Hola.

Bueno no tengo que decir nada así que empecemos.

Astrid quien estaba enfrente de Hipo, estaba un poco confundida y a la vez nerviosa pues estaría casi siete horas con él y eso era algo incomodo.

-Bueno… ya nos vamos- dijo Astrid.

-Oh si- recordó Hipo –hasta luego señor y señora Hofferson.

-Hasta luego Hipo, cuídala bien, por favor-

-¡Mamá!-

Hipo volteo hacia la señora y sonrió a lo que respondió con un guiño y entro a su casa.

Hipo y Astrid caminaban muy calmados y ninguno hablaba lo que hacia que fuera un silencio incomodo, muy incomodo.

-Y… ¿te llamas Astrid, no?- pregunto Hipo un poco nervioso, aunque ya sabia la respuesta.

-Si y tu Hipo ¿me equivoco?-

-Exactamente, ese es mi nombre, ¡es el mejor nombre!- dijo con una cara triunfadora.

-El mejor- utilizo el sarcasmo

-¡oye!, No es tan malo-

-No, para nada- oculto su sonrisa.

-Ok, basta de bromas- dijo con una cara juguetona

-OK- sonrió

Para ellos dos se le había hecho muy raro esa pequeña conversación, después de unos minutos de silencio, Hipo decidió hablar para no estar todo el camino en silencio e iniciar una conversación.

-Y… ¿por qué te gusta ir al bosque- preguntó

-Oh, no lo se, me siento… -

-Libre, ¿no?- soltó Hipo

Astrid sonrió y asintió.

-De pequeña, no se de cinco a seis años tal vez, soñaba que de adolescente cuando estaba en el bosque encontraba a un chico con una cara muy inocente y boba que creaba trampas y jugaba con piedras… y cuando me veía…. El chico me sonreía y me decía "vamos Astrid", cuando escuchaba su voz me sentía segura y libre, nadie me podría lastimar al estar con el, lo seguía y me llevaba a un lugar donde estaba un ser mitológico, un dragón, yo en lugar de asustarme, me daba la sensación de que era mi amigo, jugábamos, platicábamos, reíamos y desde ese día espere a ese mismo chico por varios años, todos los días tenia la esperanza de ver al chico que tanto anhelaba conocer y… no se, por eso me gusta venir y esperar, entrenar con una hacha y seguir esperando, se que suena raro… pero esa es la verdad-

Hipo no tenia palabras y lo único que salió de su boca fue un –oh-

Siguieron caminando y platicando de diferentes cosas como "¿Has ido alguna vez al lago, ¡es increíble!" "una vez conocí a un chico muy molesto llamado Patán, no me acuerdo en donde", entre otras cosas.

-Ya estamos cerca-

-No puedo esperar-

Caminaron y caminaron y se encontraron con varias personas, entre ellas a

Brutacio y Brutilda del Lago, Patán de la Mina, a Heather del Mercado y a Camicazi del Cultivo, quienes curiosamente estaban el Bosque, lo que era raro ya que aparte de ellos había muchos mas chicos y chicas de la edad de Hipo y Astrid, haciendo creer que era como una conferencia de jóvenes o feria.

La mayoría de ellos conocían a Hipo y a Astrid, Hipo como el chico debilucho pero inteligente, atractivo, valiente, fiel, inocente, audaz y astuto, a Astrid como la chica hermosa y sexy, decidida, valiente, astuta, inteligente, fuerte, astuta y terca.

Muchos los consideraban como una pareja ideal a lo que los chicos se sonrojaban al escuchar esas insinuaciones, ya que ni se conocían del todo.

Resultó que habían muchos jóvenes pues era el cumpleaños de Eret, quien era también del Bosque.

Hipo y Astrid confundidos pues no sabían quien era Eret le preguntaron a diferentes personas a lo que contestaron:

-Es el chico mas guapo y valiente que conozco- suspiro incluido.

-El sueño de mi vida- por Brutilda Thorson.

Astrid evadió todo eso y se fue directo al Bosque, no le importaba si Hipo le seguía o no, ella estaba demasiado desesperada.

Hipo quien noto su ausencia, concluyó que debía estar en el Bosque, así que fue a buscarla.

Siguió los rastros de pisadas hasta dar con Astrid.

-¿Por qué no me esperaste?-

-Oh, lo siento, no podía esperar más- dijo con una cara inocente.

-No importa- se sentó en una roca.

-Ok- lanzó su hacha a un árbol y la agarró, lo hizo repetidas veces.

-Se ve que te encantan las hachas- comentó

-Obviamente- sonrió -¿Quieres intentarlo?- le ofreció el hacha.

-Oh, claro- agarró el hacha y lo lanzo a un árbol por lo que no consiguió ni siquiera clavar el hacha.

Astrid sonrió y suspiro al ver la cara de desesperación del chico ya que se veía súper tierno al parecer de ella.

Hipo notó el suspiro, lo que lo puso un poco nervioso.

-No se me va bien lo de las hachas- puso una mano en su cabeza y se rasco.

-No importa, no tienes que ser perfecto para todo-

-¿Y por qué no podías salir sola?-

-Mi pie se torció y me golpeé en la cabeza al caer en una piedra, fue hace unos tres días- lanzó su hacha.

-¿Y te sigue doliendo?-

-No mucho, pero debo tener cuidado…- agarró su hacha

-¿Quieres comer algo…?-

-Cl…aro- se atragantó

-Pues… vamos-

Caminaron hacía el centro del lugar, pues ahí era la casa de Hipo.

-Llegamos- dijo el chico al llegar a su casa

La casa era muy rústica, lo que era raro para la chica ya que su casa ya era mas moderna.

-Wow, es muy…. Rustica- sonrió -¡Me encanta!-

-Oh, que bueno que te guste-

-¿Tus padres donde están?-

-Oh, deben estar en la fiesta de ese tal Eret-

-¿Quién mas vive aquí?- pregunto Astrid

-Solo mis padres y yo- respondió nervioso.

-Y… ¿qué quieres comer?-

-Lo que sea, la comida de lugares como este me encantan-

-OK- empezó a preparar algo

-¿Tienes tele?-

-No- respondió algo triste.

-Oh, ¿puedo poner una? Y después la quito-

-¿¡Puedes poner una tele?!-

-Claro, mira- puso un cubo de 4cm2 y le oprimió un botón y con eso se empezó a armar una pantalla.

Hipo al entrar se emociono y agarro un sofá y lo puso enfrente del lugar en donde puso la televisión y le dijo a Astrid –puedes sentarte, si quieres-

Astrid al sentarse sintió una comodidad inmensa, el sofá era súper cómodo así que suspiro.

-Wow- soltó un Hipo demasiado impresionado.

Aquí termina este capitulo, espero que les hay gustado y hasta la próxima.