—Pero, pero ¿qué será de mí? —Respiró de manera agitada moviendo sus manos frenéticamente mientras recitaba estando frente al escritorio del hombre. Sus orbes estaban un poco más opacos denotando una extraña preocupación por quedarse repentinamente sólo.
—Como si dependieses mucho de mí —Le dijo el médico con un deje de sarcasmo levantándose de su silla portando algunos papeles en sus manos yendo a acomodarlos en un pequeño estante cercano a la puerta. Abrió una de las gavetas buscando por las marcas de las letras alfabéticamente ordenadas, hasta que dio con una en específico y pasó a colocar los papeles que antes llenó, ahí.
—No puedes simplemente irte así —remarcó girando sobre sus talones pasando con dificultad saliva por su garganta bajo la atenta mirada de un pequeño inquilino que se mantenía en silencio desde que el médico le había indicado que entrara en el consultorio. Stanley rodó los ojos mientras seguía con las manos dentro de las carpetas buscando nombres de los pacientes que posiblemente iría a revisar en su turno nocturno, si es que no llegaba el suplente de Donovan.
—No me voy así como así, ya lo dije, son asuntos que debo arreglar. No puedo dejar ir al niño solo. —Murmuró restándole importancia provocando que el otro azabache curveara las cejas y rechinara los dientes, no queriendo aceptar la respuesta otorgada.
—Sí puedes— exasperado, le dijo moviendo sus piernas en un frenesí lleno de nervios y ansiedad. Respiraba de manera errática.
—No Thorn, no puedo —Giró con brusquedad para observarle de manera severa, reafirmando su punto. —Ya escuchaste, acompañaré a Theodore a Londres sólo unos meses — Volvió su mirada hacia la gaveta y sacó una de las carpetas hojeando un poco para después cerrarla y volver a colocarla en su sitio. —Se pasarán volando —dijo de manera ininteligible sacando una carpeta elegida. Sonrió de medio lado retrocediendo mientras cerraba la gaveta. Giró nuevamente para encontrarse con el rostro tenso del hombre de mirada rojiza.
—Sí, claro, claro —abrió los brazos mientras miraba al médico pasar tranquilamente a su lado para volver a sentarse en su sitio.
—¿Por qué estás tan exasperado? Realmente no es para tanto —Alzó una ceja mirándole sin comprender el porqué de su comportamiento. Llevaba relativamente un buen tiempo de conocerlo, pero aun no sabía muy bien cómo reaccionar ante los ataques extraños que parecía tener el hombre. Desde un principio no le pareció alguien que supiese controlar sus impulsos.
—Sí lo es, Stanley, necesito que estés aquí —se apoyó en el escritorio con fuerza haciendo resonar el material debajo de sus palmas inclinándose hacia el hombre mientras doblaba los brazos. Stanley, nuevamente por sus reflejos creados, se alejó para formar una pequeña burbuja de espacio personal. Le miró arriba-abajo alzando una de sus perfectas cejas de una manera todavía más profunda.
—¿Qué clase de negocios sucios has hecho utilizando mi nombre, eh? —Dijo por fin, haciendo que el otro soltaba algo que se asemejaba a un bufido entremezclado con un jadeo. Se revolvió los cabellos con una de sus manos mientras negaba una y otra vez.
—Ningún negocio, eres mi socio, debes estar aquí —sonrió torcidamente haciendo ademanes con sus manos pareciendo cansado de discutir. Aunque el que debería de estar más que cansado tendría que ser el médico, pero únicamente le observaba analizándole. Entrecerró los ojos acomodándose mejor en su silla, tomó su bolígrafo y comenzó a escribir sobre los registros que hacía nada había sacado de la gaveta.
—La decisión ya está tomada, iré a Londres cuanto antes —escuchó el hipido molesto y el chillido amortiguado salir de la garganta del hombre mientras procedía a dejar de prestarle atención para centrarla en sus papeles que eran más importantes que aquel mozalbete.
—Señor Thorn, ¿por qué está tan molesto? —Señaló el pequeño castaño que hasta el momento, como se dijo, había estado en silencio sentado cómodamente en la pequeña silla junto al escritorio del médico. La rojiza mirada del azabache se posó en su persona y, alejándose del escritorio, se acercó al cuerpecito del muchachito quien ladeó la cabeza al notarle tan cerca y con la respiración más acelerada de lo común.
