TRINIDAD

CAPITULO VIII: TRAICIÓN...

A mitad del debate, por determinar si los subordinados de Roy: Havoc, Breda, Fuery, Falman y Riza, habían sido participes en el boicot para dividir a la milicia en dos bandos; nuevo crimen por el cual también sería juzgado; y utilizar el don de un menor de edad y alquimista estatal para infiltrarse y hurtar información secreta, era verídica y si procedía la acusación. Se dio un receso, para desahogar las últimas pruebas y a partir de ahí iniciar el proceso de sentencia.

Para desgracia del alquimista no se pudo reunir con su mensajero; pues despertaría sospechas y lo poco que habían logrado se esfumaría. Media hora después reinicio. Veredicto final: sus hombres estaban libres de cuanto se les culpaba, excepto claro por uno solo.

Trastkowsky, era un hombre que con tal de lograr su objetivo, era capaz de pasar por cuanto ser humano estuviera en su paso; y usaba cualquier artimaña para pisotear y gozar de ver a otros caer. En cuanto se le presento la oportunidad se puso de pie, y camino al frente de la sala, sin ocultar su malévola sonrisa; los pocos que permanecían en el lugar coincidieron en que cualesquiera que sea el contenido del sobre que llevaba en la mano, debía contener una parte del triunfo de éste. Aguardaba paciente con los brazos cruzados, cuando se absolvió y pronuncio el hombre cada uno de los nombres que pertenecían a los subordinados de Roy, mostró una indeferencia mordaz; solo se alegro al escuchar el último nombre y la resolución de su caso.

-"Cain Fuery, Jean Havoc, Bato Falman, Heins Breda. Al no presentar irregularidades en sus expedientes, quedan absueltos. Riza Hawkeye, Primer Teniente de Roy Mustang, se girara una orden para abrir un juicio en contra de ella..." –hablaba el hombre que sostenía en sus manos un pergamino, interrumpido por la voz de Roy.

-"Que... de que carajos hablas. Juicio para que..." –hubiera sido preferible que callara, pues en ese instante Trastkowsky se levanto de su lugar y camino hacia Roy, mismo que permanecía en el centro de la sala entre los dos estrados.

-"Con su actitud, corrobora mis pruebas" –espero alguna otra exclamación de Roy, pero al no llegar esta, prosiguió –"Vera Roy... de acuerdo a fuentes fidedignas hemos descubierto que usted y esa pequeña zorra, sostiene otro tipo de relación que va mas haya de la laboral... Claro no lo culpo, vasta con verla para darse cuenta que es capaz de complacer hasta el gusto mas exigente. Pero mi querido fuhrer o deberé decir ex fuhrer, si tanto le atraía bastaba con llevársela a la cama una o dos veces, y no conservarla y dejarle notas amorosas, como la que yo mismo presencie" – si Roy debió callar hace rato, Trastkowsky debió desear perder la voz o mas aún nunca haber nacido, o en el mejor de los casos no haber dicho tales palabras.

Sin importarle la presencia de todos aquellos hombres, sin importarle que mas tarde a su larga lista de culpas abría que agregarle esta, y sin importarle que su acción la pagaría caro. Se giro hasta encarar al hombre de frente, perfectamente se notaba que el militar era mas alto y corpulento que Roy, y su mirada que antes pareciera asesina se apago con solo ver el rostro de ira del alquimista.

Los llameantes ojos de Roy bastaban, para que en ese momento hasta los mismos demonios descritos en la novela de Dante Aligehri, conocieran el verdadero temor. Como un arco reflejo instintivo de sobre vivencia, Trastkowsky dio un paso hacia atrás, pero no le fue suficiente para evitar recibir en pleno rostro un fuerte y certero golpe, que le había propinado Roy con el puño cerrado. Cayo de espaldas.

-"Nunca... me oíste, te vuelvas a expresar de esa forma de uno de mis hombres. Y mucho menos de la Teniente Hawkeye, que sea una mujer y yo su superior no significa que exista una relación amorosa entre ella y yo. Agradece que estés aquí, porque de lo contrario ya te abría matado..." –en esos escasos minutos un silencio sepulcral se apodero de la sala, y la voz autoritaria y colérica de Roy, era lo único que se escuchaba.

-"Militares deténganse. Mustang que no se te olvide que estas en pleno proceso y actos como este no pueden pasar desapercibidos para tomar una resolución. Y Trastkowsky, no le permito expresarse de esa manera en este lugar, y sin pruebas que respalden su palabra, usted saldría perdiendo. Pueden retirarse mañana a primera hora presentare su sentencia" –regreso el orden al lugar, y sin agregar algo mas abandono la sala.

