Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.

N/A: Hola, hermosas, sé que últimamente muchas lectoras se han ido de FF por muchas razones así que hoy solo quiero hacerles saber que agradezco de todo corazón que sigan aquí, que me lean y que dejen sus hermosos comentarios, que me apoyen y les gusten mis historias, no tengo con qué pagarles más que continuando con esto. ¡Mil gracias!

Ya sé que quizás sea un poco apresurado todo esto para ustedes pero ya verán, en cuanto pueda continuar escribiendo iré subiendo los capítulos y espero que les sigan gustando.

¡Las amo, An-!


Cap.11 Aguafiestas.

Sam resoplaba y apretaba fuertemente el periódico entre sus manos imaginando que era el cuello de Edward. ¿Cómo se había atrevido? Todos ahí lo habían recibido con los brazos abiertos, le habían dado su confianza, su esposa lo había prácticamente adoptado, todo para que resultara una farsa. Había tenido razón sobre él todo el tiempo.

—Sam, mi amor, ¿estás listo? Todos ya están aquí—el rostro sonriente de su esposa lo hizo reaccionar y ocultó el periódico rápidamente.

—Bajaré en un minuto—Emily asintió y besó su mejilla largamente, haciendo que el enojo se calmara y aumentara de un minuto a otro.

—No tardes, mi viejito—sonrió la mujer y salió de la habitación.

Ese bastardo había abusado de la confianza de su esposa, de sus amigos…de Bella.

En el jardín de la casa, amigos y familiares se reunían para celebrar el trigésimo tercer cumpleaños de Sam.

Edward y Bella saludaban a Jacob y su esposa Leah. Jake era primo de Sam y había sido amigo de Bella desde los seis, por lo que le sorprendía encontrarla del brazo de aquel fuereño, pero temía lo que la chica le pudiera decir. Todos sabían que Bella Swan era la persona más armoniosa del mundo pero podía llegar a cortarte el cuello si se le provocaba.

—Bella, en un momento daremos el anunció—susurró Rosalie en su oído, saludando rápidamente a Jacob y Leah.

Bella asintió, se abrazó a Edward y ambos se dirigieron rumbo al pequeño escenario donde sus amigos estaban. Sam y Emily estaban ahí frente a un enorme pastel que Leah había horneado, Emmett y Rose se abrazaban y sonreían, sobre todo Emmett, quien se moría de ganas de contarle a todo el mundo, a pesar de que casi todos sus amigos ya sabían sobre su embarazo.

—Muy bien, chicos, antes de cortar el pastel y cantar la canción especial de los cumpleaños—anunció Emily, riendo por saber lo que vendría—Emmett y Rose darán un anuncio muy especial.

— ¡Vamos a casarnos! —gritó rápidamente Rosalie, sorprendiendo a todos pues esperaban la confirmación de su embarazo, no el de su boda. La rubia conocía lo suficiente a Emmett como para suponer que todo el mundo sabía del embarazo pero no de su boda, así que de una u otra forma debía sorprenderlos. —Y estoy embarazada.

Todo el mundo aplaudió y abrazó a la pareja mientras preparaban el escenario y el pastel para los demás.

—Eso fue extraño—susurró Edward a Bella, divertido por la situación.

—Espera a ver lo que viene—sonrió ella, subiendo al escenario y evitando estratégicamente a Carter.

A pesar de haber pasado su día en Port Angeles en la tienda de música para buscar nuevas canciones para la banda, nada había sido lo mismo, Bella no sabía qué sucedía entre ella y su mejor amigo, pero justo cuando Edward había pasado por ella todo se había ido por el caño, Carter se había ido sin despedirse y dejando a la chica con demasiadas preguntas y un pequeño dolor en su corazón que ni siquiera los constantes cariños de Edward pudo sanar por completo.

—Como todos los años, esta es para Sam—anunció Emily, haciendo gritar a todos los concurrentes. Rosalie, Bella y ella se situaron en el medio del escenario y la canción comenzó a sonar.

"Super Trouper beams are gonna light me, but I won't feel blue, like I always do" Cantaron a coro last res chicas. "'Cause somewhere in the crowd there's you" Cantó Emily, señalado a Sam y provocando los aplausos nuevamente.

Edward apenas podía creer lo que veía y lo que escuchaba, las chicas cantaban y bailaban una graciosa coreografía y cada coro señalaban a Sam.

Bella se sentía flotar de felicidad, incluso si su mejor amigo no hablaba con ella, tenía a su hermana pronta a casarse con un bebé en camino, su trabajo, su próxima pintura casi a terminar, sus amigos, Edward, él había llegado a su vida con todo un mundo nuevo de posibilidades y quería explorarlas todas, nunca había sido tan feliz como en ese momento.

