Miró su reloj de pulso por lo menos una décima vez golpeando repetidas veces el suelo con el pie. Sentado en su sofá individual alzó una ceja, ya se estaba haciendo tarde y aquellos hombres se rehusaban a irse tan fácilmente. Últimamente desesperaba con facilidad y eso, redundante sí, le desesperaba.
—No es que quiera que se vayan, pero ya es demasiado tarde —casi balbuceó con impaciencia levantando su penetrante mirada zafiro hacia sus "acompañantes".
— ¿Qué? Pero si apenas comenzábamos con lo interesante —sonrió ampliamente, Damien, tomando su taza de té con cuidado y sorbiendo mientras miraba con ambas cejas alzadas al médico, quien puso los ojos en blanco.
—No me interesa que tan interesante se torne la conversación, por favor, retírese, necesito descansar —miró despectivamente al pelinegro que estaba enfrente sentado junto al economista en el sofá doble. Broflovski se notaba bastante incómodo por estar ahí y Stanley se preguntaba el por qué.
—Ehh —Thorn hizo el intento de comenzar a hacer un berrinche siendo interrumpido a media labor por Kyle.
—Ya se discutió lo que se tenía planteado desde el inicio, Damien. Ya es hora de irnos —el pelirrojo se levantó acomodándose las ropas y llevó su mirada verdosa al médico como forma de disculpa. —Perdone la interrupción —una negativa apareció en los gestos del médico.
—Con usted no tengo ningún problema, Broflovski —le dedicó una brillante sonrisa y segundos después su rostro se ensombreció —Él es el único problema —con el ceño fruncido observaba al pelinegro que seguía degustando de sus aperitivos.
—Y tiene toda la razón para que lo sea —le dijo el pecoso algo ruborizado mirando de reojo al de ojos carmesí con las cejas curveadas por la molestia e incomodidad. —Damien, ya vámonos —le ordenó.
—Ya voy, ya voy —levantó las manos dejando su sitio mientras masticaba como podía la comida que se metió a la fuerza a la boca con gula. Stanley también se levantó de su asiento para encaminarlos a la puerta.
Una vez en la salida, Stanley aprovechó para acercarse por la espalda a Thorn, con su gélida mirada y rasposa voz se aclaró la garganta para pronunciar un simple:
—Ya he descubierto cómo fue que supiste todo, debo darle crédito a tus deducciones, es más, debo aclamar tus habilidades como espía.
Damien abrió desmesuradamente los ojos girándose bruscamente hacia el hombre que cerraba lentamente la puerta de la mansión. Sonrió ladinamente.
—Pero eso no me quita el poder de delatarte —susurró observando fijamente la puerta estando de pie estático frente a ésta.
— ¡Damien! —escuchó su llamado por parte del economista a sus espaldas. Se giró y se acercó con rapidez al pelirrojo que ya se encontraba dentro su vehículo.
Una vez por fin solo, procedió a masajearse las cienes con total y genuino fastidio, jamás pensó que una persona podría llegar a ser tan… tan fastidiosa en todo sentido de la palabra. Podría inclusive decirse que era más molesto que eso. Algo tenía ese Thorn que le fastidiaba por completo, su aura emanaba algo que le molestaba e incomodaba, y como no era alguien que sintiera esa clase de molestia, eso le exasperaba, pues al nunca sentir algo como eso no sabía cómo lidiarlo o controlarlo. Terminaría haciendo algo más que irracional y sería su fin.
Faltaban con exactitud cinco meses antes de la feria mundial, y según se había acordado, Damien ya había logrado conseguir a alguien que siguiera al pie de la letra sus planos elaborados con anterioridad. Y los trabajos en la deteriorada fábrica ya habían comenzado hacía unas semanas. Pero lo que le preocupaba era que Thorn, con su personalidad cambiante, llegara a hacer más de un espectáculo mostrando una y otra vez que aquel edificio lo había comprado él, el famoso médico Stanley Marsh. Si eso llegaba a pasar, estaba seguro que acabaría de una vez por todas con ese chiflado.
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Estaba ansioso, demasiado, desde que le dieron el inicio de aquel caso se había puesto a investigar como loco. Llegó a averiguar ciertas cuestiones sobre el médico, como por ejemplo su fría personalidad hacia sus compañeros de trabajo, pero que su actitud cambiaba radicalmente cuando se trataba de sus pacientes, en especial las mujeres jóvenes y los niños. Inclusive, con una investigación ya más profunda, pudo saber que el gran edifico abandonado del centro había sido comprado por él, y según las malas lenguas sería transformado en un hotel para la llegada de la feria mundial a South Park.
Garabateó algunas anotaciones mientras se encontraba en su oficina que compartía con Eric Cartman, ese hombre podría llegar a ser muy molesto y todo, pero cuando se trataba de su trabajo era bastante cruel con los delincuentes encerrándolos casi inmediatamente pues la agresión verbal se le daba bastante bien, y se informaba completamente. Podría decirse que desarrollaba su oficio muy bien, aunque algunas veces el poder llegaba a subírsele a la cabeza.