Tan pronto salió Arthur fue detrás de él, dándole a entender a Roy que le informaría ese mismo día parte de la sentencia, aunque ambos conocían el resultado. Mustang no se sentía con ánimos de ver a Riza, por lo menos no en ese momento, salió por la puerta trasera, lo último que alcanzo a ver, fue a Haruko tendiéndole al militar un pañuelo, pues la sangre que corría de su boca comenzaba a deslizarse por su mano manchando el uniforme.

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Por fortuna para ella ese era su día libre. No se había parado por el cuartel en todo día, ocupada en sus actividades, las termino justo a tiempo para tomar una rápida ducha, arreglarse, coger sus cosas y salir seguida de Black Hayate.

No sabía a ciencia cierta la hora en que terminaría su juicio; para cuando llego las puertas de la gran sala continuaban cerradas lo que le hizo saber que Roy aún continuaba a dentro. Espero sentada en una banca viendo como su perro correteaba por los alrededores; volteando de vez en cuando hacia las puertas. Un cuarto de hora mas tarde las vio abrirse mientras desfilaban por ella algunos militares. Se puso de pie para tener una mejor visión de las personas que salían, con la esperanza de encontrarlo pronto; pero no lo distinguió por ningún lado.

Imperceptible llego a sus oídos un comentario que la hizo girar bruscamente tratando de ocultar su rostro, pero prestando plena atención a los murmullos.

-"Crees que sea cierto, eso que dijeron?" –pregunto un militar a su compañero.

-"Que cosa; lo de la supuesta relación de Mustang con su Teniente. Hmm, no solo se; aunque no lo culpo, Trastkowsky tenía razón ella es muy linda; una vez la vi sin esa fea ropa militar, y en efecto tiene cuerpo de diosa"

A punto estuvo Riza de desenvainar sus armas y dejarle por lo menos dos tiros, al estúpido que con sus manos trazaba su figura; con el último comentario del primer hombre comprendió un poco de que hablaban.

-"Te recomiendo que te guardes tus comentarios, si no quieres terminar como, Trastkowsky. Si es o no verdad esa relación, Mustang si la defendió como fiera, no creí que reaccionara de esa manera"

Y antes de seguirlos escuchando, se alejo de ahí con andar rápido en dirección de la parte trasera del juzgado; su perro dejo su juego con los patos y hecho a correr hasta alcanzarla.

Recargado sobre la cerca, con la vista fija en el lago y absorto en sus pensamientos lo reconoció; se acerco a el poniéndose a su lado, y posando sobre las manos cruzadas de él la suya. El al sentir ese gesto salió de su ensimismamiento, volteando a verla con un rostro apagado; al ver que se trataba de Riza, fingió una sonrisa.

-"Roy; te ocurre algo" –pregunto en voz baja al verlo tan decaído.

-"Solo estoy un poco cansado, eso es todo"

-"Entonces quieres que te acompañe a tu casa. Puedo preparar algo para comer y poner un poco de orden en ella, seguro no la haz limpiado, conociéndote" –a pesar de las circunstancias trataba de sonar alegre.

Asintió solo con la cabeza, pero antes de que Riza le tomara la mano escucharon la voz de Arthur que llamaba a Roy, mientras se acercaba a él.

-"Roy buenas noticias. No vas a creerlo, pero lograste convencer al juez de que todo era una farsa" –hablaba en voz alta pues por los alrededores no se encontraba otra persona que no fuera Roy y Riza a la que aún no veía Arthur. Aquellas palabras tardaron en ser procesadas por el cerebro ya cansado del alquimista; se quedo estático cubriendo con su cuerpo el de Riza, impidiendo que Arthur la mirase;.

Regreso a la realidad, pensando en que tal vez aquellas palabras solo habían sido producto de su imaginación, pero al ver el rostro de la mujer sonriente, supo que no había malinterpretado sus palabras.

-"Si así como lo oyes; hurgue un rato en la oficina del juez y su personal, y entre sus platicas salió a la luz los resultados de tu juicio y sabes que..."

Cayo de improvisto al ver a la joven mujer, a pesar de la sencillez de sus ropas, existía algo en ella...en su porte...cuerpo...y personalidad, que lograban fusionar todos esos elementos a la perfección, y proyectar ante las demás personas; a una mujer especialmente hermosa, el tipo de belleza que es difícil encontrar.

-"Buenas tarde Señorita"- saludo torpemente, aún sin saber de quien se trataba. –"Soy el teniente..."

-"Esta bien teniente Goldaming. Soy la teniente Hawkeye, pero llámeme Riza" –se presento con una cálida sonrisa.

-"Teniente...lo siento no la reconocí" –su antes asombro se torno en confusión, con Riza de por medio se le complicaba explicarle a Roy todo el desenlace de su situación. Volteo a ver con gesto interrogador; y antes de que alguno de los dos hombres hablara, ella se les adelanto, comprendiendo ese gesto.

