Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.

***Hermosas, no tardé mucho, así que aquí está, el octavo capítulo y espero que les agrade mucho, tal vez vamos un poquito lento, pero así debe ser, con las actualizaciones (que espero sean más constantes) ya no se sentirá tanto, así que tengan paciencia, estoy a menos de un mes de terminar mi semestre y estoy muy emocionada de tener una historia en proceso a la cual dedicarme.

Sus comentarios son lo único que me mantiene en este lugar, sus alertas que me hacen saber que me leen a pesar de la espera y sus favoritos que me hacen saber que les gusta mi manera de escribir y todas las locas ideas que tengo en mi cabeza.

Las amo por eso y mucho más las amo con todo el corazón, infinitamente, pase lo que pase siempre, siempre las tendré a ustedes.

Besos infinitos. An-***


Capítulo ocho: Pregunta-respuesta.

— ¿Y qué pasó? —Cuestionó Rosalie.

Ella, Emily y Bella se encontraban tomando una caliente taza de café minutos antes de comenzar su turno en la cafetería.

—No pasó nada, Rose—Bella ya no sabía cómo saciar la curiosidad de su amiga, para el colmo de males Emily parecía tan entusiasmada como la rubia chica a saber todo lo que pudiera sobre Edward.

— ¿Entonces por qué tardaste tanto en regresar a tu casa? —volvió al ataque su astuta amiga.

— ¿Cómo demonios sabes que no llegué a mi casa? —Bella a veces se sorprendía de Rosalie.

—Tu madre—fue la simple respuesta. Por supuesto, Renee la había llamado como loca al saber, gracias a Rose, que había conocido a un chico, con lo cual quería saberlo absolutamente todo.

—Lo llevé a la cabaña donde vive y estuvimos conversando, eso es todo. —Bella reprimió el suspiro que sabía llegaría, la noche anterior había sido simplemente maravillosa.

Habían llegado a la cabaña justo después del show, y aunque Isabella pensaba en irse inmediatamente, simplemente no pudo. Edward no paraba de hacer preguntas sobre sus amigos, sobre sus padres, su vida, y con cada detalle que daba él parecía más y más interesado. Ella nunca creyó que alguien pudiera demostrar un deslumbramiento ante su vida tan común y sencilla.

— ¿Al menos supiste algo de él? —reprendió Rose, ella se imaginaba toda una noche llena de pasión entre esos dos, justo como las que ella y Emmett compartían, pero no todo el mundo podía tener su suerte.

—Muchas cosas—afirmó la castaña, sabiendo que tenía que sacar toda la información. —Tiene veintiocho. Estudió música en Nueva York por unos años pero nunca terminó, sus padres viven allá y casi nunca los ve, al parecer ellos querían que estudiara para que formara su propia compañía pero él se empecinó en estudiar música.

Un suspiró general por parte de las chicas interrumpió el relato de Bella, al parecer había encontrado a un chico rebelde y decidido, justo lo que les encantaba.

—Dejó Nueva York y comenzó a trabajar aquí y allá, llegó hasta aquí por recomendación de una amiga suya, me dijo que buscaba un lugar tranquilo donde encontrarse a sí mismo y establecerse. —Emily y Rose casi gritaban de la emoción al saber las intenciones de quedarse en Forks por un largo tiempo.

Bella reía ante la obvia emoción de sus amigas, aunque no se engañaba a sí misma, comenzaba a sentir algo por aquel muchacho misterioso y un tanto tímido, el que buscara quedarse en Forks la emocionaba más de lo que podía admitir incluso a sí misma, pero aún era muy pronto, no lo conocía bien, necesitaba tiempo, sólo el suficiente para saber que podía confiar en él y dejarse caer a sus brazos, justo como presentía que sucedería.

— ¿Y vendrá esta noche al bar? —preguntó Emily, después de imaginarse la hermosa boda que celebrarían algún día.

—Sí, creo que sí—el sonrojo en el rostro de Bella no pasó desapercibido por ninguna de las dos, con lo cual comenzaron a molestarla una vez más.

