Notas de inicio: Perdón por haber tardado así en actualizar, aunque la verdad tenía un par de ideas ya en la cabeza, la universidad me destroza y no me da para nada. Especialmente ahora que enfermé, estar de los dos lados de la mesa de consulta en un sólo día es terrible, más si son tus compañeros a los que mandan a examinarte. No lindo, para nada.

De cualquier manera, esta cosa es del mal x'D lo lamento mucho.

Advertencias: No-beta, Crack. En negrita e itálica porque es crack del malo, de ese que sólo nace cuando uno habla de tonterías con su amiga y tal.

Disclaimer: Haikyuu! no me pertenece, gracias al cielo.


Bareiboru Couple Match Maker


Las prácticas siempre habían sido algo que se podía llevar tranquilamente, especialmente cuando no se encontraban cerca a ningún torneo –pues cuando era así, Iwaizumi siempre tendría un ojo puesto en Oikawa un poco más de lo que normalmente haría—sin embargo, Iwaizumi podía decir que la práctica de ese día había sido, un completo desastre.

Mientras trataba de calmar a un muy alterado Kindaichi, que de vez en vez vería su rostro pintarse de rojo hasta la punta de las orejas y comenzar a balbucear sin sentidos, o intentando que un particularmente molesto Kyotani bajara un poco su temperamento –diablos, él creía que ya había comenzado a adaptarse al equipo- y finalmente, tratando de aguantar las ganas de golpear más de la cuenta a Oikawa, que parecía particularmente fastidiado –más de lo que ya hubiera estado esa mañana.

—Y todo por esa estúpida revista, increíble—medito en voz alta mientras regresaba a casa, normalmente regresaría con Oikawa como siempre lo hacía, pero ese día Oikawa había salido mucho más rápido de lo usual, soltando alguna clase de excusa muy barata que Iwaizumi no se había molestado en recordar. Vagamente se preguntó si los rumores sobre él y Ushijima le habían molestado tanto –aunque tenía que admitir que ese charlatan había hecho al menos una parte de la investigación bien, incluso había puesto el apodo por el cual Oikawa se refería al az de Shiratorizawa.

Negó un par de veces con la cabeza, molesto consigo mismo por darle más importancia de la que debería a ese tonto acontecimiento, esperaba que para el día de mañana las cosas estuvieran mejor, no pensaba poder aguantar a su capitán con esa actitud del demonio dos días seguidos.


Y hablando de mala actitud….

Kunimi no era de los que se dijeran que mostraban mucho, al menos no fuera del campo de voleyball. No era que fuera una persona particularmente fría o algo por el estilo, pero le gustaba guardar su energía –en todo aspecto de la vida. Y, aunque normalmente no se gastaba en ponerle mala cara a los problemas en los cuales él no podía intervenir, debía admitir que esta vez de seguro tenía el ceño fruncido.

Pero es que de verdad

Kindaichi había estado actuando extraño desde el inicio de la práctica, cuando había leído ese extraño artículo de Iwaizumi-san y Kageyama. Y Kunimi no entendía el porqué de tanto alboroto.

Aunque su compañero dijera que no era nada, Kindaichi era demasiado transparente con todo, era muy fácil ver que algo lo molestaba mucho. O lo avergonzaba, no estaba muy seguro, con el terrible sonrojo que había portado la mitad de la práctica, Kunimi esperaba que hubiera una tercera opción que no había contemplado.

Giró un poco la mirada a la derecha, para enfocar mejor a Kindaichi, quien caminaba un poco encorvado y murmuraba algo completamente ininteligible a sus oídos, aunque caminara tan cerca de él. Y, aunque la puesta de sol ya les cubriera, Kunimi aún podía distinguir un pequeño sonrojo pintado en el rostro de su amigo. A veces odiaba tener tan buena vista.

