—¡No! —se abalanzó el castaño de la misma forma de cuando estaba el médico en su casa. El azabache sólo cerró los ojos frunciendo el entrecejo, era inútil pelear.

Había ido al hospital para avisarle a Token Black acerca de su partida, y simplemente no tenía planeado encontrarse con Clyde, sinceramente pensaba que éste seguía enfermo pero tal parecía que se había repuesto sólo algunos días después de que fue a visitarlo.

—Maldita sea, Clyde, ¿puedes, por favor, evitar las escenas de éste tipo? —masculló, separándole de su persona bruscamente. El castaño hipó.

—Por favor, no te vayas —se removió, soltándose y volvió a moverse encerrando al azabache entre sus brazos y fingió sollozar.

—Suéltame —forcejeó hasta se soltó alejándolo con una mano sobre su rostro. Apretó los dientes reteniéndolo.

—Staaanley —gimió alejándose, el médico se cruzó de brazos mientras negaba mirándole reprobatoriamente.

—Clyde, estamos en pleno hospital —aclaró mientras el castaño se mecía sobre su lugar haciendo gestos disconforme.

—Por favor —insistió.

—No —lo cortó guiando su mirada hacia otra dirección encontrándose con el médico de piel oscura. Entreabrió los labios y caminó rápidamente hacia él pasando de largo al castaño que seguía chillando.

—Dr. Black —le llamó agradeciendo mentalmente el que hubiese aparecido en ese preciso momento. El mencionado se giró sorprendiéndose de encontrar a Stanley.

—Oh, Dr. Marsh —se acercó con un rostro sonriente esperando poder estrechar la mano con aquel tan reconocido médico.

—Qué alivio poder encontrarle justo ahora —sonrió ligeramente el azabache agitando con ambas manos la mano del otro. Realmente se sentía aliviado. El castaño frunció los labios y el entrecejo observando al azabache. El de piel oscura observó arriba-abajo al médico, llamando su atención que éste no portara su bata.

—¿No va a quedarse? —murmuró una vez se vio liberado del agarre por parte del azabache. Le observó negar mientras soltaba un suspiro.

—Debo ir a un viaje a Londres por algunos asuntos que debo atender —el afroamericano asintió dándole una buena razón para no quedarse por más tiempo. —No sé cuántos serán los días o meses que pase allá —el castaño dejó soltar un sollozo frustrado. —Pero necesito que por favor se haga cargo del hospital en el lapso que me encuentre ausente —Token sintió su pecho inflarse de orgullo, hacerse cargo del hospital era, sin dudas, algo muy importante porque bien sabía que era únicamente el azabache quien se encontraba a la cabeza y aquella responsabilidad la tomaría con todo gusto.

—Claro que sí, puede confiar en mí, mantendré todo en orden —dejó que su sonrisa reluciera a más no poder, y en ese momento el azabache sonrió a la fuerza, sin saber el porqué.

—Perfecto, en ese caso, creo que ya es tiempo de que me vaya —miró su pequeño reloj de bolsillo notando que faltaban sólo algunos minutos para que el ferrocarril rumbo a Nueva York, de donde viajaría en barco hacia Londres, saliera. —Si algo sucede y es necesario que me contacte, vaya donde Craig Tucker, se pondrá en contacto conmigo de inmediato y haré lo posible por arreglar cualquier problema —murmuró seriamente esperando que los dos hombres captaran las palabras, aunque por un lado no sabía qué pensar del castaño que parecía refunfuñar en su mente.

Dio un último asentimiento para después girar sobre sus talones y salir a paso firme de las instalaciones donde, a las afueras, sentado en las escaleras, el pequeño Theodore le esperaba completamente bien vestido, como siempre debería de ser. Sonrió de medio lado observando al niño, bien podría pasar como un hijo suyo. Sacudió la cabeza, acercándose para darle una palmadita sobre el hombro, llamando su atención.

—Vamos, Theodore —le sonrió al niño quien correspondió asintiendo efusivamente, levantándose de un salto del lugar.

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Llegó a la estación del ferrocarril con Theodore sosteniéndole la mano suavemente. Paseó su mirada por el lugar notando varios pares de ojos sobre sí. Obviamente iba a llamar la atención. Soltó con pesadez aire por la nariz mientras caminaba a paso tranquilo para acercarse al lugar en el cual debía ingresar una vez el transporte llegara. Observó la estructura con un rostro sereno, pensando en nada hasta que divisó algo de reojo que le llamó la atención.