Y así fue el resto de la tarde, Bella ya no sabía cómo sentirse respecto a ello, todo había sucedido tan de repente que aquel temor que había desarrollado a la incertidumbre, desde que su padre había fallecido, junto con los sentimientos que Edward le provocaba, comenzaban a presionarla cada vez más.

¿Que quieres que haga qué? —El desconcierto de Angela era notorio y comprensivo, pensó Edward, lo que le estaba pidiendo era una locura.

—Ayúdame a desaparecer, Angie, necesito borrarme de la faz de la tierra por un tiempo—repitió el cobrizo, esperando que su secretaria y más cercana amiga accediera a sus peticiones.

Eres el presidente de una de las compañías transnacionales más importantes del país, no puedes desaparecer, Jasper y tu padre comienzan a tener más y más trabajo cada día, Edward—Angela tenía razón en cada palabra que decía, pero, ¿qué hacer?

Solamente una noche, una noche con Isabella Swan, hablando de su vida, de su familia, de cosas simples y normales como pasear por el bosque, jugar con sus amigos bajo la lluvia, conducir entre la nieve, cantar, pintar, ser uno mismo. Él quería esa vida, algo tranquilo y simple, quería…estar con ella, verla sonreír y sonrojarse, quería que le sudaran las manos cada vez que estaba a su lado y oler su perfume de flores. Por eso mismo le había mentido, y no sabía cómo sentirse al respecto.

Una parte de él detestaba estarle mintiendo, pero la otra, mucho más poderosa, sabía que el verdadero Edward Cullen jamás podría siquiera estar a diez metros de distancia de ella. Isabella despreciaba todo lo que una vida como la de él implicaba, la noche anterior le había quedado bastante claro después de que le contara del último incidente con la chica Mallory y sus amigos. A pesar de que él no era tan parecido a ellos, podía reconocer ciertas actitudes que había tenido desde su infancia; el egoísmo, el cinismo, la malicia, todo porque el dinero que su familia ostentaba le daba un poder que sobrepasaba los límites que personas como Bella, Rosalie, Emmett o los demás habían tenido que vivir.

—Sólo será por un tiempo, Angie, necesito hacer algo aquí y no puedo hacerlo si tengo a mi familia y a la compañía detrás de mí—le estaba rogando, no tenía más opción.

Después de cinco largos minutos, Angela sólo pudo suspirar a modo de rendición, él era su jefe, podía simplemente ordenarle que hiciera lo que le estaba pidiendo, pero le estaba rogando que le hiciera un favor como una amiga, así que no tenía más opción que aceptar.

Tu familia me va a despedir y después Alice me matará cuando se enteren—aceptó la muchacha, no queriendo llegar a ese momento.

—Tranquila, Angie, todo estará bien, si pudiera te besaría en este momento—la muchacha bufó y provocó la risa de Edward, el primer paso de su plan estaba listo.

Cuando terminó de arreglar todos los detalles con su secretaria y esperando que su familia no se lo tomara muy personal, pasó a la siguiente parte de su plan.

—Señor Cullen, qué gusto verlo—el señor Mallory era un tipo robusto, desagradable y con maneras demasiado exageradas, la clase de persona con la que Edward se había visto tratando en más de una ocasión sin dificultad, pero después de unos días con Isabella no podía verlo más que con ojos de desagrado, no la imaginaba a ella siquiera cerca de un tipo como aquel.

—Señor Mallory, iré justo al grano. —Comenzó, preparándose mentalmente para la última ocasión en que utilizaría aquel tono empresarial con alguien. —Tanto usted como yo sabemos que mantener un lugar como este en condiciones es una gran fuga de dinero, los pocos huéspedes que pueda llegar a tener no pagarán lo que yo estoy accediendo a pagar ni en lo más mínimo si se deteriora un poco más, además de que Forks no es un lugar pertinente para un hotel.

— ¿A qué quiere llegar, señor Cullen? —el señor Mallory podía oler el dinero que podría llegar a sacarle a semejante niñito, y eso sólo le dio más repugnancia a Edward.