—¿Qué es lo que tramas, mocoso? —Dijo entre dientes entrecerrando los ojos. El pequeño parpadeó y se dejó soltar una pequeña risita contagiosa.
—Absolutamente nada, ¿por qué piensa eso? —Con una amplia sonrisa murmuró admirado de la mirada rojiza tornada en un color un poco más allá del carmesí. El hombre hizo señas de querer tomar al niño por el cuello de la camisa para agitarlo, pero en medio de cometer el acto fue detenido por la voz calmada del médico quien seguía sumido en sus escritos pero al perecer le había visto de reojo.
—Deja de hostigar al niño, Thorn— le dijo, y no hizo más que bufar descontento y con la ira contenida a más no poder, se sentía explotar. Se estaba destartalando por tanta furia que repentinamente le había embargado al oír la noticia de la ida del médico.
.
.
—Miren quién volvió de ver a su noviecito, ¿la pasaste bien? —Escuchó decir al regordete castaño una vez entró a la oficina, cerrando la puerta tras de sí. Gruñó y rodó los ojos mientras se quitaba su abrigo.
—¿Podrías ser más molesto? —Murmuró cansado sobándose las sienes y yendo hasta su propio escritorio, le hizo un gesto de repulsión al castaño antes de sentarse, su rostro se mantenía bastante serio, y eso, el joven Tweek lo notó, sorprendiéndose a la vez de la poca paciencia que quizá tuviese para con Eric. El castaño alzó ambas cejas por el gesto ambiguo que recibió.
—Oih, con qué genio regresaste, yo creo que—
—Eric, basta, Kenneth parece más serio de lo normal, no lo molestes —Fue cortado por el rubiecito, quien le mandaba una mirada negativa. Cartman bufó rodando los ojos y meciendo su cabeza descontento.
—Siempre defendiéndolo —se tomó una pequeñísima pausa para llevar su mirada hacia el otro rubio, que efectivamente seguía con su expresión de seriedad, como si estuviese pensando. Levantó una ceja — ¿y entonces qué pasó McCormick? —Observó cómo el mencionado fruncía los labios y guiaba sus manos hasta algunos papeles que yacían apilados en su escritorio, junto a algunos bolígrafos. Hizo ademán de hojear más no tomó papel alguno, en su lugar tamborileó sobre la pila y con la mano libre masajeaba su barbilla. Abrió los labios para dejar salir una pregunta.
—¿Les suena el apellido Thorn?
—Cómo olvidarlo— Dijo sarcástico el castaño mientras se acomodaba en su silla y colocaba sus pies sobre la madera del escritorio haciendo memoria sobre el nombre.
—Recuerdo que el jefe te felicitó por la gran hazaña que hiciste al lograr ganar el juicio— murmuró entusiasmado Tweak observándole con una leve sonrisa.
—¿Y qué con eso? —Aburrido, Cartman dejó salir comiendo casualmente un pedazo de galleta que había mantenido oculto para cuando le diese hambre.
—Pues me encontré con su hijo en el hospital —Hizo su pequeña memoria y recuerdo; únicamente apareciendo en su cabeza la mirada furibunda que el pelinegro le mandaba, claro, no era para menos, después de haber hecho que su padre fuese ejecutado, él también hubiese tenido rencor, pero aun así, las acciones del hombre no se veían justificadas, la justicia se había hecho cargo por todos los asesinatos llevados a cabo.
—Hm, ¿qué hacía esa pequeña rata ahí? Ya no tiene a ningún otro familiar más que ese primo farmacéutico —Con la boca llena de comida, sacada de quien sabe dónde, dijo muy apenas el castaño. Efectivamente, únicamente tenía como familiar a aquel que llamaban Tucker, para qué decir que varios de los asesinatos llevados a cabo por el padre no fueron más que sus propios familiares. Se había comportado de una manera demasiado fría, poco calculadora, instintiva. Había tratado de justificarse que aquello lo hacía por un bien, que era un mensaje de su señor, aunque sus pensamientos irracionales no eran más que los únicos causantes.
