Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.

N/A: Estamos cada vez más cerca del final. Muchísimas gracias por sus comentarios, son el alimento para mi ánimo siempre.

Son las mejores, espero que les agrade el capítulo. Besos.


Cap.17 Sonríe.

"Your love is like a shadow holding me all the time". Cantaba, Bella podía sentir algo removiéndose en su interior, pero luchaba por dejarlo de lado y continuar cantando, a buena hora se había enfermado Carter de la garganta.

Ahora debía soportar la media hora que debía presentarse por su cuenta. Agradecía que Emily fuera su jefa por mil y un razones; la primera era que no sólo compartían casa, era su mayor confidente, además de Rose, y pronto sería su madrina de bodas. Y en esos momentos le daría su paga completa a pesar de que sólo se presentaría la mitad del tiempo y Carter no estaba, sin duda era la mejor.

Su mundo se había derrumbado nuevamente hacía exactamente año y medio. Después de su fracaso con—no podía ni nombrarlo—, había recurrido a Carter, y él como su mejor amigo, le había abierto sus brazos. Se había ido a Los Ángeles con él, habían estado ahí por unos meses hasta que la habían llamado de Forks. Renee estaba gravemente enferma, tenía cáncer.

Bella sintió un temor como nunca en su vida. Carter sin dudarlo había tomado sus maletas y había viajado con ella. Se había quedado a su lado durante los largos meses de la enfermedad de Renee, la había ayudado con los gastos de su hogar y al final, cuando su madre no había podido resistir más, la había acompañado durante cada uno de los días de su enorme dolor.

Su mundo se había derrumbado por completo, pero recordaba las palabras de su madre, las mismas que la había llevado a buscar a Carter cuando había huido de Nueva York y del peor error de su vida, y ahí había descubierto que siempre había tenido su historia de amor, quizás no era épica y maravillosa, pero era suya y tenía a Carter quien la amaba.

Además de Carter, había tenido el pequeño pedazo de luz que eran los cuatro pequeños de Rosalie y Emmett. Ellos vivían a las afueras de la ciudad, en una enorme casa donde ella y Carter también tenían una habitación y donde podía juguetear todo lo que quisieran.

El mayor que era Preston, Las mellizas Kiki y Becky, que habían resultado una sorpresa para sus padres y la pequeña Renee, de tan solo unos meses.

Cuando había fallecido su madre ya nada más la retenía, y Rose junto con Emmett habían coincidido con ella. Se habían mudado y tan sólo unos meses después ya se habían instalado, lo que había sido perfecto para Emily, quien había resuelto su divorcio con Sam unos meses antes.

Sin saber qué hacer realmente, con el dinero de la casa de Renee, su departamento y la casa de Emmett y Rose, habían planeado crear un negocio, un bar que pronto se convirtió en una sensación y de la cual todos participaban. Emmett y Rose habían puesto el dinero de su apartamento, al igual que Emily, para abrir su negocio. Bella había comprado un apartamento donde vivían ella, Carter y Emily, y con lo que sobraba había iniciado sus estudios en la universidad y pronto estaría por graduarse en arte. Con el bar todos se ayudaban y podían vivir, se habían convertido en una familia.

— ¡Gracias por todo, Seattle! —Se despidió después de finalizar su canción.

Todo se había ido colocando poco a poco en su lugar, sus amigos se habían unido aún más, estaba siguiendo su sueño de estudiar arte y tenía un amor seguro en Carter, todo estaba yendo bien en su vida…

¿Entonces por qué estaba Edward Cullen frente a ella?

En su vida, Isabella se había arrepentido de pocas cosas: una había sido ir con sandalias a la escuela—su primera fractura en años después de eso, otra había sido dejar a su tortuga al cuidado de Emmett, y la última era Edward Cullen.

Simplemente había sido una idiota, no había mejor palabra para lo que había hecho. Se había olvidado de quién era, de quienes eran sus amigos y su familia, había dejado de lado todo por lo que había trabajado sólo por una maravillosa sonrisa y unos ojos hipnóticos, pero ya no más.

Se bajó del escenario, corrió hasta la parte de atrás, donde tenían un bello camerino ella y Carter y ahí intentó recomponerse. Tecleó rápidamente en su teléfono el número de Carter y esperó que estuviera levantado al menos, se había ido cuando ya no tenía temperatura así que esperaba que se sintiera mejor, al tercer toque contestó.

¿Te rompiste una pierna? —Su voz generalmente suave y ahora bastante ronca la reconfortó. Él podía estar ardiendo en fiebre, con la garganta cerrada y prácticamente sin energía, pero siempre se levantaría, tomaría el teléfono y contestaría por ella.

—Eso espero—Carter notó que algo perturbaba a Bella, la conocía demasiado bien.

¿Sucede algo? —Bella suspiró, sin saber realmente si debía decirle o no.

—No es lo mismo cantar sin ti, fue un poco extraño. —No, no iba a decirle. Por mucho tiempo se había refugiado en los demás, en su madre, en sus amigos, en Carter, ahora debía librar esa batalla sola. —Ayudaré a Emi hasta que cierre, te veré en unas horas.

