Yo no soy dueña de Artemis Entreri, Jarlaxle o Gareth. Los dragones aquí dispuestos son de mi invención, principalmente Kymalophiskym.

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Csarzivizkhyon se consideraba afortunada. A diferencia de muchos otros dragones blancos, ella había sido bendecida con una inteligencia superior a la de su tipo. Los bajos instintos predatorios eran fácilmente controlados y aquello le había dado una terrible ventaja a la dragona. Se había enfrentado a dragones azules, negros y rojos sobreviviendo a cada uno con astucia y habilidad... No pasó mucho tiempo para que la gran sierpe disfrutara de una guarida en las tierras de Vaasa, a las orillas del Gran Glaciar. Durante cientos de años su presencia pasó de ser un rumor a una terrible verdad para los pobladores de aquellas tierras. Otro dragón para la cuenta.

Pero Csarzivizkhyon no solía salir de su guarida a crear destrucción en su camino. Se conformaba alegremente con aquellos estúpidos aventureros que deseaban su tesoro. Esos grupos que cada tantas décadas se proponían matarla pero nunca salían vivos de la guarida eran su diversión. La carne humana era buena...¡ y ni qué decir de la élfica! La prefería sobre todas las demás. Pero los elfos eran casi nulos en aquellas tierras inhóspitas. Y solo era eso lo que la llevaba a abandonar momentáneamente su hogar… en busca de algún apetitoso elfo o en su defecto, medio elfo. La gente de Vaasa le apodaba "Ventisca Asesina", título que había aceptado gustosa.

Las cosas no podían ir de mejor manera. Tenía el respeto de su comunidad dracónica (incluyendo a los grandes rojos, todo un logro para un blanco), un enorme tesoro, una fría guarida y toda la privacidad que ella deseara. … hasta que de pronto, algo extraño comenzó a suceder.

Dio principio después de la caída de Zhengyi, el Rey Brujo. Aquellas habían sido "Buenas Nuevas" para la comunidad dracónica en general. Los humanos había desaparecido aquel incómodo problema de Zhengyi y sus dracoliches…. aunque no estaban muy contentos con la destrucción de un Avatar de Tiamat, perpetrado por los mismos humanos.

Unos años después, "Ventisca" recibió en su hogar a un nuevo grupo de aventureros… una fría bienvenida, definitivamente. Sin embargo, no pasó más de un año antes de que un nuevo contingente le hiciera cara. Le pareció curioso, y atribuyó la rápida reincidencia a que 'La nueva cena' eran conocidos del anterior grupo, buscando venganza por su desaparición.

Pasaron solo 6 meses y otro conjunto tocó a sus puertas, y, claro estaba, se quedaron permanentemente, en su estómago… Sin embargo algo no estaba encajando normalmente, pues de nueva cuenta únicamente pasaron un par de meses antes de que otros se atrevieran a atacarla… ¡Increíble¡La audacia (o la estupidez) de estos guerreros parecía no conocer límites! A pesar del alto nivel de estos enemigos, no esperaban la audacia e inteligencia de esta dragona blanca. Nadie estaba preparado para ella. Pero simplemente seguían viniendo los viajeros, cómo una ola tratando de engullir su castillo de arena.

Estaba harta. Ni empalar los cuerpos en la entrada de la cueva había servido como advertencia. Seguían viniendo. Perdiendo lo último que le quedaba de paciencia, mandó a investigar la causa de tan extraño fenómeno a los pequeños kobolds a su servicio y pronto descubrió la razón…

La puerta de Vaasa. El valle de Bloodstone. El rey Gareth.

La maldita puerta de Vaasa estaba atrayendo a un sin número de aventureros a aquellas tierras generalmente vacías, en busca orcos y otras amenazas. ¡Estaban ganando dinero a expensas de su privacidad!. ¡A caso la creían una atracción turística?. ¡Algo que podían matar con tanta facilidad como al más rastrero de los goblins? Y no era la única… otros dragones habían corrido con igual o peor suerte.