—Creo que tiene algún tipo de conexión o relación cercana con el doctor Marsh —soltó con una voz desconfiada, casi quebrándose en el intento de terminar la oración.
—Vaya, qué extraña coincidencia —masticó frunciendo el entrecejo por los hilos entremezclados. Entonces algo hizo clic en su cabeza. —Y entonces te pusiste celoso —más que pregunta fue una afirmación que culminó en un mirada fiera por parte de los ojos azules cristalinos.
—Jódete —masculló desviando la mirada con fastidio. Tweek no evitó reír por lo bajo mientras llenaba algunos papeles que debía de entregarle al jefe.
—Controla tus palabras, pendejo —gruñó bajando los pies del escritorio. Se sentó de manera recta en la silla, y sacudió de sus palmas los residuos de alimentos. —Bueno, basta de hablar de ti, tengo un anuncio espectacular que darles —sonrió socarronamente abriendo los brazos. Kenneth ladeó la cabeza curveando las cejas, luciendo desinteresado.
—Nada que digas tiene algo de espectacular —se dio el lujo de decir mientras negaba observando fijamente al castaño, quien entrecerró los ojos.
—Qué gracioso, me matas —sarcásticamente se defendió, pero enseguida alzó los hombros restándole importancia. —Como sea, el jefe se encuentra en Londres por un viaje de negocios, mejor dicho está a punto de ir, y casualmente hay una interesante convención allá de medicina. Quizá tu noviecito vaya, así que quiere mandarte para allá, tal vez únicamente dos semanas —Sonrió de lado mirando al rubio, quien cambió su expresión de desinterés por una de curiosidad genuina, más un pensamiento acudió a su mente haciéndolo tambalearse en su lugar como si le hubiese invadido el vértigo.
—Pero no puedo dejar a Karen —dijo abruptamente, una nueva sonrisa se mostró en el rostro del regordete, siendo más como una sonrisa maliciosa.
—Eso es lo que llegamos a acordar, es por eso que en tu lugar iré yo —alzó la barbilla ampliando su sonrisa. La garganta del rubio se sintió seca repentinamente.
—¿Qué? —logró articular.
—Tranquilo, no le haré nada a tu enamorado —agitó una mano en el aire burlonamente mientras el rubio únicamente sentía que el aire le faltaba en los pulmones.
.
.
—Realmente estás llegando a preocuparme, más bien me estás estresando, ¿puedes dejar de comportarte como un chiquillo? —dijo el azabache observando al hombre que se encontraba de brazos cruzados mirándole con el ceño fruncido.
—La respuesta es un no —Stanley entrecerró los ojos, no podía ser. Sus comportamientos simplemente no dejaban de tomarle con la guardia baja. —No te puedes ir.
—Cuánto más seguirá esto —El médico se dijo entre dientes hasta que un pequeño golpe se dejó escuchar en la puerta del consultorio. Giró un poco para llevar su mirada hacia la joven que asomaba su cabeza por el hueco que se formaba.
—Dr Marsh, llegó el Dr. Black, quien va a suplantar a Clyde en lo que se recupera —El médico dejó salir un suspiro aliviado mientras asentía ante las palabras de la joven.
—Excelente, perdona, pero ¿podrías ponerle al corriente de lo que tiene que hacer?, yo debo de irme— usó un tono amable haciendo que la joven se ruborizara notablemente. Recibió un "Por supuesto" y después la puerta se cerró con la misma suavidad con la que se abrió. Volvió a guiar su mirada hacia el azabache que nunca despegó la mirada de su persona. —Nos vamos, Theodore —le dijo al pequeño castaño sin mirarle, a lo que le muchachito se levantó de su asiento y caminó tranquilamente hasta quedar junto a la puerta. Stanley seguía con la pequeña pelea de miradas que tenía con el Thorn, hasta que éste rompió el contacto y se levantó de su silla. Salió del consultorio dando largas zancadas y fuertes pasos, resonando por todo el pasillo hasta perderse, dejando a los otros dos inquilinos mirándose confundidos. El castaño rió.
—El señor Thorn es divertido —Stanley negó frotándose el puente de la nariz. Imposible que ese hombre fuese por poco divertido, pero era bueno que al menos la inocencia del pequeño le acompañaba.
