TRINIDAD
CAPITULO XIII
Aparto aturdido los ojos del cadáver de un simple soldado, que de momento su rango no era importante, o al menos no lo había sido cuando Haruko lo interpuso como escudo humano entre el arma que había detonado Arthur y él, seguramente el joven hombre había entrado por la parte trasera apresurándose a descubrir el porque del alboroto que había dentro de la tienda.
Si Roy tardo un tiempo en comprender lo que pasaba, a Arthur le tomo mucho mas darse cuenta que la discusión con Haruko había costado una vida inocente; sin pensarlo realmente el alquimista se acerco al cuerpo sobre el suelo y trato inútilmente de encontrar el pulso del hombre; en ese momento el General noto la presencia de Mustang.
Esbozo una arrogante y simplona sonrisa, como si todos sus planes se estuvieran alineando para que salieran a favor de él.
-"Que decías Goldaming, que con tu familia no me metiera. Pensabas que no había motivos para eso. Pero mira a quien tenemos aquí. Que acaso no es el fabuloso Roy Mustang, el que se sacrifica por sus compañeros, y que si bien recuerdo es el traidor que la zorra de tu esposa estaba escondiendo"-
Antes de que el alquimista se pusiera de pie y encarara a Haruko, Arthur paso sobre el, encarando al militar y amenazándolo de nuevo, recordándole que era capaz de todo si su esposa e hijos peligraban.
-"Bah, puedes amenazar todo lo que quieres pero como ya te abras dado cuenta tu mujercita esta sola... y no se, cualquier cosa podría sucederle, a mí no me sorprendería regresar y encontrarla muerta a ella y a tu pequeño bastardo. Claro eso si regresas"-
-"Mustang, creí haberte dicho que por nada del mundo abandonaras a mi esposa, no se que demonios haces aquí; pero si ella o Evan resultan heridos tenlo por seguro que el que acompañara a Haruko serás tú"-
A esas alturas no era necesario que le dijeran que había sido una estupidez abandonar la casa. Se puso de pie, echando a correr a la salida y viendo por el rabillo del ojo como el militar encaraba a Haruko.
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Con miles de ideas todas estas funestas revoloteando dentro de la cabeza de la joven madre, y tratando de hacer lo que le dijera Roy, tomo en brazos a su hijo y se encerró en el cuarto, apenas a tiempo para escuchar como la puerta de entrada era forzada hasta abrirla. Sabía que no tenía un lugar donde correr y que las personas que estaban en la planta baja, eran militares que iban por ella y por Evan.
Abrió una pequeña trampilla en la parte alta del closet, que tiempo atrás hiciera su esposo y alzo al pequeño indicándole que se escondiera ahí, permaneciera en silencio y quieto lo mejor que pudiera, y sobre todo que pasara lo que pasara con ella no saliera de ahí hasta que su padre o Roy llegaran por él. Beso la mejilla de su hijo al tiempo que le sonreía maternalmente y cerraba la pequeña puerta.
Escucho como las pesadas botas militares retumbaron por las escaleras y por el pasillo, cuando se giró hacia la puerta dos hombres ataviados con uniformes militares y con expresiones fieras y burlonas caminaron hacia ella. Minna retrocedió unos cuantos pasos antes de ser sujetada fuertemente por la muñeca.
Demasiado asustada se encontraba como para siquiera mantener la suficiente atención y escuchar las palabras o insultos que los hombres le lanzaban. En algún momento supo que le habían formulado una pregunta y lo único que hizo fue negar con la cabeza antes de sentir como una de las pesadas manos del hombre se estrellaba sobre su mejilla. El impacto le hizo girar el rostro y perder el equilibrio, pero ni siquiera tuvo la oportunidad de tocar el suelo, pues la sostuvo fuertemente por el cabello tirando de ella.
El hombre detrás del militar que la sujetaba, no mostraba un rostro mas benévolo que él, pero aun así obedeció su orden y puso frente a ella una silla donde se encargo el moreno de arrojarla. Murmuraron entre ellos algunas palabras y Trastkowskyencendió un puro y dio algunas bocanas. Minna observo inmóvil como la punta del puro comenzaba a arder y con cada bocanada el color cambiaba hasta arder en un rojo, se retiro el puro de la boca sin dejar de observarla y con voz golpeada pero tranquila comenzó a interrogarla.
