Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
N/A: Estaré actualizando tan seguido como me sea posible, por supuesto sus reviews me animan muchísimo.
Este capítulo está dedicado a: Aru1313 y Jupy, quienes dejaron lindos mensajes para mí.
¡Las amo!
Cap.14 Explica
—Un año, te fuiste casi un año Edward—resoplaba Carlisle.
Por consideración a Rose, los Cullen habían decidido salir de la cabaña e ir a la casa de Emmett, donde él vigilaba como un halcón todo lo que sucedía.
Carlisle, Esme, Jasper, Alice, Emmett y Renee se disponían a escuchar lo que había ocurrido.
—Creo que nos debes una explicación, hijo. —susurró Esme, limpiando su ya perfecto rostro.
—No solo a ellos—comentó Emmett, quien estaba furioso, Edward había aprendido a descifrar los gestos de Emmett y sin duda estaba molesto.
—No debieron tratar así a Angela—fue lo primero que dijo.
— ¡No nos vengas con eso ahora, Cullen! —estalló Alice, quien no pudo contenerse más.
Edward quiso, no por primera vez, tomar a su hermana pequeña y ahorcarla. Alice era una buena chica, siempre lo había sido, pero en algún punto de su vida se habían distanciado y conforme su vida había avanzado, esa distancia solo se había acrecentado.
—La compañía casi se va a pique, papá y mamá tuvieron que cancelar su segunda luna de miel para ayudar a Jasper—continuó Alice—casi arruinas mi matrimonio, Edward, todo para que tú pudieras jugar al leñador en un pueblo perdido en el mapa.
—Suficiente, Alice—intercedió Carlisle, viendo duramente a su hijo. —Edward, Jasper creyó que Angela estaba desviando fondos, iba a ser enviada a prisión.
Edward no lo pensó, creyó que iba a ser todo tan fácil, y en lo único que podía pensar era en el rostro lloroso y decepcionado de Bella al escuchar cómo su familia lo acusaba de haberlos abandonado.
—Lo lamento—comenzó Edward de nuevo—Pero no podía continuar ahí, estaba por ahogarme, solo quería salir de esa oficina antes de volverme loco, nunca creí que llegaría tan lejos.
— ¿Nunca creíste llegar tan lejos con tus engaños o con Bella? —habló Emmett.
—Puedo entender que hubieras querido tomarte un tiempo de la oficina—habló Carlisle antes de que Edward pudiera responder—pero ocultarte de tu familia, engañar a estas personas de la manera en la que lo hiciste, es inaceptable.
Edward sentía que si su padre volvía a decir "estas personas" iba a explotar, pero no podía culparlo, para él sí eran extraños, como para Renee y Emmett su familia eran extraños, ahí estaba, dos mundos divididos y no estaba seguro de a cuál pertenecía. Era de Bella, eso era de lo único que aún estaba seguro.
—Vamos, Renee, debemos irnos. —sentenció Emmett.
—Emmett…
—Edward, ¿vas a decir algo o te quedarás ahí todo el día? —chilló Alice, evitando que Edward pudiera detener a Emmett.
—Creo que sería bueno que dejaras hablar a tu hermano, cariño—intentó Esme controlar a su hija.
—Amor, no le hace bien al bebé—habló Jasper.
Edward miró sorprendido a Alice, su hermana estaba embarazada de nuevo y ni siquiera lo había notado.
— ¿Qué es lo que quieren de mí? —cuestionó Edward, derrotado. ¿Qué podía decir? Había dejado a su familia, su empresa, le había mentido al amor de su vida.
—Debes volver y tienes que aclarar esto—sentenció Carlisle—te estuvimos buscando por meses, Edward y obviamente llegó a la prensa, tienes que arreglar este desastre.
Edward asintió, se levantó de la silla llena de pintura en la que se había sentado y se dirigió a la puerta.
—Los veré en Nueva York.
— ¿A dónde vas? —preguntó Alice, con el ceño fruncido y sus manos plantadas en sus caderas, pose típica de la dama de Whitlock.
— ¿Es por ella? —y ahí estaba Esme, siendo su madre. — ¿Qué hay de Tanya?
Edward no quería ser grosero con su madre, así que solo negó y salió de la casa de Emmett, necesitaba ver a Bella.
