Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
N/A: Muchísimas gracias a quienes dejaron comentario, siguen la historia y le dan favorito, este capítulo es para ustedes, les debo el que continúe en FF.
Cap.15 Nueva York
Las luces de la ciudad casi la dejaron ciega. Nueva York era todo lo que decían que era, pero ese no era lugar para una chica de Forks.
—Tengo que ir a la oficina, pero podemos ir a mi apartamento antes para que descanses—aseguró Edward.
Había algo en el estar ahí, de nuevo en Nueva York, ahora con Bella, que lo emocionaba de manera extrema. Su familia había estado confundida por el hecho de que Edward decidiera irse después de ellos, pero aún no estaba preparado para decirles que Bella era más que una chica a quien había conocido, era su esposa bajo todos los efectos y afectos, era de ella.
—En realidad, me gustaría conocer a tus padres—fue la respuesta de Bella, mientras observaba los rascacielos que se hacían cada vez más y más altos. En cierta forma le recordaban a los altos árboles de Forks, pero había algo en los edificios (quizás su falta de vida) que la hacían marearse.
Sus padres, los padres que aún pensaban que iba a casarse con Tanya, Bella quería conocer a sus padres.
—Muy bien—Edward pidió al hombre que los conducía en el lujoso auto hasta su apartamento que fuera directo a la oficina, aún cuando su estomago dio un retortijón al pensar en ello.
"Sé fuerte y no olvides quién eres" fueron las palabras de su madre cuando la despidió en el aeropuerto de Seattle, por razones que no podía explicar, Renee se había negado a ir con ella. Rose estaba muy adelantada en su embarazo para viajar y no había poder humano en el mundo que hiciera a Emmett alejarse de ella. Así que estaba sola.
Atravesaron las atestadas calles de Nueva York y llegaron por fin. El edificio Cullen era grande e imponente, quizás tanto como el Empire State o el edificio Chrysler, Bella comenzó a cuestionarse si había sido buena idea ir ahí en lugar del apartamento. Quizás Edward había pensado en una reunión privada y en su hogar, algo entre familia y ella lo había arruinado, pero ya no había vuelta atrás.
—Vamos. —La alentó Edward, tomando su mano y caminando con un porte que ella jamás había visto en él, pero increíblemente, le quedaba, se veía natural y cómodo en donde estaba.
Pero ella no, la gente que entraba y salía del lugar vestían trajes costosos e iban muy a prisa, Bella parecía un tipo de chica perdida que se había colgado del brazo de Edward por pura casualidad, y no creía que fuera solo por sus converse y su chaqueta enorme.
—Mi madre está en casa así que seguramente la veremos en la cena, quizás Alice esté aquí—comentó Edward, como si Bella lo estuviera escuchando, pero ella solo notaba a la gente que los miraba fijamente, sin decir ni una palabra pero obviamente sorprendidos.
El elevador fue vaciándose conforme subían los pisos y finalmente llegaron solo los dos hasta el último, donde se encontraba la presidencia.
El lugar era mucho más elegante de lo que Bella esperaba, muy clásico y de buen gusto, claramente costoso. Había un gran espacio con un ventanal y sillones de piel que supuso eran la sala de espera. Del otro lado había dos escritorios donde dos señoritas mucho mejor vestidas que ella se encontraban tecleando y atendiendo teléfonos sin parar. Finalmente al fondo se encontraba una puerta doble de madera muy fina que supuso era la oficina principal, Bella sintió un escalofrío.
—Señor, qué alegría verlo de nuevo—saludó una de las chicas, baja y muy delgada que intentaba marcar sus casi inexistentes curvas con una blusa muy entallada.
—No sabía que había sido ascendida, Jane, felicidades—fue todo lo que le dijo Edward, para después concentrarse en la otra chica. —Entre a mi oficina en cinco minutos, Angela.
Bella la observó, parecía a punto de echarse a llorar en sus brazos, pero se contuvo y sólo asintió.
—Su familia está adentro, señor Cullen.
Edward asintió secamente, esperaba que no se encontraran ahí, pero su suerte no era muy buena ese día. Había confiado en que Bella querría aclimatarse antes de ver a su familia, y no había sido así, después había querido creer que su familia le daría su espacio por algunas horas, pero error de nuevo.
Al abrir las puertas tuvo que soltar la mano de Bella y se encontró con todos los Cullen de frente, y una invitada inesperada.
