Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
N/A: Mis queridas, un nuevo capítulo, ¿cómo ven la historia hasta ahora?
Todos sus comentarios, favoritos y alertas las tomo siempre en cuenta y me alientan para continuar. Iremos un poco lento, lo sé, pero es seguro, ¿no les parece?
Estaré escribiendo el próximo capítulo esta semana y lo publicaré en las próximas. Miles de besos, las adoro. An.
Capítulo diez: Besos y dulces.
— ¿Es en serio? —Bella apenas podía creer lo que Rosalie, su mejor amiga, su hermana del alma, le decía.
—Sí, sí Bella—Rose estaba emocionada hasta las lágrimas, llevaba días sospechando, pero la tirita rosa de las cinco pruebas que se había hecho esa mañana se lo confirmaba— ¡Estoy embarazada!
Las chicas se abrazaron como la primera vez que se habían contado sus respectivas historias y supieron que serían amigas para siempre.
— ¿Ya le dijiste a Emmett? —la rubia asintió y se limpió las lágrimas que cubrían su rostro.
—Está como loco, quiere casarse inmediatamente, quiere comprar una casa, está buscando nombres para bebé—las chicas rieron por el entusiasmo del joven, ambas sabían que él amaba más que a nada a Rose y sólo quería formar una familia con ella, quizás era más pronto de lo que imaginaban, pero por algo se empezaba.
—Estoy tan feliz por ustedes, Rose—las chicas se volvieron a abrazar y siguieron comentando al respecto, primero que nada debían ir al médico para tomar los cuidados pertinentes y después irían pensando lo demás.
—Les daremos la noticia a los demás en la fiesta de Sam, ¿Edward vendrá contigo? —las amigas comenzaron a hacer el desayuno, una tradición de cada fin de semana, las mascotas de Bella se encontraban jugueteando en el lugar como siempre mientras esperaban a Carter y Emmett.
—No le he dicho nada, pero no creo que diga que no—el sonrojo de Bella fue inevitable, su beso se seguía repitiendo una y otra vez en su cabeza.
—Van en serio, ¿no es así? —Isabella no supo qué decir, simplemente no sabía cómo definir lo que tenía con Edward, era único y especial.
—Chicas, hemos llegado—Anunció Carter, mientras Emmett llevaba sujeto por el cuello a Edward, para sorpresa de las chicas.
—Encontramos a este gato callejero tratando de entrar a tu apartamento, Bells—se burló Emmett, mientras jugueteaba con el cabello del joven, quien no sabía qué hacer—En serio, ¿esto es natural?
Carter y Rose rieron muy a su pesar, era cierto que el chico tenía un cabello extraño.
—Lo siento, Edward, debí decirte que los fines de semana los pasamos en casa de los chicos—se disculpó la castaña, quien iba al rescate de su…lo que fuera Edward de ella.
—Está bien, podemos hacer algo más tarde, estaré en la cabaña—sonrió el chico, sólo quería verla un momento. Nunca había estado en el apartamento de Bella, no al menos dentro de él, así que sólo quería pasar más tiempo con ella, en su mundo.
—Menuda tontería—bufó Rose—Ya estás aquí, debes quedarte. —No había sido una petición ni una sugerencia, observó el cobrizo.
—Ya la escuchaste, ahora mueve ese trasero flacucho y ayúdanos a encender el asador, nos toma todo el día en este limbo húmedo—maldijo Emmett, mientras Carter y Rose preparaban todo lo demás y Bella se iba a atender a sus mascotas, no sin antes recibir un beso fugaz del joven.
—Bells, hubieras podido al menos conseguir un novio que supiera encender un asador—regresó Emmett, media hora después de intentos fallidos, rogando porque Rosalie le ayudara.
—Ni tú ni Carter saben encender un asador tampoco, si no fuera por Rose seríamos vegetarianos hace años, así que deja a mi novio en paz, Emmett—el chico bufó mientras su novia reía y se dirigía a salvar la comida.
