Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
N/A: Antes de que me quieran matar, sólo voy a decir que después de este capítulo quedan cuatro más para el final. No quieren que les diga antes de tiempo qué va a pasar, pero les puedo decir que les va a encantar. Ya entramos en la recta final, así que a disfrutar.
Las amo, gracias por todos los favoritos, alertas y review, esta historia es para ustedes.
Cap. 16 Verte de nuevo.
TRES AÑOS DESPUÉS.
El lugar parecía ameno y no tan concurrido, así que Edward no puso muchas objeciones, lo que Jasper agradeció.
Alice botaba de emoción colgada del brazo de su esposo, era la primera vez que salía desde que había sufrido un abortó a los seis meses de gestación. Su pequeño hijo de casi cinco años siempre era un consuelo para ella, pero después de aquel embarazo fallido no podría tener más hijos, lo que le había hecho replantearse su vida.
Los últimos tres años habían sido duros para todos en su familia. Carlisle había sido sometido a una operación después de un ataque cardiaco. Su compañía sufría gracias a la recesión en todo el país lo cual había tenido a Jasper sometido a un gran estrés, y con lo de Alice añadido no creyeron que su matrimonio resistiera, Esme poco podía hacer más que ver a su familia sufriendo y Edward… él había sido el peor de todos. Después de que recibiera los papeles de su anulación—al parecer al no haber dado sus datos reales su matrimonio con Bella se disolvía sin siquiera él poder luchar— y que la compañía estuviera pasando por una de sus más grandes crisis, parecía que él simplemente sólo se dejaba llevar por la tormenta.
Pero como en toda tormenta, siempre debía escampar en algún momento. Carlisle se había restablecido y había ayudado a Esme a levantar a su familia. Alice había salido adelante con terapia, una tienda de regalos que ella misma había abierto, su hijo y su esposo. Jasper y Edward se habían empeñado en explorar nuevos campos como las nuevas tecnologías en la distribución y obtención del agua y su compañía ahora estaba de nuevo entre una de las más estables del país. Lo único que no había cambiado era Edward, aunque intentaba parecer interesado y animado, una capa de desolación siempre cubría sus ojos, y era por lo que estaban ahí ahora.
Edward cumplía treinta y un años, al mismo tiempo que sus padres cumplían treinta y cinco de casados. Sólo que en ese momento un importante viaje de negocios los había llevado hasta Seattle y Esme junto con Alice se habían decidido a sorprender a sus hombres. Esme se había llevado a una cena romántica por la ciudad a Carlisle, y Alice y Jasper se habían llevado a su hermano a un bar que recién había abierto y era la sensación del momento.
— ¡Esto será maravilloso! —Chilló Alice, sintiéndose joven y vivaz.
Jasper sonrió a su esposa, parecía haber renacido y volver a ser la joven animada y locuaz de la que se había enamorado.
— ¡Por el cumpleañero! —Vitoreó Jasper, tomando uno de las pequeñas copas donde habían servido un poco de tequila. Edward imitó a su cuñado y a su hermana.
No quería excederse, los primeros meses después de que Bella se hubiera ido habían sido una tortura, la cual sólo podía soportar ahogándose en alcohol. Después había llegado lo de su empresa y lo de su padre, lo que le había hecho recapacitar, después de tanto tiempo, ahora podía soportarlo un poco mejor, pero nunca dejaba de pensar en ella.
—Damas y caballeros—llamó la atención un hombre bajito y con cabello corto. —Esta noche presentamos en "Amanecer" a la pareja del momento, ustedes ya saben quiénes son. ¡El dueto de Izzy y Cartz!
La gente que parecía ser regular y los conocía comenzó a aplaudir vigorosamente, las luces bajaron un poco y el sonido de una guitarra comenzó a tocar. Un reflector azul y uno rosa apuntaron hacia el centro del pequeño escenario donde había dos bancos altos juntos. Una pareja apareció por un lado de la tarima y se sentaron en los bancos, con sus manos aún juntas. La gente volvió a aplaudir y Edward sintió su corazón detenerse.
