Advertencias: Yaoi. Si no te gusta no leas.
U/A
N/A: Tanto ni Naruto como los personajes no me pertenecen a mí, sino a Masashi Kishimoto.
Naruto se encontraba inhalando y exhalando el humo de tabaco de su casi consumido cigarro, recostado en su cama, ya pasadas la una de la tarde. Fumaba tabaco para calmar su evidente ansiedad, ya que no quería volver a tocar uno de esos cigarros, o al menos hasta que acabase el día y viera a Sasuke en la noche… Pero esperar tanto lo estaba matando. Miró al techo de su habitación, y luego miró hacia la puerta, hasta bajó una pierna de la cama y empezó a hacer ruido contra el piso frenéticamente, intentando distraerse y no ver el colchón a su derecha… Que era donde guardaba las drogas que luego vendería. Sabía que cada vez que consumía uno iba a parar a su cuenta, y en las condiciones en las que vivía no podía permitirse más gastos de lo necesario. Cerró los ojos e inspiró hondo. Aquél era su último cigarro y ya se había acabado. Pero aún así se mantuvo inmóvil donde estaba, con el ceño fruncido…
Poco a poco sus pensamientos fueron desviándose de su intranquilidad y agitación a cierto chico que había conocido hacía más de un mes, y sus palabras daban vueltas en su mente.
"-¿Tú? ¿Dejar esto? No me hagas reír.-"
Incluso una semana después de que fueran dichas, se escuchaban recién pronunciadas, burlándose de aquella decisión que tardó tanto por tomar… Pero así era él. Cruel, sin corazón, pero al menos era sincero. Sí, Sasuke era así. Quizá había sido aquello, además de su imponente imagen de chico malo lo que le había atraído de él. Quiso distraerse un poco, y olvidándose de todo, Naruto recordó esa noche, la vez que lo vio por primera vez.
Vestido demasiado formal para el lugar donde se encontraba, observando todo con su mirada gélida. ¿Quién hubiera pensado que en realidad se moría de nervios y ansiedad? Se notaba que buscaba algo, o a alguien en específico, pero no se comportaba como alguien nuevo allí. Y Naruto, como de costumbre en su negocio, se acercó antes que cualquier otro vendedor, o incluso una prostituta. Fue fácil venderle esa vez, y le cobró un poco más que al resto de sus clientes… De todos modos, andaba corto de dinero. Aquella vez no se fijó mucho en él. Fue una rápida venta a un muchacho que por poco no dejaba salir todo su nerviosismo al estar allí. Incluso pensó que nunca volvería a verle, ya que obviamente no era alguien que frecuentara esos lugares. Y Naruto sabía mucho de aquello, después de todo así era su vida.
Después de ese encuentro no le volvió a ver hasta la semana siguiente, ya cuando había dejado de preguntarse si volvería a aparecer por el bar alguna vez. Sasuke, o "el chico nuevo" estaba usando unos jeans azules, y una camiseta blanca. No era para sacar rápidas conclusiones, pero definitivamente le quedaba mucho mejor que la camisa desabotonada y el pantalón de vestir anterior, al menos se veía acorde al lugar. ¿Quién era ése nuevo? Naruto captó que aquél chico de mirada altiva y engreída estaba atrayendo las miradas de medio mundo, escondidos entre las penumbras del local, y aquello no era exactamente una buena señal. Si quería sobrevivir allí, tendría que aprender a resaltar lo menos posible, bajar la mirada y no enfrentarse a nadie. Naruto sólo se le quedó mirando, devorándole con los ojos, y cuando éste se le acercó no pudo resistir sonreír pícaro.
-Así que has vuelto… Enhorabuena, estás haciéndote famoso.- Dijo el rubio irónicamente. Sasuke sólo le miró por apenas un segundo, para luego desviar la mirada hacia un costado y refutar lo que había dicho. Algunas de las personas casi escondidas entre los lugares ruinosos del local tenían la mirada fija en él. Y en sus amenazantes ojos el mensaje podía leerse claramente: "Lárgate". – Siéntate antes que te devoren o que las prostitutas te violen. Vaya aspecto tienes.-
Sasuke finalmente volvió a mirarle, y decidió por su propio bien sentarse enfrente de él, en la única mesa del local supuestamente abandonado. Sin mirarle a los ojos cruzó las manos sobre la mesa y abrió lentamente la boca para pronunciar:
-¿Tienes lo de la otra vez?- Dijo y fijó finalmente sus oscuros ojos en la persona que tenía enfrente, aunque se le dificultaba por la precaria iluminación del lugar.