—Gracias—susurró el joven, acomodándose en el sofá junto a su novia y besando a la chica nuevamente. —Tengo una novia muy valiente. —El sonrojo no se hizo esperar.
— ¡Muxu, no! —gritó Carter, mientras el enorme animal se soltaba de su correa y salía corriendo rumbo a su dueña.
Edward se encontró frente a un perro enorme que lo miraba indeciso entre si era una amenaza o un amigo, se decidió por fin que el cabello del muchacho parecía demasiado el de un gato, por lo que debía ir tras de él.
—No, Muxu, no—usando todas sus fuerzas, las de Carter, luego la de Emmett y Rose, finalmente el perrito se calmó, dándole un susto de muerte a Edward. —Lo siento mucho.
—No te preocupes, ahora entiendo porque siempre me pedías que aguardara afuera—rió el joven, jamás se había sentido tan divertido, nunca había tenido una mascota, pero estaba dispuesto a convertir a ese perrucho brabucón en completamente suyo.
—Eres afortunado, Carter y yo casi quedamos castrados por ese animalito—se rió Emmett.
Carter no pudo reír mucho, siete puntadas en su mano y casi estéril, no tenía un muy agradable recuerdo de su primer encuentro con su perruno amigo, pero después de una olfateada y una galleta de perro, se convertía en su mejor amigo. La tortuga era un poco mejor, pero no tanto.
—Los "bebés" de Bella, son especiales, suerte con ellos—se burló Carter, sacando a Muxu a la pequeña terraza donde pasaba los fines de semana.
Después de aquello no hubo mucho más, charlaron, comieron y se relajaron, la tarde pasó tranquilamente. Cada día era mucho más frío y el otoño corría rápidamente hacia el invierno, con lo cual traería la navidad y con ello acabarían las parrilladas de los amigos, pero vendrían las fiestas, comenzando con el cumpleaños de Sam, la próxima semana.
Cuando la noche estuvo cerrada, los chicos comenzaron a irse, empezando por Carter. Desde hacía un tiempo Bella lo notaba extraño y quería hablar con su mejor amigo, saber qué estaba ocurriendo.
—Cart, ¿mañana a las nueve? —cuestionó la chica, justo antes de que su amigo subiera a su auto.
—No creí que lo recordaras—respondió, con una sonrisa medio afectada.
—Jamás me olvidaría de nuestro día—el chico asintió y chocó su palma con Bella sólo como ellos dos sabían, le dio un beso en la frente y se subió a su auto—Mañana a las nueve. —aseguró antes de salir rumbo a su hogar.
Edward no pudo evitar sentir cierto dolor en el estomago al ver el intercambio entre Carter y Bella, el chico seguía preocupándole. Era obvio que su amistad era especial y el que él siguiera viéndolo con ese aire de recelo no le daba ninguna tranquilidad.
— ¿Lista para irnos? —preguntó cuidando de que su semblante no demostrara ningún signo de molestia, sobretodo porque durante toda la tarde no se habían despegado el uno del otro en ningún momento, por lo que no debía sentir ningún tipo de celos, sin embargo era más fácil decirlo que hacerlo.
—Sólo me despediré de los chicos y estaré lista—él asintió mientras ella pasaba a su lado y besaba su mandíbula rápidamente, que era hasta donde podía llegar.
Él se quedó contemplando un momento la casa de los amigos de Bella, que para ese punto ya podían ser suyos también. Era mediana, de color ladrillo con tejas, se veía acogedora y llena de vida, a pesar del lugar. Sería perfecto para criar a su bebé, Emmett simplemente no había podido aguantar las ganas de decirles a Carter y a él sobre el embarazo, pero les había hecho prometer que no dirían nada.
Se despidió de los chicos también y salió de su casa con Bella de su mano. Muxu dormía tranquilamente en el asiento de la camioneta de Bella y su tortuga reposaba en su pecera atenta a lo que ocurría con su dueña.