Decidió entonces tomar las cosas en sus garras. Hasta el momento ningún otro dragón había hecho un movimiento ofensivo ante la nueva construcción… ella decidió cambiar eso. Tomó una forma humanoide, dejando a relucir ciertos rasgos que la caracterizaban como dragón (sus colmillos, lengua y pupilas) y así buscó tribus de orcos, semiorcos y goblins ofreciéndoles una inmensa recompensa si la ayudaban en un ataque. Había aclarado de sobre manera que no se enfrentarían contra ningún dragón (cosa que nadie deseaba realmente) y aceptaron relamiéndose e imaginando la recompensa que la dragona les tendría preparados. Había juntado alrededor de 400 elementos; a todos y cada uno los hizo pasar por un portal mágico que los llevaría hacía su 'enemigo'.

Nunca se esperaron aparecer en el interior del valle de Bloodstone, en la puerta de Vaasa. El portal se cerró y Ventisca los dejó a su suerte. No era tan tonta como para pensar que 400 de esos seres menores pudieran destruir la muralla, o siquiera vencer por completo a las fuerzas que ahí se encontraban. Deseaba medir la capacidad de esos nuevos habitantes para repeler una amenaza, cuanto tiempo les tomaba y las tácticas que utilizaban. Se mantuvo observando toda aquella fría noche de inicio de primavera… pero nadie sabía que una Ventisca Asesina había golpeado la puerta de Vaasa.

Regresó sin ser vista a su guarida, satisfecha de los resultados y pronto hizo los arreglos para dejar su hogar resguardado por algún tiempo. En el Castillo Perillious habían estado congregándose los dragones cromáticos…. Rojos, negros, azules, verdes… y era hora de que los blancos tomaran su lugar en este nuevo concilio. Mandó un mensaje a los dragones blancos más viejos y sabios para que se le unieran y sin perder mas tiempo, partió hacia las ruinas Castillo.

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"¡Cuándo vamos a llegar a un acuerdo?" exclamó gruñendo Narmauryt, el gran dragón rojo en medio de aquella congregación. "¡Entre más pronto, regresaremos a disfrutar de nuestros tesoros!" Narmauryt estaba comenzando a perder la paciencia.

"¡HAY QUE MATARLOS A TODOS!" rugió a todo pulmón Raglandar un dragón rojo más joven. Él había llegado del sur hacía no más de una década, y muchos suponían que había perdido su guarida ante un dragón más poderoso o contra un grupo de guerreros bien preparados….su carácter tan volátil daba la impresión de un animal rabioso, no un dragón astuto. "VOLEMOS SOBRE ELLOS Y QUEMEMOS BLOODSTONE ¡EL FUEGO DE TIAMAT LOS CONSUMIRÁ A TODOS!"

La mayoría de los dragones presentes simplemente ignoraban al exaltado Raglandar. "No podemos dejar que pase mas tiempo…. Las puertas son una amenaza y una ofensa para todos nosotros. Primero Zhengyi con sus dracolich, luego Gareth y el avatar de Tiamat…" varios dragones rugieron furiosos y algunos hicieron gala de su aliento de fuego, disparándolo al aire en forma de protesta "… los humanos no saben de quién es esta tierra realmente" dijo Cansarmarauk una dragona negra. "Debemos demostrarles que no deben jugar con los dragones ni con su reina"

"Yo ya lo he hecho" se oyó una voz atrás de Cansarmarauk. Csarzivizkhyon se encontraba sentada contemplando a la congregación.

"¿En serio Csarzivizkhyon? Los dragones blancos han tardado mucho en unirse a este concilio ¿y aun así aclamas que has tomado el asunto en tus manos?" preguntó un dragón azul entre la multitud. Era bien sabido que los dragones blancos no destacaban por su inteligencia… aunque ese había sido el fatal error de todos lo que se enfrentaban a Ventisca.

"Prefiero que me llames 'Ventisca', joven azul…." Csarzivizkhyon se incorporó en sus cuatro patas levantándose completamente. "… y sí….yo ya hice el primer movimiento" hubo un murmullo generalizado acompañado de siseos y gruñidos.