—Aw, ¿una carta para tu novio? —y como si le hubiese invocado, el castaño apareció por la puerta mirándole con burla seguido del pequeño rubio llamado Tweek Tweak.
—No seas idiota —le restó importancia continuando con sus escritos.
—Claro que es una carta para tu novio, hasta tienes ahí su foto para tener más inspiración ¿no? —el castaño se acercó hasta su escritorio tomando la foto del médico entre sus manos llenas de restos de comida, pues había salido a tomar un "refrigerio". Kenneth frunció el entrecejo y le arrebató la foto, quitándole la comida y colocándola debajo de algunos papeles.
—Ya déjate de estupideces —el rubio le miró irritado y agitó su bolígrafo para seguir con la actividad que le había sido interrumpida.
— ¿Yo? Tú eres el que se obsesionó con ese hombre, ni siquiera es tan apuesto, no entiendo como ahora se volvió uno de los viudos más codiciados del estado —Kenneth detuvo su escritura y alzó la mirada hacia el castaño que seguía de pie frente a su escritorio con los brazos cruzados y los ojos cerrados, como si estuviese pensando.
— ¿Celoso del médico? —una sonrisilla se acercó por sus labios cuando vio al castaño abrir los ojos y fruncir el ceño.
— ¿Por alguien como él? Por favor, soy mucho mejor que eso —agitó su mano en señal de superioridad incrementando la diversión en los ojos azules del rubio.
—Seguro que sí —asintió dándole la razón con un sarcasmo reconocible en sus palabras. Con una última mirada de molestia, Cartman le dejó mientras iba a su escritorio propio a revisar algunos de los casos que se le habían impuesto, al ser muy rápido en atrapar malignos era posible que realizara más de un arresto en un solo día.
El rubio dejó de escribir mientras observaba las letras sin leerlas realmente, sino embargado en sus pensamientos. Ansiaba, y mucho, el poder tratar directamente con aquel hombre de zafiro mirar. No sabía bien el por qué. Pero bien sabía que quizá era una de esas personas cortantes y distantes que se negaban a entablar conversación fácilmente con cualquiera, sólo con aquellos pocos que se habían ganado su confianza. Sabía de antemano que sería difícil acercársele pero qué más daba, no perdía nada con intentarlo. Soltó un suspiro regresando a la realidad y continuando con sus escrituras.
El pequeño rubio que archivaba había estado observando todas las actitudes que había comenzado a tomar el detective McCormick y le extrañaba de verdad pues nunca le vio de esa forma por un simple caso. Algo debía tener el médico para que el experimentado hombre se haya fijado en él de esa forma. Decía de "esa forma" pues con lo callado y poco conversador que era, Tweek tenía la habilidad de ser muy observador y notar cosas que los demás no podían por más que lo intentaran. Le preocupaba, le preocupaba de verdad que el rubio se quedara enfrascado en eso y se desviara por completo de la misión principal. Hizo una mueca desviando su vista del rubio en el escritorio volviéndose a concentrar en los documentos que llevaba en manos hasta que el repentino timbre del teléfono en su propio escritorio le hizo dejar caer varias carpetas entre temblores. Levantó con cuidado la bocina.
—Oficina "CTM[1]" ¿En qué le puedo ayudar? —con una seriedad y sobriedad poco propia en sus palabras, Tweek contestó con voz suave. Se quedó un momento en silencio mirando a la nada mientras escuchaba lo que le decían del otro lado de la línea. Los otros dos hombres le miraban extrañados por su actitud carente de temblores y titubeos mientras estaba de pie sosteniendo la bocina del comunicador contra su oreja. —Kenneth —murmuró bajando el aparato y llevando sus ojos hacia el mencionado observándole de una manera indescifrable para el detective.
— ¿Tweek? —ladeó la cabeza entrecerrando los ojos. — ¿Pasó algo? —el rubio comenzó con su típico y característico temblor, notó que batallaba para pasar la saliva. —Tweek, me estás asustando —apoyó las manos sobre el escritorio frunciendo el entrecejo.
—Kenneth, tu hermana está en el hospital —soltó por fin, algo golpeado, demasiado rápido que Cartman no entendió lo que dijo, mientras que el otro rubio se levantó agresivamente de su asiento saliendo de igual forma del edificio mientras tomaba un abrigo para cubrirse.
"Karen"
[1] Es sólo para aclarar que el nombre yace formado por las iniciales de sus apellidos,CartmanTweakMcCormick
Mil perdones que me haya llevado tanto tiempo, sigo sin terminar los exámenes, pero eme aquí. También mil perdones de que quedase tan corto, y con algunas cosas dispersas.
Kami fuera ~