Giró el rostro hacia su derecha encontrándose con una familiar cabellera rubia. Vaya sorpresa, no era ni más ni menos que Kenneth McCormick. El hombre se encontraba de pie con una pose despreocupada, curveando ligeramente la espalda y con los brazos cruzados perezosamente sobre su pecho, mirando hacia el frente de manera inexpresiva. Le observó por severos segundos hasta que vio que era suficiente así que regresó la mirada hacia ningún lugar sin cambiar su expresión serena. Sintió al pequeño moverse a su costado, bajó la mirada encontrándose con el niño moviéndose sobre sus talones mirando hacia las vías.

—¿Extrañas a tu madre? —soltó muy ligero para que únicamente el niño le escuchara. Éste alzó la mirada hacia el hombre y asintió regalándole una pequeña sonrisa. Stanley le correspondió y asintió.

—Quiero regresar para ver a Kevin también —dijo el niño sin dejar de sonreír. Stanley alzó una ceja.

—¿Kevin?

—Un amigo del internado, es algo despistado y a veces llega a desesperarme pero es bueno conmigo —el pequeñito alzó los hombros restándole importancia. El médico parpadeó sin dejar de observar al niño.

—¿Él es tu único amigo? —quiso indagar, recibiendo un asentimiento por parte de Theodore.

—Puede decirse, los demás parecen odiarme por ser sincero con ellos —y la verdad, jamás pensó que eso sería un problema para Theodore.

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Una vez llegó el ingresó en el vagón de primera clase con el pequeño Theodore por enfrente. Buscó sus asientos siendo guiado por el niño principalmente. Caminó por el largo pasillo hasta llegar donde eran sus lugares sorprendiéndose al encontrar a una persona ahí.

—Qué sorpresa —sonrió perezosamente llamando la atención de la persona que miraba aburrido hacia las afueras por la ventana. El individuo le observó algo incrédulo.

—Dr. Marsh —susurró el otro mientras veía al médico tomar asiento frente suyo seguido de un niño de cabellera castaña.

—Joven McCormick —dijo acomodando sus ropas bajo la atenta mirada cristalina del hombre de cabellos rubios.

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Se las había ingeniado, y realmente no sabía de dónde salió toda aquella confianza para afrontar al jefe. Incluso sintió algo de debilidad por su parte, lo cual se sorprendió, él siendo un hombre tan firme y correcto, parecía que flaquearía por el arranque de ira con el cual el rubio había llegado a su oficina.

Ahora estaba ahí, en un asiento de primera clase en el ferrocarril que partía rumbo a Nueva York donde debía de ir en un barco que le llevase a Londres, y ahí, debía de investigar al doctor Marsh. Suspiró posando su codo sobre el borde de la ventana para mirar a través del vidrio hacia las afueras. Pensó en su hermana y lo bien que se comportó cuando le dijo que debía dejarla algún tiempo.

No sé por qué me estás pidiendo permiso —le dijo. Kenneth miró hacia sus manos posadas sobre su regazo.

Es necesario, no puedo dejarte aquí así como así —la jovencita rodó los ojos mientras sonreía.

Sólo estás pidiendo que por favor te diga que puedes irte —el rubio la miró consternado. Ella rió. —Se nota en tu rostro, estoy segura de que no hubieras aceptado un lloriqueo de mi parte —le sonrió con ternura, a lo que Kenneth pasó saliva con dificultad por su garganta.

¿Tan obvio soy? —dijo muy apenas ganándose una carcajada por parte de su hermana.

Lo eres, mucho.

Demonios —sonrió entre dientes observando a la castaña.

Estaré bien, me atienden muy bien aquí —murmuró con un aire soñado sin dejar de sonreír. McCormick negó mientras reía suavemente.

Ya lo creo —se levantó de su asiento para acerarse a besar la frente de la joven.

Buena suerte —le dijo una vez vio al rubio saliendo por la puerta ganándose una brillante sonrisa de su parte.

Todo le parecía tan extraordinario, nunca antes había estado en algo de primera clase, realmente el jefe se había pulido.

—Cartman ha de estar tan celoso —murmuró para sí mordiéndose la lengua mientras sonreía entre dientes pensando en una y mil formas de hacerle llegar a saber al gordo aquel sus tratos de primera clase. Volvió a suspirar sin despegar la vista de la ventana.