"¿Acaso el ataque a la Puerta de Vaasa hace 6 meses ha sido obra tuya…. Ventisca?" preguntó interesado Narmauryt, haciendo énfasis en el apodo que los humanos le habían conferido.

"Exacto" comenzó a caminar lentamente hacia el líder rojo, mucho más grande que ella. Los demás dragones guardaron silencio sepulcral. "Y debo decir que están llenos de sorpresas…. Magos, Guerreros, Humanos, Enanos….¡De todo!"

"Eso ya lo sabíamos, blanca" gruñó fastidiado un dragón verde no muy grande. Inmediatamente su cuello fue atacado por las fauces de Ventisca. Tan inesperado fue aquel movimiento que los dragones aledaños dieron un salto hacia atrás sorprendidos.

"Vuelve a subestimarme, VERDE, y la próxima vez no tendrás cuello para hablar en este concilio" dijo Ventisca todavía manteniendo en el piso al dragón con la boca. En el momento en que aflojó la mordida, el verde no perdió un segundo y se alejó varios metros de ella siseando con furia. Ella solo lo miró con desdén desde arriba, siendo mucho más grande.

"¿Qué otra información has reunido?" preguntó Narmauryt tratando de romper la tensión que acababa de generarse.

Ventisca le miró y prosiguió "… Raglandar pueda que tenga razón después de todo" el relativamente joven Dragón rojo miró sorprendido a la dragona blanca, como si de pronto alguien realmente estuviera haciendo caso a su consejo. "Si, cómo lo escuchan… la puerta de Vaasa puede que tenga cientos de guerreros… ¡pero qué barreras pueden realmente frenar a los dragones?" la sonrisa de muchos no se hizo esperar.

"¡Atacar directamente el pueblo de Bloodstone!" alguien rugió.

"QUEMARLO TODO" acompañó Raglandar visiblemente motivado por las palabras de la dragona.

"Somos más de 50 y con nuestro aliento combinado, no quedaría NADA en pie" concluyó un dragón azul.

"¿Qué me dicen de la Ciudadela de los Asesinos?" preguntó Cansarmaruak, la dragona negra. "Hay muchos seguidores de Tiamat entre sus filas… podríamos echar garra a sus habilidades"

En la cara de Narmauryt surgió una sonrisa torcida y exclamó "Dejemos que Raglandar se encargue de contactarlos… su devoción por Tiamat debe ayudarle…"

"SIIII, DEJEN QUE…..que… ¿Qué yo…?" Ventisca podía jurar que al dragón rojo se le doblaban los cuernos de la impresión. "YO ¿Ir con esos¡Es degradante! No son dignos de Tiamat" siseo tratando de dar una excusa.

"NADA, ve ahora mismo ¡Es por toda la congregación… el bien mayor para todos nosotros!" y enfatizando esa última parte, Narmauryt hizo que todos los dragones fijaran su vista hacia el joven rojo que solo pudo 'encogerse'. Dio algunos gruñidos y se puso en camino hacia dónde suponían debía encontrarse la dichosa Ciudadela.

"¿Crees que de verdad los convenza de un ataque de esta magnitud?" preguntó Ventisca al Gran Rojo.

"No, claro que no… solo quería divertirme viendo su expresión. Si la ciudadela acepta nuestro ofrecimiento, mejor para nosotros… si no, eso le enseñará a Raglandar a mantener el hocico cerrado mientras los más sabios hablan. Parece que tiene complejo de Dragón de Oropel"

Varios se rieron de manera burlona ante aquel comentario y prosiguieron con los detalles de información que tenía Ventisca. Las cosas parecían salir a pedir de boca.