Edward lo supo en ese momento, quizás lo supo desde que la vio cantando y lo sabía ahora que terminaba su canción y lo apuntaba con aquella sonrisa traviesa que solo ella podía hacer, y que él amaba. Él amaba a Bella, con todo su ser, estaba ahí haciendo brillar su vida como nunca nadie podía haberlo hecho. No importaba que hubiera estado casi dos meses lejos de su familia y de su empresa y de todo lo que había conocido, no podía sentirse más en casa que en ese momento.

Después de la canción y de la insana cantidad de dulces, chocolates y pastel que tuvieron, comenzaron a cantar y hablar de cosas al azar. Bella y Edward se mantenían al margen, cada cierto tiempo acariciándose disimuladamente, besándose brevemente y riendo de sus propias historias. El joven no podía sentirse más a gusto, a pesar de no conocer bien a esas personas, no podía recordar un momento en su familia en el que no hablaran de negocios o el último escándalo de las amigas de su madre, todo ahí era tan diferente, que no podía sentirse mejor.

—Bella, ven, acompáñame un momento—la chica no dudó un segundo en tomar la mano del joven y alejarse de sus amigos hacia dentro de la casa. Rosalie, Emily y Leah sonrieron entre sí al ver a la pareja escabullirse, cosa que no agradó para nada a Sam, Carter y Jacob.

—He estado pensando—comenzó el cobrizo, nervioso como nunca antes en su vida.

— ¿Eso debería ser bueno? —bromeó Bella, sintiendo los nervios creciendo poco a poco en su estomago.

—Cásate conmigo—las palabras salieron rápidamente de la boca del joven, sin apenas pensarlo.

Bella se quedó estupefacta, sentía su mandíbula suelta y sus pulmones sin aire.

Llevaban dos meses juntos, los dos meses más maravillosos de su vida podría decir, y ahora él le estaba pidiendo que fuera así para siempre. ¿Podría ella hacerlo? ¿Simplemente arrojarse hacia sus brazos y pertenecer a ellos por siempre?

—Sí—susurró Bella, respondiendo a la pregunta de Edward a la suya.

El joven cobrizo no podía creer su suerte, de entre todas las personas aquel ángel lo había elegido a él. Sin poder contener su emoción, la levantó en sus brazos y la besó con toda la intensidad de su alma. Bella se aferró a su cuello entregando su corazón en ese beso, sellando desde ese momento su amor.

—Vamos a casarnos—rió ella, besando todo el rostro del joven.

—Vamos a casarnos—afirmó él, sintiendo su cuerpo flotar. —Mañana mismo, mañana nos casaremos.

Sam y Rosalie veían la imagen dentro de la casa por la pequeña ventana que daba al jardín, la pareja riendo y girando alrededor de la sala. Mientras que el primero fruncía severamente el ceño, Rosalie lloraba para sus adentros, no había visto a Isabella tan feliz desde la muerte de Charlie, él definitivamente estaría orgulloso de que su hija por fin hubiera encontrado a su pareja ideal.

—Sam, cariño, ¿podrías dejar de fruncir el ceño por un segundo? —pidió Emily, siendo consciente de que su esposo no había dejado el aspecto malhumorado a pesar de todas las sorpresas y sus amigos ahí—Ya tienes bastantes arrugas en tu rostro, amor.

Sam no rió incluso después de la broma de su esposa, quien era la única capaz de sacarlo de cualquier estado de ánimo.

—Ya regreso.

—Sam, por favor, es tu cumpleaños—el hombre obvió la protesta de su esposa y entró a la casa sin poderse contener por más tiempo.

—Vamos, al menos dame una semana para decirle a mamá—rió Bella debido a la insistencia de Edward por casarse a la mañana siguiente.

—Bien, una semana y estará todo listo—aseguró el cobrizo.

—Bella, ¿puedo hablar con Edward por un minuto? —la chica se sorprendió por la presencia de Sam y su pregunta, ella sabía que no eran los mejores amigos del mundo, pero esperaba que no fuera nada grave.

—Muy bien, pero solo uno—sonrió la castaña, besando a su prometido y saliendo rumbo al jardín, donde su rubia amiga ya la esperaba para saber qué demonios había pasado.

Edward todavía no conseguía bajar de su nube de felicidad cuando el rostro de piedra de Sam lo detuvo en ese momento.

—Puedes dejar el numerito de leñador conmigo, Edward Cullen—el joven sintió la sangre huyendo de todo su cuerpo.