-"Comprendo, son asuntos secretos; y como tales salgo sobrando"

-"No es eso Riza, es solo..."- le sorprendió al hombre la sinceridad y calma con que Riza tomaba las cosas.

-"Descuide Arthur. Supongo que son buenas noticias, a juzgar por como se dirigió a Roy hace un momento. Bien... me marcho, pero antes quisiera agradecerle por todo lo que ha hecho, por él y lamento haberlo juzgado mal, ojala nos hubiéramos conocido en otras circunstancias mas favorables"

Arthur se dio cuenta que Riza, no hablaba como militar, ni que agradecía por el trato a su superior, sino que se comportaba y agradecía como una persona común, en gratitud del favor recibido hacia un ser querido. Sonrió superficialmente conmovido por el gesto de la rubia.

-"Coronel nos vemos mañana" – despejo sus ojos del militar para dirigirse ahora a Roy, alzando su mano y dando media vuelta la vieron alejarse.

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Goldaming le había explicado una vez que Riza se había alejado lo suficiente. Que la mayoría de las acusaciones de los militares eran fundadas y faltas de argumentos y muchas de ellas carecían de una secuencia lógica. Aunado a su repentino e insistente deseo por culpar a Mustang de todos los males por los cuales atravesaba desde hace mucho la milicia, incluso percances que está había sufrido desde antes de que Roy ocupara su actual cargo.

Una de las ideas mas descabelladas, para el juez y su parlamento, resultaba el hecho de que existiera un menor de edad, cuyo único motivo por el cual había ingresado a la milicia resultase ser la búsqueda de una supuesta piedra filosofal, y mas aún que fuera capaz el solo de hacer todas esas extraordinarias y al mismo tiempo poco creíbles hazañas.

Aquella noticia le había levantado considerablemente el animo a Roy. Aunque desde luego no esperaba que todo quedara en buenos términos y su rutina regresara a la normalidad así de fácil, así que la segunda parte de su juicio no le sorprendió en lo mas mínimo.

-"Roy desde luego, no vas a salir tan bien parado después de todo este escándalo, y aunque no es tan grande si se te impondrá una pena"

-"Lo se, pero tienes idea en que pueda consistir tal castigo"-pregunto sin importarle demasiado

-"No, lo desconozco totalmente, pero no creo que mas a allá de una simple amonestación y tal vez, te revoquen algún tiempo de tu cargo"

-"Podré vivir con eso" –sonrió casi triunfante por su suerte. –"Ahora si me lo permites, amigo, tengo asuntos pendientes que resolver"

Se despidió de Arthur. Sin decirle algo mas. Nada de eso le molesto, al contrario le alegro saber que había recuperado esa vitalidad y dejo de superioridad que había visto la primera vez que lo trato.

Era extraño aquel sentimiento de culpa sobre Roy; sabía que el militar que insulto a Riza solo había sido como escudo para involucrarla; pero su comentario le abrió los ojos para darse cuenta que seguramente mas de uno se expresaba de esa forma de ella. Se pregunto si había hecho bien, en orillarla a esa relación, tal vez hubiese sido preferible que continuaran como siempre.

Él amándola en secreto; y donde solo la podría tener cerca como su subordinada, pero manteniendo su buen nombre. Por otra parte el no veía nada de malo en aquella relación. Cualesquiera que fuese el motivo, prefirió no verla, ya mañana habría tiempo para ponerla al corriente de todo.

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Desde hace varios días, específicamente desde el segundo día de su catastrófico y cada vez mas humillante plan de enjuiciar a Roy Mustang, los tres hombres cabezas del grupo había sufrido constantes riñas y disputas por ver quien era el que ejercía mayor poder y tomaba la solución final.

Lo que antes pareciera un coordinado trabajo en equipo, lentamente se desmoronaba y cuarteaba como un viejo edificó que en cualquier momento podría colapsar.

Y es que los choques de poder y toma de decisiones entre Trastkowsky, Bradley y Haruko, iban en aumento y apuntaban a un desenlace que no seria en buenos términos, su relación antes diplomática y unidos aparentemente por el mismo propósito, con la ayuda indirecta de Roy...les había abierto los ojos acerca de lo que en verdad pretendía cada uno de ellos, con la idea en mente de apoderarse de Edward. Entre los dos últimos era donde mas se apreciaba la sed del poder, y la ambición de ver realizado solamente sus deseos e implantar sus propios ideales.

Como ya no era de extrañarse, apenas llegaron a la oficina de Bradley, comenzaron las riñas y el culparse los unos a los otros, ellos al igual que Goldaming se habían enterado de la decisión de los jueces. Los gritos y amenazas que se lanzaban cada uno de ellos, había llegado a un punto critico, ya ninguno de los tres razonaba la situación lo único que les importaba acordar en ese momento era una solución pronta a como serían visto después de mañana; y encontrar de entre ellos un único culpable. La misma denigrante idea paso por la mente de dos de ellos, se voltearon a ver y cada uno comprendió en el rostro del otro la conexión que existían en sus deseos.