—Kindaichi…

Finalmente se animó a empezar, demasiado desacostumbrado a esa clase de silencio, le gustaba escuchar a Kindaichi hablar de regreso a casa –porque ciertamente era todo normalmente conversación suya, mientras Kunimi sólo asentía en los momentos adecuados y respondía cuando lo consideraba necesario. Sin embargo, eso no significaba que prestara menos atención—

El mentado pareció despertar del pequeño trance en el que se había metido, para mirar a su compañero un poco curioso, normalmente si él no decía nada Kunimi no empezaba las conversaciones, menos dejando la línea de estas tan a la deriva.

— ¿Pasa algo?—cuestionó, como si no hubiera estado los últimos quince minutos de caminata diciendo tonterías, Kunimi hizo un esfuerzo sobre humano para no soltar un suspiro sentido.

Lo sopesó unos segundos, podría simplemente decir que no pasaba nada, Kindaichi era de la clase de personas que no preguntaría más allá, siempre le creía todo lo que decía. O podría hacerle caso a esa voz punzando en su cabeza que le decía que dijera algo.

Pensó que la segunda estaba mejor, él después de todo no era de guardarse las cosas que le molestaran, no lo había hecho en su momento con Kageyama y tampoco pensaba hacerlo ahora.

Kunimi detuvo su andar. Kindaichi tardó un par de segundos antes de imitarle, quedando algo adelante en el camino. Cerca escucharon la campanilla de una bicicleta sonar, anunciándose. Kunimi habló un segundo después.

—Kindaichi, ¿Acaso te gusta Iwaizumi-san?

Y aunque Kunimi fuera un hombre que apreciara el silencio y la tranquilidad por sobre todas las cosas, el silencio sepulcral que siguió a la formulación de su pregunta sólo logró que algo muy pesado cayera a su estómago.


Oikawa removió su bebida mientras apretaba los dientes. La molestia que hubiera sentido esa mañana no había hecho más que incrementarse con el pasar de las horas, y eso simplemente no estaba bien.

Creía que estaba suficientemente molesto con la ridiculez que habían publicado de él y el horrible de Ushiwaka, pero lo último que había escrito ese intento de reportero de cuarta había hecho algo más que sólo fastidiarlo. Le había hecho comenzar a pensar.

Y no era que Oikawa fuera alguien de pocas luces, en realidad podía tranquilamente presumir de ser alguien inteligente y astuto, sin embargo, había ciertas cosas en su vida a las cuales por algún motivo prefería no darles mucha vuelta.

Como al asunto con Iwaizumi.

Era normal que él siempre bromeara, o algo así, con esa estrecha relación que ellos compartían. Aunque siendo más sincero y preciso, diría que era sólo mitad broma. Después de todo, se había encontrado más de una vez mirando un poco más de la cuenta a su amigo de tantos años, o encontrando pequeñas cosas que le gustaran en sus esporádicas novias que le traían memorias de su mejor amigo.

Y eso simplemente no estaba bien.

Porque le hacía comenzar a cuestionarse, si de alguna manera Iwaizumi podría quizá, sentir lo mismo que él.

Después de todo, había estado con él desde el inicio, en cada memoria que Tooru tuviera, Iwaizumi siempre salía a relucir de alguna u otra manera.

Soltó un bufido amargo y golpeó la mesa ligeramente con el puño, el café donde había ido a parar tenía un ambiente agradable, un par de parejas conversaban animadas y un grupo de estudiantes de instituto parecían pasarlo de lo mejor mientras se reían que algo que él no había alcanzado a escuchar. Y aunque normalmente hubiera aprovechado ese tiempo para liberar su mente e incluso, quizá, pasar el tiempo con alguna que otra fanática que se encontrara por el camino, Tooru estaba allí, pensando en tonterías.

Rodó los ojos ante su propia estupidez y se puso de pie, decidiendo que no podía dejar que esta clase de cosas le afectaran.

Tomó su vaso de bebida casi terminado y emprendió camino al exterior. Caminó un poco bajo el sol poniente y pudo distinguir un puesto de revistas no muy lejos de allí, instintivamente frunció el ceño, como si ahora relacionara a esos pobres kioscos con el creador de sus penurias.