—Estaba pensando…—Edward no sabía cómo decir aquello. Había estado con decenas de mujeres pero ninguna que se pudiera comparar a Bella claro estaba, quizás por esa misma razón le costaba tanto trabajo.
Bella no podía estar más enamorada de él, le parecía encantadora la manera en la que se ponía nervioso cuando se trataba de ella, cómo intentaba integrarse a sus amigos, incluso cómo había jugado con sus mascotas, todo porque sabía lo importante que era para ella.
— ¿Te gustaría venir a mi casa? —Los ojos y las palabras dulces de Bella lo dejaron helado, así que sólo pudo asentir, con lo que provocó nuevamente la risa de la chica.
Se subieron cada quien a su auto, Edward siguió a la chica todo el camino hasta su casa muy de cerca.
No le sorprendió en absoluto ver el pequeño apartamento que era su hogar, ya lo amaba, como todo lo que tenía que ver con Bella.
El interior era igualmente reducido, pero todo estaba en orden, limpió y olía a manzana por todas partes. Edward ayudó a bajar al enorme perro quien sólo lamió la cara del cobrizo y permitió que lo llevara hasta la pequeña cama que había en la sala. Bella se ocupó de su tortuga y comenzó a calentar agua para té.
Repentinamente la chica no se sentía tan segura como minutos atrás. Era la primera vez que había un hombre ahí—además de Carter y Emmett, por supuesto—y no sabía qué podría pensar, mas la sonrisa siempre deslumbrante del cobrizo le hizo saber que le encantaba.
Había fotos por todas partes, los sillones eran de un café muy claro, las paredes de un arena cálido, había un enorme cuadro de la península Olimpic, en un rincón una guitarra que ya había visto antes y un piano pequeño.
—No sabía que tocabas el piano—Bella sólo asintió, pendiente de cada gesto que hacía Edward al observar su apartamento. Comía nerviosa un pedazo de pan con mantequilla y esperaba.
El joven tocó la primera tecla y se sorprendió por lo familiarizado que se sintió con el sonido, no se parecía al sonido que hacía su piano de cola de veinte mil dólares que nadie usaba, sino como algo que tenía alma, que había obtenido la vida de la persona que lo tocaba constantemente.
—Aprendí a los ocho por insistencia de mi padre, pero nunca fui demasiado buena, me gustaba más la guitarra—Era la primera vez que Bella hablaba de su padre. Edward resguardó ese dato celosamente en su mente, no quería presionarla en ningún sentido, pero definitivamente quería saber qué había sucedido. — ¿Té?
Él asintió y ayudó a servir. Era una infusión dulce, nunca la había probado pero la diferencia con su té francés importado era notable, todo lo era. Todo era mejor, más vivo, más dulce, más de Bella.
Hablaron de todo y de nada, de flores, de colores para los muebles. Pasaron cerca de cinco horas sólo viéndose a los ojos el uno al otro y riendo. El cansancio fue mermando más y más en Bella hasta que casi no podía mantener los ojos abiertos, estaba recostada en el pecho de Edward y sentía su corazón latir relajado y fuerte contra su oído, él acariciaba su cabello despistadamente mientras luchaba contra el cansancio.
—Edward—llamó la muchacha, más dormida que despierta, él respondió apenas también— ¿Vendrás conmigo a la fiesta de Sam la próxima semana?
—Me encantaría—ambos chicos se asombraron de que pudieran formular y responder a la pregunta respectivamente.
—Edward, creo que me estoy enamorando perdidamente de ti—las palabras de Bella despertaron abruptamente a Edward, ella ya dormía con una sonrisa en su rostro y se apegaba más a su pecho, en el cual su corazón golpeaba fuertemente.
—Te amo tanto, Bella—el cobrizo besó su frente y la llevó en brazos hasta su habitación, quiso deshacerse de su abrazo y salir rumbo a su cabaña, pero simplemente no hubo modo, Bella se mantenía aferrada a él fuertemente, así que se recostó a su lado aferrándola igualmente y cayó en la dulce inconsciencia.