En ese momento llegar o no a un acuerdo dejo de importarle a Haruko, en su retorcida mente ya se había trazado un plan, con el cual lograría quitar de su camino a sus mayores enemigos, con ayuda de su bien entrenado súbdito, conseguiría no solo la captura inmediata de Mustang, sino que además lograría desaparecer a su otro contrincante para siempre.

Acatando aparentemente las últimas ordenes de Bradley, dejo la sala sin apelar algo mas; solo unos cuantos minutos después de que él saliera; Trastkowsky le dio alcance a las afueras del cuartel.

Asintió con la cabeza varias veces, mientras los labios de Haruko se movían explicándole lo mas detallado posible sus planes, que debían de ejecutarse esa misma noche, y sin dejar ninguna evidencia que pudiera delatarlos. Cuando el militar termino de hablar, las facciones de Trastkowsky se endurecieron, como si se tratasen las de un perro de cacería, dispuesto a saciar su instinto de sangre.

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A aquel callejón lo único que lo iluminaba era un distante faro que a ratos tintineaba, concibiendo figuras borrosos que tan pronto se iluminaban, así de pronto era su extinción. Bradley rara vez solía usarlo como camino para llegar a su casa, en realidad nunca pasaba por ahí, ni siquiera era un atajo para su casa, al contrario tenía que rodearla unos metros mas, solo había dependido de esta en dos ocasiones cuando trataba de pasar desapercibido para ciertas personas pero de eso ya hacía mucho. Ahora por azares del destino Bradley había elegido en aquella noche llegar a su casa usando aquel callejón. La oscuridad del lugar no era una cosa que lo intranquilizara, después de todo era un adulto, militar, sabía defenderse y conociéndolo nadie nunca se había atrevido a retarlo.

Pero antes de que terminara de atravesar aquel estrecho lugar, lo esperaba la figura corpulenta de un hombre, desde la distancia solo reconocía su silueta pero nada de aquella forma lo intimidó, avanzo como si aquel cuerpo no existiese, y cuando los separaban escasos pasos, la luz del faro le ilumino el rostro. Trastkowsky se encontraba ahora frente a Bradley, mirándolo con creciente odio, pero incluso antes de que éste pudiera pronunciar su nombre, sintió una fuerte punzada de dolor en el pecho del lado izquierdo.

Con ojos incrédulos volteo hacia el lugar, para ver como el filo de una espada lo había atravesado, trato de llevarse las manos al pecho pero vio espantado como sacaban el arma, provocando un nuevo y agonizante dolor.

Frío y abrasador al mismo tiempo, era el tipo de dolor de empezaba a experimentar su cuerpo; como un mecanismo de defensa comenzó a segregar adrenalina, bloqueando casi al instante todo sensación de dolor, ya ni siquiera sintió cuando lo atravesaban una y otra vez por delante y por detrás dos sables. Al final de su vida su cuerpo ardió una última vez consiente de todas las heridas y sangre que corría; con ojos borrosos a causa de la falta de oxigeno en su cerebro, distinguió a la persona que le causo la primera herida.

Haruko se puso al lado de Trastkowsky, mientras agitaba el arma para deshacerse de la sangre; con una última sonrisa deslizo lentamente prolongando aun mas su agonía el sable sobre a garganta de Bradley. Solo pudo ver como los labios de ambos hombres se movían antes de morir, incapaz de hacer algo.

CONTINUARA...


Bien, increíble, impredecible o simplemente loca y trastornada, llaméenme como quiera pero la historia tendrá que continuar y concluir. En parte porque la inspiración regreso, no como quería pero creo que quedo un trabajo bien, y en parte por las amenazas recibidas. Bueno en realidad fueron un impulso mas para seguir y tratar de no defraudarlas.

Recordé cual era mi problema y por eso mismo pretendía no seguirla: como meter a Roy hasta el cuello, parece que lo logre, repito no de la forma que pretendía pero igual la idea original que es la que viene para el sig cap, esta intacta.

Así que gracias a todas ustedes: Xris, beautifly92, motoko asakura, Maggi, Kimera Kuiroaki-Kazumi Mo..., Soi Fong

Ah! por cierto a petición y como un favor especial a una amiga...si tú... tratare de incursionar en el lemmon, no será como lo han leído alguna vez (porque nunca lo he hecho jaja), pero espero me quede algo decente, igual si no me gusta como sale mejor ni lo pongo. Y no esperen mucho serán solo unas pequeñas líneas.

JUN TAO SHINOMORI