— ¡Amor mío! —Los brazos torneados de Tanya se enredaron en su cuello sin previo aviso y comenzaron a asfixiarlo. ¡Esto no podía estarle pasando!
Bella se debatía entre hacer frente a la familia que la veía fijamente y de manera confusa, o saltar sobre la larguirucha mujer que intentaba atacar a su esposo.
No sin esfuerzo, ya que intentaba no lastimarla, Edward logró librarse de Tanya, solo para encontrarse con su colérica familia.
—Mamá, papá, quiero presentarles a Isabella Swan—Edward intentó encontrar a su esposa, quien se había retraído hasta la sala de espera. —Ella es mi esposa.
— ¿Tu esposa? —al cobrizo se le había olvidado lo irritante que podía ser la voz de Tanya.
Su familia se quedó callada pero podía ver que el entendimiento llegaba a sus ojos, ahora sabían por qué se había quedado en aquel pueblo olvidado del mundo por tanto tiempo.
Bella no se podía mover, quería sonreír para que el pánico no se notara en su rostro pero aquella familia no la veía más que como una intrusa, la rubia mujer parecía querer asesinarla con sus perfectas uñas decoradas y Edward ni siquiera la observaba. La había soltado, se separaron y ese pequeño momento fue todo lo que necesito para darse cuenta del grave error que había cometido.
—No lo entiendo—habló por fin Alice, viendo con nuevos ojos a la delgada castaña. — ¿Tan infeliz eras, Edward?
Esme estaba igual de asombrada que su hija, no podía entender cómo su hijo se había ido, se había ocultado de ellos y no les había dejado ser parte de su matrimonio, conocer a su esposa, a la mujer que él había elegido.
— ¡Esto es indignante! —Exclamó Tanya— ¡No voy a permitir que me humillen de esta manera! ¡Estábamos comprometidos, Edward! ¡Me aseguraste que me amabas!
Bella sintió cada una de las palabras de la larguirucha como un puñal en su corazón. ¿Cómo había sido tan tonta? Se había dejado engañar por una ilusión y ahora estaba ahí, golpeándose de frente con la realidad.
—Es mejor que te vayas, Tanya—Intervino Jasper, notando la tensión del momento.
Tanya salió airada de la oficina, no sin antes dar una bofetada a Edward y empujar a Bella al pasar junto a ella.
Isabella se sintió humillada, más fuera de lugar que antes y con una decepción creciente en su pecho, las lágrimas acudieron a sus ojos pero ella las contuvo, no les iba a dar ninguna oportunidad más de rebajarla.
Alice, Carlisle y Jasper comenzaron a acribillar a Edward con preguntas y reclamos, Edward se encontró justo como hacía unos meses antes de que se fuera y sólo pensaba en cómo compensaría a su familia por todo lo que había hecho, sin duda había cometido muchos errores.
Esme, apartada de los demás, observaba a la menuda chica que se encontraba luchando por permanecer tranquila detrás de todo el caos que sucedía. Le pareció muy bonita y joven, quizás nunca hubiera imaginado que Edward elegiría a alguien como ella pero debía ser bastante especial si su hijo había decidido casarse con ella tan sólo unos meses después de conocerla.
No podía permanecer ahí, sólo unos minutos y Bella ya sabía que no pertenecía ahí, esa no era su familia y aquel no era su Edward. El hombre del que se había enamorado era jovial, sencillo, usaba camisas de leñador, conducía una carcacha que se descomponía a la mitad del camino…y no existía.
Sin decir una palabra, salió por la puerta de la oficina y no volteó en ningún momento, llamó al elevador y apretó el botón que la llevaría hasta la planta baja. Esme notó de inmediato cómo se iba y alertó a su hijo, quien al voltearse no vio a Isabella.
No escuchó ni a su padres, ni a Jasper, sólo salió corriendo hacía el elevador y comprobó que iba hacia abajo. ¿Qué podría hacer? Tomó las escaleras dos pisos más abajo donde había un elevador sólo para el personal, rogó por poder alcanzarla.
Al abrirse las puertas del ascensor la vio salir, se dirigía casi corriendo hacia la puerta haciendo que el impacto al detenerla fuera mucho más fuerte.
— ¡Déjame! ¡Déjame ir! —Exigía Bella golpeando el pecho de Edward frenéticamente, sabía que era él, su presencia era inconfundible.