Ella no era ninguna estúpida y sabía que a pesar del tono dulzón que trataba de emplear el hombre al preguntarle acerca del paradero de Roy y de su marido, no eran porque estuviera interesado en su bienestar.
-"Lo siento preciosa tal vez me sobresalte, no debí golpearte pero que no me respondieras cuando te pregunte, si aquí se estaba escondiendo ese Mustang, me exasperaron. No soy tan malo, solo basta con que tu cooperes y me digas donde esta él"-
A Minna le dio la impresión que el hombre, tendría que enfrentar serios problemas de personalidad o que sus métodos de persuasión estaban algo fuera de moda. Primero abofetearla y zarandearla para después hablarle con voz pausada y amable, nadie con el suficiente raciocinio caería en ese cebo.
Su escueta respuesta fue –"No conozco a ningún Mustang"-
Y esto le costo que la mascara de amabilidad del hombre se borrara, hiciera de nuevo la pregunta, dándole a entender a Minna lo benévolo que estaba siendo con ella. Y aunque el miedo siempre estuvo presente en el interior de la joven madre, en todas las ocasiones dijo lo mismo.
El militar gramo furioso, y ante la última negativa de la mujer de conocer a Roy, la golpeo en el rostro esta vez con el puño cerrado, tan fuerte que ella supo que eso era lo mas cercano a recibir un golpe con un mazo. Sintió el desagradable sabor a fierro de su propia sangre.
No le dio tiempo de sobreponerse a ese golpe, sin previo aviso desgarro la fina tela de su vestido a la altura de su ombligo y puso el ardiente puro sobre su blanca y tierna piel. Si Minna no estuviera consiente que su hijo estaría observando, hubiera proferido un autentico grito de dolor cada que el militar quemaba su piel, pero se trago su grito y su dolor solo se manifestó con las incesantes lágrimas que corrían por sus mejillas, aliviando por donde pasaban durante escasos segundos el escozor que las quemaduras le habían dejado.
En algún momento pensó que iba a sucumbir ante el dolor y desmayarse, pero se obligo firmemente a no hacerlo, si a esa bestia frente a ella se le ocurría hacerle algo mas, al menos lucharía con las pocas fuerzas que le quedaban.
Ganas de estrujar su pequeño cuello hasta escuchar como sus huesos crujían ante la presión, no le faltaban al militar. Pero sabía que antes necesitaba obtener una respuesta del paradero de Mustang. Tal vez cuando el estupido de su acompañante encontrara al niño, la mujer hablaría al verlo sufrir.
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Roy encontró la puerta abierta de un modo salvaje, mas allá escruto la sombra de un hombre. Él no era tan ingenuo para pensar que uno solo había hecho semejante disturbio en la casa. Y aunque sus respiración aun estaba agitada, trato de moldearla a sus actos, acercándose con total precaución y alerta a su alrededor. Tomo al hombre por la espalda, sujetándolo por el cuello y apretando con suficiente fuerza, pero sin llegar a asfixiarlo. No necesito algún tipo de arma para dominarlo, con el tono de voz que empleo para preguntar el numero de hombres que estaban, fue suficiente para obtener del soldado la respuesta dada con sus dedos.
La voz ruda proveniente de la parte alta de la casa, le basto a Roy para apretar su brazo sobre el cuello del hombre hasta que éste perdiera el conocimiento.
Subió las escaleras sin importarle cuan fuerte sonaran sus pasos. Y aunque el militar era visiblemente mas alto y corpulento que él, su coraje y odio fueron suficientes para apartarlo de la mujer, pero fue lo único que logro. Pues Trastkowskylo encaro desenfundando su arma.
Si bien eso tendría que haber medrado a Roy, no lo logro. Y aunque Roy sabía que no podría usar su alquimia, en caso de contar con sus guantes. Se lanzo contra el, sintiendo únicamente el roce del proyectil sobre su brazo, pero a cambio de eso el militar recibió una modesta dotación de golpes.
Eso le hubiera bastado al alquimista, pero en algún momento el militar recupero el arma y el cañón del arma apunto directamente a Minna. Roy se lanzo a él forcejeando con todas sus fuerzas, hasta lograr doblar la mano del hombre. La detonación se escucho con mayor claridad a causa del silencio formado, ahora que habían dejado de combatir, y cuando sintió la tibies de la sangre correr por su mano y el creciente peso del hombre, se aparto de él. Acercándose ahora a la joven que yacía temblando, tratando de controlar el llanto.