Podría reconocer a Bella en cualquier lugar, entre miles y miles la reconocería. Su cabello estaba corto, lo llevaba por arriba de los hombros y tenía un flequillo que combinaba con sus ondas naturales, pero además de eso no había cambiado mucho. Llevaba unos pantalones ajustados negros y una blusa de encaje blanco, tenía maquillaje alrededor de sus ojos y un pintalabios rojo como el de una cereza. Preciosa, se veía preciosa, y era ella. Después de que hubiera mandado a varios investigadores a buscarla a Forks sin resultados, ahí estaba.
Sujetando la mano de quien reconoció como Carter, su viejo mejor amigo.
Comenzaron a cantar, uno por uno cada parte de la canción, entrelazando sus manos y sonriendo el uno al otro, sin apenas ver al público, el sonido de varios instrumentos más se unió a ellos.
Edward no sabía qué pensar, Bella estaba ahí cantando una romántica canción de amor con Carter, se veía hermosa y le sonreía a ella. Quería creer que era una actuación, solían hacer eso antes, la primera vez que la había visto cantar creyó que era novia de Emmett, quizás estaban haciendo lo mismo en esos momentos, rogaba a todos los cielos que así fuera o iba a matar a ese tipo.
La canción terminó con ambos y al final una luz amarilla los envolvió, en el mismo momento que se acercaban y terminaba la música con ellos…besándose.
La sonrisa que tenía Carter en su rostro era resplandeciente, fulminaba a cualquiera, el muy maldito había logrado lo que quería, o eso pensaba Edward, hasta que vio los ojos iluminados de Bella, su sonrisa dulce y su mano tomando la de él automáticamente, ella también lo quería.
Siguieron por al menos tres canciones más hasta que se levantaron y ambos salieron como habían llegado.
—Suenan bastante bien—comentó Jasper, quien parecía un poco achispado por el tequila.
— ¡Y se ven tan lindos! —concordó Alice, en igual estado que su esposo. Claramente ninguno había reconocido a Bella.
—Ya vuelvo—Habló por el ruido de los altavoces que ahora tocaban música bastante más invitadora a bailar.
Se escabulló por entre las mesas hacia donde creyó haberlo visto salir, como la primera vez que lo había intentado, un hombre le obstruía la entrada hacia la parte trasera del lugar.
Quiso golpearlo ahí mismo, habían sido tantas cosas en tan poco tiempo, unos minutos a decir verdad, pero con una sola sonrisa Bella había desaparecido aquellos tres miserables años, en los que había pagado con creces por todos sus errores.
—Hola, Félix—saludó una mujer que llegaba en ese momento y Edward podía jurar que la conocía. —Noche agitada por lo que veo, ¿cómo les va?
Emily, era Emily, la reconoció un poco después.
—Señora Young, todo tranquilo.
Emily se disponía a entrar a la parte trasera del lugar cuando distinguió a Edward junto a Félix, dejándola pasmada.
— ¿Edward? ¿Eres tú? —Parecía que su suerte al fin cambiaba, Emily lo había reconocido, ella lo ayudaría, siempre fue la más amable de todos con él. Pero la mirada de ella se volvió dura y fría. —No puedes estar aquí, te pido que te vayas.
—Emily, sólo necesito hablar con ella un minuto, por favor. —Suplicó.
— ¿Qué puedes decir en un minuto después de tres años, Edward?
Ella tenía razón, no había nada que pudiera decir, pero necesitaba verla.
—Sólo un segundo, Emily.
La mujer se debatió entre lo que debía hacer, pero con un gesto de mano le ordenó que la siguiera, él obedeció en el acto.
Caminaron de nuevo por el bar hasta llegar a lo que parecía ser la oficina principal, entró y esperó a que ella cerrara. Era a prueba de sonido por lo que podía notar.
— ¿Qué quieres saber? —La pregunta era obvia, al igual que la respuesta.
— ¿Cómo está? —Fue lo primero que salió de sus labios.
—No ha sido fácil, pero está bien. —Dijo cortante.
— ¿Ella y Carter…?—No pudo siquiera terminar la pregunta, pero era lo que más necesitaba saber.
Emily estaba frente a él, del otro lado del escritorio y con los brazos cruzados en un obvio gesto de desconfianza.
—Son felices.
Aquello confirmó lo que ya había notado y se negaba a creer. Bella y Carter estaban juntos.
