Disclaimer: todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía y queda prohibida su reproducción parcial o total sin mi consentimiento.
N/A: mis niñas incondicionales, sé que querrán ahorcarme después de este capítulo, pero sean pacientes, es el penúltimo, mañana viene el final de esta historia.
Como siempre les agradezco el infinito apoyo que me han dado, sin ustedes, la historia no sería nada.
Este capítulo es para Loquibell y leilaamt, gracias por sus reviews, preciosas.
Cap.19 Corre
— ¿Estás seguro que esta es la dirección? —Preguntó por quinta vez Alice, Edward contuvo el gruñido que propugnaba por salir de su garganta.
—Más que seguro.
Jasper conducía rápidamente por las calles de Seattle, no podía recordar la última vez que había alcanzado aquella velocidad con un auto, quizás fuera un adolescente en ese entonces, pero debía reconocer, que era emocionante.
—No puedo creer que hayas esperado hasta el último momento, Edward—le reprendió su hermana.
Él tampoco podía creerlo, pero cuando se había enterado de la boda de Bella él creía que tendría tiempo, al menos varios meses. Cuál fue su sorpresa al enterarse—por un pequeño descuido de Emily cuando la había visitado en su bar—que su boda sería aquella misma tarde.
Era un domingo soleado en Seattle, había llovido con intensidad la noche anterior pero ahora no quedaba ni un indicio de aquello, era un día perfecto para una boda. Y él estaba dispuesto a detenerla.
—Si seguimos así llegaremos en un minuto—vitoreó Jasper, sintiendo la adrenalina de la velocidad.
—Si seguimos así no llegaremos vivos ni a la esquina—chilló su esposa, mitad alterada mitad ansiosa.
Estaban intentando detener la boda de la ex esposa de Edward, a quien todavía amaba y ni siquiera había conocido. Alice se moría de ganas por conocerla, hacerse su amiga.
En las últimas semanas, había tomado muy en serio su tarea como hermana solidaria con Edward. Había asistido con él al instituto de música de Nueva York, donde comenzaría a tomar clases nuevamente a principios del próximo mes, había pasado noches interminables redescubriendo a su hermano y lo que soñaba para su futuro; pero sobre todo, habían hablado de Bella, de aquellos meses que pasó en Forks, de los amigos que había hecho, de la vida tan diferente que había llevado y de lo que había descubierto en el camino.
Alice iba a hacer hasta lo imposible por ayudar a Edward para que recuperara a Bella, ella parecía el tipo de chica que justamente su hermano necesitaba: valiente, cariñosa, una artista vibrante y soñadora, justo lo que él buscaba para su alma. Claro que no justificaba el que le hubiera mentido y el haber metido la pata tan monumentalmente, pero sabía que la amaba, y eso valía la pena.
—Aquí no hay ninguna iglesia—bufó Jasper al detenerse frente a la dirección que le habían dado.
Edward golpeó el auto con fuerza, por supuesto que era una dirección falsa, sólo alguien completamente idiota y desconsiderado le daría la dirección de la iglesia donde se casaría al ex esposo de su mejor amiga, y Emily definitivamente no era ni uno ni otro.
Alice se bajó del auto saltando, no iba a permitir que aquello los detuviera, debía haber algo que pudieran hacer.
Se acercó a la puerta de lo que parecía un viejo salón de eventos que ahora estaba cerrado, las puertas estaban cerradas y los vidrios empañados, pero el jardín a su alrededor parecía intacto, por lo que supuso que alguien debía seguir trabajando ahí.
—Señorita, ¿puedo ayudarla en algo? —La voz de un anciano la tomó por sorpresa.
—Quería saber si usted conoce sobre alguna iglesia cerca de aquí—el hombre la observó extrañado.
Edward y Jasper permanecían en el auto mientras veían a Alice hablar con un hombre mayor, él parecía no estar comprendiendo lo que la mujercita le decía, pero al final sonrió y asintió. Alice apenas pudo contener su euforia al saltar a los brazos del hombre. Regresó corriendo al auto con una sonrisa de triunfo.
— ¿Y bien? —cuestionó Edward con ansiedad.
—Solía haber una capilla aquí—comenzó, con el entusiasmo a flor de piel—, el hombre con el que hablé es el jardinero. No han cambiado la dirección así que continúan viniendo a preguntar aquí. Está en el otro lado de la ciudad.
Edward maldijo con fuerza, Jasper ya había encendido el auto de nuevo, Alice se ató al cinturón de seguridad y se preparó para atravesar de nuevo por todo Seattle con el rápido y furioso en que se había convertido su esposo.
