Notas de inicio: Perdón por haber tardado así en actualizar, esta vez además de no tener mucha idea -y de no tener una pc a mano, mi salud me jugó una mala pasada. Ahora ya estoy mucho mejor y creo que puedo tratar de escribir como lo hacía antes, sin embargo por eso el capítulo viene un poquito más corto que de costumbre y un tanto más tarde.
Advertencias: No-beta, Crack. En negrita e itálica porque es crack del malo, de ese que sólo nace cuando uno habla de tonterías con su amiga y tal.
Disclaimer: Haikyuu! no me pertenece, gracias al cielo.
Bareiboru Couple Match Maker
Kuroo siempre había sido un buen amigo. Como el mismo lo citara alguna vez. Él siempre es amable. Además, Bokuto adoraba pasar tiempo con el mentado, cada vez que estaban juntos eran risas aseguradas. Y para qué engañarnos, la risa de Kuroo era muy contagiosa.
Sin embargo, esta vez, lo único que esa risa provocaba en Bokuto era querer lanzar el celular al otro lado de la habitación.
—Kuroo, ¡Es en serio!
Sin embargo, la risa del moreno continuó por todo un largo minuto más.
—No, no, no—decía mientras Bokuto le escuchaba tratar de recobrar el aire a través de la línea—él realmente… oh dios mío… incluso el gesto de pistola.
—Kuroo…
—Ayúdame, creo que me voy a desmayar.
— ¡Pues deja de reírte, entonces!
Bokuto esperó unos segundos, hasta que la risa de su amigo cesara. Perfecto.
—Ya, ya—Kuroo soltó apenas—Ese chico es extraño, pero mira, está intentando… lo que sea que estuviera intentando.
Bokuto sólo soltó un suspiro y medio rodó en la cama, el teléfono era un tanto difícil de mantener pegado a su oído de esa manera, pero había sentido la necesidad de hablar con su amigo sobre lo que había pasado esa tarde, sin importar la incomodidad.
—No tengo idea, hermano—dijo—Aunque fue…algo un poco… ¿adorable?
El silencio muerto que le siguió a la afirmación del az de fukurodani, era digno de grabarse.
—Amigo—Dijo Kuroo, esta vez con un tono demasiado serio—Tienes que estar de broma…
—No, no ¡En serio! Hasta su ho fue un poco…
—Alto—Pidió Kuroo, ya no pudiendo seguir con el hilo de la conversación, pues Bokuto parecía hasta algo emocionado, y él tan sólo encontraba ese fallido intento de… ¿coqueteo? Como algo digno de salir en la muy penosa revista que había causado sus penurias esa mañana—Por el bien de nuestra amistad, no quiero escuchar cómo es que encuentras atractivo o adorable eso, de verdad… y yo creyendo que mis compañeros en nekoma tenían mal gusto…
— ¿Mal gusto?—preguntó Bokuto parpadeando un par de veces.
—Uhm, nada… sólo que quizá, sabes… no volveré a aceptar tus cupones de la peluquería.
— ¡¿Eh?! ¡Pero si con eso puedes comprar productos buenísimos muy barato!
—Lo sé. Lo sé—respondió algo gruñon—Pero creo que… no van con mi tipo de pelo
—Tch, tch, mi querido Kuroo—continuó entonces Bokuto, moviendo el dedo índice de lado a lado, aunque Kuroo no pudiera verle, parecía que había olvidado el tema del extraño comportamiento de Akaashi—No todos tienen mi suerte, a mí me sirve de maravilla.
—Claaro—Pero antes de que pudiera continuar, al parecer alguien había llamado al capitán de Nekoma desde la planta inferior de su casa, pues Bokuto pudo escuchar un "ya voy" soltado un poco lejos del auricular—Debo colgar, Bokuto, luego hablaremos de esos cupones.
—Ah, claro—respondió Koutaro, antes de colgar.
Dejó el celular a un lado, en la mesa de noche, y estiró su cuerpo lo largo que era. Pero tan sólo unos segundos después, algo hizo conexión en su mente.
—¡Pero si no me ha ayudado nada con lo de Akaashi!