Sin embargo, no pudo evitar que al pasar por delante de este, su mirada buscara como quien no quería la cosa algún ejemplar de esa ridícula revista. Supuso que el que finalmente encontró era uno viejo.

"Ushijima Wakatoshi, el dinero no compra la felicidad; pero sí vacas. Que es, en teoría, casi lo mismo"

Y el sonido que abandonó sus labios pareció mitad una carcajada mitad un casi ahogamiento por el sorbo que acababa de tomar.


Daichi soltó, lo que creía era, uno de los suspiros más largos que hubiera dado en su corta vida. La práctica había sido caótica, intentando parar los comentarios punzantes de Tsukishima y los intentos homicidas –o algo así- de Kageyama, no le sorprendería estar envejeciendo al menos unos veinte años.

—Ya, ya—intentó animar Sugawara, con esa sonrisa que parecía poder calmarlo todo pintada en su cara—Al menos ya terminó el día.

—Pero seguirán con lo mismo mañana, sólo espera y verás—dijo él, mucho menos optimista, mientras fruncía el ceño.

Suga simplemente rodó los ojos con una sonrisa divertida en la cara, y si no fuera porque era exactamente Suga, Daichi quizá hasta se hubiera sentido ofendido.

—Bueno, pero de eso te puedes preocupar mañana, ahora trata de respirar. Es sólo una ridícula revista, verás que mañana todos se olvidan de ello.

Daichi lo sopesó un momento, cediendo finalmente y dando un asentimiento bastante cansado.

Esperaba que Suga estuviera en lo correcto.

Mientras tanto, Hinata y Kageyama recorrían el sendero de vuelta a casa. Uno con el ceño fruncido y el otro con una expresión de incredulidad en la cara.

— ¿De verdad que tú e Iwaizumi-san no tienen nada, estúpido Kageyama?

El mentado suspiró, contando mentalmente hasta diez mientras sentía que sus músculos faciales se volvían en una expresión de auténtico enojo.

—Por centésima vez, idiota, ¡No!

Y aunque él admirara mucho a Iwaizumi-san, la idea de tener algo con él le hacía despertar una extraña sensación en la base del estómago, como las lombrices que hubiera sentido alguna vez años atrás, cuando aún estaba en secundaria.

Pero ahora… era un poco… diferente.

Demonios, odiaba pensar en esas cosas complicadas.

Uhmm—Tentó Hinata, cerrando los ojos lo suficiente como para que sólo parecieran dos líneas finas decorando su cara, escrutándolo como si buscara la mínima pista de mentira en sus facciones. Kageyama sólo quería darle un golpe directo en la cara.

Ni siquiera sabía porque demonios se estaba explicando ante él.

—Bueno, después de todo sería muy molesto que salieras con alguien de otro equipo.

Y algo más, pensó Hinata, pero prefirió dejar la idea allí.


Bokuto caminó cruzado de brazos con Akaashi a pocos metros detrás de él. Aún estaba algo emocionado porque su escuela hubiera sido capaz de llegar a las páginas de esa revista, sabía que con lo buenos que eran era simplemente obvio que salieran en algo así.

Sin embargo, estaba un poco contrariado por lo que había terminado leyendo.

Era cierto que Akaashi no era de los sujetos más expresivos. Pero mira que sí se divierte cuando jugamos, completaba su mente, después de todo el autor de esa revista no tenía oportunidad de ver esas pocas veces en las cuales Akaashi mostraba un poco más de lo que normalmente hacía, Bokuto sabía que Akaashi disfrutaba de jugar con ellos –y por eso él tenía que ser extremadamente bueno con sus remates.

Exacto. Caso cerrado. Bueno, no culparía al tal nemo, todos nos equivocamos una o dos veces- o tres, o mil, no venía al caso.

Aunque aún había otra cosa que le seguía rondando la mente. Se detuvo un momento, dejando que Akaashi le alcanzara, con su paso un tanto más lento que el propio, y cuando estuvo cerca, estiró la mano tomando uno de sus cabellos.