-"Lo lamento Minna, no debí dejarte sola. Todo es mi culpa"- Pronuncio con voz cansada mientras colocaba en sus hombros el abrigo que yacía en la cama, tal como lo dejara antes de marcharse.
Hasta ese momento la mujer salió de su estado de trance y rompió en llanto, tratando de cubrirse con el desgarrado vestido. Roy experimento una mezcla de horror y culpa, al contemplar el abdomen y pecho quemado en círculos.
-"Te hizo daño, ese bastardo... te toco?"- Pregunto no muy seguro de querer escuchar la respuesta.
Minna negó con la cabeza gacha. –"Solo me golpeo porque no le dije donde estabas"- Dejo que Roy soltara un suspiro de alivio y agrego –"Evan esta escondido, en aquel compartimiento, podrías sacarlo de aquí"-
Roy se acerco, abrió lentamente la trampilla pidiéndole al niño que cerrara los ojos. El pequeño confundido obedeció y dejo que el alquimista lo llevara a su pieza, donde le prohibió que saliera, y regreso por la mujer.
Llevo en brazos a Minna al cuarto del pequeño, y dedico algunos minutos en poner compresas de agua fría sobre sus quemadaS, mientras Evan amorosamente quitaba con un trapo mojado la sangre seca del rostro de su madre. Él pequeño no dijo nada al respecto y ella lo agradeció dejando de llorar. Una hora después cuando con ayuda del pequeño y Roy estaba limpia y con una nueva ropa, acordaron partir.
Él continuo cargándola, mientras el niño se ajustaba a su espalda una mochila con algunas de sus cosas, en su brazo derecho sujetaba otra de menor tamaño y con la izquierda aferraba el único juguete que su madre le había permitido llevar. Tuvo que explicarle que tenían que viajar ligeros y cuando el pequeño, pregunto si regresarían por lo demás, ella tuvo que hacer un esfuerzo sobre humano para no llorar cuando respondió que no.
Roy chaqueo los dedos produciendo una llama que se propago rápidamente por toda la casa. Lamentando únicamente la perdida de ese acogedor hogar y no los dos cuerpos que arderían en ella.
Avanzaron los mas rápido que Evan podía, sujeto en todo momento al brazo del alquimista. Hasta llegar a los andenes del tren. Una vez ahí recostó a la mujer en el asiento, y la dejo a solas con su hijo, mientras él iba a que sellaran los tres pases para Central.
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-"¡Ey! Teniente ¿sabe donde esta este pueblo?"-
Riza alargo su mano para tomar el documento que Ed le tendía. Edward había pasado los últimos meses realizando solo trabajo de oficina, tal vez como disculpa del día en que llego, sin conocer que a Mustang lo había hecho ejecutar.
-"Harmenszoon. Es un pequeño poblado, que sirve de frontera con un país que no nos tiene en buena estima. Constantemente hay pequeñas revueltas por culpa de ellos"-
-"¿Y son peligrosas?"- Esta vez fue Al el que preguntara
-"No, en realidad no lo son. Es un pequeño grupo de escaramuzas los que se desatan de tanto en tanto. Pero la base militar en ese lugar siempre la ha mantenido al margen"-
-"Pero el conflicto de ahora ya duro demasiado. Además las cosas deben de estar mal para haber enviado personal de Central, y para que Haruko y Trastkowsky estén allá"-
Riza enarco una ceja, apartando la vista del papel. Estaba enterada del asunto, pero hasta ese momento supo quienes estaban al frente. –" Haruko y Trastkowsky. Tal vez, si las cosas están tan mal sea por culpa de esos dos bastardos"-
-"Seguramente están tras algo o alguien. Sacrificarían lo que fuera para lograr sus propósitos, incluso matan sin sentir remordimientos..."-El golpe que Ed recibió en las costillas, proveniente de su hermano, hizo que lo mirara fijamente y ver lo mismo que él.
El rostro de la rubia se había ensombrecido, al escuchar el argumento de Ed, y es que le resultaba todavía difícil no pensar en lo que ambos le habían arrebatado. Lanzo un suspiro liberando el nudo que se empezaba a formar en su garganta, le devolvió a Ed los papeles, él los recibió a penado por el comentario, pero ella se limito a sonreírle y refugiarse por el resto de la tarde en su trabajo.