De acuerdo, ten cuidado al regresar. —Carter supo que no podía presionarla, fuera lo que fuera lo que la estuviera molestando, se lo diría después, o eso esperaba. —Te amo, Bella.

—Yo también te amo, Carter. —Lo decía de corazón, pero aun así sintió un gran peso en el estomago el decirlo.

Salió del camerino sabiendo que él seguiría ahí, si había llegado a conocerlo aunque sea un poco, sabía que seguiría ahí.

Ahí estaba, alto, confiado y hermoso, llevaba un atuendo que parecía querer ser casual pero se veía carísimo a un kilometro, volviendo atrás Bella podía ver cómo su ropa era así, quería parecer un leñador de un pueblo cualquiera, pero en realidad parecía un modelo recién salido de un catalogo.

Edward contuvo el aliento, ella se aproximaba a él, esperaba más que llegara Emily con un guardia y lo echaran del lugar, pero no, ella caminaba hacia él, y se veía tan hermosa. Llevaba unos pantalones ajustados, una blusa de un gracioso dibujo animado y su cabello en una coleta, podría haber pasado tres años pero ella seguía luciendo igual que cuando la había conocido.

— ¿Qué haces aquí?

Los fríos ojos cafés y el tono cortante no lo desalentaron, sabía que lo odiaría, pero él no dejaba de amarla con todas sus fuerzas. Había sido un muerto en vida durante tres años, y ahora tenía frente a él su cura, la cura de todos sus males: Isabella. Ella lo había sacado del limbo en el que había estado durante toda su vida, y ahora podía volver a hacerlo.

—Necesitamos hablar.

El gesto de incredulidad por parte de Bella le hizo saber a Edward que eso es lo que menos quería hacer ella; igualmente retiró la silla junto a él y se sentó, cara a cara.

—Bien, habla.

—Lamento mucho el haberte mentido, Bella. —Comenzó. —Sé que hice mal y me arrepiento muchísimo, si pudiera cambiar las cosas lo haría, daría lo que fuera por no haberte herido, pero tenía tanto miedo de perderte. —Hizo el ademán de tomar la mano que tenía en la mesa pero ella la retiró rápidamente, Edward continuó.

—Tienes derecho a estar molesta, pero he sido tan miserable desde que te fuiste. El día que recibí los papeles de la anulación…—el dolor en su pecho regresó al recordar ese día. Bella lo notó, pero no hizo ni un gesto. —Sentí que moría, Bella.

Ella negó, deteniéndolo en ese momento.

—No, Edward, mis padres están muertos. —Edward se sorprendió al escuchar el plural en esa oración. ¿Renee había muerto? —Yo daría lo que fuera por poder verlos a ambos una sola vez más. Pero así no es como funcionan las cosas.

Bella decidió que ya tenía suficiente, no necesitaba escuchar nada más.

—No me busques más—antes de irse tenía que decir algo más. —De verdad lamento que nunca hubieras tenido lo que querías, pero eso no te daba el derecho de intentar quitarme mi vida. Querías todo, Edward, mis amigos, mi familia, a mí misma, cuando lo que en realidad querías era otro tú.

Por fin lo había dicho, sólo con tiempo y con el verdadero cariño de su lado, Bella lo pudo entender. Edward no la había buscado a ella, quería ser alguien más, no quería ser él mismo, buscaba una vida nueva costara lo que costara, sin importarle que los demás en realidad tuvieran ya su vida hecha. Ahora ya no podía ayudarlo, no iba a arriesgarse una vez más, tenía todo lo que siempre había deseado y había pagado por sus errores, Edward Cullen ya no era más parte de su vida.

Bella se levantó y al colocar su mano nuevamente sobre la mesa, Edward pudo ver el reluciente anillo en su dedo anular.

—Por fin lo consiguió, ¿eh? —Bella observó su anillo y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro.

—No—negó con su cabeza. —Siempre lo amé, sólo que no me había dado cuenta hasta ahora.

Edward frunció el ceño, no, se negaba a creer aquello. Ella tenía razón, había llegado hasta Forks para buscarse a sí mismo y sólo había conseguido lastimar a unas buenas personas, a su familia y a sí mismo, pero lo que había sentido por Bella era real.

Tomó abruptamente su mano, sintiendo cómo su anillo se marcaba en la palma de su mano.

—Dime que no has pensado ni un solo momento en cómo se sentía cuando tomaba tu mano—Bella contuvo el aliento. —Dímelo, Bella y te creeré.

Sus ojos verdes la perforaron hasta lo más profundo, intentando saber la verdad. Sin decir nada más se soltó con fuerza de su agarre y salió de ahí. Sabía que había perdido, que había estado muy cerca de lograrlo, pero había fallado.

Edward no supo qué pensar, ella no había dicho nada, pero él no pudo encontrar en sus ojos aquel profundo amor que una vez había visto y que lo había llevado a lanzarse por el vacío. Bella se iba a casar, iba a perderla para siempre.