Edward no podía importarle menos, él sólo podía pensar en el hecho de que Bella se iba a casar a las tres de la tarde…y ya eran dos cuarenta y cinco. Tenía quince minutos para atravesar toda la ciudad, se iba a necesitar de un milagro para lograrlo.
Bella se observó una vez más en el espejo del pequeño cuarto en el que esperaba a que dieran las tres. Intentaba respirar profundo y luchar con todas sus fuerzas para no recordar el día en que se había casado con Edward. No era justo, ni para ella ni para Carter.
Él no tenía por qué estar en sus pensamientos, no debía, era infame y vil que él estuviera opacando el día en que por fin conseguiría su final feliz.
La seda blanca que conformaba su vestido se sentía de pronto demasiado ajustada a su piel, el velo en su cabeza parecía que pesara toda una tonelada y el olor de su ramo comenzaba a marearla, pero al verse en el espejo todo parecía en orden, perfecto.
La falda en "a" caía sobre sus caderas, su busto estaba marcado por un escote en forma de corazón que se cubría por un encaje muy fino y delicado. Su rostro estaba apenas maquillado, resaltando sus labios rosáceos y sus ojos marrones, su cabello estaba recogido de manera desordenada pero encantadora, su velo daba el toque perfecto de sutileza y elegancia. Era la personificación perfecta de una novia, una novia muerta de nervios.
— ¿Estás lista? —Entró Rosalie a la sala.
No podía dejar de comparar aquellos momentos, su madre ya no estaba como lo había estado en su primera boda, Sam no la entregaría ni cuidaría de ella como una hija, su vestido no era una reliquia de su familia, pero tenía a Rose, y a Carter y a Emmett y a sus sobrinos, esa era su familia ahora.
—Estoy nerviosa—no lo había estado cuando se casó con Edward, pero no iba a mencionarlo frente a la prima de Carter, aunque ella lo supuso.
—Quiero que tengas esto—sonrió Rose, pasando por alto las palabras no dichas de Bella.
Le entregó un pequeño pendiente que colgó rápidamente en su ramo. Era un collar con un corazón azul.
—Era de mi madre—Bella sintió un dolor infinito en su interior, Rose sabía por lo que estaba pasando.
Cuando se había casado con Emmett, Renee todavía estaba ahí, y ella la había entregado en el altar, en lugar de sus padres. Ahora ninguno de ellos estaba ahí, de cierta forma estaban solas, dos pobres niñas huérfanas.
—La cadena es nueva, es prestado, viejo y azul—Rose sorbió su nariz y limpió la pequeña lágrima que se le había escapado—. Todo listo.
Bella asintió, abrazando fuertemente a su mejor amiga y hermana, esperaba que supiera cuánto la amaba y estaba agradecida de tenerla ahí, con ella.
—Iré a revisar que todo esté listo—Bella asintió y la vio partir. Antes de salir, se volteó y observó a Bella fijamente—. Pase lo que pase, Bella, tú siempre serás mi mejor amiga, la única.
Bella asintió y sonrió para infundirle confianza. Rose se retiro con incertidumbre del lugar. Cerró sus ojos y trató de relajarse, sólo faltaban unos pocos minutos. Al escuchar que la puerta se abría supuso que sería Emily, o Rose o Emmett, cualquiera de ellos, incluso Carter.
Jamás se esperó ver a Edward Cullen en frente de ella.
Edward contuvo el aliento, si había creído que el día de su boda se había visto hermosa, en ese momento Bella le parecía un ángel, un maravilloso ángel que le sería arrebatado en unos pocos minutos si no conseguía convencerla de lo errado de su decisión.
—Estás hermosa—fue todo lo que pudo decir, sentía cómo su garganta se cerraba con cada segundo.
— ¿Qué haces aquí? —Si antes le parecía una locura pensar en él, ahora le parecía un crimen el tenerlo frente a ella, cuando estaba por decir "acepto" nuevamente.
—Te amo—corrió hacia ella, tomándola por sorpresa y abrazándola fuertemente—. Si atraviesas esa puerta y te casas, voy a morir, Bella. Tenías razón, en todo, en querer tu vida y no saber quién era, pero cada momento contigo fue el más real que he tenido jamás. Tú me has hecho levantarme y seguir mis sueños, y eres la única que puede destruirlos en este momento.
Bella no podía contener las lágrimas, se sentía tan maravilloso estar ahí, con él, y estaba tan mal. Se sentía miserable, extasiada, culpable y muy confundida, algo que una novia jamás debía estar.
— ¿Por qué me haces esto? —Aquella pregunta heló la sangre de Edward. Lentamente la apartó de sí y pudo ver qué estaba haciendo.
Ella era el amor de su vida, pero el dolor que le causaba no parecía serlo, seguía siendo el bastardo egoísta que le había mentido, que la seguía persiguiendo y que le había dicho que la amaba el día de su boda, con otro hombre.