-¿Es en serio?- usó su tono más incrédulo, para luego arrepentirse por la mirada asesina de su interlocutor- Vale, vale. Claro que tengo.- Hizo una pausa y miró a su alrededor.-Pero mejor salgamos de aquí… Hay un sitio que me gusta mucho, fuera de Londres. ¿Te gustaría ir a la playa?-
El pelinegro sólo le sostuvo la mirada. ¿Qué clase de oferta era aquella?
-¿Por qué habría de aceptar ir con un drogadicto como tú?- Dijo cortante.
-No lo sé… Quizá porque tú también lo eres.- Hizo una pausa.- Venga, ¿qué tal si nos divertimos esta noche?-
Sasuke no respondió, pero le siguió mirando. Luego de unos instantes Naruto se levanto de la mesa y le hizo una seña para que le siguiera fuera del oscuro, pero lleno de vida local. Le sostuvo la pesada puerta abierta y le indicó con la mano que le siguiera, luego de salir él. Todo estaba oscuro, nada podía verse o escucharse esa noche de verano. Unos pocos grillos y el ahogado bullicio dentro de los pocos salones, bares y prostíbulos de la zona era el único murmullo nocturno de por allí. Para Naruto, aquélla era su vida de todas las noches desde que había llegado a Inglaterra, y aquélla era 'La tierra de la lujuria' como él le llamaba. Además amaba divertirse de vez en cuando con los 'neófitos'; aquél había sido su terreno desde hacía mucho tiempo. Y aquél chico no se salvaría de su diversión. Se dio media vuelta mientras caminaba, para ratificar que el pelinegro efectivamente le seguía, mirando a su alrededor con suma desconfianza.
-Descuida.- Dijo, y el chico apenas se sobresaltó.
-¿Dónde me llevas?- Respondió, deteniéndose en seco.
Naruto sólo se detuvo y miró sereno a sus costados, como si realmente no se encontrara a solas con un desconocido, en un lugar que sabía de sobra que nadie le salvaría si algo le ocurriese. Ya nada le atemorizaba.
-A mi coche. Dijiste que te gustaría ir a la playa…- Dijo como si fuera lo más obvio del mundo.
-Olvídalo. Este lugar es demasiado…-
Sasuke volvió a mirar para todos lados demostrando su nerviosismo, pero ni siquiera amagó a irse. En vez de eso, le dedicó una particular mirada, como si fuera a asesinarle allí mismo, y acto seguido mordió su labio nervioso. Se quedó allí tieso, mirando un punto fijo a la derecha, decidiendo que hacer en completo silencio. Naruto no supo bien cuánto tiempo estuvo meditando, pero le pareció una eternidad. Luego de lo que parecieron ser dos minutos, cuando pudo oírse cerca de los dos jóvenes un pequeño ruido que seguramente había causado una rata al costado de la calle, en la profunda oscuridad. Sasuke pegó un pequeño bote y automáticamente siguió caminando, haciéndole un rápido gesto con su cabeza al rubio para que siguiera caminando. Estaban a tan sólo pasos del coche de todos modos. A tan sólo pasos del comienzo del viaje.
El rubio comprendió el mensaje y dijo:
-Vamos.- Mientras abría la puerta de copiloto, sonriendo pícaramente. Aquél chico pelinegro era muy joven, a sus claros ojos parecía ser demasiado inocente e ignorante del turbio mundo donde se estaba metiendo, pero aún así le daba igual. Ambos se subieron al auto, y el rubio aceleró incluso antes de que terminaran de cerrar las puertas. Le miró nuevamente de reojo y pudo ver que llevaba consigo a aquél tipo de chico que seguía actuando como si tuviese quince años, pero que guardaba el fuego, la ira y la rebeldía únicos capaces de cambiarlo todo.
-¿Cuántos años tienes?- Le preguntó el rubio sin saber el por qué.- Pareces muy joven.
-Diecinueve.-
-Y dime, chico pelinegro, ¿cuál es tu nombre? Y dime tu verdadera edad, realmente no soy tan estúpido.-
-¿Eres la policía?- Respondió cortante, mirándole molesto. Volvió la vista al frente, y observó las luces al costado del camino pasando rápido.- Además SI tengo diecinueve.-
-Woah. Relájate un poco.- Le devolvió la mirada y sonrió pícaro.- Sólo quería saber de ti. Pareces más joven, como si tuvieses dieciséis, o diecisiete.-
-Sasuke.- Dijo, para hacer que el chico que manejaba se callara.