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Roy Mustang nunca había sido un hombre de fe, pero cuando giro su vista al lugar donde Minna tendría que estar recostada, lo que vio lo conmovió. La mujer estaba sentada, su pequeño niño dormía con su cara apoyada en las piernas de ella, con los ojos cerrados y las manos entrecruzadas en señal de oración, murmuraba por lo bajo alguna plegaría por su esposo. Permaneció algunos minutos absorto en la mujer, cuando ella concluyo la oración, miro a Roy cabizbaja.
-"Podrías rezar por los dos. Espero sinceramente que Arthur este bien"- Ella solo sonrío ante la muestra de comprensión de Roy, arropo al pequeño antes de iniciar de nuevo.
Cuando descendieron del tren, Roy los llevo a un hospital, donde atendieron las heridas de la mujer. Mientras eso hacían él salió con Evan a buscar un departamento donde hospedarse.
Encontraron un cómodo apartamento, y aunque estaba lejos del acostumbrado bullicio del centro, a Roy le pareció perfecto para permanecer algunas semanas sin levantar sospechas.
Le había hablado tanto a Evan, acerca de unos helados, famosos por su sabor cerca del cuartel donde el solía laborar, que en cuanto el niño se entero de donde estaban, le pidió inmediatamente uno de aquellos conos a Roy. Si pensaba negarse, no lo hizo, tan encariñado y acostumbrado al pequeño estaba, que acepto gustoso la propuesta.
Así pues, cuando aun no se hacía tarde, tanto hombre como niño, desfilaban por la acera con un enorme barquillos rebosante de helado cada uno.
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Para Minna, aquella casa pareció agradarle, contaba con todos los servicios y el pequeño balcón mostraba una bella vista de lo que había mas allá de casas y calles adoquinadas. Las dos únicas cosas que la molestaba, eran: La primera atentaba contra su pudor, y es que al salir del hospital, le habían recomendado que evitara usar alguna prenda, para sanar y no lastimar las heridas, el problema era que dichas quemadas recorrían desde el nacimiento de sus senos hasta su ombligo.
Al principio se había mostrado renuente a tal recomendación, y aunque Roy había demostrado ser una persona confiable, eso excedía los limites. El acuerdo final había sido, adquirir vestidos vaporoso, en donde no tocaba la piel. Y aun así solo los usaba cuando el militar salía, o se encontraba sola en su cuarto, de lo contrarió se colocaba una chalina.
Lo segundo, no era tan fácil de solucionar. Necesitaba saber como se encontraba su marido, y esas noticias no llegaron, ni en los primeros día, ni la segunda semana. Aunque todos los sábados recibía el periódico, donde dedican una pagina a publicar los nombres de las bajas que iba sufriendo.
El asunto era del siguiente modo. Todos los viernes a primera hora el cuartel de Central, recibía los informes del frente, anexos a una lista de los hombres que habían muerto esa semana en el frente; unas veces el numero no pasaba de cinco, y otras superaba la docena. Entonces las secretarías transcribían sus hombres y alguna bonita historia de su muerte, misma que se enviaba a la imprenta y aparecía todos los sábados. Esto era sobre todo una cuestión de gratitud, poner que el hombre caído, había perecido de un modo casi heroico, aun cuando el susodicho en cuestión allá muerto apenas ponía un pie en el frente. Era mas para acrecentar el ego de la milicia, que otra cosa.
Roy pasaba por el mismo puesto todos los sábados con Evan, compraba el periódico, y lo ojeaba antes de mostrárselo a Minna. Incluso a mas de dos meses de conflicto y estando por terminar, Arhtur continuaba sin aparecer en dichas listas, cosa que alegraba en demasía a ambos adultos. Pero tampoco había dado muestras de estar con vida. Aunque deberían de esperar su regreso, pues pasadas unas semanas de su arribo a Central, los nombres de Haruko y Trastkowsky, aparecieron concediéndoles todo una plana, a su "trágico" deceso.