Akaashi se sobresaltó, había estado sumergido en una burbuja de pensamiento hasta que sintió los dedos de su capitán en su cabeza.

— ¿Bokuto-san?...

Comenzó, pero no pudo formar una oración.

—No hay raíces… ¿Sí es negro natural, Akaashi?

Akaashi sintió que su rostro se deformó en una mueca de molestia, estúpido artículo sin sentido.

Suspiró.

—No Bokuto-san, y no tengo ningún pariente perdido, tampoco.

Bokuto infló las mejillas.

—Eres un aguafiestas, con lo genial que suena eso de cambiarse el nombre y tener parientes perdidos.

—No creo que exista alguien que crea que eso es genial, además de usted, Bokuto-san.

…. A veces Akaashi se preguntaba porqué le gustaba un sujeto como Bokuto. Un poco idiotas, dirían algunos.

—Apuesto a que Kuroo si, él es de lo más genial sabes, siempre tiene ideas asombrosas…

Y aunque Akaashi estaba seguro de que Bokuto-san seguía hablando, después de la mención del capitán de Nekoma, su mente pareció entrar en piloto automático, dejándole únicamente ver el movimiento constante de los labios de su capitán y el sentimiento de algo agrio pudriéndose en su estómago.

Después de unos segundos, finalmente llegaron a la parada de autobús, cada quien listo para tomar el que los llevaría a casa. Bokuto seguía hablando, probablemente aún del otro capitán, Akaashi se sentía enfermo del estómago.

—Akaashi… ¿Akaashi?... ¡Akaashi!

Ese último llamado sin embargo, hizo que sus sentidos volvieran a trabajar como los de las personas comunes, despertándole de su ensoñación, sin embargo su molestia no descendió ni un poco.

— ¿Acaso me estabas ignorando?—Preguntó con una expresión un poco enfadada, enfadada para los estándares de Bokuto-san, claro está. Lo único que provocaba en Akaashi era mitad gracia, mitad querer responder con un comentario sarcástico.

Esta vez no hizo ninguna de las dos.

—Claro que lo escuchaba, Bokuto-san.

El capitán sólo hizo un sonido de disgusto, mientras sus labios se fruncían en una línea recta. Pero antes de que pudiera quejarse, un autobús ya había volteado la esquina.

—Su autobús, Bokuto-san.

Y aunque parecía que el mentado quería decirle algo más, finalmente puso la expresión que siempre ponía cuando estaba a punto de entrar en uno de sus estados de depresión por no poder rematar correctamente, y murmuró un hasta mañana.

Cuando el autobús se hubiera detenido y abierto sus puertas frente a ellos, Bokuto subió con el cuerpo algo encorvado hacia adelante, y en ese momento el cerebro de Akaashi pareció hacer alguna clase extraña de conexión.

Quizá mitad porque aún estaba enojado por lo que había leído su capitán más temprano, o porque Kuroo-san parecía siempre estar presente en sus conversaciones, tal vez porque no quería que justamente hoy Bokuto-san se fuera con esa clase de expresión a casa.

—Bokuto-san—llamó, el muchacho que ya había subido las gradas, y se encontraba a punto de buscar un asiento, giró su cabeza mirándole.

Akaashi tomó aire, y elevó su mano derecha, para que imitara la forma de una pistola con los dedos. Bokuto parpadeó, y antes de que Akaashi se arrepintiera, fingió que la mano que había doblado disparaba una inexistente bala –con demasiada poca fuerza como para si quiera lograr un efecto dramático- Para luego decir, en voz suficientemente audible.

—Oho…ho.

Lo último que pudo ver Akaashi antes de que la puerta del autobús se cerrara y este empezara su marcha, fueron los ojos de Bokuto-san, abriéndose de par en par.

Lo siguiente fueron sus propias manos cubriendo sus ojos y su por demás sonrojado rostro.

Por suerte, no había nadie más en esa parada de autobús.