—Le daré diez veces lo que vale una propiedad como esta—la reacción del hombre casi hace reír a Edward, casi—pero con una condición.

—Usted dirá, señor Cullen—el pobre hombre se encontraba sudando, extasiado con la idea de poder deshacerse del problema que representaba la cabaña y con tan favorables resultados.

—No puede decirle absolutamente a nadie quién ha adquirido la propiedad, ni siquiera puede decir que me conoce ni quién soy—el hombre asentía sin apenas escuchar—. Y usted y su familia deben marcharse de Forks inmediatamente.

Aquello le llamó la atención, Forks era el único lugar que había conocido jamás, la tumba de su padre estaba ahí, pero ya era muy viejo para seguir pensando en eso, su esposa no diría que no y su princesa estaría más que contenta de marcharse de aquel infernal lugar, a pesar de que eso significaría que sus planes de casarse con el empresario se fueran abajo.

—Trato hecho, señor Cullen—Edward apenas tomó la mano del hombre y lo despidió rápidamente.

—Un último favor, señor Mallory, necesito un chofer que me lleve hasta Seattle, sólo por hoy—el hombre no creyó conocer a un tipo más extraño que aquel, pero poco le importaba, su princesa no se casaría con él y le estaría dando una fortuna, así que sólo asintió.

La segunda parte estaba lista, lo último que tenía que hacer era mucho más simple pero no podría hacerlo hasta que el chofer estuviera afuera de su puerta, así que se dispuso a esconder toda la ropa que llevaba en ese momento en lo más hondo del armario, tomó todos los retratos y las decoraciones que gritaban Mallory por todas partes y todo lo guardó en una caja, se la entregaría al chofer y las devolvería.

Una hora después el auto se detenía en frente de su puerta, entregó la caja y dio instrucciones al conductor, se dirigieron a Seattle con el propósito de regresar esa misma noche.

Tardó unas ocho horas en arreglarlo todo, su ropa, comida para el lugar, sus nuevas cuentas bancarias, un teléfono celular y un auto mucho más modesto que el viejo Volvo, pero sin duda mucho mejor, despidió al hombre y regresó a Forks con todas sus pertenencias nuevas.

Una vez en la cabaña, sólo tuvo tiempo de cambiarse y salir corriendo hacia el bar, donde ya estaba todo lleno, por lo que se vio en la necesidad de entrar por la parte de atrás, donde una sonriente Emily lo recibió.

— ¿Noche ocupada? —cuestionó divertida, él sólo asintió y entró en el momento que comenzaba una nueva canción, supuso que la habían ensayado esa misma noche, pues no la había escuchado anteriormente.

Su mirada y la de Bella se conectaron inmediatamente y todo lo demás desapareció. Su vida había cambiado ahora por completo, no le mentiría más a Bella, se dedicaría a ser él mismo y estar junto a ella.

Are we out of the Woods? —cantaba la castaña, sintiéndose mucho más segura de su actuación en esos momentos.

No entendía cómo había pasado, por qué había sido tan rápido, si era lo correcto, pero una sonrisa deslumbrante de Edward y no tuvo más preguntas, ni dudas. Sí, se había enamorado de él, lo conocía tan poco y al mismo tiempo sentía que no lo necesitaba, lo que sea que estuviera pasando en su cabeza y en su corazón no podía ser falso, sólo le bastaba con verlo y lo sabía. Se había enamorado de Edward.

When the sun came up, you were looking at me, you were looking at me—cantó, sin despegar su mirada de la de él.

Edward correspondió a su vez, sintiendo cómo algo dentro suyo comenzaba a formarse hasta que explotó. En su interior se sintió más vivo que nunca, en el lugar al que pertenecía, donde debía estar en ese momento y para siempre, no había lógica ni sentido alguno, sólo amor.

Se había enamorado de Isabella.


La canción de este capítulo es Out of the woods de Taylor Swift (bastante obvio).

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