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Si ese día Edward hubiera sabido, que un hombre se le acercaría y le contaría una historia casi sacada de un cuento, hubiera sido lo mismo que si le dieran la noticia que finalmente había perdido la razón. Pero una cosa era que le informaran que estaba loco y otra muy distinta que Roy Mustang nunca había muerto.
Posteriormente cuando esa primera impresión, quedo superada, gasto sus fuerzas en despotricar en contra del mismo hombre de siempre: Roy Mustang. Tuvo que invertir dos días en una incesante, y a su juicio nada importante e innecesaria búsqueda, para encontrar a su ex – Coronel. Había jurado en voz baja que en cuanto lo hallará lo agarraría a patadas, hasta quedar satisfecho. Ese día le había costado mas trabajo inventarse una excusa para dejar sola a Hawkeye, y que ella le autorizara el día si cuestionarlo, había sido un verdadero reto maratónico.
Pero la noche pasada había hallado una pista y ahora se dirigía a ella. La misma que decía que habían visto a un hombre con características semejantes, viviendo en un departamento, con una mujer y un niño.
Los deseos de Edward; de apenas encontrar al militar propinarle algunas buenas patadas, no habían menguado pero cuando lo vio. Roy se encontraba en la esquina de donde vivía leyendo el diario. Misteriosamente fullmetal comenzó a reírse, confirmando su propia teoría: finalmente estaba loco. Aunque en realidad la idea de jugar un rato con el alquimista, fue lo que provoco aquella risa.
Unas pequeñas piedras golpeaban con insistencia la cabeza y espalda de Roy, la primera vez había volteado con una de sus peores caras para ahuyentar al pequeño mocoso que le había lanzado la piedra. Pero al no ver nada por los alrededores continuo revisando las paginas del periódicos.
Imperceptible pero constante el hombre seguía escuchando el rumor de una risita burlona. Se quedo un momento percibiendo la dirección de donde venían los proyectiles, una vez ubicados, a Roy le tomo solo un segundo hacerle pagar al individuo aquella broma. Y a Ed le tomo ese mismo tiempo en ver prenderse su flamante abrigo rojo.
Cuando finalmente logro que la pequeña llama no se propagara mas, se encontró de frente al alquimista. Cuando Roy pronunció su apodo Ed sintió que una oleada de gratitud lo abordaba; desde luego nunca lo admitiría, y todo se lo adjudicaba a que sería un alivio cuando Riza conociera la verdad.
-"Fullmetal. ¿Cómo...?. que paso. Como me encontrases con esa estatura"-
Bien, con ese comentario, el alivio de Edward al saberlo con vida, se esfumo y sus ansias de asesinarlo el mismo, latieron con mayor intensidad. Pero quedo en el olvido, al ver la sincera sonrisa que él militar le ofrecía ahora, y él solo atino a decir. –"Mustang, me alegra que las palabras de aquel hombre fueran verdad"-
-"¿Qué hombre?. Nadie sabe que estoy en Central"-
-"Un tal Arthur Goldaming. Hace dos días lo encontré, o mejor dicho el me encontró y empezó a contarme una tonta historia"-
De ese modo Ed le narro como fue que Arthur había llegado a central, lo había buscado y pedido que encontrará a Roy. Antes de despedirse le entrego un papel, con la dirección donde le pedía se reunieran, junto con su familia.
-"Ey. Mustang, me alegra que todo allá sido de esta manera y que estés con vida"- Sincero el rubio alquimista antes de marcharse. Cuando se alejaba volvió a escuchar la voz de Roy a sus espaldas.
-"Gracias Edward. A mi me alegra saber que no creciste en todo este tiempo, de otra forma Arthur nunca te hubiera encontrado"- Ed no respondí aquella ofensa, demasiado aliviado se sentía su corazón como para iniciar una pelea en ese momento.
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Dos horas mas tarde, Roy se levantaba de la mesa del pequeño bar, para dejar a solas a la familia que se volvía reunir después de algunos meses.
Le alegro saber que el militar había regresado sano y salvo a Central, y mas aun al recibir una carta para él. La leyó cuando estuvo fuera del lugar y su sonrisa se ensancho al ver que todo aquel asunto de su culpabilidad había quedado resuelto. Se le pedía su asistencia en el cuartel para el día siguiente.
Aquella noche le resulto prácticamente imposible dormir. Tan abrumado estaba con lo que podría pasar mañana. ¿Acaso lo recibirían con los brazos abierto¿Sería multado por hacer todo una farsa¿Actuarían como si nada hubiera pasado, y solo le estrecharían fuertemente la mano como disculpa?.