—Lo siento tanto—Era ya lo único que podía decirle a Bella, lo que llevaba diciéndole muchas veces—. Parece que no puedo dejar de arruinarlo.
Al ver sus ojos verde notó el arrepentimiento, el dolor…su amor, y eso sólo hizo que su llanto aumentara.
—Sólo quiero que seas feliz, Bella.
Ella supo que le decía la verdad, ¿pero cómo podía ser feliz alguna vez? Todo había cambiado, él lo había cambiado todo. Y ya nada se podía hacer para volver a como era antes, aún si así lo deseaba.
—Yo también—Bella lo observó asentir y contener el llanto, estaba por salir cuando lo detuvo.
—Edward—aquel llamado incendió las esperanzas de Edward, si tan sólo…
— ¿Es cierto? —Él la observó confuso—, acerca de tus sueños, que sólo yo puedo destruirlos.
Edward asintió lentamente, perdiendo nuevamente las esperanzas.
—No lo permitas—Negó firmemente, calmando su llanto poco a poco—. No permitas que nada ni nadie te arrebate tus sueños, Edward. Si alguna vez me amaste, debes prometer que lo cumplirás.
Edward estuvo tentado de decirle que en aquellos momentos ella era el único sueño posible para él, pero se contuvo, su sueño era verla feliz, y si debía prometerle aquello…entonces, debía dejarla ir.
—Te lo prometo—susurró ya sin fuerzas y listo para irse—.Te amo, Bella. Por siempre.
No esperó a verla llorar más, sólo se fue. Salió por la pequeña ventana que su hermana había descubierto para él y por donde se había colado a la capilla, ahora iba de regreso al auto donde Alice y Jasper esperaban por él y por Bella. Al verlo solo, supieron que lo mejor que podían hacer era permanecer callados.
Al entrar al auto, Edward simplemente se dejó derrumbar frente a su hermana, quien lo abrazó durante todo el trayecto al aeropuerto, donde tomarían un avión hacia Nueva York esa misma noche.
— ¿Bella? —La voz de Emily hizo que diera un salto. Al ver su rostro de confusión estuvo segura de que estaba hecha un desastre.
—Bella, ¿qué ocurrió? —el abrazo cariñoso de Emily la hizo reconfortarse un poco, pero no demasiado.
— ¿Y si estoy cometiendo un error, Em? No quiero lastimar a Carter—la tensión en el cuerpo de Emily la alertó.
La miraba fijamente, con un sentimiento en su rostro que no pudo descifrar.
—Carter te ama como nadie en el mundo, Bella—Emily hablaba con un nudo en su garganta—, él es maravilloso, no creo conocer a nadie mejor que él. ¿Lo amas?
Por supuesto que lo amaba, pero… ¿tanto como él a ella?
— ¿Por qué tú y Sam se separaron? —Aquello era algo que Bella siempre quiso saber pero que nunca pudo preguntarle, imaginando que sería demasiado doloroso para ella.
—Yo amaba a Sam—susurró Emily—, pero ambos cambiamos, nos distanciamos, él era alguien muy diferente a quien yo había conocido. Comencé a verlo diferente, a verme diferente, y al final supe, que no importaba cuánto me esforzara, ya nada podría ser como antes.
Bella también había cambiado, y en algún punto Carter también había cambiado, sólo entonces pudieron estar juntos. Si era así, no debería sentirse tan mal de haber visto a Edward, pero el asunto era, que había sido él quien había cambiado las cosas.
—Si tienes dudas, no te cases, Bella—aseguró Emily, con esa mirada de nuevo en sus ojos.
Ella no dudaba de Carter, dudaba de sí misma, pero jamás de Carter. Se levantó, limpiando su rostro lo mejor que pudo y esperando que no se notara.
—Es hora—Emily parecía insegura, pero sonrió y asintió, ayudó a Bella con su maquillaje y la acompañó hasta la entrada, donde caminaría sola hasta el altar.
Cuando la música comenzó y de repente se encontró frente a los ojos de Carter, supo que jamás podría dudar de él. Siempre lo tendría a él, pero algo en el aire parecía no ir del todo bien.
— ¿Aceptas a Carter Emilio como tu esposo? —Habló el párroco, Bella asintió y con voz trémula por el llanto dijo "acepto".
A Bella le pareció por un instante ver una tristeza en los ojos de su novio, pero sonrió inmediatamente y con el mismo sentimiento en su mirada negó lentamente.
—Te amo, Bella—susurró, tomando su mano fuertemente, antes de voltear al hombre que le preguntaba si tomaba a Isabella Marie como su esposa.
Él respondió.