Kuroo no era un hombre que pudiera ser fácilmente sorprendido, quizá se debía a que su mente siempre estaba un poco delante de la de todos –modestia aparte, por favor. Pero debía admitir que cuando su madre le llamó porque tenía visitas, no esperó encontrarse con Kenma esperándole escaleras abajo, y sentado en la mesa del comedor mientras observaba la taza de té que de seguro su madre la había ofrecido como si en ella tratara de encontrar la respuesta a todas las dudas del universo, se había quedado un tanto desconcertado.
Porque, en esa amistad, quien normalmente buscaba a Kenma, siemprera Kuroo. Así que, si era el pequeño armador quien le buscaba esta vez, debía ser porque algo no estaba para nada bien.
— ¿Kenma?—saludó acercándose a la mesa, y sentándose frente a su amigo, con la mirada algo preocupada— ¿Todo bien?
Cierto que el muchacho había estado tanto raro durante el viaje de vuelta a casa, pero Kuroo demasiado ocupado pensando cómo castigar a vendedores mentirosos y productos fallidos había preferido no decir nada, también debían entender que Kenma solía encerrarse bastante en sus pensamientos, pero Kuroo creía saber cuándo algo era lo suficientemente importante como para necesitar una "intervención" de parte de Kuroo.
El mentado solo asintió, sin mucha energía como solía hacerlo normalmente mientras enfocaba su mirar en la bebida que tenía delante.
—La verdad no estoy seguro de porqué vine—Kuroo sintió que le lanzaban un balón en la cabeza ante tamaña declaración, así que sólo se encontró capaz de reír con un poco de gracia. Al menos había sido una respuesta muy Kenma.
— ¿Ah, sí?—medio rió Kuro acomodando su cuerpo en la silla frente a su amigo.
—Creo que sólo tenía ganas de ver tu cara un rato…
Y bueno eso sí era nuevo.
Akaashi sintió que el tiempo se había detenido, y si es que estaba corriendo, entonces lo hacía tortuosamente, como un caracol que intenta salir de un terreno por demás árido.
Sin embargo, el tiempo seguía su marcha normal, y aunque el mentado no lo notara, el sol hacía mucho ya se había ocultado y ahora sólo quedaba la oscuridad de la noche. La oscuridad, el silencio y los pensamientos de un muchacho que cree que acaba de cometer el error más grande de su vida.
Si en algún momento se preguntó cómo es que le podían gustar los idiotas como Bokuto-san, la respuesta sin duda debía ser porque él mimos podía ser bastante idiota a veces.
Lanzó un suspiro lastimero mientras hundía su rostro en la almohada a su lado. Que alguien me mate, por favor.
Pero el destino sin duda parecía no querer sonreírle de ninguna manera a Akaashi, así que tendría que enfrentar el día de mañana completamente vivo y coleando a lo que sea que su capitán fuera a decirle. Hundió más su rostro en la almohada, ni siquiera había bajado a cenar por culpa de la preocupación, la voz de su madre preocupada aún repiqueteaba en sus oídos, y sumado a su nueva habilidad de sentirse atrapado en el tiempo, sólo lograba causarle una sensación de malestar creciente.
Así que, maldiciendo nuevamente a su suerte y a su parecer a veces variante capacidad cerebral, Akaashi cerró los ojos, deseando que al despertar estuviera en un universo completamente diferente, uno donde nemo no existiera y uno por sobre todo donde Bokuto-san sufriera de pérdida de memoria a corto plazo o algo así.
La mañana saludó a Kunimi como siempre solía hacerlo, su madre golpeó a su puerta para pedirle que se comenzara a preparar para ir a la escuela, pues ya le tenía lista la comida. Sin embargo, Kunimi hacía mucho que ya estaba despierto. Antes de que el alba tan siquiera amenazara con salir, sus ojos ya estaban pegados fijamente al techo de la habitación, mientras intentaba dilucidar la respuesta extraña de Kindaichi el día anterior.
O quizá debería decir, la falta de esta.
No lo había negado diciendo que sólo estaba preocupado por la imagen de su superior o de su escuela gracias a esos rumores. En realidad, ni siquiera lo había negado.
Sólo se había quedado parado allí, mirándole con los ojos abiertos de par en par, con un sonrojo mucho más pequeño, pero al mismo tiempo que se sentía mucho más significativo en el rostro. Y Kunimi no había sido capaz de aguantarlo, finalmente había murmurado una disculpa escueta y había comenzado a avanzar solo, lo más rápido que podía con dirección a su propia casa.
Porqué rayos hice eso.
