Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
Cap.12 Una promesa.
—Esto es tan romántico—suspiró Renee, a la vez que buscaba en su desván su vestido de novia. Rosalie y Bella estaban ahí, ayudando a la soñadora mujer quien no dudó ni un segundo en dar su bendición después del apresurado compromiso de su hija con su más que nuevo novio. —Me recuerda tanto a tu padre y a mí cuando jóvenes, Bella. No estás embarazada, ¿verdad, cielo?
Bella rodó sus ojos, todo el mundo le había preguntado lo mismo, pero a diferencia de Rosalie, ella no estaba embarazada.
—No, mamá, no estoy embarazada.
—Yo soy la que tiene premio, Renee—le recordó Rosalie bromeando. —No puedo decir que estoy resentida, esto no podría ser más una fuga que otra cosa.
—No nos estamos fugando, Rose, todos estarán ahí—repitió también Bella, mientras movía otra caja en busca del vestido.
—De todas formas, ¿por qué la prisa? No quiero decir que su amor no sea real ni nada parecido, todos los dioses del mundo saben que quise casarme con Emmett a las dos semanas de estar con él, pero aún así me parece un poco apresurado.
—Uno nunca sabe lo que el destino te puede deparar, Rose—terminó Bella, con una claro alusión a la situación de ambas.
Su amiga no pudo decir nada, ella sabía lo que era tener una vida perfecta y de repente perderlo todo, así que no podía culparla por lanzarse de cabeza hacia la persona que amaba, ella misma lo había hecho cuando conoció a Emmett y Renee también, así que solo podía hacer lo que cualquier buena dama de honor debía hacer, darle pañuelos por si lloraba y sostener su ramo.
— ¡Aquí está! —gritó Renee sosteniendo en sus manos un hermoso vestido de color rosa pálido que llegaba más abajo de las rodillas, un encaje que cubría los brazos y hombros y tres pequeños capullos de rosa blanca en pecho.
—Es hermoso, Renee—susurró Rose, conteniendo el llanto y maldiciendo sus hormonas.
—Gracias, mamá—sollozó Bella, arrojándose a los brazos de su madre.
Después de la muerte de su padre nunca creyó poder tener una vida normal, jamás pensó en el amor ni en lo que pudiera venir con él. Llegaba a observar el retrato de sus padres, ambos unos jóvenes de no más de veinte años y a su madre con aquel vestido sacado de un sueño, pero jamás creyó que llegaría a usarlo un día para casarse con el amor de su vida.
—Tu padre estaría tan feliz—susurró Renee, liberando unas cuantas lágrimas. Era uno de esos pequeños momentos en los que su mente se encontraba ahí y no soñando con mantras y espíritus que la conducirían hacia Charlie, estaba ahí abrazando a su única hija próxima a casarse y viendo cómo de un momento a otro había crecido. Era una hermosa mujer que se estaba lanzando hacia el amor con todo su corazón.
Los preparativos estaban a todo lo que daban—no es como si hubiera mucho que hacer— pero todos estaban aportando.
Se casarían ahí, en casa de sus padres, Emily pediría las flores con una amiga florista en Port Angeles y como solo sería la familia cercana, el convite sería en su casa también. Y todo sería perfecto, pues se casaría con Edward.
Cinco días…
—Espero que tengas tus votos listos—comentó Emmett, mientras revisaba la lista de canciones que presentarían esa noche.
—Trabajo en ello—aseguró Edward, ayudando a limpiar las mesas del bar. Como aún debía pretender que era una persona común, debía buscar un empleo, el cual Emily le proporcionó alegremente.
—Yo les tengo desde el segundo día que conocí a mi Rosie—aseguró el grandulón amigo del cobrizo, con una sonrisa satisfecha y pagado de sí mismo—Si se lo dices considera a Bella viuda.
—Soy una tumba—aseguró Edward.
En un pasado quizás le hubiera parecido ridículo, pero ahora todo era diferente; claro que nunca creyó que llegaría a tener un amigo como Emmett, ni una amiga como Rosalie, ni mucho menos la suerte de tener a alguien como Bella.