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"¿Ya llegamos? Está haciendo mucho frío, eso le hace daño a mis escamas. Creo que se van a llenar de moho si seguimos volando entre nubes de tormenta… ¿Es realmente tan necesario viajar por ellas? Entiendo que nadie nos tiene que ver y que el viaje se supone que es secreto… pero ¿no podríamos simplemente viajar con algún hechizo de invisibilidad? Por que en casa yo tenía una gema que podía darme la habilidad cuando quisiera, y seguramente ustedes también. Ni se diga de Carylan, él me la dio en primer lugar. ¿Han visto su tesoro? Wooow, de verdad me sorprende, espero poder tener algún día por lo menos la mitad de eso… Hehehe, tardaría aaaaaañoooos en poder contar todo. Pero mejor me dedico a otra cosa, por que a pesar de que sea tan hermoso, las joyas y el arte no oyen ni te pueden dar una buena conversación. Es TAN difícil encontrar a alguien que sea un buen oyente en estos días. Algunas veces incluso siento que me huyen ¿Les ha pasado alguna vez?..."

Los tres dragones de plata miraron de manera suplicante a Carylan, el dragon dorado gran sierpe, Guardian de Bahamuth. Por primera vez en todo el viaje desde Dragon Coast, parecía que estaba a punto de darle un tic en el ojo. El joven dragón de Oropel que iba a su lado parecía diminuto comparado con su gargantuesca figura volando por el aire… y aun así…con todo y el sonido del viento y la tormenta., los cinco dragones podían (para su desgracia) oírle perfectamente.

"¡Hey¡Miren eso¡Creo que es una parvada de loros! Iré a investigar. En seguida regreso" el joven dragón de oropel viró de pronto y persiguió a la bandada de aves que volaba debajo de ellos.

"¡Por qué?. ¡Por qué tenías que traerlo?" preguntó con desesperación Morrern la dragona de plata mas grande de los tres.

"Sería una buena experiencia para él" explicó el dragón dorado.

"No-deja-de-hablar" dijo Enrodag, el segundo dragón de plata. "Puedo ponerle un hechizo de silencio si desean, solo tienen que preguntar y yo lo hago" miró a Morrern y a Elathyn, la ultima dragona de plata. Todos ellos tendrían por lo menos 400 años y Carylan pasaba los 1200 mientras que Kymalophiskym ni si quiera llegaba a su cuarta década de vida.

"Estamos tratando con aliados de Taimat, no con alguna presa para servir en la cena, Carylan… personalmente no creo que Kym esté preparado para un enfrentamiento de esta magnitud" comentó Elathyn con cierta preocupación. "No se le ha quitado 'lo cría'" dijo tratando de no sonar despectiva.

"Entonces la situación lo hará madurar… confío en que aprenderá de sus errores" concluyó Carylan mientras Kym regresaba de su investigación.

"Nop, no eran loros. Buitres. Pero podría jurar que desde aquí parecían loros… debe ser la humedad que está afectando mis ojos. ¿Les comenté que no le hace bien a mis escamas este clima?"

"Si, lo hiciste" respondieron todos al unísono.

"Aaah…bueno…" dijo Kym y sin el uso del hechizo de Enrodag cerró la boca lo suficiente como para que todos recuperaran la cordura y divisaran a lo lejos las Montañas Galenas.

Un suspiro generalizado no se hizo esperar. La travesía al valle de Bloodstone estaba a punto de terminar.

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Artemis se agachó cortando la oreja de un desafortunado orco que había matado apenas. Metió la nueva adquisición a la bolsa que traía amarrada al cinturón junto con el resto de las orejas de goblins y gnolls que yacían a su alrededor. Elena dio un pequeño estornudo haciendo que Artemis la mirará preocupado. Ahora tenía poco más de 6 meses y las salidas al despoblado se habían vuelto más frecuentes. Aun la llevaba en su morral por enfrente, y aunque se le facilitaba pelear cuando la cargaba por atrás, tenía mucha más seguridad de estarla viendo con solo agachar la cabeza.

Elena se había acostumbrado a los movimientos repentinos de su padre cuando este peleaba, e incluso parecía disfrutarlos como una especie de juego. Pero ahora él le examinaba el rostro con detalle. Había estornudado… ¿estaría enferma o tendría frío?

