendría mal este ejercicio para un poco de descarga. Edward decía que mi habito era algo raro, pero era una costumbre arraigada y realmente me hacía bien, cuando nos veníamos juntos a mi apartamento el subía en el ascensor y luego me esperaba en la puerta a que llegara por las escaleras.

-19 – leí el cartel que indicaba el piso por el que iba, gire abruptamente y me topé con un cuerpo de cabellera rubia dorada -. Lo siento – me apresure a disculparme sin levantar mi rostro de su culo, perfectamente redondeado, un vicio de cuerpo.

-Se le está haciendo costumbre – murmuro la voz del culo perfecto. Subí dos escalones dejándome a la altura del cuerpo del culo.

-Oh… la rubia – culo perfecto, bonito rostro, carácter de mierda. Las pocas veces que cruzamos palabras era para que la rubia malvada me criticara.

-¿Perdón? ¿La rubia? – se mostró indignada.

-Eres rubia ¿o no? – Me miro ceñuda - ¿no lo eres? – insistí divertido por su gesto confundido.

-Sí, lo soy – aseguro -. Natural, no falseta como algunas de tus amiguitas.

-¿Conoces a alguna de mis amiguitas?

-No…

-Entonces no sabes como son.

-No tengo tiempo para perder – se apresuró en las escaleras y de puro gusto la deje adelantarse hasta que se perdió de mi vista. La rubia del piso 22, se exacto quien es, su apartamento está arriba del mío, mis ruidos le suelen molesta a ella, arriba, no a mi vecino, del lado. Rubia amargada.

Llegue a mi apartamento. Fui directo a la maquina contestadora, había cinco mensajes, apreté el botón y fui hasta mi nevera para sacar un botellita de refresco, me acomode en la encimera en lo que la maquina anunciaba el primer mensaje con fecha y hora.

"Prefiero no pensar el motivo por el que te fuiste sin despedirte de casa, creí que durante estos años te había enseñado mejor. La próxima vez despídete de mí con un beso como debe ser…. Por cierto te perdiste la viandas de comidas que tenía para ti y ni se te acurre venir por ellas mañana o asaltar la nevera sin permiso en la madruga mientras dormimos" - Esme o mi mamá postiza.

-Idiota, ahora te perdiste de la mejor comida del mundo – me reproche en voz alta.

-Segundo mensaje…. – anuncio la maquina seguida por hora y día.

"McCarty soy Jacob, el lunes pásate por la oficina a primera hora. Tenemos un nuevo cliente y quizás viajes por una temporada si te atrae la propuesta. Mantente atento esta noche, sé que no es necesario la advertencia" – el hijo del jefe.

-No es necesario decir lo obvio -. El chico no me caía mal, le gustaba entrenar tanto como a mí así que teníamos algo en común, lo malo era que algunas veces se creía demasiado el macho alfa, ese era yo.

-Tercer mensaje… - hora y fecha.

"Oye deja de insinuarle a Bella de posibles canas al aire o lo que sea, aunque no lo creas y se muestre superada frente a ti cuando estamos solos sus arranques de celos son intensos y por tu culpa me quedo castigado por dos noches" – reí para mí, Edward y Bella son sumamente celosos.

-Luego hablare con Bella para asegurarle que solo es broma – susurre para mí.

-Cuarto mensaje…

"Si entras por la madrugaba mientras dormimos por favor recuerda apagar la alarma, casi nos matas de un susto la última vez que te escabulliste y no me resulta divertido tener que explicarle a la policía que entras a hurtadillas por comida. Cuídate Emm, ese trabajo tuyo"

Reí ante el recuerdo, no fue hace más de dos semanas atrás, estaba hambriento y no tenía comida así que fui a la casa de Esme y Carlisle para robar algo, me olvide de la alarma y la policía llego en tiempo record, me partí de la risa mientras Carlisle les explicaba que era su hijo adoptivo y que era habitual que entrara a hurtadillas a asaltarles la nevera.

-Quinto mensaje…

"Su número telefónico resulto ganador…." – rodé mis ojos y me acerque a la máquina para borrar el mensaje.

Comida, definitivamente debía recordar apagar la alarma para pasar por esas viandas de exquisita comida y no es que no supiera cocinar sino que simplemente la comida de Esme era un manjar de los dioses para cualquier paladar y después de todo si ella estaba dispuesta a cocinar de más para darnos a nosotros porque no era solo para mí, quien era yo para negarme a recibir ese regalo.

-Hola duendecito – atendí mi celular y el nombre de mi hermanita postiza brillaba junto a su foto.

-¡Emm! – Exclamo emocionada y seguramente dando saltitos - ¡¿Me harás entrar, verdad?!

-¿Cuántas veces dije que si? ¿No fui yo quien te propuso ir?

-¡Lo sé, lo sé! ¡Solo quería asegurarme de que no te arrepentías!

-Me voy a arrepentir en cuanto no dejes de gritar emocionada, vas a entrar a ese bar tan exclusivo y vas a disfrutar, pero cuidado con emborracharte – advertí y la escuche reír.