—Es hora—entró Carter, serio como siempre, Emmett parecía no darse cuenta de que su mejor amigo y primo de su futura esposa no congeniaba con él, pero Edward sí, y a pesar de que Bella ya había prometido casarse con él, aún le preocupaba.
En ese momento entraron Rosalie y Bella, riendo acerca de algo que él desconocía. Había tantas cosas que quería saber de ella, de su familia, de su pasado, de su padre. ¿Por qué no estaba con ella? ¿Por qué nunca hablaba de él? ¿Se habían peleado acaso?
—Debiste ver su cara—chillaba Rosalie, quien resplandecía de belleza, como todas las embarazadas (cuando no estaba verde).
— ¿Cantaremos "Teenage dream"? —exclamó Carter, al ver la lista de canciones "aprobadas" de esa semana. —Primero muerto.
— ¿Qué te pasa, Cart? Tiene ritmo y te encanta Katy—intervino Rose.
—Estoy seguro que es tu culpa—y aunque parecía que Carter estaba por empezar una de sus muy típicas discusiones con su prima, él veía encolerizado a Isabella. —No voy a cantar tu estúpida canción.
— ¿Qué? —pronunció la morena, al darse cuenta a quien estaba dirigiendo su furia el joven. — ¿De qué…?—Carter ni siquiera la dejó terminar.
—Estoy harto de que tú y Rosalie sean las únicas que decidan sobre lo que cantaremos, estoy aquí solo como un favor y estoy harto, no soy un mandilón como Emmett. —el estallido de furia tenía a todos atónitos, menos a Emmett, quien comenzaba a ponerse furioso igualmente.
—Si tanto te molesta, la puerta está bastante grande como para que tu enorme trasero arrogante salga—contraataco Emmett.
—Basta los dos, ¿qué pasa contigo, Carter Emilio? —intercedió Rosalie, viendo más con preocupación que con molestia a su primo.
—Conmigo no funciona eso de los dos nombres, Rosalie Lilian—espetó Carter, encarándose a su prima. —No soy Isabella Marie.
—Vete—Bella no gritó, apenas levantó la voz, pero todos la escucharon, sobretodo Carter, quien la veía estupefacto, haciendo desaparecer la ira momentáneamente. —Vete, Carter.
Sin esperar a que alguien dijera nada más, Carter salió como una tromba del lugar, dejando una ligera sensación de tensión en el ambiente.
Tres días…
— ¿Has hablado con Carter, cielo? —preguntó Renee, intentando sonar casual mientras terminaba los arreglos en el vestido que usaría Bella.
—Rosalie habló con él y vendrá a la boda—aseguró la joven, sin querer dar una respuesta concreta, pero Renee estaba lúcida y le estaba prestando toda su atención.
—Sin evasivas, Isabella. —Bella suspiró, pinchándose un poco al hacerlo.
—No, madre, no he hablado con Carter, ni siquiera contesta mis llamadas—Renee quiso preguntar más, pero no pudo al ver la tristeza en los ojos de su hija.
—Te ves fenomenal—aseguró su madre, consiguiendo ese brillo que solo llegaba cuando se hablaba de Edward o algo relacionado con él.
—No puedo creer que sea de la abuela—susurró Bella, acariciando los pequeños capullos de rosa.
—Y fue hecho por su madre—aseguró con orgullo Renee—Tradición, eso es de lo que se trata todo esto, cariño. El matrimonio es tradición, familia y vida, es por lo único que vale la pena. Tu padre sabía eso, y por eso nos casamos.
—Gracias, mamá—el abrazo entre madre e hija que se dieron y fue reflejado en el espejo, le llegó al corazón a Rosalie, quien entraba a la vieja alcoba de Bella en la casa de sus padres.
Ella nunca tendría eso, a pesar de que tendría pronto un bebé, se casaría con el amor de su vida y tenía al muy neurótico de su primo, nunca podría compartir un abrazo con su madre al probarse su vestido de novia. Limpiando la pequeña lágrima que se había deslizado por su rostro, entró a la habitación con el paquete que llevaba en manos.