Se decía mientras intentaba levantarse, la modorra ya asentada en su cuerpo debido a las tan cortas horas de sueño que había tenido.
Si hubiera esperado un poco más, al menos tendría una respuesta.
Aunque si tenía que ser completamente sincero consigo mismo, la sola actitud de Kindaichi ya podía contar como una muy clara respuesta. Sólo que Kunimi a veces parecía querer hacerse el ciego, o seguir ese viejo y antiguo proverbio de que la esperanza es lo último que muere.
Y si iba a seguir siendo sincero, no sabía cuál de las dos opciones era la más patética. Que ambas tuvieran que ver directamente con cómo era su personalidad, tan sólo le hacía deprimirse más.
Oikawa parecía extrañamente más animado esa mañana, o eso es lo que creía Iwaizumi, que mentalmente agradecía aquel cambio en el abatido ánimo que su amigo hubiera tenido el día anterior.
—Pareces feliz—y aunque sonara como un comentario tonto, o demasiado obvio, era lo único que Iwaizumi parecía seguro de poder decir.
Oikawa le regaló una sonrisa amplia, de esas que normalmente usaría para sus fanáticas, pero esta parecía tan sincera que realmente Iwaizumi no sentía ganas de alejarla de su rostro de un buen golpe.
— ¡Y cómo no, Iwa-chan! Al parecer alguien al fin reconoció la naturaleza de granjero de Ushiwaka-chan
Y fue en ese momento que Iwaizumi se arrepintió de haber pensado que Oikawa estando así de feliz podría significar algo bueno, que lo partiera un rayo. Sin embargo, toda la amargura que pudiera sentir el día anterior había sido escondida ya muy profundo en la mente de Oikawa, quizá ese tal nemo no era tan malo si podía discernir cosas tan obvias del horrible Ushiwaka, y claro obviando su pésimo ojo para las relaciones amorosas. Si tan sólo se dedicaba a sacar artículos para hacer quedar en ridículo a gente desagradable, entonces Tooru podría vivir tranquilo en un mundo donde nemo existiera.
Sin embargo, parecía que el mundo estaba a punto de reírse en la cara de Oikawa, pues si pensaba que podría ignorar los asuntos sin resolver de su corazón de esa manera tan mundana estaba muy equivocado.
Pero no podemos culparle. Claro que no.
Porque poco él sabía, que en las puertas del gimnasio en ese mismo momento, un muy despierto y por demás nervioso Kindaichi Yuutaro se encontraba esperando a que el az y capitán –pues ellos dos nunca se separaban- llegaran, con una declaración importante bailando en su lengua y el sentir de una marea salvaje golpeando su estómago.
Sé fuerte, Kindaichi.
Se dijo, mientras veía el par de figuras acercarse.
Hinata había llegado particularmente temprano esa mañana, pero que no fuera cosa de sorpresa. Cuando apenas peleaba por volver a ser aceptado en el club, había madrugado muchas veces para entrenar con el idiota de Kageyama. Lo que sí era una sorpresa, y si le permitían el uso de la palabra, una mayúscula. Era el hecho de que Tsukishima también estuviera allí.
Y sólo, para más inri. No es que fuera de los que creyeran que él y Yamaguchi nunca se separaban o cosas así –bueno, quizá un poquito, ¡pero es que siempre estaban juntos!-Pero debía admitir que era la primera vez que veía a uno sin el otro al lado.
— ¿Tsukishima?—preguntó mientras escudriñaba al rubio de lentes con los ojos un tanto cerrados, casi como si intentara saber si se trataba de un impostor o algo así.
Tsukishima simplemente se dignó a bufar en un claro signo de que más o menos sabía lo que pasaba por el cerebro del pequeño, y que le parecía de paso, una reverenda tontería.
— ¿Quién más podría ser, tonto?—preguntó acercándose y dirigiéndole una mirada amargada. Hinata tembló un poco, pero ese tono tan hosco. Sí. Sin duda era Tsukishima, ese idiota.
…y quizá él necesitaba agrandar un poco su vocabulario de insultos, sólo quizá.
Hinata infló las mejillas y miró a otro lado.
—Es que normalmente no eres así de madrugador, creí que era alguna otra persona. Pero nadie es tan larguirucho y pedante como para poder imitarte.