—Bella, amor, por favor para. —Edward sentía la desesperación en ella por librarse de él, ahora sabía a qué se referían los chicos cuando decían que jamás debían hacer enfadar a Bella.
— ¡No me llames así! —Con una violenta sacudida se deshizo de él.
Edward la observaba y no sabía qué decir, cómo actuar, ella claramente estaba molesta.
—Bella, por favor, déjame que te explique.
Bella no lo observó, necesitaba contener las lágrimas que luchaban por salir.
—Explicar qué, Edward, —Susurró apenas audiblemente. — ¿Qué todo ha sido una mentira? ¿Qué estabas comprometido antes de conocerme? ¿Qué le hiciste las mismas promesas a ella que me hiciste a mí?
—Tanya está loca, no sabe lo que dice. —Bella se cuestionó si él diría lo mismo sobre ella una vez encontrara a alguien más. Su corazón se rompió otro poco al pensar en ello.
La gente a su alrededor se conglomeraba para presenciar el espectáculo que protagonizaba su jefe desaparecido con aquella extraña.
—Esto ha sido un error, todo, desde el principio todo fue una mentira. —Lloró Bella, Edward se acercó de nuevo a sabiendas de que podría volver a golpearlo.
—Todo ha sido real para mí, Bella, desde el primer día que te conocí.
Los brazos que la rodearon se sentían tan correctos, tan cálidos, se había hecho a la idea de que ella pertenecía ahí, eso había querido creer.
Desde el principio así lo quiso creer, cuando lo vio empapado en la lluvia, un forastero que llegaba a Forks en el momento menos esperado, que fuera ella precisamente quien lo encontrara. Había estado tan llena de las historias de su madre y su mejor amiga que lo único que había pedido había sido poder vivir algo como aquello, y Edward se lo había dado. Bella simplemente se había dejado llevar, sin importarle los huecos que hubiera, las omisiones, las incongruencias, nada le había importado, su cuento de hadas se estaba volviendo real.
—Ni siquiera me importó no saber tu apellido. —Susurró más para sí misma que para él, pero Edward pudo escucharla. Estaba llorando vivamente, sacudiéndose por los sollozos y rompiendo el corazón de Edward. —Ni siquiera me importó.
Algo en la rigidez de Bella entre sus brazos hizo que Edward la soltara sin oponerse. Ella lo observaba, con sus ojos profundamente clavados en los suyos, pero sin un solo atisbo de emoción en ellos.
No dijo nada, una sólo lágrima volvió a rodar por su mejilla, negó con su cabeza y se abrió camino entre la gente que los rodeaba sin vergüenza. El primer impulso de Edward fue seguirla, pero algo en sus ojos vacíos y la negativa que le había dado se lo impidieron. Se veía tan triste, tan completamente desolada que no pudo moverse, esa imagen la llevaría por siempre en su alma.
— ¡Edward! —Era la voz de su hermana llegando a lo lejos, y después los brazos de su madre rodeándolo.
— ¡Todos vuelvan a trabajar! —fue la voz de Jasper. Luego los brazos de su padre rodeándolo también, y ambos llevándolo hacia el ascensor, regresando a su oficina.
—Todo estará bien, cariño. —Lo consoló Esme, viendo cómo Edward simplemente se dejaba vencer.
Bella no sabía hacia dónde ir, no conocía a nadie y su familia estaba a miles de kilómetros de ahí. "Sé fuerte y no olvides quién eres", habían sido las palabras de su madre.
Quiso recordar cuándo había sido la última vez que se había sentido como ella misma, la última vez que se había sentido fuerte y segura, antes de conocer a Edward sólo había podido sentirse de aquella manera con sus padres, con Charlie a su lado enseñándole a manejar, con sus amigos contando con ella…entonces lo supo, sólo había un lugar al que podía ir en ese momento.
Agradeció el llevar un poco de efectivo en su chaqueta y una tarjeta de crédito que Emmett le había dado, ya podría conseguir un teléfono después, por el momento era todo lo que necesitaba.
Detuvo el primer taxi que encontró disponible y se subió sin siquiera voltear a ver.
—Al aeropuerto, por favor. —Pidió, limpiando a consciencia las manchas de lágrimas en su rostro.
"Sé fuerte y no olvides quién eres". Sí, así lo haría.