Sea como fuese, la mañana había llegado y él se encontraba de nuevo frente las puertas del gran edificio que conformaba la base militar del centro. Ese día se había ofrecido a cuidar de Evan, mientras su padres atendían asuntos concernientes a su nueva casa. Sabía que tardaría algunas horas dentro, así que le había pedido a fullmetal que se hiciera cargo del niño durante ese tiempo.
Como bien lo había predicho, permaneció mortíferas horas rodeado de hombre, que parecieran mas verdugos que aliados. Se vio obligado a responder a cada una de sus preguntas, para al final verse obligado a aceptar sus disculpas y recibir una vez mas su cargo como Coronel. "Comprenda es lo mas que podemos hacer por usted. Pero descuide con el tiempo si muestra aptitud ascenderá mas pronto de lo cree posible"- Habían sido las lustrosas palabras de los hombres, antes de dejarlo ir, para que se incorporara a sus actividades, con sus mismos compañeros de antes. Como si todo se tratase de unas simples vacaciones.
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Roy le agradeció a Ed y Al, el haberse quedado con Evan. El deseo de verla fue mas fuerte que todo y termino por interrogar a los hermanos, acerca de ella. Pero por desgracia ese día Riza había salido a una misión y no regresaría hasta tarde.
Dado que no tenía nada mejor que hacer, recorrió con el pequeño la heladería y posteriormente el parque, donde gastaron buena parte de sus energías en juegos con un balón.
Había llegado el momento de hacer un alto a dicho juego, Roy se distrajo por un momento y cuando giro la vista hacía Evan, el pequeño iba detrás del balón que estaba ahora al otro lado de la calle.
-"¡¡Evan, alto ahí!!"- Grito con voz autoritaria el hombre. El niño atemorizado por ese timbre de voz brusco se detuvo de golpe, sin darle tiempo siquiera de poner un pie debajo de la acera.
Roy corrió hacía el, al tiempo que se agachaba hasta estar a su altura y estrecharlo en brazos, justo cuando comenzó a llorar.
-"Padre..."- Aunque Evan sabía que Roy, tan solo era un amigo, había comenzado a llamarlo de esa manera, en ausencia de su verdadero padre. El militar sintió una punzada en el pecho, nunca había hecho llorar al niño, y cuando lo llamo por su nombre fue un acto inmediato al temor de que él siguiera corriendo detrás de la pelota. –"Esta bien campeón, ya compraremos otra"-
La suave voz femenina que se dirigía a ambos, fue suficiente para que Roy sintiera de nueva cuenta embargar su corazón de felicidad.
-"Disculpe. Es de su hijo la recogí al otro lado de la calle"- Pronunció amablemente Riza, aun no había visto el rostro del hombre, pues él continuaba hincado estrechando al pequeño.
Roy alzo la mirada, deseando infinitamente que no se equivocara, y cuando vio de nuevo ese rostro sereno y amable, experimento unas enormes ansias de tomarlo entre sus manos y besarlo.
La pelota se deslizo en algún momento de las manos de la mujer. Cuando aquellos ojos negro se volvieron para verla, sintió que la sangre de su cuerpo se iba hasta sus pies. Su voz quedo apagada por el nudo que se formo en su garganta y las lagrimas acudieron sin remedio a sus ojos. Si comenzó a llorar o no, no lo supo, sus fuerzas la abandonaron sin previo avisó.
El alquimista reacciono apenas a tiempo para tomarla en sus brazos, y evitar que Riza cayera al suelo, la llamo un par de veces por su nombre pero antes de atraer la atención de las personas. La condujo a ella y Evan a su departamento.
Cuando la hubo recostado en su cama, telefoneo a su departamento e informo a Minna que posiblemente no llegaría esa noche, pero que Evan estaba bien. Después de darle un vaso de leche tibia al niño, se dirigió a la recamara de Riza.
Recobró lentamente el conocimiento, podía sentir como una cálida mano acariciaba su mejilla. Se incorporo a medias en la cama, lanzando sus brazos al cuello del hombre. –"Creí que habías muerto aquella vez"- Fue lo único que pudo articular antes de dejar libres sus lágrimas.