-¡Te veo esta noche! – Alice cortó sin darme tiempo a nada más.

Me entre a duchar disfrutando del calor del agua en mi cuerpo despejando mi mente para mantenerme sereno y relajado para la noche de trabajo. La vestimenta era la habitual, de negro solo cortado por el estampado que anunciaba "Seguridad".

Esta noche el trabajo era en "Trinity Nightclub", la seguridad reforzada se debía a la presencia de Irina, una cantante-actriz en ascenso que estaba adquiriendo fama y admiradores a pasos agigantados y de quien la empresa para la que trabajaba, NWS Security Service Inc., se encargaba de su seguridad.

En cuanto llegue al lugar me ubique en la entrada, me tocaba controlar a los que ingresaban, no podíamos hacer cateos pero tenía buen ojo y lograba detectar a los locos sueltos que quería escabullirse, además esta noche me acompañaría Edward y era un excelente lector de mentes, podía notar los malditos perversos y pervertidos con mierda en la mente.

-¡Hermano! – puño con puño fue nuestro saludo con Edward, era su trabajo extra para sacar más dinero, tanto el cómo Bella eran profesores y sus salarios no eran cuantiosos, de vez en cuando me ayudaba en algún trabajo para ganar al extra.

-Hermano ¿Cómo se ve todo?

-Tranquilo hasta el momento – un grupito de cuatro se acercó y me mostro sus entradas anticipadas, los inspeccione rápidamente, daban con la edad y se notaban tranquilos, retire la banda dejándolos entrar.

-¿Tu jefecito viene? – reí bajo.

-Tanta aprensión que le tienes. Jacob es un buen tipo – asegure y gruño por lo bajo.

-No cuando está intentando avanzar a mi esposa.

-Solo está siendo amistoso, tú eres demasiado celoso.

-La última vez se le pego como garrapata, es un capullo y estoy dispuesto a darle su merecido – otro grupo se acercó, cuatro chicos y un quinto un poco alejado, mire a Edward y me hizo un gesto con la cabeza indicándome el que estaba alejado, deje pasar a los cuatro primeros y detuve al que estaba solo.

-Tienes que vaciar tus bolsillos para seguir – el tipo me miro por lo bajo con odio.

-Aquellos entraron – espeto indignado señalando al grupo anterior que se perdía de vista.

-Pero tú debes vaciar tus bolsillos o te largas.

-¡Esto es discriminación! – exclamo de manera escandalosa.

-Esto es seguridad, vacía tus putos bolsillos o te largas – me puse de pie y 1,95 lo intimido.

El tipo empezó a vaciar sus bolsillos dudo cuando fue por el ultimo y no era para menos, tenía una abrecartas bastante filoso escondido el cual le quite y terminamos echándolo del lugar en una patrulla de policía que lo llevo para asegurarse de que no era un loco de atar. La gente está demente ¿en qué piensan a veces? Una hora y media después el lugar estaba arrebatado de gente por lo que se cerraron las puertas definitivamente, espere en el callejón por donde entraría Irina al lugar, su auto llego y esas dos bellezas de piernas aparecieron para regalarme una vista incomparable, relamí mis labios cuando mis ojos quedaron anclados en el borde de la diminuta falda adherida a su piel a centímetros del gran tesoro no tan escondido.

-¿Me ayudas? – tendió su mano hacia a mí con voz seductora y provocadora.

-Por supuesto – la ayude a descender y paso por mi lado rozándose dedicándome una mirada picara y repleta de insinuaciones, siguió de largo adentrándose en el local.

-Te la follaste – aseguro Edward.

-Beneficios extras – rodo sus ojos pero rió.

La noche iba pasando tranquila, solo debimos sacar a un par que estaban pasados de copas, también tuve que detener a Edward de cargarla contra Jacob, el tipo se lo buscaba sin duda alguna, se había pegado al cuerpo de Bella, demasiado pegado, capullo idiota ¿Qué reacción esperaba del esposo de ella? ¿Qué pensaba al tratar de ligarse una mujer casada y enamorada?

-Tranquilo amor, todo está bien – Bella había tomado el rostro de Edward entre sus manos y se puso en puntas de pies para besarlo, rodé mis ojos y me aleje de ellos y sus arrumacos.

Di un par de vueltas, me topé con dos borrachos intentando pelear, a uno de ellos solo me basto amenazarlo mientras lo alejaba y se marchaba casi corriendo del susto por mi pose intimidatoria, el otro no cayo. Me esperaba con los puños en alto dispuesto a enfrentarse a mí, lo incite a que tirara el primero golpe, solo di un paso hacia atrás girando apenas mi cuerpo pero lo suficiente para que su puño siguiera de largo y el tipo cayera al piso.