— ¡Tengo el ramo! —entró saltando la bella rubia, con un paquete blanco por donde salían unas bellas rosas lavanda, unos geranios de un vivo rosa y unas nomeolvides de un deslavado purpura que estaban sujetas con un listón de seda blanco.
—Es precioso, Rose—aseguro Bella, tomando con cuidado el ramo.
—Te tenemos una sorpresa—anunció Renee, tomando una caja donde había una rosa azul, con un prendedor de plata.
—El prendedor era mío, así que lo quiero de vuelta y es viejo—le explicó Rosalie, mostrándole la figura—La rosa es nueva y azul.
—Algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul—suspiro Renee—Está todo listo.
Un día…
—Creo que es de mala suerte que estemos juntos un día antes de la boda—susurró Bella, mientras se abrazaba más al cuerpo de Edward.
Edward rió, apretando su abrazo también y aspirando el hermoso olor a manzana que despedía su champú.
—Creo que Emmett vendrá por mí en cualquier momento—susurró Edward, no queriendo romper aquel momento lleno de paz. La idea no le atraía para nada, Jacob, Sam y Carter estarían ahí en su despedida de soltero, quería poder sentirse a gusto con ellos, pero su rechazo era patente y el único inmune a la incomodidad parecía ser Emmett.
—Emily ha organizado una fiesta en casa de mi madre—ambos rieron porque se imaginaban cómo sería aquello. Seguramente Renee las haría entrar a una sesión de espiritismo o algo parecido.
— ¿Cómo fue que llegaste a mi vida, Edward…?—Bella tuvo que levantarse del cómodo abrazo en el que se encontraba con el estupor pintado en su rostro. —Edward, no sé cuál es tu apellido.
El pánico se apoderó por un segundo de Edward, era verdad, nunca se lo había dicho, él por el contrario sabía tantas cosas de ella.
Su padre, Charlie Swan, había sido asesinado en un arresto en Seattle, cuando ella tenía dieciocho, por lo que había tenido que renunciar a la universidad y quedarse en Forks para cuidar de su madre, quien sufría de severas crisis nerviosas.
Los padres de Rosalie habían fallecido en un accidente de auto cuando iban a unas vacaciones en Canadá, los habían atendido en el hospital de Forks, por lo que ella había decidido quedarse ahí después de que Charlie la llevara a su casa, unos meses después él falleció.
Pero ella, no, ella no sabía ni siquiera su apellido.
—Edward, no sé tu apellido. —insistió Bella, viéndolo con preocupación.
—Lo siento, creí que te lo había dicho hace mucho tiempo—dijo él, regresando de su aletargamiento. —Es Platt.
— ¿Edward Platt? —cuestionó dudosa, no podía recordar que alguna vez lo mencionara.
—Por supuesto—intentando sonar tranquilo, cosa que no estaba, sonrió para ella—Soy Edward Platt y nos casaremos mañana.
Bella rió ante la broma y tomó la mano que él le ofrecía, cayendo en sus brazos y besándolo, pero algo muy pequeño, que no quiso siquiera detenerse a pensar, se instaló dentro suyo.
El momento...
—Te ves más hermosa que nunca, hija mía—susurró Renee, limpiando de su rostro de eterna muñeca una lágrima.
—Casi es hora—anunció Rosalie, entrando en su corto y sedoso vestido lila, como las rosas de Bella, Renee iba en un vestido rosa fuerte y Emily en un purpura muy deslavado, ella iba con su vestido rosa pastel, vaporoso y sin duda que resaltaba entre aquellos tonos oscuros.
—Bells, Carter quiere hablar contigo un segundo—susurró Rosalie en su oído y haciendo salir a Emily y Renee.
Isabella tomó una bocanada de aire grande y asintió, era su mejor amigo, no podía continuar así.
Unos segundos después de quedarse sola, Carter apareció, con su traje azul oscuro y una pequeña flor purpura en la solapa, su cabello castaño claro estaba bien peinado y sus ojos resplandecieron al verla.