Dos meses había durado sin que nadie cuestionara nada sobre él, sobre su nombre y de dónde demonios conseguía mantenerse, él simplemente había llegado y se había vuelto uno de ellos, punto final. No había sido así para Sam, obviamente, estaba ahí ahora, amenazando su felicidad.

— ¿Cómo lo supiste? —cuestionó rápidamente, tomando la postura de ejecutivo que había ejercido por tantos años.

—Hasta la guardia costera está buscando por ti, por supuesto que nadie llegaría hasta este pequeño pueblo, eres bastante listo—se mofó Sam, con el veneno en su voz—pero esto se acaba ahora, no vas a seguir engañando a esos chicos, son demasiado buenos para estar cerca de una rata como tú.

—Yo no estoy engañando a nadie—aseguró el cobrizo con voz dura.

—Por supuesto que sí, sobre todo a Bella, así que o les dices la verdad y te alejas de ellos—amenazó Sam, levantándose en toda su estatura frente a Edward.

—No me amenaces, sabes que puedo dejarte en la calle con un chasquido—se irguió Edward, no dejándose amedrentar por el enorme hombre.

—Estoy seguro, pero Bella no te lo perdonaría jamás—con aquellas palabras pudo callarlo. Bella, ella era su punto débil, pero no debía decírselo, no podía permitirle hacerle aquello, no ahora que estaban a punto de consumar todo su amor con su boda.

—Bella lo sabe, lo sabe todo—aseguró, ocultando cualquier clase de signo de duda en su voz o en su postura—Sabe quién soy y me apoya, se lo diremos a todos después de nuestra boda.

— ¿Su boda? —aquello lo tomó con la guardia baja, jamás creyó que Bella supiera de su farsa y que pensaban casarse, sin duda no era lo que ella habría hecho, pero él parecía tan seguro y confiado de sí mismo que no supo si creerle o no. —Lo creeré cuando lo vea.

—Puedes preguntarle ahora mismo, en una semana todo estará listo y ella será mi esposa, después les diremos a los demás toda la verdad.

Con solo una mirada hacia Bella y las demás chicas que chillaban y la abrazaban emocionadas supo que era verdad, todo era verdad, no podía hacer otra cosa que creerle.

—Una semana, tienes hasta entonces para decirles a todos o yo mismo lo haré. —Sam salió aireado de la casa hacia el patio solo para escuchar como las muchachas gritaban y Rosalie lloraba de la emoción por la reciente noticia.

—Mi amor, ¿no es maravilloso? Bella y Rose se casaran en solo unos días—Emily llegó a su lado, sintiendo una especie de felicidad compartida que nunca había sentido antes. Aquellas niñas eran como sus hermanas pequeña, su familia, la más cercana que tenía.

—Es maravilloso—asintió Sam, tratando de parecer emocionado, aunque dentro suyo aún siguiera la duda.

—Podemos hacer una boda doble, ¿no sería fabuloso? —chilló Rosalie, sin poder contener las lágrimas, el embarazo la tenía con las hormonas hasta el cielo.

—Rose, tenemos todos los preparativos para dentro de un mes y estos dos locos quieren casarse en una semana—bufó Emmett, rodeando a su futura esposa y acariciando su ligeramente abultado vientre.

—Me gustaría que Billy oficiara la boda, si no es problema para ti—pidió Bella, abrazando a su ahora prometido y sonriendo hacia Billy Black.

—Será un honor para mí, Bella—aseguró el hombre.

—Él y mi padre fueron mejores amigos desde que tengo memoria, significaría mucho para mí—aseguro la castaña, viendo cierto desazón en los ojos de Edward.

—Lo que tú desees—le aseguró el cobrizo.

— ¡Tendremos una boda! —gritó Emily, abrazándose a su esposo.

Los pocos invitados que aún quedaban—y que eran amigos íntimos—parecían sorprendidos pero felices por la notica, a pesar de los dos pares de ojos desconfiados que aún persistían entre ellos.

—Te amo—susurró Bella muy quedo, con los ojos chocolate brillando y observando fijamente dentro de los de Edward.

Eso era todo lo que necesitaba, no importaba nada ni nadie, Sam podía amenazarlo y hasta querer despellejarlo, pero no lo alejaría de Bella, ni siquiera muerto lo lograría, la amaba demasiado, estaba dispuesto a darlo todo, incluso a él mismo, por estar con ella.


La canción de esta ocasión es Super Trouper de Abba, es una de las canciones que sale en Mamma Mia!, la cual recomiendo muchísimo, Meryl Streep es una reina, les encantará.

¡Feliz Navidad adelantada, espero tengan una hermosa cena con sus familias y amigos, disfruten y coman mucho que es para lo que son las cenas!