Roy la dejo llorar el tiempo necesario, limitándose solo a deslizar suavemente su mano por su cabello y susurrarle algunas palabras. Podía sentir como su propio corazón se desgarraba con tan solo verla, y se hubiera hecho participe de su llanto, si Evan no hubiera entrado en ese momento llamándolo.
-"Padre, donde esta mamá. Tengo sueño"-
Riza se separo en ese momento de Roy y miró confundida al niño. "Padre". Así lo había llamado. –"Ok Riza, contrólate. Los niños no se hacen de la noche a la mañana, bueno si, pero no podría ser. Es decir, a de tener al menos 5 años y Roy solo había pasado 6 meses fuera de central, era biológicamente imposible que fuera su padre". Afortunadamente antes de que su imaginación continuara haciendo conjeturas, escucho la explicación de Roy.
-"Es el hijo de Minna y Arthur, es lindo"-Esto último lo pronunció si darse cuenta.
Riza miro detenidamente al niño, y se sintió tonta con su pronta conjetura. –"Ven aquí cariño"- Pronunció con un tono tan maternal que sorprendió a Roy, el niño que continuaba en la puerta se acerco dubitativo hasta la joven, ella lo tomo en sus brazos y descubrió aliviada que las características físicas correspondían mas a Arthur que a Roy.
Ambos esperaron a que Evan se durmiera y después de que Riza lo arropara en su cama, se puso de pie y salió del cuarto seguida por Roy.
Ahora se que se encontraba mas relajada, Roy le contó todo lo que había pasado, y para su gran alivió Riza lo había tomado mejor de lo esperaba.
-"Nada en nosotros ha cambiado¿Cierto Riza?"- Pronuncio cuando termino con todo aquel embrollo.
Ella le dedico una amplia sonrisa antes de agregar –"Nada. Aun sigo amándote como siempre"- Para después sentir sus dulces labios, sobre los de ella.
-"Gracias..."- Fue lo último que pronuncio Roy, y Riza sabía a que se refería. Se acomodo en su pecho, continuaron hablando por mas tiempo hasta que ella se quedo dormida, y él como tantas veces había hecho esos últimos meses, permaneció despierto.
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-"Creo que serás un buen padre algún día Roy"-
Fueron las últimas palabras que Minna le dedico al alquimista, frente la estación de trenes, una semana mas tarde cuando se despedía de él y Riza.
Estrecho fuertemente la mano del hombre, mientras le agradecía una vez mas lo hecho por él, Minna lo abrazo reiterándole su amistad, en tanto que a Evan lo alzo una vez mas en brazos y dedico algunas palabras.
Riza lo miro sin decir nada, concordando con la mujer.
Cuando el tren se perdió de vista. Roy continuaba viendo en esa dirección. Riza alcanzo a preguntar, adivinando porque continuaba mirando hacía allá.
-"Entonces... con que serás un buen padre, Coronel?"-
El militar aparto la vista, para mirar con una encantadora y casanova sonrisa a Riza y agregar. –"Eso dicen. Que dices te gustaría intentarlo, aun tenemos algunas horas antes de ir al cuartel"-
La joven rubia solo arqueo la ceja y sin dejar de sonreír concluyó. –"Tal vez mas tarde Roy, de momento llévame a tomar una buena taza de café"-
Le dedico una radiante sonrisa, tomando como un placentero acuerdo las palabras de la rubia. Antes de encaminarse con ella a su lado a una cafetería. Ansiando que la noche cayera pronto.
-FIN-
Feliz por haber terminado mis dos historias mas largas, y saber que les gustaron. Les agradezco por sus reviews que dejaron y por la infinita paciencia que me tuvieron por las veces que demore tanto. Ustedes hacen que mi trabajo valga la pena.
Así que sinceramente agradezco a: Hikari S.s, espiaplan, Unubium, The Hawk Eye, Sakura-chan, vale black, motoko asakura, Xris, beautifly92, Lady-Scorpio, y lucero. Fueron mis últimos reviews, pero a todas Gracias.
Por cierto. Lady-Scorpio, me pidió un epilogo, alguna idea acerca del último comentario de Roy, seguramente. Por si alguna de ustedes comparten la misma loca idea de Lady, por favor háganmelo saber, para no demorar tanto con dicho epilogo.
-Sherrice Adjani-