—Estás fabulosa, campanilla—los ojos de Bella se aguaron inmediatamente al escuchar de nuevo ese tono cariñoso que tenía tiempo sin aparecer.
—Cart—el abrazo fue tan reconfortante que Bella sintió su interior derretirse.
—Te amo, Bella—aunque varias veces se habían dicho aquellas palabras el uno al otro, Bella lo entendió, supo a qué se estaba refiriendo su amigo, y quizás siempre lo supo—Me está matando el verte tan hermosa y saber que es porque te casarás en unos minutos, con alguien más.
—Carter, por favor.
—Siempre has sido tú, Bella, eres la única, siempre lo serás—las lágrimas que las palabras de Carter le provocaron escocieron los ojos de Bella, ¿cómo es que había llegado a eso? —Me iré mañana, siempre podrás contar conmigo, pero espero que entiendas que debo irme.
Sin esperar a que dijera nada, Carter salió de la habitación donde se había estado preparando y dejando a Isabella sola, con la seguridad que después de esa noche, nunca volvería a ver a su mejor amigo.
—Es momento—anunció Sam, quien la entregaría esa noche.
El jardín de Sam y Emily tenía gerberas blancas, rosas y amarillas por todos lados, combinadas con pequeñas hortensias rojas y azules enredados en listones de tul blanco.
—Bella, quiero que sepas que estoy honrado de entregarte hoy y como tu padre te querría, te cuidaré como a una hija—Sam besó cariñosamente su mejilla y esperó a que los primeros acordes de "Hey, Jude" comenzaran.
Renee avanzó por el pasillo del brazo de Edward, quien después se posicionó junto a Billy, Emily avanzó por el improvisado pasillo del brazo de Carter y finalmente Rosalie y Emmett caminaron juntos. El resto de los invitados eran Jacob y Leah, y nada más.
Cuando los primeros "na" de la canción comenzaron a sonar de fondo, Edward y Bella pronunciaron sus votos.
—Prometo, con todo mi corazón, amarte y cuidar del amor que me has dado. Tomar tu mano cuando lo necesites, incluso cuando no, estar a tu lado en los momentos de alegría, tristeza y molestia. Alentar tus sueños y querer todo aquello que tu anheles, ser la luz, el confort y la fuerza y sobretodo el amor que te lleve a ser mejor cada día. —Bella sonrió al terminar de leer la pequeña tarjeta que Rosalie le dio y esperó a que Edward continuara.
—Prometo amarte por encima de las adversidades, de los temores y de las dudas, agradecer el haberte encontrado en esta inmensidad y nunca perder mi camino, que es el que me ha llevado a ti, siempre buscar tu seguridad, tu alegría y tu bienestar, y sobre todo, nunca olvidar que nuestro amor es más fuerte que nada ni nadie y que durará más que el tiempo.
— ¿Se toman ahora el uno al otro, de corazón y alma, como compañeros y esposos? —pronunció Billy, una vez terminó Edward sus votos.
—Acepto—susurraron al mismo tiempo, y sonriéndose uno al otro.
—Puedes besar a tu esposa, muchacho.
En cuanto sus labios se tocaron, el mundo desapareció para ambos, por lo que no escucharon los fuertes aplausos de sus amigos y familia y por lo que Bella no vio a Carter saliendo por la parte de atrás, con una sonrisa triste.
Espero que el capítulo les agrade y sea disculpa suficiente por estar lejos tanto tiempo. La universidad ha sido tan extenuante en este mes así que no he tenido tiempo (y tampoco ideas) para terminar el capítulo, pero ya está hecho. Cuándo volveré a actualizar no lo sé, no puedo prometer nada más que intentaré que sea pronto.
Para quienes estén interesadas en leer un pequeño regalo que les hice, pueden pasar a mi perfil donde está un One-shot que se llama "Sombras que te atrapan" es mi primera historia de un solo capítulo y espero les agrade(si quieren leerla).
Como saben, sus reviews, favoritos y alertas son lo mejor del mundo, me hace saber que les agrada la historia y que vale la pena seguir aquí. ¡Las amo!
Besos siempre, An. xx