El camino de regreso a casa junto a Kenma siempre era bastante silencioso, al menos cuando el armador tenía un nuevo juego –justo como el de esa semana- sin embargo, el día de hoy el muchacho ni siquiera había sacado su consola. Aunque Kuroo, demasiado ocupado pensando en solo sabrá él que, parecía no darse cuenta de ese detalle.

Kenma no entendía muy bien que podría pasar por la mente de su amigo en ese momento. Y ese era el exacto problema. Desde antes de que iniciara la práctica ya había comenzado a nacer esa duda en su cabeza…. Y es que a Kuroo esos rumores parecían no importarle en lo más mínimo.

¿Acaso era verdad lo que estaba escrito allí?

Soltó un suspiro que pareció de molestia, pensar en esa clase de cosas era cansado y molesto, no le gustaba para nada, ¿por qué rayos su mente tenía que empecinarse con eso justo ahora?

Giró un poco su vista, fijándola directamente en su compañero, no estaban muy lejos de la estación del metro, quizá allí podría preguntar… después de todo Kuroo siempre parecía dispuesto a hablar, de lo que fuera.

La estación como siempre estaba concurrida, aunque el tren que ellos tomaban estaba lo suficientemente vacío como para encontrar un asiento desocupado, y Kenma se alegraba de que fuera así, con más gente alrededor preguntar sería más vergonzoso, y él definitivamente no quería que la situación se tornara más extraña.

El tren comenzó a andar, y aunque quizá hubiera sido buena idea preguntar tan siquiera la máquina comenzó su camino, Kenma se abstuvo de decir una palabra hasta que un suspiro, larguísimo y sentido abandonó los labios de Kuroo. Esos suspiros que uno tiene cuando andan pensando en algo muy importante.

—Kuroo…

—Kenma

Dijeron ambos al mismo tiempo. Se miraron directamente a los ojos y parpadearon, Kuroo rió un poco.

—Adelante—animó.

Pero Kenma sólo negó con la cabeza.

—Tú primero.

El muchacho pareció pensarlo un momento, y continuó.

—Es algo… un poco complicado—Y Kenma creyó que el sudor frío que uno sentía cuando le quedaba la mínima vida y estaba a punto de enfrentarse a un final boss era intenso, esto fácilmente podría comparársele—Y privado.

El muchacho sólo asintió, como si con eso le dijera a Kuroo que estaba escuchando, aunque no fuera necesario, Kenma siempre le escuchaba.

—Es sobre lo de esta tarde…

Y allí estaba, ¿acaso sería verdad?

—Sé que todos lo tomaron como una broma, pero hablo es en serio….

¿Cuándo es que esa supuesta relación se había tornado en serio?

Kenma no se lo quería imaginar. Kuroo y el capitán de Fukurodani, definitivamente no.

—Kenma tú eres mi mejor amigo, no hay otra persona a quien se lo pueda decir…

Pero no quiero escucharte, Kuroo.

El capitán tomó un profundo respiro.

— ¿De verdad crees que mi cabello luce tan mal?

En ese momento pasaron muchas cosas, el corazón de Kenma cayó a la boca de su estómago y su respiración se cortó un segundo. Maldito Kuroo. También, Kuroo decidió que definitivamente tenía que deshacerse de sus productos para el cabello, pues al ver la expresión de casi horror de su amigo, de seguro algo mal tenían que estar haciendo. Malditos estafadores, me dijeron que funcionarían.

Pensó, lamentando el dinero que había gastado en esos geles el mes pasado.


Notas finales: ¿Akaashi y su intento fallido de filtreo? Kuroo, definitivamente busca mejores productos para el cabello. ¿Porqué esta cosa de pronto parece tener trama? No es del bien.

Also. La referencia a las vacas, porque en Tumblr han convertido a Ushijima en una fábrica de memes, for real.

Y Akaashi, que a fukutomi-de yowamushi pedal- le funcionara esas cosas, no significa que tengas que hacerlas tú también. -alguien ayúdeme, la fiebre me hace escribir tonteras-

Kenma sufrirá de un ataque al corazón a este paso. El horror.