-Bueno, Sasuke, mi nombre es Naruto. Pero seguro que eso no te interesa. Sírveme de algo y saca dos cigarros de la guantera, vamos adelantándonos.-
Sasuke hizo caso al pedido, abrió la guantera y sacó dos de los cigarros que había allí. Los prendió con su encendedor de bolsillo y le tendió uno a Naruto, sonriéndole sensualmente.
-¿Sabes, Naruto? No me gusta que me lleven. Prefiero manejar, pero haré la excepción sólo contigo.- Dijo Sasuke, y le dio una larga calada a su cigarro.-
Pronto pudo ver cómo las luces del camino se intensificaban, pero no cegaban sus ojos. Una sensación de adrenalina subió por todo su cuerpo y rió fuerte por primera vez en una semana entera. El rubio sólo miró cómo la droga hacía un muy rápido efecto en el joven y sonrió de lado.
Naruto volvió en sí y dejó de recordar aquella vez. Miró al reloj de pared enfrente de su cama, y notó que ya eran cerca de las siete de la noche y todavía no había cenado. No significaba que lo haría, ya que no tenía nada que comer desde el almuerzo, pero pronto debía verse con Sasuke y había dejado pasar el tiempo. Se levantó de un salto de la cama, iba con verdadera prisa, y vio que se caía de la misma uno de los libros que había alquilado una vez el pelinegro. Lo miró por apenas unos segundos y cuando iba a agacharse a recogerlo volvió a pensar en lo tarde que se había vuelto, por lo que lo dejó tirado en el piso, se enfundó en sus jeans favoritos y se puso una camisa, de las únicas que le quedaban limpias y salió rápido de su pequeño departamento, aquél que alguna vez había pertenecido a su madre, que si no lo tuviese allí, hubiese vivido en la calle desde hacía dos años.
Bajó corriendo las escaleras y justo cuando estaba por abrir la puerta del edificio de departamentos se dio cuenta que no llevaba puestos ni los zapatos, ni la llave del edificio ni del auto, ni tampoco los cigarros. Se pegó en la cabeza con la mano como reprimenda y subió como un rayo a buscar todo lo que le faltaba. Eran las siete menos cuarto de la noche y todavía tenía que llegar al estacionamiento donde se encontraría con el pelinegro. Recogió todo lo más rápido que pudo y salió pitando del edificio, derecho a su automóvil. ¿Por qué actuaba así últimamente? La idea de ver a Sasuke siempre lo ponía… ansioso. Y aquello lo molestaba un poco, ya que no podía controlar todo como quisiera. En su solitaria vida no tenía tiempo para titubear: Sabía de sobra que si lo hacía lo devorarían vivo en el mundo donde se movía. Él no era un niño criado en una cuna de oro precisamente, era una lacra de la sociedad que sólo vendía sustancias ilegales y trabajaba sólo cuando lo necesitaba… O sea, cuando ya no soportaba el hambre y tenía que tragarse su orgullo y vestirse, hablar y comportarse como una persona oprimida por la sociedad.
Abrió la puerta de su coche y como de costumbre, arrancó antes de cerrar bien. Andaba con prisa, como de costumbre. Porque ése día, y como todos los sábados desde hacía un mes y una semana, de julio de 1952, volvería a ver a aquella persona que era capaz de ponerle nervioso con una sola mirada.
Sasuke.
Hola! He vuelto. Sé que me demoré y quizá ya nadie esté por aquí (?
Ya que estamos voy a aclarar algunas cosas, porque por las respuestas que he tenido de este fic no se han entendido del todo u.u empecemos:
Obviamente Naruto y Sasuke se encuentran en los años 50, en el 52 para ser exactos (como aclaré en este cap)
Naruto es un par de años más grandes que Sasuke, casi va a cumplir 23, y Sasuke tiene 20 recién cumplidos (obviamente no en este capítulo).
Nuestro hermoso rubio obviamente ha tenido problemas en el pasado, y es un chico malo al estilo James Dean (? Su pasado correspondiente a su familia todavía no lo he decidido, pero por ahora no puedo decirles mucho… Porque ni yo sé :/
Sasuke tiene un pequeño secreto con Itachi c: Por algo le ha perdonado por haberle abandonado.
Bueno, ya se saben un poco más no? Sean pacientes, revelaré las cosas a su tiempo c: Nos vemos!