"Ga ga ga ga GUGH" balbuceó la bebe como si estuviera hablando con su padre. No parecía enferma y estaba seguro que los accesorios de Jarlaxle evitaban por el momento cualquier sensación de frío, aparte de que estaba bien abrigada. Aún llevaba el sombrerito azul que le había dado Jarlaxle hace meses, pues parecía que podía crecer según su portador. El otoño llegaba pronto en Vaasa, y de nuevo el frío comenzaría a golpear esas tierras. Decidió pasar por alto el estornudo… los bebes debían estornudar de vez en cuando sin razón aparente.

Artemis miró a su alrededor buscando a Jarlaxle. Se habían dividido este grupo de goblins y perdió de vista al drow hacía ya varios minutos. No se preocupaba por él… si alguien sabía cuidarse solo ese era Jarlaxle; así que con tranquilidad comenzó a caminar para buscarlo. "¿Jarlaxle?" llamó con voz normal.

Pronto Jarlaxle surgió de entre la maleza con cierta preocupación en su rostro. Artemis no pasó por alto ese detalle. "¿Qué sucede?" preguntó el humano.

"Creo que nuestro tiempo en Bloodstone a tocado a su fin, amigo mío" dijo el drow de manera casi lúgubre. Artemis le miró confundido. ¿Irse de Bloodstone sin otra gema? Eso no parecía muy tradicional de Jarlaxle…

"¿Por qué la decisión tan repentina?"

"Las hermanas me acaban de mandar un mensaje… quieren que vayamos a recibir a unos …erh.. dragones… y los llevemos hasta con Gareth" Jarlaxle no sabía cómo reaccionaría Entreri ante aquella petición. "Ellas insistieron en que nosotros lo hiciéramos"

La cara de Artemis no podía ocultar su disgusto al oír la palabra Dragones. Resopló cómo resignándose a esta nueva 'misión'. "¿Sabes qué quieren estos dragones con Gareth? Supongo que vienen en son de paz…" solo esperaba que así fuera.

"Por lo que pude entender, son Guardianes Sagrados de Bahamuth… y con la ciudadela llena de seguidores de Tiamat no me sorprendería que algo esté pasando. Vienen a hablar con Gareth al respecto"

GENIAL, pensó Artemis entornando los ojos. Ahora estaban entre la espada y la pared. "¿Sospechan de nosotros trabajamos para la ciudadela?" preguntó rápidamente "¿Sospechan del Dracolich?" ambos sabían que aquel pequeño detalle de que la gema contenía la nueva mascota de Jarlaxle había pasado en secreto todo ese tiempo… o por lo menos eso esperaban. Si estos dichosos Guardianes de Bahamuth se enteraban, las cosas no serían muy lindas para ninguno de los dos.

"No creo… Supongo que vienen por asuntos de la región. Aunque no dudo que quieran ponernos aprueba… Andando, no tenemos tiempo que perder. Deben llegar al sur del pueblo… y quieren que alguien los presente con el Rey" Jarlaxle animó a Artemis a comenzar a moverse. Los dos sacaron las figurillas de los caballos negros e invocaron a sus monturas.

"Dijiste que podíamos irnos…" comentó Artemis, aclarando que no había olvidado lo que el drow había dicho al respecto.

"Me dijeron que por la seguridad de la niña sería mejor que saliéramos del valle por algún tiempo" el drow miró a Elena con una gran sonrisa. "¡Es nuestro boleto de salida…! y si ellas tienen tanta seguridad de que las cosas no van a estar tan calmas… no creo que ni tu ni yo nos apetezca estar cerca."

Artemis no discutió ese punto. Estaba totalmente de acuerdo. Había tenido suficiente con dragones y si de paso podía mantener segura a Elena, irse de Bloodstone no sería ningún problema. Así, los dos dirigieron sus monturas a toda velocidad hacia la puerta de Vaasa mientras que Elena seguía 'platicando' alegremente con su padre.

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