—Qué sorpresa —escuchó una voz familiar a su costado, llevó la mirada bruscamente hacia el hombre que había hablado abriendo los ojos con incredibilidad. Oh, no puede ser. Su jefe de verdad que había investigado hasta la última cosa. Sintió la garganta seca y un calor expandirse por su pecho, como si algo catastrófico fuera a desatarse.

—Dr. Marsh —se escuchó a sí mismo distante, observando, sin querer, con ojos soñadores las acciones del azabache que se sentaba con un pequeño a su lado. Ese debía de ser su sobrino. El muchachito le observó ladeando la cabeza.

—Joven McCormick —su corazón dio un vuelco mientras le observaba halar suavemente sus mangas. Miró de reojo al niño quien no paraba de verle con esa curiosidad tan propia de los infantes. Qué nudos hacía el destino. Ese sería, sin dudas, un largo tramo de camino.

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—¿No debería encontrarse con la señorita Karen? —se aventuró a preguntar ladeando suavemente la cabeza. El rubio abrió y cerró los labios repetidamente sin saber qué responder hasta que por fin las palabras se dignaron a salir de entre sus labios.

—Eh, n-no, debo ir a un viaje de negocios —bajó por milésimas de segundo la mirada inhalando aire con fuerza, volvió la mirada hacia el médico que le miraba de manera penetrante. El azabache parpadeó y las comisuras de sus labios se curvearon.

—Oh, qué coincidencia —sonrió de manera misteriosa, y eso únicamente hacía temblar al rubio, podía sentir la frialdad en el zafiro de sus ojos. Es como si él lo supiera absolutamente todo. Pasó saliva con dificultad sintiendo repentinamente intimidado por el aura que parecía rodear al médico. Se hundió discretamente en el asiento posando su mirada en la ventana.

—¿Tiene asuntos pesados que atender en Nueva York? —preguntó sin despegar la vista de la ventana por miedo a encontrarse con la afilada mirada del médico. Escuchó una ligera y armoniosa risa escapar del azabache. Tan encantador.

—Podría decirse —contestó con simpleza. Alejó la mirada de la ventana para observarle, más éste se encontraba entretenido con el paisaje. Parecía resplandecer por la luz que se colaba. Frunció los labios y guio la mirada hacia el pequeño junto al médico, quien le miraba con una pequeña sonrisilla bobalicona. Alzó una ceja y el chiquillo rio girando un poco su rostro examinando el lugar. Kenneth frunció el entrecejo, sintiéndose desorientado.

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El traqueteo le hizo despertar, parpadeó repetidas veces tallándose suavemente los ojos con los dedos. Logró acoplar la vista mirando a su alrededor. Todavía seguía en el vagón. Soltó un suspiro y se incorporó en su asiento, masajeándose suavemente el cuello. Miró hacia el frente encontrándose con el médico todavía despierto y la mirada fija en las afueras; el pequeño niño se encontraba recostado sobre el hombre azabache con los ojos fuertemente cerrados y la boquita entreabierta dejando salir leves ronquidos. No pudo evitar sonreír por la imagen.

Sintió el ferrocarril detener su velocidad, al parecer ya habían llegado a su destino. Se mordió los labios no sabiendo si debía levantarse o esperar a que el médico se fuera. Observó al otro mover suavemente al castaño para despertarlo, el pequeño gruñó tallándose los ojos con el dorso de la mano.

Por fin, el transporte se detuvo, y sintió la necesidad de huir rápidamente de ahí. Se aclaró la garganta levantándose bruscamente del asiento llamando la atención del médico.

—Que tenga un buen día —dijo en un balbuceo con una sonrisa nerviosa, moviéndose con rapidez para intentar salir e ir por sus cosas.

Con la maleta en mano dio unas cuantas zancadas para salir de la estación en busca del automóvil que le llevaría hasta el puerto.

—Definitivamente, debo evitar encontrármelo en el barco —se dijo moviendo la suela de su zapato contra el concreto de la calle y buscando con la mirada alguna señal de la aparición de su transporte.


Madre, tardé como dos años en actualizar, aunque, por una parte fueron algunas complicaciones y otras fue que tenía los ánimos hasta el piso, pero ya me recuperé y vengo con ésta actualización bonita chiquita; la próxima semana tengo los cuatro exámenes más fuertes así que no creo actualizar. Pero lo bueno es que después de la catástrofe viene la paz de las dos semanas de vacaciones así que tal vez tenga un poco más de tiempo.

Bueno, gracias por su tiempo ~

Nos leemos.

Kami fuera ~