Entró en su Volvo y salió a toda velocidad hacia su cabaña, donde esperaba que no fuera un total caos. Derrapó en la entrada y para su sorpresa ya no se encontraban ahí ninguno de los autos de sus amigos, solo el de Emmett.
Al entrar a la cabaña un silencio casi sepulcral que le heló los huesos lo recibió, no se escuchaba nada, y pensó que eso lo molestaba más que los chillidos de Alice.
—Creo que no es un buen momento para que entres—fue Renee quien lo recibió. Se veía diferente, la mujer perdida y soñadora que había conocido la primera vez ya no estaba ahí, era solo una madre que había pasado por mucho dolor y que ahora cuidaba de su hija.
—Necesito hablar con ella, Renee.
La mujer lo escrutó impasible, clavó su mirada en la de él y Edward solo podía esperar que encontrara algo bueno.
—Solo te pido que si ella quiere que te vayas, lo hagas, ya hemos pasado por bastante, ¿no te parece? —Edward asintió y Renee se apartó de la puerta para dejarlo entrar.
Era el cuarto de invitados pero tenía todos los toques que predominaban en toda su casa, era su hogar, uno que habían construido él y Bella, todo sobre una mentira. Edward había hecho creer a Bella que había conseguido un préstamo que pagarían a largo plazo, cuando simplemente había retirado la cantidad que él consideró necesaria de su cuenta bancaria. Con ese dinero habían abierto la tienda de discos, remodelado su hogar y habían comenzado con los arreglos de la casa de sus amigos, además de que habían pagado seis meses de alquiler adelantado del apartamento de Bella. Su esposa había dejado de comprar pinceles nuevos y pinturas para poder pagar el "préstamo" que había pedido Edward, cuando él podía haber gastado tres veces esa cantidad sin ningún problema.
La habitación estaba iluminada ligeramente, Rosalie yacía en la cama, abrazando su enorme vientre, Emmett se encontraba junto a ella, en la mecedora que a veces utilizaba Rose, cuidando de su esposa.
Bella estaba en la cama, recostada junto a Rose y acariciando su cabello, llorando en silencio. No tenía ni idea de qué le había dicho Emmett, pero no había sido bueno.
—Bella.
El estremecimiento de dolor que sintió Isabella al escuchar su nombre de los labios del hombre que tanto amaba, de labios que habían dicho mentiras desde el primer momento en que se conocieron. Retuvo las lágrimas, acarició el vientre de Rosalie y besó su cabeza, su hermana, Emmett y Renee eran todo lo que tenían ahora, ya ni siquiera sus pinturas, hacía meses que no pintaba.
—Iremos a afuera. —Edward pensó que le hablaba a él, pero Bella se estaba dirigiendo a Emmett quien los veía con el ceño fruncido.
Renee observó preocupada a su hija salir de la habitación, pero Bella solo le dio una sonrisa triste, la misma sonrisa triste que le dio cuando dejó sus estudios de arte por cuidar de ella y permanecer en Forks.
Edward caminó calladamente junto a Bella hasta el jardín que tan bellamente había redecorado su suegra, quien lo había adoptado como a un hijo sin rechistar y les había dado su bendición en su apresurada boda.
—Bella, por favor, déjame explicarte.
— ¿Explicar qué, Edward? —Bella quiso refrenarse, no dejarse llevar. "El que se enoja pierde, hija" solía decir su padre, después de meses de no escuchar a su padre, por fin volvía. — ¿Cómo se te ocurrió esta idea? ¿Que no pensabas llegar a tanto conmigo? ¿Qué hemos estado guardado cada centavo que tenemos para pagar un préstamo que no llega ni a la octava parte de todo el dinero que tienes?
—Sé que no te dije toda la verdad, Bella, pero…
— ¿No me dijiste toda la verdad? —Lo interrumpió Bella nuevamente. — ¡Ni siquiera me dijiste tu apellido!
Y fue cuando ella se dio cuenta de que no había sido todo culpa de Edward, ella había aceptado sus omisiones, los huecos en sus historias, en su pasado, porque así lo quiso, quiso creer que él era el indicado, quiso creer que no había nada más detrás de los ojos verdes y la sonrisa de diamantes de aquel hombre que había aparecido en un día de lluvia.
Quiso ser Renee, quiso tener la historia de Rose, quiso ser amada y sentir que no había perdido toda la esperanza en su vida, que podía tener sueños y romance y no solo un apartamento diminuto que le costaba horas de trabajo y cansancio, que su arte no estaba perdido, que su madre podría ser normal algún día, que su padre seguía con ella.