Tsuki sólo sonrió de lado ante el intento de insulto de Hinata, bajando su rostro y acercándolo como para poder burlarse directamente a su rostro. Sin embargo antes de que pudiera decir algo, creyó que una extraña luz era disparada en su dirección de pronto, rápidamente volvió a su posición normal, como si tratara de buscar algo. Hinata desde donde estaba sólo le miraba entre mitad confundido y mitad a la defensiva.
— ¡¿Q-qué te pasa?! ¡¿Quieres pelea acaso, t-tonto?!
El rubio sólo pudo chasquear la lengua.
—Deja de ser tan ruidoso, creo que escuché algo.
Hinata sólo parpadeo algo desconcertado.
—Estamos en la escuela, quizá un gato se coló o algo—dijo, pero también comenzó a pasar su mirada por los alrededores, como si buscara a un invisible intruso.
Finalmente y tras pasado un par de minutos, ambos decidieron que era sólo cosa de su imaginación. Tsukishima soltó un bufido cansado, se notaba que aún estaba somnoliento.
—Si tienes esa actitud, ¿qué haces aquí tan temprano?—preguntó Hinata, un tanto aún sorprendido por la presencia de Tsukishima y un poco contrariado, él no era del tipo que se esforzara. O al menos no lo era hasta antes de ese campamento de entrenamiento.
Tsuki sólo le dirigió una mirada condescendiente, para luego girar los ojos.
—Mi hermano estaba demasiado animoso en casa hoy, pensé que si venía aquí tendría algo de paz antes de empezar la práctica, no tenía idea de que te encontraría aquí. Así mejor me quedaba en la estación o en mi pórtico.
Hinata se quedó mirando a Tsukishima fijamente.
—Es la primera vez que te oigo decir tantas palabras juntas.
Tsukishima deseó darse un golpe directo en la cara.
—Es una pena que todas sean tan horribles, tienes pésima actitud eh—murmuró bajito, aunque no tanto como para que no pudiera ser escuchado.
Y Tsukishima hubiera respondido, con un comentario mucho más afilado como pues tú dices más que eso, y normalmente sólo son puras estupideces. Pero gracias a la suerte, en ese momento, Daichi y Sugawara ya se acercaban con paso ligero a las puertas del gimnasio, listos para abrirlo y empezar la práctica de esa mañana.
Si Konoha pudiera describir el ambiente que había rodeado esa práctica matutina, sería sin duda con la palabra: Anormal.
Anormal para los estándares de Fukurodani, valía recalcar, lo cual elevaba la valla a un nivel nuevo. Que alguien anotara eso, por favor.
Bokuto había llegado extrañamente temprano, incluso antes que él mismo. Y en cambio, Akaashi había sido el último en entrar al gimnasio, con una expresión que demostraba una consternación gigante. Y quien normalmente sólo se dedicaba a gritar por levantadas desde que el setter se presentara, no había dicho ni una palabra cuando le había visto llegar.
Incluso parecía como si le quisiera evitar. ¡¿Qué demonios?! ¡Entré en la dimensión desconocida!
Esa mañana parecía querer atentar contra la salud mental de Konoha. Y, al ser eso un tesoro muy grande cuando se juega con compañeros como lo eran los de fukurodani, Konoha estaba decidido a hacer todo lo que pudiera para defenderla.
—Oye Akaashi—dijo mientras se acercaba, colocando su brazo por encima del hombro del armador y susurrando— ¿Acaso pasó algo raro entre Bokuto-san y tú?
Y claro, ir por el más estable del duo se veía como la única opción inteligente para el desesperado Konoha, sin embargo cuando vio el sonrojo salvaje pintarse en la cara del normalmente inexpresivo Akaashi, comenzó a pensar que de verdad había entrado en una dimensión desconocida.
Lo que ninguno sabía era que en ese momento, un muchacho de particularmente extraño cabello negro y anteriormente conocido por ser jugador de fútbol, se encontraba editando el volumen de revista que sacaría el día siguiente. Se había vuelto algo tan popular, que al parecer una edición semanal era muy poco para calmar el clamor de las masas, que siempre parecían pedir por más.
Y bueno, Nemo era un hombre que sabía complacer.
Notas finales: konoha debería proteger sus tesoros de mejor manera. A Oikawa le dará un posible colapso, quién sabe. ¿Alguien se dio cuenta qué otra crack ship shipeo sólo con este cap? yes, im trash