-Arriba idiota apenas te mantienes en pie, es hora de marcharte – el tipo se puso de pie a duras penas, me miro enfurecido y embistió contra mí, un nuevo pasó al costado y cayó al piso nuevamente. Fue un movimiento estúpido de mi parte, pero me agache para ayudarlo a levantarse, el tipo solo me tiro un puño que impacto en mi cara, al costado de mi boca, tuve que usar todo mi autocontrol para no molerlo a palos - ¡Te vas a largar ahora, no estoy de humor para idiotas! – Lo sostuve con ambas manos de su camisa poniéndolo de pie - ¡Jared, saca a este imbécil del lugar! – empuje al tipejo soltándolo y Jared se apresuró a tomarlo de un brazo para sacarlo del lugar.

-Emmett al habla – atendí mi celular con bronca.

-Lo siento, lamento mi reacción de hoy, no sé qué me sucedió – resople molesto.

-Está bien Leah, fue la despedida así que fue la última vez – no estaba de ánimos para sus cambios de humor.

-Dime que me perdonas, por favor – rogo con voz dulce y melosa ¿Por qué mierda me llamaba para esto a las cuatro de la mañana?

-Está bien Leah, que tengas buen viaje – corte embroncado, odia pelear o casi pelear. Lo de Leah, sus cambios se me habían hecho habitual en esto seis meses que follamos.

Di vueltas por el lugar controlando, Edward se mantenía atento al igual que el resto de los chicos, fui por una botella de agua, eran las cinco de la mañana y faltaba poco para terminar. Me aleje del gentío buscando un lugar más calmo, había mujeres más que atractivas y muchas se mi insinuaron, era una lástima que estuviera trabajando.

-¿Quién soy? – su perfume era inconfundible, sonreí para mí.

-Creo que te conozco – murmure y bufo molesta.

-¿Crees que me conoces?

-La exquisita, atractiva y única Irina – dejo un beso húmedo en mi cuello y destapo mis ojos.

En cuanto estuvo frente a mí nos abalanzamos contra el otro, nuestros labios se encontraron en un beso hambriento y devastador, mis caderas chocaron con las suyas y respiramos ruidosamente. Nos encamine hacia la zona más oscura, su espalda dio contra la pared, su falda quedo echa un bollo en su cintura, su braga en el piso y mi polla libre de la prisión de mis pantalones, una sola embestida nos unió y después de vaivenes descontrolados nos corrimos al mismo tiempo chillando de placer.

-Código de seguridad – murmure mientras me escabullía en la casa – 3-7-1-9-0-4 – murmure mientras marcaba el código en el panel, una luz verde y el pitido me indicaron que estaba desactivada - ¡Comida! – exclame contenido mientras asaltaba la nevera de Carlisle y Esme -. Sé que te dejaron por aquí – murmure buscando la caja que seguramente Esme dejo a mano para que metiera la comida en los bols listos para el freezer.

-¿Te ayudo? – me sobresalte al escuchar la voz, me gire y Carlisle sonreía con burla - ¿Y eso? – señalo mi rostro.

-Un idiota borracho, nada grave – me encogí de hombros.

-Hay postres también – indico y asentí mientras seguía sacando los bols con mi nombre -. Gracias por desconectar la alarma.

-Igual te desperté.

-No, estaba por levantarme con Esme íbamos a Forks por una semana y decidimos irnos temprano.

-Por eso toda esta comida – asegure y sonrió ampliamente.

-No dejo de cocinar en toda la semana, cada uno tiene su ración.

-Luego la llamo para agradecerle, me voy a casa aun no dormí.

-Maneja con cuidado y deja que me encargo de la alarma.

-Nos vemos pa Carlisle – salude mientras salía de la casa y me miraba sonriendo.

El domingo me la pase en mi departamento, supongo que mi idiotice con la play y quizás demasiado por que la rubia del piso 22 vino a tocarme la puerta para que bajara el volumen. Rubia amargada, mi vecino del lado ni se quejó por el ruido y ella arriba le molestaba. Exquisitamente preciosa, tetas exuberantes, culo grandioso pero carácter de mierda, me la quite de la cabeza en cuanto cerré la puerta casi en su cara.

-¡Billy! – salude a mi jefe con un apretón de manos.

-Emmett buen trabajo el sábado, Irina está muy complacida con tu dedicación – sonreí engreído, se corrió como loca cuando la folle en la oscuridad muy cerca de toda la gente.

-Se exactamente como le gusta se manejen las cosas – Billy asintió como aprobándome, me echaría de una patada en el culo si se enteraba de como la complacía.

-Supongo que lo importante por lo que tenía que venir no era una felicitación por el trabajo con Irina.

-No – aseguro -. Irina se va por seis meses de gira y quiere que la acompañes como su guardaespaldas – folla-guardaespaldas.

-Seis meses ¿Dónde es la gira?

-Por Europa y Asia, pasaran por Australia y volverán por México ante de regresar definitivamente.

-Me parece perfecto, me viene bien el viaje.


Primer capitulo arriba y comienza la aventura. Espero que les guste este Emmett despreocupado de todo incluso de su vecina la rubia! Espero sus review y comentarios. Besos!