—Todo fue cierto, Bella, mi amor por ti, cada palabra, cada momento, era yo. —Edward se sentía desesperado, podía ver en los ojos de su esposa cómo se iba poco a poco su luz, algo se estaba quebrando dentro de ella y era su culpa.
Lo había arruinado todo, debió haber dicho la verdad desde un principio, debió dar su nombre completo, debió decirle que estaba ahí para huir de su vida de niño rico, de su novia loca y de su hermana aún más demente, de sus padres orgullosos, de sus millones de dólares, de él mismo.
Pero de la nada Bella había aparecido, con su canto de sirena, con amigos sobreprotectores, sus dos empleos, su madre soñadora, su perro y su tortuga, era tan libre como él siempre deseó ser y sólo quiso estar con ella, costara lo que costara, incluso si eso incluía la verdad, la honestidad, la confianza que tan ciegamente había depositado Bella en él. Se habían enamorado como dos locos y a Edward no le importó nada más, aún podía recordar el momento en que Bella le había dicho "sí" a su propuesta de matrimonio, fue el segundo día más feliz de su vida, justo después del día de su boda. Tan única, tan resplandeciente, tan libre y solo para él. Y ahora todo estaba perdido.
—Bella, ven conmigo, nada de esto cambia quien soy, te amo y quiero que estemos juntos—ella solo lo observó, lo que lo alentó a continuar—, podrás ir a la universidad, tendrás todo lo que quieras, no deberás hacer nada más que pintar si así lo deseas, Rose y Emmett pueden venir con nosotros, y Renee tendrá la mejor ayuda psicológica, todos nuestros sueños se harán realidad.
¿Todos sus sueños hechos realidad? Bella no lo dudaba, aún recordaba cuando ella y Rose se veían en apartamentos lujosos y vistiendo ropa de marca. Pero esa no era su realidad y nunca esperaron tenerla, así que habían decidido vivir como podían.
Sin embargo, Bella había decidido que lo que realmente quería era una familia, una familia amorosa. Renee y Charlie habían tenido eso, hasta que sin previo aviso se lo habían arrebatado, a ambos.
Edward no sabía lo que era vivir como ellos, él nunca había pasado por angustias de dinero de verdad, sus padres vivían y tenía una hermana y sobrinos. Lo había visto todo, su nombre real en el buscador de su portátil y listo, todo había salido, Edward Cullen en todo su esplendor, un hombre que ella no conocía ni soñaba siquiera en conocer.
—Tu vida y la mía son muy diferentes, Edward, yo no sé quién eres. —Las lágrimas rompieron la voz de Bella al momento de hablar.
—Te amo—susurró el joven, y pensó en la última carta que tenía para jugar— ¿Recuerdas tus votos? Yo no olvido los míos ni un solo momento.
Bella sintió un golpe en su pecho. Su boda, el anillo en su dedo que le quemaba como el sol mismo.
—"Prometo amarte por encima de las adversidades, de los temores y de las dudas, agradecer el haberte encontrado en esta inmensidad y nunca perder mi camino, que es el que me ha llevado a ti, siempre buscar tu seguridad, tu alegría y tu bienestar, y sobre todo, nunca olvidar que nuestro amor es más fuerte que nada ni nadie y que durará más que el tiempo." —Repitió Edward, las mismas palabras que tenía grabadas a fuego, pues buscaba cumplir cada palabra cada día.
Isabella lo supo, no podría dejarlo, lo amaba con todo su corazón.
—Sólo dame una oportunidad, Bella, es lo único que quiero, te prometo que nada cambiará, somos tú y yo.
Edward clavó su mirada verde y anhelante sobre los ojos chocolates e inseguros, esperando que ella viera lo mucho que la amaba y que solo decía la verdad, que así lo creía.
Armándose de la valentía que no sabía si tenía, Bella inhaló largamente tratando de control su llanto, cerró sus ojos y asintió lentamente hasta sentir que unos fuertes brazos la rodeaban.
Ese era su lugar, el hogar que había pedido, pero la duda permanecía en ella. ¿De verdad solo eran ellos dos? ¿Nada cambiaría? Bella rodeó a Edward con sus brazos, solo rogando que así fuera.