.
.
—Mira que dejarme a mí, quién se cree —masculló para sí mientras salía de las instalaciones. Toda su ansiedad había terminado por mezclarse con su rabia haciéndolo algo parecido a un manojo de nervios, y por qué no decir que tenía algunos problemas con sus emociones al momento de mostrarlas. No era algo que le preocupara, hasta ahora.
Qué haría todo el tiempo que se quedara sólo, exactamente cuántos meses se iba a ir el hombre.
No podía quedarse sin su socio por mucho tiempo. Esperaba por lo menos que el otro regresara cuando faltara nada para inaugurar el hotel. El hermoso hotel que satisfaría todo lo que quisiera.
Y para qué negarlo, de verdad le había llamado la atención el médico, desde aquella vez que fue a la farmacia, inclusive desde antes. Era un ser bastante serio, inclusive parecía no flaquear, y él admiraba eso del médico. Era poderoso, tenía presencia, y él anhelaba eso. Porque a pesar de su actitud altanera y juguetona simplemente no tenía la suficiente confianza. Era muy maldito si se lo proponía, sí, pero eso no era más que un impedimento por sus ataques diarios y extraños de su personalidad. Él sólo quería esa figura para admirar, y que se fuera sólo significaba que algo ardería, y no estaba seguro si sería él o su pequeño mundo en el que vivía.
.
.
—Theodore, ¿podrías decirme la verdadera razón por la que debo ir a Londres? Porque tú teniendo problemas en ese internado es bastante creíble —Dijo con sarcasmo alzando ambas cejas mientras miraba casi sin expresión al muchachito frente suyo. El niño rio entre dientes moviendo sus pequeños pies sobre el suelo, dejó el pequeño bocadillo, que hacía nada había tomado, en la mesita mientras se sacudía las manos para mirar con una sonrisa de oreja a oreja, al hombre de cabellera oscura.
—Me atrapaste, tío Stanley —Hizo una pequeña pausa esperando alguna reacción que le diera indicios para continuar, y cuando una de las finas cejas del hombre se arqueó, se apresuró a continuar —Fue mi madre quien me dio las instrucciones de decirte, al parecer necesita tu ayuda, y que sería en buen tiempo decirte eso pues habrá algún tipo de reunión de médicos, realmente no me lo supo explicar —Oh, sí, esa tediosa reunión que ciertamente me daría un poco más de prestigio. Recordó que había negado la invitación hacía únicamente unas semanas atrás cuando un hombre rechoncho y anciano había hecho acto de presencia en su consultorio portando con él un pequeño sobre donde venía la invitación. Declinando de ello, le devolvió el sobre sin siquiera abrirlo, estaba demasiado ocupado como para ir a una de esas reuniones estiradas.
—¿Shelly necesita mi ayuda? —Ladeó la cabeza frunciendo levemente el entrecejo, pues era extraordinario que algo como eso se suscitara. Soltó un suspiró frunciendo esta vez los labios mientras pensaba las posibles razones. Pero entonces cayó en la cuenta de algo. —Espera, ¿Shelly no estaba en América del Sur? —Preguntó recordando los detalles que el muchachito le había dicho cuando llegó. Todo eso de la estadía de su madre en américa del sur, que ella le metiera en un internado prestigioso en Londres y que por razones desconocidas le había sacado de ahí para mandarlo como último recurso con él. Observó al muchachito sonreír alzando los hombros. Llegando a una rápida conclusión, toda esa historia había sido inventada de alguna forma. Pero, ¿por qué el niño no le había dicho absolutamente nada hasta ese momento?, ¿por qué su hermana le había hecho decir todo aquello?, o mejor dicho… En qué lío se metió su hermana como para necesitar su presencia en Londres.
Fuaa, mucho tiempo desde la última actualización, lo siento de verdad, pero tuve muchos problemas cuando estaba escribiendo éste capítulo, por cuanto más lo reescribiera, menos me agradaba como quedaba hasta que por fin puse todo en orden y bueno, éste fue el resultado, hasta eso, pienso que quedó algo escueto, ah. Gracias por esperar pacientemente, lo aprecio mucho.
Nos leemos, que tengan una linda semana
Kami fuera ~
